El Estado al servicio de las transacionales

Los Estados Nacionales fueron construidos y pueden sobrevivir únicamente sobre los cimientos de un orden económico colonial mundial. Dado que desde sus orígenes el capitalismo funcionó como un sistema mundial que invadió y conquistó patrias foráneas, pudo acumular más riqueza en el centro y levantar allí el ‘Estado Nacional Moderno. Estas patrias se anexionaron también, es decir, absorbieron países y tribus menores y los homogeneizaron en el seno de una nueva ‘cultura nacional’.

El nuevo papel del Estado dentro de la economía capitalista global tiene como objetivo ser el proveedor de recursos naturales, de servicios básicos y esenciales, de concesiones, infraestructuras y patentes legisladas para las empresas transacionales, además de protegerlas de las exigencias populares de derechos laborales, sanitarios, medioambientales y humanos.

Todo esto entraña la retirada de servicios a la ciudadanía, la imposición de austeridad, y un uso más agresivo de la maquinaria de aplicación de la ley y el orden estatales para salvaguardar los intereses de las ‘multinacionales. El Estado se ha difuminado salvo como una fuerza de ley y orden. Ya no desempeña el papel de protector del interés público, y por extensión del interés nacional.

La erosión de la soberanía del Estado frente a las fuerzas externas conduce a una mayor utilización por parte de esas fuerzas del Estado como instrumento; y eso suele deteriorar la soberanía de las personas. El pseudonacionalismo basado en la identidad étnica y religiosa sale entonces a escena para llenar el vacío político que ha creado el Estado invertido.

Para saber más: Ecofeminismo. María Mies y Vandana Shiva. 1993.

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