La madera: recurso energético de la Europa medieval


La Europa medieval había confiado durante mucho tiempo en la madera como principal fuente energética. La espesa capa forestal que cubría toda la zona nórdica y occidental proporcionaba una fuente aparentemente inagotable de combustible. Ya en el siglo XIV, sin embargo, la madera era cada vez más escasa. Los nuevos avances en el campo de la agricultura, como las nuevas tecnologías del drenaje, el arado pesado, la introducción de la rotación de tres cultivos y el uso de equipos de caballos para las labores de arado, habían contribuido a aumentar la cantidad de tierra cultivada y habían multiplicado la producción alimentaria.

Estos excedentes llevaron a un incremento de la población humana, la cual incrementó a su vez la presión sobre los campesinos para que sobreexplotaran la tierra disponible y deforestaran zonas próximas para aumentar superficies de cultivo. La población consumía los recursos energéticos en menos tiempo del que necesitaba la naturaleza para reponerlos. La creciente deforestación y la erosión del suelo provocaron una crisis energética.

El agotamiento de la madera constituía un serio problema para la sociedad de la baja Edad Media, debido a que ésta era un recurso extremadamente versátil, que se posía aplicar a mil y una funciones distintas. Mumford resume la extraordinaria importancia que tenía la madera como régimen energético de la vida medieval diciendo que “como materia prima, como herramienta, como máquina, como utensilio y como servicio público, como combustible y como producto de acabado, la madera era el recurso industrial dominante”.

La mayor parte de la deforestación que se llevó a cabo durante el siglo XV tenía como objetivo aumentar la extensión de los cultivos agrícolas. En los siglos XVI y XVII se cortaron todavía más árboles para obtener ceniza de madera destinada a la producción casera de jabón o artículos de cristal entre otros.

Lentamente el carbón fue ocupando el lugar de la madera, primero en Inglaterra y más tarde en el continente. Comenzaba así un nuevo régimen energético.

Para saber más: La economía del Hidrógeno. Jeremy Rifkin. 2002.

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