Entrevista a Carlos Taibo: el decrecimiento es el futuro

Entrevista a Carlos Taibo por  Rosae Martín  (Jesús)
No podemos seguir produciendo a costa de los recursos limitados del planeta, de los ciudadanos del Tercer Mundo o incrementando el cambio climático. Decrecer es necesario y supone un cambio de valores, como desarrolla Carlos Taibo en su libro 'En defensa del decrecimiento' (Editorial Catarata) y en la publicación “El decrecimiento es el futuro”. Carlos Taibo, profesor de Ciencia Política en la UAM. La crisis existente se centra en la economía, pero no es la más importante a la que asistimos.


-¿Qué hay más allá del descalabro financiero?
 
-Creo que hay como poco otras tres crisis importantes.
La primera se llama cambio climático, que es un proceso ya activo que no tiene ninguna consecuencia saludable. La segunda es el encarecimiento inevitable en el corto y medio plazo de la mayoría de las materias primas energéticas que empleamos y la tercera y última, por dejar las cosas ahí, es la sobrepoblación que afecta a buena parte del planeta. La crisis financiera es la única que interesa a nuestros medios de comunicación y a nuestros gobernantes y creo que se ha traducido en un retroceso visible en el tratamiento de las otras tres. Algo que me aconseja concluir que el escenario es realmente muy delicado.

-¿Por qué afirma que “desde la economía oficial se confunden interesadamente crecimiento y bienestar” y por qué considera falsa esa afirmación?
 
-Uno de los grandes mitos de la economía oficial es el del crecimiento. La economía oficial dice que el crecimiento genera cohesión social, que facilita el asentamiento de los servicios públicos y que dificulta el crecimiento del desempleo y de la desigualdad. A mí me parece que sobran las razones para cuestionar todo esto. El crecimiento económico no provoca necesariamente cohesión social, y se traduce a menudo en agresiones medioambientales literalmente irreversibles, facilita el agotamiento de recursos escasos que no van a estar a disposición de las generaciones venideras y nos sitúa en un marco de un modo de vida esclavo que nos aconseja concluir que seremos más felices cuantos más bienes acertemos a consumir. Todas estas “verdades” merecen ser cuestionadas hipercríticamente.


-¿Qué efectos negativos planetarios ha tenido el crecimiento del mundo occidental?
 
-El crecimiento del mundo occidental se ha traducido en dos circunstancias importantes que tienen que ver, no ya con el crecimiento, sino con el propio capitalismo. La primera nos habla de un sistema incapaz de resolver los problemas vitales de la mayoría de los habitantes del planeta. Y la segunda se refiere al despliegue de procedimientos de agresión contra la naturaleza que ponen en peligro la vida de la especie humana y de las demás especies. Con ello no estoy afirmando que en todo momento el crecimiento haya sido un factor negativo.


-Asegura que “el crecimiento en los países del Norte propicia el asentamiento de un modo de vida esclavo”, ¿por qué?
 
-Porque nos invita a concluir que vamos a ser más felices cuantas más horas trabajemos, más dinero ganemos y más bienes acertemos a consumir. En el libro me refiero a los tres pilares de esta sinrazón: el primero es la publicidad que nos obliga a comprar lo que no necesitamos, el segundo es el crédito que nos permite conseguir los recursos aún cuando carezcamos formalmente de ellos, y el tercero y último es la caducidad, los bienes están programados para que dejen de servir en un periodo de tiempo muy breve y nos veamos en la obligación de adquirir otros nuevos.


-Entonces, ¿el decrecimiento trae consigo un modo de vida más libre, basada en el principio de “Trabajar menos para trabajar todos”?
 
-Al menos puede traerlo. Nos invita a liberarnos de determinadas ataduras y a ser más conscientes de lo que hacemos. La apuesta de quienes defendemos el decrecimiento es generar un escenario en el que trabajando menos, consumiendo menos, y dedicando más tiempo a la vida social, la calidad de nuestra vida se acreciente sensiblemente. Acrecentaría el tiempo dedicado a la vida social, en detrimento del consumo, la producción o la competición. El decrecimiento implicaría la gestación de fórmulas de ocio creativo, acarrearía el reparto del trabajo -que es una vieja demanda sindical que ha ido cayendo en el olvido-, nos obligaría a reducir el tamaño de mastodónticas infraestructuras de transporte y de comunicación, permitiría un vuelco sobre lo local en vez de sobre lo global y reclamaría una relación de simplicidad voluntaria y de sobriedad que creo que cada vez falta más entre nosotros. Lo que tenemos que hacer desde el principio es preguntarnos si la vida que llevamos en sociedades marcadas por el trabajo y por el consumo es realmente la vida que nos gusta.


-Eso supone un importante cambio de mentalidad...
 
-Claro. Más que dificultades técnicas o tecnológicas en el decrecimiento -que no las aprecio, y en cualquier caso serían menores que las vinculadas con los proyectos de crecimiento-, creo que lo que implicaría sería un cambio de chip mental que tendría que ser radical. Aprender a relacionarnos con los restantes seres humanos y con la naturaleza de manera diferente.


-Pero, ¿cree que las empresas dejarían de producir por sí mismas, a menos que los ciudadanos dejemos de consumir?
-Creo que deberíamos dejar de consumir por un lado, y por otro ejercer presión para que aquellas empresas que se dedican a producir bienes lesivos para la naturaleza dejen de hacerlo. En cualquier caso nuestra apuesta tiene que ser por cerrar parte de la actividad en industrias como la automovilística, la militar, la de la aviación, la de la construcción o la de la publicidad, por proponer cinco ejemplos. Alguien se preguntará, ¿qué hacemos con los millones de trabajadores que en la UE quedarían en desempleo de resultas de lo anterior? Pues por un lado colocarlos en una economía social y medioambiental que tiene que crecer y por el otro repartir el trabajo en los sectores económicos que permanecerían sobre el terreno.


-¿El dinero tiene que volver a tomar cariz humano, social y medioambiental?
 
-Supongo que a la larga nuestro propósito sería abolir el dinero, pero si en sociedades complejas tenemos que seguir utilizando estos instrumentos, en efecto, habría que dedicar no ya al dinero, sino al conjunto de las actividades económicas, una dimensión social y medioambiental mucho más grande de la que tienen hoy.


-Afirma que hay un tiempo para cambiar, que “si no decrecemos voluntariamente y racionalmente tendremos que hacerlo obligados por las circunstancias de carestía de la energía y el cambio climático”. ¿Qué supone hacerlo en uno u otro caso?
 
-Es claramente preferible -ya que tenemos que decrecer porque el planeta tiene sus límites-, hacerlo de manera consciente, racional, solidaria, social y ecológica, y no aguardar a que el capitalismo global que padecemos se desfonde y genere un caos de escala planetaria que por fuerza llevará aparejado un sufrimiento ingente para la mayoría de los habitantes del planeta. Creo que al final ese es el mensaje central, que empleo en el libro.


-Ante la crisis, ¿cuáles son los posibles escenarios futuros?

