Deberíamos esforzarnos por trabajar menos, no hasta que el cuerpo aguante

Owen Jones - eldiario.es



El trabajo ya consume demasiada parte de nuestras vidas, pero puede que para la próxima generación consuma más aún. La edad para recibir la pensión de jubilación en Reino Unido se incrementará a los 66 años para 2020 y, según vaticinan algunos expertos en su valoración de esa modificación, esos jóvenes afortunados que están entrando ahora en el mundo laboral podrían tener que esperar a tener más de 70 años para recibir una pensión.

Una consecuencia inevitable del aumento de la esperanza de vida, dicen. Pero sin duda un regalo de progreso debería ser dar más años de salud y tranquilidad, no menos.

La cosa va a peor: según el fondo de pensiones Royal London, los asalariados corrientes que hayan estado ahorrando dinero para la jubilación desde la improbable edad de 22 años tendrán que trabajar hasta los 77, si quieren disfrutar de la misma calidad de vida que tuvieron sus padres en su jubilación. En algunos lugares de Reino Unido, esa edad mágica podría ser 81 años. Sesenta años de trabajo ininterrumpido, de ser sirviente de los demás, de una libertad personal restringida y regulada. Imagina cumplir 61 años y darte cuenta de que aún te quedan otros veinte años.

Deberíamos aspirar a una vida más equilibrada: un periodo contribuyendo a la nación y luego décadas de turismo por el mundo, cuidar a los nietos, mirar temporadas completas de series y pasar tiempo de calidad con sus parejas. Cambia esas imágenes por las de septuagenarios atados a sus mesas, practicando operaciones cerebrales o colocando estantes y dime que no te produce escalofríos. ¿Querrán siquiera las empresas emplear a trabajadores tan viejos?

En cualquier caso, ya trabajamos demasiado. Una investigación que publicó la semana pasada la federación sindical TUC muestra que los trabajadores británicos se dejaron el año pasado 31.000 millones de libras (unos 41.000 millones de euros) en horas extra no pagadas. Cinco millones de personas trabajaron gratis una media de 7,7 horas a la semana. Compensarles ese trabajo no pagado supondría, con un salario medio, 6.114 libras (7.900 euros) más al año en sus nóminas.

En el sector público, los trabajadores se ven obligados a donar incluso más trabajo a cambio de nada: son un cuarto de los trabajadores del país pero acumulan un tercio de las horas extra no pagadas. Más empleados que nunca tienen jornadas de trabajo excesivas, consideradas así cuando superan las 48 horas semanales: 3,4 millones de trabajadores (excluyendo los que están en autoempleo) tienen esa situación ahora, lo que supone un salto del 15% desde 2010, tras un largo periodo decreciente. De entre los 29 países europeos de los que Eurostat tiene datos, los trabajadores británicos están entre los que tienen jornadas más largas.

Esto, simplemente, no puede ser bueno para nosotros. No es ninguna sorpresa que en 2014/2015 se perdieran 9,9 millones de días por estrés, depresión o ansiedad en relación con el trabajo, aunque sospecho que muchos sufren en silencio. Sin duda es el momento de invertir mejor el tiempo, de devolver las horas robadas a ver crecer a los hijos, a cultivar nuevas aficiones, a ampliar los horizontes culturales o simplemente a ponerse al día con el sueño, ¿por qué no?

¿Deberíamos rendirnos ante un futuro desalentador en el que el trabajo devore incluso nuestra tercera edad? No hay duda de que tendríamos que empezar a planear un mundo en el que trabajemos menos y no más. Es exactamente eso lo que el convicente libro Inventando el futuro, de Nick Srnicek y Alex Williams, nos pide hacer. En el centro de su visión hay una sociedad en la que nuestras vidas ya no solo giran en torno al trabajo. Señalan que el empleo representa la pérdida de nuestra autonomía, en la que estamos bajo el control de los jefes y de las empresas: "todo un tercio de nuestra vida adulta se dedica a la sumisión a ellos". Su alternativa no es la pereza: leer o hacer deporte requiere esfuerzos, "pero son cosas que hacemos con libertad". Cuando trabajamos menos, nuestras vidas pasan a ser nuestras.

Hubo un momento en que se daba por hecho que el progreso y trabajar menos vendrían de la mano. En los comienzos de la Gran Depresión, John Maynard Keynes sugirió que ahora solo trabajaríamos 15 horas a la semana, pero el trabajador británico a tiempo completo dedica de media 28 horas más que eso. Se asumía que los avances tecnológicos reducirían las necesidades de mano de obra, pero en realidad pueden alimentar la demanda de nuevos tipos de trabajo. Por ejemplo, Srnicek y Williams señalan que la llegada del ordenador personal llevó a la creación de más de 1.500 tipos de trabajo nuevos.

El mundo occidental de después de la guerra disfrutó de casi pleno empleo, una era que hace tiempo que pasó. No solo es que las tasas de desempleo e inactividad son mayores de lo que eran antes, sino que el trabajo se ha vuelto más precario, con contratos de cero horas, autoempleo inseguro y trabajo a tiempo parcial indeseado. Como explican Srnicek y Williams, tener grandes cantidades de personas sin un trabajo seguro ayuda a mantener a raya a quienes tienen un empleo. Creen que la tendencia lleva con seguridad a incluso más trabajo precario.

Esto no es alarmismo. El columnista de  The Times Philip Collins hace referencia a una investigación que dice que la tecnología podría llevar a la automatización del 60% de los empleos minoristas en los próximos veinte años. Puesto que la tecnología está destruyendo más trabajo del que está creando, 11 millones de empleos podrían desaparecer.

Sin embargo, las amenazas también pueden ser oportunidades. Durante mucho tiempo, la izquierda ha dejado de pensar en cómo construir un tipo de sociedad diferente. Sabemos de qué estamos en contra, pero no de qué a favor. Los horrores del totalitarismo estalinista hicieron que las grandes visiones de la sociedad atraigan más bien poco. Una nueva derecha repleta de interés intelectual ha conspirado con la reducción del poder del sindicalismo y otras formas de solidaridad colectiva –un modelo de globalización que parece poner límites estrictos a lo que puede hacer el Estado– para que sea más difícil imaginar la construcción de un tipo de sociedad radicalmente diferente.

Por tanto, es reconfortante oír alternativas, como el manifiesto para el cambio de Srnicek y Williams. En lugar de ver la marcha de los robots como una amenaza existencial, piden la automatización de toda la economía. Se seguiría creando riqueza –solo que lo haría un ejército de máquinas–, pero nos veríamos liberados del "sopor del trabajo". Además, hay que reducir drásticamente la jornada laboral.
Para que eso funcione, hace falta una revisión drástica del sistema de seguridad social. Debería implantarse una renta básica: que todos recibamos una paga del Estado como derecho ciudadano. Es una idea que ya se está extendiendo a los políticos convencionales: el laborista Jonathan Reynolds, que no es  corbynista, está entre los que se han convertido a la renta básica.

Tenemos dos opciones: o bien una sociedad en la que el trabajo sea más dominante que nunca incluso mientras se hace más precario que nunca, en la que algunos trabajan hasta que el cuerpo aguante y otros son demonizados por no poder trabajar; o una sociedad en la que podamos desarrollar nuestro potencial en todos los sentidos, con más tiempo para el ocio, para el amor y para los demás. Yo me quedo con la segunda.
Traducido por:  Jaime Sevilla

Por qué necesitamos un límite a la velocidad en Internet

Kris De Decker (traducido por Pedro Pérez Prieto) - Crisis Energética

La revista en lengua inglesa Low Tech Magazine, ha publicado un interesante artículo titulado “por qué necesitamos un límite a la velocidad en Internet”, que por su interés público y los tremendos cálculos del consumo energético de este gigante que se suponía bastante incorpóreo que son del interés de nuestros lectores, hemos traducido al castellano y ponemos a su disposición.

Se trata de un artículo que trata bastante a fondo la lucha permanente entre los tecno-optimistas que siguen creyendo y confiando en que las mejoras en la eficiencia energética podrán solucionar y solventar cualquier problema al que se tenga que enfrentar nuestra sociedad y los que entienden que en un mundo finito hay límites que no hay mejora de la eficiencia energética que pueda compensar frente al crecimiento desbocado que impone el capitalismo, porque en muchos campos de nuestra moderna civilización, dichos límites ya se pueden estar alcanzando.


El artículo es una reivindicación de William Stanley Jevons y su famosa paradoja sobre un comportamiento humano que hace que siga funcionando el “Maximum Power Principle” enunciado por Howard T. Odum y nos obliga a preguntarnos sobre estos límites y sobre nuestro comportamiento sobre la Tierra. El traductor no comparte necesariamente algunos postulados finales respecto de la “suficiencia” o de las soluciones a limitar la velocidad de Internet ajustando el precio de la energía o sobre que la infraestructura de Internet no está sujeta a dicha “suficiencia” como sí entiende el autor lo están los coches o algunos dispositivos móviles. De hecho, la propia infraestructura mostrará pronto sus límites, no sólo energéticos, sino en complejidad exponencialmente creciente para manejar el número creciente de capas (vamos por al IPv6) que terminan ralentizando a los servidores de los grandes centros de datos, debido a la multiplicación exponencial de preocesos por paquete cada vez que hay que aumentar una capa más. Esta ralentización y complejidad avanza también a mayor velocidad que la velcidad de proceso que van a poder ir obteniendo tecnológicamente, por la mayor eficiencia en las nuevas generaciones de servidores. A esto obliga la conmutación de paquetes, cuando el “Internet de las cosas” se empiece a popularizar. También ya se están dejando entrever problemas de direcciones, cuando "las cosas" terminen exigiendo una dirección para cada una de ellas. todo ello, si es que los límites energéticos no golpean antes a la red de redes que es hoy Internet. Pero de estas últimas complejidades no energéticas, sino de procesos y de tratamientos de datos, hablaremos en otro momento.  



