Elogio del aburrimiento


Santiago Alba Rico

El capitalismo prohíbe básicamente dos cosas. Una es el regalo. La otra el aburrimiento.

Cuenta Sor Juana Inés de la Cruz, la gran poetisa, monja y feminista mexicana del siglo XVII, que en una ocasión la abadesa del convento de los Jerónimos, a cuya regla estaba sometida, le prohibió leer y escribir y la mandó castigada a la cocina. Allí entre los fogones Juana Inés estudiaba y escribía con la mente; es decir, pensaba. Del huevo y de la manteca, del membrillo y del azúcar, mientras cortaba y amasaba y freía, sacaba una consideración, una reflexión, un hilo interminable de conjeturas, y esto hasta el punto de llegar a afirmar con desafiante ironía en su conocida carta a sor Filotea: “Si Aristóteles hubiera cocinado, habría pensado más y mejor”.

Si a Juana Inés, en lugar de a la cocina, la hubiesen mandado a Disneylandia, donde se hubiese aburrido menos, quizás habría dejado de leer, estudiar y pensar sin ninguna prohibición.

Contaba Rosa Chacel, una de las más grandes novelistas españolas del siglo XX, que en los años cincuenta, mientras redactaba su novela La Sinrazón, tenía la costumbre de pasar horas recostada en un sofá de su salón. La mujer de la limpieza, con la escoba en la mano, le dirigía siempre miradas entre compasivas y reprobatorias: “Si hiciera usted algo, no se aburriría tanto”. Pero es que Rosa Chacel hacía algo: estaba pensando; y hasta cambiar de postura podía distraerla de su introspección o devolverla dolorosamente a la superficie.

Si Rosa Chacel hubiese pasado horas y horas delante de la televisión, y no dentro de sí misma, jamás habría escrito ninguna de sus novelas.

Hay dos formas de impedir pensar a un ser humano: una obligarle a trabajar sin descanso; la otra, obligarle a divertirse sin interrupción. Hace falta estar muy aburrido, es verdad, para ponerse a leer; hace falta estar aburridísimo para ponerse a pensar. ¿Será bueno? ¿Será malo? El aburrimiento es la experiencia del tiempo desnudo, de la duración pastosa en la que se nos enredan las patas, del líquido viscoso en el que flotan los árboles, las casas, la mesa, nuestra silla, nuestra taza de leche. Todos los padres conocemos la angustia de un niño aburrido; todos los que fuimos niños -antes, al menos, de los videojuegos y la televisión- sabemos de la angustia de un niño aburrido pataleando en el ámbar espeso de una tarde que no acaba de morir. No hay nada más trágico que este descubrimiento del tiempo puro, pero quizás tampoco nada más formativo. Decía el poeta Leopardi que “el tedio es la quintaesencia de la sabiduría” y el antropólogo Levi-Strauss, recientemente fallecido, aseguraba haber escrito todos sus libros “contra el tedio mortal”. Uno no olvida jamás los lugares donde se ha aburrido, impresos en la memoria -con grietas y matices- como en el diario de campo de un naturalista. Uno no olvida jamás el ritmo de las cosas, la finitud de los cuerpos, la consistencia real de los cristales, si alguna vez se ha aburrido. “Amo de mi ser las horas oscuras”, decía Rainer María Rilke, porque las oscuras son no sólo la medida de las claras sino la pauta narrativa de unas y de otras. El aburrimiento, sí, es el espinazo de los cuentos, el aura de los descubrimientos, el gancho de toda atención, hacia fuera y hacia dentro.

El capitalismo prohíbe las horas oscuras y para eso tiene que incendiar el mundo. El capitalismo prohíbe el aburrimiento y para eso tiene que impedir al mismo tiempo la soledad y la compañía ¡Ni un solo minuto en la propia cabeza! ¡Ni un solo minuto en el mundo! ¿Dónde entonces? ¿Qué es lo que queda? El mercado; es decir, esa franja mesopotámica abierta entre la mente y las cosas, ancha y ajena, donde la televisión está siempre encendida, donde la música está siempre sonando, donde las luces siempre destellan, donde las vitrinas están siempre llenas, donde los teléfonos celulares están siempre llamando, donde incluso las pausas, las transiciones, las esperas, nos proporcionan siempre una emoción nueva. El capitalismo lo tolera todo, menos el aburrimiento. Tolera el crimen, la mentira, la corrupción, la frivolidad, la crueldad, pero no el tedio. Berlusconi nos hace reír, las decapitaciones en directo son entretenidas, la mafia es emocionante. ¿Cuál era el peor defecto de la URRS, lo que los europeos nunca pudimos perdonarle, lo que nos convenció realmente de su fracaso? Que era un país muy aburrido.

Eso que el filósofo Stiegler ha llamado la “proletarización del tiempo libre”, es decir, la expropiación no sólo de nuestros medios de producción sino también de nuestros instrumentos de placer y conocimiento, representa el mayor negocio del planeta. El sector de los video-juegos, por ejemplo, mueve 1.400 millones de euros en España y 47.000 millones de dólares en todo el mundo; el llamado “ocio digital” más de 177.000 millones de euros; la “industria del entretenimiento” en general -televisión, cine, música, revistas, parques temáticos, internet, etc- suma ya 2 billones de dólares anuales. “Divertir” quiere decir: separar, arrastrar lejos, llevar en otra dirección. Nos divierten. “Distraer” quiere decir: dirigir hacia otra parte, desviar, hacer caer en otro lugar. Nos distraen. “Entretener” quiere decir: mantener ocupado a alguien en un hueco donde no hay nada para que nunca llegue a su destino. Nos entretienen. ¿Qué nos roban? El tiempo mismo, que es lo que da valor a todos los productos, mentales o materiales.

El capitalismo y su industria del entretenimiento construyen todo lo contrario de una cultura del ocio. En griego, ocio se decía “skhole”, de donde viene la palabra “escuela”. El proceso es más bien el inverso, pues la escuela misma -la cocina del pensamiento, el fogón del tiempo, donde Juana Inés y Rosa Chacel horneaban sus obras- ha claudicado a la lógica del entretenimiento. Ahora no se trata de comprender o de conocer sino de conseguir que, en cualquier caso, la escuela y la universidad no sean menos divertidas que la televisión, los vídeo-juegos y Disneylandia. ¿Los alumnos estarán más atentos si los maestros utilizan pizarras electrónicas? ¿Aprenderán mejor inglés en internet con Marina Orlova, la escultural filóloga rusa en minifalda? ¿Sabrán más matemáticas o latín si acuden a la universidad de Bolonia atraídos no por sus programas y profesores sino por las cuatro modelos de cuerpos zigzagueantes contratadas para los carteles publicitarios? Lo que es seguro es que, con esta lógica, que es la del mercado, los profesores llevan todas las de perder: Aristóteles y la física cuántica nunca podrán rivalizar con Shakira y la última play-station.

Según una reciente encuesta, uno de cada veinte niños británicos están convencidos de que Hitler fue un entrenador de fútbol y uno de cada cinco creen que Auschwitz es un Parque Temático. Para muchos de ellos el Holocausto es el nombre de una fiesta.

Quizás deberíamos aburrirnos un poco más.

Sexualidad, género y patriarcado


Argy

La Naturaleza se ha construido durante millones de años de autorregulación con el medio ambiente mediante mutaciones azarosas de ensayo/error, encontrando un equilibrio entre las formas de vida; Podemos mirar la sabiduría de la naturaleza como una expresión de formas que se reproducen y perpetúan a través de la expansión del placer y la colaboración.

En este contexto la sexualidad es una consecuencia de la naturaleza, esto es: la vida misma. Las especies se perpetúan, entonces, mediante la acción sexual, mediante el placer.

La reproducción es una consecuencia que la naturaleza dispone como parte de la acción sexual humana, y de cualquier animal. La especie humana cuenta con un sistema reproductor binario (binarismo sexual); esto es, un sistema reproductor masculino, y un sistema reproductor femenino diseñados para trabajar conjuntamente y con placer.

Los seres humanos evolucionan socioculturalmente a partir de las predisposiciones naturales, y son como son, a raíz de ellas. La naturaleza no es opuesta a la cultura sino que ésta, se enmarca dentro de ella.

Así la sexualidad humana es natural, esto es, la capacidad que tenemos mujeres y hombres para relacionarnos y sentir placer, pero la decisión de vincular a cada sexo un género es arbitraria. Subrayaremos la diferencia entre género y sexo.

Debemos de reivindicar la sexualidad natural, esto es el ciclo de menstruación que todas las personas con útero y ovarios tienen, el ciclo de reproducción que se manifiesta con la vinculación de dependencia criatura-madre biológicamente necesaria para la subsistencia que pasa por el imprinting(*), el calostro, el deseo mutuo, de lactancia, y la necesidad mutua de recibir/dar protección respectivamente.

El género (el comportamiento de cada persona en función del sexo que la sociedad le asigna) es cultural, por ello debemos defender que cada cual puede y debe vivir la sexualidad como le plazca.

La feminidad no es parir, este no es un requisito para ser mujer ni para tener una sexualidad plena. De hecho, no existe un "instinto de reproducción", sino un instinto de búsqueda del placer y expansión del mismo. La reproducción solo es una consecuencia ocasional de ello.

Lo que se entiende por masculinidad es un género más, que enmascara en la sexualidad masculina el falocentrismo, un ideal a alcanzar en nuestra sociedad occidental que debe ser deconstruido.

El control, represión y suplantación de la sexualidad humana se ejerció para dominar la prole (la reproducción), por eso aparecen los maridos (que poseían a la mujer) y los padres (que poseen su fruto). Y el hecho de que la mujer haya sido la gran víctima visible del patriarcado (que no la única, pero ¿quien habla por las criaturas imbecilizadas y quien alza la voz desde el lado del opresor?) no ha sido casual, sino porque ella es quien pare y, al ejercer el vínculo sexual natural con sus criaturas, quien engendra personas poco dotadas para la dominación y la opresión, y excesivamente dotadas para la autorregulación y la ayuda mutua.

