Servidumbres del trabajo

José Manuel Naredo - Configuración y crisis del mito del trabajo

Con el advenimiento del capitalismo disminuyen las posibilidades de obtener botín mediante "hazañas" bélicas o cinegéticas, "a la vez que aumentan, en radio de acción y facilidad, las oportunidades de realizar agresiones industriales (o financieras) y acumular propiedad por los métodos cuasipacíficos de la empresa nómada". Por lo que, desde este punto de vista, no anduvo desencaminado Benjamín Constant (1813) cuando señaló que "la guerra y el comercio no son más que dos medios diferentes de alcanzar el mismo fin: el de poseer aquello que se desea". Siendo directamente medible, en el capitalismo, el botín alcanzado en las "hazañas" (que se vincula al prestigio social) a través de la riqueza pecuniaria acumulada.

Cuando en una sociedad como la nuestra se asocia la respetabilidad de los ciudadanos a su nivel de riqueza, se desata entre éstos una lucha por la "reputación pecuniaria" que crea un estado de insatisfacción crónica generalizada. Pues, como ya Veblen advirtió, dada la naturaleza del problema, es evidente que está fuera de toda posibilidad que la sociedad pueda lograr un nivel de riqueza que satisfaga los deseos de emulación pecuniaria que se han desatado entre los ciudadanos. Si a esto se añade que, con la llamada "sociedad de consumo" se han ampliado y complicado sobremanera las necesidades elementales que reclamaba la supervivencia y encarecido la posibilidad de hacerles frente, tenemos que, al decir de Illich (1992), el homo economicus ha hecho las veces de eslabón intermedio en la transfiguración de la naturaleza humana desde el homo sapiens hacia el homo miserabilis: "al igual que la crema batida se convierte súbitamente en mantequilla, el homo miserabilis apareció recientemente, casi de la noche a la mañana, a partir de una mutación del homo oeconomicus, el protagonista de la escasez.

La generación que siguió a la segunda guerra mundial fue testigo de este cambio de estado de la naturaleza humana desde el hombre común al hombre necesitado (needy man)". La racionalidad parcelaria desplegada trajo consigo la irracionalidad global, así como la paradoja de que la economía, en vez de combatir la escasez, favorece los procesos que se encargan de agravarla y extenderla por el mundo. Escasez que no sólo alcanza a los "bienes" y al dinero u otros tipos de "activos", ¡sino hasta al propio trabajo!. Lo que hace que los individuos estén dispuestos a inmolar su vida al trabajo (penoso y dependiente) con más ahínco que antes. A la vez que se acentúa la jerarquía y la dominación dentro del propio mundo del trabajo, al promover y privilegiar constantemente aquellas tareas que, por ser fuente de "botín", están más vinculadas a la adquisición de la riqueza que a la producción (material) de la misma.

Así, la máquina no ha conseguido liberar a los hombres de las servidumbres del trabajo, sino que éste sigue siendo una fuente importante de crispación que alcanza tanto a los parados, como a los ocupados, y hasta a la llamada por Veblen “clase ociosa”, cada vez más embarcada en la carrera de la “competitividad” y esclavizada por insaciables afanes de acumular poder y dinero, que llevan al presente 'darwinismo' empresarial a hacer del crecimiento una necesidad para la supervivencia.

Sobre la misoginia

"Todas las barbaridades cometidas contra la mujer, como las barbaridades que se cometen contra las criaturas, contra los negros y contra otros seres considerados inferiores, tienen que ir necesariamente acompañadas de un bagaje de sentimientos negativos, de un estado emocional despectivo y distante que les permita ejecutar las respectivas atrocidades sin conmoverse; es lo que los psicólogos llaman madurez emocional o acomodación emocional al principio de nuestra realidad; es decir, que seamos capaces de asistir y cometer las crueldades como si tal cosa; mejor dicho, no como si tal cosa, sino sintiéndonos superiores, porque explotar, discriminar, violar, manipular, castigar etc., confiere sentimiento de poder y superioridad.

¿Dónde se adquieren los sentimientos que un negro inspira a un blanco? ¿O los sentimientos que una criatura pequeña inspira a un adulto? La misoginia y el racismo, como el adultismo se transmiten inconscientemente, allí donde se aprende que tus semejantes no son como tú; que los hay unos superiores y otros inferiores, unos que mandan y otros que son sumisos a los que mandan.

Para considerar a alguien inferior es preciso que, de algún modo, despreciemos algo inherente a su condición, como un motivo o razón por el que pueda ser objeto de desprecio. En el caso del racismo es el color de la piel y en el caso de la mujer sus estados sexuales, su potencial de maternidad. La misoginia es el sentimiento de desprecio a la mujer que la hace inferior a los ojos de los hombres y de las propias mujeres patriarcales. ¡Como si abjurando de los flujos maternos se pudiese conjurar el dolor de la herida y la propia frustración del deseo reprimido de esos flujos! No es frecuente que un hombre se reconozca misógino, como ningún blanco o blanca se reconoce racista. Pero la misoginia está ahí, encubriendo el crimen de las madres, delatándose en actos, actitudes, palabras y silencios.

La superioridad de los hombres con respecto a las mujeres ha tenido, según los tiempos, diversas justificaciones, variando la importancia de unas u otras según las circunstancias: recordemos lo de que la mujer no tenía alma y que por tanto era sólo animal; que era un subproducto de hombre -lo de la costilla-, que era débil, que era enfermiza porque menstruaba, que tenía que dedicarse a las funciones degradantes de gestar, parir y amamantar, etc. También, como decía el padre de una de nosotras, que todas las mujeres eran mentirosas, pérfidas y malas por naturaleza, como también dice la Biblia en diversos pasajes (y como, por lo visto decía uno de los asesinos de las tres chicas de Alcasser: todas las mujeres son unas putas). Y finalmente porque la mujer es de una inteligencia inferior al hombre: los hombres son superiores a las mujeres porque son más inteligentes; y los blancos son superiores a los negros por la misma razón. Luego vienen las explicaciones científicas sobre la capacidad craneal y el peso del cerebro, etc. etc. Ni que decir tiene que la inteligencia de l@s adult@s se presenta superior a la de los niños y niñas. Así viene funcionando la jerarquización del patriarcado desde sus orígenes: los hombres dedicados a las ciencias y a las letras, ejercitando su inteligencia, su superioridad; las mujeres haciendo funcionar las bajezas de su cuerpo como máquina reproductora, ejerciendo su inferioridad."

Extraído de "La represión del deseo materno y la génesis del estado de sumisión incosnciente" de Casilda Rodrigáñez y Ana Cachafeiro.

Web de Casilda Rodrigáñez

Iván Illich como inspirador del decrecimiento


El crecimiento exacerbado encierra para Illich dos problemas. De una parte está la situación que podríamos llamar de finitud, es decir, la imposibilidad lógica de pretender un crecimiento infinito, por mucho que éste busque satisfacer este conjunto siempre creciente de necesidades. En segundo lugar, tenemos un problema de equidad. Un crecimiento indefinido de la producción de la energía conlleva serios problemas en la distribución y en el uso de esta energía, desfavoreciendo a los que tienen menos poder para justificar su “necesidad” de más energía.

Una serie de intelectuales ligados en algún momento con Illich, como Serge Latouche, Andre Gorz y otros, han sistematizado estas ideas en un término: el decrecimiento. Utilizando el paradigma de Illich, así como fuertemente las ideas de Georgescu-Roegen referentes a la aplicación de la idea de la entropía a la economía, este grupo de pensadores aboga por abrir como única posibilidad viable de supervivencia para nuestra civilización la limitación del crecimiento económico, lo cual incluye la limitación con respecto a la producción de la energía.

Según Ridoux, el decrecimiento es “una disminución regular del consumo material y energético, en los países y para las poblaciones que consumen más que lo que es admisible por la impronta ecológica, evacuando prioritariamente el material superfluo, en beneficio del crecimiento de las relaciones humanas”. Esta disminución debe ser implementada considerando dos condiciones importantes: que ésta sea sustentable, es decir, que se realice de una manera progresiva y democrática; y por otra parte, que sea realizada en equidad. Estas dos serían condiciones necesarias (pero probablemente no suficientes) para lograr un proceso de decrecimiento en nuestra sociedad.

