¿Por qué el Decrecimiento (DC)?

 Francesc Sardà - revo prosperidad sostenible


¿Por qué el Decrecimiento (DC)? La conservación del medio ambiente no es posible sin reducir la producción económica que sería la responsable de la reducción de los recursos naturales y la destrucción del medio, que actualmente estaría por encima de la capacidad de regeneración natural del planeta (huella ecológica). El DC también cuestiona la capacidad del modelo de vida moderno para producir bienestar. Por estas causas se opone al desarrollo sostenible. El reto estaría en vivir mejor con menos.



El DC es una corriente de pensamiento político, económico y social favorable a la disminución  controlada de la producción económica, con el objetivo de establecer una nueva relación de equilibrio entre el ser humano y la naturaleza, pero también entre los propios seres humanos. Rechaza el objetivo de crecimiento (C) económico en el sí del liberalismo y el productivismo. El concepto DC nace durante los años 1970 ante las consecuencias atribuidas al productivismo de la sociedad industrial, sin importar si ésta se deriva de un sistema capitalista o socialista, es decir, no sólo es un movimiento anticapitalista sino también es una ideología anti-productivista. ​

Los partidarios del DC sostienen que el descenso del consumo es la única forma de cerrar la brecha social de forma permanente. Para los recursos renovables, la demanda, y por lo tanto la producción, también deben ser llevados a niveles que impidan el agotamiento y evite el deterioro ambiental. Avanzar hacia una sociedad que no sea dependiente del petróleo es visto como meta esencial para evitar el colapso de la sociedad cuando los recursos no renovables se agoten. ​ Sin embargo, el DC no es sólo una cuestión cuantitativa de hacer menos de lo mismo, es también y, más fundamentalmente,  un cambio  paradigmático  de orden de los valores, en particular, la reafirmación de los valores sociales y ecológicos y una repolitización de la economía.

DC en contraposición a las políticas de C. Los defensores del desarrollo sostenible creen que el C económico es compatible con la preservación de los recursos naturales si se disminuye el consumo energético. En la mayoría de gobiernos de los países industrializados también se ha comenzado a hablar de “políticas de sostenibilidad”, ​ e incluso a tratar de aplicar sus principios. ​ Sin embargo, la teoría que defiende el DC opina que al aumentar la producción de bienes y servicios necesariamente aumentaría el consumo de recursos naturales, y que si este consumo es más rápido que la regeneración natural, como ocurre actualmente, ​ esta situación nos llevaría al agotamiento de estos. La transición necesaria hacia el DC se realizaría mediante la aplicación de principios más adecuados a una situación de recursos limitados: escala reducida, relocalización, eficiencia, cooperación, autoproducción (e intercambio), durabilidad y sobriedad. En definitiva, y tomando asimismo como base la simplicidad voluntaria, buscan reconsiderar los conceptos de poder adquisitivo y nivel de vida. De no actuar razonadamente, opinan generalmente que se llegaría a una situación de DC forzado, y probablemente caótico.

El DC contradice el progreso científico-técnico. Precisamente el neoliberalismo actual, evita el desarrollo libre del conocimiento científico y el estudio de nuestro sistema terrestre en muchas de sus ramas, ya que favorece la “gran ciencia” aplicada al C, desatendiendo temas como las enfermedades raras, la agricultura ecológica, las energías alternativas, o la eco-toxicología. La ciencia actual se basa más en el C, que no en el estudio y prevención de riesgos, lo cual nos lleva al fracaso como especie planetaria. El DC apuesta por la autonomía de la ciencia y su énfasis en los equilibrios naturales y sociales.

El DC priva de libertad. El C neoliberal actual nos lleva a un consumismo i utilitarismos que someten a la humanidad al principio de la oferta y la demanda, alienando las clases más populares, florecimiento de los monopolios, haciendo desaparecer la clase media al tiempo que aumentan las diferencias entre ricos pobres. El DC apunta a una revalorización del mercado y la política para ser menos dependientes de las grandes multinacionales y más enfocada al cooperativismo, al bienestar, seguridad y felicidad del individuo; substituyendo la competencia por la cooperación y ahondando en la democracia participativa a nivel de comunidades locales y regionales, favoreciendo la industria de proximidad. Algunos defensores del C apuntan a que el DC deberá ser bajo conceptos políticos totalitarios, pero ante esto podemos preguntarnos si actualmente no hay ya una tendencia al autoritarismo, si vivimos en una democracia real, o si la economía del monopolio es ya incompatible con la democracia.

El DC significa recesión, paro y final de la economía de mercado. La economía neoliberal basada en el C ha demostrado que los ciclos de crisis y recesión son cada vez más profundos y más frecuentes. El C actual puede garantizar solo periódicamente una tasa de paro baja, pero no una seguridad laboral ni la dignidad de sueldos para una vida plena i satisfactoria. Por otra parte hay degradación en la calidad del trabajo humano y de la eficiencia ecológica.  La soluciones que propone el DC pasan por la reducción del tiempo de trabajo, (ya propuesto por algunos estados), promoción del tiempo libre, rehabilitación de la condición humana en el trabajo, redistribución de la riqueza, re-valorización del progreso a través de otros parámetros más allá del PIB actual, la economía del bien común; en definitiva, seguir progresando pero bajo otros paradigmas.

El DC no es factible en los países subdesarrollados. Precisamente porque el modelo actual ha llevado a enormes desigualdades sociales entre países, el DC debe tener mayor incidencia en los países que más recursos gastan  y establecer procesos de compensación con los países menos desarrollados, devolverles y potenciar su autonomía productivista y financiera. Hay que recordar que los países subdesarrollados son los más ricos en recursos minerales y en posibilidades de generar energía, mientras que la producción de lujo destinada a las capas sociales altas es insignificante e improductiva a nivel mundial. Precisamente son los países del sur quienes más capacidad tienen  de adaptarse i relocalizar sus propias economías dentro de una justicia social plena.

El decrecimiento, un movimiento rupturista que va sumando adeptos

Hernán Álvarez - Mirador Provincial


Desde la época de la Revolución Industrial que la combinación de palabras “crecimiento económico” tiene una connotación positiva en Occidente. Producir más, invertir más, extraer más de la tierra está bien visto desde el siglo XVIII hasta hoy. Sin embargo, en el XX y en este XXI aún más, comenzó a tomar fuerza una idea totalmente opuesta. Esta concepción nueva considera al progreso y al aumento del PBI (producto bruto interno) de cada país como algo decididamente malo para el planeta y para el hombre en general.

Se plantea la idea lógica de la finitud de la Tierra y la consecuencia de que ese crecimiento no puede ser eterno debido a los límites que el mundo impone. Uno de los primeros en plantear esta corriente denominada del decrecimiento fue el economista contemporáneo francés Serge Latouche.

Este movimiento suma más adeptos cada año al observarse los resultados que trae la concepción opuesta de producir siempre más que antes cada vez. Uno de sus defensores es el antropólogo Jason Hickel. Nacido en Suazilandia (en el sur de África) es miembro de la Royal Society of Arts inglesa, egresado de la Universidad de Londres y profesor de la London School of Economics (facultad de esta casa de estudios).





