Primera Conferencia Norte-Sur de Degrowth-Descrecimiento, México 2018

La Primera Conferencia Norte-Sur de Degrowth-Descrecimiento, México 2018 ( First North-South Conference on Degrowth-Descrecimiento, Mexico 2018) será un foro para presentar lo último en el pensamiento y la práctica del descrecimiento en el mundo y ponerlo en diálogo con el contexto de los países del Continente Americano del siglo XXI. 



Objetivos:




  1. Reunir personas y movimientos tanto del Norte como del Sur que son críticos del crecimiento, el desarrollo y la modernidad.
  2. Profundizar la reflexión sobre la colonización del imaginario social.
  3. Abrir debates filosóficos, psicológicos, antropológicos y sociológicos en torno a la lógica destructiva de la Tecnociencia, la Economía y el Estado.
  4. Impulsar debates en torno a la Colonialidad, el Patriarcado y la idea de la Escasez.
  5. Propiciar la creación de redes sociales de cooperación y colaboración internacional para la defensa del territorio, la supervivencia de las comunidades y las culturas.

Principios:

I.- ¡Descrecimiento!

Reducción voluntaria del nexo económico, entre individuos o entre comunidades: reducción voluntaria de la influencia otorgada al poder económico y tecnocrático sobre la vida social y colectiva; actuar firmemente para eliminar nuestra dependencia de los mercados y el dinero. Eliminar la autonomía de la que goza la Economía. Control político de la Economía. Una nueva economía debe emerger como resultado de un gran esfuerzo social por la relocalización de la producción y el consumo. La esfera económica debe subsumirse a los imperativos sociales basados en la convivialidad, la autonomía, la solidaridad, la reciprocidad, la diversidad y el buen vivir. Salir de la religión de la economía y del culto a la ciencia y la técnica.

II. Descolonización del imaginario social

La escolarización, la manipulación mediática, los espectáculos, las infraestructuras, las tecnologías, los consumos cotidianos colonizan intensamente el imaginario social con valores, ideas y conceptos económicos en los que se organiza la destructiva y alienada vida moderna. Es imperativo querer un cambio de vida, tener la voluntad para hacer cambios profundos en los modos de vida; es indispensable motivar este cambio por la reflexión, por el deseo de ser libre de las adicciones modernas y sobre todo, hay que actuar para lograrlo, hay que poner en marcha una praxis; una praxis reflexiva y deliberada que permita realizar esta libertad en tanto posibilidad encarnada que se desea intensamente. Eliminación de la legitimidad de los valores dominantes y la manipulación.

III.- Colaboración Norte- Sur, para alcanzar un descrecimiento sereno

El descrecimiento es indispensable en el Norte y en el Sur global, sin embargo, se logra de maneras concretas muy diferenciadas: la diversidad ecológica, cultural y social deben ser consideradas en cada comunidad. Las ideas universales requieren una traducción local, una apropiación a la cultura del país y a su clima, historia y circunstancias. El diálogo y la colaboración Norte- Sur son indispensables para el apoyo, la mutua inspiración y el aprendizaje uno del otro. Consideramos que los movimientos Decroissance, Decrescita, Decrecimiento, Degrowth, nacidos en los países del Norte, pueden enriquecerse a través del diálogo con los movimientos similares del Sur, como el movimiento por el Descrecimiento, el Buen Vivir, o el Ubuntu Áfricano "yo soy lo que somos todos". Simultáneamente, las múltiples realidades del Sur pueden encontrar nuevas oportunidades de alianza fuera de sus fronteras, bajo el principio de avanzar sobre un futuro alternativo común a la vez que diverso y plural. Consideramos que la posibilidad de imaginar y construir mundos alternativos, requiere de un diálogo genuino y horizontal entre distintas realidades geográficas, sociales y políticas. Otra modernidad es posible (H. Beck).

Del 19 al 21 de junio de 2018

Más información:

http://degrowth.descrecimiento.org/

“El colapso de la civilización es una oportunidad para la gente común”

Enric Llopis - Rebelión


Entrevista a Manuel Casal Lodeiro, autor de “La izquierda ante el colapso de la civilización industrial” (La Oveja Roja)
 ¿Ha entendido la izquierda convencional el significado profundo de términos como “crecimiento”, “pleno empleo” o “Estado del Bienestar”? ¿Son compatibles con el colapso civilizatorio actual y con la idea de decrecimiento? Lo niega el activista Manuel Casal Lodeiro, quien partiendo de esta discrepancia ha publicado el libro “La izquierda ante el colapso de la civilización industrial” (La Oveja Roja, 2016).

El ensayo, que fue editado un año antes en gallego por la Asociación Touda, fue presentado el 26 de julio en el Centre Octubre de Valencia, en un acto que contó con la colaboración de la Asociación por el Medio Ambiente y contra el Cambio Climático (AMA), Torrent Soterranya, La Ribera en Bici/Ecologistes en Acció y el Diploma Deseeea de la Universidad Politécnica de Valencia. Casal Lodeiro es divulgador del “Peak Oil” (cenit o agotamiento del petróleo), defensor del decrecimiento neorrural y ha coordinado la “Guía para o descenso enerxético. Preparando una Galiza Pospetróleo” (2013). Asimismo es coordinador de “15/15/15. Revista para una nueva civilización”. Considera que el colapso de la civilización industrial no tiene por qué resultar traumático para la gente común; puede ser “muy negativo”, pero según afirma, también el colapso del Imperio Romano supuso la liberación de millones de personas.


 - En el libro se plantea un “choque de diagnósticos” entre la izquierda tradicional y los defensores del decrecimiento. ¿En qué términos? 

Ellos ni siquiera plantean que vaya a producirse un colapso; nosotros no sólo decimos que vaya a haberlo, sino que éste ya ha comenzado. De hecho, estamos en las primeras fases. 

-Los partidarios del keynesianismo, la economía marxista y las políticas socialdemócratas podrían argumentar que, ante la hegemonía neoliberal, si ya es difícil introducir en la “agenda” planteamientos de la izquierda tradicional, más aún costaría referirse al decrecimiento. 

Ésa es la estrategia paulatina, pero ya no hay tiempo. El colapso de la civilización industrial y los cambios son hoy demasiado radicales. Se está poniendo en tela de juicio los cimientos de la política de la izquierda, y mucho más la de derechas. La izquierda convencional defiende el crecimiento, el empleo a toda costa y continuar con la cultura de la industrialización. Además, para buena parte de esta izquierda (por lo menos la no anarquista), el Estado es una institución perpetua, igual que la industria, el petróleo y el crecimiento; asimismo piensan que la tecnología nos va a salvar. Todo esto es falso. 

-¿No es posible, por tanto, caminar poco a poco, agregando a gente y tratando de sumar mayorías? 

Creo que no, porque hay que darle la vuelta totalmente a esto; el problema es que hoy la izquierda confunde los medios con los fines. Me refiero a la izquierda parlamentaria, la socialdemócrata y la socialista que no es ecosocialista. 

-El prólogo del libro lo firma Teresa Moure (“Decrecimiento (también) para marxistas”). 

Es una persona de la izquierda que ha asumido, desde una formación marxista, el discurso decrecentista; ella ha estado implicada en partidos políticos, por el contrario yo les hablo a los partidos desde fuera. Además, como mujer y ecofeminista, aporta una perspectiva que personalmente se me escapa. 

-¿Ha olvidado la izquierda convencional y el marxismo al mundo rural? ¿Qué relieve le concedes? 

Sí, lo tiene olvidado. Creo que le doy la importancia que ha tenido en toda la historia de la humanidad, porque es de donde nos hemos alimentado. Se olvidó a partir de la Revolución Industrial y, sobre todo, de la Revolución Verde, porque debido al petróleo, los fertilizantes químicos y la maquinaria industrial, el campo dejó de necesitar tanta mano de obra. Esto le vino muy bien al capitalismo, que desplazó a la gente a trabajar en las fábricas y las ciudades. Por eso muy poca gente se dedica hoy a cultivar alimentos. 

-Precisamente en tu localidad, Sobrado dos Monxes (A Coruña), ha desembarcado el dueño del Imperio Inditex, Amancio Ortega, para invertir en el sector forestal y la producción de castaños… 

Esto es diferente. Se sabe que ha hecho esta inversión, y se está dedicando a la verdadera riqueza: la tierra. Es un indicio de que tiene claro que su negocio –producto de la mundialización, de la ropa barata estandarizada a escala global y de la moda-, tiene los días contados. Y que si quiere dejar un futuro a sus herederos, o tal vez a él mismo, más vale que vaya convirtiendo su riqueza en riqueza real. Supongo que éste habrá sido el planteamiento. Pero como este caso hay otros muchos en el mundo. 

