Una mente en verdad lúcida

Pedro Jara Vera - ReGenera
Una mente en verdad lúcida, una mente madura y evolucionada, no se limita a la vida contemplativa en el retiro, ni predica el amor y la supuesta espiritualidad con un sentimiento secreto de superioridad moral, ni huye a los mundos esotéricos, ni se confía a los ángeles protectores o a las energías sutiles. Tampoco una mente que comprende lúcidamente los cambios que ha de imprimir al mundo se dedica a expresar rabia y visceralidad contra el opresor, ni a quejarse de forma amarga para después vivir de manera altamente incoherente con lo que predica. Ambos estilos son sibilinas y astutas expresiones del mismo paradigma del ego. 

El sistema se cambia desde dentro, actuando en él, pero estando en la mayor medida posible “fuera” de su dinámica patológica, creando nuevos estilos de vida y de relación que cultiven el equilibrio y la libertad, y exigiendo, sin odio y con constancia y determinación, que esa libertad y equilibrio sean respetados por sus líderes jerárquicos. Sanear realmente la mente del individuo implica algo tan profundo y complejo como trascender los mecanismos de su ego, algo que no puede prescribirse ni lograrse con el esfuerzo convencional, sino con el valor de la humildad, el entrenamiento de la conciencia… y el control de las consecuencias. Y una mente saneada experimenta un impulso natural y coherente hacia la proyección social, hacia la transformación también sanadora del entorno. El adecentamiento de la propia parcela individual no es enteramente tal si no emerge también una inquietud por llevar la transformación más allá de uno mismo. Si no hay coherencia es porque no hay comprensión.
(…)
El centro general de la patología humana es el hecho de que hemos evolucionado globalmente en el marco dominante de un paradigma mental egoico, lo cual constituye un estadio bastante primitivo en la evolución posible de la conciencia humana. Tocar los extremos del sufrimiento puede tener la virtud de acelerar el proceso madurativo, un mayor despertar de la conciencia, de manera que el ser humano pueda dirigirse hacia un paradigma no egoico, sino de algún modo naturalista.
Defender un paradigma naturalista no implica asumir que todo lo que ocurre en la naturaleza es bueno, pues resulta evidente que el éxito evolutivo no equivale a bondad. Lo que pretende significar es que más allá de los prejuicios ideológicos podemos promover modos de vida que sean respetuosos con la naturaleza humana, con los conocimientos establecidos acerca de la misma. Ninguna opinión puede ponernos de acuerdo; sólo el conocimiento tiene alguna posibilidad de hacerlo. Las implicaciones morales de esto han sido históricamente pervertidas de manera sesgada y prejuiciosa por distintas ideologías. El correcto conocimiento no atenta en ningún caso contra un adecuado funcionamiento moral que mayoritariamente podamos considerar noble, sino que bien al contrario, lo fundamenta y contribuye a hacerlo viable. 

En las precisas palabras de Steven Pinker (2003): “La existencia de la naturaleza humana no es una doctrina reaccionaria que nos condene a la opresión, la violencia y la codicia eternas. Evidentemente debemos intentar reducir la conducta perniciosa, del mismo modo que tratamos de reducir calamidades como el hambre, la enfermedad y las catástrofes. Pero para luchar contra estas desgracias no negamos los hechos molestos de la naturaleza, sino que enfrentamos algunos de ellos contra otros. Para que los esfuerzos por conseguir el cambio social sean efectivos, deben identificar los recursos morales y cognitivos que hacen que determinados tipos de cambio sean posibles. Y para que los esfuerzos sean humanos, han de reconocer los placeres y las penurias universales que hacen que algunos tipos de cambio sean deseables” (p. 280).

