Medidas públicas para la transición postpetróleo

The Oil Crash
 
Queridos lectores:
Aquellos lectores de este blog que vivan en Galicia ya sabrán a estas alturas de la reciente publicación del libro "
A esquerda ante o colapso da civilización industrial", un ensayo de Manuel Casal Lodeiro, activista y activo miembro de una asociación muy conocida en estas páginas, Véspera de nada; además, Manuel es también el coordinador de la revista post-colapsista "para una nueva civilización" 15/15\15
 
A esquerda ante o colapso da civilización industrial" es, en cierta forma, la continuación de la "Guía para o descenso enerxético" que publicó Véspera de nada hace ahora dos años, pero en este caso el libro está enfocado directamente hacia el terreno político. ¿Cómo está reaccionando la izquierda ante el colapso en ciernes? ¿Cómo, y por qué, debería reaccionar? Estas son las preguntas que trata de responder el
autor, fijándose sobre todo en el panorama político gallego pero mirando también a Cataluña, Euskadi, el resto del Estado español o incluso a la Grecia de Syriza.

El libro ofrece algunos materiales adicionales en forma de anexo que son de especial interés. Uno de ellos consiste en una batería de medidas que cualquier gobierno debería abordar para comenzar la
"transición" necesaria hacia un mundo en declive energético, y que Pau Valverde Ferreiro, uno de los
mecenas-lectores del libro, ha traducido a castellano para ampliar su difusión. 
 
Mientras esperamos a la edición española de "A esquerda..." (que se está ahora mismo negociando, además de la portuguesa), de acuerdo con Manuel hemos decidido compartir dicho anexo desde este blog. Al tiempo, os invitamos a que conozcáis otros contenidos que el autor va liberando en la web esquerda.colapso.info.
 
Salu2,
AMT
 
Algunas medidas públicas de mínimos para una estrategia facilitadora de la adaptación social pospetrolera

Economía:

– Apoyar decididamente la creación y/o consolidación de las redes locales de distribución de alimentos, y las cooperativas de consumo ecológico y local.

– Apoyar los proyectos de moneda complementaria que tengan una función social y útil para la transición.

– Favorecer la creación de bancos de tiempo.

– Apoyar las redes de distribución local y el comercio de proximidad de elementos de primera necesidad.

– Ayudar económicamente a las empresas locales que proporcionen productos sustitutivos de los importados en áreas de primera necesidad.

– Poner en marcha campañas mediáticas a favor del consumo de productos locales.

– Realizar campañas informativas de fomento y reconocimiento del consumo y uso de bienes y servicios con menor intensidad energética.

– Priorizar las ayudas económicas a las empresas que pongan en marcha planes de ahorro energético y hayan mostrado una alta eficiencia energética.

– Promover actuaciones económicas paliativas en las zonas con presencia de actividades fuertemente consumidoras de energía ante futuras y posibles reducciones de tales actividades.

 – Realizar estadísticas continuadas de la utilización de energías primarias, de uso y transformación de las mismas, así como del consumo por tipos de energía y usuario, que permitan disponer de la información suficiente para establecer lineas de actuación gubernamental y hacer un seguimiento de su cumplimiento.

– Promover decididamente el mantenimiento y ampliación de la población rural, en detrimento de las áreas urbanas, mediante leyes y medidas específicas que faciliten el retorno al campo en todos los terrenos: económico, ambiental, de servicios, vivienda, calidad de vida, etc. Fomentar las ecoaldeas como un modelo válido para la revitalización del rural, así como priorizar los proyectos colectivos para la recuperación de las aldeas o para el retorno al campo en general.

– Promover el aislamiento térmico de las viviendas, su aprovechamiento solar pasivo y penalizar un alto consumo energético en su construcción.

– Difundir en el sector de la construcción las posibilidades de la arquitectura bioclimática y subvencionar su aplicación en la construcción y reforma de viviendas y otros edificios.

– Aprovechar fincas no utilizadas de titularidad estatal, para la creación de huertos urbanos comunitarios y ecológicos.

– Promover que los ayuntamiento también faciliten la creación de huertos urbanos en los terrenos de su propiedad.

– Promover que se creen huertos para la autoproducción de alimentos en los jardines de las urbanizaciones privadas.

– Favorecer el uso del monte autogestionado, sostenible, diverso y encaminado a fijar población en el rural.

– Subvencionar (por ejemplo eliminando o reduciendo impuestos) la compra, alquiler y reforma de viviendas rurales para personas actualmente residentes en núcleos urbanos y que pretendan cambiar de residencia habitual al rural o a personas que quieran mantener su residencia en el rural.

– Simplificar los requerimientos para las obras y reformas en el rural y potenciar que se realicen con material y mano de obra local, además de con criterios de ahorro energético.

– Promover la soberanía y autosuficiencia alimentaria. Apoyar la producción ecológica local. Prioridad absoluta del gobierno: Asegurar el suministro de agua potable y alimentos a la población.

– Potenciar el banco de tierras, también en zonas urbanas y periurbanas para poner en contacto propietarios/as de fincas potencialmente productivas con urbanitas interesados/as en la producción hortícola para autoconsumo o para vender.

– Eliminar las trabas burocráticas y fiscales a la venta en mercados locales de excedentes de alimentos autoproducidos.

– Potenciar la puesta en marcha de bosques de alimentos y otros proyectos de agroforestry.

– Revisar la normativa relativa a los requerimientos de materiales y embalajes para los productos hortícolas para facilitar el empleo de materiales locales no derivados del petróleo.

– Modificar la normativa de ayudas a la incorporación de gente nueva en la producción agroganadera a la luz de una necesaria simplificación de insumos y características técnicas de las explotaciones.

– Promover las ferias y mercados locales, sobre todo de alimentos.

– Apoyar los bancos y redes de semillas locales, facilitándoselas a cualquier persona interesada en cultivar alimentos.

– Poner en marcha centros de uso comunitario para el envasado de alimentos y fabricación de conservas mediante sistemas de máxima garantía sanitaria y mínimo consumo energético. Divulgar desde estos centros, entre la población en general, técnicas de conserva casera.

– Promover la reconversión de las explotaciones agrícolas al modelo agroecológico.

– Promover la reconversión de las explotaciones ganaderas para aumentar su ahorro energético y minimizar su dependencia de insumos del exterior.

– Promover que se compartan los vehículos privados: con carriles reservados en las calles (coches con 3 o más pasajeros), excepción de peajes y otras medidas para su promoción.

– Promover cooperativas de transporte privado (coches propiedad de sus miembros), clubes de alquiler de coches, redes de autoestopistas registrados y otros sistemas semejantes. Facilitar el alquiler de coches para ocasionales viajes largos.

– Facilitar y promover el uso de la bicicleta (carril bici, etc.). Substituir calles para coches por vías para bicicletas. Dar prioridad para las bicicletas en el rediseño de las vías.

– Poner en marcha ayudas para que ciudades y pueblos creen carriles bici, aparcamientos para bicis en las estaciones de autobuses y tren, y recorridos peatonales.

– Promover la compactación de la semana de trabajo: menos días de trabajo por semana, concentrando las horas. Incentivar la jornada continua en empresas públicas, privadas y horarios escolares.

– Fomentar la recuperación de autobuses de empresa para el desplazamiento de los trabajadores.

– Revisar todos los tributos para penalizar aquellas actividades que obstaculicen la transición energética, y rebajando o anulando los impuestos a aquellas que la favorezcan.

– Reducir la fiscalidad a los comercios de proximidad y pequeñas tiendas, sobre todo de alimentos y de productos de primera necesidad.

– Favorecer fiscalmente a las empresas que faciliten el teletrabajo para evitar desplazamientos de sus trabajadores de fuera de las ciudades y como medida complementaria favorecedora del retorno al rural.

– Favorecer fiscalmente el alquiler y compartición de todo tipo de equipamiento como alternativa a la compra­venta, y para favorecer la ampliación de la vida útil de los productos y maquinarias.

– Penalizar la obsolescencia programada en los productos industriales y favorecer la producción de bienes para toda la vida.

Agua:

– Urgir a todas las responsables de instalaciones de subministro de agua potable para que analicen las vulnerabilidades de las mismas en el caso de una súbita carencia de derivados del petróleo o de suministro eléctrico.

Educación:

– Colaborar para la realización de todo tipo de jornadas de divulgación social del peak oil y

de sus implicaciones para nuestra sociedad.

