Filosofía y política del buen vivir (I)


Viñeta: Gatis Sluka
"Dentro de pocas generaciones, después del año 2000, se aterrarán los hombres al ver continentes cansados, islas gastadas, ríos secos, bosques talados, el mundo lleno y el hambre al acecho. El planeta estará envejecido y moribundo, lleno de heridas. Con manos criminales damos golpes a nuestra madre: el hacha del leñador no solo derriba los árboles, arruina y derrumba la montaña, y cada cima que cae quita una gota a los manantiales"
 Enesimo Reclus y Eliseo Reclus (1906)


Arrancamos aquí una nueva serie de artículos. Creemos que su temática, además de estar muy relacionada con otros muchos asuntos ya tratados en otros artículos de este Blog, está de rabiosa actualidad. Mejor dicho: lleva de rabiosa actualidad desde hace décadas, y seguirá estándolo cada vez más durante las siguientes. Hablaremos del cambio climático, de la sostenibilidad ecológica, del ecofeminismo y del ecosocialismo, del especismo y del animalismo, de la Madre Tierra, de la superpoblación del planeta, de la biodiversidad, del consumo sostenible de recursos, de la economía del bien común, de la democracia energética, del decrecimiento, de la crisis civilizatoria, de la huella ecológica, de otros modos de producir, fabricar, distribuir, consumir y reciclar, del agotamiento de los combustibles fósiles, de la educación ecológica, de los mercados globales alimentarios, de nuestra relación con la naturaleza, de la ética de la vida, y de un sinfín más de asuntos relacionados, que irán apareciendo según avancemos. Todo ello para ir convergiendo en una concepción integral del desarrollo, de la democracia y de los derechos, que podemos llamar, simplemente, "Buen Vivir" (traducción al castellano de otros términos y frases indígenas que se refieren al mismo concepto). Y eso es exactamente lo que da título a nuestra nueva serie de artículos: el Buen Vivir, que podemos entender, sólo de entrada y a vuelapluma, como la capacidad de uso y adaptación del ser humano a su entorno natural sin abusar de él, en plena armonía con la naturaleza, con sus recursos y con el resto de seres vivos que habitamos este planeta. El Buen Vivir, su filosofía (los valores y conceptos que lo fundamentan) y su política (las medidas que necesitamos tomar para acercarnos a su consecución). 

Lo primero sobre lo que queremos llamar la atención es la ceguera social en la que vivimos, ya sea consciente (de forma deliberada) o inconsciente (por desconocimiento). Y así, la ignorancia de una gran parte de la ciudadanía alimentada por los grandes medios de comunicación convencionales, y la codicia y avaricia sin límites de un sector social poderoso, unido a unas desalmadas élites económicas y políticas que nos gobiernan, genera una ceguera que impide observar que vivimos en un terruño (nuestro planeta Tierra) limitado tanto por tierra como por mar y aire. Quizá el primer error del Hombre del Antropoceno (hablaremos de esta fase histórica más adelante) fue creerse que el planeta no sólo le pertenecía, sino que además era infinito. Esta es una de las grandes contradicciones de este sistema basado en el permanente crecimiento económico en un medio limitado: el petróleo tiene sus límites, el suelo edificable tiene los suyos, los mares, los bosques, etc. La consecuencia de un crecimiento permanente, que en apariencia nos permite vivir mejor, tiene que soportar un alto coste medioambiental que, paradójicamente, hace que nuestras condiciones vitales y naturales se vean cada vez más limitadas. Es el medio natural el que está pagando las consecuencias de un incesante y desaforado crecimiento, que necesita ir en aumento de forma permanente, si quiere ser consecuente con la globalización capitalista. Se instala incluso en los discursos políticos como un mantra: "Somos el país que más crece", "Hemos aumentado nuestras previsiones de crecimiento", "Lo que tenemos que mantener es el crecimiento económico"...Hasta ahora la degeneración medioambiental no ha supuesto costes en el proceso productivo, y en consecuencia, el suelo, el aire y el agua se han convertido en el vertedero de los grandes centros de producción y consumo, tales como la industria química, los procesos extractivistas, la calefacción, la fabricación de vehículos, etc. 

