Vivir (mejor) con menos


Agustín Moreno

Si la escuela educa, el sistema deseduca. Salimos de unas navidades marcadas, a pesar de la crisis, por los impresionantes atascos en las entradas a los centros comerciales. Frente a esto existen muchas familias en paro o el Gallinero de la Cañada Real Galiana, ese Cuarto Mundo que nadie quiere ver de chabolas, miseria, barro y niños de grandes ojos que sobreviven en la gran ciudad.

Decía Pasolini hace cuarenta años a propósito de la navidad que “para el nuevo capitalismo es indiferente que se crea en Dios, en la Patria o en la Familia. Ha creado su propio mito autónomo: el consumidor que se siente feliz de serlo”. El sistema económico dominante no busca cubrir las necesidades de la humanidad, sino el máximo beneficio empresarial. La producción y el consumo masivo crean necesidades ficticias con consecuencias negativas.

Las respuestas deben ser radicales: cambio de modelo socioeconómico y cambio de vida. Se necesitan soluciones globales o aumentarán la injusticia y la crisis medioambiental. Un concepto nuevo como decrecimiento tendrá que valorarse. Hay que apostar por la reorganización de la sociedad, por la racional utilización de los recursos frente a la concentración de la propiedad, el trabajo alienante y el consumo desaforado. Por un nuevo orden de valores que refuerce la solidaridad y la ayuda mutua, que socialice la cultura. Es la opción por una vida más austera y más sencilla en lo económico, pero con más calidad en la salud, en lo social y en lo humano.

Pero ¿y las actitudes personales? La insatisfacción es directamente proporcional al nivel de frustración de expectativas de consumo. Sobre ello hay que actuar proponiendo otros modelos a la juventud para que entienda que, muchas veces, lo mejor de la vida suele ser gratuito. Que, cubierto lo básico, lo más inteligente que podemos hacer los seres humanos en estos momentos históricos es vivir (mejor y todos) con menos, quedándonos con lo esencial: la libertad, la naturaleza, la amistad, la cultura…

Ser frente a tener. Parece utópico, pero estoy convencido de que es lo más racional y el camino para intentar frenar la destrucción del planeta y evitar la infelicidad de las personas.

Contra el mito del crecimiento económico ilimitado


José Belver - Decrece Madrid

El concepto de decrecimiento es un ariete contra el mito del crecimiento económico ilimitado en una tierra finita, que no ha hecho sino agravar las desigualdades sociales y el deterioro ecológico global. El crecimiento indefinido es a su vez consustancial al capitalismo, que opta siempre por una huída hacia delante. La propia idea de “capitalismo verde” es por tanto una falacia. Lo único posible, a la par que necesario, es un cambio radical de la estructura social y económica.

Pero el decrecimiento no se propone como una receta, ya que en él confluyen diversas tradiciones de transformación radical del sistema. El esquema decrecentista se ubica en tres esferas: la individual, la colectiva y el cambio político. En lo personal, propone esencialmente la simplicidad voluntaria, la autoproducción o la reducción de la dependencia del mercado, que se oponen frontalmente a la sociedad de consumo. En lo colectivo (indisociable de lo individual), la autogestión y la autoorganización son fundamentales en iniciativas como cooperativas de producción, de consumo o sistemas de intercambio no mercantil. Pero sin cambio político, todo esto será marginal. Promovemos, pues, la reducción y el reparto del tiempo de trabajo; redistribución de la riqueza; banca pública; sustitución del PIB como referente de progreso; participación colectiva desde lo local; relocalización de la producción; agroecología; rediseño sostenible de las ciudades; fomentar la prevención frente a la reparación; reconversión de los sectores más contaminantes, a nuevas industrias basadas en el reciclaje y el cierre de ciclos... Y, en general, la reducción del consumo mediante incentivos al ahorro y penalización del despilfarro.

En definitiva: el decrecimiento no es ir hacia atrás, sino más bien ‘echar el freno’ y replantear conceptos como ‘felicidad’ y ‘progreso’, que se encuentran más en la justicia social, el desarrollo personal y el equilibrio ambiental que en el crecimiento económico ilimitado.

El miserable humanitarismo del desastre


"En 1803 los negros de Haití propinaron tremenda paliza a las tropas de Napoleón Bonaparte, y Europa no perdonó jamás esta humillación infligida a la raza blanca (...) La historia del acoso contra Haití, que en nuestros días tiene dimensiones de tragedia, es también una historia del racismo en la civilización occidental.”

Eduardo Galeano


Estados Unidos ha movilizado su poderío militar nuevamente en 2010 y miles de soldados han llegado a Haití, no empuñando sus armas como en 1994, ni formando los escuadrones de la muerte ‘tonton-macoute’, sino cargados de ayuda y con el compromiso de apoyar las tareas de rescate de víctimas y la reconstrucción de la nación luego del terremoto del pasado martes.

Los EEUU que no ayudaron a su propia población cuando la catástrofe ocasionada por el huracán Katrina, se precipitan en una invasión militar disfrazada de ayuda humanitaria.

Se está instrumentalizando un supuesto estado de caos en Haití, al que también podría contribuir la premeditada descoordinación en la distribución de la ayuda humanitaria. El objetivo aquí sería el de crear una imagen de caos y violencia que justifique la invasión ante la opinión pública, y para eso hay que contar con la colaboración estrecha de los grandes medios de información

El objetivo según Heritage Foundation (una fundación o "think-tank" de la elite de la clase dominante estadounidense que formula las políticas e ideologías implementadas por los gobiernos de turno) sería:

"En medio del sufrimiento, la crisis en Haití ofrece oportunidades a EEUU. Además de proporcionar ayuda humanitaria inmediata, la respuesta de EEUU ante el trágico terremoto ofrece la oportunidad para reestructurar el gobierno y la economía de Haití, disfuncionales desde hace tiempo, además de mejorar la imagen de EEUU en esa región"

El pueblo haitiano ha demostrado un alto grado de solidaridad, coraje y compromiso social, ayudándose unos a otros y actuando con conciencia: bajo condiciones muy difíciles, inmediatamente después del terremoto, se formaron espontáneamente equipos de rescate formados por diferentes grupos de personas.

La militarización de las operaciones de ayuda debilitará las capacidades autoorganizativas de los haitianos, y su talento para crear nuevas condiciones de vida. No cabe duda que el apoyo mutuo, en estos momento de dolor, es la receta que mejor cubriría las necesidades personales y materiales del pueblo haitiano.

Monica Di Donato entrevista a Serge Latouche


Decrecimiento o barbarie. Entrevista a Serge Latouche por parte de Monica Din Donato. Traducción del francés por Eric Jalain Fernández.

Pregunta:
Retomando esta última afirmación, lo cierto es que en la actualidad estamos experimentando una grave crisis de los sistemas financieros y una creciente crisis de naturaleza socioecológica. Así que la pregunta es: dentro del modelo actual, ¿es realmente posible el decrecimiento? ¿No cree que justo ahora exista el peligro de confundir una propuesta de decrecimiento con el espectro de una recesión económica? Una confusión que podría resultar muy peligrosa...

Respuesta: No es raro escuchar o leer de la pluma de periodistas planteamientos como: “¿Decrecimiento?, ya estamos en él”, añadiendo que no es precisamente una situación divertida ni serena como afirmamos los partidarios del decrecimiento. Supone evidentemente una ignorancia total del proyecto de sociedad autónoma y sobria que preconizamos los “objetores al crecimiento”. Optar por el decrecimiento no es lo mismo que sufrir un decrecimiento. El proyecto de una sociedad del decrecimiento es radicalmente diferente al crecimiento negativo, es decir, al que conocemos en la actualidad.