En lo que respecta al ahorro o conservación de energía, los saltos que se han producido en la infraestructura y dispositivos que utilizamos para acceder a Internet han hecho que muchas actividades en línea (online) sean vistas como las que se hacen sin conexión a ella.
Sin embargo, los avances en Internet han provocado un efecto inverso: a medida que la red se va haciendo más eficiente desde el punto de vista energético, su consumo total de energía aumenta. Esta tendencia sólo podrá pararse si se limita la demanda de comunicaciones digitales.




Aunque ésta es una estrategia que empleamos habitualmente, por ejemplo, animando a la gente a que coma menos carne o a bajar el termostato de la calefacción, limitar la demanda es algo controvertido, porque va contra la creencia general en el progreso tecnológico. Y resulta todavía más controvertido cuándo se aplica en Internet, porque muy poca gente establece la relación entre datos y energía
¿Cuánta energía consume Internet? Nadie lo sabe, debido a la complejidad de la red y su naturaleza siempre cambiante. Las estimaciones del consumo total de electricidad que supone Internet pueden variar hasta en un orden de magnitud. Una razón para la discrepancia entre los diferentes resultados es que muchos investigadores sólo analizan una parte de la infraestructura que todos llamamos Internet.


En los últimos años, los estudios se han centrado principalmente en el uso de energía de los centros de datos, que alojan a los ordenadores (los “servidores”) que almacenan la información en línea. Sin embargo, se consume más electricidad comparativamente en los terminales o dispositivos finales (los “clientes”, tales como ordenadores de sobremesa, portátiles y teléfonos inteligentes), en la infraestructura de la red (que transmite la información digital entre servidores y clientes) y en los procesos de fabricación de servidores, dispositivos terminales y de red. [1]


Un segundo factor que explica las grandes diferencias de los diferentes estudios es el tiempo en el que se han realizado. Dado que la infraestructura de Internet evoluciona y crece tan rápidamente, los resultados del uso de energía sólo son aplicables al año en que se realizan. Por último, como con todos los estudios científicos, modelos de investigación y métodos y supuestos utilizados como base para los cálculos varían en algunas veces están polarizados debido a diversas creencias o conflictos de interés. No debería sorprender, por ejemplo, que una investigación del uso de Internet por parte de la  American Coalition for Clean Coal Electricity (Coalición Estadounidense para la Electricidad con Carbón Limpio) concluya que hay un consumo mucho mayor de electricidad que un informe preparado por la propia Industria de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) [2,3]
 

Ocho mil millones pedaleando

Considerando todo lo anterior, seleccionamos lo que creímos era el informe más reciente, completo, honesto y transparente sobre la huella total de Internet. Llega a la conclusión de que la red global de comunicaciones consumió 1.815 Twh de electricidad en 2012[4] Ello equivale al 8% de la producción total de electricidad mundial de ese mismo año, que fue de 22.740 TWh[5,6]
Si tuviésemos que alimentar Internet (en 2012) con generadores eléctricos a pedales, cada uno de los cuales pudiese producir 70 vatios de potencia eléctrica, necesitaríamos 8.200 millones de personas pedaleando en tres turnos de 8 horas los 365 días del año. Se incluye en estas cifras el consumo de los dispositivos personales finales, por lo que los que pedalean podrían utilizar sus teléfonos de última generación u ordenadores personales mientras pedalean. La energía solar o eólica no serían una solución, ya que los 1.815 Twh suponen tres veces la electricidad que suministraron todas las plantas de energía eólica y solar del planeta en 2012 [7]



Esos investigadores estimaron que para el 2017, la demanda eléctrica de Internet aumentaría hasta alcanzar los 2.547 Twh (según el escenario de crecimiento esperado) y 3.422 Twh en el peor de los escenarios. Si este último escenario se llega a hacer realidad, el uso de energía vinculada a Internet llegaría casi a duplicarse en apenas 5 años. Nótese que ya se incluyen en dichos resultados  las nuevas mejoras de eficiencia. Sin dichas mejoras, el consumo se duplicaría cada dos años, siguiendo el aumento del tráfico de datos.[8]

Aumento del consumo de energía por usuario
 
Es importante recalcar que el aumento del consumo de energía en Internet no se debe tanto a la creciente cantidad de usuarios de la red, como podría parecer en principio. Más bien se debe al crecimiento en el consumo de energía por usuario de Internet. El tráfico en la red crece mucho más rápido que el número de usuarios de Internet (45% frente al 6-7% anual)[9]. Hay dos motivos principales para ello. El primero es la evolución hacia los sistemas de procesamiento y computación portátiles que utilizan accesos inalámbricos en Internet. El segundo es el aumento de la tasa de datos de los contenidos a los que se accede, principalmente causado por la digitalización de la televisión y de los videos en “streaming” (que se bajan de forma directa según se ven, nota del t.)

En los últimos años hemos asistido a una tendencia hacia los dispositivos portátiles desde los ordenadores de sobremesa, primero con el ordenador portátil y después con las tabletas y los teléfonos avanzados. Este último va camino de la adopción al 100% de los usuarios: en los países ricos, la población ya usa este tipo de teléfonos en un 84%[9,4]. Estos dispositivos consumen bastante menos electricidad que los ordenadores de sobremesa, tanto durante la operación, como en su proceso de fabricación, lo que les ha dado un aura de sostenibilidad. Sin embargo, tienen otros efectos que sobrepasan a las ventajas mencionadas.

En primer lugar, los teléfonos avanzados gestionan una gran parte de el esfuerzo de computación (y por tanto, del uso de energía), desde el terminal hasta el centro de datos: la rápida adopción de teléfonos avanzados va ligada al crecimiento igualmente rápido de servicios de computación “en la nube”, que permiten a los usuarios obviar las limitaciones de la capacidad de memoria y procesamiento de los dispositivos móviles. [4,11] Dado que los datos deben ser procesados y el resultado de los mismos debe transmitirse del usuario final al centro de datos y de nuevo de vuelta, el uso de energía de la infraestructura de la red también aumenta.
 
Internet inalámbrico de alta velocidad
 
Se puede mejorar la eficiencia total de algunas tareas de procesamiento de datos y reducir de esta forma el uso total de energía, porque los servidores de los centros de datos se gestionan de forma más eficiente que nuestros dispositivos terminales. Sin embargo, esta ventaja no se aplica a los teléfonos avanzados que se conectan de forma inalámbrica a Internet utilizando las redes de banda ancha de 3 G ó 4G. El uso de energía en la red es muy dependiente de la tecnología de acceso local: la “última milla” que conecta al usuario a la red troncal de Internet.

Una conexión alámbrica (DSL, cable, fibra) es el método más eficiente energéticamente para acceder a la red. El acceso inalámbrico a través de WiFi aumenta el uso de energía, pero solo de forma ligera. [12,13] Sin embargo, si el uso del sistema inalámbrico se establece a través de la red móvil o celullar y sus torres con las estaciones base, el uso de energía se dispara. El tráfico de Internet a través de redes 3G utiliza 15 veces más energía que una red WiFi, mientras que las redes 4G consumen unas 23 veces más.[14] [Ver también 4, 15]. Los ordenadores de sobremesa se conectaban y conectan habitualmente de forma cableada, pero los portátiles, las tabletas o los teléfonos avanzados se conectan de forma inalámbrica, bien sea a través de WiFi o a través de la red móvil o celular.
 