En base a estas identificaciones y reconocimientos, un paradigma naturalista se caracteriza básicamente por principios de humildad, autenticidad, cooperación y comunalidad (frente a la auto-importancia, comparación, competitividad y diferenciación). Para que tales principios estén más allá de lo meramente teórico deben integrarse apropiadamente en nuestra vida desde la educación, la comprensión libre, y la madurez y autonomía de la mayor parte de la humanidad. Pero he subrayado también que más allá del estricto entrenamiento de la conciencia y el trabajo interior, la disolución del paradigma egoico a nivel social en términos no ingenuos requiere de forma añadida nuevas medidas ambientales de recompensa, castigo y restricción, puesto que la tendencia egoísta del ser humano puede ser minimizada y parcialmente controlada, pero no extinguida.
Un modelo naturalista requiere estimular una fuerte orientación espiritual en las personas, si bien nada tiene que ver con una atención a otras vidas, planos o dimensiones de la existencia, sino con una mayor profundización y conciencia en cada presente y realidad interactiva de esta existencia (Tolle, 2006). Hay demasiadas cosas que hacer aquí.
La orientación de nuestro comportamiento hacia un paradigma mental naturalista tiene multitud de implicaciones concretas, y nos remite a cambios en nuestro modo de vida de gran profundidad y calado, lo cual queda mucho más allá de los planteamientos meramente reformistas que se centran en solucionar lo urgente (Trainer, 2010). El hecho es que cuando ladeamos lo importante para prestar atención a lo urgente, llega un momento en que lo importante se vuelve urgente y apremiante.
(…)
Afortunadamente, acorde con las conclusiones fundamentales de este ensayo, en los últimos decenios han empezado a proliferar diversos movimientos y teorías en torno a una visión decrecentista en cuanto al consumo y la producción material que, lejos de perseguir la austeridad, la pobreza y la mediocridad para todos, apuesta paralelamente por un crecimiento en la frugalidad, la vida sencilla, la equidad, la autosuficiencia, el tiempo libre, las relaciones y la atención más directa a las necesidades humanas frustradas por el modelo de crecimiento ilimitado (Illich, 1974; Latouche, 2008; Latouche y Harpages, 2011; García Camarero, 2010; Taibo, 2009).
Dentro de un modelo de pensamiento, de vida y de economía basada en el crecimiento, el decrecimiento económico resulta un drama para todos llamado recesión, tal como comprobamos en los años de crisis; sin embargo, los movimientos decrecentistas subrayan en todo momento que el decrecimiento ha de aludir a los aspectos productivistas, consumistas y materiales, pero debe ir acompañado de una apuesta por el crecimiento en los aspectos no materiales de la experiencia humana, lo cual implica un cambio general en el modelo de civilización, en nuestras estrategias, en nuestras creencias y en nuestros valores. Un cambio en nuestra identidad misma. También, los modelos decrecentistas admiten que de forma paralela es preciso ayudar a las sociedades más pobres para que crezcan en términos materiales hasta un nivel de dignidad, antes de buscar igualmente la estabilización en niveles de acrecimiento (Gorz, 1998; Latouche, 2009).
(...)
Las transformaciones personales que se quedan estrictamente en la pequeña parcela individual son importantes, pero además de insuficientes en cuanto a la conciencia que las sostiene, son también, por ello, insuficientes para cambiar ciertas estructuras organizadas que alimentan al paradigma patógeno. Pero, en la dirección inversa, cada individuo que se suma a estos movimientos organizados de transformación social, tiene que haber partido de un intransferible trabajo interior de comprensión y liberación importante de sus propios mecanismos egoicos; de lo contrario, como también nos muestran la historia y la lógica, no cabe esperar más que la reproducción de los mismos mecanismos enfermizos que se intenta combatir. A la hora de poner en marcha un círculo virtuoso de amplia transformación social, política y económica, la mayor dificultad está siempre en la conciencia, integridad y coherencia de las fuerzas pioneras que inician el difícil salto paradigmático.
El desarrollo económico y laboral tendría que re-orientarse hacia áreas relacionadas con los aspectos y servicios inmateriales (salud física y mental, servicios sociales, cultura, desarrollo artístico, ocio creativo…), así como con todo lo relacionado con la reparación de la naturaleza, reciclaje de materiales y desechos, alimentación más natural y ecológica no agresiva con nuestra salud ni con el medio ambiente, medicina natural y energías renovables. Toda la energía utilizada tendrá que provenir, íntegramente, de fuentes renovables, adecuando por tanto el consumo energético a estas posibilidades. Todo ello tendrá algunas consecuencias ineludibles en muchos aspectos concretos, como por ejemplo la necesaria reducción a niveles importantes del consumo de carnes en nuestra alimentación.

Extraído del texto: 'El mundo necesita terapia' de Pedro Jara Vera


Hipotético programa político a desarrollar por el decrecimiento

Jaime Cantero Rodríguez

9. Algunas medidas o puntos principales de un programa a desarrollar

En este apartado recojo algunas de las principales propuestas que hacen los teóricos del decrecimiento y que serían parte fundamental de un hipotético programa político a desarrollar.