El primero es comparable a una cura de adelgazamiento realizada voluntariamente para mejorar nuestro bienestar personal cuando el hiperconsumismo nos amenaza con la obesidad. El segundo es lo más parecido a que nos pongan a régimen forzado hasta el punto de matarnos de hambre. Lo hemos dicho y repetido hasta la saciedad: no hay nada peor que una sociedad del crecimiento sin crecimiento. Se sabe perfectamente que una simple desaceleración del crecimiento hunde a nuestras sociedades en el desconcierto, el paro, la ampliación de las diferencias entre ricos y pobres, la reducción de la capacidad de compra de los más necesitados y el abandono de los programas sociales, sanitarios, educativos, culturales y ambientales que aseguran un mínimo de calidad de vida. ¡Imaginémonos pues la catástrofe que puede suponer que se llegue a tasas de crecimiento negativo! Esta regresión social y civilizatoria es precisamente lo que nos amenaza si no cambiamos nuestra trayectoria.


Pregunta: Los conceptos de crecimiento cero, estado estacionario, etc. ¿Pueden considerarse como las raíces teóricas del paradigma del decrecimiento?

Respuesta: No realmente, aunque hallemos en John Stuart Mill un planteamiento del estado estacionario que recuerda al proyecto del decrecimiento, así como numerosos puntos comunes de éste con los informes del Club de Roma y su concepto de crecimiento cero. La diferencia es que, en ambos casos, se trata de un decrecimiento forzado dentro del mismo sistema en vez de una opción civilizatoria alternativa.

Un planeta de Metrópolis (en crisis)


Ramón Fernández Durán

"La nueva metrópoli central se deshumaniza, se fragmenta, se atomiza, se gentrifica en sus espacios centrales, y se polariza, profundizando en su carácter de No-Ciudad. El estrés, el malestar social y la infelicidad colectiva se extienden imparables, y la sociedad urbana sobrevive a costa de una creciente medicalización, la única forma de sobrellevar el auge de la precariedad, incomunicación, soledad, inseguridad, ansiedad y depresión. Las “enfermedades” más extendidas en las metrópolis postmodernas.

El espacio de “encuentro e interrelación” es ahora el de los Grandes Centros Comerciales, que explotan en este periodo y que ejercen su capacidad de atracción y fetichización por el cúmulo de mercancías que allí se ofrecen, impidiendo que la comunicación, el deseo y la fricción ciudadana circule libremente por las calles. Estos No-Lugares intentan recrear falsamente el bullicio de la vida urbana tradicional en sus espacios públicos. Pero en ellos, el espacio público ha quedado totalmente desvirtuado, privatizado, mercantilizado, vigilado y acotado. En los últimos tiempos la vigilancia y el control se traslada cada vez más al conjunto de la nueva metrópoli, en especial a sus espacios centrales, donde todavía pervive el espacio público (calles y plazas), especialmente en Europa.

Sin embargo, este espacio público está en proceso de fuerte degradación y mercantilización, pero en él todavía laten o se expresan las potenciales resistencias o dinámicas autónomas vitales que se quieren yugular. Es la hora de la “tolerancia cero” (nueva estrategia policial que surgió en Nueva York en los noventa), en teoría contra la criminalidad, pero su objetivo último es la represión y el control de lo social. Esta deriva se ha elevado a la enésima potencia tras el 11-S, no sólo en EEUU, sino en todos los espacios centrales, y en el mundo entero, y la “seguridad” se ha convertido en un importante campo de desarrollo tecnológico y empresarial, así como de acumulación de capital. En definitiva, se dispara el gasto de seguridad en la metrópoli, mientras que se descalabra el Estado social.

Por otro lado, en las Megaciudades Miseria de la Periferia la dualización y la crisis social alcanzan la máxima expresión, pues el colchón de las “clases medias” se reduce en muchos casos a su mínima expresión, mientras que proliferan los sectores marginales que viven absolutamente fuera de la economía formal, y por supuesto de la economía global. Además, la jibarización de las clases medias se ha agudizado en el último periodo debido a la imposición de las políticas neoliberales, sobre todo en América Latina y África, mientras éstas han crecido absolutamente pero quizás no tanto relativamente en China, India y el Sudeste asiático.

El desempleo en las Megaciudades del Sur es alarmante oscilando entre el 25% al 50% de su población, y en muchas ocasiones superando ese “techo” (Roth, 2007; Davis, 2005). En estas conurbaciones se constata que el trabajo humano empieza a ser excedente de forma masiva, incapaz de ser absorbido por el empleo asalariado legal o alegal. Las Megaciudades Miseria de la Periferia se convierten pues en el Planeta de los Náufragos que nos describe Latouche (1994), ya que es en ellas donde se plasman espacialmente las consecuencias de un “Desarrollo” que produce más náufragos que navegantes. Y son ellas, esos inmensos Hormigueros Humanos, las que han llevado a que la pobreza y la extrema pobreza tenga un rostro mundial cada vez más urbano-metropolitano, y no rural. Por otro lado, los sectores dirigentes se ven obligados a vivir en verdaderos guetos de riqueza, es decir, en espacios superprotegidos y cada día más militarizados, ante el temor al mar de pobreza circundante; aunque esta tendencia lleva ya también años desarrollándose en las metrópolis estadounidenses (Davis, 1992 y 2001), y de forma muy escasa aún en la Unión Europea."

Extraído de: Ramón Fernández Duran. Un planeta de Metrópolis (en crisis).

Comunismo sin crecimiento


Wolfgang Harich

"La realización social de las recomendaciones del Club [de Roma] tiene las siguientes premisas: el derrocamiento de la burguesía, la instauración de la dictadura del proletario, y la construcción del comunismo. No veo que la socialdemocracia quiera ni pueda dar cumplimiento a estas premisas. Sin embargo, la tarea de luchar por la supervivencia de la humanidad sobre nuestro planeta se eleva hoy por encima de todas las fracciones del movimiento obrero internacional, sin que importe demasiado, a este respecto, si albergan una concepción revolucionaria o reformista y ha sido precisamente un hombre de estado socialdemócrata, Sicco Mansholt, el primero en vincular, a la vista de esta tarea, las propuestas formuladas por el Club de Roma a las ideas socialistas.

La humanidad solo sobrevivirá si consigue detener el alud demográfico, poner límites al crecimiento económico, proteger a la naturaleza de los perniciosos efectos derivados de la producción industrial, mostrarse extremadamente ahorrativa con los recursos naturales, en particular con las materias primas y con los combustibles no regenerables, superar rigurosamente el desnivel social entre el Norte y el Sur así como llegar a un desarme total y absoluto. Todos los planes y medidas orientados a conseguirlo están orientados al fracaso sino están orientados por la clase obrera. Ahora bien, ésta escucha, en medida variable según los países, la voz de los partidos comunistas y socialdemócratas. A ellos les corresponde, por tanto, conducir a los trabajodores por este camino. Si la socialdemocracia sigue el ejemplo de Mansholt contribuirá decisivamente a ello, aun cuando su ‘socialismo democrático’ pueda ser contrario alas soluciones radicales que resultan históricamente inaplazables.

(…)

Los jóvenes trabajadores holandeses con los que habló Sicco Mansholt lo entendieron tan bien que ellos mismos fueron quienes propusieron al decir: ‘Sacrificios sí, pero primero, fuera el capitalismo!’. Esta es la fórmula que en adelante deberían poner los partidos de izquierda en el centro de su agitación y propaganda. Los ideales ascéticos como tales están bastante lejos del proletariado. Pero siempre que ha sido necesario, el proletariado ha sabido demostrar que es una clase heroica: en los días de la Comuna de París, en las tres revoluciones rusas, en la Guerra Civil Española, en la resistencia contra Hitler, en los innumerables levantamientos y huelgas políticas de masas y últimamente, de nuevo en París, en el glorioso mayo-junio de 1968. El proletariado estará dispuesto a hacer cualquier sacrificio que la ciencia demuestre que es necesario a favor de la conservación de la biosfera, por la salvación de la humanidad de la salvación, así como también por una vida mejor, mas humana de los pueblos del Tercer Mundo.

