Cinco falacias argumentativas y una falacia metodológica sin las que el decrecionismo no es argumentable

David de Ugarte - El correo de las Indias

Los argumentos decrecionistas forman un tejido único de falacias clásicas y sin embargo socialmente extendidas. En conjunto forman un tejido argumentantivo tan falso como seductor capaz de generar una falsa ilusión de racionalidad apoyándose en nuestros propios vicios y perezas intelectuales. Si el capitalismo nos conduce efectivamente a un barranco, el decrecionismo nos induce a pensar como lemmings.

En nuestros debates con catastrofistas y decrecionistas, aparecen cinco falacias argumentativas y una falacia metodológica que se alimentan mutuamente en un tejido difícil de desembrollar. En un terreno argumentativo así, aceptar la discusión numérica es jugar con cartas marcadas a un juego cuyo resultado viene determinado de antemano.
 
La falacia metodológica es obviamente la falacia ricardiana: aceptar que tienen valor predictivo los resultados de una prospectiva realizada proyectando una única variable y «congelando» todos los demás los factores sociales que influyen en el proceso estudiado.
«Si la tecnología permanece cómo ahora y se mantiene el ritmo de los descubrimientos, las reservas de petroleo se agotaran en X tiempo y un súbito encarecimiento de los recursos energéticos producirá una crisis civilizatoria sin precedentes», nos dicen los «peak oilers»… y han tenido que corregir la fecha en media docena de ocasiones en 10 años. La última fecha anunciada fue 2010… y también fue corregida. La tecnología evoluciona a velocidad acelerada y las reservas son una variable económica, no natural, que es resultado de las demás y no puede «congelarse» sin poner en cuestión cualquier predicción.

Algo parecido le había ocurrido al famoso demógrafo Paul Elrich, reactualizador del malthusianismo, que en su libro «Population Bomb» (1970) predijo una crisis demográfica global para finales de los 70 y principios de los 80 con hambrunas masivas en Sudamérica, Asia y Africa. El resultado, a pesar del aumento poblacional, fue muy distinto.

La falacia ricardiana «funciona», es decir, tendemos a dejarla pasar, porque responde a la necesidad de control y simplificación a la que el relato científico decimonónico nos ha educado. Pero el hecho es que reduce el campo de aplicabilidad de las conclusiones dramáticamente: sólo muestra «que pasaría si». Y no podemos olvidar que desde el momento mismo de hacer la pregunta sabemos que el condicional al que está sometido no se cumplirá.

Las falacias conceptuales

 

Más graves aún son las cinco falacias conceptuales en que el decrecionismo basa una y otra vez su argumentación. Se trata en realidad de otras tantas falacias cuyos orígenes son diversos: argumentos económicos errados de otras tantas teorías que quedaron en la memoria popular como (falsos) lugares comunes… y que hoy son recogidos por científicos de la naturaleza metidos a hacer discurso social sin tener el background crítico necesario.
  1. «Los deseos son infinitos y por tanto no existe un límite al consumo» (falacia utilitarista)
  2. «La población crecerá hasta chocar con la escasez de los recursos»» (falacia malthusiana)
  3. «Más productividad y crecimiento producen necesariamente más stress sobre los recursos» (falacia ecologista)
  4. «Como el mundo es finito, los recursos se agotarán en breve» (falacia catastrofista)
  5. «El desarrollo de la abundancia bajo el modo de producción p2p se enfrentará a los mismos problemas medioambientales que el capitalismo» (falacia centralista)
Vayamos paso a paso