Esta noción no tiene pocas críticas. ¿Cómo instaurar una cultura de la limitación, si existen seres humanos que ni siquiera pueden satisfacer sus necesidades básicas? Su implementación requeriría un cambio de conciencia, la liberación de lo que Serge Latouche denomina las “mentes colonizadas” . El proceso partiría con los países desarrollados, quienes son los que principalmente sobre-consumen. Pero eso no quiere decir que los países más pobres debieran dar rienda suelta a su consumo tampoco. La idea es transformar la manera de ver el fenómeno del sobre-consumo como una fuente de peligro para la supervivencia de nuestra civilización: “un crecimiento ilimitado no puede sino que transformarse en desmesura, en un delirio productivista, y conducir directamente al agravamiento de los problemas que constatamos hoy en día” .

Para lograr esto es necesario considerar una filosofía de vida basada en la “simplicidad voluntaria” . Se trata de una transformación de la manera de ver el mundo y de una implicación en éste. De ahí la importancia que otorga este movimiento al desarrollo de una democracia participativa y directa. En el lenguaje de Illich, se trata de construir una sociedad que sea convivencial y que, por lo tanto, esté consciente de su finitud y de la importancia de replantearse lo realmente necesario en sus necesidades.

La postura del decrecimiento –como hemos visto basada fuertemente en la crítica illichiana– implica una postura individual que no es evidente. Un primer problema es el problema micro, de lo que ocurre en la psiquis individual frente a esta proposición. Porque detrás de esto está el problema de las necesidades y de cómo nos posicionamos frente a ellas. Gran parte del problema está relacionado con nuestra forma de plantearnos frente a lo que “necesitamos”, en relación a los mecanismos de la psique humana. El poner esto en cuestión –el lograr esta “simplicidad voluntaria” de los “decrecientes”- no es algo evidente, pero nos indica un punto importante a considerar: la crisis de la energía refleja de cierta manera una crisis interior del ser humano y de la civilización.

Un segundo problema es el tema macro. Una postura decreciente implicaría, a nivel social, una serie de problemas. ¿Implicaría el decrecimiento aumentar las tasas de cesantía? Y si es así, ¿cómo haríamos frente a una recesión tal? Es por esto que una política en esta línea no puede ser concebida si no es con una transformación radical de nuestra forma de hacer las cosas. Un decrecimiento, por ejemplo, no podría ser impuesto por ley –a menos de encontrarnos en el escenario de una catástrofe natural, en cuyo caso sería la ley de la naturaleza la que lo impondría– sino que debe ser un movimiento político que traiga aparejado un cambio en la forma de ver las cosas. La sociedad convivencial de Illich está fundada en un individuo que es conciente de la importancia de esta actitud para su propio desarrollo y para el desarrollo de su comunidad.

El decrecimiento tiene en común con las ideas de Illich lo auto-evidente. ¿Cómo pensar un crecimiento sostenible, en un mundo finito? La contradicción salta a la vista, a pesar de que políticamente no sea tal vez la idea más correcta. Un decrecimiento implica también un volver a dar a las pequeñas unidades productivas el poder de tomar decisiones, el hecho de realmente ejercer una democracia participativa. ¿Es esto interesante para quienes detentan el poder en las comunidades actuales o es más bien visto como una amenaza? En mi opinión, el problema es el cómo. ¿Cómo generar un mecanismo que permita tomar conciencia de esta finitud y cómo tomar las medidas políticas, económicas y técnicas que estén a la altura de esta conciencia? Obviamente todo esto trae aparejado una transformación de nuestra comprensión del mundo, una transformación interior. Nobleza obliga.

Extraído de: 'Humanismo radical, decrecimiento y energía' de Roberto Espejo.

Espectáculo obsceno: la pornografía de los medios de masas



MuchachitoOrdinario - La alternativa ética del decrecimiento

Cada jornada asistimos impertérritos a un espectáculo de dudoso gusto estético, auditivo y visual. Es el que irradian, con escasas si bien loables excepciones, los medios de comunicación actuales. Los así bautizados como mass media. Televisión, radio y prensa por este orden de trascendencia pública y con internet arrebatándoles paulatinamente la cuota de audiencia.

El miedo, que nos apoca y atemoriza, que nos veja y menosprecia, que se burla de nosotros y nos ridiculiza, nos es inoculado en pequeñas pero bien calculadas dosis y se difunde, promueve y propaga urbi et orbe las veinticuatro horas del día, siete días a la semana, trescientos sesenta y cinco días al año. Como bien dice el escritor uruguayo (y estudioso del miedo) Eduardo Galeano, desayunamos, almorzamos y cenamos miedo. Y en los entretiempos, también podemos degustarlo en cuantiosas raciones.

Conscientes de que temerosos somos más vulnerables al embuste y a los intereses de los oligarcas del sistema económico-financiero que los patrocinan y subvencionan, los medios de comunicación de masas (masas acríticas, entiéndase) no tienen reparos en mostrarnos el horror y la barbarie, el terror y el terrorismo, el pánico y la sinrazón. Eludiendo siempre explicarnos los motivos subyacentes, pues hacernos conocedores de la verdad nos supondría un dolor difícilmente asumible. O así lo juzgan ellos conveniente.

Agitan y ofrecen gentilmente, como sucedáneo de cata, un cóctel que contiene cantidades ingentes de sangre y vísceras, generosas porciones de cuerpos demacrados y miembros mutilados y cuantiosas dosis de griteríos estridentes, bombardeos atronadores y testimonios escalofriantes. De ese modo, nos embeben en una indignación incomprendida y nos marcan el sendero que debemos transitar. Como debemos opinar: señalando víctimas y verdugos, culpables e inocentes, agentes y pacientes en un dualismo depauperante, simplista y marcadamente reduccionista. Adoptan, entonces, un rol emergente: el de ser laboratorios generadores de opinión pública.

En la era de la información, en la que ésta circula sin excesivos impedimentos por las autopistas digitales, el exceso de la misma se vuelve sobreinformación y esta, a su vez, se torna en deformación y manipulación al albur de aquellos nuevos creativos de opinión, que la moldean como si de plastilina se tratase para ofrecérnosla fragmentada, segada y parcializada.

Sumidos en la lógica del negocio mercantil, el afán de lucro y los intereses meramente crematísticos se imponen al derecho a la comunicación y a estar informados, reivindicados ambos popularmente. La información sensu stricto y el testimonio real de las personas que lo viven, no reciben un trato adecuado y rara vez podemos comprobar como se sienten y cual es la opinión real de los afectados por un acontecimiento, sea este de naturaleza bélica, socio-económico-política o religiosa.

Recibimos, eso sí, el guión narrado viva voce por un reportero que escribe y lee al dictado de los think tank, los tanques de pensamiento. Esas organizaciones disfrazadas de los fines beneficiosos de una fundación, cuyos dirigentes guardan una asombrosa relación de parentesco y cercanía con sus análogos de la industria armamentística, el lobby bancario o con los prebostes que encabezan las principales compañías multinacionales, que hacen de este nuestro planeta un lugar inhabitable para una mayoría, socialmente injusto y ambientalmente degradado.

Contra esa deriva ocultacionista y ese espectáculo bochornoso y depauperante de los medios de comunicación actuales, tan sólo nos queda articular un entramado de medios antagonistas y contrainformativos, que conformen la voz de los sin voz, de los excluidos por el statu quo mediático. Un foro de diálogo en el que la pluralidad de visiones, la multiculturalidad, la divergencia y la diversidad no sean patrimonio de nadie. En el que las voces se expresen y sean escuchadas sin más interés que el de resultar útiles y enriquecedoras a las personas que las perciben.

Al fin y al cabo y recuperando nuevamente a Eduardo Galeano, cada uno es tan pequeño como el temor que siente y tan grande como el enemigo que elige. En este caso, la policefálica Hidra de Lerna propagandística de los mass media, sustentada en un mismo cuerpo de monstruosas proporciones que conforma el mercado global al mando los intereses de los amos del mundo.