-¿En qué consiste tu polémica sobre la importancia del mundo rural/urbano con el filósofo y matemático Jorge Riechmann y el antropólgo social Emilio Santiago Muiño? 

La batalla que va a librarse se producirá de manera simultánea en el campo y en la ciudad. Pero ellos piensan que se decidirá en el ámbito urbano; hay quien argumenta que nunca se ha ganado una lucha social en el campo, pero es falso. Simplemente con ir a la Wikipedia puede observarse la relación de revoluciones campesinas con sus resultados. Muchas triunfaron. Estas luchas volverán a darse. 

-Recomiendas el libro “La vía de la simplicidad. Hacia un mundo sostenible y justo”, del activista australiano y defensor del decrecimiento Ted Trainer. ¿Por qué razón? 

Lleva mucho tiempo predicando con el ejemplo; él vivió en las afueras de Sidney, en un terreno que heredó de su padre en el meandro de un río, rodeado por un mundo totalmente capitalista. Allí vivía con una fracción ínfima del consumo energético de un australiano medio. Cuenta además con un centro en el que promueve la divulgación, con visitas guiadas. Muestra además cómo practicar la permacultura, vivir con tecnología muy simple y sin apenas electricidad. Es decir, que los asentamientos humanos pueden organizarse de otra manera. 

-¿Dónde radica, a tu juicio, su importancia teórica? 

Ted Trainer ha juntado el ecologismo social, el municipalismo libertario y una cultura anarquista (muy realista y nada dogmática), con la propuesta del colapso. Ello ha cristalizado en una de las propuestas más viables que existen hoy, para transitar hacia una propuesta post-capitalista y post-industrial. 

-¿Por qué, tomando como punto de partida el colapso y la defensa del decrecimiento, criticas la propuesta de la renta básica? 

Soy crítico con una idea de la renta básica inspirada en los euros y en el Estado, porque resulta insustentable. El euro es una moneda totalmente inflada y que no controlamos (sólo una mínima parte de los euros en circulación corresponde a una riqueza real). Además, ¿qué ocurre si se depende del Estado para el reparto de la renta básica y éste quiebra? Actualmente el planteamiento consiste en captar ingresos de las empresas vía impuestos, y repartirlos en forma de renta básica para que la gente satisfaga sus necesidades, comprándolas en el mercado. 

-¿Cuál es el problema? 

Es un absurdo. ¿Por qué no reparte el Estado aquello que satisface directamente las necesidades de la gente, como la tierra? Si se reparte la tierra, la gente puede dotarse de alimento, vivienda y cuestiones como la autogestión de la salud o crear su propia vestimenta; quizá así sólo se necesitaría algo de dinero y soporte del Estado para alguna cosa más. 

-En el libro mencionas la idea del antropólogo e historiador estadounidense, Joseph Tainter, en torno a que el colapso de la civilización no tiene por qué implicar una tragedia total. 

Sí, el colapso puede ser incluso algo “bueno”, sólo es intrínsecamente negativo para las élites. Para la gente común es posible que llegue a ser muy “malo”, pero también algo positivo. Por ejemplo, en el Imperio Romano el colapso implicó la liberación de millones de personas, que se hallaban bajo el yugo del emperador. En el libro parto de una definición de colapso que supone el descenso brusco de la complejidad de un sistema, en este caso de la civilización. 

-¿Qué es la Resiliencia? ¿Hay movimientos sociales que estén trabajando en este ámbito?
La Resiliencia es la capacidad de resistir un trauma muy fuerte con las funciones básicas intactas, y quizá prescindiendo de lo secundario. Por ejemplo, desde fuera de las instituciones, un movimiento que viene del ámbito de la cooperación internacional, “Solidaridad Internacional Andalucía”. Actualmente trabajan en la Resiliencia Local. Con vistas al próximo otoño, presentarán una campaña muy potente con todos los movimientos sociales andaluces que se han implicado en la cuestión del colapso –en un sentido positivo, como oportunidad- y han ido introduciendo en la gente el concepto de Resiliencia. Desde dentro de la política municipal y las instituciones, destacaría movimientos como “Ganar Móstoles”.

-Por otro lado, señalas la importancia de crear monedas “alternativas” a las oficiales. ¿Por qué? 

Es una manera de apropiarnos de la herramienta dinero, muy denostada por cierta izquierda “radical”, pero que puede operar a favor o en contra del cambio que necesitamos. Las monedas sociales, si son democráticas, locales y orientadas a un objetivo concreto, pueden resultar muy positivas. Personalmente trabajo con varias, y he ayudado a definir algunas. Por ejemplo los “Revos”, que tienen una función muy específica y limitada, por lo que no demuestran todo el potencial de la moneda social. Simplemente la utilizamos a modo de trueque con quienes colaboran mediante sus artículos e ilustraciones en la revista “15/15/15”. La gente recibe esa moneda por cada colaboración; después se cierra el ciclo cuando se la dan a la revista por una suscripción, pagar una publicidad o pueden gastar en una librería de las que nos apoyan, que a su vez pueden después insertarnos publicidad. Nos permite, por tanto, darles algo a cambio a los colaboradores, nosotros no tenemos euros. 

-En el ensayo “Nosotros, los detritívoros” (Asociación Touda, 2014) afirmas lo siguiente: “El detritus del que nos alimentamos no es otro que los tesoros energéticos fósiles (primero el carbón, después el petróleo y el gas natural) que nuestra especie aprendió a explotar y que han permitido que en un intervalo de tan sólo 200 años multipliquemos por siete la población mundial, que se había mantenido hasta el siglo XIX por debajo del millardo de personas”. 

Planteo que la población actual es insostenible una vez nos quedemos sin petróleo y gas natural. Nunca han existido 7.500 millones de habitantes en el planeta. Si observas las gráficas de población (en el libro aparecen) y de crecimiento de la energía final, corren en paralelo. Entonces, ¿Cuánta gente puede caber en el planeta cuando ya no contemos con el petróleo? Éste es mi planteamiento en el libro. 

-Por último, ¿qué cambios cotidianos pueden llevarse a término para apuntar a la transformación social? 

Hay muchos. Por ejemplo con los huertos urbanos, pero la pregunta es cómo. En A Coruña, una de los llamadas ciudades “del cambio”, veo un cartel que anuncia “huertos urbanos” y a continuación, para que a nadie le quepa duda y piense que puede alimentarse y vivir de ello, añade “de ocio”. Esto es hacer las cosas mal. Hay que empezar a decirle a la gente que puede vivir de lo que cultiva. Los gobiernos “del cambio” andan con ese miedo y autocensura. ¿Por qué no dejar a la gente que piense que se puede alimentar con sus huertos, cuando se queda sin empleo? Y que tiene una huerta que le ha facilitado el ayuntamiento, con la que reducirá la factura del supermercado.

Una contracción de emergencia

Jorge Riechmann - Opcions


Hemos dejado que la situación se deteriore tanto que el gradualismo ya no sirve.

Sabemos que el crecimiento material no puede continuar indefinidamente en una biosfera finita –y de hecho estamos ya más allá de los límites del crecimiento, por evocar el título del importante primer informe al Club de Roma en 1972–, pero toda nuestra vida socioeconómica y la ideología dominante se organizan en torno a la aberrante suposición contraria. Como escribía Barry Commoner en 1971, en su clásico The Closing Circle:

“La civilización humana implica una serie de procesos cíclicamente dependientes entre sí, la mayor parte de los cuales [población, ciencia y tecnología, producción económica…] presentan una tendencia inherente a crecer, con una sola excepción: los recursos naturales, insustituibles y absolutamente esenciales (…). Es inevitable un choque entre la propensión a crecer de los sectores del ciclo que dependen del hombre, y los severos límites del sector natural. Está claro que si la actividad humana en el mundo –civilizado– tiene que conservar su relación armónica con todo el sistema global, y sobrevivir, debe acomodarse a las exigencias del sector natural, o sea, la ecosfera”.

Ese ajuste hubiéramos tenido que emprenderlo hace treinta, hace cuarenta años: las opciones de cambio gradual tenían entonces cierto sentido. Hoy hemos dejado que la situación se deteriore tanto que el gradualismo ya no sirve. Si tenemos en cuenta a la vez las exigencias de justicia y de sustentabilidad ecológica (es decir, si creemos que las sociedades humanas viables no pueden apoyarse en el privilegio de unos pocos y el genocidio de la mayor parte de la humanidad), entonces sabemos que, en sociedades ricas como la nuestra, el uso de materiales y energía ha de disminuir en nueve décimas partes aproximadamente. No se cansa de repetirlo –y tiene razón– Ted Trainer en un importante libro suyo recién traducido al castellano, La vía de la simplicidad.

