Sociedades frías, sociedades calientes

Las sociedades llamadas primitivas se encuentran, sin duda alguna, en la historia, su pasado es tan antiguo como el nuestro puesto que se remonta a los orígenes de la especie. En el transcurso de los milenios han sufrido toda clase de transformaciones; han atravesado períodos de crisis y prosperidad; han conocido las guerras, las migraciones y la aventura.


Estas sociedades han elaborado o retenido una sabiduría particular, que las incita a resistir desesperadamente toda modificación de sus estructuras, han protegido mejor sus caracteres distintivos hasta una época reciente, ya que se nos aparecen como sociedades inspiradas por el cuidado de preservar su ser. La manera en que se explota el medio ambiente garantiza a la vez un nivel de vida modesto y la protección de los recursos naturales. Más allá de su diversidad, las reglas matrimoniales que aplican presentan un rasgo común: limitar al extremo y mantener constante la tasa de fecundidad. La vida política, en fin, fundada en el consentimiento, no admite otras decisiones que no sean aquellas adoptadas por unanimidad, y parece concebida para excluir el empleo de ese motor de la vida colectiva que utiliza las distancias entre poder y oposición, mayoría y minoría, explotadores y explotados.

Estas sociedades, que podríamos llamar ‘frías’ que ignoran deliberadamente su pasado histórico pues prefieren repetirlo, se distinguen, por su reducido efectivo demográfico y su modo mecánico de funcionamiento, de las sociedades ‘calientes’ aparecidas en diversos puntos del mundo tras la revolución neolítica, y donde se estimulan sin tregua las diferenciaciones entre castas y entre clases, para extraer de allí el devenir y la energía.

Estas sociedades calientes funcionan sobre principios termodinámicos como las máquinas de vapor. Producen mucho trabajo pero consumen mucha energía; son grandes productoras de calor y de desorden; necesitan un fuerte diferencial social, una organización cada vez más compleja, una ley, una jerarquía, y también un instrumento de poder temible: la escritura.

Para saber más: Antropología estructural. Claude Lévi-Strauss. 1958

Para saber más: Claude Lévi-Strauss

1 comentario:

  1. Entre lo frío y lo caliente puede entrar lo tibio... Pero nos es tan difícil permanecer en los límites...

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