  1. «Los deseos son infinitos y por tanto no existe un límite al consumo» (falacia utilitarista). Falso: los deseos de consumo vienen limitados tanto por valores culturales como por tiempo. Aunque la tradición monástica cristiana ha legado a nuestra cultura la idea de que un menor consumo es «renuncia» y por tanto que un mayor consumo sería el resultado espontáneo de nuestros deseos «naturales», la verdad es que los estudios sobre el comportamiento de los ganadores de lotería muestran que un incremento súbito de la riqueza no produce un aumento destacado de las cantidades consumidas ni un cambio general de pautas de consumo. Curiosamente, los ganadores de lotería acaban aportando a instituciones benéficas parte significativa de sus premios.
  2. «La población crecerá hasta chocar con la escasez de los recursos»» (falacia malthusiana). Falso: El comportamiento reproductivo es otra variable cultural. Lo que nos muestran las series estadísticas de los países centrales es que cuando una sociedad se acerca al fin de la pobreza su crecimiento vegetativo se detiene.
  3. «Más productividad y crecimiento producen necesariamente más stress sobre los recursos» (falacia ecologista). Dos falsedades en una sóla frase: en primer lugar, aunque la productividad que suele reproducirse en las estadísticas es la del factor trabajo (cuanto valor se produce por hora trabajada como media), la productividad incluye también a los recursos. El crecimiento de la productividad puede orientarse -y de hecho se plama también- en una mayor eficiencia energética. En segundo lugar, el crecimiento del valor de lo producido no tiene por qué consumir más recursos: con cada programa de software libre crece la riqueza social disponible (y el consumo a precio cero), pero los recursos naturales no se ven significativamente afectados; cuando un campo valdío manchego se pone en labranza con ajos y vides por ejemplo se utilizan más recursos naturales, pero no se puede decir que el terreno sufra un stress cuando el cultivo es naturalmente sostenible.
  4. «Como el mundo es finito, los recursos se agotarán en breve» (falacia catastrofista). Falso: Es seguramente la falacia más obvia, pero «funciona» porque se basa en las dificultades de nuestro cerebro para valorar probabilidades a partir de ciertas escalas. Que los recursos sean finitos no quiere decir que su utilización vaya a conducir al agotamiento a corto plazo, pero si le unimos «mala ciencia» en forma de falacia ricardiana (ver arriba), tendremos una larga tradición de alarmas que se desvanecieron.
  5. «El desarrollo de la abundancia bajo el modo de producción p2p se enfrentará a los mismos problemas medioambientales que el capitalismo» (falacia centralista). Falso: Como hemos argumentado ya, cada modo de producción tiene una forma propia de relacionarse con el entorno y los recursos porque:
    • Incentivan una estructura energética, cadenas logísticas y procesos productivos distintos. A diferencia del capitalismo industrial, en el modo de producción p2p se reducen drásticamente las cadenas logísticas medias, la producción energética toma una forma distribuida que prima la autoproducción renovable y los recursos
    • Las tecnologías se desarrollan de una forma distinta, supeditada a la lógica interna del sistema: pasaremos de primar las tecnologías que alientan la recentralización que necesita el capital financiero para mantener su acumulación a la distribución y la tendencia a la autosuficiencia que necesita el modo de producción p2p, tanto en energía como en la elección de materias primas.
    • Distintas formas de socialización -determinadas a las finales por las formas de agruparse para producir socialmente dominantes- promueven distintos valores culturales que modifican las aspiraciones y comportamientos de consumo de las personas. Las demandas sociales también apuntarán a otros lados.
    En cualquier caso, pedirle al muy incipiente modo de producción p2p que responda, aún bajo la hegemonía del viejo sistema productivo, cuál será su desarrollo cuando se despliegue como forma social generalizada, equivale a haberle pedido a Leonardo da Vinci o Erasmo que describieran la tecnología o el sistema político de la revolución industrial. Un absurdo que sólo gana apariencia de sentido si se incorpora al argumento la urgencia de una catástrofe inmediata.

 

Conclusiones

Los argumentos decrecionistas forman un tejido único de falacias clásicas y sin embargo socialmente extendidas. En conjunto forman un tejido argumentantivo tan falso como seductor capaz de generar una falsa ilusión de racionalidad apoyándose en nuestros propios vicios y perezas intelectuales. Sin embargo, merece la pena hacer el esfuerzo y volver a la perspectiva de la abundancia: si el capitalismo nos conduce efectivamente a un barranco, el decrecionismo nos induce a pensar como lemmings.

3 comentarios:

  1. Anónimo3:56 p. m.

    De partida lo de los lemmings es un mito. Segundo, este post de falacias tiene como columna vertebral un montón de falacias. Son las grandes corporaciones petroleras las que declaran las reservas del petroleo, y por tanto, bajo esta declaración la OPEC asigna las cuotas de extracción. Si las fechas del peak del petroleo, es decir del punto donde la extracción es máxima y desde ahí tiende a la baja, son calculadas según los criterios de la OPEC, puedes imaginar porque tantas fechas que se han borrado; pero en fin, si ves que en algunos paises del mundo se está extrayendo el crudo con un proceso de minería, y no con grandes tuberías como antaño, te das cuenta de que ya no hay tanto hidrocarburo como antaño.

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  2. Anónimo4:04 p. m.

    El problema de la necesidad de consumo y la capacidad de producción, no es un problema unicamente catastrofista, es un problema mas bien presente. En pocas palabras, los paises del sur producimos gran parte del alimento del mundo y también los recursos energéticos, por lo tanto decrecer en el consumo, fortalecer la producción local y contar con matrices energéticas y monetarias sustentables, es una necesidad actual. Para que el decrecimiento sea una alternativa el rumbo hay que empezarlo hoy, bajo una catastrofe del capitalismo o peor aun, medio ambiental, es sumamente complicado.

    Para crear nuevas tecnologias, es neesario el petroleo, asi que la falacia más gorda, sería que una vez q e acabe el petroleo, la genialidad humana descubrirá otras tecnologias, MENTIRA, pero el capitalismo tiene un aspecto mucho más fragil, que es la emisión de dinero y sus burbujas que quieras o no, no hay tecnologia capaz de sostener.

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  3. El árbol de falacias que te has inventado, David, no te deja ver el bosque

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