El decrecimiento como alternativa para superar la crisis ambiental

Álvaro Lopez - Ingeniero agrónomo

Una persona en Estados Unidos consume 4 veces más energía que un argentino y 265 veces más que un nigeriano. Si tenemos en cuenta la cantidad de CO2 generada por cada estadounidense, ésta supera en 3,7 veces la producción de un argentino y 34 veces la de un nigeriano. Finalmente, y como medida de consumo, el PBI per cápita de un estadounidense es 4,37 veces mayor al de un argentino y 427 veces mayor al de un nigeriano. Esta breve comparación es indicativa de la gran desigualdad en el mundo, no solo referida a los aspectos económicos, sino también a los impactos ambientales de los distintos países.

En este periodo histórico la humanidad o parte de ella comienza a tener conciencia de la finitud del planeta y que es imposible lograr un nivel de consumo o de igualdad en todos los habitantes al mismo nivel que los estadounidenses/europeos, como así también es injusto que los países “desarrollados” despilfarren los recursos naturales recibiendo el resto solo las migajas de su progreso.

En este planeta finito los recursos naturales tienen un límite, y la acción antrópica desde la revolución industrial en adelante ha llevado a superar dichos límites de sustentabilidad de la tierra, lo cual se observa en la actualidad con ejemplos marcados en la reducción de biodiversidad, calentamiento global, contaminación del aire, contaminación del agua, grandes inestabilidades climáticas (acentuadas por el mal uso de los recursos naturales) que derivan en sequías, inundaciones, tornados, avances de plagas y enfermedades, reducción de la producción agrícola, etc.

La respuesta política a estos problemas (según podemos observar en los acuerdos alcanzados en la COP21) se centra en la adaptación al cambio climático –adaptarnos a que el clima nos destruya y aguantar–, en la mitigación (disminuir la cantidad de gases del efecto invernadero) y en una serie de medidas que involucran aportes financieros para estos fines y otras políticas.

En general estos acuerdos son vulnerables a las políticas económicas definidas en el interior de cada uno de los países, son compromisos futuros que implican acciones que indirectamente dependen de su factibilidad económica, más en un mundo donde prima lo global, lo financiero, el consumo y el crecimiento económico.

Pero debemos estar atentos a la alerta que nos marca el planeta, los efectos del cambio climático son tangibles, es hora de cambiar el rumbo. Una de las alternativas para este fin es la teoría del decrecimiento de Serge Latouche. Ésta se plantea como un slogan para generar impacto, refiriendo a que la humanidad debe cambiar sus hábitos, dejar de ser un mundo donde se vale por lo que se consume, donde todo el resto de los valores son precarios (el amor, el trabajo, el ser humano). Serge Latouche plantea que “hay que sobrevivir al desarrollo, descolonizarse del imaginario económico y empezar a construir una sociedad alternativa”. Esta sociedad alternativa tiene que ser tomada como base política para los gobernantes del mundo, para que empiecen a pensar en otro modelo de desarrollo, dejando de lado el modelo capitalista que se sustenta mediante el “hiperdesarrollo”, la “hiperproducción” y el “hiperconsumo”, degradando y destruyendo tanto la biodiversidad como los recursos naturales, aportando de manera creciente a la emisión de gases del efecto invernadero.

Este nuevo modelo debe tomar la forma de una economía de decrecimiento, implicando no solo una mayor concientización ecológica sino también un cambio en las formas de vivir, consumir y producir. Una nueva manera de organizarnos socialmente y económicamente.



1 comentario:

  1. ¿Y nos enteraremos los humanos? ¿O esperamos a que los poderosos cambien sus comportamientos...?

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