Así que “consumo responsable” (que es indisociable de la producción responsable) quiere decir, en primer lugar, mucho menos consumo. Hasta un 90% menos, si pensamos en la base material de las prácticas de consumo.

Es imposible, se dirá. Y en cierto modo así es. Solo que pertenece a la condición humana tener que plantearse las tareas imposibles (educar a seres libres, construir la ciudad democrática… y también, hoy, sobrevivir al Siglo de la Gran Prueba sin perder de vista los horizontes de emancipación humana). Algo así sugería la gran Simone Weil en uno de sus apuntes de La gravedad y la gracia:
“Todo bien verdadero comporta condiciones contradictorias y, por consiguiente, es imposible. Aquel que de verdad mantenga fija su atención en esa imposibilidad y actúe, hará el bien.”


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Jorge Riechmann escribe poemas y ensayos, enseña filosofía (moral y política) en la UAM y trabaja por la transformación ecosocial. Blog: tratarde.org.


Ser ecosistémicos y cosmovisionarios

 Julio García Camarero



Es importante ser eco-sistémico, esto es, tener la organización compleja de los sistemas naturales, en los que economía significa la escatimación y no el despilfarro, como sucede en este sistema en el vivimos. En mi opinión, algo que debería tener en cuenta la economía. En el neoliberalismo, y su “crecimiento”, economía significa acumulación, desmesura, despilfarro y consumismo; es decir, consumo de seudo-necesidades y muy perjudiciales para la salud mental y corporal.

El enfoque eco-sistémico natural de la sociedad humana debe tener unos primeros pasos indispensables. De ellos los primeros a considerar serán: los Derechos de la Tierra, frente al absolutismo antropo-centrista. Son los indígenas andinos quienes defienden de forma más específica estos Derechos de la Tierra, y el eco-centrismo, así como los indios de las reservas de EEUU.

Es importante el planteamiento dialéctico de la cosmovisión andina que “busca continuamente como superar la contradicción que habita en todo”. Algo así como lo que yo estoy cansado de repetir en plan machacón: la vida, el planeta, la Pachamama es compleja y contradictoria, y para comprenderla no valen consideraciones parciales y menos aún las partidistas. Más bien hay que ser eclécticos.

A comienzos del tercer milenio muchos nos alegramos del surgimiento del Socialismo del Siglo XXI. Era una respuesta contundente al crecimiento del capitalismo de los EEUU y además defendía al indigenismo incluso con su cosmovisión andina. Algo que parecía tener bastante que ver con una transición desde el decrecimiento infeliz hacia el decrecimiento feliz. Pero pronto pudimos comprobar que el indigenismo, la defensa de la cosmovisión, y el aparente ataque al crecimiento, eran sustituidos por un olvido de lo indigenista (cuando no su feroz represión), una creciente potenciación del neo-extractivismo y una acelerada obsesión por el crecimiento.

En efecto, Evo y Correa han realizado una transición negativa (se han traicionado a sí mismos): han realizado una transición desde el bien vivir prometido al bien estar material, basado en el neo-extractivismo destructor de la pacha mama y del bien vivir. Aunque creo que en esta “transición negativa”, y en este neo-extractivismo, ha sido más tajante Correa que Evo; por ejemplo, traicionó la solemne promesa de no destrozar e santuario del Parque Natural Yasuníi para extraer el petróleo existente en su subsuelo. Y es bastante probable que su sucesor Lenin Moreno, con mayores tendencias leninistas y de Capitalismo de Estado, sea aun más radical con el extractivismo y destrozo de ecosistemas para “sacar de la pobreza a la clase obrera”. Esto suena raro en pleno paraíso natural, tanto como el nombre de la revolución de Rafael Correa, “revolución ciudadana”, cuando, en el contexto andino, tenía que haber sido una “revolución indigenista” o “revolución cosmovisionista”. Por esto pasó lo que pasó. Lo cierto es que la empresa estatal Petroamazonas en marzo de 2016 inició la explotación comercial del campo petrolífero de ITT-Tiputini, ubicada en el corazón del El Parque nacional Yasuní . “Con este paso Ecuador inicia una nueva era al comenzar a extraer 23.000 barriles/día”, dijo el vicepresidente ecuatoriano, Jorge Glas, en la inauguración.

Al inicio de su mandato como presidente de Ecuador, Rafael Correa prometió evitar la extracción de petróleo en el ITT a cambio del compromiso de una eco-compensación-ayuda-solidaria internacional de $3.600 millones, que al final no se concretó. En consecuencia, el Congreso, controlado por el oficialismo, autorizó en 2014 la explotación del ITT-Tiputini pese a la oposición de grupos indígenas y ecologistas (como Acción Ecológica de Ecuador), que intentaron someter el tema a referendo. Esperanza Martínez, presidenta de Acción Ecológica de Ecuador, señaló: “…en la zona de Tiputini ya se empieza a ver más cantinas, más prostíbulos y más problemas sociales". El país prevé alcanzar una producción de 300.000 barriles diarios en el bloque ITT en el 2022. Más petróleo, pero tres veces más barato: pasó de 98$/barril en el 2012 a 30$/barril en 2016, y a cambio del destrozo del parque natural más diverso del mundo.

Suele decirse, y creo que es obligado admitir, que: “El único poder justificable es el derivado del empoderamiento de la población, es decir del famoso 99%”. Si esto hubiese sido la realidad en el Ecuador de la década de los años diez del siglo XXI el desastre de Yasuní no se hubiera producido. En este sentido, estoy de acuerdo con la opinión de Christophe Aguiton: “sólo con la gestión directa puede haber solución”ii

En otro aspecto del decrecimiento, la lucha contra el patriarcado, estoy de acuerdo con lo que afirma Elizabeth Peredo Beltrániii. “es más adecuado hablar de feminismos (en plural) que en singular, pues existen diversos feminismos”. Esto es lo que pasa también con el decrecimiento, pues existen varios decrecimientos:

1. Decrecimiento-en forma absoluta, sin ninguna otra palabra que lo acompañe, el cual resulta con una cierta ambigüedad al faltarle referencias concretas.
2. Decrecimiento keynesiano, también llamado sostenibilidad por las corrientes reformistas. Un decrecimiento que piensa, quiméricamente, que se puede decrecer dentro del sistema capitalista.
3. Decrecimiento cavernario situado en extremo opuesto al keynesiano (con cierta dosis de sectarismo simplificador) que rechaza a ultranza toda la acumulación de conocimientos desde que éramos protozoos. Y que piensa que tenemos que volver al Oreopithecus… ¿y por qué no volver al protozoo? Creo que en lo que hay que pensar es en algo que se está haciendo urgente: empezar a aprender a saber usar el saber.iv
4. Decrecimiento infeliz. Que engañosamente nos dice que vamos a ser felices creciendo, pero lo que en realidad se nos ofrece con el crecimiento es trabajo esclavo guerras de exterminio, consumismo enajenante, aumento de diferencias sociales, etc. Es decir, lo que nos ofrece en realidad es un decrecimiento infeliz para el 99% de la población.
5. El decrecimiento demográfico forzado, (eco-fascismo) que solo tiene en cuenta la reducción masiva (exterminio de miles de millones) de seres humanos como solución al problema del calentamiento global y salvación de la biosfera.
6. Por último, está el decrecimiento feliz basado en un paso transicional desde el capitalismo (o lo que es lo mismo, desde el decrecimiento infeliz) al decrecimiento feliz, al cual se llegará a partir de las 20 transiciones hacia el decrecimiento feliz, que menciono en mi último librov.