La fórmula del decrecimiento

Alexis Texeiro - Trátalo

La sociedad actual en los países del primer mundo vive a una velocidad muy por encima de lo sostenible.



Esta se transforma en velocidad crucero si hablamos de apropiación de recursos y de generación de residuos, porcentajes bastante superiores de las capacidades del entorno. Estamos generando gases de efecto invernadero (proveniente de los residuos) por encima de la capacidad de ser asumidos por parte de la atmósfera (la cual utilizamos como sumidero).

El posible agotamiento del petróleo (que usamos como recurso) se debe a que estamos consumiéndolo por encima de su tasa de renovación. Si hacemos un repaso por todos los problemas ambientales, los podemos situar en estas dos categorías:
Todos sabemos cuál es la solución.

Es sencillo; consumir menos recursos y producir menos residuos, todo a un ritmo asumible por la naturaleza.

Entonces, ¿por qué avanzamos justo en la dirección contraria?

Nuestro sistema actual, el capitalista, funciona con una única premisa: maximizar los beneficios individuales en el más corto espacio de tiempo. Y una de sus consecuencias es que el consumo de recursos y la producción de residuos no para de aumentar a velocidades exponenciales.

No es que haya un villano que diga: quiero cargarme el planeta. Es una simple cuestión de reglas de juego, o maximizas tus beneficios o te quedas fuera.

Quedarse fuera es que tu empresa sea absorbida o pierda su mercado. Para atajar este problema de sobre velocidad, de competencia caníbal que esquilma, exprime y erosiona nuestro planeta pasa por abandonar la obsesión del crecimiento.

Significa que los ciudadanos del primer mundo tendremos que recortar drásticamente nuestro consumo de recursos para solo acceder a las cosas que sean exclusivamente necesarias. Para así, acoplar la producción de residuos a la capacidad de asimilación de la naturaleza.

El decrecimiento no implica que todo el mundo decrezca, ni que decrezcamos en cualquier cosa, sino que busca la equidad en la austeridad. La apuesta por el decrecimiento no es anti-capitalista sino anti-productivista, busca dar lugar a un mundo donde primen los valores humanos por encima de los técnicos y económicos.

No se trata de regresar a los bosques a la luz de las hogueras (…) para nada… sino de establecer prioridades.
Es comprender que vivir mejor es vivir con menos.
El decrecimiento no es un objetivo, es un medio hasta alcanzar parámetros de sostenibilidad. Y Trátalo quiere ser punta de lanza del decrecentismo, con nuestra apuesta para reducir el consumo a través del acceso a las cosas, y en el caso que ocupa, alquilándolas.

¿Y tú? ¿te apuntas al decrecentismo?

Decrecimiento para la sosteniblidad

Rocío Olivares Olivares - Sostenibilidad Práctica



El decrecimiento es algo de lo que aún no he hablado como tal en este blog, porque la palabra en sí, no me motivaba ni inspiraba, es un concepto por el que siento una especie de amor-odioaunque entiendo perfectamente su significado y a que se refiere…

…básicamente a que la forma en la que la economía actual crece, pues no es muy viable, por lo menos durante mucho tiempo.. más que nada, porqué los recursos naturales son limitados, y  si lo gastamos todos,  pues no quedan. Punto.

En realidad es algo bastante sencillo, hay lo que hay, y sí,  la tierra nos da nuevos recursos cada año, nos da abundancia, pero sin rompemos sus ciclos, y su funcionamiento, y la contaminamos continuamente, pues va ser que no da para más, además que dedicamos recursos a pinche pura pendejada, (como dice mis amigos mexicanos) pura pinche pendejada que no necesitamos, como por ejemplo que las naranjas vengan peladas y envueltas en plástico,  algo que va a acabar con todos nuestros problemas para siempre, claro que si guapi!!, o como estos aguacates…

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EL DECRECIMIENTO  es un concepto que hace referencia al sistema económico y político, y a la forma en la que funciona en la actualidad, dónde se valora más lo números y los datos económicos (que no digo que no sean importantes a veces) que otras cuestiones como el bienestar real de los ciudadanos, los datos económicos no vamos a negar que tienen su función, pero hay algo que se pierde y que no se puede reflejar en esos números, por ejemplo, las consecuencias ambientales y sociales, que a veces supone este crecimiento, o por ejemplo  algo tan abstracto o subjetivo como la felicidad, que si han tratado de tenerlo en cuenta como índice en Bután, dónde se mide la felicidad interior bruta (FIB) que guía su política y  el desarrollo del país, dónde no es un o esto o lo otro, si no que se integra el desarrollo económico y lo material con lo más espiritual.




(discurso de kenedy sobre el PIB, puedes poner los subtítulos en Español) 
El decrecimiento entonces lleva implícitas varias cosas, como reducir la producción, reducir el consumo, pero consumir mejor y tener en cuenta también otros factores, y otras cosas que son importantes también.

La parte que a mi menos me gusta de esto concepto, es que decrecer desde mi punto de vista, pues no es inspirador, ¿quien quiere decrecer? no sé, sobre todo se me hace poco motivador para la gente más ajena a estos temas, y que forman más parte el problema que tu y que yo seguramente, yo personalmente lo que quiero es crecer, aprender, vivir, viajar, conocer gente, disfrutar de la vida, y aportar mi granito de arena al mundo con lo que tengo para dar, a  que sea un mundo mejor de lo que ya es.  Quiero crecer y desarrollarme personal y profesionalmente, y claro que si, tener unas condiciones de vida buenas, pero para que yo tenga esas condiciones de vida buenas, no es necesario que otros (personas y animales) estén mal, que es  una  creencia que tienen algunos,  que solo se puede estar bien, si hay otros que sufren y se parten el lomo por ti, para mi es una creencia falsa y limitante, pero muy extendida y que tiene al mundo hoy como está, porqué mucha gente la da por cierta.

Gente con la que he hablado que no  tiene ni idea de estos temas,asocia a veces estos temas con  vivir mal, a ser pobre, o rebajar su condiciones de vida, y no es necesario eso estrictamente.
Mucha de esa gente que continuamente se siente mal, y tiene la necesidad de comprar cosas para suplir ese malestar, ese malestar viene de algo interior que no ha trabajado aún,  el comprar cosas compulsivamente, solo te produce una satisfacción momentánea que pronto necesitas volver a tener, de hay la compulsividad. Pero el problema de fondo que es un problema emocional, no lo estás resolviendo y de ahí surgen algunas de las enfermedades modernas más extendidas y en crecimiento como la ansiedad y la depresión. 

En la tierra hay suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no tanto como para satisfacer la avaricia de algunos.Mahatma Gandhi
Yo creo que la economía puede evolucionar, y crecer de otras maneras, sin necesidad de destruir ecosistemas,  y tejidos sociales más vulnerables…Sin necesidad de ese o tu o yo, y esa competencia arrasadora, en  este caso,  tenemos el emprendimiento social y ambiental, como una forma de transformar la economía.
Aunque el emprendimiento no es la única solución, eso esta claro, es una parte de la solución, junto con otras alternativas como  compartir, colaborar, redes horizontales, etc. No sé hay miles de soluciones sostenibles y sociales dentro de cada una de nuestras cabecitas, complementarias y útiles. Te invito a que imagines tu solución.

Sin duda algo que tenemos que cambiar son los hábitos consumistas, que no nos llevan a nada… y además traen consecuencias negativas, tanto económicas, sociales, como ambientales.  Sinceramente  creo que estamos siendo u poco gilipollas, pendejos, pelotudos… ( bueno en realidad mucho)  porque la sostenibildad es buena para todos.
Si te gutan más las cosas oficialistas, y no tanto la visión personal de alguien, aquí te dejo algunos conceptos más establecidos.

Decrecimiento

No hay como un término ni concepto consensuado, la definición siguiente de Vicente Honorant, es una de las más utilizadas:

 “El decrecimiento es una gestión individual y colectiva basada en la reducción del consumo total de materias primas, energías y espacios naturales”
Según wikipedia El decrecimiento es una corriente de pensamiento político, económico y social favorable a la disminución regular controlada de la producción económica, con el objetivo de establecer una nueva relación de equilibrio entre el ser humano y la naturaleza, pero también entre los propios seres humanos.

Esta teoría nació en la década de los 70 de la mano de Georgescu-Roegen, matemático y economista que sentó sus bases. Sus estudios sobre bioeconomía le sirvieron para escribir The Entropy law and the Economic Process, la biblia de los decrecentistas, la crítica ecológica y la crítica de la sociedad de consumo.

Esta iniciativa clama contra la cultura de usar y tirar, la obsolescencia programada, el crédito fácil y la explotación de los recursos naturales, que amenazan el futuro del planeta.
El paradigma económico y social actual es “más rápido, más alto, más lejos”. Se basa y estimula a la competencia entre todos los seres humanos. Esto provoca aceleración, estrés y exclusión. Nuestra economía destruye las bases naturales de la vida.

“Quien crea que un crecimiento exponencial puede continuar indefinidamente en un mundo finito es un loco o un economista”. Kenneth Boulding. Economista
En la actualidad ya está por encima de la capacidad de regeneración natural del planeta, y esto obliga a cuestionar la capacidad del modelo de vida moderno para producir bienestar ante la imposibilidad de generalizarlo para el conjunto de la humanidad.
Sus defensores argumentan que no se debe pensar en el concepto como algo negativo, sino muy al contrario. Cuando un río se desborda, todos deseamos que decrezca para que las aguas vuelvan a su cauce.





 
Y bueno también escribo este artículo porqué hace un par de Semanas estaba en un encuentro erasmus +  decrece para la sostenibilidad organizada por  Equipo Mandrágora , y me ha hecho pensar un poco de nuevo es este concepto.

La experiencia en Sierra de Vicor

El encuentro me lo pasó  un amigo y me dijo esto es par tí, hice la presentación y me seleccionaron.

El encuentro consistía en un encuentro de grupos europeos de Croacia, España, Bélgica e Italia una semana para debatir y tocar temas relacionados con la temática del decrecimiento.

La cuarta revolución industrial no es nuestra revolución

Andreas Speck, Moisés Rubio Rosendo, Marcos Rivero Cuadrado - El Salto



“Las nuevas tecnologías y enfoques están fusionando los mundos físico, digital y biológico de maneras que transformarán a la humanidad en su esencia misma”, afirma Klaus Schwab, economista y fundador del Foro Económico Mundial de Davos.

En su extremo, la “Cuarta Revolución Industrial” (4RI) promete aumentar las capacidades humanas a través de las nuevas tecnologías, e incluso ser capaz de “curar” el envejecimiento, conduciéndonos a una nueva y controvertida especie “posthumana“. El protagonismo de esta revolución en la que nos adentramos con gran rapidez lo tendrán la nanotecnología, la biotecnología, los robots, la inteligencia artificial, los sistemas de almacenamiento de energía, las energías llamadas limpias, el Big Data, los drones, la realidad virtual y aumentada y la impresión en 3D. 

Paralelamente al anuncio del Foro de Davos, el canal #0 dio voz en el mundo hispanohablante a José Luis Cordeiro, a quien presentó como profesor fundador de la Singularity University, “para intentar averiguar a cuántos pasos está la ciencia de alcanzar esa utopía llamada inmortalidad”: la muerte de la muerte, fabricación de órganos, criogenización, colonización de planetas, exocortex, telepatía, comida artificial, computación cuántica... Un curioso elenco de posibilidades que parece salido de la ciencia ficción, en particular, de La Saga de los Heechees, de Frederik Pohl.

Efectivamente, José Luis Cordeiro no sólo recrea en su discurso una obra clásica de ciencia ficción sino que, además, no es reconocido por la universidad a la que dice pertenecer: ¿un charlatán de feria? En cualquier caso, con estas credenciales, resulta ilustrativo que su discurso sea legitimado por uno de los periodistas más premiados de España, Iñaki Gabilondo, emitido en el canal de la compañía de telecomunicaciones más importante de Europa, Telefónica, cuyo principal accionista –incluso por encima de cuatro de los principales bancos europeos– es la mayor empresa de gestión de inversiones del globo, BlackRock. ¿Por qué poner tal fuerza financiera, comunicativa y de legitimación al servicio de alguien de dudosa credibilidad? ¿Es que el relato de la 4RI requiere de un “contador de cuentos”?

Otro relato moderno

Aunque ha sido un tema recurrente en lo que llevamos de siglo, fue a principios de 2016 cuando el Foro Económico Mundial anunció al mundo que entrábamos en la 4RI. Desde entonces, su presencia en los medios de comunicación de masas se ha multiplicado para decir que ya está aquí, que su impacto sobre nuestro mundo es inevitable y que debemos prepararnos para ello.

En España, el Gobierno ha lanzado una plataforma web para promoverla y algunas grandes corporaciones ya se han lanzado a proclamarla como el próximo paso en nuestra evolución natural. Sin embargo, a pesar de que quienes la anuncian reconocen que su implantación provocará, en las próximas décadas, un cambio radical en la estructura social y económica de nuestras sociedades como en la propia esencia de los individuos, la mayor parte de la ciudadanía y de nuestras instituciones no parece reconocerle demasiada relevancia. 

La 4RI se presenta como la solución a la crisis de la economía global que, desde el crash financiero, muestra serias dificultades para seguir creciendo. Con ella se ganaría en productividad y flexibilidad –dos de las características de la economía más afectadas por la crisis–, se crearán nuevos puestos de trabajo y, además, el sistema productivo sería mucho más respetuoso con el medio ambiente. En definitiva, un cambio que nos ayudaría a transitar hacia una economía de crecimiento sustentable y una nueva fase de prosperidad de la que podrán disfrutar las nuevas generaciones. 

Para ello, la 4RI cambiará de forma radical la forma de globalización modelada en la última década, adentrándose ahora en una nueva fase donde los flujos comerciales de larga distancia serán reemplazados por otros más regionales. Un gran cambio macroeconómico que se producirá a partir de la reindustrialización de los países más ricos, que ahora buscarán producir cerca de los mercados de consumo.

Riesgos, amenazas

Sin embargo, sus promotores también asumen que su implantación podría conllevar riesgos y amenazas, siendo la principal la de incrementar las desigualdades y los procesos de exclusión, tanto en el interior de los países como entre ellos.

La nueva industria 4.0 estaría muy automatizada y robotizada, por lo que es de prever que se perderían o flexibilizarían hasta límites insospechados muchos empleos ligados a la industria tradicional.

Así mismo, al ser más demandados los hombres con alta cualificación, las personas menos formadas y/o de otros géneros seguirán siendo menos competitivas y tendrán menos oportunidades profesionales. Además, nos dicen que sólo los países que sean capaces de transformarse con audacia podrán aprovechar un crecimiento que no estará disponible para el conjunto de la población. 

¿Y quién ha de gestionar estos riesgos y amenazas? ¿Las sociedades y sus gobernantes? ¿Se seguirá reforzando el uso de la tecnología para el control social sin abordar la precarización de nuestras sociedades? ¿Pueden sociedades que se dicen democráticas adentrarse en una revolución de tal calibre sin discutir siquiera si es esa la dirección que quieren tomar?
 
Más allá aún, en línea con la crítica al transhumanismo y la hiperindividualización, aquella hipotética especie “posthumana“, ¿dejaría como miembros de una especie inferior e inútil a quienes no pudieran o quisieran incorporarse a esa revolución? 

Lo que parece claro es que la 4RI sólo puede presentarse como una oportunidad si se invisibilizan la insostenibilidad ecológica del crecimiento económico –en un contexto de agotamiento y degradación de los recursos materiales y energéticos– y su indeseabilidad social, habida cuenta de los procesos de desigualdad, expulsión y exclusión social que la acompañarían.

Fenómenos como el cénit mundial de extracción de petróleo, la pérdida masiva de biodiversidad y el cambio climático nos están anunciando ya un futuro sin crecimiento económico global determinado por la creciente escasez de aquellos recursos materiales y energéticos estratégicos para el sostenimiento del sistema capitalista y la civilización industrial.

En este sentido, la exploración espacial o la explotación de los fondos marinos, aunque se presentan como una alternativa en la búsqueda de esos recursos imprescindibles aunque, por su alto coste tecno-energético, representan mejor una huida hacia adelante o una maniobra de distracción masiva, que una posibilidad real en el actual contexto de creciente escasez. 

Y, aunque fuese factible desde el punto de vista energético y de los materiales, podríamos sospechar que la 4RI estaría al servicio, una vez más, de una minoría oligárquica formada por las élites industriales, tecnológicas, financieras, mediáticas y políticas que la impulsan. Muchos indicios apuntan a que puede tratarse más bien de una maniobra de engaño y distracción que asegure cierta paz social, mientras se ponen en marcha otras estrategias sociopolíticas menos entusiastas (gobiernos ecofascistas y guerras de conquista de los recursos) que aseguren la lógica de privilegios y explotación del actual orden socioeconómico.

De hecho, parece acertado sugerir que el relato de la 4RI responde a la necesidad que tiene esta oligarquía mundial de atrincherarse frente al declive de su viejo poder industrial y, ante la amenaza de una sociedad cada vez más desigual y polarizada, poner en marcha una estrategia que fortalezca, en tiempos de incertidumbre, su relato hegemónico del crecimiento económico ilimitado. De esta manera, mantendría sus beneficios mediante un uso más eficiente de los recursos materiales y energéticos y una mejora de la productividad; facilitaría el manejo de los centros de producción industrial, al eliminar el poder de una clase trabajadora ahora sustituida por robots y, por fin, fortalecería el control sobre la población mediante la incorporación y el uso generalizado de las nuevas tecnologías.

La importancia de visibilizar el colapso

Un fin de ciclo parece inevitable, sin embargo, quién lo lidere y hacia dónde está aún por decidirse. 

Para ello no es lo mismo que la sociedad sea consciente o, por el contrario, siga ajena al colapso civilizatorio en el que nos estamos adentrando. Mientras que el primer escenario nos da la posibilidad de abrir un debate urgente en nuestras democracias y explorar nuevos caminos para reconstruir la resiliencia de nuestros territorios y poblaciones, en base al cuidado de las personas y la naturaleza, el fortalecimiento de lo común y la democracia radical; el segundo nos lleva, de la mano de la 4RI, a la creación y fortalecimiento de regímenes ecofascistas o, más allá, al ecosuicidio. 

Todavía estamos a tiempo de luchar por una sociedad deseable y sostenible: aún podemos hacer un cesto con estos mimbres. Abandonemos la fantasía distópica del progreso ilimitado. Ésta no es nuestra revolución. 

La economía de la infelicidad

Borja Vilaseca

Una de las ironías de nuestro tiempo es que formamos parte de un sistema económico que necesita que los ciudadanos nos sintamos permanentemente vacíos e insatisfechos para desear siempre más de lo que tenemos.





La economía no es algo ajeno a nosotros. Los seres humanos formamos parte de ella del mismo modo que los peces forman parte del océano. Tanto es así, que podría describirse como el tablero de juego sobre el que hemos edificado nuestra existencia, y en el que a través del dinero se relacionan e interactúan tres jugadores principales: el sistema monetario, las organizaciones y los seres humanos. Cabe decir que esta partida está regulada por leyes diseñadas por los Estados. Sin embargo, por encima de su influencia, el poder real reside en los ciudadanos: con nuestra manera de ganar dinero (trabajo) y de gastarlo (consumo) moldeamos día a día la forma que toma el sistema.

Más allá de cubrir nuestras necesidades, a lo largo de las últimas décadas nos hemos convencido de que debemos tener deseos y aspiraciones materiales de cuya satisfacción dependa nuestra felicidad. Y no es para menos. En 2010, la inversión publicitaria en España superó los 12.880 millones de euros, según la agencia Infoadex. Así, las empresas se gastaron todo ese dinero con el objetivo de persuadirnos para comprar sus productos y servicios. Cabe decir que esta inversión multimillonaria promueve unas determinadas creencias, valores y prioridades en nuestro paradigma. Es decir, en nuestra manera de comprender y de vivir la vida. Prueba de ello es el triunfo del hiperconsumismo.

Además, mientras seguimos asfaltando y urbanizando la naturaleza, conviene recordar que la economía creada por la especie humana es un subsistema que está dentro de un sistema mayor: el planeta Tierra, cuya superficie física y recursos naturales son limitados y finitos. De hecho, creer que el crecimiento económico va a resolver nuestros problemas existenciales es como pensar que podemos atravesar un muro de hormigón al volante de un coche pisando a fondo el acelerador.

LA DECADENCIA DEL SISTEMA “No es signo de salud estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma.”
(Jiddu Krishnamurti)
Sin embargo, hoy en día es común escuchar a políticos, economistas y empresarios afirmar que “el sistema capitalista es el menos malo” de todos los que han existido a lo largo de la historia. Y que “afortunadamente” ya empiezan a verse señales de “recuperación económica”. Es decir, que la idea general es seguir creciendo y expandiendo la economía tal y como lo hemos venido haciendo. Es decir, sin tener en cuenta los costes humanos y medioambientales. De lo que se trata es de “superar cuanto antes” el bache provocado por la crisis financiera.

Ante este tipo de declaraciones podemos concluir que como sociedad no estamos aprendiendo nada de lo que esta crisis ha venido a enseñarnos. De ahí que sigamos mirando hacia otro lado, obviando la auténtica raíz del problema. No nos referimos a la guerra, a la pobreza o al hambre que padecen millones de seres humanos en todo el mundo. Ni a la voracidad con la que estamos consumiendo los recursos naturales del planeta. Tampoco estamos hablando del abuso y de la dependencia de los combustibles fósiles -petróleo, carbón y gas natural-, que tanto contaminan la naturaleza. Ni siquiera del calentamiento global. Estos solo son algunos síntomas que ponen de manifiesto el verdadero conflicto de fondo: nuestra propia infelicidad.

Cegados por nuestro afán materialista llevamos una existencia de segunda mano. Parece como si nos hubiéramos olvidado de que estamos vivos y de que la vida es un regalo. Prueba de ello es que el vacío existencial se ha convertido en la enfermedad contemporánea más común. Tanto es así, que lo normal es reconocer que nuestra vida carece de propósito y sentido.

Y también que muchos confundan la verdadera felicidad con sucedáneos como el placer, la satisfacción y la euforia que proporcionan el consumo de bienes materiales y el entretenimiento.

EL MALESTAR DE LA SOCIEDAD “Estamos produciendo seres humanos enfermos para tener una economía sana.”
(Erich Fromm)

La paradoja es que el crecimiento económico que mantiene con vida al sistema se sustenta sobre la insatisfacción crónica de la sociedad. Y la ironía es que cuanto más crece el consumo de antidepresivos como el Prozac o el Tranquimazín, más aumenta la cifra del producto interior bruto. De ahí que no sea descabellado afirmar que el malestar humano promueve bienestar económico.

Frente a este panorama, la pregunta aparece por sí sola: ¿hasta cuándo vamos a posponer lo inevitable? Es hora de mirarnos en el espejo y cuestionar las creencias con las que hemos creado nuestro falso concepto de identidad y sobre las que estamos creando un estilo de vida puramente materialista. Si bien el dinero nos permite llevar una existencia más cómoda y segura, la verdadera felicidad no depende de lo que tenemos y conseguimos, sino de lo que somos. Para empezar a construir una economía que sea cómplice de nuestra felicidad, cada uno de nosotros ha de asumir la responsabilidad de crear valor a través de nuestros valores. Y este aprendizaje pasa por encontrar lo que solemos buscar desesperadamente fuera en el último lugar al que nos han dicho que debemos mirar: dentro de nosotros mismos.

Similitudes y complementos entre el Decrecimiento y la Transición

Rogelio Fernández Reyes - 15/15\15

El taller titulado “Similitudes y Complementos de los movimientos de decrecimiento y de transición” surgió desde una propuesta de una lista de correos del Eje Nacional de Transición para abordar en el III Encuentro de Redes e Iniciativas Decrecentistas y Transicioneras organizado en Sevilla los días 1, 2 y 3 de noviembre de 2013.

La propuesta fue admitida y se desarrolló el día 2 de noviembre en dicho encuentro, bajo el título “Similitudes y Complementos de los movimientos en decrecimiento y de transición”. El contenido de este artículo apareció por primera vez en Internet en la Red de Transición y no se llegó a publicar en ninguna revista. Hoy se publica en 15/15\15 para darle una mayor difusión y llegar a personas a las que les pudiera interesar. Quizás para apoyar debates.

El desarrollo del taller comenzó con una bienvenida y la presentación de los objetivos, que eran cuatro: crear puentes, conocernos, retroalimentarnos y concluir desde la inteligencia colectiva. Hubo un espacio introductorio para ubicar ambas redes, en el que se expuso que suponen un complemento al ecologismo, junto a ecoaldeas, ecomunicipalities, ecologismo político, Pachamama, simplicidad voluntaria, buen vivir, economía del bien común, paso lento, economía ecológica, cooperativas integrales, etc. 

La metodología que se siguió fue la del World Café. Se dividió la sala en tres mesas de trabajo, donde un anfitrión quedaba de manera permanente tomando notas, y el resto del grupo cambiaba para contestar cada una de las tres preguntas que se formularon. Estas fueron las preguntas:
  1. ¿Qué importancia tiene para mí, en el ámbito del pensamiento y en del corazón la red o la iniciativa en la que participo en este momento histórico?
  2. ¿Qué similitudes y particularidades percibo en el decrecimiento y la transición?
  3. ¿Cómo facilitar un enriquecimiento mutuo?
Los doce participantes (durante un tiempo del taller fueron trece) procedían de iniciativas de transición, del ámbito del decrecimiento y de iniciativas diversas. También había personas que estaban investigando y personas que asistieron porque no conocían y querían aprender algo sobre el tema. 

Una vez respondidas las tres cuestiones, los anfitriones expusieron las anotaciones que tomaron en cada mesa y cada miembro tuvo oportunidad de compartir cómo le había ido a través de otras tres preguntas que respondieron y compartieron de manera individual. Diez de los participantes entregaron la ficha para su compilación. 

Las preguntas finales fueron:
  1. Reflexión sobre el proceso del Word Café
  2. ¿Qué te ha reportado a título individual?
  3. Lo más importante o destacado desde el punto de vista social o comunitario

Reflexiones en el World Café

A continuación se exponen las preguntas y las respuestas efectuadas:

1.- ¿Qué importancia tiene para mí, en el ámbito del pensamiento y en del corazón la red o la iniciativa en la que participo en este momento histórico?

  • —Creo que me hace mejor persona y me une a gente.
  • —Hace ver que hay alternativa y eso da gran satisfacción. Ver que la administración está atenta a estos movimientos.
  • —Importancia de cambio de estilo de vida sostenible; salir del individualismo.
  • —La palabra transición es vital para mí. El contexto del momento histórico lo hace más trascendental.
  • —Parte macro y teórica de acción política para dar dirección en mi vida; la práctica diaria también es importante.
  • —Trasciendo el plano individual y hablo de humanidad.
  • —Participar en primera persona. Te hace partícipe, cuestión de compromiso, satisfacción inmediata por hacer algo en lo que crees.
  • —¿Emocionante? Sí, pero también quema. Hay sentimientos negativos también. Una mezcla.
  • —Noto avanzar. Si estas ideas no se pusieran en práctica no avanzaría.
  • —Da esperanza que haya diferentes iniciativas, me inspira.
  • —Sentar las bases para cambiar, buscar una salida a la forma de vida actual acorde con la militancia.
  • —Canal que permite intentar dejar el mundo mejor de lo que lo encuentro.
  • —Cambiar de vida, conectar, retomar la parte más natural y colectiva, alejarse de la enajenación del productivismo.
  • —Crear redes alternativas al sistema, sentar las bases para el cambio.
  • —Sentirse parte de algo que sea más capaz que un individuo.
  • —No quedarse en reclamar, llevar propuestas a cabo que exigen un nivel de coherencia que necesita un proceso de transformación muy potente.
  • —Exigencia de coherencia: generar espacios de compartir, consumir de otra manera.
  • —Marco sin institucionalizar que permita más libertad, más margen de maniobra.
  • —Transformación individual profunda.

2.- ¿Qué similitudes y particularidades percibo en el decrecimiento y la transición?

  • —Diferencia a nivel político. El decrecimiento es más político, rebeldía al capitalismo, más aparejado al aspecto económico; y la transición engloba más colectivos. La filosofía puede ser la misma.
  • —Decrecimiento: más general, alternativo al crecimiento; Transición: a nivel más local, acciones.
  • —Movimientos muy parecidos. Entran en la misma línea: ecoaldeas, monedas locales… Discurso está calando en la administración, incapacitación del discurso ecologista en el sistema.
  • —Ambos pasan por la austeridad (el decrecimiento siempre, y la transición es para luego vivir con más); diferencias de identidad e ideas.
  • —Difícil establecer una ubicación desde donde participo, tal vez no hace falta poner etiquetas. El decrecimiento es más global y más político. Hay mucha gente que enlaza con ciudades o movimiento en transición por su fácil conexión desde lo local y que no requiere plantear unas ideas de movilización global. Cosas en común: recursos limitados, etc. Y mucha etiqueta.
  • —Enfoque local (soberanía alimentaria, etc.) en común. Falta unión.
  • —Sumar más en común y ya habrá tiempo de ponernos de acuerdo cuando las prácticas sean incompatibles. Hay muchas ideas contrapuestas dentro de ambos.
  • —Actitud inclusiva (a ser posible desde la experiencia).
  • —La transición tiene una meta energética más específica; el decrecimiento es más general se podría decir.
  • —Recelos entre movimientos: miedo a la diferencia (lo que no conocemos amenaza). Similitudes: contenido, temática, fin último. Particularidades (transición): meta energética, carácter inclusivo. Particularidades (decrecimiento): discurso global, no sólo local, y es más amplio.
  • —El decrecimiento es una actitud y la transición una herramienta. Particularidades: el decrecimiento más dirigido al consumo a partir de la actitud y lo político y la transición más dirigido a la energía. Similitudes: colocación de etiquetas, oportunidad de ser personas, parten de una concepción del ser humano más completa (integra más partes, armonía y felicidad). Por ello son formas de vida inclusivas (incluye los cuidados, el trabajo reproductivo, no sólo el productivo).
  • —El decrecimiento incluye al de transición. El decrecimiento es filosofía, marco teórico; la transición es la actuación, el camino.
  • —Tienen en común muchas iniciativas: moneda social, soberanía alimentaria, descenso energético, autogestión, etc., así como la opción por un cambio de paradigma.

3.- ¿Cómo favorecer un enriquecimiento mutuo (entre el decrecimiento y la transición)?

  • —La comunicación es muy importante, para que las ideas no se queden en el propio pensamiento. Cruzar pensamientos y tener la mente abierta a nuevas ideas. Del intercambio de ideas puede surgir una inspiración y crear algo más grande.
  • —Compartir, unir conociendo similitudes. Ser más laxos en normas y tener la mente más abierta.
  • —Trabajo personal para entender que todos estamos conectados.
  • —Fomentar la comunicación entre ambos movimientos y la invitación mutua a las convocatorias.
  • —Te arrancas y luego te ponen etiqueta. Enfoque del objetivo final (decrecimiento) y cómo (transición).
  • —Apolitización del movimiento de transición puede abrir más decrecimiento. Quitas la parte política del decrecimiento y es casi transición.
  • —Enriquecimiento entre acción y teoría.
  • —Abrirse a historias y a otros movimientos.
  • —Disposición a la escucha y vencer la timidez (plano personal).
  • —Enriquecimiento: no solo como intercambio, también compartir bienes, colectivización de bienes (que es diferente del bien público cuya titularidad es del Estado).
  • —Patentes abiertas, conocimiento libre, ideas sin dueño, redes de confianza, cambio de mentalidad, propiedad colectiva.
  • —Responsabilidad de cuidar.