Hickel habló en exclusiva con Mirador Provincial sobre la macroeconomía mundial, argentina y santafesina.

— ¿Usted apoya el movimiento del decrecimiento?

 
— Sí, apoyo el movimiento del decrecimiento. Pero debo ser claro sobre qué significa eso. En la actualidad estamos en una era de exceso ecológico (“ecological overshoot” en inglés). Vemos los efectos en la forma del cambio climático y la extinción masiva de especies, lo cual impone una mayor amenaza para nuestra civilización. La vasta mayoría de ese exceso es producido por naciones ricas. Por ejemplo, una persona promedio en una nación rica promedio consume 28 toneladas de cosas materiales por año. Esto es cuatro veces más del límite ecológico. En otras palabras, si todos en el mundo consumiéramos al nivel de las naciones ricas, necesitaríamos cuatro planetas Tierra para sostenernos. Entonces sabemos que en una escala global necesitamos reducir drásticamente el uso de los recursos y cortar con las emisiones (de efecto invernadero). La pregunta es, ¿es posible hacer esto persiguiendo un crecimiento del PBI? De acuerdo a todos los datos científicos disponibles, la respuesta es “no”. Sí, la innovación tecnológica ayudará, pero no será suficiente por sí misma. Entonces, debemos concluir que la única opción para evitar el colapso ecológico es reducir la actividad económica global agregada. Inclusive países más pobres necesitan empezar a virar hacia un modelo económico que no requiere un crecimiento interminable del PBI.

— ¿Cuál es la diferencia entre decrecimiento y post crecimiento?
 
— Son partes del mismo movimiento y tiene la misma crítica del crecimiento. La única diferencia es que el decrecimiento tiene el coraje de marcar que no es suficiente con ser agnóstico sobre el crecimiento. Por ejemplo, enfocarse en otras cosas en vez de crecimiento. Tenemos que enfocarnos activamente en hacer decrecer la tasa de producción de materiales y desperdicios en la economía global.

— Si el comunismo fracasó en el siglo XX, ¿cuál es la alternativa al capitalismo?
 
— El problema con el comunismo en el siglo XX es que fue esencialmente sólo capitalismo de Estado. Mire a la URSS, por ejemplo, o China. Ambos son países que estuvieron y están obsesionados con el objetivo de crecimiento exponencial, igual que los países capitalistas lo están. La izquierda y la derecha pueden disentir en cómo distribuir los beneficios del crecimiento, pero en la cuestión del crecimiento en sí misma están unidas. Por eso es que las políticas de izquierda tradicionales no son ya lo suficientemente buenas. Tenemos que evolucionar no sólo por sobre el capitalismo, sino sobre el imperativo del crecimiento.

— Usted escribió en un artículo que el crecimiento y la ecología no pueden ir juntos. ¿Cómo explica esto?

 
— El problema es que es imposible desacoplar crecimiento de impactos en el medioambiente. Esto lleva a que las fantasías del crecimiento verde (sostenible) se hagan tan populares recientemente. No hay evidencia de que el crecimiento verde sea factible. Entonces, si queremos retornar a una economía en línea con los principios ecológicos, no puede ser una economía basada en el crecimiento.

¿Tener menos hijos?

— En la actualidad, el mundo tiene más de 7.500 millones de habitantes. ¿El cambio climático fuerza a los padres a tener menos hijos? ¿Cuál es el número límite?

 
— No es la población en sí misma el problema. Es el consumo excesivo. El exceso ecológico está conducido por consumo excesivo en naciones ricas y por individuos ricos. ¿El crecimiento poblacional incrementa la presión ecológica? Sí, particularmente el crecimiento poblacional entre comunidades ricas con niveles altos de consumo. Pero el precepto principal es simple. En una era de límites ecológicos, no tiene sentido asumir que la gente debe tener el derecho a concebir tantos hijos como quiera. El ejercicio de libre albedrío de una persona a tener muchos hijos tendrá un impacto negativo en las perspectivas de vida de otros... Al significar esto menos “espacio ecológico” para todos. Esto no es moralmente defendible. Si la gente quiere tener hijos, debe adoptar. Si no quieren adoptar, entonces tener un hijo está bien, quizás hasta dos. Pero cualquier número más que dos hijos parece ser inmoral.

Costa Rica como un caso exitoso

— ¿Es posible que los países periféricos mejoren sacándose de encima la idea del crecimiento que guía sus economías?

 
— Sí, por supuesto. Pasado un cierto punto, el crecimiento en el PBI no es necesario para niveles alto de bienestar humano. Costa Rica tiene una expectativa de vida más alta que Estados Unidos, excelente educación y uno de los niveles de felicidad más altos del mundo. Y todo con un PBI per cápita de sólo 10.000 dólares. Un quinto del de Estados Unidos y mucho menos que Argentina. ¿Por qué? Porque han invertido en educación pública de alta calidad y salud. El antídoto al crecimiento es encontrar caminos para mejorar el bienestar sin requerir productividad industrial masiva. Invertir en lo que realmente interesa.

— Argentina tiene un mal año en este 2018 al comenzar una recesión con inflación alta, incluida la pérdida de fuentes laborales. ¿Cómo pueden mejorarse los estándares sociales sin crecimiento económico?
 
—El capitalismo siempre está generando desempleo. El camino a mejorar la productividad siempre significa que hay menos trabajadores requeridos para producir la misma cantidad de producción. ¿Qué pasa con los trabajadores que sobran? Son descartados. ¿Entonces qué hacemos? La respuesta común es crecer, crear más trabajos. Pero hay otro camino: simplemente acortando la semana laboral. De esa manera, uno redistribuye los requerimientos laborales existentes de manera que todos tengan acceso a un ingreso. La otra alternativa, por supuesto, es el ingreso universal básico asegurándonos que la gente tenga acceso a un sustento sin tener que crear más trabajos para ellos. Un ingreso básico no sólo estimularía las economías locales, también liberaría a la gente a ser más creativa e innovadora, mejorando sus comunidades e involucrándose en políticas
democráticas.

— ¿Argentina está condenada al fracaso al ser un país del hemisferio sur?
 
— No, por supuesto que no. Al contrario, el sur global tiene el mayor potencial de reinventar economías y cambiar hacia un futuro mejor. Sabemos que el modelo económico occidental nos está fallando. Está generando inequidad, inestabilidad y destrucción ecológica. Necesitamos algo mejor. El sur debe tomar la oportunidad de romper con el modelo occidental y construir algo mejor, más justo y más ecológico.

— ¿Piensa que la idea de desarrollo sostenible no es realmente posible?
 
— Depende en qué entendemos como desarrollo sostenible. ¿Desarrollo sostenible por siempre? ¿O una forma de desarrollo que es ecológica? En la primera, la respuesta es claramente “no”. En la segunda, la respuesta es “sí”. Es posible mejorar el bienestar humano sin crecimientos interminables de PBI. Podemos hacerlo mejorando salarios, etcétera. Redistribuyendo los recursos existentes de manera que no tengamos que perforar la Tierra por más.