Serán unas transiciones que nos permitirán salir del capitalismo y entrar en una sociedad con una forma de vivir sencilla, pero no simple. Y será austera, aunque no mísera, en cuanto consumo de materia y energía, pero muy compleja y rica en cuanto a diversidad cultural y biodiversidad. Ya no se seguiría inmerso en la pobre simplicidad del Pensamiento Único.

i El Parque nacional Yasuní es un parque nacional ecuatoriano que se extiende sobre un área de 9820 kilómetros cuadrados en las provincias de Pastaza, y Orellana entre el río Napo y el río Curaray en plena cuenca amazónica a unos 250 kilómetros al sureste de Quito. El parque, fundamentalmente selvático, fue designado por la Unesco en 1989como una reserva de la biosfera y es parte del territorio donde se encuentra ubicada la nación huaorani. Dos facciones wao, los tagaeri y taromenane, son grupos en aislamiento voluntario. Se considera la zona más biodiversa del planeta por su riqueza en anfibios, aves, mamíferos y plantas.  Este parque cuenta con más especies de animales por hectárea que toda Europa junta. (Fuente Wikipedia).
ii Activista de Attac France, profesor en las universidades de Marne-la-Vallée y de la Sorbona París-I, sindicalista e investigador de los comunes, autor del capítulo 4, “Los Comunes”, en el libro ‘Alternativas sistémicas’, cuyo compilador es Pablo Solón, Edición conjunta de Focus on the Global South. Paz, Bolivia, Febrero 2017.
iii Psicóloga y activista boliviana por los derechos ambientales y los derechos de las mujeres. Elizabeth Peredo Beltrán es la autora del capítulo titulado “Eco-feminismo” en el libro ‘Alternativas sistémicas”, señalado en la nota 2.
iv Ver el sub-capítulo “Tenemos que aprender a saber usar el saber” de mi libro “El decrecimiento infeliz y el desarrollo humano”, Catara 2015, págs. 144-147.
v Julio García Camarero “Manifiesto de la transición del decrecimiento feliz” Catara 2017, págs. 73-75.

Decrecimiento, redistribución, fiscalidad

Juan-Ramón Capella - mientras tanto

Cuestiones básicas para una estrategia de los de abajo


Decrecimiento

El aparato productivo es ya poderosísimo. Pero ¿es aceptable el crecimiento cuantitativo? ¿El crecimiento económico puede solucionar nuestros problemas? No se entrará aquí en una reflexión en términos globales, sino únicamente locales. La sociedad española, ¿ha de producir más?
La respuesta a esta pregunta tiene que ver con dos cuestiones: la ecológica y la redistributiva.

La gran mayoría de los expertos en cuestiones ecológicas creen que las economías deben decrecer. Que es insensata la carrera del crecimiento (producir por producir), ya que destruye el entorno, se acumulan residuos y se agotan los bienes del suelo y del subsuelo. El decrecimiento formula en realidad una pregunta acerca de cómo quiere vivir una sociedady solo secundariamente una pregunta acerca de cómo vive.

Dos precisiones sobre el decrecimiento. Primera: su contrario, el crecimiento, puede ser de dos tipos: cuantitativo (producir más) o cualitativo (producir lo mismo pero mejor). Segunda: decrecer en general no implica hacerlo en todos los sectores. El decrecimiento es compatible en principio, en determinados casos, con el crecimiento cualitativo, e incluso, en algún sector, como la sanidad y la salud, con un deseable crecimiento puro y simple.

Sabemos que las necesidades de las personas son indefinidamenteelásticas, y variados los modos de satisfacerlas. Por eso un control colectivo de lo que son necesidades sostenibles —un adjetivo ya esencial cuando se habla de necesidades— debe establecer algún criterio de selección. Así, serían necesidades insostenibles aquéllas cuya satisfacción destruyera o limitara la posibilidad de satisfacción de necesidades básicas —entendiendo por básicas las de sustento, habitación, calefacción, vestido, movilidad educación y sanidad de todos—. Quede aparte la cuestión de que esas necesidades básicas pueden ser satisfechas de diversas maneras —se puede comer pan o langostinos, moverse en bici o en auto, p.ej.—, y esto no es inesencial, aunque no podamos detenernos en ello aquí. Por otra parte, serían necesidades antisociales las que en ningún caso pudieran ser satisfechas para todos los miembros de la sociedad.

A partir de criterios como éstos, u otros parecidos, se tendría que poder plantear a la ciudadanía a qué niveles de satisfacción de necesidades (establecidos en términos genéricos) aceptaría autolimitarse. Por ejemplo: ¿les bastaría a la gran mayoría de los conciudadanos un nivel de vida medio semejante al de Alemania en 1990? ¿Al de Alemania en 2000? ¿Al de Dinamarca en 2015? En todos los casos, como es natural, con mejor redistribución, más igualitaria, que la de los ejemplos citados. El filósofo alemán W. Harich fue el primero en plantear, creo yo, esta interesante cuestión

Una política de decrecimiento económico tiene numerosas implicaciones que es imposible plantear aquí. Estratégicamente hablando, los de abajo deberían combatir entre el conjunto de la población la idea de que el crecimiento económico es un maravilloso elixir curativo de los males presentes —el mantra reiterado de los neoliberales—, y tratar de exponer la necesidad del decrecimiento, con objetivos razonables. El decrecimiento no es ni mucho menos la austeridad forzosa impuesta por el capitalismo en sus crisis pero evidentemente implica la idea de contención, de no estirar más el brazo que la manga. La noción de austeridad es siempre relativa, e histórica.

El crecimiento es el deus ex machina del pensamiento económico neoliberal e incluso de cierto pensamiento de izquierdas. Aunque en realidad es tan dogma de fe como la Inmaculada Concepción de la Virgen María o la Santísima Trinidad.

El otro lado de la pregunta sobre el crecimiento es el redistributivo. Pues cabe afirmar que en la sociedad que estamos considerando ya en la actualidad puede haber bienes suficientes para todos, pero están desigualmente distribuidos. Unos tienen mucho, demasiados tienen poco y otros no tienen nada. 

Erario público y rentas directas e  indirectas

La necesidad de conjugar una política de decrecimiento con la solución del problema social generado por el paro estructural de las sociedades tercioindustrializadas obliga a proponerse políticas fuertemente redistributivas. Unas políticas que serían necesarias incluso si —lo que sería suicida— no se hubieran planteado objetivos de decrecimiento.

Es necesario que todas las personas a las que el mercado de trabajo no acoge sean remuneradas socialmente. No se propone aquí una idílica renta básica universal, sino una renta básica exclusiva para las personas que no consiguen trabajar, mientras esta situación perdure; y una renta no miserable.

También es necesario que el erario público extienda (y financie) los servicios sociales a tareas de cuidado, imprescindibles por el proceso de envejecimiento medio de la población, y por tanto con el incremento de personas que precisan tales tareas. Y que compense a las personas que desarrollan esos servicios incluso cuando vienen haciéndolo respondiendo a imperativos morales en el seno de la sociedad familiar.

No se puede ocultar que una política en general redistributiva tendría que tomar en consideración también la necesidad de ir acomodando la población, su número, a las posibilidades de los objetivos productivos, y no solo los segundos a lo primero. La restricción del número de hijos al mero reemplazo sería deseable, sobre todo porque, al no ser la sociedad española una isla, sin duda seguirán afluyendo a ella personas que escapan a la muerte, a la guerra o a la más absoluta miseria en sus países de origen. La solidaridad internacional obliga a la acogida en términos razonables.

Lo señalado en el párrafo anterior muestra algunas de las dificultades a que ha de enfrentarse el decrecimiento. Es muy difícil que ciudadanías como la española acepten con naturalidad ciertas limitaciones que le son extrañas y que van contra la experiencia tradicional.

Por lo demás, el erario público debe regresar a la financiación de lo que tradicionalmente se ha entendido como fomento  de las actividades producivas en sectores no apetecibles para la iniciativa privada. El Estado debe responsabilizarse de determinadas producciones; p.ej. la de medicamentos cuya fabricación no le resulta rentable a la industria farmacéutica. Ello por no hablar de cuestiones mayores, como una hipotética necesidad de nacionalizar determinados sectores productivos, como el eléctrico o las telecomunicaciones, que la iniciativa privada no produce a precios satisfactorios; o, tal vez, la nacionalización del sector financiero, incapaz de operar en términos distintos de los del neoliberalismo estricto y cuyos reiterados fracasos pagan los contribuyentes.

Hoy la vergonzosa protección gubernamental a los monopolios eléctricos se manifiesta en las dificultades puestas a la producción de electricidad —solar, eólica— para el autoconsumo, lo cual equivale a una obligación de mercadear. Por la misma regla de tres de los abominables gobiernos que impiden eso tendría que estar prohibido que los padres fabricaran juguetes para sus hijos.

Por otra parte el paro se puede paliar con inversiones productivas en el interior del país, que debería hacer el Estado si el empresariado prefiere lucrarse en el extranjero. Eso tropezaría hoy con la política ultraneoliberal de la Unión Europea. 

Los problemas mencionados los complican las posibilidades abiertas hoy a las deslocalizaciones  productivas. Una política económica de izquierdas tendría que ser tan florentina que dificultara o penalizara lasdeslocalizaciones sin ahuyentar la inversión extranjera en los sectores en que ésta fuera considerada conveniente.