 


El crecimiento del tráfico de datos de móviles ha estado restringido de alguna forma de descargas WiFi: la conectividad de los usuarios con interfaz 3G estaba restringida, debido a los significativos mayores costes y un funcionamiento lento de la red. [4]  Por ello, se conectaban a las redes WiFi que cada vez estaban más disponibles por doquier. Con el avance de las redes 4G, la ventaja de la velocidad del WiFi desaparece: el 4G dispone de una velocidad comparable o una red mejorada cuya velocidad de intercambio de datos es comparable a la de los WiFi [14] La mayoría de los operadores de red están en proceso de reconvertir a gran escala sus redes a 4G. El número de conexiones mundiales a 4G se ha más que duplicado de 200 millones a 490 millones a finales de 2014 y se prevé que alcancen los 875 millones a finales de 2015.  [11,16,17]

Más tiempo en línea
 
La combinación de dispositivos portátiles de computación o procesamiento y el acceso inalámbirco a Internet aumentan junto con el tiempo que pasamos en línea.[11] Esta tendencia no comenzó con los teléfonos avanzados. Se esperaba que los ordenadores portátiles redujesen el consumo de energía en Internet, pero lo elevaron, porque la gente aprovechó la facilidad y movilidad de los portátiles para estar en línea mucho más tiempo. “Sólo con el ordenador portátil los ordenadores entraron en el cuarto de estar.”[18]

Los teléfonos móviles avanzados son el siguiente paso en esta evolución. Permiten que los datos se consuman en cualquier lugar y fuera de casa, junto con más procesamiento convencional de ordenadores.[19] Una investigación de campo ha revelado, por ejemplo, que los teléfonoz avanzados se utilizan intensivamente para rellenar los “tiempos muertos” (Pequeños tiempos que no se dedican a ninguna actividad específica y que a menudo se perciben como tiempo improductivo: esperar, transportarse, aburrirse, pausas para el café o “situaciones sociales que no son suficientemente estimulantes” Los teléfonos avanzados han pasado también a jugar un papel importante en el tiempo en cama, y son utilizados hasta la última actividad nocturna y en la primera actividad diurna.

Considerando estas tendencias, queda claro que no todos los teléfonos avanzados sustituyen a un ordenador portátilo o de sobremesa. Ambos se utilizan de forma conjunta o incluso simultáneamente. La conclusión es que gracias a los teléfonos avanzados y al Internet inalámbrico, ahora estamos conectados en cualquier lugar y en cualquier momento, utilizando nuestros dispositivos que son cada vez más eficientes, pero durante más horas, enviando más y más datos a través de la infraestructura mundial.[19,20]

El resultado es más uso de energía, desde los propios dispositivos móviles y (mucho más importante) en los centros de datos y en la infraestructura de red. No olvidar tampoco que llamar a alguien utilizando un teléfono móvil avanzado cuesta más energía que hacerlo a través de un teléfono alámbrico convencional.
 
Tasas de transferencias de datos en aumento: música y vídeo

Un segundo factorfundamental detrás del creciente consumo de energía por usuario de Internet reside en el aumento incesante de la tasa de transferencia de datos de los contenidos. Internet comenzó como un medio para texto, pero las imágenes, la música y los vídeos han llegado a ser muy importantes. Bajarse una página de texto requiere muy poca energía. Como ejemplo, todo el texto de este blog (el de los autores originales, nota del t.) con unos 100 artículos, se puede empaquetar en menos de 9 Megabytes (MB) de datos. Una única imagen de alta resolución, en comparación, ocupa unos 3 MB o un vídeo de calidad estándar de 8 minutos de Youtube ocupa unos 30 MB, unas tres veces todos los datos exigidos para los textos del blog.

Debido a que el consumo de energía aumenta con cada bit de datos, es esencial lo que vayamos a hacer en línea (online). Y por lo que parece, estamos utilizando la red cada vez más para contenidos que exigen una elevada tasa de bytes, especialmente vídeo. En 2012, el tráfico de vídeo representó el 57% de todo el tráfico de Internet (excluyendo el vídeo intercambiado entre redes P2P (Pier-to-Pier o de pares extremo a extremo, que pueden actuar ambas como clientes o servidores; nota del t.). Se espera que este porcentaje suba al 69% en 2017.[21]




Si el vídeo y el acceso a Internet son los factores clave tras el aumento del consumo de energía en Internet, por supuesto, el vídeo inalámbrico es el peor de todos ellos. Y este es exactamente el que tiene el mayor aumento en la cuota de tráfico. Según el último Cisco Visual Networking Index, el trráfico de vídeo móvil crecerá un 72% del total de datos móviles en 2019 [11]:

“Cuando las capacidades de los dispositivos se combinan con un ancho de banda mayor, se alcanza una amplia adopción de aplicaciones de vídeo que contribuyen a aumentar los datos de tráfico en la red. A medida que aumenten las velocidades de conexión de la red móvil, aumentará el promedio de flujo de bytes de contenidos ,a los que se accede desde estas redes. Los vídeos de alta definición irán alcanzando más peso y la proporción de contenidos de “streaming” (que se tratan instantáneamente), comparados con los contenidos que se bajan primero, se espera que también aumenten. Este cambio hacia el vídeo bajo demanda afectará a las redes móviles tanto como afectará a las redes fijas”.

El consumo de energía no sólo se ve influenciado por los flujos de datos, sino también por el tipo de servicio proporcionado. Aplicaciones como correos electrónicos, búsqueda en la red y descargas de audio y vídeo exigen tiempos cortos de acceso. Sin embargo, en los servicios en tiempo real, tales como videoconferencias y audio y vídeo “streaming”, los retrasos resultan intolerables. Esto exige una red con una operativa mucho más completa y por tanto, más uso de energía.

¿Ahorra energía Internet?

Con frecuencia se justifica que el creciente consumo de energía en Internet es compensado porque la red ahorra más energía que la que consume. Se atribuye a los efectos de sustitución en los que los servicios en línea reemplazan otras actividades más intensas en energía. [13] Se pone como ejemplo las videoconferencias, que se supone iban a ser una alternativa a la necesidad de utilizar aviones o coches; o la descarga o recepción en directo (“streaming”) de contenidos digitales, que se supone serían una alternativa a la fabricación y el envío de DVD'c, CD's, libros, revistas o periódicos.

Veamos algunos ejemplos. Un estudio de 2011 llegó a la conclusión de que “al reemplazar uno de cada cuatro viajes por videoconferencias, ahorraría tanta energía como la que consume todo Internet”, mientras un estudio de 2014 descubrió que hacer videoconferencia se lleva como mucho el 7% de una persona en dicha reunión” [22,23] En relación con los contenidos digitales, un estudio de 2014 concluyó que cambiar todos los DVD's por vídeos visionados directamente de la red mediante “streaming”, representaría un ahorro equivalente a la energía primaria utilizada para hacer frente a la demanda eléctrica de cerca de 200.000 viviendas por año. [24]


Otro estudio de 2010 descubrió que ver un vídeo mediante “streaming” consumía entre el 30 y el 78% de la energía de un DVD tradicional en las redes de alquiler de DVD's (en los que un DVD se envía por correo al cliente que lo tiene que devolver después) [25]


Existen algunos problemas fundamentales con estas aseveraciones. En primer lugar, los resultados están muy influenciados  por la forma en que se calcula la energía que Internet consume. Si miramos la energía utilizada por bit de datos transportado (la “intensidad energética” de Internet), los resultados varían de 0,00064 a 136 kWh por Gigabyte (kWh/GB), una diferencia de cuatro órdenes de magnitud.[13,19]. Los investigadores que han hecho estas observaciones concluyen que las dudas sobre si y hasta qué extremo es más eficiente energéticamente descargarse una película que comprar el DVD o más sostenible verse por videoconferencia en vez de verse viajando para verse cara a cara, no se pueden resolver de forma satisfactoria, en tanto en cuanto existan estas estimaciones tan divergentes respecto a los impactos de sustitución.[13]


Para empeorar las cosas, los investigadores tienen que hacer una variedad de supuestos adicionales que pueden tener una gran influencia en el resultado final. Si la videoconferencia se compara con un viaje en avión, ¿cuál es la distancia del viaje? ¿Está el avión lleno o no? ¿En qué año fue construido? Por otra parte ¿cuánto tiempo dura una videoconferencia? ¿Se realiza a través de una red de acceso alámbrica o inalámbrica? ¿Se utiliza un ordenador portátil o un sistema de alta gama de telepresencia? Cuando se está escuchando música en “streaming” escucha la canción una o trienta veces? Si compra un DVD, va a la tienda en coche o en bicicleta? ¿Es largo ese viaje? ¿Compra sólo el DVD o aprovecha para comprar otras cosas?


Tiempo y distancia

Todas estas cuestiones se pueden contestar de forma que se pueda “acondicionar” el resultado que se desea. Por ello lo mejor es centrarse en los mecanismos que favorecen la eficiencia energética de los servicios en línea y fuera de línea; lo que los científicos llaman un “análisis de sensibilidad”. Para ser honesto, la mayoría de los científicos hacen este tipo de análisis, pero sus resultados no suelen aparecer en el prólogo del documento y mucho menos en el documento de resumen de prensa.

Una diferencia importante entre los servicios en línea y fuera de línea es el papel del tiempo. En línea, el consumo de energía aumenta con el tiempo de actividad. Si se leen dos artículos en vez de un artículo en un medio de noticias digital, se consume más energía. Pero si se compra un periódico, el consumo de energía es independiente del número de artículos que se leen. Un periódico podría ser leído incluso por dos personas, con lo que su consumo de energía se podría reducir a la mitad.




Además del tiempo, está el factor de la distancia. Fuera de línea el consumo aumenta con la distancia, porque el transporte de una persona o un producto se lleva la mayor parte del total del consumo de  energía fuera de línea. Este no es el caso de las actividades en línea, en las que la distancia tiene poco o ningún efecto en el consumo de energía.