1# Quizás una de las medidas expuestas más concreta, estudiada y criticada es la reducción de la jornada de trabajo junto con todas las consecuencias que esto conlleva. En ciertos casos, se ha propuesto la reducción de la jornada laboral a un tercio de la actual91 (Lafargue proponía trabajar 3 horas para producir lo necesario y no lo superfluo92), junto con una progresiva y necesaria desmonetarización de la economía93. Aunque quizás la clave no sería el número total de horas para determinar la productividad en un trabajo sino el lugar concreto del trabajo como verdadero determinante de su valor.
Hay que recordar en este punto que la jornada semanal de trabajo en Francia es de 37,6 horas mientras que en España pese a los reiterados intentos de reducirla se sitúa en las 41 horas según datos de Eurostat de 2005. En Francia y desde 2007 se ha liberalizado la jornada semanal de trabajo, dando libertad para superar la limitación anterior a 35 horas implantada por el socialista Lionel Jospin en el año 2000 con lo que se espera un aumento de la jornada semanal media. A esta medida se le sumó la exención fiscal para el trabajador y la liberación de cargas sociales para el empresario francés en el caso de las horas extras con lo que se fomentaba su uso y una desvinculación progresiva de la función social del trabajo en favor de otra función más economicista94.

En España este incremento de las horas de trabajo semanales es atajado al menos en parte mediante el artículo 35 del Estatuto de los Trabajadores, que establece que: “El número de horas extraordinarias no podrá ser superior a ochenta al año. Por lo tanto podemos ver que la tendencia al menos en Francia y España en la actualidad sería la contraria que la recomendada por los defensores del decrecimiento.

Debido también a esta reducción de la jornada de trabajo y coincidiendo con lo que sugería Hannah Arendt95, se rehabilitarían otros componentes de la vida activa de los ciudadanos; entre otras la obra del artesano o del artista y la acción propiamente política, consiguiéndose en el camino una descolonización del imaginario productivista. Con la reducción de horas, obviamente, también se pretende el empleo de más personas.

La identificación del trabajo exclusivamente con el empleo remunerado es también una característica de nuestro sistema de desarrollo que hace que el trabajo dedicado al cuidado humano (crianza, alimentación, cuidado de personas mayores, enfermas o discapacitadas) aun siendo imprescindible para la vida humana, al no seguir la lógica capitalista ocurre a veces de forma inadvertida (Herrero y González Reyes, 2011:40).

Al contar con más tiempo tras la reducción de la jornada de trabajo, estas labores probablemente adquirirían notoriedad y una larga tradición de reivindicaciones feministas se vería recompensada al ser este género el que ha venido soportando la mayor parte de esta carga.

2# Una medida complementaria a la anterior sería la implementación de una Renta Básica de Ciudadanía con el objeto de compensar los trabajos peor remunerados o de más difícil valoración a la vez que se evita la exclusión social a la que son empujadas capas sociales por el hecho de ocupar empleos o mal remunerados o estar en desempleo. A esta propuesta, a menudo también se le anexa la de una Renta Máxima o ingreso máximo autorizado (Taibo, 2011a:77) con la intención última de fomentar de alguna manera el concepto de igualdad entre la ciudadanía de un Estado.

3# La reconsideración del uso de la tierra es otro asunto recurrente en la bibliografía sobre el decrecimiento siendo uno de sus indicadores la huella ecológica (o el uso que hacemos de los recursos naturales per capita), uno de los objetivos a reducir aunque la meta principal sería alcanzar la autonomía alimentaria y la auténtica soberanía sobre los recursos haciendo a las economías del tercer mundo menos dependientes del comercio exterior. Es decir, una vuelta a la agricultura campesina.

La sustracción incluso de tierras ya ocupadas o a ocupar por el asfalto y el cemento especialmente por la especulación urbanística es un tema que aparece también como modo de fomentar una agricultura de más proximidad (Herrero y González Reyes, 2011:44).

4# Internalizar los costes del transporte dando el valor apropiado al uso de recursos no renovables y a los daños colaterales debidos a la contaminación por la combustión de hidrocarburos, es otro objetivo principal para los decrecentistas. El recurso a la fiscalidad ecológica es una de las principales opciones con las que se contaría junto con una limitación expresa del consumo para ciertos productos.

5# Relocalizar las actividades y las industrias para evitar costes excesivos del transporte, provocando a la vez un redimensionamiento de las infraestructuras y un acercamiento entre productores y consumidores.

6# Reducir la capacidad de circulación motorizada (aparcamientos, carriles), peatonalizar calles y estimular la movilidad colectiva. Con lo que se dificulta el uso de medios de transporte motorizados y se favorece el vínculo de cercanía (a pie o en bicicleta).

7# La penalización por el uso de publicidad96 o la evaluación y apoyo a las innovaciones tecnológicas más aceptadas, debería ser una consecuencia más del desarrollo democrático de las comunidades junto con la participación en la
determinación de las partidas presupuestarias.