Pero la burguesía no va a sacrificar nada, ni tiene por qué. La exigencia de contentarse en el marco del sistema capitalista con una vida sencilla y modesta será rechazada y con toda razón. E incluso suponiendo que el proletariado se dejara manipular por demagogos explotadores de los argumentos de la ecología o de los llamamientos a una mayor calidad de vida, de tal modo que acabara aceptando la necesidad de hacer sacrificios.

(…)

El movimiento obrero económico, representado por los sindicatos, no puede tener otros objetivos que luchar, en el marco del sistema capitalista existente, por los intereses materiales inmediatos de los trabajadores y empleados, por la mejora de su nivel de vida, por salarios más altos, por condiciones de trabajo más humanas, por la protección frente al despido, etc. El movimiento obrero ‘político’ ha de solidarizares con estas reivindicaciones, han de apoyarlas, pero además ha de tener también en todo momento una clara concepción del o que es la transformación de la sociedad en su conjunto y asumirla abiertamente en todo lugar, una concepción cuyas metas vayan más allá del estrecho horizonte de las relaciones burguesas. Esta concepción hoy sólo puede ser realista si inserta en sus cálculos las predicciones de la ciencia y éstas indican que si el ritmo actual del desarrollo mundial prosigue sin alteraciones, la humanidad desaparecerá en dos o tres generaciones.

Y esa concepción solo puede ser humana, es decir, digna de las tradiciones del movimiento obrero, si impide que esta perspectiva desaparezca de la consciencia pública con casos mentales como el de ‘después de nosotros’. O sea, sólo puede ser humana si, penetrada de una voluntad apasionada, pone en juego todos los recursos disponibles para poner freno al fatal curso de las cosas. Para eso se necesita de un gran objetivo estratégico; se precisa, en concreto, de la voluntad de articular definitivamente a la sociedad humana y su cultura, para siempre, de un modo armónico con la biosfera, Y se necesita para ello un programa de acción con plazos precisos, calculado a largo plazo, que advierte de las catástrofes que nos amenazan, que desvele sin concesiones sus causas determinantes y que desarrolle un sistema científicamente fundamentado de medidas capaces de garantizar que esas causas van a ser radicalmente suprimidas."

Extraído de: Wolfgang Harich. ¿Comunismo sin crecimiento?. 1975.

La malacología


Gustavo Duch - Palabre-ando

Las amigas del movimiento Slow Food me pidieron que participara en su evento anual, el Día Tierra Madre del pasado 10 de diciembre, y lo hice con mucho gusto, aunque tengo que reconocer que medio que les mentí. Sí, porque al comenzar mi exposición dije que intervenía en mi calidad de experto zoólogo. Y concretamente como experto malacólogo, es decir, especialista en el estudio de los moluscos. Como el caracol, el símbolo del Slow Food.

El movimiento de la comida lenta nace en Italia desde un grupo de gastrónomos para defender una relación de corresponsabilidad entre productores, consumidores, gastrónomos y restauradores en favor de una alimentación justa, sana y de calidad. El Slow Food, desde un ángulo diferente apoya, como la Soberanía Alimentaria, una producción y consumo de alimentos de temporada, local y ecológica, con un protagonismo central del pequeño campesinado. Y añaden a su discurso el valor de la lentitud, el placer de degustar la comida tranquilamente, en buena compañía, disfrutando del tiempo y la conversación. Frente a la homogeneización de la comida y el frenesí por la aceleración, que se encarna a la perfección en el “fast food”, anteponen al caracol. Y fíjense, -dije con tono de experto- el caracol, que aún siendo un animal parsimonioso, se ha demostrado científicamente, que si no se estresa vive más. Vive más un caracol no estresado que un caracol estresado. Es sencillo, las prisas provocan un gasto energético del metabolismo. Con calma y sosiego entonces el organismo libera energías que podrán ser utilizadas para otras actividades como la reproducción o pasear por un camino.

El ser humano dejó de pasear y se subió a un automóvil para ganarle tiempo al tiempo. Pero, como ya expliqué en otra ocasión, el pensador Ivan Illich demostró que si descontamos a la velocidad promedio a la que nos desplazamos a lomos de un automóvil, el tiempo que trabajamos para pagar los costes del automóvil, la velocidad punta que obtenemos baja a unos 6km/hora. Sólo un poco más rápido que la marcha que lleva una vaca paseando por un camino. La vaca a ese ritmo puede observar que por ese camino pasea también un caracol austero.

Si el camino pasa por Chiapas, México, observaríamos otros caracoles, las pequeñas comunidades campesinas autogobernadas que, como explica el Subcomandante Marcos, son “una pequeña parte de ese mundo a que aspiramos, hecho de muchos mundos”. El caracol simboliza lo que allí están alumbrando: revoluciones que giran y giran como la espiral del caracol, hacia fuera para alejarse de los dolorosos modelos capitalistas, y hacia atrás buscando enseñanzas arrinconadas o extraviadas pero necesarias.

Pero el caracol (o la caracola, otro molusco apasionante para mis compañeros de especialidad) nos reserva otra enseñanza. En su crecimiento construye su concha en base a espiras que inicialmente se van haciendo cada vez más grandes, más anchas. Pero llega un punto que el caracol sabe que si hace una nueva espiral eso le provocará graves problemas, le sobrecargaría con un peso que no podrá acarrear… y fabrica las nuevas espiras cada vez más pequeñas, en decrecimiento. Por eso también el caracol es la metáfora que aglutina a un nuevo movimiento social “el decrecimiento” que aplicado a la agricultura lo podríamos entender como la vuelta hacía una agricultura de pocos insumos y respetuosa con los límites de la naturaleza. La propuesta es clara, igual que hace el caracol o caracola hemos de adoptar un cambio brusco y con celeridad. Retroceder parte de lo caminado por la senda de la agricultura industrializada para retomar el camino donde, en lugar de chimeneas, podamos observar a la vaca, al caracol austero y a las mujeres y hombres del campo, avanzando en revolución.

Sabemos y vemos de la realidad del campo, y si además fijamos la atención en la prensa diaria encontraremos entre líneas hasta donde llegan los impactos de otro modelo de producción de alimentos insostenible: la pesca industrial o el engorde de pescado industrial. En los últimos meses hemos tenido ejemplos muy claros. Primero un golpe de Estado en Honduras impulsado por una oligarquía neoliberalizada temerosa de perder sus privilegios, entre ella, las empresas que –destrozando los manglares- cultivan langostinos. Pescanova tiene en Choluteca unas 1.200 hectáreas de langostinos en remojo. El secuestro del Alakrana evidenció la explotación que nuestro país hace en aguas que deberían beneficiar a la población local. Y finalmente con el ejercicio de lucha y dignidad de la Sra. Aminetu Haidar nos enteramos que algunas empresas españolas se benefician de acuerdos con Marruecos que permiten la pesca en caladeros de aguas territoriales del Sáhara Occidental. Todo está escondido “en el fondo del mar”, pero todo se sabe.