Un análisis de sensibilidad ofrece conclusiones muy diferentes dependiendo de quien lo presenta. Por ejemplo, escuchar en “streaming” 27 veces un álbum de música de Internet puede consumir más energía que fabricar y transportar el CD equivalente. [26] Leer un periódico digital en un PC de sobremesa consume más energía que leer la versión en papel, si la lectura del mismo excede de una hora y cuarto considerando que el papel lo lee una persona.[27] O en el estudio mencionado anteriormente sobre las ventajas de hacer videoconferencias, reduciendo la distancia de viajes de participantes internacionales de 5.000 a 3.000 Km hace el viaje de una persona más eficiente energéticamente que la videoconferencia, cuando se utiliza videoconferencia de alta gama. Igualmente, si la conferencia online llevase 75 en vez de 5 horas, sería más eficiente volar 5.000 Km. [23]


Efecto rebote

Las ventajas energéticas de la videoconferencia, parecen más convincentes, porque las reuniones de 75 horas no parecen muy comunes. Sin embargo, todavía tenemos que discutir el problema más importante con los estudios que indican la ventaja energética de los servicios en línea, porque no suelen tener en cuenta el efecto rebote. Este efecto se refiere a la situación en la que el efecto positivo de las tecnologías con mejores niveles de eficiencia, se anula por factores sistemáticos o comportamientos de los usuarios. Por ejemplo, las nuevas tecnologías raras veces reemplazan las existentes tal cual, sino que por el contrario, se utilizan de forma conjunta unas y otras, negando así los posibles ahorros.[28]

No todas las llamadas por videoconferencia sustituyen los viajes físicos. También pueden reemplazar a una llamada telefónica o un correo electrónico yen estos casos el consumo de energía aumenta, no disminuye.[23] De la misma forma no todos los vídeos o música vistos o escuchados en directo a través de la red sustituyen a los DVDs o CDs físicos. La conveniencia del “streaming” y la ventaja de los dispositivos portátiles terminales con acceso inalámbrico, conducen a más horas viendo vídeos o escuchando música.[24], en detrimento de otras actividades que podrían ser la lectura, la contemplación del medio o mantener una conversación con otra persona física.


Dado que la infraestructura de la red de Internet se va haciendo más eficiente cada año -el uso por bit de datos transportado sigue disminuyendo-, con frecuencia se deduce de ello que las actividades en línea se harán más eficientes con el tiempo, comparadas con las actividades fuera de línea [3]. Sin embargo, como hemos visto, la tasa de bits de los contenidos digitales sigue también aumentando.
Esto no sólo se debe a la creciente popularidad de las aplicaciones de vídeo, sino también al aumento de la tasa de bits de los propios vídeos en sí. Por tanto, las futuras mejoras de la eficiencia en la infraestructura de la red, traerán vídeos y videoconferencias de mayor calidad, no más ahorros de energía. Según estos estudios, las tasas de transferencia de bits aumentan más rápidamente que la eficiencia energética, de forma que las ganancias de las alternativas en línea en realidad van a pérdidas.[23,24,25]


La eficiencia impulsa el uso de energía

El efecto rebote se presenta frecuentemente como un asunto controvertido, como algo que puede darse o no. Pero al menos en lo que respecta a la computación o sistemas informáticos y a Internet, esto es una ley de hierro. El efecto rebote se manifiesta sin duda alguna por el hecho de que la intensidad energética en Internet (la energía consumida por unidad de información transmitida) disminuye, mientras que el uso total de la energía en Internet sigue aumentando.

El obvia también la evolución de los microprocesadores. El consumo eléctrico en la fabricación de una microprocesador ha caído de 0,028 kWh por Mhz en 1995 a 0,001 kWh/Mhz en 2006, como resultado de las mejoras en los procesos de fabricación[29]  Sin embargo, ello no ha provocado un descenso paralelo del consumo de los microprocesadores. Las mayores prestaciones funcionales de los microprocesadores (más rápidos) han contrarrestado las ganancias por eficiencia por Mhz de velocidad. De hecho, el efecto rebote es conocido como la Ley de Moore, que se da en el progreso de los ordenadores o computadores.[28,29]




En otras palabras, aunque las mejoras en eficiencia energética se presentan de forma generalizada como una solución al creciente consumo de energía, en realidad son las causantes del mismo. Cuando los ordenadores se basaban todavía en válvulas de vacío en vez de transistores o de chips, la energía utilizada por una máquina podría ser de unos 140 kW. Los ordenadores actuales son al menos 1.000 veces más eficientes, pero es precisamente ese aumento de la eficiencia energética el que ha hecho que haya hoy un ordenador cada mesa y en cada bolsillo. El consumo de energía combinado de todas esas máquinas mucho más eficientes sobrepasa al consumo de todos los ordenadores que funcionaron con válvulas de vacío en varios órdenes de magnitud.

Suficiencia

Para concluir, vemos que Internet afecta al consumo de energía en tres niveles. El primer nivel es el del impacto directo a través de la fabricación, operación y desmantelamiento de todos los dispositivos que constituyen la infraestructura de Internet: dispositivos terminales, centros de datos, red y fabricación. En un segundo nivel existen efectos indirectos del consumo de energía debidos a la capacidad de Internet de cambiar cosas, tales como el consumo de contenidos o los viajes físicos, lo que conlleva una reducción o aumento del consumo de energía. Y en tercer lugar, Internet cambia los hábitos de consumo, trae un cambio social y tecnológico y contribuye al crecimiento económico.[28,29] Los sistemas de mayor nivel son mucho más importantes que los impactos directos, aunque reciban muy poca atención. [29]

Internet conlleva una globalización progresiva de la economía que ha causado de esta manera un aumento del transporte de productos materiales y de personas...El efecto de inducción que surge de la globalización de los mercados y las formas distribuidas de la producción debido a las redes de telecomunicación, se aparta claramente del camino de la sostenibilidad (sustentabilidad)...Finalmente la sociedad de la información significa también aceleración de los procesos de innovación y de esta forma, implica una devaluación más rápida de lo existente que se reemplaza por lo nuevo, sea hardware o software, productos técnicos o habilidades y conocimiento humano” [28]

nadie niega que Internet puede ahorrar energía en algunos casos particulares, pero en general la tendencia abrumadora es hacia un consumo de energía aún mayor. Esta tendencia continuará imparable si no actuamos. No existen restricciones en la tasa de bits o datos digitales. El Blu-ray ofrece una mejor visión del contenido, con tamaños de datos que oscilan entre los 25 y los 50 GB, cinco veces el tamaño de un video en HD. Con los espectadores viendo películas en 3D en casa podemos imaginar películas futuras de 150 GB, mientras que las películas holográficas pueden llegar a los 1.000 GB[25].

Tampoco hay restricción alguna de las tasas de bits de las conexiones inalámbricas de Internet. Los ingenieros ya preparan el 5G, que será más rápido que el 4G, pero también consumirá más energía. No existe restricción en el número de conexiones a Internet. El concepto de “Internet de las cosas”  prevé que en el futuro todos los dispositivos puedan conectarse a Internet, una tendencia que ya está teniendo lugar.[4,11]  Y no debemos olvidar que por el momento, sólo el 40% de la población mundial tiene acceso a Internet.
 

 
En resumen, no hay otros límites al crecimiento de Internet que el del propio suministro energético al sistema. Esto hace de Internet algo único, Por ejemplo, mientras el efecto rebote es también muy obvio en coches, existen otros límites adicionales que impiden que el aumento de su consumo de energía siga imparable. Los coches no se pueden hacer más grandes o más pesados indefinidamente, ya que requerirían nuevas carreteras e infraestructuras de estacionamientos. Y los coches tampoco pueden aumentar su velocidad de forma indefinida, porque la seguridad impone límites máximos de velocidad. El resultado es que la energía que consumen los coches se ha estabilizado, más o menos. Se podría argumentar que los coches han alcanzado un estado de “suficiencia”.

“Un sistema que consume inputs del medio puede o bien aumentar su consumo siempre que tenga posibilidad de hacerlo, o mantener su consumo dentro de ciertos límites. En este caso, se dice que el sistema alcanza un estado de suficiencia...Un sistema suficiente puede mejorar sus outputs sólo mejorando la eficiencia de sus procesos internos”.[31]


El rendimiento de los coches sólo ha aumentado dentro de los límites de las mejoras de eficiencia de los motores de combustión interna. Se puede observar un fenómeno similar en los sistemas de ordenadores portátiles, que han llegado a un estado de suficiencia en lo relativo al consumo eléctrico, al menos por lo que respecta al dispositivo en sí. [31] En los teléfonos avanzados, el consumo de energía viene limitado por una combinación de limitaciones de la batería; su densidad energética, su peso máximo aceptable y la vida exigible de la batería. La consecuencia es que el consumo por dispositivo ya permanece más o menos estable. El rendimiento de los teléfonos avanzados ha aumentado solamente dentro de los límites de loas mejoras de la eficiencia en procesamiento (y de alguna forma en el progreso de la densidad energética de las baterías) [31]


Un límite de velocidad para Internet

En contraste, Internet tiene poca suficiencia. En Internet, el tamaño y la velocidad no resultan impracticables o peligrosas. Las baterías limitan el consumo de energía de los sistemas móviles de procesamiento, pero no el consumo energético de todos los demás componentes de la red. Por tanto, el consumo de energía de la red, sólo parará de crecer cuando las fuentes de energía se agoten, a menos que nos autoimpongamos ciertos límites, similares a aquellos de los coches o de los dispositivos de procesamiento. Esto puede parecer raro, pero es una estrategia que solemos aplicar con bastante facilidad al confort térmico (bajar el termostato, vestirse mejor) o al transporte (tomar la bicicleta en vez del coche) 

Hay varias formas de limitar la demanda de datos, alguna de las cuales resultan más prácticas que otras. Podríamos ilegalizar el uso del vídeo y volver a hacer de Internet un medio de intercambio de texto e imágenes. Podríamos limitar la velocidad de las conexiones inalámbricas de Internet. O podríamos aumentar los precios de la energía, que podrían afectar también a las alternativas fuera de línea y así equilibrar el terreno de juego. Esta última estrategia es la preferida, porque deja al mercado decidir sobre qué aplicaciones y servicios podrán sobrevivir.


Aunque ninguna de estas opciones puede parecer atractiva, es importante recalcar que fijar un límite no impedirá el progreso tecnológico. Seguirán los avances en eficiencia energética que darán lugar a que aparezcan nuevos dispositivos y aplicaciones. Sin embargo, la innovación tendrá uqe realizarse dentro de los límites de las mejoras de eficiencia energética, como ahora sucede con los coches y los sistemas móviles de procesamiento. En otras palabras la eficiencia energética puede ser una parte importante de la solución si se combina con la suficiencia


Limitar la demanda implicaría también que algunas actividades en línea volviesen a hacerse fuera de línea, siendo el vídeo en directo (en “streaming”) el candidato número uno. Es bastante fácil imaginar alternativas fuera de línea que ofrezcan ventajas similares con mucho menor consumo de energía, tales como videotecas públicas con amplias colecciones de DVDs. Combinando esto con medidas para reducir el tráfico de automóviles, de forma que la gente pudiese ir a la videoteca utilizando bicicletas o transporte público, podría resultar un servicio eficiente y conveniente. Más que reemplazar el transporte físico por servicios en línea, deberíamos arreglar la infraestructura del transporte.


En los siguientes artículos, investigamos las redes de tecnologías de bajo nivle que se están desarrollando en los países pobres. En ellos, la “suficiencia” está imbricada en la misma sociedad, de fomra notable en forma de una infraestructura energética poco fiable y una limitada capacidad adquisitiva. También discutiremos las redes comunitarias que han surgido como hongos en regiones apartadas de los países ricos y los diseños de redes compartidas en ciudades. Esas redes alternativas ofrecen alternativas mucho más eficientes energéticamente para las comunicaciones digitales mediante un uso diferente de Internet.


Por Kris De Decker (Editado por Jenna Collett). Traducción al castellano de Pedro Prieto
Fuentes:

[1] Incluso los estudios más completos sobre el consumo de energía en Internet no tienen encuenta todos los componentes de la infraestructura. Por ejemplo, se ignora completamente la energía embebida en las plantas energéticas eléctricas que alimentan Internet. Sin embargo, si se maneja un centro de datos, o una estación base de una red móvil o celular con energía solar, es obvio que la energía que costó producir los paneles debería ser también incluída. Lo mismo sucede con las baterías que almacenan la energía solar para su uso durante la noche o los días nublados
[2] "The cloud begins with coal: big data, big networks, big infrastructure, and big power" (PDF), Mark P. Mills, National Mining Association / American Coalition for Clean Coal Electricity, augustus 2013
[3] "SMARTer2030 -- ICT Solutions for 21st Century Challenges" (PDF), Global e-Sustainability Initiative, 2015
[4] "Emerging trends in electricity consumption for consumer ICT", Peter Corcoran, 2013
[5] "Key Electricity Trends" (PDF), IEA Statistics, 2015
[6] Of the total, 852 TWh was consumed by end-use devices, 352 TWh by networks, 281 TWh by data centers, and 330 TWh during the manufacturing stage.
[7] "Worldwide electricity production from renewable energy sources, edition 2013", Observ'ER
[8] Los investigadores también ofrecen un escenario mejor (best case)en el que la energía aumenta sólo ligeramente. Sin embargo, este escenario está superado por la realidad. Supone un crecimeinto lento de datos inalámbricos y de televisiones digitales, pero ha sucedido lo exactamente opuesto, como muestra el Cisco Visual Networking Index [11] Además, el escenario mejor posible prevé una mejora anual de la eficiencia del 5% para la mayor parte de los dispositivos de diferentes categorías y una mejora anual de la eficiencia del núcleo de la red de un 15%. Estas cifras están muy por encima de las de los últimos años y no parece muy posible que se puedan hacer realidad. El escenario de crecimiento supone que el tráfico inalámbrico de Internet crezca hasta el 9% del total del consumo eléctrico de la red eléctrica mundial y que la televisión digital se estabilice en los 2.100 millones de unidades. En este escenario las mejoras de la eficiencia energética de los dispositivos se limitan al 2% anual, mientras la mejora de la eficiencia energética del núcleo de la red se limita al 10% anual. En el escenario del peor caso posible, el tráfico inalámbrico de Internet crece al 15% del total del consumo electrico mundial, la televisión digital sigue creciendo y las mejoras de la eficiencia energética se reducen del 1 al 5% anual para los dispositivos y un 5% para el núcleo de la red [4].
[9] "Measuring the Information Society Report 2014" (PDF), International Telecommunication Union (ITU), 2014
[11] "Cisco Visual Networking Index: Global Mobile Data Traffic Forecast Update, 2014-2019", CISCO, 2015.
[12] "Small network equipment key product criteria", Energy Star, retrieved September 2015.
[13] "The energy intensity of the internet: home and access networks" (PDF), Vlad Coroama, 2014
[14] "A close examination of performance and power characteristics of 4G LTE networks" (PDF), Junxian Huang, June 2012.
[15] "Energy consumption in mobile phones: a measurement study and implications for network applications" (PDF), Niranjan Balasubramanian, 2009
[16] "4G networks to cover more than a third of the global population this year, according to new GSMA intellligence data", GSMA Intelligence, 2015
[17] El fabricante de equipos de red Cisco señala en su informe de 2015 que “a medida que la capacidad de la red móvil aumenta y el número de dispositivos múltiples de los usuarios también, los operadores parecen más proclives a ofrecer paquetes de banda ancha comparables en precio y velocidad a aquellos que operan con la red fija de banda ancha”[11] Si esto llega a ser cierto y la mayoría de los usuarios de Internet se terminan conectando de forma rutinaria a la red de 4G de banda ancha, el consumo de energía en la infraestructura de la red se duplicará largamente, suponiendo que el tráfico se mantenga igual. [4]  Esto es porque desde una perspectiva energética, la red de acceso es la parte egoísta de cualquier proveedor de servicios de red. La red central de cables ópticos es mucho más eficiente energéticamente.[4]
[18] "Are we sitting comfortably? Domestic imaginaries, laptop practices, and energy use". Justin Spinney, 2012
[19] "Demand in my pocket: mobile devices and the data connectivity marshalled in support of everyday practice" (PDF), Caolynne Lord, Lancaster University, april 2015
[20] "Towards a holistic view of the energy and environmental impacts of domestic media and IT", Oliver Bates et al., 2014
[21] "Cisco Visual Networking Index 2012-2017", Cisco, 2013
[22] "The energy and emergy of the internet" (PDF), Barath Raghavan and Justin Ma, 2011
[23] "Comparison of the energy, carbon and time costs of videoconferencing and in-person meetings", Dennis Ong, 2014
[24] "The energy and greenhouse-gas implications of internet video streaming in the united states", 2014
[25] "Shipping to streaming: is this shift green?", Anand Seetharam, 2010
[26] "MusicTank report focuses on environmental impact of streaming platforms", CMU, 2012
[27] "Screening environmental life cycle assessment of printed, web based and tablet e-paper newspaper", Second Edition, Asa Moberg et al, 2009
[28] "Information Technology and Sustainability: essays on the relationship between ICT and sustainable development", Lorenz M. Hilty, 2008
[29] "Environmental effects of informantion and communications technologies", Eric Williams, Nature, 2011
[30] "Computing Efficiency, Sufficiency, and Self-Sufficiency: A Model for Sustainability?" (PDF), Lorenz M. Hilty, 2015

La vida en una ecoaldea


Estamos viviendo un momento de cambio y, ante la imposibilidad de afrontar una vida en las ciudades o buscando un modus vivendi más sostenible, cada vez son más las familias que apuestan por vivir en una ecoaldea, es decir, en una comunidad con un nuevo estilo de vida, lejos del derroche y el consumo compulsivo.

Cada vez son más las personas que, conscientes de la presión a la que sometemos al planeta, opta por buscar formas de vivir en contacto directo con la naturaleza. Normalmente se trata de familias que buscan nuevas formas de vida, y se organizan en pequeñas villas ecológicas repoblando pueblos abandonados. Dentro de las ecoaldeas se vive y se trabaja intentando hacer un buen uso de la tierra para obtener los recursos necesarios para sobrevivir.

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Las Graceas, futura ecoaldea en la província de Jaén a partir de un pueblo abandonado

Existen multitud de matices que diferencian a estas comunidades, algunas plantean la propiedad privada y otras la ocupación de pueblos abandonados, y aunque existen las que tienen un carácter religioso la mayoría son aconfesionales. Por lo general, las ecoaldeas se desarrollan en el ámbito rural, aunque con su expansión ya se están dado casos en entornos urbanos. A pesar de las diferencias las similitudes son sostenibilidad, conciencia social y cultura ecológica.

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¿Cómo surgen las ecoaldeas?

Para hablar del concepto ecoaldea, debemos hacer referencia al filósofo y astrónomo estadounidense Robert C. Gilman. Gilman, que trabajó durante más de 25 para la NASA pero, viendo la situación del planeta, decidió que las estrellas podían esperar pero la tierra no. Desde entonces se ha dedicado al estudio de la sostenibilidad global, a la investigación de visiones futuras y a las estrategias de cambio social positivo. Ya en el año 1991, definió las ecoaldeas como "un asentamiento humano, concebido a escala humana, que incluye todos los aspectos importantes para la vida, integrándolos respetuosamente en el entorno natural, que apoya formas saludables de desarrollo y que puede persistir indefinidamente".

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Robert C. Gilman.

Pero lo cierto es que las ecoaldeas ya existían mucho antes de que Gilman las definiera, ya que este movimiento nació a finales de los años ochenta en Centroeuropa para demostrar que una forma de vida alternativa era posible, y en la actualidad este modelo de comunidades sostenibles está presente en buena parte de Europa, América, África y Oceanía. Sin embargo todavía podemos ir mucho más atrás y mirar una idea que había comenzado a desarrollarse a mitad del siglo XX.

Algunas ecoaldeas con larga trayectoría serían Järna, en Suecia, que comenzó en 1931, Sólheimar en Islandia fundada en 1932, Findhorn en Escocia en 1962, Auroville en India en 1968 y Damanhur en Italia a principios de los 70. Además, cabe destacar que casi todas estas comunidades fueron fundadas por mujeres y en su mayoría tenían un origen espiritual, pero el concepto en los últimos 40 años se ha ido ampliando y cada vez está integrado por más cantidad de personas preocupadas por la degradación del medio ambiente. Lo que actualmente conocemos como ecoaldea surge en los años 70 en Dinamarca, y a raíz de éste surgen otras ideas similares.


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Finhorn ecovillage

Vivir en una ecoaldea

Los ecoaldeanos manifiestan una nueva visión del mundo, cultivan huertos buscando ser autosuficientes y se aprovechan al máximo las energías alternativas, como por ejemplo la energía solar. El reciclaje está a la orden del día, y la apuesta fundamental es vivir en comunidad, llevando a cabo trabajos que sirven para el conjunto de la ecoaldea como la construcción de cooperativas o la rehabilitación de casas.



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Ecoaldeanos trabajando en la huerta

Para que una comunidad pueda definirse como ecoaldea tiene que atender a los siguientes principios que incluyen aspectos ecológicos y socioeconómicos:

- Los alimentos se producen ecológicamente en la comunidad o en la zona en la que se encuentre la ecoaldea.

- Para las construcciones se utilizan materiales locales, naturales y no tóxicos.

- Las actividades productivas tienen en cuenta los ciclos vitales de los productos utilizados, de manera que en ningún momento resultan nocivas para el entorno o para la salud.

- Se producen objetos de larga duración, fáciles de reparar y aptos para ser reciclados.

- El agua y la energía se consumen con moderación, depurando con medios naturales las aguas residuales y utilizando fuentes de energía renovables.

- El transporte motorizado se reduce al mínimo.

- Las actividades económicas que se lleven a cabo en la ecoaldea aseguran la estabilidad de todos sus miembros.

- El trabajo se organiza horizontalmente y se favorece la participación de todas las personas involucradas en la toma de decisiones.

- La comunidad asume, en la medida de lo posible, competencias como la salud y la educación. En este sentido, la mayoría de las ecoaldeas coinciden en ser lugares en los que se favorece la creatividad, se celebran encuentros o reuniones que contribuyen a mantener la cohesión del grupo y se desarrollan y aplican técnicas para la resolución de conflictos.

- Las decisiones sobre asuntos de la comunidad se toman de forma democrática y se evitan las delegaciones de poder.

Pero de entre todas estas normas de convivencia y los sistemas de gestión comunitarios, que hoy en día tal vez nos pueden paracer extraños, lo más destacable es la posibilidad de tener una vida diferente de la que se lleva en las ciuaddes y en los pueblos convencionales, es decir, en la secoaldeas se tiene la posibilidad de llevar un estilo de vida respetuoso con el medio ambiente y se hace mña fácil llevar a cabo todas las accione necesarias para una buena gestión de los recursos.

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Ecoaldea de Matavenero, Lleó.

Algunos "casos prácticos": Torri Superiore y las ecoaldeas en España

Una de las ecoaldeas más relevantes desarrolladas en Europa es Torri Superiore, un municipio italiano situado en la región de Ventimiglia, en la costa lígure. Se trata de un bello burgo medieval del siglo XIII, enteramente construido de piedra y cal, y que fue abandonado en los años 50 debido al desarrollo económico. La falta de empleos y la división de terrenos hizo imposible la recalificación y recuperación del pueblo y fue abandonado. De los 162 hogares, sólo 10 eran usados como segundas viviendas, y dos pequeñas habitaciones eran la casa del último valeroso habitante que nunca quiso abandonar el pueblo.

Finalmente, en 1989 la Asociación Cultural Torri Superiore comienza a comprar los bienes del pueblo para realizar un proyecto de recuperación. Primero, se realizaron actividades culturales, y después nació un grupo residente que en la actualidad gestiona la Cooperativa Ture Nirvana. Desde 2002 y hasta finales de 2010 han prosperado los trabajos de recuperación, se ha abierto un albergue conocido como Casa de Vacaciones y hay alrededor de 20 hogares privados totalmente recuperados y habitados.

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Torri Superiore.

En España las primeras comunidades sostenibles comenzaron a establecerse a principios de los noventa en la zona de los Pirineos catalanes, donde fácilmente podían encontrar pueblos abandonados rodeados de tierras fértiles que cultivar para el autoconsumo. Hoy la Red Ibérica de Ecoaldeas está formada por 19 comunidades ecológicas que se reparten por todo el territorio, pero se reconoce la existencia de hasta treinta ecovillas. Castilla y León es la comunidad que más ecoaldeas agrupa, pero Andalucía y las regiones del norte cuentan también con varios pueblos ecológicos.

Algunos casos que encontramos en nuestro país son Aldebarán, en Murcia, donde 40 personas ocupan unas 15 casas, todas construidas con materiales naturales y autosuficientes. También está el caso de Amayuelas de Abajo, en Palencia, donde desde principios de los años 90 un grupo de personas vinculados al movimiento campesino y cultural de la Comarca de Tierra de Campos inició el compromiso de trabajar en éste pequeño núcleo rural, con el ánimo de devolverle parte de la vida que tuvo antes de su abandono en 1971. Han construido 10 viviendas bioclimáticas que han facilitado la incorporación definitiva de nuevos pobladores e incluso en el 2004 se creó la Universidad Paulo Freire, la primera Universidad Rural de España que además de en Amayuelas ya dispone de diferentes sedes por toda la península.

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Ecoaldea de Amayuelas de Abajo

Otro ejemplo es la ecoaldea de Vapiélagos, a 45 km de Madrid, su filosofía se basa en incorporar las viviendas y sus productos de consumo y desecho como un elemento más del ciclo ecológico, en donde nada se pierde y todo se recicla. Actualmente, más de 30 casas pertenecientes a sus socios fundadores ya están pobladas.

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Valpiélagos (Madrid)

Ecoaldeas, ¿una utopía?

Las ecoaldeas suelen encontrarse en entornos hermosos en parajes naturales prácticamente vírgenes o en pueblos repoblados con gran historia, como es el caso de Torri Superiori. Si unimos el contacto con la naturaleza y el hecho de tener huertos autónomos con plantas y hortalizas de calidad, conseguimos que estas comunidades sean ideales para vivir. Sin embargo, ¿porqué el movimiento no se ha desarrollado más? Algunos dirán que es cosa de conciencia con el medio ambiente, sin embargo, en una ecoaldea pueden aparecer otros problemas.

Existen casos de experiencias comunitarias que no han salido bien y en las que los miembros se acaban desilusionando o dispersando. Además, la convivencia puede convertirse en un obstáculo, ya que compartir un estilo de vida no siempre significa que todo el mundo sea compatible. En otras ocasiones, las personas que se incorporan a la ecoaldea no cuentan con suficientes ingresos, trabajo o ahorros y el intercambio de comida por trabajo no acaba de funcionar. Así, la falta de recursos es otro de los grandes problemas que afrontan las ecoaldeas y comunidades sostenibles, aunque la imaginación suele ser una poderosa herramienta en estas comunidades, la artesanía, los mercados ambulantes, la venta de productos ecológicos, el agroturismo rural o la realización de cursos y actividades culturales, se pueden convertir en la principal fuente de ingresos externos, pero no siempre cubren un mínimo de necesidades.

Enlaces de interés:

Simone Weil: “Sobre el desarraigo”

«Echar raíces quizá sea la necesidad más importante e ignorada del alma humana. Es una de las más difíciles de definir. Un ser humano tiene una raíz en virtud de su participación real, activa y natural en la existencia de una colectividad que conserva vivos ciertos tesoros del pasado y ciertos presentimiento de futuro. Participación natural, esto es, inducida automáticamente por el lugar, el nacimiento, la profesión, el entorno. El ser humano tiene necesidad de echar múltiples raíces, de recibir la totalidad de su vida moral, intelectual y espiritual en los medios de que forma parte naturalmente.

Los intercambios de influencias entre diferentes medios son tan indispensables como el arraigo en el entorno natural. Ahora bien, un medio determinado no debe recibir la influencia externa como una aportación, sino como un estímulo que haga más intensa su propia vida. No debe alimentarse de las aportaciones externas más que después de haberlas digerido, y los individuos que lo componen sólo deben recibirlas a través de él. Cuando un pintor de auténtica valía entra en un museo queda confirmada su originalidad. Lo mismo ha de ser para las diversas poblaciones del globo terrestre y para los diferentes medios sociales.

Hay desarraigo siempre que tiene lugar una conquista militar; en este sentido, la conquista constituye casi siempre un mal. El desarraigo es mínimo cuando los conquistadores son inmigrantes que se instalan en el país, se mezclan con la población y echan raíces. Tal fue el caso de los helenos en Grecia, de los celtas en la Galia, de los árabes en España. Pero cuando el conquistador sigue siendo extranjero en el territorio que ha pasado a ser suyo, entonces el desarraigo es una enfermedad casi mortal para las poblaciones sometidas. Que alcanza su mayor intensidad cuando se producen deportaciones masivas, como en la Europa ocupada por Alemania, en la curva del Níger, o siempre que se da una supresión brutal de todas las tradiciones locales, como en las posesiones francesas de Oceanía (si hay que creer a Gauguin y a Alain Gerbault).

Aun sin conquista militar, el poder del dinero y la dominación económica pueden imponer una influencia extraña hasta el punto de llegar a provocar la enfermedad del desarraigo. Por último, las relaciones sociales en el interior de un mismo país pueden ser factores de desarraigo muy peligrosos. En nuestro ámbito, en nuestros días, aparte de la conquista, hay dos venenos que propagan esta enfermedad. Uno es el dinero. El dinero destruye las raíces por doquier, reemplazando los demás móviles por el deseo de ganancia. Vence sin dificultad a cualquier otro móvil porque exige un esfuerzo de atención mucho menor. Nada tan claro y simple como una cifra.

Desarraigo obrero

Una condición social entera y perpetuamente subordinada al dinero es la de asalariado, sobre todo a partir del momento en que el salario a destajo obliga a cada obrero a fijar en todo momento su atención en la cuenta de lo que gana. En esta condición es donde la enfermedad del desarraigo es más aguda (…). Aunque no se hayan movido geográficamente, se les ha desarraigado moralmente, se les ha exiliado y admitido de nuevo, como por tolerancia, a título de carne de trabajo. El paro es, de seguro, un desarraigo a la segunda potencia. Pues los desempleados no se sienten en casa en las fábricas ni en sus viviendas, ni tampoco en los partidos y sindicatos que se dicen hechos para ellos, ni en los lugares de placer, ni en la cultura intelectual cuando se proponen asimilarla.

El segundo factor de desarraigo es la instrucción tal como se la concibe hoy. El Renacimiento provocó en todas partes una escisión entre las gentes cultivadas y la masa; pero, aunque separó cultura y tradición nacional, al menos sumergió a la cultura en la tradición griega. Más tarde, sin haberse renovado los lazos con las respectivas tradiciones nacionales, también Grecia fue olvidada. De ello resultó una cultura desarrollada en un ámbito muy restringido, separado del mundo, en una atmósfera cerrada; una cultura considerablemente orientada a la técnica e influida por ella, muy teñida de pragmatismo, extremadamente fragmentada por la especialización y del todo privada de contacto con este universo de aquí abajo y de apertura al otro mundo.

En nuestros días un hombre puede pertenecer a los medios cultivados sin tener, por otro lado, idea alguna relativa al destino humano, y sin saber, por otro, por ejemplo, que no todas las constelaciones pueden verse en cualquier estación. Se suele creer que un pequeño campesino de hoy, alumno de la escuela primaria, sabe más que Pitágoras porque recita dócilmente que la tierra gira alrededor del sol. Pero, de hecho, ya no contempla las estrellas. El sol del que se le habla en clase no tiene para él ninguna relación con el que se ve. Se le arranca del universo que le circunda de la misma forma que se arranca a los pequeños polinesios de su pasado obligándoles a repetir: “Nuestros antepasados los galos tenían el cabello rubio”.

Lo que hoy llamamos instrucción de masas consiste en tomar esta cultura moderna elaborada en un ámbito así de cerrado, de viciado, de indiferente a la verdad, quitarle cuanto aún pueda contener de oro puro, operación denominada vulgarización, y hornear el residuo tal cual en la memoria de los desgraciados que desean aprender, a la manera que se da alpiste a los pájaros.

De otra lado, el deseo de aprender por aprender se ha vuelto muy raro. El prestigio de la cultura se ha vuelto casi exclusivamente social, tanto en el campesino que sueña con tener un hijo maestro o el maestro un hijo universitario cuanto en las gentes adineradas que adulan a los científicos y a los escritores famosos.

Los exámenes ejercen sobre los jóvenes estudiantes el mismo poder obsesivo que el dinero sobre los obreros que trabajan a destajo. Un sistema social está profundamente enfermo cuando un campesino trabaja la tierra con la idea de que es campesino porque no es lo bastante inteligente para llegar a ser maestro.

La mezcla de ideas confusas y más o menos falsas conocida bajo el nombre de marxismo, mezcla en la que desde Marx no han participado prácticamente más que intelectuales burgueses mediocres, constitutye asimismo para los obreros un aporte completamente extraño, inasimilable, y, por otro lado, despojado de valor nutritivo, pues se lo ha vaciado de casi toda la verdad contenida en los escritos de Marx. A veces se le añade una vulgarización científica de calidad aun inferior. La suma de todo ello sólo lleva el desarraigo de los obreros a su culminación.

El desarraigo constituye con mucha la enfermedad más peligrosa de las sociedades humanas».

Fuente: “Echar raíces”. Simone Weil. Editoria Trotta.

Decrecimiento o rapidación, dilema en la era de la hiperconectividad

Erick Limas - Ala izquierda

La supresión de las distancias físicas y temporales ha entrado en una fase creciente de aceleración de la vida y del trabajo. Ante ese estado de cosas, ¿cómo recuperar la centralidad de la dignidad humana? 

Los sistemas económicos no son ahistóricos, evolucionan y adquieren formas concretas que influyen, y son influenciadas, por los contextos sociales en que se insertan. El capitalismo de hoy es distinto al que tuvo su eclosión con la revolución industrial. El actual es un capitalismo que ha mutado hacia una forma omnipresente en la que todo lugar es susceptible de ser una extensión del mercado. La hiperconectividad, entendida como un estado de inmersión mediado por objetos que paradójicamente nos separan del mundo al acercarnos a su representación, tiende a eliminar la noción de distancia física y temporal, de manera que todo parece ser simultáneo. Lo anterior ha devenido en la aceleración de la vida y del trabajo, la cual ha comenzado a ser conocida como rapidación; el término es un neologismo utilizado por el Papa Francisco en su encíclica Laudato si’ para criticar la celeridad de los cambios que deterioran al mundo y a la vida humana en general.

Si bien la aceleración de la vida conlleva una amplia variedad de ventajas en términos de eficiencia y rentabilidad económica, también genera saldos negativos, de los cuales el más importante es la negación de la dignidad humana. Las regulaciones que protegen a sectores vulnerables o aquellas que limitan algunas actividades económicas burocratizan al sistema y aminoran las posibilidades de obtener ganancias. La “rapidación” del sistema económico requiere flexibilidad en el sentido más amplio; todo aquello que ralentice al sistema es ineficiente y en consecuencia es desestimado.

Esta lógica de rapidación nos ha atrapado de manera tal que incluso en nuestros ratos de ocio, y sin advertirlo, nos convertimos en ciber-obreros que creamos y transmitimos valor. Lo que en su momento los clásicos nombraron salario de subsistencia hoy lo podríamos llamar acceso libre a los contenidos; todo con el fin de que no nos desconectemos y no suspendamos la cadena de generación y transmisión de valor. Esta rapidación, en conjunto con la hiper-conectividad, ha devenido en una sociedad de control que actúa de manera muy sutil  y que, como dice un ensayo de  László F. Földényi, nos ha derrotado con tal astucia que hasta nos ha regalado la ilusión de ser los vencedores, a pesar de ser sus esclavos.

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Esta era en la que todo es susceptible de ser mercancía implica, en última instancia, que el hombre no sea considerado como un ser humano sino como una oportunidad de hacer negocios. Ante este estado de cosas, ¿cómo dar una respuesta que humanice a nuestras sociedades en esta era del capitalismo informacional? En principio resulta imperativo modificar nuestra noción de progreso, la cual hemos asociado al crecimiento económico, y comenzar a pensar que el crecimiento no necesariamente implica  progreso. Quizá sea momento de decrecer, de dar un paso atrás y construir relaciones económicas realmente sustentables. Nicholas Goergescu-Roegen, el gran economista incómodo, y Serge Latouche ya han advertido los riesgos del crecimiento acelerado así como las ventajas de comenzar a decrecer. Incluso el Papa Francisco cita explícitamente al decrecimiento en la encíclica ya mencionada. Nuestra manera de producir, distribuir y consumir no sólo ha puesto en riesgo a las personas más vulnerables, sino al planeta mismo. De vez en cuando no está de más tener presente que estamos ante la mayor crisis que ha enfrentado una civilización.

Agroecología y derecho a la alimentación: ¿hay herramientas de cambio a nivel local?


Paula Fernández-Wulff, Pablo Saralegui - Diagonal
 
Desde finales de la II Guerra Mundial, la aparición de los Estados como garantes de la pujanza de sus economías impulsó la industrialización a través de la inversión pública en sectores estratégicos, subyugando todo a la lógica productivista.



De entre los varios sectores afectados, la agricultura y la alimentación aplicaron los modelos tayloristas cayendo en la lógica de acumulación capitalista en los procesos de producción y distribución agroalimentaria. Esto desembocó en el empoderamiento de dos eslabones clave de la cadena agroalimentaria por encima del resto: la industria de fabricación de inputs agrícolas, y la industria de transformación y distribución alimentaria.

Con la llegada del proyecto globalizador, la ingeniería financiera se incorporó a los distintos sectores económicos, desplazando así el papel que los Estados jugaban en sus economías.

La interconexión entre distintos lugares del mundo por la facilidad de transporte que los combustibles fósiles generaron, junto con la capacidad del sector financiero de manejar el funcionamiento del resto de sectores, permitieron a grandes empresas expandirse cada vez más, dándose un proceso de concentración de mercados.

Con ello, fueron creándose oligopolios que garantizaron su estatus por los pactos comerciales suscritos por la mayoría de los países al calor de los tratados de la Organización Mundial del Comercio, en donde las legislaciones de los países ya no dependían del poder democrático de los parlamentos, sino de las decisiones tecnocráticas asociadas a dichos tratados.

Para el caso de la agroalimentación, a través de la externalización de los impactos socio-ambientales por el incremento en la productividad y la especulación con commodities, estos dos eslabones fortalecidos resultaron en el incremento de la producción agraria orientada a la exportación,con leves impactos en la capacidad de alimentarse de la población.

Este desarrollo histórico es determinante en el hecho de que derivar la cuestión del hambre mundial hacia un debate sobre la producción de alimentos no basta para abordar el problema, e incluso resulta contraproducente en un escenario globalmente mercantilizado.

Achacar el reto de acabar con el hambre a factores tecnológicos, más allá de la voluntad política, es la excusa perfecta para la excesiva tecnificación de los procesos de producción, la intensificación por encima de los ritmos biológicos de los agroecosistemas, y el reforzamiento de la I+D en esta línea.
Pero si el hambre se resolviera aumentando la cantidad neta de alimentos, el problema se habría resuelto hace tiempo. Amartya Sen ya demostró hace veinte años que el problema no está en la cantidad de alimentos, sino en la disponibilidad, y en esto la elección política del modelo de desarrollo agrícola es clave.

La crisis mundial del precio de los alimentos en 2007-2008 fue un gran tirón de orejas para gobiernos y organizaciones internacionales. A partir de este momento, se volvió a entender la importancia crucial de la agricultura en la realización del derecho a la alimentación.

Este derecho humano, muy pocas veces comprendido y menos aún implementado, está sin embargo reconocido por tratados internacionales (entre ellos la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales), Constituciones de numerosos países, y leyes marco.Según palabras del antiguo Relator Especial del Derecho a la Alimentación:

"El derecho a la alimentación no es el derecho a una mínima ración de calorías, proteínas y otros nutrientes específicos, o el derecho de una persona a ser alimentada. Se trata de que se garantice el derecho de todo individuo a poder alimentarse por sí mismo, lo que supone no sólo que los alimentos estén disponibles –que la proporción de la producción sea suficiente para toda la población– sino también que sea accesible –esto es, que cada hogar pueda contar con los medios para producir u obtener su propio alimento".

Y ello no solamente por tratarse de una obligación del Estado, sino también por su propio interés: el aumento de los precios de los alimentos se encontró entre las causas de las revoluciones ciudadanas en el Norte de África y Medio Oriente entre 2008 y 2011. Parece claro pues que se trata de un derecho humano que todos los Estados deberían querer respetar, proteger y cumplir. En lo que difieren es en el cómo.


A un lado del espectro se encuentra la respuesta dada por la agricultura industrial, que se caracteriza por el monocultivo de gran expansión, la producción de las mismas variedades en el mismo terreno año tras año mediante el uso de pesticidas y fertilizantes químicos, y la acumulación de beneficio.El monocultivo, introducido a través de la selección de cultivos de alto rendimiento y palatabilidad, ha sacrificado las formas de resistencia natural en beneficio de la productividad. Uno de los muchos problemas del monocultivo es que no tiene los mecanismos ecológicos de defensa contra brotes de plagas, ya que afecta negativamente a los enemigos naturales.

A pesar de que determinadas formas de biotecnología prometen futuras mejoras en la agricultura, su control por empresas transnacionales hace que resulte incompatible con la sustentabilidad ecológica, social y económica de los pequeños agricultores, los cuales representan alrededor del 80% en lugares como Asia o África subsahariana.

A nivel mundial, agricultores que cultivan en menos de 10 hectáreas producen el 70% de la comida que consumimos –en el caso del cacao, por ejemplo, esta cifra es del 90%. De hecho, de los aproximadamente 500 millones de pequeños agricultores que existen en el mundo, el 85% opera en terrenos de menos de dos hectáreas.

Ante este modelo industrializado de producción de mercancías que no hace sino ser uno de los mayores contaminantes a nivel global, los movimientos anti-globalización defienden, en lo que a agroalimentación se refiere, proyectos de transformación radical en la manera de producir, consumir y vivir.

Esta respuesta trata de alcanzar la sostenibilidad dentro del proyecto político de la soberanía alimentaria, energética y tecnológica, que se persigue implementando la agroecología. Ésta es puede entender como "una ciencia, un conjunto de prácticas y un movimiento social. Esta triple caracterización hace de ella una visión diametralmente opuesta a la llamada agricultura convencional o industrial, que sin embargo ha sido utilizada para supuestamente transformar la realidad del hambre en el mundo".

Sin menospreciar a los fuertes movimientos procedentes de Latinoamérica, donde su capacidad de articulación-descentralización ha permitido alcanzar conquistas puntuales contra el proyecto globalizador, comienzan a observarse articulaciones de este tipo en el sur de Europa, como es el caso de España.

A pesar de la gran diversidad de proyectos desarrollándose en el territorio peninsular, en la región central de la península los movimientos agroecológicos avanzan tejiendo redes de redes, en donde el consumo y la producción se funden en una amalgama de opciones, y donde producir sosteniblemente pasa por cerrar ciclos de nutrientes, utilizar monedas sociales y apostar por el consumo de cercanía.

Una de estas red de redes es la Plataforma Madrid Agroecológico, una plataforma que a través de distintas comisiones ciudadanas pretende estimular un cambio estructural en el sistema agroalimentario de la región central de la península, incidiendo en las administraciones públicas, y generando espacios donde confluyen distintas iniciativas de base de la economía social y solidaria.

En esta plataforma se tratan temas como los ​bio-residuos y la creación de redes de agro-compostaje que reduzcan los desperdicios de materia orgánica diaria inutilizados, que supondrían un insumo de alta calidad para la producción sostenible agroalimentaria, o temas como la creación de asociaciones de productores/as, la creación de espacios de venta directa de alimentos, los sistemas participativos de garantía o la flexibilidad en las normativas sanitarias para pequeñas transformadoras.

Asimismo, no cejan en su empeño por denunciar la cooptación de los espacios de debate sobre el modelo agroalimentario, que en el caso de España, por ser un territorio de gran producción agroalimentaria, es foco de presiones e influencias políticas para la continuidad del actual modelo de producción insustentable.

La Plataforma es una de las muchas iniciativas que se engloban en los movimientos sociales que luchan por la soberanía alimentaria a nivel global, en donde el derecho a alimentarse juega un papel principal como demanda, y donde no sólo depende de la soberanía de cada gobierno para implementar sus políticas agrarias, sino que trata la cuestión de la alimentación como un derecho de toda persona a alimentarse en función de sus necesidades nutritivas y culturales, haciendo uso de la agroecología como herramienta de cambio.

Un escenario de lucha política se viene estableciendo a nivel global, en donde las alternativas generadas desde lo local comparten discursos comunes en torno a la comida, y donde está en juego el incumplido derecho a la alimentación y la sostenibilidad del planeta.