[Como se puede ver por lo dicho hasta aquí, los estudiantes de las Facultades de Ciencias Económicas deberían luchar por cambios importantes en sus planes de estudios. Hoy esos centros son poco más que escuelas de negocios, pero en otros tiempos han sido instituciones en que se podía estudiar economía de verdad. Es preciso volver a eso y mejorarlo para formar economistas nuevos; los que hay, instruidos mayormente y durante décadas en el neoliberalismo, sencillamente no sirven.]

Desigualdad, fiscalidad y redistribución

Es obvio que el incremento de la desigualdad producido por las políticas neoliberales —España y los Estados Unidos son los países donde más ha crecido la desigualdad— ha sido terrible en España, no tanto —como se dice— para las clases medias cuanto para las clases trabajadoras. El 20% más pobre de la población es el que más ha perdido; y el empobrecimiento es mayor según en qué regiones, llevándose la palma Andalucía.

El crecimiento de la desigualdad es la principal consecuencia social de las políticas neoliberales. Según el Global Wealth Report de 2015 (apud Fontana), en la distribución global de la riqueza familiar el 1% de los más ricos poseía ya la mitad del total, o sea, tanto como el 99% restante, y para el 90% de la población sólo quedaba el 12,3% de la riqueza. Según Oxfam en enero 2016, en 2015 62 personas 62 tenían la misma riqueza que 3.600millones de seres humanos. Tal es la abominación de la desigualdad a nivel global.

Y, a nivel local, el último informe de Oxfam asegura que España es un país "de dos realidades": por un lado, el PIB crece desde 2014, por otro, la desigualdad aumenta y la situación de las personas más vulnerables empeora, hasta el punto de que España es el segundo país de la UE donde más ha crecido la desigualdad desde que estalló la crisis. En 2015, el 30% de la población más pobre perdió el 33,4% de su riqueza, mientras que la fortuna de las tres personas más ricas creció un 3%.

Los gobiernos del PP y del Psoe han aplicado las mismas políticas fiscales que los presidentes neoliberales norteamericanos, consistente en unos pocos artificios básicos: reducir los tramos del impuesto sobre la renta, aminorar  la fiscalidad en los tramos altos, y dar importancia a los impuestos indirectos, como el IVA, que gravan sobre todo el consumo y a los más débiles (el IVA, las antiguas alcabalas, es un invento endiablado del que ya se quejaban los abuelos de los abuelos de los abuelos de nuestros abuelos).

Reagan estableció solo dos tramos en el impuesto sobre la renta: hasta 30.000 dólares se pagaba el 15%, y el 28% a partir de ahí. El sistema fue perfeccionado por Bush y Clinton, pero significó un giro radical en la política fiscal norteamericana, tanto republicana como demócrata. Con Roosevelt ese impuesto tenía 24 tramos, y el superior tributaba al 94%. Durante 20 años lo que se ganaba por encima de 400.000 dólares tributaba en Usa al 90%. Truman subió eso al 91% y Eisenhower al 92%. Con Kennedy había 24 tramos que tributaban del 20% al 91%. Y eso no molestaba demasiado a las grandes fortunas porque ganaban muchísimo dinero.

Ciertamente, la redistribución de las rentas que esos impuestos posibilitaban no iba muy lejos debido al desmesuradísimo gasto militar de la época (ou sont les missiles d'antan, les bombes H d'antan, que por fortuna sólo han causado daños sociales antes de convertirse en obsoletos?). Eisenhower había descubierto que las puertas giratorias entre altos mandos militares e industria armamentista constituían un círculo vicioso que atenazaba la libertad de acción de la presidencia de la república; le dio nombre y todo: complejo militar-industrial. En cualquier caso la historia muestra que el dogma de los impuestos bajos a los ricos para que inviertan es tan falso como la santidad de Judas Iscariote.

De modo que el problema del paro está asociado para la izquierda, para los de abajo, a la temática de la fiscalidad. A la implantación de un modelo impositivo de muchos más tramos que los actuales, y que sea casi incautatorio para las rentas desmedidas que los poderosos se han asignado a sí mismos.

Abordar el problema del paro está asociado a cerrar el abanico de las diferencias salariales y abrir en cambio el de los gravámenes fiscales. Una política que además podría aminorar la carga fiscal indirecta de los pobres, el IVA, gravando seriamente, en cambio, los bienes de lujo, antisocialistas, que jamás podrían ser disfrutados por toda la población: por ejemplo, campos de golf, embarcaciones de recreo y sus amarres, aviones privados, grandes residencias, etc.

La defraudación a la Hacienda Pública, la ocultación en el extranjero de rentas obtenidas en España, y cosas como éstas, deberán ser objeto de una seria represión penal. Va siendo hora de pensar en cárceles especiales para personas mayores, culpables frecuentes de este tipo de fraudes, y rechazar la idea de que en estos casos la edad exonera de la prisión. El fraude a la colectividad es uno de los delitos más repugnantes, pues se comete con deliberación, sin necesidad y sin ofuscación.

Análogamente habría que castigar con incautaciones e inhabilitaciones a los responsables de las empresas que disimulan sus ganancias en paraísos fiscales, práctica muy extendida entre bancos y poderosos que por otro lado se ocupan de publicitar sus falsas liberalidades, que suelen encubrir intentos de privatizar y mangonear más.

Como en cada asunto central de una estrategia de la izquierda o de los de abajo, se trata de darla a conocer a grandes conjuntos poblacionales, discutirla y experimentarla. Esta estrategia debe colocar los problemas en el primer plano de las consciencias, y ridiculizar a los graves tribunos televisivos dedicados a la putañesca modernización del oficio de marear la perdiz.

Los decrecentistas de antes

Docecelemines

Hace un tiempo me tope con un vídeo que relataba una metáfora del modo de vida esclavo ( o la buena vida, según se mire). Os invito a verlo.


Investigando algo más sobre el ponente, descubrí que se trataba se Carlos Taibo, profesor de Ciencias Políticas en la Autónoma de Madrid, y una de las cabezas visibles del decrecimiento en España.
¿Y qué es el decrecimiento?


Pues un movimiento que afirma que dejando de crecer como lo hacen ( o quieren) las economías del norte opulento, consumir menos, ecológica y sosteniblemente y productos de proximidad, obviando una publicidad que nos incita a lo contrario y aprovechando el aumento de tiempo libre en ocio creativo en vez de los hobbies basados en el consumismo.


En una primera aproximación podría parecer que hablamos de un movimiento revolucionario cuyos integrantes lleven rastras y cultivan en huertos urbanos, se desplazan en bicicletas y se reúnen en asambleas para tomar decisiones ( que también).


Sin embargo, es una descripción bastaste realista de mis abuelos, y ahora mismo de mis padres, aunque con matices.


Mis abuelos consumían verduras, frutas y hortalizas, siempre de estación. Su supermercado (su huerta) estaba a 500 metros de casa y la “compra” le llegaba en su burra o mula. Tenían cerdos, gallinas y conejos. Cabras y ovejas para obtener lácteos. Hacían jabones y ( tiempo atrás) amasaban su pan. El vino que tomaban era de su cosecha, destilaban sus licores y elaboraban sus dulces. Su economía estaba basada en el autoconsumo y sus necesidades fuera del mismo era el pescado.


Por supuesto no vivían acosados por una publicidad feroz ni tenían información de lo que se podía importar desde la otra punta del planeta por pocos euros, pero eran unos auténticos decrecentistas sin saberlo. Al igual que mi padre que, a lo largo de los años, ha adquirido esa ideología sin darse cuenta.
 

Y heme aquí, criticando nuestro modo de vida actual mientras trabajo en una empresa eminentemente exportadora, bombardeado por anuncios de comida rápida y bandejas plastificadas, con ofertas de ropa de marcas suecas cosidas en Bangladesh y estrenando un teléfono cada año porque la manzana, ese año, ha cambiado de color y hay que estar a la última,  preguntándome si los auténticos revolucionarios fueron mis abuelos y nosotros somos unos borregos que sólo merecemos que nos saquen a pastar un par de horas al día.

“Hay daños del consumo si pensamos en ir a Chile de shopping”

Alejandro Rebossio - Noticias

El economista alemán Ulrich Brand, profesor de la Universidad de Viena, vino a principios de junio a Buenos Aires invitado por la Fundación Rosa Luxemburgo para disertar sobre su libro ‘Salidas del laberinto capitalista. Decrecimiento y Postextractivismo’, cuyo coautor es el ex ministro de Energía ecuatoriano Alberto Acosta. También dialogó con NOTICIAS.

Noticias: ¿Qué es el decrecimiento?