Entonces –concluía en mi relato de caracoles y otras bestias- ¿lentitud en el caminar o celeridad para desandar? La zoología nos lo vuelve a explicar. Un ratoncito dispone de poco tiempo para disfrutar de la vida, dos años como mucho. Mientras un elefante podrá pasar de los sesenta. ¿Es injusto? Recién me explicaron que como el corazón del ratón va mucho más rápido que el del paquidermo, finalmente los dos viven aproximadamente los mismos latidos de corazón. Así que lo importante es eso: asegurarnos que nuestro corazón [de caracol] palpita.

François Partant: ¿Qué hacer?

François de Ravignan

¿Qué hacer?

Cuándo se le preguntaba "¿Qué hacer?", François Partant respondía generalmente: "No hay nada que hacer", lo que podría pasar por una respuesta totalmente desesperada. Pero como él mismo hacía muchas cosas, podemos pensar que no era precisamente no hacer nada lo que proponía. Lo que de hecho quería decir es que las soluciones globales que serían necesarias en el marco del sistema global son muy improbables (en oposición a los utopistas del Nuevo Orden Internacional de los que tanto se habló en los años setenta). Por una parte porque los poderes que se ejercen sobre ese sistema, a saber Estado y Capital, no están por la labor de ponerlo en cuestión. Por otra parte porque es casi imposible que las decisiones económicas, fundamentalmente contrarias a las que se toman hoy en día, se impongan a la vez a todos los pueblos del planeta.

Las decisiones que se toman a nivel de los Estados únicamente, son muy limitadas, debido a la globalización del sistema. ¡Esto se vio bien con la evolución de los poderes socialistas en Francia o en otros países europeos respecto de los objetivos anunciados en los años ochenta!. Desde esta óptica, cambiar el partido en el poder no cambia en nada las tendencias de conjunto. Todo lo que podría hacer un poder de Estado, y no es poca cosa, sería, aún gestionando los asuntos según los derroteros habituales porque están obligados a hacerlo bajo amenaza inmediata de desórdenes intolerables, favorecer la emergencia de alternativas socio-económicas. Por lo tanto, gestionar el sistema sin creer y sin pensar que uno puede reformarlo, y contribuir así a minarlo desde el interior, ayudando a aquéllos que tratan de vivir al margen o al exterior del mismo. En suma, el futuro político consistiría en trampear con el sistema, lo que es sin duda mejor que la complicidad o la actual corrupción, fruto, por otra parte de la desilusión de los políticos.

A partir de la experiencia rica en invención social pero efímera de la primavera malgache (mayo de 1972), François Partant imaginó en seguida que los excluidos del sistema podrían organizarse entre ellos para producir lo que les fuera necesario e intercambiar, siempre entre ellos, según reglas convenidas de común acuerdo. Estaba muy atento a todas las experiencias alternativas que pudieran surgir aquí o allá, desde los marginales berlineses hasta en diversos países del tercer mundo, pasando por las regiones rurales francesas. Se apasionaba por las informaciones que le llegaban de Andalucía, donde la integración económica de la agricultura en el Mercado Común Europeo llevaba al paro a miles de jornaleros agrícolas, pero donde surgieron grupos organizados con una perspectiva de supervivencia autónoma en el mayor grado posible.
François Partant era sin embargo muy crítico con las alternativas y las rechazaba categóricamente si le parecía que volvían tarde o temprano a una forma cualquiera de integración en el "sistema".

Sin duda pasará tiempo para que a través de esas alternativas, sus actividades, la coordinación que se den a sí mismas y los organismos de iniciativa que deberán nacer, se encarnen las intuiciones y las ideas de aquél que, aún centrado en los últimos años en su mesa de trabajo, quería apasionadamente ver nacer la alternativa sobre la que meditaba. Pero este largo camino ¿llegará antes de que las fuerzas de destrucción, hoy en marcha, hayan causado fracturas irremediables?

El condicionamiento neotecnológico


 Jean Marc Mandioso

"Pero los argumentos publicitarios que alaban los méritos del teléfono móvil o del ciberespacio no son más que uno de los aspectos de la “persuasión clandestina” que se ejerce. Así el teléfono móvil, ese apéndice “nómada” que sigue al individuo en todos sus desplazamientos supone más una pérdida que un incremento de autonomía. Desde el momento en que la posibilidad de ser localizable de forma permanente existe, esto se convierte en una obligación; en numerosas profesiones, es inconcebible no poder localizar a un “colaborador” en todo momento, donde él se encuentre. Y este instrumento - tanto como la tarjeta de crédito - es un eficaz medio de vigilancia de los desplazamientos de un individuo, lo que no ha pasado inadvertido por la policía.

La numerización de centrales telefónicas permite rastrear inmediatamente el origen de la menor llamada y de memorizar muy fácilmente el contenido mismo de las comunicaciones (cf. el delirante sistema de control por todas partes de las conversaciones intercambiadas por teléfono y a través de Internet, puesto a punto por los americanos bajo el nombre de “Echelon"); se puede además comprar, por medio de Internet, dispositivos de escucha telefónica teóricamente ilegales, de fácil instalación. Internet, por su parte, es un sistema de control también eficaz. Los sitios visitados dejan incluso una huella en el ordenador del internauta: estos “chivatos electrónicos” llamados cookies son ficheros informáticos que sirven para formar bases de datos, utilizados por los publicitarios para hacer ofertas “objetivo” en función del “perfil” de los usuarios.

Y el internauta aprende rápidamente que lo gratuito se paga: pues no es solamente Internet lo que no es gratuito - contrariamente a lo que cree la gente que lo utilizan en su lugar de trabajo, olvidando de hecho que no “sortean” gratuitamente sino porque sus jefes corren con los gastos de conexión, abonado a los servicios de pago, etc… -, sino incluso los sitios aparentemente “gratuitos” son en realidad financiados por una publicidad invasora, con incrustaciones en colores intermitentes, inestables (y que, sin duda, serán pronto sonoros), de los que es difícil abstraerse. Un operador telefónico propone igualmente, desde hace tiempo, ofrecer comunicaciones gratuitas a sus clientes, interrumpiéndose las conversaciones a intervalos regulares por los mensajes publicitarios.

En fin, no hay que olvidar que los promotores del teléfono móvil y de Internet hacen, al principio, dumping, es decir que venden sus servicios a fondo perdido; para “crear un mercado” susceptible de alcanzar rápidamente la “talla crítica” que permita prever una rentabilidad comercial, habrá hecho falta lanzar a un precio bajo los productos, según la conocida fórmula del precio de reclamo. Una vez estos productos entran en los hábitos y se instala de forma durable su “necesidad”, los precios subirán inevitablemente, como ocurre siempre en el caso de que se forme un mercado cautivo.

Detrás de la aparente libertad de elección concedida a los individuos para equiparse o no de estos productos, se perfila ya un verdadero contrato social. Como lo indican los autores de un libro reciente, “se ha convertido en un imperativo para todo individuo el comprender las posibilidades ofrecidas por las tecnologías de tratamiento de la información y de la comunicación”. Se trata de “posibilidades” - lo que supone en teoría, una libertad de elección -, pero es “imperativo” ponerlas en marcha; dicho de otro modo, no hay elección. Igualmente, no ha habido nunca una ley que obligara a quien fuera a tener una cuenta en el banco, una chequera o un automóvil; pero quien quisiera pasarse hoy día sin ellos (salvo, en el caso del coche, algunos habitantes del centro urbano) se expone a tantos sinsabores que deberá renunciar a intentarlo, a menos que desee apartarse deliberadamente de toda vida social. Los mismos autores describen de igual manera, en un tono distante y descriptivo despojado de toda veleidad crítica, la omnipresencia de la informática en la vida de los individuos, desde su concepción:

“Antes incluso de su nacimiento, el niño existe a través de herramientas informáticas como la ecografía. Desde su llegada al mundo, está inscrito en los registros de la maternidad, antes de encontrar su existencia social a través de un registro en los ficheros del registro civil. Su nombre y apellidos le identifican en el seno de una familia y una comunidad. Así, existe a través de informaciones que le representan. Su vida está balizada por datos informáticos que le conciernen (edad, sexo, dirección, número de la Seguridad Social, etc.) y que son manipulados por terceros (escuela, biblioteca, centro polideportivo, médico de cabecera, agencia de viajes, banco, etc.).”