Las respuestas a las preguntas finales fueron:

a) Reflexión sobre el proceso del Word Café (se preguntaba sobre la metodología)

  • —Enriquecedor. Hacer grupos dinámicos abiertos a todos. Cada persona tiene algo que aportar para tener una visión más global. Metodología orgánica y dinámica extrapolable a todos los niveles para definir marcos, proyectos y estrategias comunes, de forma democrática real y autogestionada.
  • —Parecido a lo que puedo hacer en un bar, pero con un orden del día sobre los temas a tratar.
  • —Metodología interesante para contrastar en poco tiempo y con participación de todos, percepciones y reflexiones. La aportación teórica inicial poco clara.
  • —Ha estado muy bien.
  • —Me parece bastante interesante en la medida en que permite la participación activa de todas las personas, democratizando de esta manera el proceso. Permite la escucha activa y la empatía de las personas que participan, creando un espacio de aprendizaje mucho más rico. También permite compartir experiencias y realizar aportaciones a las propias experiencias personales.
  • —Creo que los contenidos no los controlábamos a nivel teórico la mayoría de los participantes. Sería más práctico que personas con experiencia práctica conseguida en un movimiento expusieran algún detalle destacable de su experiencia y su conexión con el decrecimiento o el movimiento de transición.
  • —Interesante dinámica y efectiva forma de poner en común reflexiones individuales que, con otro método más colectivo quedarían más dispersas.
  • —Un buen sistema para crear buenos compartires.
  • —Buena forma de activar la participación.
  • —Genera una vibración positiva, con riqueza de aportaciones.

b) ¿Qué te ha reportado a título individual?

  • —Un enriquecimiento de ideas, algunas de otros países.
  • —Claridad de conceptos y comprobación de aquello de que el nombre es lo de menos. Lo importante son las acciones y no deberíamos preocuparnos tanto por las etiquetas.
  • —Me voy distinguiendo elementos propios de cada movimiento y convencido de que tienen más en común que diferencias: cada experiencia práctica podría ser considerada decrecentista o de transición según quién y cómo la analice.
  • —Una metodología muy interesante. Mejor cuanto más dominan el tema los participantes. He aprendido de otros compañeros y hemos construido ideas con los pequeños pedazos que aportaba cada uno.
  • —Hay mucho más de común que de diferenciador entre el decrecimiento y la transición.
  • —Enriquecimiento personal, conocer a cada uno de manera cercana, sintiendo su particularidad, mayor conocimiento sobre el decrecimiento y la transición, proyectos concretos y personas implicadas en ellas.
  • —Nuevos puntos de vista y reflexiones, práctica de idiomas y organización mental de las ideas.
  • —Me ha aportado enriquecimiento a nivel de experiencias de transición y decrecimiento.
  • —Hay más cosas que nos unen que las que nos separan.

c) Lo más importante o destacado desde el punto de vista social o comunitario.

  • —Nos animamos unos a otros y nos retroalimentamos, haciendo los diferentes movimientos más fuertes y más creíbles. Esto nos lleva a convertirnos en una opción de cambio cultural, que por cierto, ya está ocurriendo y podemos observar en muchas administraciones.
  • —Ambos movimientos tienen una repercusión social de beneficio a las comunidades pequeñas en principio y extensibles a gran escala.
  • —El aporte social del proceso de hoy se limita a los que estamos aquí: que está bien. Si lo llevamos a nuestros colectivos puede que tenga más efectos. Yo lo haré, y con ese objetivo vine al grupo.
  • —Pues que muchas acciones locales no tienen etiquetas, y luego se las ponemos para llamarlas/agruparlas en un movimiento. Sí que es verdad que las identidades (algunos dirían “de clase”) ponen más barrera a la comunicación que las diferencias teóricas entre distintos movimientos progresistas.
  • —Los contenidos de la dinámica.
  • —Pequeña experiencia de “mente colmena”, planteamiento de cuestiones generales relevantes, problemática sobre etiquetaje de ideas y movimientos.
  • —Lo más importante: la democratización de los procesos de participación.
  • —Hay que compartir los encuentros a modo de colectivo para darnos cuenta físicamente de que somos muchos quienes queremos lo mismo.
  • —Ambas son una aportación real, con mucho potencial, de que es posible un cambio cultural.

Conclusiones

Cada persona puede extraer de aquí diferentes conclusiones. Estas fueron las mías:
  1. Creo que se cumplieron los objetivos del taller. Se crearon puentes entre personas e iniciativas, fue una oportunidad de conocernos, nos retroalimentamos unos de otros y llegamos a unas conclusiones desde la plena participación fomentando la inteligencia colectiva.
  2. La primera pregunta pretendía ir más allá del discurso cerebral para abrir espacio al corazón. Particularmente creo subrayable la mención de una transformación personal (novedoso con respecto a otras iniciativas sociales), trascender el individualismo por lo comunitario y la posibilidad de ser protagonista, en un marco de conciencia sobre la necesidad de un cambio cultural.
  3. Tanto el decrecimiento como la transición son definidos de distintas maneras: como movimientos sociales[1], como herramientas[2], como redes[3] y como actitudes. También hay una crítica a las etiquetas, de quienes consideran que son negativas[4]. A la hora de recopilar los complementos o diferencias, nos encontramos con la consideración de que el decrecimiento tiene un discurso más global, político y de posicionamiento contra el capitalismo; y la transición es más local, energética e inclusiva. En cuanto a las similitudes, hay consideraciones a que cuentan con iniciativas que trabajan de la misma manera, la misma filosofía y que son muy parecidas.
  4. Para favorecer un enriquecimiento mutuo hay referencias a potenciar la comunicación, el compartir, la apertura, invitación mutua a convocatorias, trabajo personal para concienciarnos de que todos estamos conectados.
En cuanto a las preguntas finales, estas son las conclusiones a las que llegué:
  1. La metodología del Word Café es aplaudida por las posibilidades de participación democrática y autogestionada.
  2. Lo que ha reportado el taller a título individual es un enriquecimiento personal de ideas y de conocimiento de experiencias de decrecimiento y de transición. También la conclusión de que hay más cosas que unen de las que separan. Y la mención que lo importante son las acciones, más allá de las etiquetas.
  3. Entre lo más importante o destacado desde el punto de vista social y comunitario, se encuentra la consideración de que hay una retroalimentación positiva entre ambas y un gran aporte a la sociedad: la experiencia de que es posible un cambio cultural y que ya está ocurriendo.
Decrecimiento & Transición
Decrecimiento & Transición. Autor: Casdeiro (a partir del logo de las TT, de un caracol de Hokusai y una textura de Zigabooooo)

Notas

[1] Se pueden considerar movimientos en cuanto cuentan con elementos esenciales para ello: estructura de movilización, identidad colectiva y repertorios de movilización (García Linera, Alvaro: “Movimientos sociales. ¿Qué son?, ¿De dónde vienen?” en Barataria nº 1, La Paz, Bolivia oct/dic 2004).
[2] Se pueden considerar herramientas desde la epistemología del paradigma ecológico.
[3] Riechmann y Fernández hacían un marco teórico de iniciativas sociales bajo el título Redes que dan libertad (Paidós, 1994).
[4] Justificada desde la limitación que conllevan los encasillamientos.

A la búsqueda del progreso sin crecimiento

Antón Costas - ctxt

Prólogo de ‘El despilfarro de las naciones’, de Albino Prada Blanco

 
El J.R. Mora de hoy: La milla de oro

Este libro que tiene en las manos, querido lector, es un ensayo singular, único y oportuno sobre el desorden económico actual de las sociedades desarrolladas. Singular en el sentido de que es una mirada diferen­te a la convencional sobre la naturaleza, causas y soluciones a la crisis económica actual. Único porque no encontrará una obra similar de un autor español en la literatura económica de los últimos años. Y oportuno porque en tiempos de tribulación y cambio como los actuales es conveniente volver a visitar los clásicos del pensamiento económico para buscar en ellos inspiración para la comprensión de nuestros problemas. Su relectura no resuelve por sí sola esos problemas, pero nos ayuda a ponerlos en perspectiva. Y eso es lo que hace el profesor Albino Prada en este ensayo.

Como ocurre con las grandes encrucijadas de la historia, las crisis económicas, con los daños colaterales que traen consigo en términos de malestar social y de convulsiones políticas, obligan a los economis­tas a elevar la mirada desde la estrecha especialización en que se mueven cotidianamente a las grandes cuestiones morales que están detrás de la investigación económica. Son momentos en los que se necesitan wordly philosophers, para utilizar la afortunada expresión que utilizó Robert Heilbroner en su celebrado libro publicado en 1953: The Worldly Philosophers: The Lives, Times And Ideas of the Economic Thinkers.