No se quiere ver, no se quiere reconocer (y mucho menos públicamente), pero estamos asistiendo al colapso de nuestra civilización industrial. Un colapso civilizatorio para el que nosotros mismos hemos creado las condiciones, y del que, simplemente, no queremos hablar. Nos negamos a reconocer el cambio climático, la necesidad de nuevas formas de energía, de nuevas culturas decrecentistas, para que nuestra civilización sobre la Tierra sea sostenible. Así que al ya clásico conflicto capital-trabajo, presentado por el Marxismo, se ha sumado el actual conflicto capital-vida (o capital-planeta, si se quiere, que ya presentamos en este otro artículo de nuestro Blog), debido a la perversa evolución de nuestras formas de fabricar, de consumir y de desechar. El decadente capitalismo globalizado de nuestros días nos abocará, si no lo evitamos, no a un futuro incierto, sino a la inexistencia de ese futuro. En esta serie de artículos no pretendemos lanzar mensajes catastrofistas, sino escrupulosamente realistas. Las consideraciones que presentaremos, basadas en los estudios de múltiples autores, demuestran que el camino de nuestra civilización ha llegado a un precipicio insalvable. Hoy día, tan sólo unos cuantos movimientos sociales, aún muy minoritarios, han tomado plena conciencia de ese rumbo suicida del que la ciencia nos viene avisando. Necesitamos vivir bajo los moldes de un nuevo modelo de civilización, mucho más simple, más local y más justa. Esto es básicamente en lo que consiste lo que estamos llamando el Buen Vivir, tendencia que no sólo no es conocida en su exactitud, sino que es negada incluso por algunos sectores de la izquierda más clásica. Las reflexiones y conclusiones que vamos a ir presentando aquí no se pueden entender entonces desde los paradigmas clásicos de la izquierda del siglo XX, sino que han de tener una mayor altura de miras. 

Hemos de incluir en nuestra mirada las aportaciones del ecologismo, del pacifismo y del feminismo, así como un profundo estudio de ese conflicto capital-planeta que antes hemos referenciado. Nutriéndose de todas estas corrientes de pensamiento, las propuestas, conceptos y razonamientos que vamos a exponer se inscriben en una nueva concepción que procura contribuir a una visión más realista, completa y actualizada del sistema-mundo regido por el capital en estos tiempos de colapso de nuestra civilización industrial. Por supuesto, en el fondo llegamos al mismo punto de conclusión, que no es otro que la necesidad de superar el capitalismo en favor de la vida, de la sostenibilidad de nuestra civilización sobre la Tierra. Partamos de la base de que nuestro mundo y los modos y formas de vida que se imponen en él no son fruto de ningún error ni deficiencia en la aplicación del modelo: más bien es lo que el neoliberalismo siempre buscó, procedente de lo que el capitalismo ya había sembrado. No podemos ir en contra de la naturaleza del propio capitalismo, y pedirle que sea menos cruel, menos desalmado, más ligero, comprensivo y suave. 

Vamos a expresarlo retomando las palabras de Isabel Rauber (Red de Educación y Economía Social y Solidaria), pronunciadas en su Ponencia presentada en el I Congreso Internacional "Inventar la Democracia del Siglo XXI: Derechos Humanos, Cultura y Buen Vivir" (Caracas, 28-30 de mayo de 2015): "Es la perversión del sistema regido por la creciente e inagotable voracidad de las grandes corporaciones financieras, que se expresan a través de la banca mundial y marcan hoy la escalada de un nuevo saqueo para un nuevo ciclo de acumulación y colonización del capital a escala planetaria. Depredador de la naturaleza y de los seres humanos, el capitalismo carece de posibilidades para resolver el problema que genera, por el contrario, sólo puede agravarlo". 

Continuaremos con las reflexiones de esta autora expresadas en su Ponencia ya referenciada. El capitalismo lleva demasiado tiempo proyectando un pensamiento dominante que coloniza y avasalla las mentes en todo el planeta, y que intenta convencernos de que éste es el único mundo posible. El capitalismo y el neoliberalismo además no nos han impuesto únicamente sus modos de producción, de consumo y de desecho, sino que también nos han impuesto sus peligrosos valores y principios, basados en el individualismo y el egoísmo, contrarios a todo atisbo de idea de sociedad o de bien común. El Buen Vivir lógicamente se enfrenta a todo ello. Y así, el Buen Vivir incluye la afectividad, el reconocimiento de la sociedad, de los demás, y del contexto que nos rodea. Se corresponde con una concepción integral de la sociedad que articula desarrollo y democratización, pero en la que desarrollo y democracia se basan y proyectan una opción civilizatoria en la que late con fuerza la posibilidad de vida. El Buen Vivir resume y proyecta valores y principios que son clave para la construcción de la nueva civilización anclados en la solidaridad, en el equilibrio y en la complementariedad de las diferencias, el respeto a la naturaleza como fuente de identidad humana, que reubica a la vida como una posibilidad indivisible del ser en el doble contexto de la naturaleza y de la sociedad. Rauber añade que el Buen Vivir no recoge un compendio de dogmas que haya que seguir fielmente, ni tampoco es un nuevo tipo de fundamentalismo, sino una fuente de energía civilizatoria que tiene su eje en la vida, a ella se debe, en ella se fundamenta, hacia ella se proyecta, y en ella expresa su desarrollo.

Por todo ello, el Buen Vivir es en realidad no un proyecto cerrado, sino una propuesta abierta a la creatividad de las generaciones humanas y de los pueblos del mundo. Continuaremos en siguientes entregas.

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