Y el temor de ver desarrollarse la “franja no desdeñable de la población que se encuentra excluída de la revolución informática” - inversión notable, ya que es en realidad la mayoría de la población la que se designa con este término de “franja” - motiva “la generalización de la enseñanza de la informática en las escuelas”, lo que confirma el carácter voluntarista y obligatorio de la participación en la “revolución informática”. Los padres o los niños que no quieran someterse serán considerados como antisociales y sufrirán las consecuencias jurídicas y psiquiátricas por su obstinación; la criminalización de la “resistencia al cambio técnico” se hará en nombre del control social y de la lucha contra la exclusión:

“Agentes de policía requeridos para dar una clase en una escuela de Largo (Florida) han puesto sin dudarlo las esposas a una niña de seis años que se negaba a ver un video sobre la prevención del crimen. Como la niña gritaba, daba patadas y lanzaba su oso de peluche contra el televisor, las fuerzas del orden la han “agarrado” y colocado por algunas horas, en un centro para delincuentes menores. “La pequeña ha sido ya regañada por mala conducta”, ha explicado al diario americano Tampa Tribune el director de la escuela, sobre quien la niña había también escupido”. (Le Monde, 26 de abril de 1997.)

La coacción se pone la máscara de la benevolencia humanitaria: se justifica de forma parecida la descodificación del genoma humano por la prioridad humanitaria absoluta que constituirá la puesta en marcha de terapias génicas, incluso si éstas no son, por el momento, más que una proyección intelectual. Así se opera un condicionamiento que, preservando la apariencia del consenso, se presenta como una fatalidad contra la cual será ilusorio pretender luchar."

El condicionamiento neotecnológico. Jean Marc Mandioso

Sabidurías ecológicas


La especie humana existe desde hace doscientos mil años a lo largo de los cuales ha tenido que elaborar formas de conocimiento y apropiación intelectual de la naturaleza. Desde el punto de vista biológico, la supervivencia de la humanidad a las condiciones ambientales del planeta requiere de una memoria. Toda especie necesita de un aprendizaje que se graba genéticamente y que le permite adaptarse a un medio cambiante. En el caso de la especie humana, esa impresión es, además, de carácter cognitivo y pertenece al legado cultural. La modernidad –la revolución científica e industrial– ha interrumpido esa memoria, ha cortado la transmisión intergeneracional y el consiguiente perfeccionamiento progresivo de los modelos locales para adecuarlos a las condiciones del entorno cercano. Por eso no es exagerado decir que hoy la memoria de la especie se encuentra en los pueblos y las culturas indígenas.

En este mundo moderno en crisis los pueblos marginados y expoliados están adquiriendo un nuevo valor en función de su memoria de especie. Los mayas del Yucatán tienen 3.000 años de antigüedad, los pigmeos 60.000 años…, en cambio, nuestra civilización se ha colocado al borde del colapso en apenas trescientos años. Una de las corrientes más avanzadas de la ecología científica es el análisis de la «resiliencia» socioecológica, que es la capacidad de un sistema social productivo para amortiguar un cambio drástico impredecible y mantenerse dentro de su estado normal. Hemos intentado demostrar que esta capacidad adaptativa se encuentra presente en los pueblos tradicionales, lo que explica su habilidad para mantenerse durante periodos larguísimos en un mismo territorio sin atentar contra sus propios medios de vida y supervivencia.

Los problemas ecológicos actuales no sólo afectan a las otras especies que habitan el
planeta, sino que también ponen en peligro las formas de vida de muchos grupos humanos. La humanidad enfrenta los grandes retos de frenar la destrucción de recursos y restaurar los servicios ambientales. Históricamente, el conocimiento ecológico tradicional, construido a partir de las interacciones cotidianas de los grupos humanos con el medio ambiente, se ha mostrado vital en el uso sustentable de los recursos naturales. Desde la etnoecología se argumenta que el conocimiento ecológico local puede contribuir también ahora al diseño de estilos de vida sostenibles.

La etnoecología estudia los conocimientos tradicionales de los ecosistemas locales y sus cambios a través del tiempo. Estos conocimientos se basan en la experiencia acumulada por generaciones en una comunidad, usando y manejando los recursos naturales locales. En los estudios etnoecológicos se incluye información sobre flora, fauna y clima (incluyendo sus cambios a lo largo del tiempo), como parte de la cultura. Al igual que el concepto de ecosistema, el de cultura incluye diferentes niveles (p. e., la cultura occidental o moderna, la nacional, la regional, la maya y hasta la cultura de una comunidad maya o de una organización).

Estos conocimientos locales e históricos complementan a los científicos, enfocándose en el aprovechamiento de los recursos con fines estéticos, espirituales y prácticos; un gran reto de nuestro tiempo es conservar tales conocimientos e integrarlos en el análisis y solución de los problemas ambientales. La pérdida de la diversidad cultural con sus diversas estrategias para usar recursos a largo plazo es una gran amenaza para la misma biodiversidad. Culturas tradicionales han desarrollado varios sistemas de manejo que contribuyen a la conservación, aunque a veces han causado daños y muchas veces destruyen bastantes recursos cuando empiezan a modernizarse. Por tanto, la etnoecología incluye el estudio no sólo de los conocimientos tradicionales, incluyendo las prácticas de manejo, sino también de los factores que influyen en su transmisión, incorporación de nuevos elementos, y modificación en las nuevas generaciones.

Para saber más: Etnoecología. la memoria biocultural: La importancia ecológica de las sabidurías tradicionales

Para saber más: Laboratorio de etnoecología

Para saber más: El conocimiento tradicional para la resolución de problemas ecológicos contemporáneos

Elogio del aburrimiento


Santiago Alba Rico

El capitalismo prohíbe básicamente dos cosas. Una es el regalo. La otra el aburrimiento.

Cuenta Sor Juana Inés de la Cruz, la gran poetisa, monja y feminista mexicana del siglo XVII, que en una ocasión la abadesa del convento de los Jerónimos, a cuya regla estaba sometida, le prohibió leer y escribir y la mandó castigada a la cocina. Allí entre los fogones Juana Inés estudiaba y escribía con la mente; es decir, pensaba. Del huevo y de la manteca, del membrillo y del azúcar, mientras cortaba y amasaba y freía, sacaba una consideración, una reflexión, un hilo interminable de conjeturas, y esto hasta el punto de llegar a afirmar con desafiante ironía en su conocida carta a sor Filotea: “Si Aristóteles hubiera cocinado, habría pensado más y mejor”.

Si a Juana Inés, en lugar de a la cocina, la hubiesen mandado a Disneylandia, donde se hubiese aburrido menos, quizás habría dejado de leer, estudiar y pensar sin ninguna prohibición.

Contaba Rosa Chacel, una de las más grandes novelistas españolas del siglo XX, que en los años cincuenta, mientras redactaba su novela La Sinrazón, tenía la costumbre de pasar horas recostada en un sofá de su salón. La mujer de la limpieza, con la escoba en la mano, le dirigía siempre miradas entre compasivas y reprobatorias: “Si hiciera usted algo, no se aburriría tanto”. Pero es que Rosa Chacel hacía algo: estaba pensando; y hasta cambiar de postura podía distraerla de su introspección o devolverla dolorosamente a la superficie.