Ulrich Brand: El decrecimiento es un concepto que dice que tenemos que liberarnos del imperativo capitalista del crecimiento, que todas las relaciones sociales, todas las formas de organizarse económicamente tienen que cumplir con el crecimiento. El decrecimiento surgió en los años 70 con André Gorz, Iván Illich. En los últimos diez años Joan Martínez Alier, de Barcelona, y otros argumentan que si queremos pensar alternativas fundamentales y concretas de otras formas de organizar la movilidad de la gente, la nutrición, la alimentación, los vestidos, tenemos que liberarnos del principio fundamental de la acumulación capitalista, el crecimiento.

Para dar un ejemplo, si queremos organizar una movilidad solidaria, tenemos que salir de la automovilidad, tenemos que salir del crecimiento empujado de las automotrices, tenemos que pensar bien cómo organizamos en Buenos Aires, Viena,  Berlín, Nueva York, en el campo, la movilidad. Hoy en día la movilidad está impuesta por intereses privados, de la industria del automóvil, de la industria de las autopistas.

Noticias: ¿La idea sería consumir menos?

Brand: Consumir y producir de otra manera, no es solo consumir. El crecimiento no dice ‘tú tienes que consumir’, sino nosotros como sociedad pensamos cómo consumimos hoy, cuáles son los daños sociales, porque hay un consumo de prestigio de los ricos, de la clase media alta, es el consumo del prestigio que significa ‘yo quiero distinguirme de la gente normal, de la mayoría’. Hay daños del consumo si pensamos en volar, en el consumo de aviones, en Europa se va al shopping de otra ciudad, de Buenos Aires se va a Santiago de Chile a hacer shopping, esas cosas. No es per se la reducción de consumo sino que tenemos que crecer en el ámbito de la salud, de la buena alimentación, del cuidado de los niños, de la educación, pero hay que reducir por lo menos en Europa, yo no hablo de América Latina, hay que reducir ciertas formas de producción y consumo. Hay que producir menos automóviles, menos armas, menos carne industrial, lo que no significa que la gente no coma más carne, pero la comida tiene que ser sana, ecológica y no bajo la dominación de los grandes capitales industriales del agronegocio. Nosotros argumentamos por otras formas de producción y consumo que no causan tanta presión al trabajo, a la sociedad y al medio ambiente.

Noticias: ¿Qué les toca a los países en vías de desarrollo como la Argentina, donde hay gente que consume mucho y otros que desean consumir más?

Brand: Yo trabajo el concepto del modo de vida imperial: significa que la gente en los países del Norte tiene un acceso cotidiano, normalmente inconsciente, a la mano de obra barata del mercado mundial, de América Latina, China, y a los recursos naturales. Si pensamos alternativas para la Argentina, yo argumentaría que hay también sobreconsumo para las clases altas, pero hay que repensar la economía argentina, tanto dependiente del mercado mundial, de la volatilidad de los precios de la soja y la carne. Entonces el punto de partida sería cómo la sociedad argentina se abastece de sus propios recursos de agricultura, pero también de industria para tener una buena vida para la gente. Hay que repensar la dependencia de Argentina del mercado mundial. El decrecimiento en la Argentina sería un buen vivir para todos. Parece cínico porque hay tanta pobreza. Hay que reorganizar la economía misma hacia un mercado interno, justo y ecológico para abastecer. En el segundo plano, pensar en el plano mundial, qué productos no existen y se producen en la Argentina y por eso hay que exportar. Pero otra cosa es estar bajo la presión del exportismo (sic) hacia el mercado mundial de la soja, de la carne, que está en favor de ciertos intereses económicos poderosos, intereses políticos. Entonces entramos en cosas muy difíciles: qué significa que la propiedad de la tierra, quién decide sobre las inversiones, en qué sectores, qué cantidad de la producción agrícola tiene la Argentina.

Noticias: ¿A qué apunta el decrecimiento?

Brand: El concepto de decrecimiento quiere promover el debate sobre cómo organizamos nuestras economías, nuestras sociedades.

Noticias: ¿Hay líderes mundiales que se acerquen a este concepto de decrecimiento?

Brand: No lo veo, yo creo que hay decrecimiento cínico, que es la política de la austeridad. Tal vez a nivel local, en las alcaldías de Barcelona y Madrid, las alianzas de Podemos, las alianzas que vienen del 15M, del movimiento social en España. Allí hay un muy buen debate sobre decrecimiento. Por ejemplo, Ada Colau, la alcaldesa de Barcelona, viene del movimiento del decrecimiento, ella sabe qué significa entonces porque tiene que realizarlo en Barcelona, con el turismo y ciertas dependencias.

Noticias: Le pregunto por tres personas que no son de países desarrollado: uno es Evo Morales y el otro, Rafael Correa, que hablaron mucho del buen vivir, con sus contradicciones. Después está el papa Francisco con su encíclica  ‘Laudato si’.

Brand: Francisco es un buen ejemplo. ‘Laudato si’ apunta a liberarnos de los imperativos capitalistas y buscar alternativas. En ese sentido me parece interesante. Morales tiene un discurso, también Correa, pero Morales tiene un discurso muy progresista pero de hecho también promueve la minería, la producción de gas y la dependencia del mercado  mundial porque los ingresos vienen del mercado mundial, de la venta de gas y otras cosas. Creo que por las luchas históricas de los indígenas, sobre todo en Bolivia, hubo cambios de las constituciones ahí y en Ecuador, que incluyeron el buen vivir, los derechos de la naturaleza. Pero de hecho las políticas económicas del gobierno de Morales, Correa, ahora (Lenin) Moreno apuntan hacia el crecimiento.

Noticias: Curioso que el papa Francisco termine siendo de la izquierda.

Brand: Pero tiene un pensamiento progresista.

Cargonomia: la alternativa económica venida de Hungría

Marianne de la Forge - CaféFabel

Traducido por Belén Burgos Hernández


Desde hace varios meses, la calle Dembinszky de Budapest es objeto de curiosidad: al fondo de un pequeño patio se escribe una nueva etapa del recorrido hacia otra visión de la sociedad. Aquí se encuentra Cargonomia, el resultado de la búsqueda de otras alternativas para una mejor convivencia. Entrevistamos a Vincent Liegey, cofundador del proyecto.

El local de Cargonomia está lleno de bicicletas con remolque de carga de tres ruedas fabricados allí mismo con el acero procedente de una fábrica de la ciudad de Csepel, al sur de Budapest. Se crearon específicamente para las necesidades de Cargonomia y con un fin muy particular: permitir el desarrollo común de varias pequeñas entidades que trabajan a partir de ahora de forma conjunta sin ánimo de lucro. Cargonomia es también un centro de exposición, prueba, alquiler y compra de soluciones low tech para el transporte de mercancías.

Realmente, Cargonomia no es más que un centro que reúne diversas actividades haciéndolas codependientes. La granja orgánica de la aldea de Zsámbok produce frutas y verduras que se envían a Budapest, la cooperativa social Cyclonomia construye bicicletas con remolque para carga que son utilizadas después por Kantaa, una asociación de mensajeros, para entregar frutas y verduras a quienes las tienen encargadas dado que forman parte de una AMAP (Asociación para el Mantenimiento de la Agricultura Campesina), defensores y partícipes de la agricultura sostenida por la comunidad.


Una larga maduración

Sus fundadores han estado madurando la idea del proyecto desde hace más de 3 años, mientras que a lo largo de sus encuentros y conversaciones han decidido compartir sus recursos materiales e intelectuales. El equipo de Cargonomia es más bien irregular, extraño y fuera de orden. Todos ellos son ingenieros, aunque algunos tienen otras fuentes de ingresos como Logan, estadounidense que trabaja 3 días a la semana en la Universidad Central Europea como responsable de temas ecológicos. Adrien, franco-húngaro, fabrica las bicicletas y trabaja en Cyclonomia en toda clase de proyectos low tech, para cuyo desarrollo se utiliza la menor tecnología posible.

Recientemente lo ha hecho en una túrmix, una máquina que transforma la fruta en zumo gracias a la fuerza del pedaleo. Levente, húngaro, es el responsable de Kantaa, experto en logística y con estudios de informática. Vincent es a la vez cofundador de Cyclonomia y "teórico" oficial del proyecto Cargonomia, por su conocimiento de los mecanismos del decrecimiento. Autor de un ensayo sobre los ingresos básicos, es el que ha puesto en contacto a toda esta gente y ha impulsado la realización del proyecto.