8# El sistema crediticio es otro tema recurrente en la bibliografía sobre decrecimiento al ser señalado como uno de los principales responsables del modelo de consumo actual (Latouche, 2011:42). El empleo de monedas sociales o locales aparece también como una vía de escape para dar alternativas a la crisis del sistema financiero actual.

9# La lucha contra la obsolescencia programada con la que son diseñados muchos de los objetos que utilizamos en el día a día y que nos obligan a sustituir en un corto periodo de tiempo muchos de los bienes que utilizamos97. El concepto de moda u obsolescencia estética y simbólica, como la refiere Fernando Cembranos (2011:173), iría muy parejo a este patrón de diseño industrial.

Ante la dureza de estas medidas (Puntos principales de un programa a desarrollar), algunos autores dudan incluso de la capacidadel Estado para imponerlas si no es bajo la forma de ecofascismos o ecototalitarismos98. Los autores que defienden el decrecimiento, por el contrario, basan sus esperanzas en que el cambio del ideario en el que se persiga la utopía convivencial, junto con un cambio en el entorno que coadyuve, atraerá a la mayoría de los ciudadanos. Todo esto unido a una radicalización democrática y la instauración de algunas medidas para profundizar en el sistema democrático como instituir el derecho de revocación de las personas elegidas, referéndums de iniciativa popular, participación directa en algunos casos y presupuestos participativos (medidas estas recogidas como reivindicaciones por el movimiento 15M o Democracia Real Ya!, en España) .

Por otro lado y atendiendo en este caso a la conducta individual, el modo de proceder de un activista en favor del decrecimiento, deberíamos poderlo reconocer al menos en dos actitudes alternativas o complementarias:

1ª Consumiendo menos, es decir, fomentando la Sobriedad99, y/o
2ª Autoproduciendo, intercambiando y donando. Es decir, favoreciendo la Autogestión y la Solidaridad.

Sin duda estas actitudes o virtudes individuales se verían reforzadas o al menos reconducidas si el entorno premiara de forma más evidente estas conductas mediante tasas, normas u otras formas de bonificación, cosa que parece poco probable al chocar frontalmente con algunos de los fundamentos básicos del sistema capitalista actual contrarios a las actitudes señaladas más arriba:

1# Obsolescencia programada100 de muchos de los objetos manufacturados.
2# La externalización e internacionalización industrial, con el objeto de evitar presión fiscal excesiva y desvincular al consumidor del objeto de consumo.
3# La monetarización de cualquier ámbito de las relaciones sociales (en especial la cultura y el ocio).

La evolución de una sociedad que optase por el decrecimiento, según lo apuntado más arriba, no tendría por qué seguir necesariamente igual curso en un territorio que en otro, debido a sus especificidades. Y para poder concentrarse una comunidad en su ámbito local y actuar con efectividad, necesitaría de cierto margen de autonomía política. Esto habría de conducir a una profundización de los procesos democráticos y a una mejora en la capacidad de decisión de todos los ciudadanos de una determinada comunidad101, provocando de nuevo que cada comunidad encuentre su propio y mejor camino para su desarrollo102.

«La creencia de que mi lugar de residencia es el centro del mundo es esencial para
dar un sentido a mi vida»
(Raimon Panikkar)103

Respecto a este tema Elinor Ostrom, premio Nobel de Economía, ha defendido o al menos ha reconocido ciertas pautas de organización (Ostrom, 2011:11), que favorecen la gestión de la población sobre los bienes comunes como la forma más eficiente de su uso. Por lo tanto dando un impulso a los que creen en la capacidad de autoorganización de las comunidades respecto a los recursos de uso común, frente a los que únicamente creen en la gestión privada o pública (Ostrom, 2011:14). Y por lo tanto desacreditando la más que aceptada y hasta hace poco inevitable Tragedia de los Comunes.

Con el incremento de las distancias, derivadas de un encarecimiento de los combustibles, la perspectiva de lo local se tornaría fundamental y así la obtención de recursos o la tecnología necesaria en la vida cotidiana de los ciudadanos debería ser repensada en cada comunidad para dar respuesta a necesidades y recursos totalmente distintos. Habría que replantearse ¿qué producir?, ¿en qué condiciones? Y ¿con qué utilidad social? Y quién mejor que los propios afectados para responder a estas preguntas.

En todo caso, quizás sean las circunstancias o el entorno cambiante hacia el que hipotéticamente nos dirigimos el que provoque que ciertas medidas sean ineludibles. En especial, el deterioro de la naturaleza y el agotamiento de los recursos energéticos no renovables serían los detonantes de un cambio social y cultural, que quizás sea el más brusco que haya visto la humanidad en varios siglos104, aunque las consecuencias sean en estos momentos en cierta medida impredecibles. Por esto una planificación adecuada que diese toda capacidad de decisión a la ciudadanía lo antes posible también impediría el surgimiento de ideologías autoritarias que actuasen por imperativo eco-político (ecototalitarismos).