Si Rosa Chacel hubiese pasado horas y horas delante de la televisión, y no dentro de sí misma, jamás habría escrito ninguna de sus novelas.

Hay dos formas de impedir pensar a un ser humano: una obligarle a trabajar sin descanso; la otra, obligarle a divertirse sin interrupción. Hace falta estar muy aburrido, es verdad, para ponerse a leer; hace falta estar aburridísimo para ponerse a pensar. ¿Será bueno? ¿Será malo? El aburrimiento es la experiencia del tiempo desnudo, de la duración pastosa en la que se nos enredan las patas, del líquido viscoso en el que flotan los árboles, las casas, la mesa, nuestra silla, nuestra taza de leche. Todos los padres conocemos la angustia de un niño aburrido; todos los que fuimos niños -antes, al menos, de los videojuegos y la televisión- sabemos de la angustia de un niño aburrido pataleando en el ámbar espeso de una tarde que no acaba de morir. No hay nada más trágico que este descubrimiento del tiempo puro, pero quizás tampoco nada más formativo. Decía el poeta Leopardi que “el tedio es la quintaesencia de la sabiduría” y el antropólogo Levi-Strauss, recientemente fallecido, aseguraba haber escrito todos sus libros “contra el tedio mortal”. Uno no olvida jamás los lugares donde se ha aburrido, impresos en la memoria -con grietas y matices- como en el diario de campo de un naturalista. Uno no olvida jamás el ritmo de las cosas, la finitud de los cuerpos, la consistencia real de los cristales, si alguna vez se ha aburrido. “Amo de mi ser las horas oscuras”, decía Rainer María Rilke, porque las oscuras son no sólo la medida de las claras sino la pauta narrativa de unas y de otras. El aburrimiento, sí, es el espinazo de los cuentos, el aura de los descubrimientos, el gancho de toda atención, hacia fuera y hacia dentro.

El capitalismo prohíbe las horas oscuras y para eso tiene que incendiar el mundo. El capitalismo prohíbe el aburrimiento y para eso tiene que impedir al mismo tiempo la soledad y la compañía ¡Ni un solo minuto en la propia cabeza! ¡Ni un solo minuto en el mundo! ¿Dónde entonces? ¿Qué es lo que queda? El mercado; es decir, esa franja mesopotámica abierta entre la mente y las cosas, ancha y ajena, donde la televisión está siempre encendida, donde la música está siempre sonando, donde las luces siempre destellan, donde las vitrinas están siempre llenas, donde los teléfonos celulares están siempre llamando, donde incluso las pausas, las transiciones, las esperas, nos proporcionan siempre una emoción nueva. El capitalismo lo tolera todo, menos el aburrimiento. Tolera el crimen, la mentira, la corrupción, la frivolidad, la crueldad, pero no el tedio. Berlusconi nos hace reír, las decapitaciones en directo son entretenidas, la mafia es emocionante. ¿Cuál era el peor defecto de la URRS, lo que los europeos nunca pudimos perdonarle, lo que nos convenció realmente de su fracaso? Que era un país muy aburrido.

Eso que el filósofo Stiegler ha llamado la “proletarización del tiempo libre”, es decir, la expropiación no sólo de nuestros medios de producción sino también de nuestros instrumentos de placer y conocimiento, representa el mayor negocio del planeta. El sector de los video-juegos, por ejemplo, mueve 1.400 millones de euros en España y 47.000 millones de dólares en todo el mundo; el llamado “ocio digital” más de 177.000 millones de euros; la “industria del entretenimiento” en general -televisión, cine, música, revistas, parques temáticos, internet, etc- suma ya 2 billones de dólares anuales. “Divertir” quiere decir: separar, arrastrar lejos, llevar en otra dirección. Nos divierten. “Distraer” quiere decir: dirigir hacia otra parte, desviar, hacer caer en otro lugar. Nos distraen. “Entretener” quiere decir: mantener ocupado a alguien en un hueco donde no hay nada para que nunca llegue a su destino. Nos entretienen. ¿Qué nos roban? El tiempo mismo, que es lo que da valor a todos los productos, mentales o materiales.

El capitalismo y su industria del entretenimiento construyen todo lo contrario de una cultura del ocio. En griego, ocio se decía “skhole”, de donde viene la palabra “escuela”. El proceso es más bien el inverso, pues la escuela misma -la cocina del pensamiento, el fogón del tiempo, donde Juana Inés y Rosa Chacel horneaban sus obras- ha claudicado a la lógica del entretenimiento. Ahora no se trata de comprender o de conocer sino de conseguir que, en cualquier caso, la escuela y la universidad no sean menos divertidas que la televisión, los vídeo-juegos y Disneylandia. ¿Los alumnos estarán más atentos si los maestros utilizan pizarras electrónicas? ¿Aprenderán mejor inglés en internet con Marina Orlova, la escultural filóloga rusa en minifalda? ¿Sabrán más matemáticas o latín si acuden a la universidad de Bolonia atraídos no por sus programas y profesores sino por las cuatro modelos de cuerpos zigzagueantes contratadas para los carteles publicitarios? Lo que es seguro es que, con esta lógica, que es la del mercado, los profesores llevan todas las de perder: Aristóteles y la física cuántica nunca podrán rivalizar con Shakira y la última play-station.

Según una reciente encuesta, uno de cada veinte niños británicos están convencidos de que Hitler fue un entrenador de fútbol y uno de cada cinco creen que Auschwitz es un Parque Temático. Para muchos de ellos el Holocausto es el nombre de una fiesta.

Quizás deberíamos aburrirnos un poco más.

Sexualidad, género y patriarcado


Argy

La Naturaleza se ha construido durante millones de años de autorregulación con el medio ambiente mediante mutaciones azarosas de ensayo/error, encontrando un equilibrio entre las formas de vida; Podemos mirar la sabiduría de la naturaleza como una expresión de formas que se reproducen y perpetúan a través de la expansión del placer y la colaboración.

En este contexto la sexualidad es una consecuencia de la naturaleza, esto es: la vida misma. Las especies se perpetúan, entonces, mediante la acción sexual, mediante el placer.

La reproducción es una consecuencia que la naturaleza dispone como parte de la acción sexual humana, y de cualquier animal. La especie humana cuenta con un sistema reproductor binario (binarismo sexual); esto es, un sistema reproductor masculino, y un sistema reproductor femenino diseñados para trabajar conjuntamente y con placer.

Los seres humanos evolucionan socioculturalmente a partir de las predisposiciones naturales, y son como son, a raíz de ellas. La naturaleza no es opuesta a la cultura sino que ésta, se enmarca dentro de ella.

Así la sexualidad humana es natural, esto es, la capacidad que tenemos mujeres y hombres para relacionarnos y sentir placer, pero la decisión de vincular a cada sexo un género es arbitraria. Subrayaremos la diferencia entre género y sexo.

Debemos de reivindicar la sexualidad natural, esto es el ciclo de menstruación que todas las personas con útero y ovarios tienen, el ciclo de reproducción que se manifiesta con la vinculación de dependencia criatura-madre biológicamente necesaria para la subsistencia que pasa por el imprinting(*), el calostro, el deseo mutuo, de lactancia, y la necesidad mutua de recibir/dar protección respectivamente.

El género (el comportamiento de cada persona en función del sexo que la sociedad le asigna) es cultural, por ello debemos defender que cada cual puede y debe vivir la sexualidad como le plazca.

La feminidad no es parir, este no es un requisito para ser mujer ni para tener una sexualidad plena. De hecho, no existe un "instinto de reproducción", sino un instinto de búsqueda del placer y expansión del mismo. La reproducción solo es una consecuencia ocasional de ello.