"Queremos demostrar que es posible crear empleos que respondan a las necesidades vitales sin tener que hacer grandes inversiones ni generar situaciones nocivas para la población. Hay que establecer una relación de confianza entre consumidores y productores, queremos hacer reflexionar sobre el sentido de nuestras producciones y de nuestros consumos", explica, deseando con ello incitar a los urbanitas a hacerse las preguntas adecuadas. Preguntas del tipo: "¿en qué condiciones se produce lo que consumimos, quién lo produce, los productos son sanos?".

Cargonomia permite también una redistribución entre los centros urbanos, donde se concentran el dinero y los compradores, y el campo que, en Hungría, se empobrece un poco más cada día. Pero la apertura va en ambos sentidos: la granja de Zsámbok aprovecha la apertura cultural que ofrece la ciudad y se ha convertido en una granja de puertas abiertas, siendo también su objetivo acoger a grupos y dar a conocer su funcionamiento diario y las ventajas que se obtienen allí.

Otro objetivo de Cargonomia es demostrar que hay otras formas de entender la ciudad y el transporte urbano, que existen otras alternativas al coche o al camión para transportar pasajeros y mercancías respectivamente. Se ha demostrado muchas veces que la bicicleta hace la ciudad mucho más habitable, reduciendo el ruido, la agresividad y la polución.
"Ya hemos tenido experiencias como mudanzas, gente que viene y alquila la bicicleta para el fin de semana, podemos llevar muebles encima del remolque sin problemas. ¡Con una bicicleta de 3 ruedas se pueden transportar fácilmente 200 kilos!".

Aprovechar las ideas preconcebidas

La idea está muy bien sobre el papel, pero llevarla a la realidad plantea enormes desafíos. Haber conseguido reunir a gente que tiene diferentes trayectorias, orígenes y visiones del mundo es un mérito, pero también una fuente de conflictos y de malentendidos. Pero, como en la naturaleza, donde todo lo que se beneficia de la biodiversidad mejora a empujones, los conflictos traerán también más emulación, complementariedad y capacidad de recuperación dentro del equipo.


Descripción del proyecto Cargonomia mediante cámara embarcada.

Para Vincent, son los debates que suscita lo que inevitablemente añade toda su sal al proyecto. "Es un experimento humano y político sobre como vivir en sociedad de otra manera, por lo que inevitablemente hay indecisiones. Cuanto más avanzamos, más descubrimos. Durante la creación de Cyclonomia en 2013, por ejemplo, hubo que inventar nuevas formas de subsistencia para los empleados y así evitar depender de voluntarios presentes 8 horas al día. No es posible que este sistema funcione en Hungría, donde la cobertura social y las diversas redes de seguridad que existen, por ejemplo en Francia, no existen aquí. Esto plantea seguramente muchas preguntas, pero hay que vivir con las limitaciones económicas impuestas por la sociedad en la que se vive".

En el caso de Zsámbok, 6 familias que son en su mayoría de la aldea dependen del funcionamiento de la granja. Gracias a esta iniciativa, están mejor pagadas que la mayoría de los agricultores húngaros. La producción de alimentos sostenibles genera empleos que permiten tener una independencia económica. Por ello, el proyecto acumula una dimensión social y una dimensión medioambiental con intentos de encontrar modelos económicos alternativos. Vincent y su equipo, contrarios al hecho de ir a pedir un préstamo a un banco, recurrieron a  la financiación participativa o crowdfunding. 

Las iniciativas como Cargonomia se multiplican en los países occidentales desde hace varios años y comienzan a llegar a los países de Europa centro-oriental. Según Vincent, esos países tienen recursos excepcionales heredados de su pasado y de su propia cultura.

"En los antiguos países socialistas, hay muchísimas cosas interesantes desde el punto de vista de la transición hacia el decrecimiento, especialmente en torno a la economía sumergida y los medios de supervivencia, pero estas iniciativas son vividas en general por las personas que las ponen en marcha como algo vergonzoso, como mecanismos de picaresca que deberían pertenecer al pasado. Desde el punto de vista de un europeo occidental, es increíble puesto que lo logramos con nuestras propias experiencias con la burocracia, las instituciones, la tecnología… Hemos tenido tiempo para concienciarnos de los efectos negativos de la sociedad de consumo y para ver que esa sociedad está llegando a su fin".

¿Cómo hacer frente a ese famoso deseo de crecimiento, mejorar esa herencia para convertirla en un saber que se puede poner al servicio de la sociedad? ¿Cómo hablar de decrecimiento en países que apenas han conocido el crecimiento? Esto es lo que está en el centro de la mayoría de los debates planteados a todos los niveles por el proyecto y que lo alimenta cada día. Trasladar esas ideas a un contexto europeo permite aprender muchísimo sobre uno mismo y sobre los demás, ya que las referencias políticas, geográficas y culturales se mezclan, permitiendo a todo el mundo abrir la mente y descolonizar el imaginario popular. Siempre con la esperanza de ir más allá para construir una Europa que de importancia a las condiciones materiales de vida de sus pueblos.

“La izquierda no quiere oír que tenemos que ir a un modo de vida mucho más simple y autogestionario”

Ted Trainer Carlos Sarille
María Rúa Junquera - El Salto

Ted Trainer acaba de publicar 'La vía de la simplicidad. Hacia un mundo sostenible y justo'. El investigador y activista australiano nos abre las puertas de Pigface Point, su espacio autogestionado a las afueras de Sidney.


El escenario futuro de un mundo postpetróleo, donde los recursos escasean y el crecimento ya no encuentra indicadores positivos que lo mantengan, empuja al ser humano a buscar alternativas sostenibles para garantizar la supervivencia. Si, además, incorporamos un enfoque social donde el reparto de los recursos sea justo y equitativo entre todas las personas que conformamos el planeta, entonces nos encontramos con el libro La vía de la simplicidad. Hacia un mundo sostenible y justo, del investigador y activista australiano Ted Trainer (Editorial Trotta, 2017).
 

Con una amplia trayectoria en el campo de las teorías de transición y del cénit del petróleo, el autor nos abre las puertas de Pigface Point, su espacio personal autogestionado a las afueras de Sydney, donde practica la vida simple que promulga en sus ensayos y donde se encuentra su residencia. En el mismo recinto también desarrollan numerosas actividades de tipo educativo y divulgativo con el fin de mostrar a todas las personas interesadas una de las alternativas posibles a un mundo capitalista basado en el crecimiento y el consumo.
 

La Vía de la Simplicidad es una respuesta holística a un mundo postcapitalista, ¿cuántos años ha estado investigando sobre esto?

Mucho tiempo. Intenté hacer eso con mi primer libro en 1985, Abandon Affluence!, y para ello, lógicamente, ya llevaba varios años estudiando el tema y buscando evidencias. Posteriormente, en 1995, con The Conserver Society: alternatives for sustentability, mejoré los argumentos. Sin embargo, es en La vía de la simplicidad donde presento un intento teórico por superar con tesis y evidencias más fuertes y mejor estructuradas los trabajos anteriores, dando respuestas claras sobre lo que está pasando, hacia dónde vamos y teniendo en cuenta experiencias ilusionantes que existen en este ámbito en la actualidad. 


Habla de esa “gran visión” de nuestra sociedad que la gente debe comprender para actuar en consecuencia. La Vía de la simplicidad es una explicación extensa y exhaustiva sobre ella pero, ¿podría darnos unas pinceladas? 

El hecho es simple. Hay tres elementos principales para entender lo que está sucediendo en el mundo. Estamos utilizando muchos más recursos de los que deberíamos. La cantidad de producción y consumo es totalmente insostenible y se puede documentar detalladamente mirando gráficas de extracción de minería, petróleo, pesca… En los últimos años se ha producido un aumento increíble en el consumo en general. Por eso tenemos que decrecer. Tenemos que diseñar otro modelo donde podamos seguir viviendo bien pero, al mismo tiempo, que la cantidad de recursos consumidos per cápita sea mucho más pequeña en comparación con la actualidad.

El segundo elemento importante de esta idea es que no hay multiples alternativas. Todo pasa por crear una “vida simple”. Esto implica niveles de consumo de recursos muy bajos, niveles de autosuficiencia muy elevados a nivel local, economía local, autogestión local y producción en función de las necesidades, no de los beneficios. Estos elementos no son discutibles.

¿Estamos preparados para implementar en la actualidad La Vía de la simplicidad en nuestras vidas o la sociedad necesita más evidencias que auguren un colapso de la civilización? 


Nosotros no queremos que el sistema colapse. Queremos que el actual modelo decrezca para ganar tiempo hasta que llegue el colapso. Mientras tanto, tenemos que trabajar para que más gente despierte y se dé cuenta de que este sistema no va a ser capaz de mantenerlos.