"El decrecimiento debería ser defendido no como una necesidad sino como una
elección política"
(Fournier, 2008:536)
Notas
90 Ver artículo de Pérez-Álvarez, (2012). http://www.psicothema.com/psicothema.asp?id=3970
91 Jacques Ellul establece como condición necesaria para asegurarnos a todos un empleo satisfactorio, reducir la jornada de trabajo hasta las 2 horas. (Ellul, 1976)
92 Lafargue, (2010:29)
93 Atendiendo la consecuencia de que para conseguir un verdadero decrecimiento, uno de los caminos sería una progresiva ruralización de la sociedad, Félix Rodrigo Mora nos apunta un dato interesante respecto a la desconexión del sistema actual “Si la masa dineraria en España en 1939 era de 6.000 millones de pesetas, en 1950 aquella alcanzaba ya los 31.600 millones de pesetas” (monetarización de la vida del país). Rodrigo, (2008:32)
94 El eslogan electoral de Nicolás Sarkozy en la campaña presidencial que le llevó al Palacio del Eliseo (2007) se situaba en las antípodas de las propuestas decrecentistas; “Trabajar más para ganar más”. Citado por Latouche (2011:61).
95 Citado por Latouche (2009a:216)
96 Según Serge Latouche, la publicidad llega a constituir la segunda partida presupuestaria mundial después del armamento. Latouche (2009b:26)
97 “Es imposible encontrar una pieza de reemplazo o un técnico reparador”. Latouche
(2009b:29)
98 Latouche, (2009a:246)
99 Este concepto, Francesco Gesualdi lo analiza subdividiéndolo en cinco acciones; reducir, reutilizar, reparar, reciclar y ralentizar.
100 http://www.rtve.es/television/documentales/comprar-tirar-comprar/
La obsolescencia programada de muchos de los aparatos con los que nos relacionamos a diario parece ser una más de las vías sobre las que profundizar en el camino para encontrar alternativas al modelo de crecimiento ; piezas estandarizadas, envases retornables, comercios para reparar, etc. Y así evitar el consiguiente deterioro medioambiental. Aquélla, la obsolescencia programada, pone en evidencia además la histórica reivindicación productivista industrial.
101 Presupuestos participativos, reconquista de los bienes comunes o la creación de foros de análisis sobre el autogobierno serían algunas de las medidas (movimiento 15-M).
102 Esta idea es apuntada por varios autores. Félix Rodrigo Mora entre otros.
103 Citado por Latouche, (2009a:191)
104 Hubbert, 1974:125-126



La economía del crecimiento contra el ser humano y la naturaleza.

Florent Marcellesi [1] - El Ecologista nº 78.

El crecimiento es más que un dato económico: es un dogma. Sin que pueda ser cuestionado, estructura la sociedad, la producción, el consumo, el trabajo, el Estado de bienestar y nuestros imaginarios colectivos. Sin embargo, es urgente salir de esta ‘sociedad del crecimiento’ que hoy amenaza gravemente el bienestar y el planeta, y apostar por una ‘sociedad del vivir bien’ regida por otros valores y conceptos compatibles con la justicia y la ecología.

A partir del fin de la Segunda Guerra Mundial en los países occidentales, la sociedad del crecimiento se conforma en torno las características siguientes (que detallamos en la tabla): crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), aumento de la productividad, progreso tecnológico, poder adquisitivo, empleo y expertocracia. El objetivo es el crecimiento del PIB, es decir de la tarta económica y material (sin importar la calidad, ni la disponibilidad de los ingredientes, ni los límites del molde) para su consiguiente reparto entre capital y trabajo, ya sea a través del mercado o del Estado. Mientras crezca a buen ritmo la tarta en el “modo pleno empleo, aumentos de productividad y progreso tecnológico”, el capital tendrá garantizado una parte constante, o incluso creciente, del pastel para sus beneficios, y las personas trabajadoras tendrán garantizados (gracias a la redistribución de una parte de los aumentos de productividad) un empleo y el refuerzo de su poder adquisitivo. Sin embargo, este modelo de (relativa) paz social que en varios aspectos sigue alimentando la visión dominante, incluso de las corrientes progresistas, hoy ha caducado. En el momento en el que se eche a perder o se agote la tarta (está envenenada, escasea un ingrediente, el molde tiene límites, algunos comensales se comen demasiados trozos, o todo a la vez como en la crisis actual), la fiesta se acaba (aunque con el hundimiento siguen ganando unos pocos, generalmente los que más tarta habían acumulado). De hecho, este modelo se tambalea en lo más profundo porque choca con una triple crisis ecológica, social y de cuidados [2].

