Pecado estructural, pobreza y Teología de la liberación

Los campesinos del sur, las mujeres doblemente discriminadas, las minorías, las clases sociales populares explotadas, los oprimidos... Jesús de Nazaret se identificó con ellos y optó por ellos. La miseria que padecen los pueblos llamados subdesarrollados está engendrada por las relaciones de dependencia en que son mantenidos por los países poderosos o ‘más desarrollados’ del centro, a consecuencia de el sistema capitalista internacional mediante la existencia de mecanismos económicos, financieros y sociales que acumulan riqueza en unos lugares y desencadenan una acción destructora de pueblos, familias y personas en los restantes.

De esta manera el pecado estructural nos revela que existen estructuras sociales, económicas y políticas o culturales que son pecaminosas – producen sufrimiento, opresión y el mal – por el propio funcionamiento de su lógica, independientemente de las intenciones de las personas involucradas en estas estructuras.

Predicaba el arzobispo de San Salvador, Monseñor Óscar Romero (acribillado a tiros mientras celebraba la eucaristía el 23 de marzo de 1980), el rol perverso del pecado estructural que no es consecuencia del azar, sino que representa la voluntad de un esfuerzo organizado para defender y favorecer un grupo con intereses determinados, y que corresponde a la racionalidad de exclusión y de explotación inherente al sistema socioeconómico vigente.

De aquí que el cristianismo reivindique el sentido humano de entregar la vida y la libertad a favor de la gestación de un nuevo modelo económico y la significatividad de la participación activa de las comunidades de base cristianas en la lucha liberadora de sus pueblos.

El jesuita Ignacio Ellacuría (asesinado el 16 de noviembre de 1989 por soldados de las fuerzas armadas) nos habla de asumir la pobreza material de la propia vida personal y de las estructuras institucionales como manera de comprometerse a favor de los pobres, y como sacramento histórico de liberación.

2 comentarios:

  1. No hay que mezclar religión con política. Otra cosa es que la política tenga una ideología. Sí, hay que ayudar a la gente pero ello no indica que se deba empobrecer uno por los demás. La pobreza es vivir con lo que necesitas, no es no tener nada.

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  2. Perdón Chema, pero... ¿quién te dijo que la religión no tiene ideología? ¿Quién te dijo que no es construcción histórica también lo religioso, por lo tanto tendencioso en relación a las ideas humanas?

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