-Yo manejo dos escenarios distintos. Uno nos habla de un renacimiento de los movimientos de contestación, que probablemente van a ver cómo muchos de los mensajes aparentemente radicales que emitían, van a encontrar un mayor caldo de cultivo. El otro escenario lo llamo darwinismo social militarizado, y son fórmulas que recuerdan poderosamente a muchas de las políticas que abrazaron los nazis alemanes ochenta años atrás. Implican que desde algunos de los principales estamentos del poder político y económico -conscientes de la escasez general que se avecina-, se decida preservar esos recursos escasos en provecho de una escueta minoría de la población planetaria, de la mano de proyectos por fuerza violentos.

-¿De qué dependerá que se viva una u otra opción?
 
-En buena medida de nosotros, de nuestra lucidez a la hora de ser capaces de modificar las reglas del juego, de plantear en serio a los dirigentes políticos horizontes distintos de los que ellos mismos están defendiendo ahora. Eso sería ahora que tenemos tiempo, aunque empieza a faltarnos. De cualquier manera hay algunos datos incipientes que demuestran que los ciudadanos de a pie empiezan a percatarse de la sinrazón de nuestra actual forma de vida.

-Centrémonos en el segundo escenario. ¿Son posibles las revueltas de una sociedad descontenta, que quiere mantener sus privilegios y estado económico y expulsa  a los más pobres e indefensos?
 
-Creo que es perfectamente creíble que en ese escenario de darwinismo social militarizado se produzca lo que tú estás sugiriendo, y en realidad sospecho que muchas de las políticas que empiezan a emerger en los países ricos hunden sus raíces en proyectos de esa naturaleza. No es estrictamente preciso hablar de revueltas. Si uno presta atención a las nuevas leyes sobre inmigración que está aprobando la aparentemente civilizada UE, estará obligado a concluir que algo de esto se está cociendo.

-¿Podríamos incluso asistir a la extinción democrática?
 
-Es uno de los riesgos que está en el horizonte, o en su defecto una reducción dramática de nuestros derechos justificada legalmente sobre la base de procedimientos aparentemente democráticos. Creo que este es un horizonte perfectamente creíble en los países democráticos

-¿Cuál es su propuesta alternativa? ¿Necesitamos volver a una conducta colectiva, creando un movimiento en favor del decrecimiento?
 
-Tenemos necesidad de hacerlo, pero tenemos también la obligación de modificar nuestros hábitos cotidianos. Creo que una de las ideas del pasado que conviene cuestionar es la de que sólo vamos a transformar esto si actuamos de manera colectiva. Tenemos que actuar colectivamente, pero difícilmente vamos a modificar las cosas si en nuestra vida cotidiana no somos capaces de introducir esos valores que reivindicamos para el futuro.
Movimiento por el decrecimiento: Consumir menos para vivir mejor. Pretende ser una alternativa al modelo de crecimiento vigente, y promover una prosperidad estable, solidaria y duradera 
El movimiento por el decrecimiento trata de romper la teoría de que para ser feliz hay que consumir y producir más. Además, los defensores de esta teoría afirman, que el modelo económico actual persigue un crecimiento ilimitado a partir de recursos limitados y que producimos basura a un ritmo imposible de asumir por los ecosistemas.. 
EL CÍRCULO DE LAS 8Rs DE SERGE LATOUCHE

Todos los regímenes modernos, sean de la condición que sean, son “productivistas”, por ello un cambio radical se alza necesario: la revolución cultural es la alternativa.
 Así, Serge Latouche propone las 8Rs del decrecimiento:

Revaluar Vivimos de los viejos valores burgueses: honestidad, transmisión del saber, trabajo bien hecho… Pero, a la hora de la verdad, solo cuenta el dinero y la notoriedad dentro del marco de la “megalomanía individualista, del rechazo de la moral, de la comodidad y el egoísmo”. Hace falta recuperar a cualquier precio valores como la preocupación por la verdad, el sentido de justicia, la responsabilidad, el respeto por la democracia, el elogio de la diferencia, la solidaridad o la vida del espíritu. 
Reconceptualizar El desarrollo sacrifica tanto a la sociedad como a su bienestar en favor de los “empresarios del desarrollo”, las firmas multinacionales, los dirigentes políticos, los tecnócratas y las mafias. Según Illich y Dunpy, dice Serge Latouche, “la economía, apropiándose de la naturaleza y haciendo de ella una mercancía, transforma la abundancia natural en escasez a través de la creación artificial de la carencia y la necesidad”. Se trata de hacer un cambio de valores que reconduzcan hacia una mirada diferente sobre la realidad. En este sentido, reconceptualizar la riqueza en relación a la pobreza o la escasez sobre la abundancia.
 Reestructurar Significa adaptar el aparato de producción y las relaciones sociales a los nuevos valores. También apunta a la cuestión de la salida del capitalismo. Redistribuir Tiene un doble efecto positivo en la reducción del consumo: por un lado, de forma directa, reduciendo el poder y los medios de la “clase consumidora mundial” y, muy particularmente, de la oligarquía de los grandes depredadores; por otro, de maera indirecta, disminuyendo la invitación al consumo ostentoso. El Norte ha adquirido una enorme deuda con el Sur que haría falta reembolsar, pero no tanto en concepto de donaciones sino por medio de una disminución de las explotaciones en territorio tercermundista. La impronta ecológica es un buen instrumento para determinar los derechos de explotación de cada cual.
 Relocalizar Serge Latouche se refiere con ello a producir localmente, a través de empresas locales, los bienes esenciales para satisfacer las necesidades de la población. Si bien las ideas tienen que ignorar las fronteras, los movimientos de mercancías y de capitales se tienen que limitar a lo indispensable, se debe recuperar el anclaje territorial.
Reducir Disminuir, en primer lugar, el impacto en la biosfera de nuestra manera de producir y consumir. También las horas de trabajo y el consumo sanitario, especialmente en cuanto a los medicamentos; así como el turismo de masas: el deseo de viajar y el gusto por la aventura están inscritos en el corazón humano, pero la industria ha convertido este deseo en consumo mercantil destructor del medio ambiente. 
Reciclar Aprender a reciclar los recursos disponibles y combatir la obsolescencia programada. 
Reutilizar Y un poco lo que describe Latouche es lo que cuenta Charles Chaplin en su Film del año 1936 Tiempos modernos: Tiempos Modernos
Y aquí cabe recordar la paradoja de Jevons quien describe que a medida que el perfeccionamiento tecnológico aumenta la eficiencia con la que se usa un recurso, es más probable un aumento del consumo de dicho recurso que una disminución. Concretamente, la paradoja de Jevons implica que la introducción de tecnologías con mayor eficiencia energética pueden, a la postre, aumentar el consumo total de energía-
Carlos Taibo también nos dice sobre decrecimiento que cualquier propuesta del capitalismo en el mundo opulento del siglo XXI tiene que ser por definición decrecentista, autogestionaria y antipatriarcal y si le falta alguno de estos tres pivotes es de temer que le hace el juego al sistema que dice contestar:_

Finde otoño 2018. el decrecimiento 1

Esperanza Morales - Findes de espiritualidad

Tema del  próximo encuentro de “entre iguales” en el finde de 27/28 de Octubre. A modo de introducción al tema.
 
·        Queridos amigos, este escrito responde a la petición de Jesús de escribir una introducción sobre el tema que nos va a ocupar, el próximo encuentro del grupo “entre iguales” para según sus palabras tratar de “acotarlo”; y así me comprometí en la reunión de la “comisión de preparación”  de nuestro encuentro en octubre.
 