La incidencia ecológica de la soja
Hickel se refirió también a la soja en particular. La oleaginosa es esencial en la economía de nuestra provincia. Consultado sobre el cultivo de este grano y su incidencia ecológica, el antropólogo contestó: “Depende en cómo es usada la soja. Si se usa para consumo humano, da una nutrición excelente con muy poco impacto ecológico. Pero si es usada para alimentar animales, digamos para consumo humano de carne vacuna, entonces es increíblemente ineficiente y ecológicamente destructiva”.

“También depende de cómo la soja es cultivada. Si es cultivada por grandes corporaciones agrícolas que usan fertilizantes químicos y pesticidas, entonces es destructiva para los suelos, los ríos y el mar, y contribuye significativamente a la extinción de especies y al colapso de la biodiversidad. Si es cultivada de manera orgánica, entonces puede ayudar a edificar la salud del suelo que puede ayudar a capturar dióxido de carbono y enfriar el planeta”, agregó el experto suazi.

El río que suena

Antonio Turiel - The Oil Crash


Queridos lectores:

Cuando faltan poco más de dos semanas para que la Agencia Internacional de la Energía (AIE) publique su informe anual, el World Energy Outlook (WEO), la propia AIE acaba de sacar un informe especial sobre economías productoras de hidrocarburos. Este informe especial se considera un apéndice del WEO. Es bastante habitual que la AIE saque informes especiales sobre aspectos particulares que se abordan en los WEOs, pero como norma general aparecen bastante más separados en el tiempo (por ejemplo, lo más frecuente es que saquen un informe a mitad del año que va de un WEO al siguiente). Es por eso que este informe (que se puede descargar y consultar libremente aquí) resulte un tanto peculiar, como si tuvieran una cierta urgencia por dejar algunos temas zanjados antes de que se publique el WEO 2018.

La AIE quiere analizar qué está pasando y qué va a pasar a los países con economías que dependen más fuertemente de los hidrocarburos. A tal fin, define una economía productora aquella que:

  • Produce grandes cantidades de petróleo y/o gas.
  • La exportación de hidrocarburos representan al menos un tercio del valor total de sus exportaciones.
  • Los ingresos que producen la explotación del petróleo y/o gas representa al menos un tercio de los ingresos fiscales (impuestos y tasas).

Con esta definición, la AIE identifica 6 países con economías productores (y por tanto dependientes) de hidrocarburos: Rusia, Arabia Saudita, Irak, Nigeria, Venezuela y Emiratos Árabes Unidos.

Hay una de las gráficas de la nota de prensa que resulta muy reveladora a la hora de entender qué ha pasado con esas 6 economías exportadoras durante los últimos años, y que nos muestra la evolución de sus ingresos netos:




Como se ve, todos estos países han sufrido enormemente con la caída de precios que comenzó a finales de 2014, pero no todos han sufrido de la misma manera. Mientras que Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Rusia han aguantado el tipo razonablemente bien (sus ingresos son aún alrededor de la mitad de lo que lo fueron en los buenos tiempos), el impacto ha sido enormemente mayor en Nigeria y en Venezuela, con los ingresos reducidos a una ínfima porción. Llama la atención el caso de Irak, el cual, como durante los años buenos iba muy lastrado por ISIS y por la insurgencia en general, no ha visto muy reducidos sus ingresos actuales respecto a los históricos.

Rubrica estas observaciones la gráfica sobre la evolución de la recaudación fiscal en estos países como porcentaje de su PIB.




Aquí se ve que quien claramente está en peligro es Venezuela, para quien el déficit fiscal supera el 20% del PIB durante todo el período 2015-2017. El segundo país con peor déficit fiscal es Arabia Saudita, con un déficit por encima del 10%, el cual se explica no solo por la caída de ingresos y el mantenimiento de numerosos subsidios, sino por el esfuerzo militar que está efectuando en Yemen.

Analiza el informe seguidamente cómo ha evolucionado la inversión en exploración y desarrollo (upstream) en esos 6 países. Es una información muy interesante, porque generalmente no se llega a ese nivel de detalle.






Se habrán fijado que a pesar de ser solo seis países, nos dan extrañamente agregados los gastos de Emiratos Árabes Unidos, Irak y Arabia Saudita, lo más probable para que no se note que donde está cayendo más fuertemente la inversión es en el reino saudí. Y es importante esconder ese cadáver en el armario, porque la falta de inversión en Arabia Saudita le precipita en su peak oil, el cual será el del mundo. De los otros países, llama la atención que Rusia ha mantenido, pese a todo, muy elevada su inversión en upstream: los rusos lo siguen intentando. Y donde claramente la industria del petróleo ha colapsado casi completamente es en Venezuela y en Nigeria. Como comentan en el interior, los otros 4 países se han podido adaptar mejor a la nueva situación gracias a la deflación de costes, y en el caso de Rusia al cambio de divisas favorable a la inversión en petróleo.

El resto del primer capítulo informe es una discusión bastante larga sobre la estructura productiva de estos países y se comienza a discutir sobre las alternativas de generación de energía, principalmente solar en los más insolados. Lo cual no deja de ser, irónicamente, un brindis al Sol, cuando después una gráfica del mismo informe recoge que en el período 2010-2017 el único sector que crece, o que menos decrece, es el del petróleo.




El segundo capítulo corresponde a una discusión sobre las perspectivas de futuro. La AIE utiliza aquí los escenarios habituales que se usan en los WEOs para proyectar qué concretamente pasará en estos países. Y la cosa es bastante clara ya desde el resumen ejecutivo del capítulo: en el escenario de Precios Bajos, los precios nunca se recuperan del todo y estos países sufren de déficits crecientes y reducción del gasto público (como si tal cosa se pudiera mantener así, sin un estallido social, durante 25 años, máxime cuando sabemos, por ejemplo, que hacia 2035 Arabia Saudita dejaría de exportar petróleo). En el escenario de Desarrollo Sostenible la cosa es aún peor, ya que se esperan en ese período un pico de demanda del petróleo (esa falacia lógica del pico de demanda que ya hemos discutido aquí con anterioridad). En ese caso, nos dicen que las economías productoras tendrían que adaptarse a un escenario de un mundo donde se consumiría menos petróleo. La pregunta es cómo van a hacer eso sin colapsar. La solución que propone la AIE es que estos países asciendan en la cadena de valor, concentrándose en el refinado del petróleo y en los usos no combustibles del petróleo. Esto es muy interesante, porque dada su gran riqueza como materia primera química efectivamente el peor uso que se le puede dar al petróleo es simplemente quemarlo. La AIE está probablemente sugiriendo que, en un escenario en que el petróleo no va a ser abundante ni barato, se especialice como un producto de mayor valor añadido, lo cual tiene bastante sentido. Lo que resulta cómico es que unas líneas más abajo leamos que los EE.UU. van a seguir expandiendo su explotación de fracking cuando lo que se está descontando ya es cuándo acabará colapsando (más tarde o más temprano en función de cuánto más quiera gastarse Trump en apuntalarlo).