Hacia un modelo económico equitativo y en paz con la Naturaleza
Para superar esta contradicción profunda entre crecimiento y naturaleza, entre capital y vida, es importante por un lado dotarse de una macroeconomía ecológica consistente que sustituya las bases de la economía del crecimiento. En este sentido, se proponen las siguientes características básicas para una economía del vivir bien cuyas definiciones se encuentran detalladas en la tabla: prosperidad sin crecimiento, aumentos de calidad y sostenibilidad, poder de vivir bien, tecnologías abiertas y convivenciales, trabajos productivos y reproductivos y deliberación ciudadana. Luego, sobre la base de estos fundamentos, hace falta fijar los objetivos de una sociedad del vivir bien:
  Redefinir de forma colectiva y democrática lo que llamamos riqueza y necesidades, es decir responder a las preguntas fundamentales: ¿por qué, para qué, hasta dónde y cómo producimos, consumimos y trabajamos?
  Reducir nuestra huella ecológica per cápita y en términos absolutos hasta que sea compatible con la capacidad del planeta.

  (Re)Distribuir el trabajo (y reducir la jornada laboral), las riquezas económicas (reequilibrar el reparto entre rentas del capital y del trabajo a favor de las segundas, instaurar una renta básica y una renta máxima), los cuidados, la tierra y los recursos naturales en base a la justicia social y ambiental.

  Reconvertir el modelo productivo hacia uno sostenible a través de empleos verdes y decentes [3] y de la relocalización de la economía en circuitos cortos de consumo y producción.

  Desmercantilizar gran parte de nuestras actividades y descolonalizar nuestras mentes fuera de la lógica del crecimiento. Estos objetivos hacia otro mundo son posibles y deseables. ¿Vivir bien en un mundo solidario y sostenible? ¡Sí, gracias!
Resumen comparativo entre las características de una sociedad del crecimiento y una sociedad del vivir bien
Características de la sociedad del crecimiento

Características de la sociedad del vivir bien
Crecimiento del PIB: calcula el aumento de cantidades producidas e intercambiadas en el mercado, y lo asimila al bienestar de un país. No tiene en cuenta los límites biofísicos del Planeta, los impactos negativos de la producción, ni su finalidad, los trabajos no mercantiles (de cuidado o voluntarios) o el reparto de riqueza.
Prosperidad sin crecimiento: Calcula la riqueza de una sociedad a través de una batería de indicadores sociales, culturales, económicos, ambientales, etc. elaborados por la ciudadanía y que integran los límites y umbrales ecológicos críticos.
Aumentos de productividad: Consiste en producir más cantidades de las mismas cosas con la misma cantidad de trabajo. Es la base industrial del progreso, del tiempo libre, de la protección social, etc. Sin embargo, buena parte de los aumentos de productividad alcanzados por la sociedad industrial son productivistas y nocivos para la sostenibilidad [4].
Aumentos de calidad y sostenibilidad: Consiste en producir mejor y producir otra cosa con igual o más –y mejor– trabajo. Por ejemplo, en vez de producir una tonelada de trigo en la agricultura intensiva, se produce una tonelada de trigo ecológico con más trabajo, en mejores condiciones, con menos energía, menos impacto ambiental e igual o mejor nivel de calidad.
Progreso tecnológico: motor del crecimiento y de la productividad, plantea que la tecnología permitirá combatir la crisis ecológica. Tiene poco o nada en cuenta los riesgos tecnológicos que superan la capacidad de control del ser humano (energía nuclear, transgénicos, mega-infraestructuras, etc.), el efecto rebote [5] y el declive irreversible de las tasas de retorno energético [6].
Tecnologías abiertas y convivenciales: Herramientas al servicio de la comunidad y bajo su control democrático. Favorecen la comunicación, la cooperación y la interacción. Asumen los principios de precaución y de responsabilidad que nos permiten decidir colectivamente que tecnologías son apropiadas según necesidades y capacidad de carga del planeta.
Poder adquisitivo: Es el poder de comprar con su renta a través del mercado cada vez más cantidad de bienes y servicios para tener sus necesidades básicas cubiertas y acceder a la sociedad del hiperconsumo. Además, consumir –sea lo que sea, sin importar sus impactos sociales o ecológicos– es un deber casi patriótico y anticrisis porque, a su vez, crea empleo [7].
Poder de vivir bien: Es un concepto multidimensional que implica el acceso no solo a riquezas económicas sino también a riquezas sociales y ecológicas como la autonomía, la solidaridad, la ciudadanía, la seguridad, la autoestima y el medioambiente. Permite tener cubiertas parte de sus necesidades básicas y el desarrollo de servicios esenciales fuera de la lógica mercantil.
Empleo: Se refiere principalmente al trabajo dominante actual: productivo, mercantil, remunerado, asalariado y a tiempo completo. Vector idealizado del bienestar, de la integración social y del consumo, cualquier trabajo de estas características es considerado como intrínsecamente bueno, sin importar su finalidad, ni su ética, ni sus impactos sobre el medio ambiente, las generaciones futuras o los países del Sur.
Trabajo productivo y reproductivo: Se prioriza el trabajo con sentido para sí y para la colectividad donde dominan la autonomía (el control sobre su tiempo y el producto de su labor), la cooperación y las actividades que generan riqueza social y ecológica. Se reequilibra la distribución entre trabajos remunerados y no remunerados, entre mujeres y hombres, y se revaloriza la esfera de la reproducción de la vida (del cuidado de las personas y de la naturaleza).
Expertocracia: Las decisiones más importantes y estratégicas a nivel político, tecnológico, económico, etc. se toman desde ámbitos alejados de la ciudadanía y controlados por expertos y aparatos burocráticos y tecnocráticos.
Deliberación y evaluación ciudadana: La ciudadanía fija de forma plural y participativa las necesidades deseables y posibles en un mundo solidario y finito, elige en consecuencia qué tipos de trabajo se requieren para cubrirlas, debate y escoge las tecnologías adaptadas a este proyecto de sociedad.
 