El patriarcado ha reducido la sexualidad a la reproducción, pero si aceptamos que el patriarcado ha reprimido la sexualidad y negamos la vinculación original entre sexualidad o reproducción solo nos queda pensar que el patriarcado quería reprimir la sexualidad en sí, y creo que no es lo que la historia nos demuestra en tiempos pasados donde la sutilidad no se estilaba y a las mujeres se les arrebataba el fruto de su vientre de manera literal

El matrimonio encarnado en la monogamia heterosexual y, en consecuencia, la paternidad, es cultural porque sus orígenes nos muestran una verdadera operación de compraventa de mujeres y secuestro de criaturas. El patriarcado en su más pura esencia.

(*)El imprinting es el período de transición entre la gestación intrauterina y la gestación extrauterina

Lluvias torrenciales, cambio climático y decrecimiento

Julio García Camarero

La “Depresión Aislada en Niveles Altos” (DANA) o “gota fría” ha azotado al Levante y SE de la Península Ibérica  del 10 al 15 de sep. de 2019. Produjo episodios lluviosos más que torrenciales, como nunca había sucedido en la historia de la climatología de de este rincón ibérico. Llegó a motivar la suspensión de las clases para 536.000 de niños en toda la comunidad.

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Según datos facilitados por la Agencia Estatal de Meteorología, entre las poblaciones más afectadas hay que destacar en primer lugar Beniarrés, con 359mm/24 horas, seguida por Ontinyent (296,4 mm), Orihuela (259,2 mm, y más de 430 mm. en 48 horas) y Muro (214,2 mm). En la ciudad de Valencia cayeron intensas lluvias aunque no alarmantes.

Tenemos que considerar que el dato de Orihuela de 430mm/en 48 horas es abrumador, es la lluvia “media” cae en todo un año, en múltiples territorios de la Comunidad Valenciana. Incluso, en la vertiente seca del macizo de Alcoy  solo llegan a caer de media 300 mm, esto es, la misma cantidad que cayó en un solo día en Beniarrés u Onteniente.

Veamos con datos obtenido de una publicación de Antonio Rivera, cuales son las pluviometrías anuales más escasas de la Comunidad Valenciana: 

Llanura litoral septentrional, con 450mm/año y con municipios como Castellón,Vinaroz, Valencia o Sagunto.
Clima del sector litoral meridional de Elche,que no supera los 300mm. Son destacables Alicante, Orihuela o Elche.
Clima de la vertiente seca del macizo de Alcoy: 450mm en la parte alta. Y de sólo 300mm en las bajas zonas cercanas al litoral. Son de citar localidades como Villena, Novelda, o El Pinós.
Clima del sector central occidental 450mm. Son a destacar Utiel, Requena o Ayora.

¿Pero qué es un DANA? Es la entrada de una corriente de aire de un frete frío (que en el hemisferio norte y en latitudes medias suele circular de W. a E.) que choca y penetra con una masa de aire más cálido y húmedo acumulado desde el mar Mediterráneo durante el verano. Este choque y penetración genera inestabilidad atmosférica. Y al enfriarse repentinamente el aire cálido y húmedo, a causa de este contacto y penetración, se originan fuertes tormentas e intensas lluvias torrenciales. Además, al chocar el aire del frente frío con la masa cálida y húmeda, resbala y hace girar los vientos en bucle dirigiéndolos al final en dirección WNW.  De este modo se forma un pequeño ciclón de bajas presiones en el golfo de Valencia, que incluso en ocasiones impulsa esta masa de aire tormentosa (en dirección opuesta a la que traía el frente frio) hacia el W o el NW, en el caso de este año ha llegando a barrer el centro de la península llegando hasta Madrid.
Ahora veamos, como un ejemplo muy ilustrativo, los registros pluviométricos (tomados de AEMET) de precipitaciones torrenciales (las superiores a los 150mm/día) en la localidad de Onteniente desde 1917 hasta 2019. Las precipitaciones de este septiembre de 2019 han supuesto la mayor cantidad de lluvia desde que se tienen registros en esta población, que iniciaron en 1917.
Veamos con un sencillísimo análisis como evolucionaron los datos de lluvias torrenciales en este municipio.
⦁    En el periodo de 1917 hasta 1982, o sea, en 65 años, solo hubo 6 años con un día de lluvia torrencial.
⦁    Desde 1982 a2019, es decir en 37 años se llego a 6 años con lluvia torrencial. Es decir, igual número de años con un día de lluvia torrencial que en los 65 años anteriores
Por ultimo, en cuanto a la cantidad de lluvia torrencial caída en estos dos periodos tenemos que:
⦁    En 65 años del siglo pasado se acumularon 1.014,5 mm de lluvia torrencial. Que suponen una media de lluvia torrencial por año de 15,6mm/año
⦁    En los 37 años de reciente periodo se acumularon 1.206,2 mm de lluvia torrencial. Que suponen una media de lluvia torrencial por año de: 32,6mm/año

En resumen que en los últimos casi cuatro decenios la lluvia media torrencial se ha duplicado (en promedio) en relación a los seis decenios anteriores. Algo parecido su cedió con el nº de lluvias torrenciales. Este tipo de días con lluvias torrenciales también pasó al doble en este último periodo.
Precipitaciones torrenciales en
Onteniente desde 1917 a 2019
Año     mes    día    mm/24h
2019    Sep.    11    297,0
2016    Dic.    18    197,2
1997    Sep.    30    162,0
1993    Feb.      1    176,0
1982    Oct.    20    157,5
1982    Nov.      1    216,0
    o        1.206,2
1971    Oct.      6    174,5
1966    Oct.    10    159,0
1958    Oct.    26    156,0
1925    Nov.    13    156,0
1923    Oct.    30    162,0
1922    Nov.    15    207,0
            1.014.5
Tabla confeccionada con datos de la AEM (Agencia Estatal de Meteorología).

No es que estos irrefutables resultados de Onteniente, sean una confinación total del vaticinio de un próximo Cambio Climático, se trata de datos demasiado puntuales. Pero lo que si es cierto es que existe una concordancia entre sus resultados y la marcha de la evolución general de los datos globales con los que miles de científicos diagnostican un inevitable Cambio Climático. Algo que irremisiblemente podrá hacerse insufrible y mortal para toda la humanidad y la vida en la tierra  si no iniciamos, con urgencia, todos (y también los oligarcas) un cambio radical de nuestro imaginario interior consumista productivista y en nuestro modo de vida y lo cambiamos por el modelo del “buen vivir”, de la “austeridad digna”, que nada  tiene que ver con una “miseria y esclavitud” impuesta por la oligarquía.

Sin duda, el cambio climático ya resulta bastante evidente y bastante próximo.
En los años '60 y '70 yo trabajé en meteorología: más de un lustro en el servicio meteorológico del aeropuerto de Barajas... y luego algunos años llevé, entre otras cosas, la supervisión de la estación meteorológica del Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA). Recuerdo que en aquellos tiempos 100mm/día de lluvia se consideraban como un sorprendente diluvio, hoy la duplicación o triplicación de esta cifre ya no nos escandaliza. Y ello es grave.

Además, resulta que esta potencia pluviométrica origina el gran desastre de acabar con vidas humanas, destrozar cosechas, propiedades inmobiliarias, etc. Pero, además, no se debe olvidar que también este tipo de lluvias causan el grave daño de una intensísima erosión hídrica. Con estas intensas de lluvias torrenciales es posible que se genere un potencial erosivo capaza de arrastrar varios centímetros de suelo fértil en pocas horas. Con esta perdida, el suelo tiende a hacerse improductivo y puede llegar a darse un comienzo de desertificación. Desertificación que es en este territorio que estamos tratando es, precisamente, en donde más rápidamente avanza de toda Europa.

Indicadores para la Resiliencia Local y la Justicia Global

http://www.solidaridadandalucia.org/recursos/horizontes_ecosociales/


Horizontes Ecosociales es un recurso promovido por Solidaridad Internacional Andalucía para estudiar la capacidad de proyectos, organizaciones y comunidades locales de dar respuestas adecuadas al colapso civilizatorio incidiendo en dos variables fundamentales: la resiliencia local y la justicia global. 

Cuenta con dos herramientas de trabajo: la primera permite la determinación de los contextos futuros que afrontará el territorio en el que se inserta el proyecto, la organización o la comunidad de referencia; la segunda evalúa su capacidad de resiliencia local y justicia global en relación con esos contextos previstos.




¿Colapso civilizatorio?

El punto de partida de este trabajo es la aceptación de que afrontamos un escenario de colapso de los ecosistemas, la civilización industrial y el capitalismo globalizado debido, entre otros factores, al cambio climático, la pérdida masiva de biodiversidad y el declive de la disponibilidad energética y material.

Una situación que se traduce en una grave amenaza para las comunidades de todo el mundo que presenten una baja capacidad de resiliencia, demostrando poca capacidad de adaptación, aprendizaje, innovación y auto-organización ante los cambios e impactos derivados de este proceso de colapso.

Una capacidad mermada generalmente por la debilidad y falta de autonomía de su tejido comunitario (sociocultural, económico y político), fuertemente dañado durante el proceso de modernización y globalización capitalista y con altos niveles de dependencia de los poderes económicos y políticos globales.

Para profundizar en el diagnóstico del colapso puedes consultar, entre otras muchas obras y artículos: El colapso que nos acecha y Caminar sobre el abismo de los límites.

Resiliencia local y justicia global.