– Favorecer la formación de personas desempleadas en nuevos oficios y servicios para la resilencia.

– Apoyar y promover la recuperación de saberes, técnicas y oficios tradicionales.

– Revisar los currículos educativos para incluir en ellos la capacitación de los estudiantes en habilidades y conocimientos precisos para una vida postpetrolera.

– Revisar los libros de texto escolares, especialmente en el área de conocimiento del medio, para incluir la visión histórica de la relación entre nuestra especie y la energía, hasta llegar al momento actual del fin de una era de abundancia energética.

– Introducir la enseñanza de Permacultura y técnicas afines en todos los niveles formativos y áreas donde sea aplicable.

– Mantener y potenciar la enseñanza en el medio rural.

– Promover las escuelas populares, los ateneos y otros mecanismos de autoformación

colectiva de las personas, facilitándoles, por ejemplo, locales y la adquisición de material formativo.

– Promover una nueva cultura energética que ponga énfasis en el ahorro, en la eficiencia, y en los modelos de movilidad y ordenación del territorio que reduzca el consumo real.

– Fomentar, con la colaboración de los ayuntamientos, la agricultura/horticultura urbana ecológica mediante campañas, cursos, incentivos diversos, cesión de espacios y aperos, subvención de semillas, etc.

– Fomentar la investigación en Permacultura, técnicas de cultivo, diseño de explotaciones autosuficientes, tecnologías y especies adecuadas y otros aspectos para una nueva agricultura postpetrolera. Identificar insumos alternativos a los actuales, sistemas de prevención de plagas no químicos, etc. echando mano de la historia agrícola del país y del saber tradicional, como de las experiencias que funcionan en otros lugares.

– Realizar campañas para a formación de los conductores de vehículos privados en conducción para el ahorro de combustible.

– Fomentar un cambio cultural con respecto al consumo. Dentro de él, promover intensamente los productos locales frente a los importados.

– Realizar campañas de formación específica de personas de todas las edades para la autogestión y cuidado colectivo y personal de la salud, primeros auxilios, etc.

– Colaborar activamente para que se realicen charlas, jornadas, actividades escolares, proyecciones de documentales, creación de proyectos interactivos, libros y cómics divulgativos y prácticos vinculados con:

– El cénit del petróleo.

– Economía ecológica.

– Ahorro energético.

– Decrecimiento.

– Resiliencia comunitaria.

– Habilidades útiles en un mundo sin petróleo.

– Agricultura natural/ecológica/tradicional.

– Permacultura.

– Autoproducción y conservación de alimentos.

– Compostaje casero.

– Cocinas solares.

– Autoconstrucción de sistemas de energía renovable.

– Estilos de vida y alimentación saludable.

– Tracción animal para la agricultura y el transporte.

– Etc.

– Fomentar la cultura de que sólo es preciso poseer aquello que es verdaderamente personal, y que el resto es más eficiente compartirlo (bienes comunitarios) mediante el alquiler y otros sistemas.

– Crear un centro autonómico de referencia permanente sobre estas cuestiones, a modo de centro de experimentación y difusión, centro de demostración de técnicas sustentables, granjas escuela, etc. Debería coordinar y respaldar experiencias a nivel comarcal y municipal que replicasen estas funciones y las aplicasen sobre el terreno en cada región.

– Hacer congresos divulgativos también dirigidos a las asociaciones y entidades de la sociedad civil, del mismo modo que con las empresas.

– Promover que las ciudades y pueblos se unan a la red de Ciudades en Transición (Transition Towns).

– Potenciar la autogestión y autoorganización de la sociedad civil mediante un paquete de medidas especificas. Fomentar en todos los terrenos la autoorganización de la sociedad civil, prestando ayuda pero sin dirigismos.

Salud:

– Potenciar la fitoterapia entre los profesionales de la medicina así como el reciclaje profesional también en técnicas de diagnóstico y tratamiento de mínimo uso tecnológico, por ejemplo en el terreno de la asistencia a los partos: fomentando la formación de matronas y doulas para la asistencia de partos con mínima intervención y facilitando el parto en casa.

– Estudiar las vulnerabilidades de los centros de salud, hospitales, etc. de titularidad pública en un escenario de escasez energética y de materiales derivados del petróleo. Proponer alternativas en un plan especifico.

– En colaboración con los profesionales de la medicina del país, analizar en detalle qué otras transformaciones es necesario acometer para preparar el sistema de salud público en el contexto de carencia de energía y materiales.

– Estimular al máximo la salud preventiva entre la población y potenciar hábitos de vida y alimentación saludables. 

Decrecimiento: una respuesta honesta

 Francisco Soler -La opinión de Málaga

Ahora es el momento de respuestas reales, no de respuestas sencillas. Por ello, no siga leyendo si lo que busca es una respuesta sencilla. Yo no se la voy a dar. Mi compromiso es ser parte de la solución y para ello hablaré con claridad, honestidad y ética.


¿Qué es el decrecimiento? Puesto que hemos alterado los equilibrios básicos de la naturaleza es necesario que evolucionemos y pasemos del «trabajar más para ganar más» al «trabajar menos para vivir mejor». Es preciso dejar atrás la competencia para pasar a la cooperación. Ahora mismo la economía es como un río desbordado por la crecida, pero tenemos que apostar por la decrecida para ajustar la producción y el consumo a los límites del planeta. Se ha preguntado usted lector ¿qué sistema democrático, qué sociedad, qué valores podrían resistir el desplome de los recursos y la onda de choque de los trastornos climáticos? Sólo una sociedad que decide efectuarlo y recorrerlo todos juntos puede hacerlo. Ahora es el momento de iniciar una transición necesaria e inevitable hacia un nuevo modelo de economía, de construir una sociedad de la moderación, de la sobriedad, de la frugalidad, de lo contrario será el planeta quien nos imponga este cambio.

Gandhi dijo: «El mundo tiene los recursos que el hombre necesita para satisfacer sus necesidades, pero no los suficientes para satisfacer su avidez». Ello nos obliga a hacernos preguntas. ¿Cómo combinar una disminución forzosa de las materias, recursos o energías que comienzan a agotarse, con el bienestar presente y el reparto equitativo para el futuro? Con un contrato ecológico al que animo a todos a unirse, para crear una dinámica colectiva en torno a una exigencia común. Ello significa que debemos renunciar a seguir considerándonos dioses y reconocer con humildad que sólo somos hombres, que compartimos una comunidad de destino con el resto de seres vivos, con quienes tenemos un vínculo de fraternidad.

Surge entonces un secreto importante. La palabra familia en otros tiempos designaba a los hombres, pero también a los humanos no humanos (siervos y esclavos) y a elementos de la naturaleza como las tierras y los animales. El significado antiguo de familia nos enseña el tejido de relaciones de la naturaleza, que es el modelo para la nueva asociación entre seres humanos y no humanos. Es con esta palabra como mejor se responde la pregunta ¿cómo nacen los hombres y las cosas?, pues en su seno ambos quedan comprendidos. Familia responde mejor a esta pregunta que nación: que designa a los seres humanos nacidos (participio pasado) en un mismo lugar y naturaleza: designa lo que está por nacer (participio futuro) puesto que separa ambas realidades.

Hoy los hombres viven ciudades, inmersos exclusivamente en una red de relaciones humanas reducidas a la dimensión política, que no contempla la dependencia del clima, las sequías, la fecundidad de los animales y plantas, las heladas, alejados de los animales domesticados, la azada y las tierras de cultivo. Los seres humanos viven hoy en un «universo (…) que solo se agita en las plazas y salas de reuniones, donde todo se arregla con palabras y donde los únicos problemas son los provocados por técnicas verbales». Es decir, tenemos conocimiento de muchas cosas que sólo nos importan porque las vemos en televisión y somos tremendamente ignorantes acerca de lo que debería importarnos porque nadie nos explica por qué nos deben importar. Por eso vaya a su ventana y grite: estoy más que harto y no quiero seguir soportando esta manera estúpida de vivir. Mi abuelo me contaba que cuando ya no podía más, hacía esto. ¿Se apunta a decirle al planeta que está en buenas manos? ¿Se apunta al decrecimiento entonces? Hasta el próximo miércoles.

El proceso de dominación estructural

"Quien determina que es la verdad, tiene el poder” Foucault
 
Dominación estructural


La ‘dominación estructural’ nos revela que existen estructuras sociales, económicas y  políticas que son pecaminosas –producen sufrimiento- por el propio funcionamiento de su lógica, independientemente de las personas involucradas en estas estructuras.