Notas
[1] Coautor del libro Adiós al crecimiento. Vivir bien en un mundo solidario y sostenible. Ed. El Viejo Topo, 2013.
[2] Para profundizar sobre la triple crisis ecológica, social y de cuidados, sus razones y sus consecuencias, véase Herrero, Y. (2012): Vivir bien con menos. Ajustarse a los límites físicos con criterios de justicia. Fundación Manu Robles.
[3] Sobre la reconversión ecológica de la economía, véase: Marcellesi F. (2013): Transición ecológica de la economía, ¿por qué? ¿para qué? ¿cómo?, Fundación Manu Robles.
[4] En el sector agrícola, desde el siglo XVIII, la productividad del trabajo se ha multiplicado por 80... a costa de la utilización de enormes cantidades de petróleo para fertilizantes, pesticidas, ultra-mecanización del campo, transporte globalizado, refrigeración. A día de hoy el sistema agroindustrial es además responsable de hasta el 57% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.
[5] Por mucho que disminuya el impacto ambiental por unidad producida, las mejoras tecnológicas se encuentran sistemáticamente anuladas por la multiplicación del número de unidades vendidas y consumidas en términos absolutos
[6] La Tasa de Retorno Energético es el cociente de la cantidad de energía total que es capaz de producir una fuente de energía y la cantidad de energía que es necesario emplear o aportar para explotar ese recurso energético. Es decir: TRE = energía obtenida / energía invertida.
[7] En tiempo de crisis, se activa de forma aún más paradigmática este marco conceptual y cultural: bien antes de la crisis actual, ya en plena recesión como en Estados Unidos del 1950, donde se podían leer lemas afirmando: “una compra hoy, un desempleado menos mañana, ¡quizás tú!”.



La ambivalencia de lo humano

Jorge Riechmann
El gran helenista Pierre Vidal-Naquet solía explicar a sus alumnos que en los orígenes de la conciencia histórica occidental están tanto la fuente griega –la búsqueda de la verdad- como la fuente judía: la reflexión sobre la ambigüedad humana. Evocaba el episodio narrado en Samuel II, 11-12: el rey David ve desde la terraza de su palacio a la bella Betsabé desnuda. Se entra de que es la esposa de uno de sus oficiales, Urías, el hitita. David se acuesta con Betsabé y la deja encinta; y envía a Urías a morir en la guerra contra los amonitas. Natán le informa de que ha cometido pecado, y Jehová perdona a David pero hace morir al hijo de David y Betsabé. Luego David y Betsabé tienen otro hijo, y éste será Salomón “en toda su gloria”, antepasado de Jesús de Nazaret según la tradición cristiana. El Mesías, por tanto, es hijo del rey pecador. Esta ambigüedad y fragilidad de lo humano también la percibían los antiguos griegos, claro está: la justicia es el peor de todos: la peor injusticia es la que tiene armas, y el hombre está naturalmente dotado de armas para servir a la prudencia y la virtud, pero puede usarlas para las cosas más opuestas” (Aristóteles, Política 1253a).