 

Durante todo el desarrollo de este recurso se ha considerado que el futuro más deseable es aquél en el que la Resiliencia Local y la Justicia Global están presentes de manera inseparable, por lo que la presente herramienta busca analizar hasta qué punto nuestros satisfactores sociales se están organizando o no con criterios de:

  • Resiliencia local: Capacidad de las comunidades de satisfacer sus necesidades en el contexto de cambio y bruscos impactos asociados al proceso de colapso civilizatorio.
  • Justicia global: Marco de convivencia en el que cada comunidad del globo puede satisfacer todas sus necesidades en condiciones de equidad sin interferir en las posibilidades de que otras comunidades, otras especies y sus generaciones futuras puedan hacerlo también.

Es importante destacar que este trabajo está inspirado en la teoría de las necesidades humanas elaborada por Manfred Max-Neef, Antonio Elizalde y Martín Hopenhayn en su libro “Desarrollo a Escala Humana”, que considera al ser humano una especie con necesidades finitas y universales, propias y características, que son satisfechas de maneras diversas en función de la relación entre los recursos materiales y energéticos disponibles y los modelos socioculturales de cada comunidad humana: lo que está ambiental y culturalmente determinado no son las necesidades humanas sino la forma en que éstas se satisfacen.

Determinación de contextos.

 

El objetivo de la primera herramienta es analizar cuatro marcos en los que se pueden mover los proyectos, las organizaciones y las comunidades analizadas: el presente; el futuro más probable y dos futuros plausibles (posibles pero no probables), uno deseable y otro indeseable.

Conocer estos contextos ayudará a analizar la capacidad de resiliencia local y justicia global del proyecto, la organización o la comunidad de que se trate y permitirá realizar un análisis estratégico más acertado.

La herramienta presenta una batería de cuestiones a valorar para cada escenario y devuelve un resultado en forma de gráfica en base a la combinación de dos criterios: los niveles de escasez/abundancia de recursos y los de justicia/injusticia. Como la finalidad de esta herramientas es servir de apoyo a la herramienta de indicadores su uso es sencillo y relativamente corto.

Indicadores de Resiliencia local y justicia global.

 

El objetivo de la segunda herramienta es evaluar la capacidad de resiliencia local y justicia global de cualquier proyecto, organización o comunidad ante los impactos del actual proceso de colapso de los ecosistemas, la civilización industrial y el capitalismo globalizado.

La herramienta consiste en un cuestionario cuyas respuestas han de volcarse en una hoja de cálculo que, de manera automática, devuelve el análisis de la capacidad de resiliencia local y justicia global del proyecto, la organización o comunidad de la que se trate.

Dado que el cuestionario es complejo se ha optado por ofrecer tres opciones de cumplimentación con 24, 40 ó 47 preguntas cada una. El más corto da una información básica de la resiliencia local y la justicia global de la comunidad, organización o proyecto y los otros dos permiten profundizar en el análisis con preguntas complementarias.

¿Qué encontrarás en el archivo de descarga?

 

Pulsando el botón de más abajo se iniciará la descarga de un archivo comprimido en el que podrás encontrar:

  • Un documento de presentación.
  • La hoja de cálculo que contiene la herramienta de Determinación de contextos.
  • El cuestionario de la herramienta de Indicadores para resiliencia local y la justicia global.
  • La hoja de cálculo de la herramienta de indicadores.
  • Las guías de uso de las dos herramientas.
  • Una guía para la dinamización participativa de grupos de trabajo.
  • Una carpeta con todos los archivos editables para modificaciones avanzadas.

Si, una vez descargado, no tienes el software necesario para descomprimir el archivo, puedes encontrar uno aquí. Los archivos de trabajo están desarrollados con Libreoffice, si necesitas el programa puedes descargártelo aquí.
Horizontes Ecosociales

 

Autoría y derechos.

Este recurso que ponemos a vuestra disposición es fruto de un año de proceso de creación colectiva coordinado por Solidaridad Internacional Andalucía con el asesoramiento de la cooperativa Garúa y financiado por la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo, en el que ha tenido un papel clave un comité de ocho personas expertas en medio ambiente, género, derechos humanos y procesos grupales; y en el que además han participado diversos agentes de la cooperación andaluza y las contrapartes de SIA en El Salvador:

Coordinación de la investigación:
  • Moisés Rubio Rosendo (SIA)
  • Marcos Rivero Cuadrado (SIA)
Coordinación metodológica:
Comité de Personas Expertas:
Comunidades y organizaciones colaboradoras:
Todos los materiales de este trabajo tienen una licencia Creative Commons. Solidaridad Internacional Andalucía agradece la reproducción y divulgación de los contenidos de esta publicación siempre que se cite la fuente.

¿Tienes dudas? ¿Quieres hacer aportaciones?

El archivo de descarga tiene una guía para cada herramienta pero, si necesitas aclarar cualquier duda o quieres hacernos sugerencias y/o aportaciones, puedes escribirnos a investigacion@solidaridadandalucia.org.

Desarrolla:


Colabora:


Financia:

Política y decrecimiento


José Luis Manchón - El faro crítico

Europa es un pésimo lugar para intentar hacer política. Uno de los principales objetivos de esta actividad humana, es poder influir en el poder ó llegar a ocuparlo, para desde allí, promover la modificación sustancial de realidades en todo tipo de ámbitos; pero el poder político por estas latitudes está tomado por el “Capital”.

La configuración de la “Comunidad Económica Europea” como una asociación de países donde se “blinda” la posibilidad de modificación del sistema económico, no permite la posibilidad de un cambio sustancial en el estado actual de las cosas. Europa, por lo tanto, guarda servidumbre a las leyes del mercado y a las decisiones adoptadas por los consejos de administración de las grandes compañías transnacionales. Consejos integrados por personas que no han sido elegidas democráticamente, y que por supuesto, no tienen entre sus objetivos la búsqueda del “Interés general”.

En nuestras sociedades europeas llamadas “De Consumo”, la imposibilidad de poner en cuestión de una forma radical el funcionamiento del sistema económico como parte significativa del horizonte de actuación política, castra y desanima a las corrientes ideológicas que buscan invertir el funcionamiento de la superestructura. El mensaje lanzado es claro, se podrá elegir “democráticamente” en cualquier estado socio a gobernantes de cualquier ideología más o menos considerada “decente”, pero estos, una vez elegidos, estarán obligados a no intervenir en la configuración y el funcionamiento del sistema económico. Gobiernos de derechas e izquierdas en Europa, tendrán siempre mucho en común; la defensa obligada del libre albedrío del sistema capitalista de libre mercado.

El elector, gran conocedor a través de la propaganda de este escenario cercado, no se decantará por proyectos políticos que precisamente por cuestionar el modelo económico, puedan ser objeto de aislamiento. El voto útil y la consecuente tendencia al bipartidismo, es la máxima expresión de la corrupción intelectual generalizada de los votantes de nuestras democracias.

Ante esta situación, el estado de confusión de la “masa” es tal, que ha dejado de percibir las violaciones constitucionales. Un caso muy reciente y muy claro es el español y tiene que ver con el indiferentismo general con el cual ha vivido la mayoría de la población, la usurpación del derecho a una vivienda digna, que ampara la constitución española como derecho fundamental, y cuya violación está directamente relacionada con la especulación del suelo que ha sido promovida por las propias administraciones públicas.

Por si no fuera suficiente, las campañas publicitarias alentadas por “Lobbys” empresariales, consiguen generar estados de opinión donde subyacen criterios mercantiles, que permiten dirigir el voto en una dirección beneficiosa para el sector productivo representado. Mientras tanto, estos mismos “Lobbys” financian partidos políticos con posibilidades de llegar al poder.

Nuestros representantes políticos, una vez otorgado el poder a través de la consumación del habitual engaño mediático masivo de las elecciones, pagarán las deudas pendientes con los grupos empresariales con tratos de favor. También contraerán otras deudas de tipo financiero, o venderán al mejor postor el patrimonio público, para intentar cumplir el exagerado programa electoral con el cual se habrán comprometido con el ciudadano. Programa electoral que habrá sido diseñado con la colaboración de una empresa de “Marketing y Relaciones Públicas”. El objetivo de acción del político no será en primera instancia, satisfacer el compromiso adquirido con el ciudadano y trabajar por el interés general, sino más bien, satisfacer los requisitos necesarios para ganar las próximas elecciones. Es el poder en si mismo lo que se ansía; un poder que ocupará gran parte del tiempo en la toma de decisiones en el ámbito puramente económico.

Tenemos ante nosotros una dimensión económica, la “Capitalista”, que es un hilo transversal a los estados y las ideologías oficiales, casi atemporal, que se convierte en criterio. El criterio de maximización del beneficio económico, es uno de los principios que más intensamente rige nuestras vidas y el de nuestras sociedades. Para verificar esta afirmación, solo tenemos que comprobar como actualmente la salud de un país se mide a través del crecimiento anual del “Producto Interior Bruto (PIB)”, ó pararnos a observar las múltiples escenas en las cuales nuestros máximos representantes políticos, elegidos democráticamente por millones de personas, sucumben a las peticiones abusivas de los dirigentes de las grandes compañías, ante la amenaza de la deslocalización o el cierre, ó como después de abandonar la carrera política, estos mismos servidores públicos se incorporan a los órganos de decisión de las grandes empresas, con el objetivo claro de poder incidir directamente en las decisiones del aparato público. Es prácticamente imposible delimitar un ámbito en la política de los grandes partidos, donde los intereses del “Capital” no estén representados.

El crecimiento exponencial del desencanto y la decepción del votante de izquierdas en Europa, tiene mucho que ver con lo expuesto anteriormente, ya que las enormes contradicciones en las que se incurren al poner en práctica un equilibrio imposible entre la gestión ideológica de izquierdas, la necesidad de financiación externa y el respeto impoluto al inamovible sistema económico Capitalista, son de una crudeza repugnante e insoportables para un ciudadano minimamente informado.