·        Quería deciros que desde hace un tiempo este concepto de “decrecimiento” me viene rondando en mi pensamiento y en mi manera de vivir la cotidianidad de la vida, y este tema fue mi propuesta a la comisión para nuestro próximo encuentro y fue dado por bueno..
 
 

·        Quiero empezar recordando lo que Jesús repite con frecuencia, que nuestros encuentros no son de debate sobre los temas que elegimos , sino para reflexionar y pensar como tenemos incorporados los temas que hemos tratado en nuestras vidas y que nos sugieren los mismos en la profundidad de nuestro ser. Es lo vivido sobre todo lo que queremos compartir.
 
·         Y pensando y pensando sobre esto me surge una pregunta.
 
·        El concepto de decrecimiento lo tenemos incorporado en nuestra vida?
 
·        Para ir desmenuzando esta pregunta, os tengo que hablar de mí misma.
 
·        No me enfrento a este concepto de decrecimiento como un slogan de izquierdas , o como una palabra a incorporar a mi a veces falaz y manoseado vocabulario progresista, sin una reflexión  personal y sin pasarlo por mi propio filtro para saber que el significado de esta palabra si viene desde lo profundo de mi ser se convierte en una poderosa idea de transformación personal y por añadidura de transformación también de mi entorno cercano y lejano
 
·        Yo contesto a la pregunta señalada anteriormente, que como sociedad, no lo tenemos fácil, ese concepto de decrecimiento en nuestra sociedad occidental no está incorporado en nuestra mente, porque no está en nuestro imaginario  colectivo. Nos resulta incómoda la palabra, está asociada a la pobreza y el atraso, a la perdida
 
·         Y por que ?
 
·        Porque la teoría del decrecimiento de llevarse a cabo por una mayoría social, es el final irremediable del “capitalismo” es lo que termina con él de manera sencilla y pacífica.
 
·        Me admiro que una palabra tan simple y poco atractiva como es DECRECER  (hacerse pequeño, perder tamaño….) pueda ser tan revolucionaria y pueda cambiar el paradigma  tan pomposo, tramposo y engañoso como es el CRECIMIENTO  que nos ofrece el capitalismo rampante que tanto daño  ha producido  a la humanidad  y a nuestra madre tierra.
 
·        Decrecer para ser feliz, Si, amigos decrecer para ser felices…. Esto es difícil de explicar  pero se puede y lo habréis visto en los escritos de hombre y mujeres  que nos ayudan con sus análisis y estudios  hacer un cuerpo teórico magnifico para tirar por tierra el  llamado crecimiento de nuestro sistema ideológico  capitalista del que todos formamos parte y todos mantenemos.
 
·        A veces en un esfuerzo titánico individual, porque esas opciones personales, no te son fáciles, porque todo está pensado para convencerte de lo contrario, de que gastarte dinero en un centro comercial o cambiando de camiseta o tfs últimos modelos ( dinero que consigues invirtiendo infinitas horas de tu vida vendiendolas a precio de saldo ) es un signo de crecimiento y libertad. 
 
·        Si, el sistema de Crecer, Trabajar y Consumir es algo que llevamos en nuestros genes  a base de centenas y decenas de años de martilleo de la ideología dominante capitalista que así lo tiene estudiado planificado y trabajado para tener a toda la población mundial de aliada de su proyecto y que no es otro de que el  “hombre es un lobo para el hombre y el planeta una fuente de recursos para explotar”.
 
·        Y así estamos y así hemos llegado hasta nuestros días donde nos alertan de que este capitalismo nos lleva en una dirección equivocada y además a gran velocidad  (aquí recordareis el chascarrillo de nuestro amigo Pepe “el de los melones”  donde el piloto informa a los pasajeros. “he perdido la dirección de la nave, pero no hay que preocuparse porque viajamos a toda velocidad”
 
·        A lo que iba esta idea tan revolucionaria y tan poco vendible hoy día solo se hace atractiva con la presencia en el mundo de cada vez más personas sencillas que están felices con lo básico y ceden lo que les tienen en demasía, para que todos los hombres mujeres, niños y ancianos tengan lo necesario que por su dignidad de seres humanos les corresponde.
 
·        Queridos amigos este crecimiento dirigido por este capitalismo acumulativo tan voraz y depredador que se comporta como un criminal que arroja a una gran  parte de la humanidad  los  infiernos del hambre  (a la escalofriante cifre de 1/3 de la humanidad)  y al resto a la alienación y la entrega sin medida de su tiempo y de su fuerza de trabajo para saciar sus ansias de poder y de acumulación sin sentido.  El capitalismo es un criminal poderoso, astuto y con toda una experiencia técnica y científica que usa para la consecución de sus fines y ha perdido el sentido y la mirada compasiva a los males que produce a nuestra madre tierra y a los seres humanos y demás especies que habitamos en ella.
 
·        Dura tarea la del DECRECIMIENTO. Solo los aguerridos y valientes hombres y mujeres, jóvenes, ancianos y niños, que tengan la suerte de encontrar una fuerza espiritual y transformadora y un discernimiento que les acompañe para distinguir el bien del mal, separar el trigo de la cizaña, podrán iniciar un camino lento pero valiente y feliz, durante el tiempo que les haya concedido de estancia en este planeta tierra. Este planeta no es nuestro, viene de lejos y pertenece a todos los seres vivientes y a si  que en préstamo lo tenemos y hemos de cuidarlo y respetarlo con ese saber estar equilibrado y feliz que señala la teoría del decrecimiento-
 
                            Esperanza Morales.   Dos Hermanas 19 de sept.  2018

¡Liberémonos del crecimiento!

Florent Marcellesi, Ernest Urtasun y 7 eurodiputados más - eldiario.es

(AMP) La deuda pública sube en más de 3.000 millones en el segundo trimestre y supone el 98,1% del PIB

El pasado 17 de septiembre, más de 200 científicos de diversas disciplinas firmaron una carta abierta publicada en varios diarios europeos. En ésta, abogan por una ruptura con el modelo económico centrado en el crecimiento económico y la competitividad, y denuncian la devastación tanto a nivel ambiental (cambio climático, agotamiento de los ecosistemas, extinción de especies, ¡incluida la nuestra!) como a nivel social (explosión de desigualdades, pérdida de identidad...). Este texto firmado por economistas, expertos en derecho laboral, doctores en ciencias ambientales, sociólogos, epidemiólogos, etc.  precedió a una conferencia sobre el "post-crecimiento" celebrada en el Parlamento Europeo los dos días siguientes. Este evento, propiciado por los eurodiputados verdes y apoyado por eurodiputados de otros cuatro grupos políticos, tuvo como objetivo abrir la caja negra de los modelos económicos neoclásicos y crecentistas que sustentan la toma de decisiones políticas.

La conferencia también tenía como objetivo allanar el camino para liberar a Europa de las garras del crecimiento económico. Desde la década de 1970, la caída ha sido escalonada pero constante, y  la OCDE anunció en 2014 que el crecimiento de las economías de los países ricos sería de medio punto porcentual anual de aquí a 2050. Sin embargo, si "gobernar es planificar", como líderes políticos, es nuestro deber anticipar las implicaciones de este declive estructural y extraer las consecuencias para garantizar el interés general. De hecho, hoy en día, el pago de las pensiones y el desempleo, así como el reembolso de las deudas públicas y privadas (que son el doble de las públicas) se basan en el crecimiento. En nombre de la justicia y de la paz social, sería irresponsable no buscar alternativas a este estancamiento que, además, da alas a todos los extremos.

