¡Liberémonos del crecimiento!

Florent Marcellesi, Ernest Urtasun y 7 eurodiputados más - eldiario.es

(AMP) La deuda pública sube en más de 3.000 millones en el segundo trimestre y supone el 98,1% del PIB

El pasado 17 de septiembre, más de 200 científicos de diversas disciplinas firmaron una carta abierta publicada en varios diarios europeos. En ésta, abogan por una ruptura con el modelo económico centrado en el crecimiento económico y la competitividad, y denuncian la devastación tanto a nivel ambiental (cambio climático, agotamiento de los ecosistemas, extinción de especies, ¡incluida la nuestra!) como a nivel social (explosión de desigualdades, pérdida de identidad...). Este texto firmado por economistas, expertos en derecho laboral, doctores en ciencias ambientales, sociólogos, epidemiólogos, etc.  precedió a una conferencia sobre el "post-crecimiento" celebrada en el Parlamento Europeo los dos días siguientes. Este evento, propiciado por los eurodiputados verdes y apoyado por eurodiputados de otros cuatro grupos políticos, tuvo como objetivo abrir la caja negra de los modelos económicos neoclásicos y crecentistas que sustentan la toma de decisiones políticas.

La conferencia también tenía como objetivo allanar el camino para liberar a Europa de las garras del crecimiento económico. Desde la década de 1970, la caída ha sido escalonada pero constante, y  la OCDE anunció en 2014 que el crecimiento de las economías de los países ricos sería de medio punto porcentual anual de aquí a 2050. Sin embargo, si "gobernar es planificar", como líderes políticos, es nuestro deber anticipar las implicaciones de este declive estructural y extraer las consecuencias para garantizar el interés general. De hecho, hoy en día, el pago de las pensiones y el desempleo, así como el reembolso de las deudas públicas y privadas (que son el doble de las públicas) se basan en el crecimiento. En nombre de la justicia y de la paz social, sería irresponsable no buscar alternativas a este estancamiento que, además, da alas a todos los extremos.

A este respecto, la conferencia "post-crecimiento", dirigida a representantes de instituciones europeas y nacionales, ONG, grupos de reflexión y universidades, reveló diversos obstáculos y oportunidades. En primer lugar, está claro que el bagaje cultural del establishment se nutre de la teoría económica neoclásica y del dogma del crecimiento. Esto, junto a la ignorancia de enfoques alternativos y de otras ciencias ambientales, es un obstáculo para la comprensión de nuevos paradigmas que están mucho más adaptados al siglo XXI. De ahí la necesidad de multiplicar los espacios de encuentro entre las diferentes disciplinas científicas y las diferentes corrientes del pensamiento económico.

Pero para ello necesitamos superar, de una vez por todas, las disputas terminológicas. El vocabulario utilizado por cada actor no debería ser ya un obstáculo. A pesar de que desacuerdos metodológicos y políticos hayan sido claramente identificados, es cierto que existe un deseo compartido de trabajar por el bien común. Dejemos, pues, de desesperarnos por el “crecimiento” o “decrecimiento” del Producto Interior Bruto (PIB) porque, si en algo estamos de acuerdo, es que el PIB no es un indicador del bienestar, ni tiene en cuenta los desarrollos sociales, tecnológicos y ecológicos actuales. Así pues, lo importante es que nuestras leyes y políticas públicas apunten y cumplan un objetivo claro: satisfacer las necesidades de la ciudadanía respetando los límites ecológicos del planeta. 

Un proyecto ante todo democrático 

En vista de estos debates, nosotras/os, los Verdes, compartimos las demandas de los científicos que piden la creación de una “comisión de investigación" en el Parlamento Europeo sobre la situación futura de post-crecimiento. Su objetivo sería evaluar las implicaciones del fin del crecimiento (que pronto dejará de ser tabú) en nuestro modelo económico y social e identificar los cambios organizativos y legislativos que vendrán en consecuencia. En este caso, compartimos la idea de convertir el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, que es la fuente de la consolidación fiscal permanente, en un pacto de Estabilidad y Bienestar. Éste es el espíritu que nos dio alas cuando, en 2011 y 2013, el Pacto fue reformado y endurecido precipitando, así, a los Estados miembros un poco más hacia la austeridad. Desafortunadamente, en ese momento, nuestras enmiendas destinadas a poner en igualdad de condiciones los objetivos presupuestarios por un lado y los objetivos ambientales y sociales por el otro no recibieron el apoyo necesario. 

Ya propusimos, en este marco y posteriormente en diferentes ocasiones (como en la asignación de los cientos de miles de millones de euros recaudados por el fondo "Juncker"), el uso de indicadores alternativos como los que miden las desigualdades o el uso de recursos naturales. También estamos de acuerdo con la propuesta de establecer en cada Estado miembro, también en la Comisión Europea, un Ministerio de la Transición. Sin embargo, debido a que la transición, de naturaleza transversal, afecta a todos los sectores políticos, este Ministerio debería supervisar a todos los demás ministerios. Además, debe ser capaz de realizar los arbitrajes necesarios trabajando siempre por el interés general, también teniendo en cuenta la equidad intergeneracional. 

Finalmente, añadimos una quinta demanda, un requisito previo: una transición socialmente justa que respete los límites del Planeta requiere la emancipación de las estructuras de poder de los grandes grupos de presión industriales y de los tenedores de capital que defienden sus intereses financieros a corto plazo. Y para que esto ocurra, la movilización activa y convencida de la ciudadanía, de los sindicatos, ONG, PYMEs y movimientos sociales es fundamental, pues este proyecto que defendemos es, ante todo, un proyecto democrático.

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