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Autocontención: mejor con menos

Joaquim Sempere

A la luz de las informaciones y de las conjeturas racionales sobre la posible evolución futura de la vida humana sobre la Tierra hace falta una reconsideración de muchos parámetros de la vida social. La idea central es que hace falta modificar radicalmente el metabolismo socionatural, simplificándolo para que la satisfacción de las necesidades fisiológicas y de las otras necesidades que requieren recursos naturales sea compatible con la preservación de la biosfera. Y esto tiene dos caras: modificar la realidad productiva y modificar las necesidades, cambiar la realidad objetiva y cambiar nuestros deseos, motivaciones y necesidades. Hay que aprender a alimentarse, vestirse, etc. y a lograr la autoestima, la autorrealización, etc. con procedimientos ecológicamente sostenibles. Se trata de un cambio socioeconómico y de un cambio cultural y moral.

El cambio socioeconómico requiere mejoras de la ecoeficiencia. Pero por mucha eficiencia ecológica que se logre, los resultados no bastarán para frenar o detener la carrera hacia el desastre si, a la vez, no se actúa deteniendo (y revertiendo) el crecimiento de la población mundial y deteniendo (y revertiendo también) la carrera actual hacia consumos crecientes. No sirve de nada doblar la eficiencia energética de los motores de los automóviles si doblamos el kilometraje: el consumo de carburante no habrá disminuido. Tenemos que mantener el kilometraje bajo, y preferiblemente más bajo incluso que antes. En suma: hace falta transitar hacia sociedades que reduzcan el consumo de recursos y la huella ecológica conjunta de la humanidad, basadas en valores de frugalidad, austeridad o suficiencia, lo cual implica detener el crecimiento económico para lograr una economía ecológicamente sostenible. Se ha hablado al respecto de crecimiento cero, estado estacionario o decrecimiento.

Esto tiene implicaciones evidentes para el sistema productivo. Entre otras destaca la incompatibilidad entre capitalismo y sostenibilidad ecológica. Pero el libro, que gira en torno al tema de las necesidades humanas, se centra en los aspectos relativos a la demanda, al consumo y, en definitiva, a las necesidades. La idea-eje es que si las necesidades –aquellas que van más allá de las puramente animales— son construcciones humanas, aunque no conscientes ni deliberadas, debería ser posible deconstruirlas y reconstruirlas sobre una nueva base, que implique el logro de la autoestima y la autorrealización –pongamos por caso— con conductas frugales y no adquisitivas, cultivando el ser y el hacer y no el tener, desarrollando un sentido de equilibrio y no la desmesura, etc. El último capítulo explora temáticas y experiencias que pueden arrojar luz sobre esta perspectiva.

La “ética del consumo” propone una frugalidad voluntaria motivada por la conciencia ecológica de los límites de la biosfera. Pero esta salida es inviable salvo para minorías. De hecho, aunque los medios de difusión tratan de convencernos de que el consumo se compone de decisiones puramente individuales, lo cierto es que el consumo es político, como parte del metabolismo socionatural que debería responder a una voluntad democrática y no, como ocurre hoy, al poder del gran capital, que impone sus prioridades a toda la sociedad. Observando, además, cómo se consume hoy en Occidente, se ve que predomina un estilo muy individualista: la gente vive en hogares-fortaleza sobreequipados con toda clase de artefactos. Se podrían obtener las comodidades de los modernos artefactos, en muchos casos, alquilándolos o compartiéndolos. Las administraciones públicas pueden intervenir con medidas de racionamiento, con reglamentaciones, con políticas de demanda, etc. que contribuyan a reducir el consumo individual o familiar en bienes y servicios que se pueden compartir. O planificando la producción o regulando los precios para orientar el abandono ordenado de las energías fósiles y el paso a un modelo energético limpio y renovable; el fomento de una agricultura ecológica; la reestructuración territorial de las actividades humanas para reducir drásticamente las necesidades de transporte, etc. ¿Será posible generar una voluntad mayoritaria para adoptar medidas de este tipo?

Un tema crucial y de muy difícil resolución es el de las relaciones entre el Norte y el Sur del planeta. En uno de los dos capítulos finales se trata de “la pedagogía de los límites” aduciendo las argumentaciones más sólidas de que hoy se dispone a favor de la idea de que estamos cada vez más cerca de los límites de la Tierra y de que es preciso adaptarnos a ellos redimensionando a la baja la presión que ejercemos sobre la biosfera. Pero ¿cómo hacer compatible este objetivo con la satisfacción de las necesidades insatisfechas de más de dos tercios de la humanidad? ¿Cómo mejorar la alimentación, el suministro de agua y electricidad, el transporte, etc. de esta mayoría de la población humana sin aumentar la presión humana sobre los ecosistemas, o incluso reduciéndola como sería deseable? La respuesta no es fácil, pero tiene necesariamente dos caras. Una es la de que los países del Sur afectados por la pobreza, el hambre y la insuficiencia deberían adoptar sistemas técnicos distintos de los que Occidente utilizó en otros momentos de su evolución histórica, depredadores y contaminantes. Así, por ejemplo, la electrificación solar permitiría mejorar mucho las condiciones de vida sin agravar la presión humana –la huella ecológica— sobre la Tierra, e incluso disminuyéndola. El problema es que estos sistemas no están disponibles en cantidades suficientes y a precios asequibles para unas sociedades que siguen empobrecidas y que no pueden esperar la solidaridad de las sociedades ricas y sobredesarrolladas del Norte. El caso de China ilustra la dificultad de huir de la pobreza sin reproducir el modelo depredador y contaminante occidental. La otra cara es que para que el Sur mejore sus condiciones de vida con inevitables incrementos de su huella ecológica, el Norte debe reducir paralelamente la suya. Y dada la dificultad para que la gente renuncie a las comodidades a que se ha acostumbrado, parece que sólo un milagro puede lograr semejante resultado. La tendencia observable es la contraria: todo parece indicar que el Norte refuerza sus tendencias al encastillamiento xenófobo y racista y a la militarización para proteger sus fronteras en caso de deterioro de las condiciones de vida en el Sur que pudiera empujar a más emigrantes a tratar de penetrar en la fortaleza del Norte.

Sin embargo, la historia nunca está escrita de antemano, y la toma de conciencia de todo lo que está en juego puede tal vez abrir paso a una evolución compatible al mismo tiempo con la sostenibilidad ecológica y con la solidaridad de todos los seres humanos que compartimos el planeta.

Extraído de: Autocontención: mejor con menos. Joaquim Sempere

Relatos sobre la pobreza


Un padre económicamente acomodado, queriendo que su hijo supiera lo que es ser pobre, le llevó a pasarse un par de días en el monte con una familia campesina; y pasaron tres días y dos noches en una granja de una familia muy humilde.

En el carro, retornando a la ciudad, el padre pregunto a su hijo "¿qué te pareció la experiencia?"… "muy buena" contestó el hijo con la mirada puesta a la distancia.

"¿Viste que tan pobre puede ser la gente?", "Sí"

"Y… ¿qué aprendiste?, insistió el padre…

"Vi que tenemos un perro en casa; ellos tienen cuatro. Nosotros tenemos una piscina que llega de una pared a la mitad del jardín; ellos tienen un riachuelo que no tiene fin. Nosotros tenemos unas lámparas importadas en el patio; ellos tienen las estrellas. El patio llega hasta la pared de la casa del vecino; ellos tienen todo un horizonte de patio. Ellos tienen tiempo para conversar y estar en familia; tú y mamá tenéis que trabajar todo el tiempo y casi nunca os veo".

Al termina el relato, el padre se quedó mudo... y su hijo agregó: "Gracias, papi, por enseñarme lo ricos que podemos llegar a ser".


*****************


Una tarde, un ladrón entró en la cabaña y descubrió que allí no había nada para robar. En aquel momento llegó Ryokan de pasear y lo sorprendió. ‘No es posible que hayas caminado tanto para visitarme y que marches con las manos vacías. Hazme un favor, toma mi ropa como un regalo’. El ladrón quedó perplejo, pero tomó la ropa y se fue corriendo. Ryokan se sentó desnudo, y contempló la luna. ‘Pobre hombre, murmuró. Ojalá pudiera darle esta maravillosa luna”.

Extraído de la conferencia 'La filosofía del decrecimiento'.Joan Surroca i Sens.

La solución: el decrecimiento económico



¿Nueva línea ecologista? La energía que usamos depende en un 35% del petróleo, un 24% del carbón y un 22% del gas. Todos sabemos que son energías no renovables; que afectan al ecosistema de forma grave y ha precipitado cambios climáticos de consecuencias impredecibles. Nicholas Georgescu-Roegen es uno de los pioneros del decrecimiento.

Hablemos de bioeconomía: Roegen habla de que la energía interna, al someterla al calor, se transforma en parte en energía disipada que resulta inutilizable e irreciclable.

La nueva ley de la termodinámica, pues, que propone Roegen, indica que la energía y la materia ni se crea ni se destruye: se degrada sin interrupción e irreversiblemente.

¿La consecuencia para la humanidad? Nos suena a algo ya oído otras veces: dependencia de energía y materia que se degradan irrevocablemente.

Según Georgescu-Roegen: tenemos que reducir drásticamente nuestro consumo de energía y de materia hasta respetar los límites de la biosfera. Los que hablan del reciclaje tienen su réplica: “No existe un reciclaje gratuito, así como tampoco existe industria sin residuos”. El reciclaje requiere el uso de energía y produce efectos de contaminación, lo que la hace menos eficiente de lo que se piensa. Veamos un ejemplo con las bolsas de plástico.

a) Si se baja el precio del petróleo, su reciclaje se hace más caro: por eso sólo se recicla un porcentaje de bolsas.

b) ¿Bolsas bio-degradables? Requieren grandes explanadas de maíz, que suelen ser robadas a los bosques; y al aumentar la demanda, sube el precio, cuando el maíz es fuente casi única de alimentación en muchos países.

c) ¿De papel? Tienen un triple impacto: importante destrucción de sumideros ecológicos de CO2 -árboles;- aumento del efecto invernadero; aumento de la contaminación de los ríos -químicos tóxicos de la fabricación del papel-. Su fabricación, además, requiere cuatro veces más energía de transporte, porque pesan más que las de plástico.

Mauro Bonaiuti: “Toda actividad económica tiene como resultado un déficit y además el propio proceso de reciclaje provoca en sí mismo una nueva contaminación”. (Bioeconomía, Bollati Boringhieri, Torino, 2003)

El crecimiento sostenible, además, es una entelequia lo suficientemente opaca para que los gobiernos del mundo oculten sus atrocidades ecológicas y energéticas. Si hay desierto, podemos llevar agua; podemos tratar las aguas contaminadas… pero para todo esto se necesita energía.

Cuanto más crecemos más aceleramos la crisis ecológica. Por eso debemos tender hacia el decrecimiento. Deshacerse del prejuicio de que si no eres un consumidor nato eres anómalo.

¿Y tú, qué piensas? ¿Crees en los modelos que hablan los políticos de desarrollo sostenible? ¿Podemos crecer indefinidamente con reciclaje y medidas sostenibles?

Fuente: Le monde diplomatique, Octubre, 2009.

La lotería como metáfora de una sociedad desigual y competitiva

"La lotería funciona como metáfora de este mundo conformista de supuestas posibilidades al alcance de todo el mundo. Con la suerte en la lotería cualquiera puede ganar y acceder al tren de vida de los ricos. Que la probabilidad sea escasa resulta secundario: lo que cuenta es que hay, efectivamente, alguna posibilidad y que, por tanto, se puede alimentar la ilusión. Como dice Balzac en “La rabouillenuse” a propósito de la lotería semanal, mientras el jugador espera el sorteo, el billete de lotería le ha hecho feliz durante cinco días de la semana y le ha entregado idealmente todas las maravillas de la civilización:

‘Esta pasión, tan universalmente condenada, no ha sido nunca objeto de estudio. Nadie ha visto en ella el opio de la miseria. Acaso la lotería, el hada más poderosa del mundo, no alimenta esperanzas mágicas? El gira de la ruleta, que hacía vislumbrar a los jugadores enormes cantidades de oro y objetos de goce, no duraba más que un destello: en cambio la lotería daba cinco días de existencia a ese destello. ¿Cuál  es la potencia social que a cambio  de cuatro chavos puede haceros felices durante cinco días y entregaros ídealmente todas las maravillas de la civilización?.’

Siempre hay alguien a quien le toca el premio, y la posibilidad se realiza, mostrando que el azar puede beneficiar a cualquiera y, en su caso, corregir la distribución aleatoria de los individuos en la escala social. El sueño del enriquecimiento funciona como un consuelo. Así los jugadores de azar alimentan la ilusión de la movilidad vertical y de la igualdad de oportunidades.

(...)

La lotería, además, transmite la idea de que la riqueza no es fruto del trabajo colectivo sino algo que está ahí, disponible, sin que importe cuál sea su origen, y susceptible de ser apropiado individualmente –como ocurre también con la operación especulativas o las grandes estafas-. Este significado metafórico se acentúa cuando las sumas que se pueden ganar con la lotería dejan de ser sumas modestas y alcanzan dimensiones desmesuradas."

Extraído del libro: Mejor con menos. Necesidades, explosión consumista y crisis ecológica. Joaquim Sempere

Entropía, economía y decrecimiento

Luis Picazo Casariego - No sin mi bici

Si algo tiene de bueno esta crisis, es que puede ser un magnífico laboratorio en el que se pongan en práctica comportamientos de consumo alternativos a un modelo económico de crecimiento continuo. Este modelo, fundamentado en un mecanismo simple de retroalimentación positiva crecimiento-consumo, unido al aumento sin freno de la población mundial, nos esta conduciendo a la depredación de los últimos recursos naturales y a una degradación masiva de la biosfera, todo ello sin solucionar la gran desigualdad en la distribución de la riqueza producida.

Frente a la inviabilidad de tal modelo, aparece la polémica alternativa del Decrecimiento, corriente de pensamiento inspirada en la obra del economista Nicholas Georgescu-Roegen y que está comenzando a popularizarse en una confusión de términos tales como decrecimiento sostenible, anti-productivismo, simplicidad voluntaria, huella ecológica o bioeconomía.

El meollo de la cuestión: la segunda ley de la termodinámica.

Muchas de las leyes de la física nos ayudan a construir modelos realistas en otras disciplinas. Es el caso de las leyes de la termodinámica que, como veremos, son fundamentales para la comprensión de la economía moderna.

La termodinámica tuvo su origen en el estudio de los cambios de determinados parámetros físicos, como temperatura, presión y volumen, en sistemas en los que se transfiere energía como calor y como trabajo. Sus dos principales leyes son:

- Primera Ley de la Termodinámica. Aunque su formulación real es mucho más compleja (al menos para mí) podemos identificar esta ley con el principio de la conservación de la energía, aquello de que la energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma.

- Segunda Ley de la Termodinámica . Para entender mejor esta ley, que es la que más nos interesa, imaginemos que ponemos en contacto dos cuerpos, uno caliente y otro frío. El que está más caliente cederá calor, energía, al que está más frío, y pasado un tiempo ambos tendrán la misma temperatura, conservándose la energía total del conjunto (primer principio). Si fuera al contrario, es decir, si pasara energía del más frío al más caliente, resultando el que estaba frío aún más frío y el que estaba caliente aún más caliente, también se conservaría la energía, sin violarse la primera ley. Pero esto es imposible porque se viola la segunda ley de la termodinámica, que ya intuimos de qué va: el flujo espontáneo de calor siempre es unidireccional, desde los cuerpos de mayor temperatura hacia los de menor temperatura, hasta lograr un equilibrio térmico. Para invertir este flujo habría que aplicar energía al sistema.

Esta ley supone la introducción de un concepto que preocupa sobremanera a los economistas, la entropía, que mide la parte de la energía que no puede utilizarse para producir trabajo. De forma simple, una formulación de esta ley podría decir que en un sistema aislado la variación de la entropía siempre aumenta. En nuestro anterior ejemplo, la entropía final del conjunto (los dos objetos habiendo alcanzado la misma temperatura) será mayor que la de los dos objetos por separado. Este aumento de la entropía equivale a un aumento de la energía que no es capaz de realizar un trabajo, o si se prefiere, a una disminución de la energía útil, aunque la energía total del sistema se conserva.

La entropía también se asocia al “desorden” de los sistemas. Según esta segunda ley, los sistemas aislados tienden inexorablemente al máximo desorden. Por ejemplo, cuando quemamos carbón su energía se transformará en calor, humo y cenizas, la energía se dispersa, obteniéndose un sistema más desordenado, de mayor entropía. O si vertemos tinta en el agua, esta se dispersará mezclándose con ella. Y por mucho que esperemos no habrá un reordenamiento (disminución de la entropía) en el que se separe espontaneamente la tinta del agua. Por lo tanto, todo sistema cerrado tiende a un estado de máximo desorden o entropía o, lo que es lo mismo, a una disminución de energía útil.

Si introducimos energía en el sistema, es decir, si deja de ser cerrado, podemos revertir el proceso entrópico. Por ejemplo, lo hacemos cuando encendemos la calefacción de nuestra casa en invierno para no quedarnos helados: si no lo hacemos, la temperatura de nuestro cuerpo, a causa del obstinado aumento de entropía, se igualará con la de la habitación que está más fría. Pero esto lo haremos a costa de aumentar la entropía en otro lugar. En este caso en una caldera que está quemando gas con el siguiente resultado: calentar agua para nuestra calefacción y producir un residuo en forma de CO2. Por lo tanto, cualquier cosa que se haga por disminuir la entropía en una parte de un sistema será a costa de aumentarla en otra. La energía invertida, para desesperación de los economistas, será en gran medida irrecuperable, a pesar de estar dispersa en algún parte.

Si nos guiáramos solamente por el primer principio de la termodinámica, que declara que la energía no se crea ni se destruye, podríamos pensar que el uso de la energía no reducirá la cantidad de energía que queda disponible para ser usada de nuevo. Pero ahora sabemos que, según la segunda ley de la termodinámica, siempre que se usa energía, la cantidad de energía útil que queda en el sistema disminuye.

No hay forma de invertir este proceso. Quemar un trozo de carbón cambia un recurso natural de baja entropía por un residuo de alta entropía que es mucho menos capaz de realizar un trabajo. Al hacerlo, hemos aumentado la entropía de nuestro sistema, el planeta tierra. Hemos disminuido su energía útil, capaz de producir trabajo. Y ahora una mala noticia: el proceso económico (la producción seguida de consumo) es altamente entrópico.



Decrecimiento, trabajo y renta básica

Héctor Sanjuán, Florent Marcellesi y Borja Barragué - Decrecimiento, trabajo y renta básica

La persistencia de una economía caracterizada por el crecimiento ilimitado y el hiperconsumo ha provocado la crisis ecológica y social de las sociedades industriales que se sustentan en la producción de riqueza material, el pleno empleo y el trabajo pagado principalmente bajo forma asalariada. Este productivismo, como sobre‐valorización de la acumulación, y la idea de que un incremento de los bienes materiales aumenta la felicidad, representa una concepción del ser humano peligrosa para su propia supervivencia. Como lo planteaba Hannah Arendt, la sociedad asalariada es básicamente una sociedad de consumo, que ha pasado de la producción para satisfacer las necesidades al consumo para dar trabajo a los asalariados y hacer funcionar las industrias.

Gracias a indicadores como la huella ecológica, resulta evidente que el fomento de políticas para relanzar el [hiper]consumo o dar más poder adquisitivo a las masas para que adquieran más bienes (y servicios) conlleva la superación de la capacidad de regeneración y de asimilación de los ecosistemas. Además impide un reparto social y ambiental justo de los recursos naturales dentro de una misma región y entre el Sur y el Norte . En resumen, como expresa Harms, en la actualidad «no trabajamos para producir (productos y servicios socialmente necesarios) sino producimos (productos y servicios que en realidad no necesitamos y que cuya comercialización nos cuesta cada vez más) para trabajar» (Harms, 2009a). Esta característica de la sociedad industrial del trabajo asalariado queda ejemplificada en forma de un triángulo virtuoso de «producción‐empleo‐consumo» que tenemos que cuestionar de raíz.

(...)

Avanzar hacia formas de trabajo que contengan la finalidad en sí mismas significa buscar mecanismos para recuperar el tiempo de vida, es decir, para suprimir en la medida de lo posible «la necesidad que tenemos de comprar nuestro derecho a la vida (prácticamente sinónimo del derecho al salario), alienando nuestro tiempo, nuestra vida» (Gorz, 1980:87).

De esta afirmación se desprende un cambio de orientación radical en las demandas tradicionales de los trabajadores. No se trata ya de apropiarse del trabajo ni de asegurar que todo el mundo pueda trabajar tanto como necesita para financiar su «derecho a la vida», sino de liberarse del trabajo-empleo, en tanto actúa cómo lastre para el desarrollo completo de la dimensión humana.

Sin embargo, Gorz, retomando a O. Negt, da justa cuenta de que «la liberación en el trabajo presupone una experiencia práctica de la autonomía, pero ésta es objetiva y subjetivamente denegada a los trabajadores por un trabajo que mutila y deforma sus facultades práctico sensoriales» (Gorz, 1991:110). Con esto afirman que el trabajo no solo nos ha quitado el tiempo para vivir, sino la propia facultad de hacerlo más allá de sí mismo.

Extraído del texto: Decrecimiento, trabajo y renta básica, escrito por Héctor Sanjuán, Florent Marcellesi y Borja Barragué

Mecanismos para un decrecimiento posible

David Peña y Carlos Corominas, miembros de Periodistas en Acción. Revista El Ecologista nº 65

Tres ejemplos prácticos de decrecimiento.

En ocasiones, el decrecimiento es observado como un marco teórico alejado de la realidad cotidiana y con poca aplicación práctica. Sin embargo, son muchas las personas que a título individual o colectivo han optado por caminos diferentes a los trazados tradicionalmente por la sociedad de consumo; promueven con sus actos otras formas de relacionarse con el entorno para conseguir un menor impacto en el mismo y un mayor grado de satisfacción personal.

Como teoría, el decrecimiento se sustenta en unas bases definidas. No obstante, sus manifestaciones prácticas y concretas son muy variadas. Personas muy diferentes y con inquietudes diversas han decidido cambiar su forma de actuar en beneficio propio y del planeta. Debido a la situación de colapso actual en la que vivimos, han aplicado medidas decrecentistas por una cuestión de sentido común. Lo que demuestra que no es necesario tener un conocimiento profundo de las teorías del decrecimiento para llegar a la misma conclusión a través de la práctica.

Dado que el decrecimiento es una teoría integradora de carácter general, las realidades en las que se pueden aplicar procesos decrecentistas son muy diversas. En este sentido, se pueden observar experiencias en ámbitos muy alejados entre sí, como la actividad empresarial, el activismo o la búsqueda de un cambio personal.

Una alternativa de producción

La producción de alimentos no está reñida con el respeto al medioambiente. Un ejemplo es El Cantero de Letur, una quesería ecológica de Albacete que basa su proceso de producción en criterios de sostenibilidad y no agresión a la naturaleza. Antonio Lucena, trabajador en la finca, tiene claras sus intenciones: “lo hacemos por ahorro de energía y ecologismo”. Todos los procesos de la finca se sustentan bajo parámetros de ahorro energético y reciclaje.

Desde hace cinco años han ido introduciendo placas solares para obtener energía fotovoltaica y térmica para los procesos de producción. Lucena destaca el ahorro que supone la energía solar térmica a la hora de calentar el agua para esterilizar las herramientas. “En una quesería ecológica parece coherente instalar este tipo de mecanismos” señala. De esta manera, al tiempo que reducen las emisiones de CO2, ahorran en la factura de la luz.

Otra de las líneas de actuación en esta finca pasa por el reciclaje de agua y de residuos. A través de una balsa de lluvia recogen toda el agua que necesitan para la limpieza de materiales. Una vez utilizada, la mezclan con restos de estiércol para regar los pastos. “Hacer queso y hacer yogur representa obtener mucho suero que puede provocar la eutrofización de la zona” señala Lucena y añade: “lo hemos reciclado para darlo como alimento al ganado y no tirarlo libremente como se hacía en un principio”. Así mismo, el estiércol sobrante lo utilizan para abonar los campos o regalarlo y evitar así procesos de eutrofización.

Antonio Lucena no duda acerca del escenario ideal para la agricultura y la ganadería: “se debe ir hacia esto necesariamente: reducimos el consumo de agroquímicos y el impacto sobre el medioambiente”. Para Lucena, otras granjas deben tener cuidado con los residuos que producen y encaminarse a modos de producción que respeten el entorno. Así mismo, destaca la importancia de una producción y un consumo local que permitan reducir la huella ecológica.

Movimiento de transición: hacia un decrecimiento colectivo

El movimiento de transición constituye una corriente que va calando cada vez más en personas que entienden que es necesaria otra forma de relacionarse en comunidad. Aunque con principios y objetivos similares, las formas que adoptan estos grupos son muy variadas, dadas las diferentes realidades en las que se mueven. Una de estas iniciativas de transición, se está llevando a cabo desde hace más de un año en Vilanova i la Geltrú, Transición VNG, y bebe de las experiencias de otros lugares como Totnes (Gran Bretaña).

“Tras un primer encuentro, empezamos a barruntar si podíamos hacer algún trabajo práctico de transición hacia nuevos modelos de sociedad, de comunidad o de barrio dentro de nuestra ciudad” señala Alfons Pérez, miembro de Transición VNG. En este sentido, es muy importante el trabajo de psicología del cambio personal para adaptar la mirada hacia nuevas posibilidades y permitir así el cambio colectivo.

El aprendizaje de lo ya realizado en Gran Bretaña es muy importante para fijar caminos, aunque con las adaptaciones necesarias a cada realidad concreta. De esta manera, el grupo Transición VNG ha omitido una parte del proceso que consiste en un periodo de reflexión de un año de duración para adaptar la transición al pueblo. “Nosotros teníamos una cierta impaciencia por hacer cosas prácticas y empezamos a montar grupos de trabajo” afirma Alfons. Como primer paso se formó un grupo impulsor, que se centra en una labor de reflexión y coordinación para el resto de grupos. Otro grupo es el de rumiadores y rumiadoras, que analizan iniciativas de otros lugares y su adaptación a la realidad de Vilanova i la Geltrú.

El grupo de Transición VNG entiende que una labor fundamental es la de servir de red para que diferentes experiencias se puedan poner en común y complementarse. Por ello, tratan de acercar a personas que se puedan unir para compatibilizar esfuerzos, como por ejemplo presentar a agricultores ecológicos a personas de las cooperativas de consumo. “Una persona tiene un huerto que no está utilizando y otra persona quiere trabajarlo ¿por qué no unirlos?” se pregunta Alfons y añade: “aunque parezca mentira, en una ciudad de 50.000 habitantes la gente no se relaciona: es importante que la gente se conozca y se vincule en proyectos comunes”. Uno de los trabajos prácticos que ya se está desarrollando consiste en el uso compartido de un huerto de 1.000 m² para su mantenimiento y explotación según los parámetros de la permacultura y con el compromiso de compartir gastos, experiencias y habilidades.

Aunque el movimiento de transición está en una fase inicial en España, puede llegar a tener un impacto real debido al interés de las personas en crear nuevas formas de relacionarse en comunidad y con el entorno. “Si las iniciativas en transición consiguen ofrecer experiencias prácticas para la gente, pueden crear masa crítica; sin embargo, existe el peligro de que se quede en un marco teórico que no consiga implicar a nadie” afirma Alfons y continúa: “este movimiento se perfila como una experiencia práctica dentro del decrecimiento”. La implicación personal y la cooperación entre los miembros son fundamentales para lograr el éxito de estas iniciativas. De forma que el movimiento de transición se consolide como una alternativa real.

Vivir el cambio

Antonio Conejos y Marisol Vázquez eran dos economistas; ella trabajaba de directora en una sucursal de una entidad financiera y él era operador de un broker de mercados monetarios. “Había algo que no encajaba: encontraba un ambiente hostil, muy agresivo y a veces humillante por parte de los jefes pero también de algunos compañeros” cuenta Antonio y añade: “la situación para mí era cada vez más límite y tenía claro que esto tenía poco que ver conmigo”. El acontecimiento que desencadenó el cambio fue el nacimiento de su primer hijo, ya que le hizo plantearse las cosas desde otra perspectiva. Pidió una excedencia paternal, lo que le supuso el descontento de sus jefes que llegaron a amenazarle con despedirle. En ese momento decidió que no quería seguir trabajando en esa empresa: “era una contradicción con lo que estaba pasando en mi vida”.

Tras acordar el despido, Antonio se decanta por la idea de trabajar con las manos. Así comenzó su andadura como carpintero, aprendió el oficio y sus amigos le empezaron a ofrecer encargos. “En un momento determinado empecé a buscar un toque diferente, de respeto por la naturaleza y a aplicar tratamientos ecológicos a la madera” señala Antonio. Fue el nacimiento de su segundo hijo lo que hizo que Antonio y Marisol empezaran a contemplar otros aspectos menos visibles de la realidad. Actualmente, Antonio ha derivado su actividad profesional hacia las terapias energéticas y la sanación.

Paralelamente, Marisol dejó su trabajo como directora de una sucursal bancaria para recuperar su vocación perdida en el ámbito de la psicología y dedicarse por entero a la psicoterapia. “En casa nos hemos apoyado mutuamente, no podíamos vendernos a una idea económica: ir a un sitio sólo por dinero a costa de tu salud no tiene sentido” señala Antonio sobre su relación. En un principio, algunas de las personas cercanas mostraron su discordancia aunque la mayoría les han apoyado y comprendido. En este sentido, el cambio de mentalidad también vino acompañado por un cambio de lugar de residencia: “nos mudamos de Alcobendas a Villanueva del Pardillo y más adelante a Zarzalejo”. Es en este último pueblo de la sierra donde han encontrado un hogar para desarrollar su proyecto de vida. Y allí han encontrado vecinos que comparten visiones similares, lo que permite que se haya creado una red de apoyo mutuo de manera natural.

No obstante, Antonio valora su etapa como broker ya que le permitió “darse cuenta de sus debilidades y en la que se despertaban los miedos de no poder afrontar la realidad como él quería”. Antonio ha comprendido que el hecho de que su empresa fuera tan agresiva ha sido lo que le ha impulsado a llevar a cabo este cambio. “Si te centras en lo que realmente sientes, conectas con tu corazón, la vida se te abre, te lo muestra, te lo ofrece y es realmente satisfactorio”.

Transformar desde la acción

Mediante los actos individuales y colectivos las personas definen lo que son y lo que quieren llegar a ser. A través de la experiencia práctica, se puede observar que el decrecimiento tiene una aplicación más concreta de la que en ocasiones se cree. Por eso, el nexo entre la teoría y la práctica es lo que hace que esta corriente posea la suficiente fuerza como para conseguir transformaciones reales. Es en el carácter integrador del decrecimiento donde experiencias que parecen aisladas cobran una nueva dimensión. Se interrelacionan para crear una base común desde la que inventar nuevos horizontes de convivencia en armonía con el planeta.

Hilos de reflexión sobre ¿la crisis? y la sostenibilidad de la vida

Amaia Pérez Orozco - Rebelión

Este texto es no es más que un intento de recoger por escrito reflexiones varias surgidas al calor de múltiples debates en diversos contextos y forma parte de un trabajo más amplio en preparación. Surge en este momento de ilusión del 15-M (esto es esperanza, y no la presidenta), pero se engarza con historias que venían de mucho antes. No es un texto acabado, redondo, con principio y fin. Es poco más que un borrador que recoge debates que hemos ido teniendo y lanza ideas para debates futuros. Es un texto que se lanza para el diálogo, para sentarse en una plaza y debatir, por eso no va maqueado ni pulcramente planchado; o sea: perdonad los posibles gazapos, los puntos suspensivos, y los argumentos a medio cocinar.


1. La crisis, ¿qué crisis?

El estallido financiero se ha adueñado de la concepción única y absoluta de “LA CRISIS”. Desde perspectivas críticas, llevábamos años denunciando que el proceso de valorización de capital se lograba mediante la puesta a disposición de dicho proceso del conjunto de la vida (humana y no humana). Es decir, convirtiendo la vida y sus necesidades en un medio para el fin de acumulación de capital; en el mejor de los casos, en el peor, la vida constituía un estorbo y lo más rentable era destruirla. A esto lo habíamos denominado conflicto capital-vida. Con esta expresión nos referíamos al tipo de vida que construye el capitalismo (qué formas de vida y qué dimensiones de la vida resultan rentables, productivas –por la doble vía de la producción o del consumo-), y a las dimensiones de la vida que no son rentables, que sobran, o a las vidas enteras que no eran rentables, que sobraban. En el proceso de financiarización de la economía, este conflicto se había agudizado, al producirse una parte creciente del proceso de valorización con una desconexión tremenda de los procesos vitales mismos.


En ese sentido, decíamos que el proceso de valorización se había dado a costa de la explotación del planeta (de la vida no humana). Y también a costa de poner la vida humana al servicio del proceso de acumulación, tanto en el Sur global como en el Norte global (si bien esta explotación tenía características e intensidades muy diversas). Esto había conllevado serios ataques a los procesos vitales, que veníamos luchando que se reconocieran como crisis profundas, sistémicas y acumuladas. Así, hablábamos respectivamente de una crisis ecológica (global); una crisis de reproducción social que afectaba al conjunto de expectativas de reproducción material y emocional de las personas en el Sur global; y una crisis de los cuidados, que afectaba a una dimensión concreta de las expectativas materiales y emocionales de reproducción (los cuidados) en el Norte global.

Luchábamos porque estos procesos vitales truncos se reconocieran como crisis… y nos estaba costando. Estábamos visibilizando las deficiencias estructurales de un sistema depredador (que no solo era capitalista, sino también heteropatriarcal, antropocéntrico e imperialista). Hablábamos de crisis de civilización porque atravesaba el conjunto de las estructuras (políticas, sociales, económicas, culturales, nacionales, etc.), pero también de las construcciones éticas y epistemológicas más básicas (la propia comprensión de “la vida”).
Llega entonces el estallido financiero y automáticamente y sin cuestionamiento alguno, le otorgamos el nombre de crisis. Realmente, lo que se produce es un quiebre en el proceso de acumulación, de valorización de capital, primeramente en los circuitos financieros. No es, de primeras, un quiebre directo de los procesos vitales. En ese sentido no es una crisis (no está –o no tan agudamente- en crisis el proceso vital, que es el que nos importa si ponemos la sostenibilidad de la vida en el centro). Son posteriormente el tipo de políticas que se ponen en marcha para recuperar el proceso de valorización (las llamadas políticas anticrisis, que son más bien políticas de recuperación de la ganancia) las que implican un serio ataque a las condiciones de vida. Esa ahí donde la respuesta política al estallido financiero empieza a devenir en crisis. Así, podemos prever que la recuperación del capital implique, en el Norte global, un agravamiento serio de la crisis de los cuidados (vía reducción de servicios y prestaciones públicas, traslación de carga de trabajo al trabajo no remunerado y flexibilización y desregulación creciente del mercado laboral), así como el comienzo de una crisis de reproducción social para ciertos segmentos sociales (vía hipersegmentación social y vía paso de situaciones de precariedad en la vida a situaciones de exclusión, en un contexto de agudización de la dependencia del ingreso por la desaparición de mecanismos colectivos de absorción de los riesgos de la vida, dificultad de acceso a fuentes estables y suficientes de ingresos, pérdida de la noción de universalidad de los derechos y paso a enfoques asistenciales); y, en el Sur global, que se traduzca en un agravamiento de la crisis de reproducción social (por ejemplo, ya ha ocurrido en lo referente a la crisis alimentaria provocada por la especulación con alimentos).

Así, una primera pregunta es de qué crisis estamos hablando.

Ante la crisis, hay múltiples frentes de intervención, pero me limito a resaltar dos “pres” y dos intervenciones simultáneas.

Los "pres" para intervenir en la crisis

2.1 La "desfinanciarización" de la economía

Someter a los mercados financieros a un control realmente democrático, poner coto a la capacidad de las empresas de crear dinero financiero, exigir responsabilidades a gestores financieros, agencias de calificación, instituciones, etc. Es decir, la reversión del proceso por el cual los mercados financieros estaban alejándose por completo de toda posibilidad de control y de todo vínculo con el resto de procesos socioeconómicos (lo que en palabras de Mertxe Larrañaga podemos llamar "desfinanciarizar" la economía) es una exigencia que no solo toma cuerpo, sino que es compartida una pluralidad enorme de gentes. El problema es si con ello aspiramos a volver a poner a las finanzas al servicio de la producción como fin último de la reivindicación, es decir, que queremos volver a una especie de capitalismo bueno, movido por la demanda, léase el consumo.


Las diversas medidas que nos llevarían a esa desfinanciarización debemos leerlas en términos de aminorar el conflicto capital-vida. Si bien sabemos que este conflicto es inherente al capitalismo heteropatriarcal, puede tener diversas intensidades. Y en el paso de la lógica K-M-K’ a la lógica K-K’ se había agravado. Se trata, por tanto, de exigir esta bajada de intensidad del conflicto a la par que cuestionamos el sistema capitalista en sí.

(Existen múltiples propuestas que dan forma a esta desfinanciarización -entre otras, pueden verse las propuestas del grupo de trabajo de economía de Sol, propuestas de grupos como ATTAC, u otras realizadas desde el ámbito de la economía ecológica- el debate central es si se “limitan” a, digamos, poner algo de orden en el casino global, o si replantean de arriba abajo el papel del sistema financiero, su carácter privatizado, e, incluso el rol del dinero como medio de acumulación de valor).


Feminismo anticapitalista, esa Escandalosa Cosa y otros palabros

Amaia Pérez Orozco - Feministas.org

 La idea de esta ponencia es retomar el hilo de los debates sobre el capitalismo y el patriarcado, sempiternos en el feminismo, a la luz de la crisis civilizatoria que estamos viviendo. Parto de un sentimiento de urgencia, la urgencia de tener, como feministas, una voz incómoda, como dicen algunas compañeras, una postura molestosa, como dirían otras, ante lo que (nos) está ocurriendo. Hace mucho venimos debatiendo si el capitalismo y el patriarcado son dos sistemas distintos, si son uno solo, si se trata de un capitalismo patriarcal o un patriarcado capitalista. Y qué tienen que ver otros ejes de poder, si nos enfrentamos más bien a un patriarcado capitalista blanco, a un capitalismo patriarcal heterosexista racialmente estructurado… Si es que no tenemos ni nombres… porque, como dice Donna Haraway, ¿de qué forma podemos llamar a esa Escandalosa Cosa?

Pues bien, ¿qué hacemos hoy, Granada 2009, con esa Escandalosa Cosa en crisis? Aquí van unas breves líneas para afirmar que, en este momento, necesitamos retomar con fuerza un feminismo anticapitalista (o muchos feminismos anticapitalistas, ya que la voluntad, o el espejismo, de unidad se nos rompió y ahora andamos a la búsqueda de formas potentes de articular la diversidad). Para ello, en este texto (que, justo es decirlo, hace especial referencia al contexto del estado español y probablemente diga poco o suene extraño en otros) comienzo ahondando en la crisis de los cuidados – qué es, qué factores la han desencadenado, cómo está evolucionando – y, sobre todo, retomando brevemente algunos de los debates centrales que el discutir sobre esta crisis nos abría, y que tenían una fuerte potencia para la articulación de un feminismo anticapitalista diverso. Hablo en pasado porque, con el colapso financiero actual, esa articulación, que era frágil, está fuertemente amenazada; estamos a un tris de replegarnos hacia un feminismo productivista de fetichización del trabajo asalariado. Y, sin embargo, esa misma crisis, si le entramos estratégicamente, puede funcionar como acicate de cambio, como catalizador de esa articulación de un feminismo anticapitalista diverso.


Pero, antes de nada, ¿por qué es importante hablar de cuidados? ¿Qué potencia tiene dedicarle una atención específica y prioritaria? Entre otros muchos motivos que podríamos alegar y que de seguro nos vienen a la cabeza, hay uno clave: en los cuidados se produce la materialización cotidiana de los problemas más “gordos”, más estructurales. A fin de cuentas, es ahí donde se esconden todas las posibilidades y trampas del conjunto del sistema. Discutiendo sobre los cuidados, en lo concreto, en la vida del día a día, estamos discutiendo sobre esos grandes “dilemas existenciales del feminismo” que, enfocados desde un ángulo demasiado macro, demasiado abstracto, a veces se nos escapan. Por ejemplo, cuál es la relación entre capitalismo y patriarcado, qué posibilidades de liberación tenemos en los márgenes del sistema, qué significa igualdad en el reparto del trabajo y los recursos y cómo conseguirla, cómo se relaciona el género con otros ejes de poder en lo económico… Los cuidados son algo así como “lo personal es político” en el ámbito económico.


  1. La crisis de los cuidados: qué es y qué la desencadena


¿Qué es la crisis de los cuidados? Es la ruptura del modelo previo de reparto de los cuidados, que sostenía el conjunto del sistema socioeconómico, que de forma clave conformaba la base sobre la que se erigían las estructuras económicas, el mercado laboral y el estado del bienestar. Se trataba de un modelo basado en dos características. En primer lugar, en adjudicar a las mujeres en los hogares la responsabilidad de resolver las necesidades de cuidados. No existían mecanismos colectivos para asumir esa responsabilidad: no eran ni el estado, ni las empresas, ni la comunidad quienes se hacían responsables, sino los hogares y, en ellos, las mujeres. No cada una aisladamente, sino organizadas en redes más o menos extensas, más o menos simétricas o atravesadas de relaciones de poder entre ellas mismas. En segundo lugar, se basaba en la división sexual del trabajo clásica. La que a nivel macro adjudicaba a las mujeres los trabajos de cuidados invisibles, los no-trabajos, y a los hombres el espacio del trabajo reconocido como tal, el asalariado. La que permitía que el ámbito de la economía “real” o “productiva” se construyera sobre la presencia-ausente de las mujeres: las mujeres presentes, activas, pero en los ámbitos económicos invisibles, los de los trabajos gratuitos. Y esa “ausencia”, esa invisibilidad, era requisito indispensable para que el sistema siguiera adelante volcando ahí todos los costes de mantener y reproducir la vida bajo las condiciones impuestas por un sistema que no priorizaba la vida, sino que la utilizaba para acumular capital. Presencia-ausente que, en el caso de las mujeres obreras, se convertía en doble invisibilidad: porque, en el tajo, debían actuar como si no tuvieran responsabilidades fuera de la fábrica; y, en la casa, debían aproximarse lo más que pudieran al modelo de ama de casa volcada en los suyos. División sexual del trabajo clásica que, a nivel micro, erigía en norma social la familia nuclear radioactiva, aquella del hombre ganador del pan / mujer ama de casa. Ojo, decimos que era la norma social, pero no hablamos de familia normal en el sentido de que fuese abrumadoramente mayoritaria, sino de que se imponía como modelo al que aspirar y respecto del cual se desviaban todos los grupos sociales problemáticos: lo rural que debía tender a desaparecer con el progreso, las lesbianas, las madres solas, las mujeres obreras, etc.


Pues bien, este modelo se viene abajo, lo cual en ningún caso significa que se haya descuajeringado algo que estuviera bien. Precisamente desde el feminismo se ha luchado mucho contra la división sexual del trabajo, contra la familia nuclear, por ser una de las piezas clave en la opresión de las mujeres. Pero sí se ha descuajeringado algo que sostenía una falsa paz social. Y aquí está el quid: las tensiones empiezan a salir a flote.


¿Y por qué esa ruptura? Por muchos factores. De algunos nos hablan por todos lados de forma sesgada y tendenciosa. El envejecimiento de la población es uno de ellos, que es cierto, innegable. Otra cosa es cómo lo miramos, si lo entendemos como un mero aumento de un montón de gente “dependiente” “mercantilmente no productiva”; y cómo lo construimos, si como un simple alargamiento de la cantidad de vida, al margen de la calidad de vida o de la capacidad de decidir sobre la propia vida. El envejecimiento de la población y… la inserción de las mujeres en el mercado laboral. Que, más allá de la reducción cuantitativa del número de mujeres disponibles 100% para las necesidades del hogar, de amas de casa a tiempo completo, es sobre todo importante por reflejar un cambio en la identidad de las mujeres, que nos negamos a renunciar al empleo, a toda vida profesional, a la independencia monetaria, para dedicarnos en plenitud al trabajo no pagado en la familia. El revuelo que se monta socialmente por esta “inserción de las mujeres en el mercado laboral” está asociado también a un proceso de clase: ya había un montón de mujeres en el mercado laboral, todas aquellas mujeres obreras sujetas a la doble invisibilidad que decíamos antes. Eran mujeres que vivían en plenitud esos problemas de “conciliación de la vida laboral y familiar”, pero que no tenían legitimidad social para plantearla como un problema público. El revuelo empieza a formarse porque el feminismo lo saca a la luz, como indudable consecuencia de un ejercicio de dignificación del trabajo asalariado de las mujeres; pero también porque empiezan a ser tensiones sufridas por mujeres de clase media y mayor nivel educativo que tienen mayor capacidad para que sus voces se oigan.


Pero hay otros factores de los que se habla mucho menos, de los que no se quiere hablar. La crisis de los cuidados está íntimamente relacionada con el modelo de crecimiento urbano, que conlleva la desaparición de espacios públicos donde se pueda cuidar de forma menos intensiva (sin el miedo a que atropellen a la cría, ¿no sería más fácil que baje a jugar sola con sus amigos, o dejar que vaya sola a gimnasia sin tener que acompañarla?), y genera una escisión entre los distintos espacios de vida que, además de robarnos una barbaridad de horas en transporte, hace que el curro, la casa, las amistades, la escuela, el centro de salud estén cada uno en una punta, que sea una locura ir de un lugar a otro, que no puedas simultanear tareas, ni pedir a alguien que eche un ojo al abuelo mientras bajas a hacer recados. La crisis de los cuidados está íntimamente vinculada a la “explosión urbana y del transporte motorizado”, sobre la que alertan desde el ecologismo social, y que está en la génesis de la crisis ecológica. Otro factor del que hablamos poco, muy poco, es la precarización del mercado laboral: la flexibilización de tiempos y espacios que, más allá de la retórica que nos quieran vender, responde sistemáticamente a las necesidades empresariales. El baile caótico de tiempos y espacios de trabajo vuelve imposible cualquier arreglo del cuidado medianamente estable. Y esa misma precarización hace que los (escasos) derechos de conciliación que se van reconociendo o ampliando (léanse permisos de maternidad, paternidad, excedencias, reducciones de jornada, etc.) lleguen a una fracción privilegiada de la fuerza laboral y dejen fuera a otra mucha, mucha gente. Por último, la pérdida de redes sociales y el afianzamiento de un modelo individualizado de gestión de la cotidianeidad y de construcción de horizontes vitales, nos deja muy solas a la hora de abordar estas pequeñas grandes dificultades de la vida. El modo individualizado y consumista de apañárnoslas, cada quien consigo y con lo que pueda comprar en el mercado. Y, cuando esto falla, el reiterado recule a la familia tradicional. Imaginamos alternativas de convivencia que no pasen por el mercado ni por los lazos familiares prototípicos, pero no las construimos con solidez. Por qué seguimos ahí estancadas, desde el propio feminismo, es algo que no tenemos claro. La asunción de mayores cotas de libertad en la organización de la vida cotidiana no va unida a la incorporación de la idea de vulnerabilidad, por lo que la libertad no se traduce en la construcción de una responsabilidad compartida para lidiar con nuestras vulnerabilidades inevitables. ¿Estamos derivando, como sociedad, pero también nosotras, hacia una idea de autosuficiencia más que hacia la constatación de la interdependencia vital? ¿Cómo lidiar con el deseo de libertad y la necesidad de compromiso?