Lo que se entiende por masculinidad es un género más, que enmascara en la sexualidad masculina el falocentrismo, un ideal a alcanzar en nuestra sociedad occidental que debe ser deconstruido.

El control, represión y suplantación de la sexualidad humana se ejerció para dominar la prole (la reproducción), por eso aparecen los maridos (que poseían a la mujer) y los padres (que poseen su fruto). Y el hecho de que la mujer haya sido la gran víctima visible del patriarcado (que no la única, pero ¿quien habla por las criaturas imbecilizadas y quien alza la voz desde el lado del opresor?) no ha sido casual, sino porque ella es quien pare y, al ejercer el vínculo sexual natural con sus criaturas, quien engendra personas poco dotadas para la dominación y la opresión, y excesivamente dotadas para la autorregulación y la ayuda mutua.

El patriarcado ha reducido la sexualidad a la reproducción, pero si aceptamos que el patriarcado ha reprimido la sexualidad y negamos la vinculación original entre sexualidad o reproducción solo nos queda pensar que el patriarcado quería reprimir la sexualidad en sí, y creo que no es lo que la historia nos demuestra en tiempos pasados donde la sutilidad no se estilaba y a las mujeres se les arrebataba el fruto de su vientre de manera literal

El matrimonio encarnado en la monogamia heterosexual y, en consecuencia, la paternidad, es cultural porque sus orígenes nos muestran una verdadera operación de compraventa de mujeres y secuestro de criaturas. El patriarcado en su más pura esencia.

(*)El imprinting es el período de transición entre la gestación intrauterina y la gestación extrauterina

Lluvias torrenciales, cambio climático y decrecimiento

Julio García Camarero

La “Depresión Aislada en Niveles Altos” (DANA) o “gota fría” ha azotado al Levante y SE de la Península Ibérica  del 10 al 15 de sep. de 2019. Produjo episodios lluviosos más que torrenciales, como nunca había sucedido en la historia de la climatología de de este rincón ibérico. Llegó a motivar la suspensión de las clases para 536.000 de niños en toda la comunidad.

 http://img2.rtve.es/v/5386622?w=1600&preview=1568315675795.jpg

Según datos facilitados por la Agencia Estatal de Meteorología, entre las poblaciones más afectadas hay que destacar en primer lugar Beniarrés, con 359mm/24 horas, seguida por Ontinyent (296,4 mm), Orihuela (259,2 mm, y más de 430 mm. en 48 horas) y Muro (214,2 mm). En la ciudad de Valencia cayeron intensas lluvias aunque no alarmantes.

Tenemos que considerar que el dato de Orihuela de 430mm/en 48 horas es abrumador, es la lluvia “media” cae en todo un año, en múltiples territorios de la Comunidad Valenciana. Incluso, en la vertiente seca del macizo de Alcoy  solo llegan a caer de media 300 mm, esto es, la misma cantidad que cayó en un solo día en Beniarrés u Onteniente.

Veamos con datos obtenido de una publicación de Antonio Rivera, cuales son las pluviometrías anuales más escasas de la Comunidad Valenciana: 

Llanura litoral septentrional, con 450mm/año y con municipios como Castellón,Vinaroz, Valencia o Sagunto.
Clima del sector litoral meridional de Elche,que no supera los 300mm. Son destacables Alicante, Orihuela o Elche.
Clima de la vertiente seca del macizo de Alcoy: 450mm en la parte alta. Y de sólo 300mm en las bajas zonas cercanas al litoral. Son de citar localidades como Villena, Novelda, o El Pinós.
Clima del sector central occidental 450mm. Son a destacar Utiel, Requena o Ayora.

¿Pero qué es un DANA? Es la entrada de una corriente de aire de un frete frío (que en el hemisferio norte y en latitudes medias suele circular de W. a E.) que choca y penetra con una masa de aire más cálido y húmedo acumulado desde el mar Mediterráneo durante el verano. Este choque y penetración genera inestabilidad atmosférica. Y al enfriarse repentinamente el aire cálido y húmedo, a causa de este contacto y penetración, se originan fuertes tormentas e intensas lluvias torrenciales. Además, al chocar el aire del frente frío con la masa cálida y húmeda, resbala y hace girar los vientos en bucle dirigiéndolos al final en dirección WNW.  De este modo se forma un pequeño ciclón de bajas presiones en el golfo de Valencia, que incluso en ocasiones impulsa esta masa de aire tormentosa (en dirección opuesta a la que traía el frente frio) hacia el W o el NW, en el caso de este año ha llegando a barrer el centro de la península llegando hasta Madrid.
Ahora veamos, como un ejemplo muy ilustrativo, los registros pluviométricos (tomados de AEMET) de precipitaciones torrenciales (las superiores a los 150mm/día) en la localidad de Onteniente desde 1917 hasta 2019. Las precipitaciones de este septiembre de 2019 han supuesto la mayor cantidad de lluvia desde que se tienen registros en esta población, que iniciaron en 1917.
Veamos con un sencillísimo análisis como evolucionaron los datos de lluvias torrenciales en este municipio.
⦁    En el periodo de 1917 hasta 1982, o sea, en 65 años, solo hubo 6 años con un día de lluvia torrencial.
⦁    Desde 1982 a2019, es decir en 37 años se llego a 6 años con lluvia torrencial. Es decir, igual número de años con un día de lluvia torrencial que en los 65 años anteriores
Por ultimo, en cuanto a la cantidad de lluvia torrencial caída en estos dos periodos tenemos que:
⦁    En 65 años del siglo pasado se acumularon 1.014,5 mm de lluvia torrencial. Que suponen una media de lluvia torrencial por año de 15,6mm/año
⦁    En los 37 años de reciente periodo se acumularon 1.206,2 mm de lluvia torrencial. Que suponen una media de lluvia torrencial por año de: 32,6mm/año

En resumen que en los últimos casi cuatro decenios la lluvia media torrencial se ha duplicado (en promedio) en relación a los seis decenios anteriores. Algo parecido su cedió con el nº de lluvias torrenciales. Este tipo de días con lluvias torrenciales también pasó al doble en este último periodo.
Precipitaciones torrenciales en
Onteniente desde 1917 a 2019
Año     mes    día    mm/24h
2019    Sep.    11    297,0
2016    Dic.    18    197,2
1997    Sep.    30    162,0
1993    Feb.      1    176,0
1982    Oct.    20    157,5
1982    Nov.      1    216,0
    o        1.206,2
1971    Oct.      6    174,5
1966    Oct.    10    159,0
1958    Oct.    26    156,0
1925    Nov.    13    156,0
1923    Oct.    30    162,0
1922    Nov.    15    207,0
            1.014.5
Tabla confeccionada con datos de la AEM (Agencia Estatal de Meteorología).

No es que estos irrefutables resultados de Onteniente, sean una confinación total del vaticinio de un próximo Cambio Climático, se trata de datos demasiado puntuales. Pero lo que si es cierto es que existe una concordancia entre sus resultados y la marcha de la evolución general de los datos globales con los que miles de científicos diagnostican un inevitable Cambio Climático. Algo que irremisiblemente podrá hacerse insufrible y mortal para toda la humanidad y la vida en la tierra  si no iniciamos, con urgencia, todos (y también los oligarcas) un cambio radical de nuestro imaginario interior consumista productivista y en nuestro modo de vida y lo cambiamos por el modelo del “buen vivir”, de la “austeridad digna”, que nada  tiene que ver con una “miseria y esclavitud” impuesta por la oligarquía.