A este respecto, la conferencia "post-crecimiento", dirigida a representantes de instituciones europeas y nacionales, ONG, grupos de reflexión y universidades, reveló diversos obstáculos y oportunidades. En primer lugar, está claro que el bagaje cultural del establishment se nutre de la teoría económica neoclásica y del dogma del crecimiento. Esto, junto a la ignorancia de enfoques alternativos y de otras ciencias ambientales, es un obstáculo para la comprensión de nuevos paradigmas que están mucho más adaptados al siglo XXI. De ahí la necesidad de multiplicar los espacios de encuentro entre las diferentes disciplinas científicas y las diferentes corrientes del pensamiento económico.

Pero para ello necesitamos superar, de una vez por todas, las disputas terminológicas. El vocabulario utilizado por cada actor no debería ser ya un obstáculo. A pesar de que desacuerdos metodológicos y políticos hayan sido claramente identificados, es cierto que existe un deseo compartido de trabajar por el bien común. Dejemos, pues, de desesperarnos por el “crecimiento” o “decrecimiento” del Producto Interior Bruto (PIB) porque, si en algo estamos de acuerdo, es que el PIB no es un indicador del bienestar, ni tiene en cuenta los desarrollos sociales, tecnológicos y ecológicos actuales. Así pues, lo importante es que nuestras leyes y políticas públicas apunten y cumplan un objetivo claro: satisfacer las necesidades de la ciudadanía respetando los límites ecológicos del planeta. 

Un proyecto ante todo democrático 

En vista de estos debates, nosotras/os, los Verdes, compartimos las demandas de los científicos que piden la creación de una “comisión de investigación" en el Parlamento Europeo sobre la situación futura de post-crecimiento. Su objetivo sería evaluar las implicaciones del fin del crecimiento (que pronto dejará de ser tabú) en nuestro modelo económico y social e identificar los cambios organizativos y legislativos que vendrán en consecuencia. En este caso, compartimos la idea de convertir el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, que es la fuente de la consolidación fiscal permanente, en un pacto de Estabilidad y Bienestar. Éste es el espíritu que nos dio alas cuando, en 2011 y 2013, el Pacto fue reformado y endurecido precipitando, así, a los Estados miembros un poco más hacia la austeridad. Desafortunadamente, en ese momento, nuestras enmiendas destinadas a poner en igualdad de condiciones los objetivos presupuestarios por un lado y los objetivos ambientales y sociales por el otro no recibieron el apoyo necesario. 

Ya propusimos, en este marco y posteriormente en diferentes ocasiones (como en la asignación de los cientos de miles de millones de euros recaudados por el fondo "Juncker"), el uso de indicadores alternativos como los que miden las desigualdades o el uso de recursos naturales. También estamos de acuerdo con la propuesta de establecer en cada Estado miembro, también en la Comisión Europea, un Ministerio de la Transición. Sin embargo, debido a que la transición, de naturaleza transversal, afecta a todos los sectores políticos, este Ministerio debería supervisar a todos los demás ministerios. Además, debe ser capaz de realizar los arbitrajes necesarios trabajando siempre por el interés general, también teniendo en cuenta la equidad intergeneracional. 

Finalmente, añadimos una quinta demanda, un requisito previo: una transición socialmente justa que respete los límites del Planeta requiere la emancipación de las estructuras de poder de los grandes grupos de presión industriales y de los tenedores de capital que defienden sus intereses financieros a corto plazo. Y para que esto ocurra, la movilización activa y convencida de la ciudadanía, de los sindicatos, ONG, PYMEs y movimientos sociales es fundamental, pues este proyecto que defendemos es, ante todo, un proyecto democrático.

Decrecimiento: el fin de la división de la riqueza mundial

Riccardo Mastini - El Salto
 
Traducción de Isabel Pozas González

A día de hoy, unos 4.300 millones de personas —más del 60% de la población mundial— viven en una obreza debilitadora y luchan para sobrevivir con menos del equivalente a cinco dólares diarios —que es la media del umbral de la pobreza nacional en el hemisferio sur—. La mitad no tiene acceso a suficientes alimentos.

Y estos números han crecido sin parar durante las pasadas décadas.
Jason Hickel, un profesor de antropología experto en desarrollo global, empieza con estos datos su controvertido libro, The Divide:A Brief Guide to Global Inequality and Its Solutions (La división: una guía breve sobre la desigualdad social y sus soluciones), en el que desmiente meticulosamente y de una manera convincente el discurso de la ONU y de personas como Bill Gates y Steven Pinker. De hecho, aunque las buenas noticias nos llevan a creer que la pobreza en el mundo ha disminuido, la realidad es que los únicos lugares en los que lo ha hecho son China y el este de Asia. Y esos son algunos de los lugares del mundo en los que el Banco Mundial y el FMI no han impuesto el capitalismo de libre mercado, lo que permite a esos gobiernos dedicarse a políticas de desarrollo dirigidas desde el Estado y liberalizar sus economías gradualmente y bajo sus condiciones. 

Las agencias de desarrollo, organizaciones no gubernamentales y los gobiernos más poderosos del mundo alegan que la mala situación de los países pobres es un problema técnico que se puede solucionar acogiendo las instituciones y las políticas económicas correctas, trabajando duro y aceptando algunas ayudas. Como escribe Hickel: “Es una historia que nos resulta familiar y nos reconforta. Es la historia que todos, en un momento u otro, hemos creído y apoyado. Mantiene una industria de miles de millones de dólares y una multitud de ONG, organizaciones benéficas y fundaciones que luchan por acabar con la pobreza gracias a las ayudas y a la caridad”. Pero va contra el discurso que apunta Hickel. 

Favela de Rocinha, Río de Janerio Álvaro Minguito

El cambio de la desigualdad económica a lo largo de los siglos

El principal argumento que presenta en su libro es que el discurso de la ayuda desvía nuestra atención y no vemos la situación general. Oculta los patrones de extracción que causan de forma activa el empobrecimiento del hemisferio sur a día de hoy e impiden de forma activa un desarrollo significativo. “El paradigma de la caridad esconde los asuntos reales que están en juego: hace que parezca que Occidente ‘desarrolla’ al hemisferio sur, cuando lo cierto es que es todo lo contrario. Los países ricos no desarrollan a los países pobres; en realidad, son los países pobres los que desarrollan a los ricos, y esto viene siendo así desde el siglo XV”, defiende Hickel. 

En este libro se expone que el subdesarrollo del hemisferio sur no es una condición natural, sino una consecuencia resultante de la forma en que las potencias occidentales han organizado el sistema económico mundial. 

No es que los 128.000 millones de dólares en ayudas que Occidente da al hemisferio sur cada año no existan, sí que existen. Pero si ampliamos las miras y lo analizamos en contexto, vemos que los recursos financieros que se mueven en la dirección opuesta los superan con creces. 