La ‘dominación estructural’ no es consecuencia del azar, sino que representa la voluntad de un esfuerzo organizado para defender y favorecer un grupo con intereses determinados y que corresponde a la racionalidad de exclusión y de explotación inherente al sistema socioeconómico vigente.


La violencia se halla enmascarada siempre con argumentos de defensa de la justicia, la libertad,  la defensa de dios, u otras razones legitimantes. Una sociedad que inhala valores egoístas de acaparación, posesión y dominación, subliminalmente como forma de distracción y descanso, a la larga forja un mundo inhumanamente agresivo y violento, que utiliza el robo para acceder a la posición y la propiedad.




El proceso de dominación


Vamos a analizar las estructuras dominación mediante diferentes flujos o procesos en los que se conforma la hegemonía de unos grupos sociales sobre otros:

  • Proceso productivo
  • Proceso político
  • Proceso cultural
  • Proceso social

Proceso productivo


El proceso productivo es  la secuencia de actividades requeridas para elaborar bienes que realiza el ser humano para satisfacer sus necesidades; esto es, la transformación de materia y energía (con ayuda de la tecnología) en bienes y servicios (y también, inevitablemente, residuos).

Podemos visualizarlo mejor con el siguiente esquema:


Recursos + Energía + Tecnología [R+E+T ]  =>  Proceso transformador

=>  Bienes + Residuos 


Cuando hablamos de proceso productivo tenemos que recurrir a la termodinámica.

En este proceso la energía y la materia pierden su calidad y se degradan, disminuyendo los posibilidades de aprovechamiento humano –entropía-; este es el origen de la escasez económica – de no ser así podríamos utilizar un trozo de carbón una y otra vez para producir calor o trabajo- .

Entendemos la Entropía como la cantidad de energía no disponible para el ser humano para realizar un trabajo, de aquí deducimos el carácter ilusorio del crecimiento ilimitado.


La finalidad del proceso económico (flujo material) tendría como objetivo el disfrute de la vida (flujo inmaterial), aunque en nuestro modelo económico responde al afán de enriquecimiento y acumulación de poder de algunos, por lo que no contribuye a enriquecer la vida en general, sino que va en detrimento del ‘disfrute de la vida’ de la mayoría.


Proceso de distribución de bienes y servicios para disfrute de la humanidad =>

Proceso de acumulación al servicio de las clases dominantes


Proceso cultural


Vivimos entre, y relacionados a, sistemas de signos con significado; son un desarrollo de nuestra cultura, y por consiguiente conllevan significados culturales y valores. Todo en nuestra vida social tiene el potencial para significar. Así, por ejemplo /coche/ puede tener asociados valores como ‘libertad’, ‘independencia’, ‘desarrollo’, ’movilidad’, o bien, ‘ruido’, ‘consumismo’, ‘contaminación’, ‘muerte’.


Por ello cada cual vive una realidad que se configura en el transcurso de su vida a través de un entramado de aprendizajes, ideas, pensamientos, vivencias, experiencias, costumbres…, que se interrelacionan y que se proyectan desde una sociedad… Sus instituciones y organizaciones, sus finalidades y propósitos que han de ser coherentes con la forma de estar, de habitar en un lugar… 


Poder  [disponibilidad de R+E+T]  =>  Creación de imaginario simbólico =>  Diferencias => [aparato ideológico] =>  Elaboración de desigualdades => Naturalización de las desigualdades  =>  legitimación del poder


Discurso


Podemos definir el discurso como la producción simbólica de la realidad mediante la narración; donde los significados que existen se invisibilizan y se elaboran estrategias de control cognitivo y producción ideológica.


El discurso se trabaja como una práctica social que trata de elaborar un paisaje donde habitar que construye la realidad.


El acceso a este discurso se realiza mediante una función directiva pragmática a través de órdenes, amenazas, leyes, regulaciones, instituciones, consejos, sanciones… Los expertos tienen a su disposición un aparato de propaganda (acceso al control mediante las herramientas tecnológicas y el conocimiento experto) para elaborar el discurso (narrativas, cuentos, novelas, noticias…).


Existen diferentes niveles del discurso, con limitaciones de acceso e interacción mediante conversaciones, selección de las reglas de situación comunicativa. Existe un control de  como se definen (modelos mentales) qué emociones provocan acontecimientos públicos, como controlan el conocimiento sociocultural y el sentido común, las cuestiones controvertidas, las ideológicas, las normas y los valores básicos de convivencia que organizan y controlan las representaciones sociales de la sociedad en su conjunto.


Los grupos más poderosos y sus miembros controlan o tienen acceso a un rango cada vez más amplio y variado de roles, géneros, ocasiones y estilos del discurso. Controlan los diálogos formales con sus subordinados. Reuniones, órdenes, leyes, escritos, informes, libros, instrucciones, relatos, discursos públicos.


Es necesario entender cómo se reproducen las ideologías y como la gente puede actuar, por propia voluntad, defendiendo los intereses de los que están en el poder.


Ideología


Podemos definir la ideología como la conciencia del grupo que sustenta las prácticas socioeconómicas, políticas, culturales de los miembros, sustentado en las instituciones u organizaciones (Estado, Iglesia, educación, medicina, familia, poder judicial), utilizando formas de cognición social (normas, valores, propósitos, principios…), elaborando las representaciones sociales a través de manejar el interés, los miedos y los prejuicios de la sociedad.


Se trata de elaborar una reproducción del dominio y su hegemonía, mediante un conjunto de  creencias que deben ser adquiridas a partir del discurso utilizando el aprendizaje, la persuasión, la manipulación o el adoctrinamiento; la psicología cognitiva y las investigaciones sobre comunicación de masas han mostrado que influenciar la mente no es un proceso tan directo como las ideas simplificadoras sobre el control que a veces se sugieren; los expertos son fuentes autorizadas y fidedignas, la educación transmite un discurso no visibilizado a través de su currículum oculto.


Los productores del discurso elaboran diferentes niveles y estructuras representativas, estudiando la memoria y las creencias de las personas, obteniendo así diferentes categorías de conocimiento y opinión; se conciben modelos mentales y se construyen e interpretan los diferentes marcos cognitivos en los que las personas basan su modelos de conducta; la memoria social, los hechos históricos, los criterios de verdad históricamente cambiantes; se utiliza el texto escrito y el habla.


Estudio del comportamiento (deseos, sentimientos, creencias, proyectos…)  =>  Cambio de las convicciones morales  =>  Cambio de la interpretación de la realidad  =>  Cambio del comportamiento


Proceso político


Se trata de la plasmación institucional de una ideología o estado de conciencia de una sociedad que se establece mediante la legitimación de las diferentes estructuras y organizaciones legitimantes que constituyen el armazón del poder. 


Poder  [disponibilidad de R+E+T]  =>  Bienes  =>  Acumulación  =>  [Derecho – burocracia]  =>  Propiedad


Esta organización institucional es consustancial a las dinámicas constitutivas del control social mediante el discurso y su producción bien mediante la fuerza, bien mediante el consenso, en función de las capacidades y resistencias de los oprimidos.


Este armazón se sustenta en una estructura organizativa (burocracia) que regula el orden social mediante las instituciones y organizaciones inherentes a ella. Este dispositivo es correa de transmisión de las clases dominantes para formalizar la dominación.


Las instituciones u organizaciones que sustentan este aparato político pueden ser:

  • Estado
  • Iglesia
  • Educación
  • Medicina
  • Familia
  • Poder judicial

Proceso social


La división de tareas y la formación de jerarquías se legitiman como una necesidad técnica para sustentar estructuras sociales complejas.


Poder    [disponibilidad de R+E+T]  =>  División de tareas  =>  Formación de jerarquías   =>  Estratificación social  =>  Control Social  =>  Represión


Existe una separación entre quienes trabajan y los que vivían sumergidos en la ociosidad del excedente de trabajo extraído del productor, reduciendo su nivel de vida y penuria.


Las élites controlan del discurso y su producción. El propósito de la narración discursiva tendría como objetivo mantener la posición social sustentada en un orden institucional organizado como parte constitutiva del poder de una organización.


Las élites simbólicas – sacerdotes – (fabrican el conocimiento, las normas, la moral…). Elaboran la producción ideológica, sustentan el ejercicio y mantenimiento del poder en una función legitimadora. Tienen en sus manos el poder judicial, la capacidad de componer sentencias y ejecutarlas.