Sin duda, el cambio climático ya resulta bastante evidente y bastante próximo.
En los años '60 y '70 yo trabajé en meteorología: más de un lustro en el servicio meteorológico del aeropuerto de Barajas... y luego algunos años llevé, entre otras cosas, la supervisión de la estación meteorológica del Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA). Recuerdo que en aquellos tiempos 100mm/día de lluvia se consideraban como un sorprendente diluvio, hoy la duplicación o triplicación de esta cifre ya no nos escandaliza. Y ello es grave.

Además, resulta que esta potencia pluviométrica origina el gran desastre de acabar con vidas humanas, destrozar cosechas, propiedades inmobiliarias, etc. Pero, además, no se debe olvidar que también este tipo de lluvias causan el grave daño de una intensísima erosión hídrica. Con estas intensas de lluvias torrenciales es posible que se genere un potencial erosivo capaza de arrastrar varios centímetros de suelo fértil en pocas horas. Con esta perdida, el suelo tiende a hacerse improductivo y puede llegar a darse un comienzo de desertificación. Desertificación que es en este territorio que estamos tratando es, precisamente, en donde más rápidamente avanza de toda Europa.

Indicadores para la Resiliencia Local y la Justicia Global

http://www.solidaridadandalucia.org/recursos/horizontes_ecosociales/


Horizontes Ecosociales es un recurso promovido por Solidaridad Internacional Andalucía para estudiar la capacidad de proyectos, organizaciones y comunidades locales de dar respuestas adecuadas al colapso civilizatorio incidiendo en dos variables fundamentales: la resiliencia local y la justicia global. 

Cuenta con dos herramientas de trabajo: la primera permite la determinación de los contextos futuros que afrontará el territorio en el que se inserta el proyecto, la organización o la comunidad de referencia; la segunda evalúa su capacidad de resiliencia local y justicia global en relación con esos contextos previstos.




¿Colapso civilizatorio?

El punto de partida de este trabajo es la aceptación de que afrontamos un escenario de colapso de los ecosistemas, la civilización industrial y el capitalismo globalizado debido, entre otros factores, al cambio climático, la pérdida masiva de biodiversidad y el declive de la disponibilidad energética y material.

Una situación que se traduce en una grave amenaza para las comunidades de todo el mundo que presenten una baja capacidad de resiliencia, demostrando poca capacidad de adaptación, aprendizaje, innovación y auto-organización ante los cambios e impactos derivados de este proceso de colapso.

Una capacidad mermada generalmente por la debilidad y falta de autonomía de su tejido comunitario (sociocultural, económico y político), fuertemente dañado durante el proceso de modernización y globalización capitalista y con altos niveles de dependencia de los poderes económicos y políticos globales.

Para profundizar en el diagnóstico del colapso puedes consultar, entre otras muchas obras y artículos: El colapso que nos acecha y Caminar sobre el abismo de los límites.

Resiliencia local y justicia global.

 

Durante todo el desarrollo de este recurso se ha considerado que el futuro más deseable es aquél en el que la Resiliencia Local y la Justicia Global están presentes de manera inseparable, por lo que la presente herramienta busca analizar hasta qué punto nuestros satisfactores sociales se están organizando o no con criterios de:

  • Resiliencia local: Capacidad de las comunidades de satisfacer sus necesidades en el contexto de cambio y bruscos impactos asociados al proceso de colapso civilizatorio.
  • Justicia global: Marco de convivencia en el que cada comunidad del globo puede satisfacer todas sus necesidades en condiciones de equidad sin interferir en las posibilidades de que otras comunidades, otras especies y sus generaciones futuras puedan hacerlo también.

Es importante destacar que este trabajo está inspirado en la teoría de las necesidades humanas elaborada por Manfred Max-Neef, Antonio Elizalde y Martín Hopenhayn en su libro “Desarrollo a Escala Humana”, que considera al ser humano una especie con necesidades finitas y universales, propias y características, que son satisfechas de maneras diversas en función de la relación entre los recursos materiales y energéticos disponibles y los modelos socioculturales de cada comunidad humana: lo que está ambiental y culturalmente determinado no son las necesidades humanas sino la forma en que éstas se satisfacen.

Determinación de contextos.

 

El objetivo de la primera herramienta es analizar cuatro marcos en los que se pueden mover los proyectos, las organizaciones y las comunidades analizadas: el presente; el futuro más probable y dos futuros plausibles (posibles pero no probables), uno deseable y otro indeseable.

Conocer estos contextos ayudará a analizar la capacidad de resiliencia local y justicia global del proyecto, la organización o la comunidad de que se trate y permitirá realizar un análisis estratégico más acertado.

La herramienta presenta una batería de cuestiones a valorar para cada escenario y devuelve un resultado en forma de gráfica en base a la combinación de dos criterios: los niveles de escasez/abundancia de recursos y los de justicia/injusticia. Como la finalidad de esta herramientas es servir de apoyo a la herramienta de indicadores su uso es sencillo y relativamente corto.

Indicadores de Resiliencia local y justicia global.

 

El objetivo de la segunda herramienta es evaluar la capacidad de resiliencia local y justicia global de cualquier proyecto, organización o comunidad ante los impactos del actual proceso de colapso de los ecosistemas, la civilización industrial y el capitalismo globalizado.

La herramienta consiste en un cuestionario cuyas respuestas han de volcarse en una hoja de cálculo que, de manera automática, devuelve el análisis de la capacidad de resiliencia local y justicia global del proyecto, la organización o comunidad de la que se trate.

Dado que el cuestionario es complejo se ha optado por ofrecer tres opciones de cumplimentación con 24, 40 ó 47 preguntas cada una. El más corto da una información básica de la resiliencia local y la justicia global de la comunidad, organización o proyecto y los otros dos permiten profundizar en el análisis con preguntas complementarias.

¿Qué encontrarás en el archivo de descarga?

 

Pulsando el botón de más abajo se iniciará la descarga de un archivo comprimido en el que podrás encontrar:

  • Un documento de presentación.
  • La hoja de cálculo que contiene la herramienta de Determinación de contextos.
  • El cuestionario de la herramienta de Indicadores para resiliencia local y la justicia global.
  • La hoja de cálculo de la herramienta de indicadores.
  • Las guías de uso de las dos herramientas.
  • Una guía para la dinamización participativa de grupos de trabajo.
  • Una carpeta con todos los archivos editables para modificaciones avanzadas.

Si, una vez descargado, no tienes el software necesario para descomprimir el archivo, puedes encontrar uno aquí. Los archivos de trabajo están desarrollados con Libreoffice, si necesitas el programa puedes descargártelo aquí.
Horizontes Ecosociales

 

Autoría y derechos.

Este recurso que ponemos a vuestra disposición es fruto de un año de proceso de creación colectiva coordinado por Solidaridad Internacional Andalucía con el asesoramiento de la cooperativa Garúa y financiado por la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo, en el que ha tenido un papel clave un comité de ocho personas expertas en medio ambiente, género, derechos humanos y procesos grupales; y en el que además han participado diversos agentes de la cooperación andaluza y las contrapartes de SIA en El Salvador:

Coordinación de la investigación:
  • Moisés Rubio Rosendo (SIA)
  • Marcos Rivero Cuadrado (SIA)
Coordinación metodológica:
Comité de Personas Expertas:
Comunidades y organizaciones colaboradoras:
Todos los materiales de este trabajo tienen una licencia Creative Commons. Solidaridad Internacional Andalucía agradece la reproducción y divulgación de los contenidos de esta publicación siempre que se cite la fuente.

¿Tienes dudas? ¿Quieres hacer aportaciones?

El archivo de descarga tiene una guía para cada herramienta pero, si necesitas aclarar cualquier duda o quieres hacernos sugerencias y/o aportaciones, puedes escribirnos a investigacion@solidaridadandalucia.org.

Desarrolla:


Colabora:


Financia: