¿Por qué el Decrecimiento (DC)?

 Francesc Sardà - revo prosperidad sostenible


¿Por qué el Decrecimiento (DC)? La conservación del medio ambiente no es posible sin reducir la producción económica que sería la responsable de la reducción de los recursos naturales y la destrucción del medio, que actualmente estaría por encima de la capacidad de regeneración natural del planeta (huella ecológica). El DC también cuestiona la capacidad del modelo de vida moderno para producir bienestar. Por estas causas se opone al desarrollo sostenible. El reto estaría en vivir mejor con menos.



El DC es una corriente de pensamiento político, económico y social favorable a la disminución  controlada de la producción económica, con el objetivo de establecer una nueva relación de equilibrio entre el ser humano y la naturaleza, pero también entre los propios seres humanos. Rechaza el objetivo de crecimiento (C) económico en el sí del liberalismo y el productivismo. El concepto DC nace durante los años 1970 ante las consecuencias atribuidas al productivismo de la sociedad industrial, sin importar si ésta se deriva de un sistema capitalista o socialista, es decir, no sólo es un movimiento anticapitalista sino también es una ideología anti-productivista. ​

Los partidarios del DC sostienen que el descenso del consumo es la única forma de cerrar la brecha social de forma permanente. Para los recursos renovables, la demanda, y por lo tanto la producción, también deben ser llevados a niveles que impidan el agotamiento y evite el deterioro ambiental. Avanzar hacia una sociedad que no sea dependiente del petróleo es visto como meta esencial para evitar el colapso de la sociedad cuando los recursos no renovables se agoten. ​ Sin embargo, el DC no es sólo una cuestión cuantitativa de hacer menos de lo mismo, es también y, más fundamentalmente,  un cambio  paradigmático  de orden de los valores, en particular, la reafirmación de los valores sociales y ecológicos y una repolitización de la economía.

DC en contraposición a las políticas de C. Los defensores del desarrollo sostenible creen que el C económico es compatible con la preservación de los recursos naturales si se disminuye el consumo energético. En la mayoría de gobiernos de los países industrializados también se ha comenzado a hablar de “políticas de sostenibilidad”, ​ e incluso a tratar de aplicar sus principios. ​ Sin embargo, la teoría que defiende el DC opina que al aumentar la producción de bienes y servicios necesariamente aumentaría el consumo de recursos naturales, y que si este consumo es más rápido que la regeneración natural, como ocurre actualmente, ​ esta situación nos llevaría al agotamiento de estos. La transición necesaria hacia el DC se realizaría mediante la aplicación de principios más adecuados a una situación de recursos limitados: escala reducida, relocalización, eficiencia, cooperación, autoproducción (e intercambio), durabilidad y sobriedad. En definitiva, y tomando asimismo como base la simplicidad voluntaria, buscan reconsiderar los conceptos de poder adquisitivo y nivel de vida. De no actuar razonadamente, opinan generalmente que se llegaría a una situación de DC forzado, y probablemente caótico.

El DC contradice el progreso científico-técnico. Precisamente el neoliberalismo actual, evita el desarrollo libre del conocimiento científico y el estudio de nuestro sistema terrestre en muchas de sus ramas, ya que favorece la “gran ciencia” aplicada al C, desatendiendo temas como las enfermedades raras, la agricultura ecológica, las energías alternativas, o la eco-toxicología. La ciencia actual se basa más en el C, que no en el estudio y prevención de riesgos, lo cual nos lleva al fracaso como especie planetaria. El DC apuesta por la autonomía de la ciencia y su énfasis en los equilibrios naturales y sociales.

El DC priva de libertad. El C neoliberal actual nos lleva a un consumismo i utilitarismos que someten a la humanidad al principio de la oferta y la demanda, alienando las clases más populares, florecimiento de los monopolios, haciendo desaparecer la clase media al tiempo que aumentan las diferencias entre ricos pobres. El DC apunta a una revalorización del mercado y la política para ser menos dependientes de las grandes multinacionales y más enfocada al cooperativismo, al bienestar, seguridad y felicidad del individuo; substituyendo la competencia por la cooperación y ahondando en la democracia participativa a nivel de comunidades locales y regionales, favoreciendo la industria de proximidad. Algunos defensores del C apuntan a que el DC deberá ser bajo conceptos políticos totalitarios, pero ante esto podemos preguntarnos si actualmente no hay ya una tendencia al autoritarismo, si vivimos en una democracia real, o si la economía del monopolio es ya incompatible con la democracia.

El DC significa recesión, paro y final de la economía de mercado. La economía neoliberal basada en el C ha demostrado que los ciclos de crisis y recesión son cada vez más profundos y más frecuentes. El C actual puede garantizar solo periódicamente una tasa de paro baja, pero no una seguridad laboral ni la dignidad de sueldos para una vida plena i satisfactoria. Por otra parte hay degradación en la calidad del trabajo humano y de la eficiencia ecológica.  La soluciones que propone el DC pasan por la reducción del tiempo de trabajo, (ya propuesto por algunos estados), promoción del tiempo libre, rehabilitación de la condición humana en el trabajo, redistribución de la riqueza, re-valorización del progreso a través de otros parámetros más allá del PIB actual, la economía del bien común; en definitiva, seguir progresando pero bajo otros paradigmas.

El DC no es factible en los países subdesarrollados. Precisamente porque el modelo actual ha llevado a enormes desigualdades sociales entre países, el DC debe tener mayor incidencia en los países que más recursos gastan  y establecer procesos de compensación con los países menos desarrollados, devolverles y potenciar su autonomía productivista y financiera. Hay que recordar que los países subdesarrollados son los más ricos en recursos minerales y en posibilidades de generar energía, mientras que la producción de lujo destinada a las capas sociales altas es insignificante e improductiva a nivel mundial. Precisamente son los países del sur quienes más capacidad tienen  de adaptarse i relocalizar sus propias economías dentro de una justicia social plena.

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