Por lo general, las personas no entienden que el mercado no podrá seguir creciendo para siempre. Esto perjudicará principalmente a la gente con menos recursos y solo los ricos se podrán beneficiar. Por eso necesitamos tiempo para que la gente normal, la mayoría social, entienda que esta gran transición va a llegar. En este contexto, sería ideal que distintas alternativas ya estuvieran funcionando para demostrar no solo en la teoría, sino también en la práctica, que existen numerosas alternativas a un modelo capitalista como las Localidades en Transición. Para estar preparados para cuando llegue el colapso energético debemos decrecer durante 20 o 30 años construyendo la alternativa que necesitamos.

¿Cuánto tardará en llegar el colapso del sistema capitalista actual? 


Hay un libro muy potente titulado Failing States, Collapsing System, de Nafeez Mosaddeq Ahmed, que habla sobre Oriente Medio y sobre las cosas alarmantes que allí están sucediendo. Todos los países productores de petróleo están sufriendo varios problemas: el agotamiento de los recursos petrolíferos y, con ello, el incremento del precio para poder extraerlo; el disparado crecimiento de la población… En los últimos 30 años solo se han preocupado de hacerse cada vez más ricos y no en mejorar las condiciones de vida de las familias. Ahora lo que tienen es una gran escasez de agua e importan la mayoría de la comida. Esto implica que el coste de los bienes se multiplica. La cantidad de petróleo que necesitan para abastecer a la gente está aumentando y el número de servicios y subsidios que proporcionan los estados se está reduciendo. La cantidad de petróleo que pueden exportar también se está reduciendo. De acuerdo con las gráficas que presenta el autor, quedan 10 años hasta que los recursos desciendan de manera dramática. Pensamos que en la actualidad tenemos un problema con los refugiados pero, cuando lo único que puedan exportar las personas que viven en estas regiones del mundo sea arena, la situación será dramática.

Hay muchos análisis en la actualidad que van en esta dirección. Hablan de una crisis multifactorial, no solo por el petróleo y no solo en Oriente Medio. Es el cambio climático también, el colapso de la pesca… Cada vez se hace más difícil extraer minerales y los costes de hacerlo cada vez son más elevados. Se deteriora la productividad de la economía. El sistema financiero quebrará. Todas estas cosas van a peor en muy poco tiempo. Antes del 2030 golperarán al mundo de tal manera que todo va a explotar y quebrarse. Las respuestas a las preguntas son múltiples pero todas están enfocadas hacia una misma dirección, y es que el crecimiento infinito del sistema capitalista es insostenible. Su quiebra vendrá vinculada a otras crisis de diversa índole que solo se podrán paliar con un cambio de sistema.

¿Cree que las personas ricas y poderosas aceptarán voluntariamente este cambio de modelo de manera pacífica aun cuando esto significa perder sus privilegios? 


No lo podemos garantizar. De hecho, es muy probable que los más poderosos intenten luchar por mantener sus privilegios y sus posiciones actuales. Sin embargo, aquí aparece una oportunidad para cambiar las cosas. El actual sistema requiere una gran cantidad de energía, un sistema financiero… En el contexto de un colapso, estaríamos prácticamente sin energía, no habría combustibles líquidos y el sistema financiero tardaría mucho tiempo en poder recuperarse. Esta nueva realidad facilitaría el cambio de paradigma pero también impulsaría a los ricos a intentar controlar a toda costa los pocos recursos que quedarían. También se lanzarían a por los medios de comunicación y, posiblemente, incluso potenciaran movimientos fascistas.

Es probable que la gente voluntariamente no decida cambiarse a La vía de la Simplicidad sin que sea de manera coercitiva. ¿Habrá que esperar a que todo estalle? 


Con suerte no tendrá que ser un colapso, sino simplemente un gran deterioro de la situación. Siempre será de manera voluntaria. De ninguna manera creemos en el uso de la fuerza, no tiene ningún papel en este proyecto. Tenemos que enfrentarnos al cese de la producción, a que se terminen las vacaciones en Bali, a reducir los recursos caros al mínimo. También tendremos que convencer a la gente, incluidos los propietarios, de que hay que decrecer. En la Revolución del 1936-37 en España, muchos de los propietarios de las fábricas se adaptaron al nuevo modelo de producción cooperativa y se generaron beneficios para toda la comunidad. En este momento, casi todas la fábricas deberían ser cerradas, ya que estamos produciendo demasiado, y tanta producción no es necesaria y está arruinando el planeta. Con suerte, todavía tendremos algunas décadas para convencerlos y, si hay suerte, encontraremos maneras para generar los menores inconvenientes posibles, especialmente para todas las personas que trabajan actualmente en las fábricas.

Hace referencia en su libro, pero también en esta entrevista, a la experiencia cooperativista y anarquista de España en los años 1936-37. ¿Cómo influyó este hecho en el desarrollo su teoría? 


Fue muy importante. Esta experiencia demuestra que lo que proponemos se puede hacer. De hecho, creo que es el mejor ejemplo que tenemos en la historia reciente: una alternativa en una sociedad moderna que implica una considerable industria, coordinación, universidades, hospitales… lo imprescindible en una sociedad contemporánea. Es un ejemplo poderoso que nos recuerda que lo que proponemos es posible porque, básicamente, ya se ha hecho con éxito antes.

Millones de personas en el área de Barcelona cooperativizaron los medios de producción y gestionaron la sociedad de manera comunal. Yo creo fue el hecho más importante que sucedió a lo largo de la historia. Alejandro Magno, Gengis Kan… lo que hicieron fue insignificante. Fue tribal, estúpido y bruto.

 Simplemente mataron a gente y conquistaron territorios para poder construir un imperio. No le hicieron bien a nadie. ¿Qué métodos o qué movimientos surgieron en 50.000 años de historia para crear una sociedad pacífica, amistosa, cooperativa y organizada en base a cuestiones medioambientales y proporcionando una vida amable?

Otro ejemplo que se me ocurre es la sociedad que se desarrolló en el entorno de Creta hacia el 1.500 AC. Aun así, es difícil buscar buenas sociedades que sirvan como modelo para gestionar el mundo. Sin embargo, hay muchísimos pequeños ejemplos por todo el planeta. Pero, sin duda, a gran escala, el ejemplo más completo e ilusionante fue el de los anarquistas españoles en términos de un mundo sostenible, justo y pacífico.

El decrecimiento energético es un elemento fundamental en este nuevo modelo, como también lo es la energía limpia. ¿Cuál es el papel de las renovables? 


Sin duda tenemos que movernos hacia las renovables. En la actualidad, una de mis líneas de investigación se centra en las capacidades de la energía renovable. A pesar de que no creo que se pueda gestionar el nivel de consumo energético de la sociedad actual con energía renovable, esta sí tiene una razón ecológica debido a la cantidad y al coste de producción.

Tampoco sería posible en un mundo postpetróleo usar las renovables como alternativa sin reducir el consumo. Este es el punto de vista que pretendo aportar a la discusión. No soy dogmático pero estoy muy seguro de mi argumento. Tenemos que movernos a las renovables ya que en La vía de la simplicidad la única energía posible y coherente es la renovable.

¿Convertir La vía de la simplicidad en un modelo mainstream es el gran reto que tenemos por delante? 


Totalmente. Todo esto no se puede quedar en un círculo reducido de académicos o personas que leen libros de 300 páginas. La gente común quiere que sus problemas reales se solucionen, pero para ello tiene que entender que tiene un problema. Por ejemplo, el efecto invernadero es un problema, pero la mayoría de los estadounidenses no consideran que lo sea y, probablemente, tampoco la mitad de los australianos. Por eso, el grupo crucial de gente es la gente normal,

La izquierda a la hora de abrazar las teoría de La vía de la simplicidad, ¿ha sido una aliada o una opositora? 


El papel de la izquierda en este proyecto es un gran problema. Yo he gastado mucha energía intentando que se sumara a esta alternativa de un mundo simple. Algunos lo han hecho pero muchos otros no. La mayor parte de la izquierda sigue pensando que su gran problema es el capitalismo. Piensa que sin él todos nosotros viviremos bien. Otros se han dado cuenta de que tenemos un problema de recursos naturales y medioambientales. Sin embargo, su enfoque es muy suave y no le dan demasiada importancia a reducir nuestra forma de consumir. No quieren pensar en un Simpler Way. Hemos pasado mucho tiempo intentando explicarle a la izquierda: “Gente, el capitalismo tiene que terminar, pero este no es el fin de la historia. Tenemos que movernos a una vida simple, donde la toma de decisiones se realice de manera comunitaria”. Pero no quieren oírlo; otro trabajo que nos queda.