Guatemala: el silencio del gallo




"Son gente socialmente desesperada que sólo tiene tres opciones: aguantar, incorporarse a un guerrilla que ni siquiera funciona o inventarse su propio futuro. Todos tienen también una confianza ciega en el trabajo colectivo. Quizá tengan razón quienes dicen que los valores comunitarios constituyen el más sólido residuo del patrimonio cultural maya. Ya sabes que aquí nadie habla de pueblos o aldeas, sino de comunidades. ‘Mi comunidad’, dice el indígena cuando se refiere a su gente o a su lugar de residencia. Así lo decía en los tiempos y así lo sigue diciendo ahora.

No sé si te he contado que las tierras que les quitó el gobierno en el siglo XIX se llamaban precisamente ‘el común’, ‘camán’ en k’iche’... Pueblos que por generaciones mantuvieron un espacio colectivo de trabajo, donde sacaban la leña, llevaban a pastar el ganado y plantaban los cultivos. La vida en comunidad es la fórmula más eficaz que han conocido estas personas para sobrevivir en un mundo hostil.”

Las cifras de esta guerra eran muy serias: 200.000 muertos y desaparecidos, una cantidad similar de refugiados; 50.000 viudas, 250.000 huérfanos, 643 masacres, 440 poblaciones destruidas, 400 cementerios clandestinos, un millón de campesinos fuera de sus casas... Esas cifras que en 1999 serían certificadas por la Comisión de Esclarecimiento Histórico de la ONU.

¿A qué se debe el silencio que envuelve y mitiga todo lo relacionado con el genocidio que lleva ocurriendo en Guatemala?

Extraído del libro Guatemala, el silencio del gallo. Carlos Santos. 2006.

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