Las élites políticas conformadas por el rey y la realeza (el aparato de confianza que les acompaña, normalmente formado por familiares).


Las élites militares formadas por los guerreros, preparados para el uso de la violencia hacia el exterior y hacia dentro de la sociedad.


Las élites económicas formadas por los burócratas especializados en registrar la realidad (el acaparamiento de bienes necesita de expertos en contar).


Otras élites al servicio del poder: médicos, legalistas, científicos, educadores, periodistas, escritores, artistas, intelectuales, académicos…


En épocas de paz,  las élites, vivían de acuerdo con el principio del placer. El exceso y la ostentación deleitaban la limitada vida del parásito que vive a costa del huésped tolerante, haciendo invisible una productividad simulada.


Los comerciantes podían tener rentas altas y mayor capacidad de movimiento.


Los trabajadores (mujeres, esclavos y obreros) consiguen su supervivencia mediante el trabajo duro y las privaciones que permiten el excedente para que los nobles que desprecian el trabajo manual ejerzan la explotación económica de los débiles.


Los oprimidos sustentan el aparato productivo, son objeto de depredación y las deudas son transmitidas de generación en generación.


El trabajo intelectual es desarrollado por las élites mientras que el trabajo físico está reservado a los oprimidos.

El artículo ha sido publicado en Ssociologos 

La idea del decrecimiento en el imaginario ciudadano


Alvaro de Regil Castilla - The Jus Semper Global Alliance!

 
La idea de decrecimiento es el único imaginario de convivencia social que es realmente sostenible porque gira alrededor del sostenimiento del planeta y no de su antítesis, el mercado, como es en la actualidad. Si consumimos más que la capacidad de reposición de nuestro planeta, como lo es en el mercado, entonces tenemos un sistema insostenible. De aquí que el verdadero sostenimiento tiene que ser valorado exclusivamente en función de la capacidad del planeta de sostener la reposición de los recursos naturales vitales para la vida y de los energéticos en la misma proporción que la especie humana los consume y no en función del crecimiento de la producción de bienes y servicios.

En este sentido, es imprescindible construir un modelo de vida que vaya exclusivamente en pos de bienestar de la Gente y el Planeta... y no del mercado. Dicho paradigma plasma una visión de lo que debe ser la esencia de lo sostenible, la nueva concepción de lo que es progreso y lo que debe ser la huella ambiental sostenible de dicho progreso. Como cabe esperar, esta visión es totalmente incompatible con los conceptos actuales de sostenible, progreso, desarrollo, riqueza... porque están anclados en el paradigma de mercado y por tanto son la antítesis de lo sostenible. Si cupiera alguna duda, su insostenible naturaleza puede confirmarse todos los días en el alud de contundentes evidencias físicas y sociales.

Desde luego, el paradigma de la Gente y el Planeta sólo puede existir en el contexto de la democracia real que por su propia naturaleza también se sitúa en las antípodas de la actual “mercadocracia” o dictadura del mercado. Es decir, democracia real y mercadocracia son absolutamente incompatibles. Sin embargo, más allá de preferencias ideológicas sobre democracia y economía, y de interpretaciones de lo que debe entenderse por desarrollo y progreso, hay una verdad axiomática que debe quedar clara y de la que no podemos abstraernos. Esto es que no puede haber un consumo infinito, como requiere el mercado, en un planeta con recursos finitos.

Sencillamente, es la razón ontológica de la Madre Naturaleza, que además se está encargando de demostrárnoslo fehacientemente y no nos va a preguntar si deseamos modificar nuestro sistema de convivencia. Nos está obligando a ello.

En efecto, muchos científicos ecologistas consideran que nuestra huella ecológica requiere ser reducida sustancialmente a un ritmo mayor que en 2050. Una opinión calificada compartida por algunos es la planteada por Lester Brown –un ecologista estadounidense fundador del Worldwatch Institute, y fundador y presidente del Earth Policy Institute. El argumento es que cuando los líderes mundiales se reunieron en Copenhagen, Dinamarca, en diciembre de 2009, quedaron muy mal al no acordar un tratado legalmente vinculante para reducir los gases de efecto invernadero; empero, acordaron que el cambio climático global era una seria amenaza que necesita ser enfrentada, y acordaron (retóricamente) que necesitamos reducir las emisiones de dióxido de carbono 80 por ciento para 2050. No obstante, Brown está convencido de que necesitamos cumplir esta meta para 2020, lo que implica que no tenemos tiempo que perder.

Por desgracia, seguimos observando la misma estupidez y doble discurso de los “líderes” de la enorme mayoría de países, que muestran una gran renuencia a que en la COP21 de París, de Diciembre de 2015, se establezca un marco regulatorio estricto, vinculante y que se implemente de inmediato. Es por todo ello imprescindible abrir un espacio en Jus Semper dedicado al fomento y desarrollo del imaginario de ecrecimiento, específicamente para esforzarnos en provocar, a través de su difusión, la toma de consciencia sobre la gravísima situación de la Madre Tierra como consecuencia directa de la actividad humana, que sucede de forma estructural y sistémica en el paradigma de la mercadocracia. Esfuerzo mediante el cual esperamos que cada vez más personas se percaten de la ingente necesidad de comenzar cada uno a responsabilizarnos de nuestra propia huella ecológica y de esforzarnos por modificarla para vivir en armonía con la naturaleza. En este sentido, la idea de Decrecimiento propone la mejor visión para transitar del actual paradigma de mercado, del consumo infinito, al paradigma en pos del sostenible Bienestar de la Gente y el Planeta, del consumo responsablemente mesurado, y NO del bienestar del mercado.

De todo ello se debe colegir que LISDINYS (La Iniciativa Salarios Dignos Norte y Sur), está firmemente anclada en la visión de este cambio paradigmático, como lo expresa su Borrador de Trabajo.Más recientemente, abordé en un ensayo el derecho al salario digno desde la perspectiva de este cambio paradigmático.

Esta es la razón fundamental por la que abrimos este espacio para ofrecer una amplia y creciente colección de estudios y fuentes que abordan, explican y proponen la idea de Decrecimiento como el sendero a seguir para que todos comprendamos la grave situación del sostenimiento del planeta y de todos sus habitantes y a su vez su única y verdadera solución: cortar drásticamente nuestra huella ambiental. En consecuencia, es preciso tomar consciencia de la indispensable e impostergable necesidad de comenzar de inmediato a modificar nuestros valores, estilos de vida, hábitos de consumo y la concepción de nuestro papel y responsabilidades en la preservación de nuestra propia especie y de todo el planeta.

En síntesis, estamos obligados a imaginar una nueva forma de vida realmente sostenible, para inmediatamente pasar a cambiar nuestros patrones culturales radicalmente. Además, debemos tener muy en cuenta que es posible que ya hayamos cruzado un umbral sin retorno y sin posibilidad de arrepentimiento y que la Madre Naturaleza podría estar reaccionado de tal forma, por nuestra propia acción, que ya no tengamos futuro en ella. Por lo que más vale que los ciudadanos comunes y corrientes tomemos la iniciativa y modifiquemos de inmediato las reglas de convivencia si es que queremos legar a las generaciones futuras un planeta sostenible que les permita vivir en él en total armonía. Hemos puesto en juego la supervivencia de nuestra propia especie y de todas aquellas que todavía no han sido extinguidas por nuestro irresponsable modelo de vida y ya no tenemos más tiempo que perder. Tenemos que actuar de inmediato si no queremos optar por continuar en la actual pasividad suicida que sin lugar a dudas nos asegurará nuestra extinción

Ecomodernismo versus ecología política

Giorgos KallisEcología Política


Traductora: Neus Casajuana Filella

El manifiesto para la ecomodernización redactado por el think-tank “postecologista” del Instituto Breakthrough, ha tenido sus días de fama en EE.UU., publicitado en las páginas del New York Times, y no es difícil entender el porqué. Εl mensaje “optimista” del manifiesto, que apela ciertamente a los que están en el poder, es que, “si queremos salvar el planeta, tendremos que decir adiós a la naturaleza”. A pesar de que el manifiesto no ha captado la atención en España, en Latinoamérica algunos comentaristas se han subido a bordo de este nuevo “ecopragmatismo” con entusiasmo.