Es en este capítulo donde se discuten los problemas sociales y culturales, aparte de económicos, muy serios que se padecen en estos lugares, particularmente Venezuela y Nigeria. A pesar de la gravedad y profundidad de los mismos (aquí se comentó en su momento sobre Nigeria), y que pueden dar al traste con cualquier previsión, el tratamiento de estos problemas es bastante epidérmico.

Se discuten otras cuestiones relevantes en el capítulo, pero la parte más interesante es la antes referida "captura del valor añadido". Hay una reveladora gráfica en esta sección, sobre la evolución del consumo de petróleo en Arabia Saudita para la producción de electricidad:




Es decir, que en Arabia Saudita se gasta de media medio millón de barriles diarios para la producción de electricidad, lo cual representa alrededor del 5% de toda la producción de petróleo de ese país. Los máximos de consumo, siempre en verano, han bajado apreciablemente los últimos años, seguramente a causa de la crisis de precios. La insistencia en que Arabia Saudita debe hacer un esfuerzo en pasarse a la fotovoltaica que se hace justo a continuación y durante varias páginas debe entenderse, por tanto, que está diciendo: "como medio para liberar al mercado ese medio millón de barriles diarios".

Para que quede claro que esto va de rebañar las ultimas migas del plato, entre los temas que se discuten a continuación nos encontramos la experiencia de Oman para hacer recuperación de petróleo mejorada usando energía fotovoltaica. En vez de intentar usar esa energía directamente, usarla para seguir extrayendo petróleo: toda una incoherencia, de no ser que lo que realmente importa aquí es que el petróleo siga fluyendo. Y por supuesto luego se habla de la reforma energética, poniendo a Indonesia y a México de ejemplos. Nuestros lectores de aquel último país podrían contarnos qué gratas experiencias tienen con esas reformas, e.g., el gasolinazo, y eso que en México solo se ha tocado, por ahora, la punta del iceberg.

El contexto de este informe es fácil de comprender cuando uno ve la distribución estadística de los costes de producción de los diferentes hidrocarburos líquidos que hay en el mundo.




Y es que los países productores de los que hablamos son los que tienen el petróleo más fácil (menos costoso) de producir. Estos países son por tanto críticos para evitar, o al menos retardar, tener que adentrarnos en el terreno del petróleo no asequible, que es el que nos precipita por la pendiente de la espiral de la destrucción de oferta - destrucción de la demanda. Los lectores más experimentados habrán notado quizá que la curva de arriba está truncada, y solo considera los 650 mil millones de barriles más asequibles del mundo. Cosa curiosa porque no hace tanto se cifraban los recursos convencionales en un billón (español) de barriles, y cuando uno se va a los no convencionales las cantidades son de unos cuantos billones, incluso más de 8 billones de barriles. La razón de este truncamiento, en esta época de la doble verdad y las realidades edulcoradas, en no enseñar toda la curva de costes: la inmensa mayoría de los recursos de hidrocarburos del mundo tienen unos costes tan estratosféricos que obviamente no son explotables. Con un consumo de petróleo global que está ya en los 36.000 millones de barriles al año, esos 650.000 millones representan a penas 18 años a ritmos constantes de consumo actual. Y como los nuevos yacimientos que se van encontrando no son, por lo general, más baratos que los actuales, quiere decirse que antes de que pasen 18 años los costes del petróleo que quede se van a disparar a valores que hacen imposible la actividad económica como está concebida actualmente.  De ahí la insistencia en aumentar el valor añadido en estos países, de ahí la invocación del "pico de demanda", porque se es consciente de que no habrá recursos de petróleo explotables a precios razonables. Esto era lo que era el peak oil: el fin del petróleo barato. No el fin del petróleo, sino del que era razonable producir, a los volúmenes de hoy en día. Se seguirá produciendo petróleo, pero cada vez menos, para un mercado cada vez más pequeño. Pero, contrariamente a lo que asume la AIE (esto es, porque se utilizarán otras alternativas energéticas mejores pero todo seguirá más o menos igual), será porque el mundo en su conjunto estará experimentando un prolongado proceso de decrecimiento económico, que será más o menos traumático en función de la inteligencia con la que se gestione.

Breves apuntes sobre el decrecimiento

Ecofestes

Como dice Latouche en su libro La apuesta por el decrecimiento, el decrecimiento “es un conjunto de teorías y no una única teoría”, que se unen para demostrar que el paradigma económico dominante y la sociedad de consumo han sobrepasado los límites del planeta. 



El decrecimiento se forma como corriente política a finales del s.XX y principio del s.XXI de la mano de teóricos como Georgescu Roeguen, Corneluis Castoriadis, Serge Latouche, Ivan Illich o François Schneider, entre otros. De hecho el seminario de 2002 “Deshacer el desarrollo, rehacer el mundo” fue el pistoletazo de salida, en el ámbito internacional, para repensar la lógica del crecimiento depredador y señalarlo como el gran problema a escala mundial.


El capitalismo globalizado y el modelo consumista han supuesto el agotamiento de los recursos energéticos y minerales, la degradación del medio ambiente, la pérdida de la biodiversidad, el empeoramiento de la salud, el favorecimiento del desarrollo de los países norteños a partir de la explotación y expolio de los recursos de los países del Sur, etc. Los ritmos de vida en la mayoría de sociedades actuales y, sobre todo, en las zonas geográficas de mayor concentración poblacional (ciudades), nos traen a un círculo vicioso de ganancia económica y aumento del consumo. La perspectiva decrecentista, por lo tanto, trata de actuar contra esta lógica y nos hace repensar los términos de “felicidad y bienestar”. ¿Conseguiremos más felicidad cuanto más horas trabajamos, más dinero ganamos y más bienes consumimos? ¿La esclavización por la economía nos aporta felicidad o podemos buscar una alternativa en la conversión de la vida en dinero?


Tal y cómo explica el profesor de Ciencia Política de la UAM, Carlos Taibo en una entrevista por la Ecodiari: “El crecimiento económico no provoca necesariamente cohesión social, y se traduce a menudo en agresiones medioambientales literalmente irreversibles, facilita el agotamiento de recursos escasos que no estarán a disposición de las generaciones futuras y nos sitúa en un marco de un modo de vida esclavo que nos aconseja concluir que seremos más felices cuanto más bienes tratamos de consumir”.

Decrecimiento y crecimiento
 
Sin caer en los debates que se han generado en torno algunas posiciones ecocentristas radicales en relación al desarrollo tecnológico y su uso, las críticas acerca del decrecimiento se centran, por un lado, en la posibilidad de recesión económica si se decrece en términos de consumo (aumento del paro, aumento de las desigualdades, medidas de austeridad, etc.). Por otro lado, algunas voces afirman que no se puede exigir un decrecimiento en el ámbito mundial, puesto que la mayoría de países del Sur todavía no han llegado ni a los niveles mínimos de bienestar y derechos sociales de los países del Norte. Como argumentan varias entidades ecologistas, la propuesta decrecentistas para los países del Sur, formula que estos no tomen como modelo el desarrollo hegemónico, sino que tomen su propio camino para proporcionar un bienestar arraigado a sus contextos y en equilibrio con el medio natural. 