John Maynard Keynes, sin duda el economista más influyente de las primeras décadas del siglo pasado, sugirió que los economistas deben ser como los dentistas. Es decir, profesionales que con su conocimiento especializado son capaces de aliviar los males sociales como hacen los dentistas con el dolor de sus pacientes. Esta capacidad para enfrentarse a problemas concretos relacionados con el dinero, el empleo, la inflación, el ahorro, la inversión, la productividad, los salarios, los impuestos, los gastos públicos o el comercio internacional es una habilidad que, sin duda, hay que exigir a los economistas como profesionales. Al afrontar este tipo de problemas específicos, los economistas adoptan un enfoque limitado basado en la hipótesis de que los agentes económicos toman decisiones de ahorro, inversión, producción o consumo basado en el supuesto de racionalidad ante recursos escasos.

Pero el propio Keynes, enfrentado a los efectos de la Primera Guerra Mundial, la volatilidad financiera, el crash financiero de 1929 y la Gran Depresión de los años 30 dejó de lado esa dentist approach para adoptar la de worldly philosopher: elevó su mirada para fijarla en el funcionamiento del sistema capitalista como un todo y en el aliento moral que todo sistema económico necesita para orientarse al progreso social. Al hacerlo fue capaz de recuperar un lenguaje económico necesario para analizar el funcionamiento del capitalismo y enfrentarse a las grandes cuestiones de la economía política clásica, como es la de la distribución. Su visión de que las grandes crisis económicas no son problemas de escasez sino de abundancia mal distribuida y, por tanto, de despilfarro, fue esencial en su análisis. De esa forma fue capaz de proponer reformas y políticas que civilizaron el capitalismo salvaje de finales del XIX y comienzos del XX y de reconciliarlo con el progreso social y la democracia. Un matrimonio que convivió razonablemente bien durante las tres décadas siguientes a la salida de la guerra hasta los años ochenta del siglo pasado.
 
Hoy, en medio del vendaval que ha provocado la crisis financiera y económica de 2008 y de las políticas de austeridad pública que le si­ guieron, las sociedades desarrolladas se encuentran de nuevo en una encrucijada similar a la de aquellos años. De ahí que sea necesario recuperar de nuevo un enfoque de nuestros problemas propio de los worldly philosophers.

Eso es lo que hace el profesor Albino Prada en este ensayo. Su ambición se manifiesta ya en su mismo título, El despilfarro de las naciones. Un título que evoca el de alguna de las obras de los grandes clásicos de la economía: Las causas de la riqueza de las naciones o La pobreza y la riqueza de las naciones. Pero esa ambición subyace también en el enfoque y el contenido: vuelve la vista a una de las grandes cuestiones de la economía política clásica: la distribución. Una cuestión vital para el buen funcionamiento del capitalismo pero que había sido abandonada por parte de la corriente de investigación económica dominante en la profesión.
 
El profesor Prada se inclina por la visión de las crisis económicas no como un problema de escasez, como lo hace la investigación convencional, sino como consecuencia de un problema de gestión de la abundancia. Y para documentar esa visión se apoya en los clásicos, tanto en los “antiguos”, como John Stuart Mill, como en los “modernos”, en particular en John Kenneth Galbraith. Desde esta perspectiva, el problema de nuestras sociedades no es el de la producción sino el del consumo y de la distribución de la abundancia. Es decir, el despilfarro que se produce cuando la economía pierde su aliento moral y no mira hacia el progreso de la sociedad en su conjunto sino hacia la simple satisfacción de necesidades inducidas por los propios productores. De ahí que, para nuestro autor, la pobreza, la falta de inclusión social no sea básicamente un problema de falta de recursos económicos frente a unas necesidades sociales crecientes, sino de mala distribución y de despilfarro de los recursos existentes. Como señala acertadamente, la tasa de creci­miento económico del último siglo XX ha sido muy superior a la del crecimiento de la población y, sin embargo, los problemas de pobreza y exclusión no han disminuido sino todo lo contrario.

Esta preocupación por la mala transformación del crecimiento en progreso social es el aliento básico que, a mi juicio, subyace en este libro. Y, más allá, en mucha de la investigación que el profesor Albino Prada ha llevado a cabo en los últimos años. ¿Por qué unos países se muestran más capaces que otros a la hora de transformar el crecimiento del PIB, o de la renta per cápita, en progreso social? Es decir, ¿por qué unos países son menos despilfarradores que otros? Para responder a esta cuestión el autor, junto con el profesor Patricio Sánchez, han desarrollado un ‘Índice de Desarrollo Inclusivo’ (IDI 15) que incluye más variables sociales que las del Índice que elabora el Foro Económico Mundial (IDI 12). Eso les permite corregir los sesgos de este último e identificar qué países lo hacen mejor y por qué. Esas investigaciones anteriores y la lectura de este libro sobre el despilfarro de las naciones me llevan a concluir que el foco de la investigación de nuestro autor es la defensa de la tesis de que es posible el progreso sin crecimiento.

El ensayo del profesor Prada no se queda en el análisis crítico del despilfarro del capitalismo finisecular. Es también propositivo. Su agenda para la búsqueda de “una sociedad decente” se apoya, por un lado, en la crítica a la “sociedad de mercado” –que ha mercantilizado todos los valores que caracterizan a esa sociedad decente– y, por otro, en la defensa de una ciudadanía global, en la que el reconocimiento de los derechos económicos y sociales no se limite a los ciudadanos de las “metrópolis” de las sociedades capitalistas.

Si tuviese que hacer alguna observación sería a esta última parte del libro. A los lectores nos vendría bien una mayor precisión en la distinción entre “economía de mercado” y “sociedad de mercado”. Como bien señala a lo largo del libro, los grandes clásicos defensores de las virtudes sociales del mercado y de la competencia nunca confundieron economía de mercado con sociedad de mercado. Al contrario, tanto Adam Smith como John Stuart Mill o, quizá más significativamente, Friedrich Hayek, han señalado los límites de mercado a la hora de suministrar bienes públicos o bienes privados cuya producción y/o consumo generan externalidades; es decir, costes para la sociedad. Y defendieron la necesidad de la acción pública y estatal para conciliar el mercado con una sociedad decente.

Aunque en las últimas décadas –coincidiendo con la hegemonía intelectual y política del neoliberalismo defensor de un capitalismo cosmopolita y ácrata– desde la filosofía moral, la ciencia política y sociología se ha extendido una crítica poco precisa al mercado, tengo para mí que el mercado se puede defender también desde los principios y la retórica de la filosofía moral. Es decir, que es perfectamente recon­ciliable con la idea de sociedad decente que reivindica el profesor Pra­da. 

Otra cosa distinta son las tipologías específicas de economías capitalistas que se han desarrollado desde los años ochenta, incluyendo la china y la rusa. Pero, en este terreno, no hay que olvidar que las diferentes variedades de capitalismo no son más que expresiones patológicas del modelo de la economía de mercado. Expresiones que necesitan para civilizarlas de una democracia y una sociedad exigente.

Esta observación no empaña, sin embargo, como dije al inicio, el in­terés y la oportunidad del libro. Tiene además la virtud adicional, y no menor, de estar escrito de forma ágil, en la que la amplia documentación que maneja y el uso de las citas directas en el texto no interfiere en la rapidez y comprensión de su lectura. Al contrario, le da veracidad, proximidad y familiaridad con los autores, tanto los clásicos como los actuales, que utiliza. Esto hace que su lectura sea, además de ilustrada, amena.

Finalmente, este ensayo cumple a la perfección el lema del sello editorial en el que se publica: el de ser un libro “para personas que aprecian el debate y quieren enriquecerse intelectualmente con ideas nuevas y distintas”. Tengo la seguridad de que el lector lo comprobará desde sus primeras páginas.

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El despilfarro de las naciones. Albino Prada Blanco.  Prólogo de Antón Costas. Clave intelectual, 2017.