El manifiesto comienza con premisas familiares para los que somos activistas e investigadores en ecología política. La Tierra se ha convertido en un planeta humano. La naturaleza salvaje, en tierras remotas, ya no existe. Somos parte de la naturaleza y constantemente la transformamos. Qué tipo de paisajes producimos, cuáles conservamos y cuáles no, son cuestiones sociales y políticas. ¡No podríamos estar más de acuerdo! Y, sin embargo, la mayoría de activistas e investigadores en ecología política, incluso los más “modernizadores” de entre ellos, se sentirían incómodos (o eso espero) con la agenda resultante de la ecomodernización: energía nuclear, agricultura genéticamente modificada y geoingeniería contra el cambio climático. Y todo ello en el nombre de, bueno, preservar la naturaleza.

¿Cómo hemos llegado a este punto, a un ecologismo pronuclear?

Empecemos por fijar la atención en los orígenes filosóficos de este “monstruo”. Las premisas filosóficas del manifiesto pueden ser parcialmente atribuidas a la obra de Bruno Latour, un partidario del “postecologismo” y del Instituto Breakthrough[1]. Para Latour, no hay, y no debería haber, ninguna separación entre los humanos y la naturaleza. Latour argumenta que nunca hemos sido realmente modernos, en la medida en que la modernidad existente ha tratado de liberar a los humanos de la naturaleza e ignorar sus efectos sobre ella. Para llegar a ser verdaderamente modernos, tenemos que asumir la responsabilidad final de nuestras transformaciones de la naturaleza, de nuestros productos y de sus efectos: debemos controlar nuestros “Frankensteins” tecnológicos, dice Latour, en lugar de rechazar su producción[2].

Slavoj Zizek, con el argumento provocador de que “la naturaleza ya no existe”[3], señala, con un tono similar: “estamos dentro de la tecnología… y debemos permanecer firmemente dentro de ella” (2011). Para Zizek, como para Latour, no hay vuelta atrás, no es posible una relación no alienada con la naturaleza; más bien deberíamos duplicar nuestros esfuerzos y llegar, por fin, a controlar nuestra alienación.

Desde luego, el comunismo de Zizek es un mundo aparte del capitalismo verde estatal de los postecologistas, pero en lo que se refiere a nuestra relación metabólica con el mundo no humano el resultado es el mismo, independientemente de si el control de los medios de producción de ese metabolismo ha de ser privado, estatal o comunitario.

La cuestión es que estamos llegando a un punto filosófico muerto si afirmamos que “no hay nada que no sea natural en la energía nuclear” (parafraseando la frase de David Harvey sobre la ciudad de Nueva York, 1996), ya que un reactor y una ciudad han sido producidos por los seres de la naturaleza que también somos, metabolizándola. Pero esta posición corre el riesgo de reproducir la lógica del régimen soviético, donde los problemas ambientales no existían, en la medida en que lo que se producía era hecho por el pueblo y para el pueblo. La cuestión clave entonces es la siguiente: ¿qué entendemos nosotros, los ecologistas, por “ecologismo”, si no significa salvar una naturaleza salvaje y estable, si aceptamos que esta ya no existe ni existió nunca verdaderamente?

Una aceptación del término “eco” es necesaria, incluso en los ecomodernizadores; sin ella, su manifiesto se convierte en una pura llamada a la modernización y una defensa de la energía nuclear. Por eso, los redactores del manifiesto justifican la necesidad de la energía nuclear para proteger la naturaleza. El manifiesto argumenta que un uso más intenso y centralizado de la energía va a liberar espacio y recursos para la conservación de la naturaleza salvaje. No me quiero centrar aquí en la insensatez económica y ecológica de la energía nuclear “limpia”. Este argumento no es, de hecho, simplemente erróneo (no quiero ni imaginar cómo sería el mundo entero impulsado por la energía nuclear, ni qué impacto tendría), sino que es inconsistente, en términos filosóficos, con la premisa general del manifiesto según la cual no existe una naturaleza independiente de nosotros.

Contrariamente a Latour, el manifiesto sigue tratando la naturaleza como un medio para conseguir un fin (en este caso, el uso más intensivo de “esta” naturaleza de uranio para salvar “aquella otra” naturaleza salvaje). Y asume que, de alguna forma mágica, la extracción de recursos y las transformaciones que llevamos a cabo “aquí” no afectarán a la naturaleza “allí”. En efecto, el manifiesto es lo que Latour critica como el modernismo 1.0; es decir, un modernismo todavía basado en la idea de separarnos y liberarnos del mundo no humano.

Paradójicamente, el propio trabajo de Latour puede venir a nuestro rescate de los ecomodernizadores. Después de todo, él es el que escribió: “modernizar o ecologizar: esa es la cuestión”[4]. En efecto, a diferencia de los ecomodernizadores, Latour sostiene lo siguiente:

“El reto exige de nosotros más de lo que supone abrazar simplemente la tecnología y la innovación. Se requiere el cambio de la noción modernista de la modernidad de lo que he llamado un «composicionista» [nota: aquello que siendo joven denominaba «ecologista»], que ve el proceso del desarrollo humano, no como una liberación de la naturaleza o como una caída del Edén, sino más bien como un proceso de estar cada vez más unidos, e íntimamente, con una panoplia de naturalezas no humanas.”

Y aquí está el error (me atrevo a decir, con la certeza de que nunca me van a leer) de Latour o Zizek. Reconocer nuestra alienación de la naturaleza, y el poder de contribuir a la producción de nuevas socionaturalezas, no conduce lógicamente a la conclusión de que más “control” o mayor, y una más centralizada tecnología, sea aquello por lo que deberíamos apostar.

Hay múltiples formas en las que podemos estar “cada vez más unidos a […] naturalezas no humanas”, como pide Latour. Y hay varias maneras (tecnologías) y socionaturalezas asociadas que podemos producir. Nuestras opciones van desde bicicletas hasta naves espaciales y desde molinos de viento de bricolaje hasta plantas nucleares. No hay nada que sugiera que nos conectamos más a un río condenándolo y usándolo para producir electricidad que paseando por sus orillas o hablando con él.

¿Qué significado tiene entonces ser “ecologista” sino es el de proteger una naturaleza salvaje?
El movimiento ecologista ha versado siempre sobre un tipo diferente de conexión, tanto entre seres humanos como entre estos y no humanos. Ha defendido una escala menor y unas conexiones más directas, que Ivan Illich llamaba “relaciones de convivencia”: tecnologías que pueden ser controladas por sus usuarios y no por otros en su nombre. El movimiento ecologista ha estado siempre en contra de la energía nuclear, no sólo debido a sus riesgos y a sus efectos ambientales indiscutibles y terribles, sino porque no encajaba con su visión de la vida buena y justa.

Contrariamente a Zizek, la hipótesis ecologista (y decrecentista) es que, como dijo Illich (1973), “el socialismo vendrá en bicicleta”: los sistemas tecnológicos a gran escala crean una sociedad dividida en expertos y usuarios. Sólo hay un pequeño paso para que los primeros se conviertan en los burócratas o los jefes que controlen y se apropien del superávit del sistema. Una sociedad impulsada por la energía nuclear no puede ser una sociedad de iguales o una sociedad de ayuda mutua.

Las demandas de los ecologistas en pro de los límites del crecimiento se han entendido erróneamente como una llamada en favor de una convivencia armónica con la naturaleza, un dejar a “naturaleza” por sí sola (no niego que muchos ecologistas aboguen por los límites desde esta base, pero creo que están equivocados). Por el contrario, como hemos argumentado en el libro Decrecimiento: Vocabulario para una nueva era (D’Alisa et al., 2015), las bases en favor de los límites deben ser diferentes: plenamente conscientes de nuestra capacidad para continuar persiguiendo lo que se puede perseguir, la elección es “no hacerlo”. Como sostiene el filosofo griego Cornelius Castoriadis, “la ecología no es «amor a la naturaleza»: es la necesidad de la autolimitación (que es la verdadera libertad) de los seres humanos”.

Como ecologistas, no queremos producir nucleares o Frankesteins modificados genéticamente. Este “no a” es una elección afirmativa para el mundo que queremos producir, un mundo en el que viviremos una vida digna, más simple y en común. Un mundo de conexión en lugar de desconexión, de acercamiento el lugar de distanciamiento, de acoplamiento en lugar de desacoplamiento. Un mundo en el que controlemos a los controladores. Esta sí que es una visión ecológica.