Cuando se habla de crecimiento de la actual economía neoliberal, se está refiriendo a un aumento medido en términos productivos y económicos: crecimiento del PIB, altas rentabilidades y subidas en el sector bursátil, aumento de los sectores productivos, aumento de la población activa, etc. Esto no quiere decir que el desarrollo no contemple otros parámetros como el acceso a la sanidad, a la cultura o a un bienestar (entendido como felicidad). Por lo tanto, y desde la perspectiva del decrecimiento, es posible hablar de un decrecimiento económico material y a la vez de un crecimiento del desarrollo social. Es más, desde este paradigma, el decrecer no sólo no es negativo, sino que es necesario teniendo en cuenta que el sistema capitalista actual es el causante de la opresión del ecosistema. Y sé que en un mundo finito, cada vez que producimos, por ejemplo, un coche, reducimos las posibilidades futuras de supervivencia, según alertan las entidades ecologistas.


En resumen, la economía tiene que decrecer en la esfera material según las posiciones decrecentistas. Tal como explica la profesora de la UNED y activista, Yeyo Herrero, en una entrevista: “Si pusiéramos en el centro de atención la atención y el desarrollo de los corderos relacionales, la cura, los modelos renovables, etc. y esto generara incremento del PIB, no sería preocupante. El crecimiento del PIB sólo es preocupante cuando se produce a expensas de la fabricación de automóviles, el consumo aumentado del petróleo, de la guerra... Lo que nosotros decimos, es que tiene que decrecer la esfera material de la economía. Y no es que tenga que decrecer, sino que es inevitable. No es algo que buscamos las ecologistas, es una imposición de los límites físicos de la naturaleza”.


A la práctica... Ampliación de las tres R

Hace días, desde este espacio ofrecimos una artículo sobre el triángulo ecológico: Reducir, Reutilizar y Reciclar. El decrecimiento propone ocho propuestas prácticas: reevaluar, reconceptualizar, reestructurar, redistribuir, relocalizar, reducir, reutilizar y reciclar. En otras palabras, la propuesta del decrecimiento ofrece un escenario de redistribución laboral (ya sea de los sectores productivos como de las horas de trabajo), reducción del consumo, la reestructuración del espacio social (comunicación, movilidad, el ocio etc.) o la reconceptualización de los valores y el bienestar (alejados del materialismo consumista y en términos de vidas sostenibles, que “merezcan ser vividas” -cómo dice alguna de las propuestas dentro de la economía feminista-.


Pero... ¿cómo se trae esto a la práctica? Hay pequeñas acciones que pueden ayudar a este cambio, los cuales pasan por aplicar estas “8 R” en el ámbito cotidiano. Así pues, son necesarios los pequeños cambios para generar procesos a nivel colectivo. Cómo expone bien Carlos Taibo: “Tenemos que actuar colectivamente, pero difícilmente iremos a modificar las cosas si en nuestra vida cotidiana no somos capaces de introducir estos valores que reivindicamos para el futuro.”

El decrecimiento: más alla de crecimiento sostenible

de Cuadernos CyJ  nº202 de Joan Carrera -
Adaptado por Jesús
El sujeto se ha acostumbrado a elaborar ciencia mediante la experimentación científica y técnica poseyendo, dominando y transformando las cosas. Por ello, el ser humano y las cosas han dejado así de tenderse amigablemente la mano para pasar a enfrentarse. Y así, se pasa a la idea de crecimiento ilimitado y a la disponibilidad infinita del planeta. Pero las dificultades vienen aún más, cuando este paradigma domina la economía y la política, ya que la economía asume todo desarrollo tecnológico en función del rédito que se puede obtener, sin prestar atención a las consecuencias negativas para el ser humano.

Veamos este asunto éticamente.:
Una norma ética es que las acciones que afectan a la naturaleza tienen que ser éticamente universalizables. Simplemente se trata de preguntarse, cuando actuamos, qué sucederia si toda la humanidad realizase las acciones de la misma manera e intensidad que nosotros. Creemos que este imperativo pondria en cuestion las actuales pautas de consumo de los paises ricos y muchas de las pautas de explotacion de los recursos naturales. Por ejemplo, si el consumo de papel de toda la poblacion china tuviese un consumo similar al de los Estados Unidos, pues nos obligaria a talar casi la totalidad de bosques del planeta. 


El discurso de la sostenibilidad fue introducido en el movimiento ecologista  hace años y ahora es criticado por su poca radicalidad. Por eso, ha llegado la hora de aceptar cierto decrecimiento en algunas partes del mundo aportando recursos para que se pueda crecer sanamente en otras partes.
La encíclica Laudato sí señala al antropocentrismo (el ego como centro) desmesurado de nuestra época como una de las raíces profundas de la problemática ecológica.  Y nos acusa de que seguimos pensando y actuando en los términos y engaños inocentes, propuestos por la fábula de las abejas de Mandeville, que ya en el s. XVIII explica que una sociedad no puede al mismo tiempo tener moralidad y prosperidad, y que el vicio, entendido como la búsqueda de su propio interés, es la condición de la prosperidad. El argumento de la obra desarrolla de forma satírica la tesis de la utilidad social del egoísmo. Su tesis principal es que en las acciones de los hombres, los vicios privados contribuyen al bien público mientras que las acciones altruistas pueden en realidad destruirlo. Por ejemplo, en el dominio económico, afirma que un libertino vive con vicio, pero «su prodigalidad da trabajo a los sastres, servidores, perfumistas, cocineros y mujeres de mala vida, quienes a su vez dan trabajo a panaderos, carpinteros, etcétera». Así pues, la rapacidad y la violencia del libertino benefician a la sociedad en general.
Nuestra sociedad fomenta un estilo de vida que no tiene sentido sin símbolos de posesión y de estatus: electrodomésticos, un tipo de vivienda, de vehículo, manera de disfrutar del tiempo libre, … Apreciar unas dimensiones de la felicidad, de una manera más relacionales y no tan ligadas a la posesión, nos llevaría a aprender a vivir de una manera más austera y sobria. En otras palabras, vivir más sencillamente para que otros puedan vivir.
De la interdependencia se deriva otro valor: la compasión hacia los otros seres vivos y la responsabilidad humana de cuidar de los más vulnerables, ya sean humanos ya sea el resto de seres vivos. 
Se ha de unir más estrechamente la cuestión social y la ecológica, el clamor de la tierra y el clamor de los pobres. La encíclica mencionada habla de ecología integral para unir todas las dimensiones de la problemática ecológica. Este punto de vista implica sacar las consecuencias del destino común de los bienes de la tierra. En otras palabras, cuestiona la propiedad privada, como ya hace la moral social, e incorpora a las generaciones futuras, ampliando así la solidaridad para con ellas.
Vale la pena recordar algunos datos que ejemplifican la relación entre justicia y problemática ecológica. Recordemos aquí la noción de la deuda ecológica del Norte hacia el Sur, la biopiratería a los recursos de comunidades indígenas, …. 
La visión de la ecología integral remarca la unión de los diversos aspectos y lleva una crítica a las visiones reduccionistas del problema, que sólo se centran en algunos aspectos ecológicos. Un aspecto a no olvidar en este terreno de la justicia es la necesidad de preservar al máximo la biodiversidad, ya que esta puede convertirse claramente en un factor que nos ayude a sobrevivir en un futuro.
Estas reflexiones nos acercan a la capacidad de gozar con poco, a un retorno a la simplicidad. Este valor va radicalmente en contra del consumismo, que intenta llenar el vacío del corazón humano.
La sobriedad que se vive en libertad y consciencia es liberadora y no se puede vivir una feliz sobriedad si no se está en paz consigo mismo. Estamos hablando de una actitud de corazón, que vive todo con serena atención, que sabe estar plenamente presente ante alguien sin estar pensando en lo que viene después, que se entrega en cada momento como don que debe ser plenamente vivido. Raimon Panikkar en “Elogio de la sencillez” viene a advertir que el estilo de los monjes no es algo ajeno a la vida de la sociedad, sino que también es un reclamo para ponerlo en práctica fuera de loa monasterios. El autor aboga por la recuperación de la dimensión monástica, el monje como arquetipo universal.

Decrecimiento y mujeres

 (adaptado por Esperanza) - Colectivo de iguales

 Se trata de una síntesis de un capitulo del libro de Carlos Taibo “ Decrecimientos” Lo que hay que cambiar en la vida cotidiana”, este capítulo de YAYO  HERRERO.
 
 
 
1.- Trabajo de cuidados.  Son todos los trabajos  destinados a satisfacer las necesidades del grupo, su supervivencia y reproducción y que son una seria de actividades complejas y continuadas necesarias para la existencia de la vida humana y que de forma mayoritaria son realizados por las mujeres. A este trabajo se le llama “sus labores”, “trabajo domestico”.

Tenemos que decir que no solo debemos pensar en pequeños, niños y niñas sino en personas mayores, que tienen alguna discapacidad y que no pueden cuidar de sí mismas. La atención de esta población dependiente es asumida mayormente por mujeres. Estos trabajos generan una materia prima  esencial para el proceso económico convencional: la fuerza de trabajo. La reproducción y los cuidados diarios requieren una cantidad de tiempo y de energía que el sistema no puede remunerar.
Solo la gran cantidad de tiempo y de trabajo domestico y de cuidados que se desarrolla en el mundo invisible de lo no monetarizado hace posible que el sistema económico siga funcionando- De esta manera la economía del cuidado, sostiene la trama de la vida social humana y esto constituye la basa del sistema económico. Pero para el mercado no existen la interminable lista de trabajo que implica para la mayoría de las mujeres: Que los 365 días del año hay  hacer comida 3 veces al día, cuidar a los bebes, dar la medicación en la enfermedad, atender a los ancianos dependientes, hablar con los tutores de los hijos, parir, amamantar, mediar en las discusiones, ordenar armarios, relacionarse con la vecindad…  Todo este trabajo invisible para el mercado, es lo que sostiene la trama de la vida social humana. Toda esta ingente carga de trabajo  entre otras cosas ha llevado a la mujer en las últimas décadas a cuestionar este modelo de reparto de las tareas de cuidado, apareciendo una Crisis de cuidados.
 
2.- Crisis de los cuidados.- Esto es el resultado de la confluencia de un conjunto de factores, entre los que destaca el acceso de las mujeres a un empleo remunerado, dentro de un sistema patriarcal. Cuando la mujer tiene una independencia económica, el trabajo gratuito que antes realizaba, pasa a verse como una atadura del pasado de la que hay que huir. Sin embargo no son tareas que puedan dejar de hacerse. Y el paso de las mujeres al mundo publico laboral no se ha visto acompañado de un reparto d la actividad demestica por los varones,  Y la mujer siegue asumiendo dobles o triples jornadas laborales pero es incapaz de ver el desorden en su casa, y si no la ordena suele tener sensación de culpa.
 
Dado que la mayor parte de la población vivimos en ciudades, esto complica la situación, porque tenemos menos tiempo, al dedicar horas a los desplazamientos, no hay espacios seguros para los niños, que tienen que estar acompañados o no pueden ir solos al colegio,,,  también vivimos mas y hay mas años de ancianidad y dependencia, Todo esto, y además  la pérdida de redes sociales y las lejanías en las familias hace que todo este trabajo de la cotidianidad de la vida, sea solucionado de forma individualizada con las dificultades que esto supone. También repercute la crisis económica y el deterioro de los servicios públicos que podían facilitar la cotidianidad del trabajo de cuidados, facilitando guarderías, enseñanza primaria unidades de día, residencias para dependientes, parques, bibliotecas,.. y todo ello suficiente y cercano al hogar.
 
Aquellas mujeres  solventes económicamente compran en el mercado los servicios domésticos de otras mujeres que tienen que abandonar a veces los de su propio hogar para atender el  hogar de otras, realizando este trabajo, con fuerte precariedad laboral. Vemos la función de las mujeres emigrantes en este trabajo de cuidados. Ellas sufren horarios prolongados y viven a veces en  condiciones muchas de cuasi esclavitud. El estado regula algunas ayudas sociales pero son insuficientes y deja este sector en manos de la empresa privada (guarderías, residencias….). Como vemos esta crisis de cuidados y las soluciones que el estado da, perpetua la crisis con la división sexual del trabajo y agravando las diferencias socioeconómicas que acaban generando un nuevo “lumpen” femenino.
 
 
3.- Deuda ecológica y deuda de cuidaos.- Podemos hacer un paralelismo entre deuda ecológica que es la que tienen los países ricos con los empobrecidos. Esto se mide a través de la huella ecológica y es cuantificar en unidades de superficie, lo que los habitantes de los distintos países necesitan para vivir. Un ejemplo: si toda la humanidad viviera como vivimos en España se necesitarían tres planeta. Tierra para poder mantener nuestra forma de vivir. De igual manera podemos decir que la huella de cuidados de las mujeres  es un indicador que evidencia el desigual impacto que tiene en el mantenimiento y calidad de la vida, la dedicación a ello, de las mujeres y de los hombres. La huella de cuidados es la relación entre  el tiempo, el afecto y la energía humana que las personas necesitan para atender sus necesidades reales ( Cuidados básicos, cariño, tareas asociadas a la reproducción… ) La deuda de cuidados es la que tiene contraída el patriarcado con las mujeres de todo el mundo, por el trabajo que realizan gratuitamente. Esto es objeto de denuncia de un orden social basado en la explotación de las mujeres. 
 
4,. Colocar la vida en el centro. Cambiar las prioridades.- La economía feminista pone patas arriba la categoría del trabajo, desvelando la centralidad de la actividad de las mujeres que, históricamente minusvalorada e invisibilizada sostiene la vida cotidiana. Las mujeres son por todo lo referido anteriormente muy importantes. Son personas muy activas, creadoras de cultura y de valores de trabajo pero distintos del modelo capitalista. El trabajo doméstico es un trabajo necesario dotados de un sentido vital, es un trabajo “con sentido” alejado de la alienación y el extrañamiento de muchos de los trabajos mercantiles. Hay un trabajo que es para la vida y un trabajo que es para el mercado y si no encajan siempre se prioriza el trabajo del mercado. Los trabajos de uso como es llevar un niño al colegio, no tiene valor de cambio en el mercado y no persigue un aumento constante de la productividad.

Entrevista a Carlos Taibo: el decrecimiento es el futuro

Entrevista a Carlos Taibo por  Rosae Martín  (Jesús)
No podemos seguir produciendo a costa de los recursos limitados del planeta, de los ciudadanos del Tercer Mundo o incrementando el cambio climático. Decrecer es necesario y supone un cambio de valores, como desarrolla Carlos Taibo en su libro 'En defensa del decrecimiento' (Editorial Catarata) y en la publicación “El decrecimiento es el futuro”. Carlos Taibo, profesor de Ciencia Política en la UAM. La crisis existente se centra en la economía, pero no es la más importante a la que asistimos.


-¿Qué hay más allá del descalabro financiero?
 
-Creo que hay como poco otras tres crisis importantes.
La primera se llama cambio climático, que es un proceso ya activo que no tiene ninguna consecuencia saludable. La segunda es el encarecimiento inevitable en el corto y medio plazo de la mayoría de las materias primas energéticas que empleamos y la tercera y última, por dejar las cosas ahí, es la sobrepoblación que afecta a buena parte del planeta. La crisis financiera es la única que interesa a nuestros medios de comunicación y a nuestros gobernantes y creo que se ha traducido en un retroceso visible en el tratamiento de las otras tres. Algo que me aconseja concluir que el escenario es realmente muy delicado.

-¿Por qué afirma que “desde la economía oficial se confunden interesadamente crecimiento y bienestar” y por qué considera falsa esa afirmación?
 
-Uno de los grandes mitos de la economía oficial es el del crecimiento. La economía oficial dice que el crecimiento genera cohesión social, que facilita el asentamiento de los servicios públicos y que dificulta el crecimiento del desempleo y de la desigualdad. A mí me parece que sobran las razones para cuestionar todo esto. El crecimiento económico no provoca necesariamente cohesión social, y se traduce a menudo en agresiones medioambientales literalmente irreversibles, facilita el agotamiento de recursos escasos que no van a estar a disposición de las generaciones venideras y nos sitúa en un marco de un modo de vida esclavo que nos aconseja concluir que seremos más felices cuantos más bienes acertemos a consumir. Todas estas “verdades” merecen ser cuestionadas hipercríticamente.


-¿Qué efectos negativos planetarios ha tenido el crecimiento del mundo occidental?
 
-El crecimiento del mundo occidental se ha traducido en dos circunstancias importantes que tienen que ver, no ya con el crecimiento, sino con el propio capitalismo. La primera nos habla de un sistema incapaz de resolver los problemas vitales de la mayoría de los habitantes del planeta. Y la segunda se refiere al despliegue de procedimientos de agresión contra la naturaleza que ponen en peligro la vida de la especie humana y de las demás especies. Con ello no estoy afirmando que en todo momento el crecimiento haya sido un factor negativo.


-Asegura que “el crecimiento en los países del Norte propicia el asentamiento de un modo de vida esclavo”, ¿por qué?
 
-Porque nos invita a concluir que vamos a ser más felices cuantas más horas trabajemos, más dinero ganemos y más bienes acertemos a consumir. En el libro me refiero a los tres pilares de esta sinrazón: el primero es la publicidad que nos obliga a comprar lo que no necesitamos, el segundo es el crédito que nos permite conseguir los recursos aún cuando carezcamos formalmente de ellos, y el tercero y último es la caducidad, los bienes están programados para que dejen de servir en un periodo de tiempo muy breve y nos veamos en la obligación de adquirir otros nuevos.


-Entonces, ¿el decrecimiento trae consigo un modo de vida más libre, basada en el principio de “Trabajar menos para trabajar todos”?
 
-Al menos puede traerlo. Nos invita a liberarnos de determinadas ataduras y a ser más conscientes de lo que hacemos. La apuesta de quienes defendemos el decrecimiento es generar un escenario en el que trabajando menos, consumiendo menos, y dedicando más tiempo a la vida social, la calidad de nuestra vida se acreciente sensiblemente. Acrecentaría el tiempo dedicado a la vida social, en detrimento del consumo, la producción o la competición. El decrecimiento implicaría la gestación de fórmulas de ocio creativo, acarrearía el reparto del trabajo -que es una vieja demanda sindical que ha ido cayendo en el olvido-, nos obligaría a reducir el tamaño de mastodónticas infraestructuras de transporte y de comunicación, permitiría un vuelco sobre lo local en vez de sobre lo global y reclamaría una relación de simplicidad voluntaria y de sobriedad que creo que cada vez falta más entre nosotros. Lo que tenemos que hacer desde el principio es preguntarnos si la vida que llevamos en sociedades marcadas por el trabajo y por el consumo es realmente la vida que nos gusta.


-Eso supone un importante cambio de mentalidad...
 
-Claro. Más que dificultades técnicas o tecnológicas en el decrecimiento -que no las aprecio, y en cualquier caso serían menores que las vinculadas con los proyectos de crecimiento-, creo que lo que implicaría sería un cambio de chip mental que tendría que ser radical. Aprender a relacionarnos con los restantes seres humanos y con la naturaleza de manera diferente.


-Pero, ¿cree que las empresas dejarían de producir por sí mismas, a menos que los ciudadanos dejemos de consumir?
-Creo que deberíamos dejar de consumir por un lado, y por otro ejercer presión para que aquellas empresas que se dedican a producir bienes lesivos para la naturaleza dejen de hacerlo. En cualquier caso nuestra apuesta tiene que ser por cerrar parte de la actividad en industrias como la automovilística, la militar, la de la aviación, la de la construcción o la de la publicidad, por proponer cinco ejemplos. Alguien se preguntará, ¿qué hacemos con los millones de trabajadores que en la UE quedarían en desempleo de resultas de lo anterior? Pues por un lado colocarlos en una economía social y medioambiental que tiene que crecer y por el otro repartir el trabajo en los sectores económicos que permanecerían sobre el terreno.


-¿El dinero tiene que volver a tomar cariz humano, social y medioambiental?
 
-Supongo que a la larga nuestro propósito sería abolir el dinero, pero si en sociedades complejas tenemos que seguir utilizando estos instrumentos, en efecto, habría que dedicar no ya al dinero, sino al conjunto de las actividades económicas, una dimensión social y medioambiental mucho más grande de la que tienen hoy.


-Afirma que hay un tiempo para cambiar, que “si no decrecemos voluntariamente y racionalmente tendremos que hacerlo obligados por las circunstancias de carestía de la energía y el cambio climático”. ¿Qué supone hacerlo en uno u otro caso?
 
-Es claramente preferible -ya que tenemos que decrecer porque el planeta tiene sus límites-, hacerlo de manera consciente, racional, solidaria, social y ecológica, y no aguardar a que el capitalismo global que padecemos se desfonde y genere un caos de escala planetaria que por fuerza llevará aparejado un sufrimiento ingente para la mayoría de los habitantes del planeta. Creo que al final ese es el mensaje central, que empleo en el libro.