Si hacemos un recuento de todos los recursos financieros que se transfieren al año entre países ricos y pobres, nos encontramos con que en 2012, el último año del que tenemos datos registrados, los países en vías de desarrollo recibieron algo más de dos billones de dólares, incluidas ayudas, inversión y rentas del extranjero. Pero durante ese mismo año, de esos países salió más del doble de esa cantidad, unos cinco billones de dólares. Dicho de otro modo, los países en vías de desarrollo 'enviaron' tres billones más al resto del mundo de los que recibieron. 

¿En concepto de qué se producen esas salidas de dinero tan grandes del hemisferio sur? “Parte es para pagos de deuda. Hoy por hoy, los países pobres pagan más de 200.000 millones de dólares solo en intereses a los acreedores extranjeros, gran parte pertenecientes a préstamos antiguos que ya se han amortizado muchas veces, algunos por préstamos acumulados por dictadores avariciosos”, afirma Hickel. Otro factor que contribuye de un modo importante es la renta que los extranjeros obtienen de sus inversiones en los países en vías de desarrollo y que, luego, se llevan a sus países. Solo hay que pensar, por ejemplo, en todos los rendimientos que Shell extrae de las reservas de petróleo de Nigeria o que Anglo American saca de las minas de oro de Sudáfrica.

Pero, con mucho, la proporción más grande de ese dinero que sale tiene que ver con la fuga de capitales. Una gran parte de esta fuga se produce a través de 'pérdidas' en el balance de pagos entre países. Otra, a través de una práctica ilegal que se conoce como 'facturación comercial falsa'. Básicamente, las corporaciones declaran precios falsos en sus facturas comerciales para sacar dinero de manera clandestina de los países en vías de desarrollo y se lo llevan a paraísos fiscales y jurisdicciones que aplican el secreto fiscal. Una cantidad igualmente grande sale cada año a través de 'precios de transferencia abusivos', un mecanismo que usan las empresas multinacionales para robar dinero a los países en vías de desarrollo que consiste en traspasar beneficios ilegalmente entre sus propias empresas subsidiarias en diferentes países. Pero, quizás, la pérdida de dinero más significativa tenga que ver con la explotación a través del comercio. 

Desde los comienzos del colonialismo, pasando por la globalización, el principal objetivo del norte ha sido hacer que bajen los costes de la mano de obra y los productos traídos del sur. En el pasado, las potencias colonialistas podían imponer las condiciones directamente a sus colonias. Hoy, aunque el comercio es 'libre' en sentido estricto, los países ricos pueden imponer su ley porque tienen un poder mucho mayor a la hora de negociar.

Además de esto, los acuerdos comerciales a menudo evitan que los países pobres protejan a sus trabajadores de la misma forma que lo hacen los países ricos con los suyos. Y como las corporaciones multinacionales ahora tienen capacidad para explorar el planeta en busca de la mano de obra y los productos más baratos, los países pobres se ven forzados a competir para abaratar los costes. El resultado es que hay una brecha profunda entre el 'valor real' de la mano de obra y los productos que los países pobres venden y los precios que, en realidad, se pagan por ellos. Es lo que los economistas llaman 'intercambio desigual'. 

Desde los años ochenta, los países occidentales han utilizado su poder como acreedores para imponer políticas económicas y mercantiles y endeudar a los países del sur, y los han gobernado eficazmente a distancia, sin necesidad de intervenciones sangrientas. “Mediante el apalancamiento de la deuda —defiende Hickel— impusieron ‘programas de ajustes estructurales’ que han revertido todas las reformas económicas que los países del hemisferio sur habían decretado laboriosamente en las dos décadas anteriores. En el proceso, Occidente ha llegado tan lejos como para vetar las tan proteccionistas políticas keynesianas que había utilizado para su propio desarrollo, con lo que ha derribado de un puntapié de un modo muy efectivo la escalera hacia el éxito”.

Decrecimiento para sustentos sostenibles y justos

Luego Hickel sopesa cómo —si cambiaran ese comercio y esas prácticas de negocios injustas— los países pobres podrían abordar de verdad el desarrollo de sus economías siguiendo el mismo camino que acogió el hemisferio norte durante los dos últimos siglos. Hace referencia a un estudio del economista David Woodward en el que expone que, dado el existente modelo económico, no se puede erradicar la pobreza. No es que lo probable sea que no suceda, sino que, físicamente, es imposible. Es una imposibilidad estructural. 

Explica que: “Ahora, la principal estrategia para acabar con la pobreza es aumentar el crecimiento del PIB mundial. La idea es que el rédito de crecimiento se va a ir filtrando poco a poco y va a mejorar la vida de las personas más pobres del mundo. Pero todos los datos que tenemos nos muestran con total claridad que el crecimiento del PIB en realidad no beneficia a los pobres. Mientras que el PIB per capita mundial ha crecido el 65% desde 1990, el número de personas que viven con menos de cinco dólares al día se ha incrementado en más de 370 millones. ¿Por qué el crecimiento no ayuda a reducir la pobreza? Porque el rédito del crecimiento está distribuido de un modo muy desigual. El 60% más pobre de la humanidad recibe solo el 5% de todos los nuevos ingresos que genera el crecimiento mundial. El otro 95% de esos nuevos ingresos va al 40% más rico. Y eso en las mejores condiciones posibles”. 

Dado este coeficiente de distribución, Woodward calcula que, a 1,25 dólares diarios, se tardará más de 100 años en erradicar la pobreza absoluta. Al nivel más preciso de cinco dólares al día, erradicar la pobreza llevará 207 años. Para erradicar la pobreza a cinco dólares al día, el PIB mundial tendría que incrementar 175 veces su volumen actual. Dicho de otro modo, tenemos que extraer, producir y consumir 175 veces más productos básicos que ahora. Merece la pena pararse por un segundo a pensar en lo qué significa esto. Aunque un crecimiento tan raro fuera posible, las consecuencias serían desastrosas. Agotaríamos rápidamente los ecosistemas del planeta, destrozaríamos los bosques, los campos y, lo que es más importante, el clima. 

Según los datos recopilados por los investigadores del Global Footprint Network en Oakland, nuestro planeta solo tiene capacidad ecológica para que cada uno de nosotros consumamos 1,8 hectáreas mundiales al año, una unidad estándar que considera el uso de recursos, residuos, contaminación y emisiones. Todo lo que sobrepase esa cantidad supone un grado de consumo de recursos que la Tierra no puede reponer o unos residuos que no puede absorber; dicho de otro modo, nos encierra en un camino de degradación progresiva. Esas 1,8 hectáreas mundiales son las que, aproximadamente, consume una persona normal en Ghana o Guatemala. 

En cambio, los europeos consumen 4,7 hectáreas globales por persona, mientras que en los Estados Unidos y en Canadá, una persona normal consume ocho, muchas veces más del porcentaje equitativo que le corresponde. Para que nos hagamos una idea de lo extremo de este exceso de consumo: si todos viviéramos como el ciudadano normal de un país de altos ingresos normal, necesitaríamos la capacidad ecológica equivalente a 3,4 planetas Tierra. Hickel lo desarrolla: “Los científicos nos dicen que incluso con los niveles actuales de consumo global ya estamos excediendo la capacidad ecológica del planeta en un 60% anual. Y todo esto únicamente con nuestros niveles actuales de actividad económica global (con los niveles actuales de consumo en los países ricos y pobres). Si los países pobres incrementaran su consumo, cosa que tendrán que hacer en cierta medida para erradicar la pobreza, solo nos empujarían aún más al desastre. A menos que los países ricos empezaran a consumir menos”. 

Si queremos tener la oportunidad de mantenernos en el umbral de los 2ºC, que el Acuerdo de París para el cambio climático establece como límite absoluto, no podemos emitir más de otros 805 gigatones de CO2 a nivel mundial. Entonces, aceptemos que los países pobres van a tener que utilizar una parte del presupuesto de carbono para hacer crecer sus ingresos lo suficiente como para erradicar la pobreza; después de todo, sabemos que el desarrollo humano de los países pobres necesita un incremento en las emisiones, al menos hasta un punto relativamente bajo. Este principio ya se ha aceptado ampliamente en los acuerdos internacionales, que reconocen que todos los países tienen una “responsabilidad común, pero diferenciada” de reducir emisiones.

Ya que los países pobres no han contribuido mucho a las emisiones históricas, tienen derecho a usar una parte mayor del presupuesto de carbono que los países ricos, al menos lo suficiente como para satisfacer los objetivos básicos de desarrollo. Esto significa que los países ricos tienen que averiguar cómo arreglárselas con la parte que quede del presupuesto. 

El profesor Kevin Anderson, uno de los destacados científicos británicos del clima, ha estado ideando situaciones potenciales para hacer que funcione. Si queremos tener una posibilidad del 50% de permanecer bajo esos 2ºC, básicamente, solo hay una forma factible de hacerlo, suponiendo, por supuesto, que las tecnologías de emisiones negativas no sean una opción real. En este escenario, los países pobres pueden seguir haciendo crecer sus economías al ritmo actual hasta 2025 utilizando una parte desproporcionada del presupuesto de carbono mundial. No es mucho tiempo, así que esta estrategia solo funcionará para erradicar la pobreza si los beneficios del crecimiento se distribuyen sobre todo a favor de los pobres. 

Como escribe Hickel: “La única forma que los países ricos tienen de mantenerse dentro de lo que queda de presupuesto de carbono es recortar las emisiones de una manera muy agresiva, alrededor del 10% anual. Las mejoras en eficiencia y en tecnologías de energía limpia contribuirán a reducir las emisiones en, a lo sumo, el 4% anual, lo cual es parte de la solución. Pero para abarcar el resto, los países ricos van a tener que reducir la producción y el consumo en un 6% anual. Y los países pobres van a tener que hacer lo mismo después de 2025, reduciendo la actividad económica en un 3% anual”. Esta estrategia de reducción de la producción y el consumo de un país se llama 'decrecimiento'. 

Hickel describe esta idea visionaria de la siguiente manera: “Lo único que significa es aflojar la intensidad de nuestra economía cortando los excesos de los muy ricos, compartiendo lo que tenemos en vez de estar saqueando la Tierra para conseguir más y liberándonos a nosotros mismos del consumismo frenético que todos sabemos que no hace nada para mejorar nuestro bienestar o nuestra felicidad”. Y desde que se publicó el libro en 2017, Hickel ha seguido desarrollando una postura cada vez más clara sobre la manera de conseguir que tales cambios tengan lugar. 

Recientemente se han publicado condensadas en un intercambio fascinante de blogs que hizo con Branko Milanović, otro experto en desarrollo mundial, sus reflexiones sobre el decrecimiento. Pero Milanović aún sostiene que el crecimiento económico debería estar en el centro de la erradicación de la pobreza. Parafraseando un pasaje del Doughnut Economics de Kate Raworth, podemos resumir la postura de Milanović del siguiente modo: “El crecimiento económico sigue siendo necesario, por lo que debe ser posible”, mientras que Hickel dice que “el crecimiento económico ya no es posible, por lo que no puede ser necesario”. Yo apoyo esta última, simplemente porque las leyes de la física superan a las leyes económicas. 

Desde esta perspectiva, quizá deberíamos considerar a países como Costa Rica no como subdesarrollados, sino más bien como desarrollados de un modo adecuado. Deberíamos mirar a las sociedades en las que la gente vive más y es más feliz con bajos niveles de ingresos y consumo no como zonas estancadas que necesitan desarrollarse siguiendo el modelo occidental, sino como ejemplos de vida eficiente. Y empezar a pedir a los países ricos que recorten su consumo excesivo. 

Riccardo Mastini es estudiante de doctorado en el Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universidad de Barcelona. Su investigación académica y obra se centran en los conceptos de decrecimiento y de economía de estado estacionario.

Entrevista a Federico de María: decrecimiento

Martha Soriano - Iberoamerica social

Federico Demaria es un economista ecológico que trabaja en el ICTA (Instituto de Ciencia y Tecnología Ambiental) de la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha enfocado sus nodos de investigación en conflictos socio-ecológicos desde la ecología política y la economía ecológica, específicamente sobre la política de desechos en la India. Forma parte del proyecto de investigación global de justicia ambiental ENVJustice. Desde el 2006 se vinculó al movimiento por el decrecimiento, por lo que co-fundo la asociación académica Research & Degrowth (R&D) para promover y difundir actividades, cursos y debates en torno al decrecimiento. El equipo de Iberoamérica Social, le agradece su amable disposición para realizar esta entrevista en el marco de la Primera Conferencia Norte-Sur sobre decrecimiento, que se llevó a cabo en la Ciudad de México.

Primera Conferencia Norte-Sur sobre decrecimiento

Iberoamérica Social: ¿Qué es el decrecimiento?, ¿cuáles son sus principales premisas?, ¿cómo y por qué surge?

Federico Demaria: Hay dos respuestas posibles. Una es una definición de qué es lo que queremos decir por decrecimiento, entonces queremos decir vivir bien con menos. Es un proyecto político de reestructuración de nuestra sociedad para alcanzar la equidad social, la sostenibilidad y el bienestar de las personas. Nosotros lo pensamos cómo reducción de consumo y producción, pero que esta producción sea, obviamente, equitativa y democrática. También se da que ponemos mucho énfasis en que no solamente es menos, pero también es diferente. Por ejemplo, no queremos sólo que el PIB baje, no, queremos una economía, una sociedad diferente, queremos relaciones sociales y de género diferentes. La otra manera de entender la pregunta, qué es el decrecimiento, es si es un slogan, un movimiento social, una ideología. Mi posición es que es una idea que nace en los años 70 en debates alrededor de límites al crecimiento, se fortalece luego de las críticas a la idea del desarrollo y finalmente se lanza alrededor del año 2000 como un slogan provocatorio y de ahí surge como un concepto, debatido también dentro de la academia, en diferentes idiomas. Luego también como marco de referencia de un nuevo movimiento social que está surgiendo, donde gente involucrada en activismo, en oposición a conflictos ambientales, etcétera, ven el decrecimiento como un concepto horizonte, como una alternativa de cuál es nuestra propuesta, qué es lo que queremos.

IS: Diversos autores han llamado estos tiempos como crisis multidimensional, o civilizatoria damos cuenta que el capitalismo se rearticula, buscando maneras de reciclarse. En este sentido podrías comentarnos ¿qué papel juega la idea del desarrollo sostenible? Nos puedes mencionar algunos ejemplos sobre esta simulación de sustentabilidad, por ejemplo, los mercados de carbono, agricultura climáticamente inteligente, geoingeniería, es decir, se van creando nuevos nichos de mercado que realmente no cuestionan las bases del sistema.

FD: Cada uno tiene una interpretación diferente y puede matizar de forma diferente, pero creo que es bastante claro que en los años 70 hay un cuestionamiento muy fuerte, ya desde el punto de vista ambiental, al capitalismo donde la cuestión se ve muy clara. Los ricos, las clases más ricas consumen demasiado y esto está creando un problema. No voy entrar ahora en el detalle, pero si seguimos las Conferencias Internacionales de Medio Ambiente promocionadas por Naciones Unidas, se ve que en un momento la agenda ambiental está cuestionando al sistema capitalista de una forma muy fuerte, y como se vuelve una amenaza hay una respuesta institucional desde el mainstream a este cuestionamiento. La respuesta es muy clara, es el desarrollo sostenible, es por ejemplo la idea de que los impactos ambientales no son debido a los ricos, sino debido a los pobres, como son pobres explotan más el medio ambiente y, por lo tanto, crean un impacto mayor en el medio ambiente. Otro ejemplo, situándonos en el cambio de agenda que hay de los años 70 a los 80, en los 70 se decía necesitamos políticas a nivel estatal y global, y decir, en los años 80 con el paradigma del desarrollo sostenible, que necesitamos políticas a nivel local y municipal, que las empresas tienen que hacer acciones voluntarias y focalizarlo en términos individuales, entonces empezamos a decir que tenemos que reciclar en casa, consumir menos, etcétera, esta muy bien, pero eso no es suficiente. La Agenda 21, que es el gran resultado en términos de propuestas de acción de las Conferencias Internacionales, pone el énfasis en la acción municipal, justamente el nivel político que normalmente tiene menos competencias, menos dinero, y no tiene tanto margen de acción. El desarrollo sostenible ha sido una gran operación y podríamos preguntar después de 20 años ¿el desarrollo sostenible ha sido un éxito o un fracaso? Bueno, depende como siempre para quién. Para los que querían incorporar las críticas radicales a los límites del crecimiento y darle la vuelta, yo creo que ha sido un gran éxito. Para los que creían, de forma genuina en la necesidad de un cambio social y ecológico, el desarrollo sostenible ha sido un fracaso rotundo, porque podemos mirar en indicadores ambientales de los años ochenta a hoy y no han mejorado nada, aparte de una excepción, que es, por ejemplo, el plomo en las ciudades porque hemos cambiado la gasolina, pero en general las tendencias van a peor. Entonces hoy en día hay una paradoja, donde de un lado sabemos la seriedad de la crisis que vivimos, que ya se vive, que ya viven las personas y que viene, pero enfoquémonos en la que ya estamos viviendo, y del otro, está nuestra impotencia de no saber exactamente qué hacer. Yo creo que, a nivel psicológico y personal, es muy difícil de asumir, conozco a varias personas que en el momento que empiezan a leer y se enteran del cenit del petróleo tienen depresiones personales. A veces, personalmente, aunque sé la gravedad de la situación, de alguna forma debo tener unas dinámicas psicológicas que me aparten de esto y me hagan enfocar sólo en pequeñas cosas, para que yo pueda sostener mi día a día. Lo que quería hacer hoy en la conferencia, era elaborar una evaluación de estos diez años, no para decir, mira lo bien que lo hemos hecho, sino para decir mira lo bien que lo hemos hecho, pero no es suficiente ¿qué más podemos hacer? ¿qué es lo que queremos hacer y cuáles van a ser nuestras estrategias, nuestras alianzas y nuestras prioridades?

IS: En algunos escritos señalas que es necesario repolitizar la sostenibilidad ¿por qué es necesario?

Federico Demaria 
FD: Creo mucho en esto porque no me gusta nada el enfoque que dice que todos estamos en el mismo barco, eso me parece un error. Algunos lo dicen de forma genuina y algunos no tanto, porque creo que eso es invisibilizar responsabilidades históricas que son diferentes. Esto es por ejemplo, qué se ha hecho en las negociaciones para los protocolos del cambio climático, Estados Unidos y los países ricos nunca han querido reconocer su responsabilidad histórica. Hoy en día se dice, es que China emite más que Estados Unidos, sí actualmente, pero si miramos la responsabilidad histórica es toda de los países industrializados, entonces esto cambia los términos de la negociación. Yo creo que la repolitización es importante en el momento en que vamos a hacer preguntas radicales, es decir, que van a las raíces, que son, en la diagnosis, ¿cuáles son los problemas principales y quién es responsable? Y en segundo lugar pasamos de la diagnosis a la acción, a la prognosis, ¿qué es lo que vamos a hacer?, ¿quién lo va a hacer y cómo lo vamos a hacer? Cuando hacemos estas preguntas entramos en la política, es decir, estamos en lo político en el sentido que entramos en las desigualdades, porque obviamente los impactos ambientales no son distribuidos de forma igual. Entonces, lo que me pone más nervioso, a nivel personal, yo nunca he sido ambientalista, digamos conservacionista, de defensa a la biodiversidad y tal, la verdad es que no vengo políticamente de esa corriente, vengo más de una corriente con un interés muy fuerte hacia la justicia, entonces me pone muy nervioso que haya alguien como yo, o como la sociedad europea, que tiene una gran responsabilidad, por ejemplo, en el cambio climático, y que los impactos al final sean distribuidos de forma desigual a gente que no tiene ningún tipo de responsabilidad y que, además, se la responsabiliza porque decimos, desde nuestra perspectiva, que son pobres. Por ello, creo que repolitizar el debate alrededor de la sostenibilidad, puede dar visibilidad a estas cuestiones en vez de siempre enfocar en las necesidades de las soluciones de mercado o soluciones tecnológicas, como decías antes, el mercado de carbono o la geoingeniería no hacen más que ser una expansión más de la frontera de la mercantilización de la vida en todos sus aspectos que es lo que yo creo que debemos resistir y revertir.

IS: También esta cuestión de repolitizar la sustentabilidad siento que va muy en el sentido de qué otras opciones, qué otras alternativas se están gestando, al respecto nos podrías hablar sobre el ‘Diccionario-agenda de post-desarrollo: caminos hacia el pluriverso” que has co-editado con Ariel Salleh, Ashish Kothari, Arturo Escobar y Alberto Acosta.

FD: Creo que hay una tendencia intelectual o a lo largo del debate del decrecimiento en poner mucho énfasis en la primera parte de lo que decía que es la diagnosis, cuáles son los problemas, quién es responsable. Esto me parece importante, es un primer paso muy importante, pero hay que pasar al segundo de qué es lo que vamos hacer, qué es lo que queremos hacer, porque sino vamos a ser como adolescentes que se definen a nivel identitario en oposición a lo que no quieren ser, no quiero ser como mis padres, no quiero ser un burgués como tú que sólo trabaja, vale esto esta muy bien, pero en fase post adolescencia también tienes que preguntarte qué es lo que quieres tú, a qué te quieres dedicar, cómo quieres vivir tus relaciones, etcétera, entonces llevar esto de un plano individual a un nivel social. Nosotros en el libro “Decrecimiento. Vocabulario para una nueva era” (2014), que ahora tenemos publicada una edición latinoamericana con pensadores latinoamericanos también, queríamos clarificar los términos del debate de decrecimiento, y con el pluriverso, que también es un diccionario del post desarrollo, el ejercicio es un poco diferente, es un mapeo de alternativas al desarrollo alrededor del mundo que sean conceptuales o que sean prácticas. De momento queremos exponerlas, queremos poner sobre la mesa que hay diferentes mundos que ya se viven, que se pueden vivir, y que se presentan como una alternativa a un único mundo, a un único universo que es el universo del desarrollo. Entonces nosotros queremos decir que existen pluriversos a los que queremos dar visibilidad. Ahora, el decrecimiento es una entre otras alternativas al desarrollo, yo creo que el siguiente paso será, como agente de investigación y de acción, ver cómo ponemos en diálogo estas diferentes alternativas, cómo las articulamos. Aquí también vamos a tener una sesión, que es un proceso político que ha empezado y de momento llamamos una Conferencia Global de Alternativas, un poco en la línea de Foro Social Mundial, donde se haría mucho énfasis en la crítica desde la resistencia, lo cual me parece muy bien, pero dar un paso más, complementario, para decir cuáles son las alternativas, cómo las vamos a articular y cómo vamos a fortalecernos entre todos.

IS: Es conocido el trabajo que han venido haciendo respecto al mapa de conflictos ecológico-distributivos o proyecto de EJAtlas, ¿han tenido referencia o constancia de algún resultado exitoso en el sentido de visibilizar o de frenar determinadas dinámicas de destrucción o impunidad?

FD: Este es un proceso que lleva casi una década para mapear conflictos ambientales que vienen de la ideal del ecologismo popular, de gente que defendiendo sus propios medios de subsistencia también acaba defendiendo el medio ambiente y poniendo sobre la mesa una forma diferente de vivir que sea más justa y sostenible. Entonces, entramos a una segunda fase del proyecto, que ya no es sólo de mapeo, sino de análisis de estos conflictos. Por ejemplo, acabamos de publicar un artículo de Grettel Navas [“Violence in environmental conflicts: the need for a multidimensional approach” disponible en Academia Edu] sobre Centroamérica, que analiza cien conflictos y sus dinámicas de violencia. Hay otro artículo de Daniela del Bene [“More dams, more violence? A Global analysis on resistances and repression around conflictive dams through co-produced knowledge” disponible en ResearchGate], que analiza los conflictos vinculados con las presas alrededor de mundo, donde sostiene que hay una segunda ola de construcción de presas mucho más violenta que la primera, de los años 80 y 90, con el discurso que las presas representan una fuente de energía renovable. Tenemos un número especial en una revista que se llama Ciencia de la Sostenibilidad o Sustainability Science, donde publicamos 10 artículos, a partir de conflictos localizados en el mapa.

Crecer o de-crecer. ¿Esa es la cuestión?

Pedro José Gómez

En el entorno de los movimientos ecologistas se afirma, con toda convicción, que es necesario pasar del crecimiento al decrecimiento. No por casualidad los promotores de esta idea suelen ser ambientalistas o sociólogos, pero raramente economistas. De hecho, el mayor responsable de la difusión del término decrecimiento ha sido el sociólogo francés Serge Latouche.
Como economista que comparte el sentido último de la propuesta, tengo sin embargo reticencias a defenderla del modo simple habitual.


 
Y no solo porque me parezca que resulta psicológicamente difícil convencer a la mayor parte de la población de que asuma un estilo de vida austero después de haber sido incitada compulsivamente al consumo, sino porque choca también con el objetivo central que persiguen los economistas y políticos de todo el mundo. Por ello, me gustaría hacer algunas reflexiones que permitan resituar el debate en este campo.

Que los economistas tienen que modificar radicalmente su paradigma y dejar de pensar que el planeta y sus recursos son infinitos resulta obvio. De hecho, hay una minoría que ya lo ha asumido. Así, el rumano Nicholas Georgescu-Roegen fue quizás el primero en hacerlo con toda radicalidad impugnando el crecimiento infinito, mientras el británico Kenneth Boulding -que escribió ya en 1966 el ensayo The economics of the coming spaceship earth (“La economía de la futura nave espacial Tierra”)- señalaba que había que pasar de la economía del cow-boy a la del astronauta. Mientras que el primero se enfrenta a las “grandes praderas” como lugar de recursos naturales ilimitados a explotar, la tarea del segundo consiste en administrar bien -técnica y éticamente- unos recursos escasos y no ampliables.

Los economistas hablan de crecimiento cuando aumenta el Producto Interior Bruto (PIB), que es la suma de bienes y servicios finales producidos en una economía a lo largo de un año valorados a precios de mercado. En un mundo en el que la innovación amplia permanentemente nuestra capacidad productiva, del crecimiento se derivan la creación de empleo y el aumento del bienestar material.

El estancamiento, por no hablar de crisis o recesiones, genera graves problemas económicos y sociales. Algunos defienden que, por ello, la sostenibilidad es incompatible con el capitalismo (aunque el socialismo real demostró ser igualmente dañino con el medio ambiente). Lo malo es que no parece cercano el fin del capitalismo, y a nosotros nos corresponde vivir y actuar en el “mientras tanto”.

Precisamente, reflexionar sobre el concepto del PIB puede aportar una distinción muy importante. El PIB es ciego a todo lo que no se compra o venda (el aire, un paisaje, etc.) y considera positiva cualquier actividad monetariamente mensurable al margen de cualquier consideración ética o ecológica: tanto elevan el PIB los alimentos como las armas; tanto aumentan el PIB las deforestaciones cuánto las repoblaciones. Por consiguiente, la pregunta pertinente no es si resulta necesario crecer o decrecer, sino en qué hemos de decrecer (porque su impacto medioambiental es negativo), en qué debemos buscar la suficiencia (porque tenemos necesidades básicas como seres menesterosos que somos) y en qué podemos y debemos aspirar a crecer. El cuidado de las personas, la educación, la sanidad, el cultivo de la interioridad, el cuidado de la naturaleza y tantas otras actividades pueden generar crecimiento, empleo y bienestar social. Otras muchas actividades que en estos momentos están hiperdesarrolladas deberían reducirse. Lo que conllevaría, por cierto, un cambio drástico en nuestras preferencias, hábitos y demanda.

 Un problema grave es que no tenemos una buena contabilidad de la actividad económica, que discrimine la producción de acuerdo a su repercusión ambiental. Hemos de reducir drásticamente las actividades intensivas en energía, empleo de recursos naturales y contaminantes, fomentando aquellas que no tienen estos impactos negativos. Al tiempo que moderar el consumo es congruente con las limitaciones ecológicas y la injusticia social. Ya decía Gandhi que algunos tendremos que vivir más sencillamente para que otros puedan sencillamente vivir.

Algo parecido recordaba Francisco en Laudato si´(nº 222):

Es importante incorporar una vieja enseñanza, presente en diversas tradiciones religiosas, y también en la Biblia. Se trata de la convicción de que «menos es más». La constante acumulación de posibilidades para consumir distrae el corazón e impide valorar cada cosa y cada momento. En cambio, el hacerse presente serenamente ante cada realidad, por pequeña que sea, nos abre muchas más posibilidades de comprensión y de realización personal. La espiritualidad cristiana propone un crecimiento con sobriedad y una capacidad de gozar con poco.