Referencias

CASTORIADIS, C. (2005). Une société à la dérive. París: Seuil.
D’ALISA, G.; DEMARIA, F.; KALLIS, G. (eds.) (2015). Decrecimiento: Vocabulario para una nueva era. Barcelona: Icaria.
HARVEY, D. (1996). Justice, Nature and the Geography of Difference. Massachusettes: Blackwell Publishing.
ILLICH, I. (1973). Tools for conviviality. Londres: Calder and Boyars.
LATOUR, B. (1995). “Moderniser ou écologiser: À la recherche de la septième cité”. Écologie & Politique, 13, pp. 5-27.
LATOUR, B. (2012). “Love Your Monsters: Why We Must Care for Our Technologies As We Do Our Children”, invierno de 2012. http://thebreakthrough.org/index.php/journal/past-issues/issue-2/love-your-monsters.
ZIZEK, S. (2011). Nature does not exist. https://www.youtube.com/watch?v=DIGeDAZ6-q4&spfreload=10.

* El original de este texto fue publicado en inglés el 7 de mayo de 2015 en el blog de ENTITLE, con el título “Political Ecology Gone Wrong”: http://entitleblog.org/2015/05/07/political-ecology-gone-wrong/, y en castellano el 26 de mayo de 2015 en el Eldiario.es con el título “¿Un ecologismo nuclear?”, traducido y editado por Neus Casajuana Filella: http://www.eldiario.es/ultima-llamada/ecologia-energia_nuclear-ecomodernizacion_6_392020833.html.
[1]. http://thebreakthrough.org/people/profile/bruno-latour.
[2]. Latour (2012). “Love Your Monsters”. http://thebreakthrough.org/index.php/journal/past-issues/issue-2/love-your-monsters.
[3]. Zizek (2011). Nature does not exist. https://www.youtube.com/watch?v=DIGeDAZ6-q4&spfreload=10.
[4]. Latour (1995). “¿Modernizar o ecologizar? En busca de la “séptima” ciudad”. http://www.brunolatourenespanol.org/01_destacados_15_Ecologizar%2000.htm.

El procomún en pocas palabras

David BollierGuerrilla Translation

El siguiente texto proviene del libro de David Bollier Think Like a Commoner. A Short Introduction to the Life of the Commons que Guerrilla Translation —junto a un consorcio de editoriales—  traducirá y publicará como “Pensar desde los comunes. Breve introducción”. 

Commons_and_Color 
El procomún es:


  • Un sistema social sostenible de gestión de recursos que ayuda a proteger los valores compartidos por una comunidad y su identidad.
  • Un sistema de auto organización a través del cual las comunidades gestionan recursos (tanto renovables como no renovables) con escasa dependencia o total independencia del estado y del mercado.
  • La riqueza que hemos heredado o creado juntos y que debería llegar intacta o ampliada a nuestros hijos. Esta riqueza colectiva incluye los dones de la naturaleza, nuestra infraestructura cívica, las obras culturales, las tradiciones y el conocimiento.
  • Un sector de la economía (¡y de la vida!) que genera valor de maneras que a menudo damos por descontado y que tanto el mercado como el estado muchas veces ponen en peligro.
El procomún no tiene un plan maestro, porque un procomún aparece cuando una comunidad decide que quiere gestionar un recurso de manera colectiva, poniendo especial atención en la sostenibilidad y en la equidad del uso y el acceso.

El procomún no es un recurso. Es un recurso más una comunidad específica, así como los protocolos, valores y normas ideadas por la propia comunidad para gestionar los recursos que necesiten. Muchos recursos, tales como la atmósfera, los océanos, el genoma y la biodiversidad, necesitan de manera urgente ser gestionados como bienes comunes.

El procomún es más un proceso que un objeto, un proceso que consiste en las prácticas sociales y las normas que ayudan a una comunidad a gestionar un recurso para el beneficio colectivo. Las formas de construir un procomún (commoning) varían porque la humanidad es en sí misma muy diversa. Así que no hay una fórmula estándar para el procomún; únicamente patrones y principios compartidos. El procomún debe ser entendido entonces más como un verbo que como un sustantivo. Un procomún debe estar animado por la participación de abajo a arriba, la responsabilidad personal, la transparencia y la rendición de cuentas auto regulada.

Uno de los grandes problemas menos reconocidos de nuestro tiempo es el cercamiento de los bienes comunes, la expropiación y la comercialización de los recursos compartidos, habitualmente para el beneficio mercantil privado. Los cercamientos pueden verse en las patentes sobre genes y formas de vida, en la extensión de los derechos de autor que inhiben el desarrollo de la creatividad y la cultura, en la privatización del agua y de la tierra, y en los intentos de transformar Internet abierto en un mercado privativo y cerrado, entre otros muchos cercamientos.

Los cercamientos generan desposesión. Privatizan y convierten en mercancía los recursos que pertenecen a una comunidad o a todo el mundo, y desmantelan la cultura del procomún basada en la coproducción y la gobernanza igualitaria e imponen el orden del mercado, sus relaciones y jerarquías de productor-consumidor basadas en el dinero. Los mercados suelen tener un compromiso escaso con lo local, las culturas y las formas de vida de cada lugar; cuestiones indispensables para el procomún.

Los procomunes tradicionales son pequeños y se centran en recursos naturales. Se estima que hay dos mil millones de personas que para su subsistencia diaria dependen de bosques, pesquerías, acuíferos, fauna y otros recursos naturales gestionados de manera comunal. Pero existen otros tipos de bienes comunes en las ciudades, como las universidades, las infraestructuras y las tradiciones sociales. Unas de las formas de procomún más vigorosas son aquellas vinculadas a Internet y a las tecnologías digitales, las cuales permiten crear a las personas (comuneros) un valioso acervo de conocimiento y creatividad compartidos.
El gran reto para los comuneros de nuestro tiempo es encontrar nuevas estructuras legales, formas institucionales y prácticas sociales que permitan operar a gran escala a diversos tipos de procomún, protegerlos de los cercamientos del mercado y asegurar su poder generativo.

Es necesario generar nuevas formas y prácticas del procomún a diferentes niveles: local, regional, nacional y global; y nuevos vínculos y modos de federación entre diferentes escalas del procomún. Los bienes comunes transnacionales requieren de un esfuerzo especial para alinear las formas de gobierno con las realidades ecológicas y servir como impulso para la cooperación más allá de las fronteras políticas. Para revitalizar el procomún e impedir los cercamientos provocados por el mercado, necesitamos innovaciones en los ámbitos del derecho, las políticas públicas, los modos de gobernanza y las prácticas sociales y culturales. Todos estos esfuerzos darán lugar a una visión del mundo muy diferente a la de los sistemas de gobierno establecidos, en los que prevalece el peso del estado y del mercado.

¿Es el crecimiento un imperativo del capitalismo?

Giogos Kallis - eldiario.es

John Bellamy Foster ha publicado recientemente un excelente ensayo con el título "Marxismo y Ecología: Fuentes comunes de una Gran Transición". Foster  aboga por un (eco) socialismo del estado estacionario. Sostiene  que "un sistema de satisfacción de las necesidades colectivas basado en el principio de la suficiencia es obviamente imposible desde cualquier faceta, bajo el régimen de acumulación del capital". Y continúa: "el capitalismo como sistema está intrínsecamente orientado hacia la máxima acumulación posible y hacia el máximo flujo de materia y energía". "El crecimiento económico (en un sentido más abstracto) o la acumulación de capital (de forma más concreta) ... no pueden  existir sin resquebrajar el sistema Tierra". "La sociedad, particularmente en los países ricos, debe avanzar hacia una economía del estado estacionario, que requiere un cambio hacia una economía sin formación neta de capital".

 
En principio, estoy de acuerdo. Intuitivamente, y dada nuestra experiencia sobre el capitalismo, esta visión  tiene mucho sentido. El crecimiento económico apareció con el capitalismo, y se correlaciona con el crecimiento del uso de materiales y de energía en una proporción casi del 1:1. Pero permítanme ser un poco más escolástico con la intención de promover  y fortalecer (más que  de socavar) el argumento de Foster.