-Ante la crisis, ¿cuáles son los posibles escenarios futuros?

-Yo manejo dos escenarios distintos. Uno nos habla de un renacimiento de los movimientos de contestación, que probablemente van a ver cómo muchos de los mensajes aparentemente radicales que emitían, van a encontrar un mayor caldo de cultivo. El otro escenario lo llamo darwinismo social militarizado, y son fórmulas que recuerdan poderosamente a muchas de las políticas que abrazaron los nazis alemanes ochenta años atrás. Implican que desde algunos de los principales estamentos del poder político y económico -conscientes de la escasez general que se avecina-, se decida preservar esos recursos escasos en provecho de una escueta minoría de la población planetaria, de la mano de proyectos por fuerza violentos.

-¿De qué dependerá que se viva una u otra opción?
 
-En buena medida de nosotros, de nuestra lucidez a la hora de ser capaces de modificar las reglas del juego, de plantear en serio a los dirigentes políticos horizontes distintos de los que ellos mismos están defendiendo ahora. Eso sería ahora que tenemos tiempo, aunque empieza a faltarnos. De cualquier manera hay algunos datos incipientes que demuestran que los ciudadanos de a pie empiezan a percatarse de la sinrazón de nuestra actual forma de vida.

-Centrémonos en el segundo escenario. ¿Son posibles las revueltas de una sociedad descontenta, que quiere mantener sus privilegios y estado económico y expulsa  a los más pobres e indefensos?
 
-Creo que es perfectamente creíble que en ese escenario de darwinismo social militarizado se produzca lo que tú estás sugiriendo, y en realidad sospecho que muchas de las políticas que empiezan a emerger en los países ricos hunden sus raíces en proyectos de esa naturaleza. No es estrictamente preciso hablar de revueltas. Si uno presta atención a las nuevas leyes sobre inmigración que está aprobando la aparentemente civilizada UE, estará obligado a concluir que algo de esto se está cociendo.

-¿Podríamos incluso asistir a la extinción democrática?
 
-Es uno de los riesgos que está en el horizonte, o en su defecto una reducción dramática de nuestros derechos justificada legalmente sobre la base de procedimientos aparentemente democráticos. Creo que este es un horizonte perfectamente creíble en los países democráticos

-¿Cuál es su propuesta alternativa? ¿Necesitamos volver a una conducta colectiva, creando un movimiento en favor del decrecimiento?
 
-Tenemos necesidad de hacerlo, pero tenemos también la obligación de modificar nuestros hábitos cotidianos. Creo que una de las ideas del pasado que conviene cuestionar es la de que sólo vamos a transformar esto si actuamos de manera colectiva. Tenemos que actuar colectivamente, pero difícilmente vamos a modificar las cosas si en nuestra vida cotidiana no somos capaces de introducir esos valores que reivindicamos para el futuro.
Movimiento por el decrecimiento: Consumir menos para vivir mejor. Pretende ser una alternativa al modelo de crecimiento vigente, y promover una prosperidad estable, solidaria y duradera 
El movimiento por el decrecimiento trata de romper la teoría de que para ser feliz hay que consumir y producir más. Además, los defensores de esta teoría afirman, que el modelo económico actual persigue un crecimiento ilimitado a partir de recursos limitados y que producimos basura a un ritmo imposible de asumir por los ecosistemas.. 
EL CÍRCULO DE LAS 8Rs DE SERGE LATOUCHE

Todos los regímenes modernos, sean de la condición que sean, son “productivistas”, por ello un cambio radical se alza necesario: la revolución cultural es la alternativa.
 Así, Serge Latouche propone las 8Rs del decrecimiento:

Revaluar Vivimos de los viejos valores burgueses: honestidad, transmisión del saber, trabajo bien hecho… Pero, a la hora de la verdad, solo cuenta el dinero y la notoriedad dentro del marco de la “megalomanía individualista, del rechazo de la moral, de la comodidad y el egoísmo”. Hace falta recuperar a cualquier precio valores como la preocupación por la verdad, el sentido de justicia, la responsabilidad, el respeto por la democracia, el elogio de la diferencia, la solidaridad o la vida del espíritu. 
Reconceptualizar El desarrollo sacrifica tanto a la sociedad como a su bienestar en favor de los “empresarios del desarrollo”, las firmas multinacionales, los dirigentes políticos, los tecnócratas y las mafias. Según Illich y Dunpy, dice Serge Latouche, “la economía, apropiándose de la naturaleza y haciendo de ella una mercancía, transforma la abundancia natural en escasez a través de la creación artificial de la carencia y la necesidad”. Se trata de hacer un cambio de valores que reconduzcan hacia una mirada diferente sobre la realidad. En este sentido, reconceptualizar la riqueza en relación a la pobreza o la escasez sobre la abundancia.
 Reestructurar Significa adaptar el aparato de producción y las relaciones sociales a los nuevos valores. También apunta a la cuestión de la salida del capitalismo. Redistribuir Tiene un doble efecto positivo en la reducción del consumo: por un lado, de forma directa, reduciendo el poder y los medios de la “clase consumidora mundial” y, muy particularmente, de la oligarquía de los grandes depredadores; por otro, de maera indirecta, disminuyendo la invitación al consumo ostentoso. El Norte ha adquirido una enorme deuda con el Sur que haría falta reembolsar, pero no tanto en concepto de donaciones sino por medio de una disminución de las explotaciones en territorio tercermundista. La impronta ecológica es un buen instrumento para determinar los derechos de explotación de cada cual.
 Relocalizar Serge Latouche se refiere con ello a producir localmente, a través de empresas locales, los bienes esenciales para satisfacer las necesidades de la población. Si bien las ideas tienen que ignorar las fronteras, los movimientos de mercancías y de capitales se tienen que limitar a lo indispensable, se debe recuperar el anclaje territorial.
Reducir Disminuir, en primer lugar, el impacto en la biosfera de nuestra manera de producir y consumir. También las horas de trabajo y el consumo sanitario, especialmente en cuanto a los medicamentos; así como el turismo de masas: el deseo de viajar y el gusto por la aventura están inscritos en el corazón humano, pero la industria ha convertido este deseo en consumo mercantil destructor del medio ambiente. 
Reciclar Aprender a reciclar los recursos disponibles y combatir la obsolescencia programada. 
Reutilizar Y un poco lo que describe Latouche es lo que cuenta Charles Chaplin en su Film del año 1936 Tiempos modernos: Tiempos Modernos
Y aquí cabe recordar la paradoja de Jevons quien describe que a medida que el perfeccionamiento tecnológico aumenta la eficiencia con la que se usa un recurso, es más probable un aumento del consumo de dicho recurso que una disminución. Concretamente, la paradoja de Jevons implica que la introducción de tecnologías con mayor eficiencia energética pueden, a la postre, aumentar el consumo total de energía-
Carlos Taibo también nos dice sobre decrecimiento que cualquier propuesta del capitalismo en el mundo opulento del siglo XXI tiene que ser por definición decrecentista, autogestionaria y antipatriarcal y si le falta alguno de estos tres pivotes es de temer que le hace el juego al sistema que dice contestar:_