Para empezar, creo que tenemos que distinguir entre los diferentes conceptos que Foster introduce.
  • Primero, crecimiento del flujo de recursos, es decir, crecimiento del uso de energía y materiales.
  • Segundo, crecimiento económico, o sea, crecimiento del PIB (o de algún otro índice representativo del tamaño de la actividad productiva).
  • Tercero, acumulación del capital. Desde una perspectiva marxista, podemos definir el capital como dinero en busca de más dinero a través de la producción de mercancías - circuito D-M-D' (dinero invertido en mercancías para ganar más dinero) y la acumulación de capital como el proceso de reinversión de la plusvalía en posteriores ciclos de valorización del capital.
  • Cuarto, el "capitalismo". Siguiendo el enfoque marxista de Foster (distinto del institucionalista, más centrado  en la propiedad privada, el trabajo asalariado y las entidades de crédito) se definiría como un sistema en el que el circuito  D-M-D 'es omnipresente y dominante (“el régimen de  acumulación de capital” de Foster).


Ahora bien, la vaguedad en evaluar el grado de "dominación", obviamente plantea  la difícil cuestión de si hay sistemas capitalistas que son menos capitalistas o más socialistas que otros (en Cuba, por ejemplo, ciertas partes de la economía permiten circuitos D-M-D', pero eso no significa que haya un ‘régimen de acumulación de capital’). Esta es probablemente la razón por la que Marx evitó hablar de "capitalismo". Pero sin, al menos, alguna referencia, no podemos evaluar la tesis de Foster de que existe un imperativo de crecimiento dentro del capitalismo.

Foster afirma que el capitalismo está intrínsecamente orientado hacia el crecimiento del flujo de recursos o, más específicamente, que: a) el crecimiento económico está intrínsecamente ligado al crecimiento del flujo de recursos, y b) el capitalismo está intrínsecamente orientado al crecimiento económico. Veamos cada uno de estos apartados:

Crecimiento económico y crecimiento del flujo de recursos

Estoy de acuerdo en que el crecimiento económico va ligado al crecimiento de flujos de recursos y energía y que no existen ejemplos de desacoplamiento absoluto bajo el capitalismo. Esto se debe a que la producción, junto con el trabajo humano, utiliza materiales y energía. Los llamados “aumentos de productividad” implican  la sustitución de trabajo humano por combustibles fósiles (piensen en los tractores).

Sin embargo, la mayoría de economistas ambientales contestaría con el argumento de que es posible (aunque no se haya conseguido todavía) crecer de forma sostenible y a la vez  reducir el uso de materiales y de energía mediante el aumento de  la eficiencia,  sustituyendo energías  fósiles por  renovables  y con un cambio estructural desde  la producción primaria hacia los servicios de alto valor añadido, con lo que se podría producir más valor sin un aumento equivalente del flujo (piénsese en un restaurante con una estrella Michelin, o en una compañía online).

Yo respondería a este argumento economista que las ganancias en eficiencia sufren un “efecto rebote” (la “paradoja de Jevons”), ya que las ganancias de productividad se invierten en un mayor crecimiento; que los servicios incorporan un montón de energía y materiales, a menudo no contabilizados, que se importan desde otras partes del mundo; y que esta sustitución, mientras sea plausible, no supone un  crecimiento económico, ya que las fuentes renovables (o la energía nuclear) proporcionan mucha menos "energía neta" (energía producida menos energía  utilizada para su producción) que los combustibles fósiles y, por tanto, la productividad y el crecimiento se reducirán.

Pero: primero, mis argumentos son empíricos. No puedo establecer una "ley" intrínseca basada en la teoría económica, que demuestre de forma lógica  que el crecimiento y el flujo de recursos siempre estarán vinculados. Ahora bien, Foster propone 'una ley general y absoluta de la degradación del medio ambiente bajo el capitalismo' aplicable  en cualquier lugar. Esto significa básicamente que los capitalistas, impulsados por la competencia,  buscarán explotar el medio ambiente de la forma más barata posible, y por lo tanto lo degradarán.

Téngase  en cuenta que  las “leyes marxistas”, tales como la tendencia del capital a explotar la mano de obra hasta su nivel de subsistencia, se entienden mejor como tendencias estructurales, en condiciones constantes de "los demás factores”, más que como  resultados inevitables (añadir que el resto de  factores no son  constantes  desde  el momento en  que la clase  trabajadora  puede organizarse y reclamar mejores condiciones y que un aumento de  la productividad puede reducir los costos de reproducir la clase obrera, o permite repartir parte de las ganancias al trabajador, etc.).

Del mismo modo, si las renovables se vuelven más baratas que los combustibles fósiles o si los servicios más ligeros en materiales terminan siendo más  rentables que las actividades intensivas en recursos, teóricamente podría ocurrir que el capitalismo llegase a  descarbonizarse / desmaterializarse. Creo que es poco probable que esto ocurra, pero todavía no creo que tengamos una ley que lo pruebe.

En segundo lugar, mis argumentos no son específicos del capitalismo. Se aplican a cualquier sistema alternativo concebible; el "crecimiento verde" es poco probable, ya sea bajo el capitalismo o el socialismo por los razones que ya expliqué (la paradoja de Jevons, los límites de sustitución y la baja energía neta de fuentes alternativas de energía). El desacoplamiento absoluto entre la economía y el crecimiento del flujo de recursos no se ha observado ni en  las sociedades capitalistas ni en ninguna de las variedades existentes en los países socialistas. Claro, que podemos imaginar un sistema socialista diferente de los existentes, que no tuviese que perseguir el aumento de PIB y que  pudiese redefinir lo que se entiende como bienestar, incluso lo que se entiende como ‘actividad economica’, pero lo que no podría hacer es, solo por cambiar el nombre, que la actividad económica y los flujos de materiales y energía pudieran continuar creciendo. Una sociedad ecosocialista tendrá que ser una ‘sociedad de abundancia frugal’, como la llamó Serge Latouche. 

"El imperativo del crecimiento" del capitalismo

El segundo argumento de Foster es que el capitalismo está intrínsecamente orientado al crecimiento económico. Esto depende de lo que entendamos por "orientado" e "intrínseco".

Si definimos el capitalismo como acumulación de capital y la acumulación de capital como crecimiento, entonces, por supuesto, el capitalismo está intrínsecamente orientado hacia el crecimiento económico. Pero esto sería una perogrullada semántica  que se daría de bruces ante la evidencia del registro histórico de las tasas variables de crecimiento en las economías capitalistas (a menos que concedamos al capitalismo una supremacía económica que no merece, con el argumento de que está destinado a crecer siempre a  largo plazo, salvo en los ciclos y las crisis periódicas).

Como Piketty nos ha recordado con citas de Austen y Balzac, el capital, en los siglos XVIII y XIX, gozaba de altas tasas de retorno al capital (5%) mientras que las economías  estaban  estancadas. Grecia ha perdido un tercio de su economía, pero al mismo tiempo se han conseguido enormes ganancias. El capitalismo no está funcionando bien en términos de acumulación agregada, pero los cambios institucionales bajo los dictados de la Troika amplían el reino del  D-M-D.

¿Cómo puede continuar la acumulación del capital sin crecimiento? 

En primer lugar, sabemos que el volumen del capital no solo  aumenta por  la producción de plusvalías, sino también por la desposesión  y la redistribución desde el  trabajo hacia el capital (austeridad, etc). Así, el capital puede crecer sin haber crecimiento económico, al menos hasta llegar el límite en que el trabajo cubra únicamente las necesidades básicas de subsistencia, punto muy alejado de aquel en que se encuentran las economías más desarrolladas.

En segundo lugar, incluso si la acumulación agregada de capital  está funcionando mal  y disminuye, una parte de los capitalistas van a seguir invirtiendo dinero y ganando más dinero (beneficios). Aunque algunos de ellos verán reducidos sus beneficios, otros podrán aumentarlos. Los capitales individuales, impulsados por la competencia, tratan siempre de obtener beneficios como nos dice Marx; pero esto no significa que siempre lo logren. Es perfectamente plausible que en una economía estancada o en recesión, existan muchos capitales individuales que continúen haciendo sus beneficios.

Lo que está sucediendo en Grecia es una mezcla de estas dos cosas. La acumulación de capital continúa en crecimiento negativo. La austeridad y las privatizaciones redistribuyen el valor a favor del capital y, mientras que los oligarcas y algunos capitalistas que han logrado sobrevivir aumentan sus beneficios, muchos otros han visto cómo sus beneficios se han reducido o bien han quebrado.

Cuando afirmo que un capitalismo sin crecimiento o en declive es plausible, no estoy lavando la cara ideológicamente al capitalismo ni tampoco estoy diciendo que un decrecimiento sostenible sea compatible con el capitalismo. Mi punto de vista es que no hay ninguna ley 'intrínseca' que demuestre que el capitalismo o bien genera crecimiento o bien colapsa si no lo consigue. Un capitalismo sin crecimiento es posible, y es un capitalismo de rostro cruel y, de hecho, es cómo ha sido en muchos períodos y lugares: quiebras, desempleo, reducción de los niveles de vida, bienes comunes privatizados, desahucios y desigualdad creciente.

¿Hasta cuándo una economía capitalista puede soportar una 'Gran Depresión' al estilo griego antes de que colapse y se convierta en alguna otra cosa mejor o peor? Probablemente una situación de depresión no puede prolongarse  indefinidamente, pero no hay ninguna "ley" económica que sugiera que el capitalismo va a llegar a su fin de forma natural, independientemente del impacto que puedan tener las luchas en favor de su transformación. El reconocimiento de una "ley" por sí sola, no nos dice mucho sobre la dirección y las características de esta transformación.

En conclusión, no hay ningún imperativo del crecimiento bajo del capitalismo en abstracto, sino sólo en un sentido muy concreto: sin crecimiento el capitalismo se vuelve inestable política y socialmente. 

El crecimiento desactiva los conflictos distributivos y hace más fácil la vida de los capitalistas. Es por esta razón  que es difícil imaginar naciones donde los poderosos intereses capitalistas reinen aceptando voluntariamente el decrecimiento o un estado estacionario. El crecimiento como objetivo es un imperativo del capitalismo, pero no su realización. Pero a medida que el crecimiento se vuelva más y más difícil de conseguir y el estancamiento se convierta en la nueva norma, se hace más verosímil la aparición de un contra-movimiento, la "revolución social y ecológica por el…. proletariado ambiental" que Foster propugna.

Traduccion del Inglés: Neus Casajuana

Hacia el inevitable decrecimiento

Javier León - Creando utopías

Todos los datos económicos, todo lo relativo al progreso de una nación y al bienestar de sus ciudadanos vienen medidos por el crecimiento de sus economías. El índice que se utiliza para medir dicho progreso suele ser el aumento del porcentaje del Producto Interior Bruto (PIB), el cual nos indica, si su crecimiento es positivo, que el país va bien. Esto choca frontalmente con la realidad de vivir en un mundo limitado con recursos limitados y circunscritos a una realidad finita, y de paso, con las repetidas advertencias que desde las Naciones Unidas se están liderando una y otra vez.




La paradoja es que para poder sostener este sistema de valores de crecimiento continuado es necesario:
  1. un consumo desenfrenado,
  2. una especulación financiera que lo haga posible y
  3. unos valores morales de baja calidad en nuestra sociedad.
El resultado es una insatisfacción continuada, una ansiedad progresiva y una casi adicción por el consumo, algo que parece no tener límites en la consciencia humana.

Ante esta impredecible deriva política y económica, en 1987 se creó por parte de la “Comisión Mundial de Medio Ambiente y Desarrollo” de las Naciones Unidas un documento llamado el “Informe Brundtland”. En el documento, que originalmente se llamó Nuestro Futuro Común[1], se habló por primera vez de “desarrollo sostenible”. En este informe se ponía en duda nuestro modelo de desarrollo económico actual y la sostenibilidad ambiental del mismo, criticando y analizando el coste que supone las políticas de desarrollo a nivel mundial. El desarrollo sostenible fue definido en este informe como aquel que satisface las necesidades del presente sin comprometer las necesidades de las futuras generaciones. El informe, dentro de sus objetivos, propuso dos tipos de restricciones:
  1. a) una restricción ecológica, es decir, la conservación de nuestro planeta Tierra,
  2. b) y otra de tipo moral, la renuncia a los niveles de consumo a los que no todos los individuos puedan aspirar.
Una de las ambiciones de dicho informe fue la de “proponer unas estrategias medioambientales a largo plazo para alcanzar un desarrollo sostenido para el año 2000 y allende esta fecha” (página 10 del informe). El tiempo ha demostrado que este objetivo no sólo no se ha alcanzado, sino que estamos ante un nuevo escenario descrito con cierta angustia en el “Acuerdo de París” de diciembre de 2015 propiciado también por las Naciones Unidas. En este mismo acuerdo se recuerda la “Agenda 2030 para el desarrollo Sostenible”[2], donde los estados miembros aprobaron 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)[3] para poner fin a la pobreza, luchar contra la desigualdad y la injusticia, y hacer frente al cambio climático. Las Naciones Unidas es consciente del peligro inminente que se está generando en torno al crecimiento desmedido. Tal es así, que lo expresa abiertamente en todos sus documentos e informes: “Conscientes de que el cambio climático representa una amenaza apremiante y con efectos potencialmente irreversibles para las sociedades humanas y el planeta y, por lo tanto, exige la cooperación más amplia posible de todos los países y su participación en una respuesta internacional efectiva y apropiada” (página 1 del Acuerdo de París).

Como vemos, existen un montón de acuerdos cargados de buenas intenciones que resultan, debido a la propia dinámica de crecimiento y moral de los países miembros en cuanto a la imprescindible necesidad de crecimiento, imposible llevar a cabo. Este fracaso global provoca reacciones de todo tipo. La más conocida es una teoría que desde los años sesenta va ganando fuerza: el decrecimiento. Sus defensores creen que el “desarrollo sostenible” es insuficiente para poder detener el colapso ecológico en el que nos encontramos y son necesarias medidas más drásticas e inmediatas.
Uno de los defensores de la teoría del decrecimiento es el economista francés Serge Latouche, del cual ya hemos hablado alguna vez, el cual insiste en que lo único que nos queda por hacer es poner en práctica todas las recetas posibles, pasando por reducir la jornada de trabajo, consumir menos y provocar un necesario respeto por el medio ambiente. Es decir, lo deseable no sería esperar respuestas a nivel global o de nuestros propios gobiernos, sino aplicar nosotros mismos una vida de austeridad voluntaria, viviendo mejor con menos. La llamada simplicidad voluntaria nos ofrecería un mayor tiempo de ocio y una vida social más plena, alejada del consumo compulsivo e irracional y un estilo de vida competitivo, de todos contra todos, ajeno a las nuevas propuestas y las tesis del apoyo mutuo y la cooperación.

Serge Latouche propone algunas soluciones prácticas como las llamadas las 8 R: Revaluar (nuestros valores), Recontextualizar (la construcción social), Reestructurar (los aparatos económicos y productivos), Relocalizar (consumiendo sólo lo que se produce localmente), Redistribuir (el acceso a los recursos naturales y a la riqueza), Reducir (el consumo y el gasto energético), Reutilizar y Reciclar (todos los objetos, en cualquier actividad).

En definitiva, está en nuestras manos y no en las manos de los poderosos sistemas de interés el poder revertir este ciclo de autodestrucción en el que nos encontramos. Seamos conscientes y empecemos a buscar soluciones prácticas, individuales y colectivas, para poder vivir mejor con menos, ser felices y hacer feliz al planeta que nos acoge.

[1] Ver el documento en el siguiente enlace: http://www.un.org/es/comun/docs/?symbol=A/42/427

[2] Puede consultarse la misma en el siguiente enlace: http://www.cooperacionespanola.es/sites/default/files/agenda_2030_desarrollo_sostenible_cooperacion_espanola_12_ago_2015_es.pdf

[3] Los 17 objetivos son: 1. Poner fin a la pobreza en todas sus formas en todo el mundo. 2. Poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenible. 3. Garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos en todas las edades. 4. Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos. 5. Lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas. 6. Garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos. 7. Garantizar el acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna para todos. 8. Promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos. 9. Construir infraestructuras resilientes, promover la industrialización inclusiva y sostenible y fomentar la innovación. 10. Reducir la desigualdad en y entre los países. 11. Lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles. 12. Garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles. 13. Adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos. 14. Conservar y utilizar en forma sostenible los océanos, los mares y los recursos marinos para el desarrollo sostenible. 15. Proteger, restablecer y promover el uso sostenible de los ecosistemas terrestres, gestionar los bosques de forma sostenible, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras y poner freno a la pérdida de la diversidad biológica. 16. Promover sociedades pacíficas e inclusivas para el desarrollo sostenible, facilitar el acceso a la justicia para todos y crear instituciones eficaces, responsables e inclusivas a todos los niveles. 17. Fortalecer los medios de ejecución y revitalizar la Alianza Mundial para el Desarrollo Sostenible.

(Foto: trabajando juntos en el Proyecto O Couso para hacer de la austeridad y el decrecimiento una virtud de compartir y felicidad).