Lo humano es el reino de la ambivalencia radical, donde bendición y maldición van juntas. Los seres humanos –en cuanto animales culturales- somos autocreadores como quería Nietzsche, sí. Dice el Coriolano de Shakespeare: “Soy el creador de mí mismo”. Es cierto, ésta es una realidad que hay que mirar de frente [Pero ¿qué clase de creador? ¿En qué condiciones se produce esa creación, esa autoproducción de Homo sapiens sapiens, el animal desequilibrado por el lenguaje y la técnica, el animal cultural? Una tentación fatal es el sueño del “darse a luz a sí mismo”: un mundo sin madres. Otra tentación que ha de evitarse: pensar a este autoproductor a través de los modelos del “genio creador” del Renacimiento o el Romanticismo. No evoquemos a Miguel Ángel ni a Beethoven. Mi propuesta: un grupo de mujeres indígenas en algún tianguis –mercadillo— de Centroamérica. Creo que esa imagen nos desencaminará menos...].

Pero también en cuanto animal cultural es inherente al anthropos una gigantesca posibilidad de autodestrucción que la conciencia mítica de la humanidad ha subrayado sin tregua: la hybris contra la que advertían los trágicos griegos, el mito de Pandora, el pecado original judeocristiano que nos expulsó del Jardín del Edén... Podemos ver como una significativa síntesis de todo esto el paso del diario de Robert Oppenheimer donde el famoso físico nuclear evocaba las palabras del dios hindú Krishna: “Me he convertido en la Muerte, Destructora de mundos”.

Así que “soy el creador de mí mismo” (Coriolano/ Shakespeare), pero “me he convertido en la Muerte, destructora de mundos” (Krishna/ Oppenheimer). ¡Hay que soldar los dos enunciados! Esta ambivalencia radical se da en cada una de nuestras dimensiones básicas. El trabajo, que puede ser cumplimiento y autorrealización pero también alienación y opresión; las ideas, al mismo tiempo medio de conocimiento y persiana que tapa la realidad o funda que la sustituye; la ciencia, que nos aproxima a la verdad y simultáneamente posibilita una tecnología que pone en riesgo la misma existencia humana; la técnica, sin la cual no somos humanos –Homo faber— pero que descuella en ingenio para aniquilar al otro; el lenguaje, que hace posibles tanto la poesía como el genocidio... Como señala Terry Eagleton:

Nuestra condición de ‘caídos’ tiene que ver con el sufrimiento y la explotación que acarrea inevitablemente la libertad humana. Radica en el hecho de que somos animales contradictorios, pues nuestros poderes creativos y destructivos emanan más o menos de la misma fuente. El filósofo Hegel creía que el mal florecía a la par que la libertad individual.

Una criatura dotada de lenguaje puede expandir mucho más allá el restringido radio de acción de las criaturas no lingüísticas. Adquiere, por así decirlo, poderes divinos de creación. Pero como la mayoría de las fuentes potentes de invención, estas capacidades son también sumamente peligrosas. Un animal así corre el peligro constante de desarrollarse demasiado rápido, sobrepasarse a sí mismo y acabar quedándose en nada. La humanidad tiene un cierto elemento potencial de autofrustración o autoperdición. Y eso es lo que el mito bíblico de la Caída se esfuerza por formular, pues Adán y Eva emplean sus poderes creativos para deshacerse a sí mismos. El ser humano es el Hombre Fáustico, de ambición demasiado voraz para su propio bienestar y eternamente impelido más allá de sus propios límites por el reclamo de lo infinito.

Esta criatura hace el vacío a todas las cosas finitas en su arrogante relación amorosa con lo ilimitable. Y como el infinito es una especie de nada, el deseo de esa nada constituye una expresión de (...) la pulsión de muerte freudiana. La fantasía faustiana, pues, delata el desagrado puritano por lo carnal. Para alcanzar el infinito (un proyecto conocido, entre otros nombres, por el de Sueño Americano), necesitaríamos abandonar de un salto nuestros desconsoladoramente limitantes cuerpos. Lo que distingue al capitalismo de otros modos de vida históricos es su conexión directa con la naturaleza inestable y contradictoria de la especie humana. Lo infinito (el inacabable impulso por obtener beneficios, la marcha incesante del progreso tecnológico, el poder permanentemente creciente del capital) siempre corre el riesgo de aplastar y ahogar a lo finito. El valor de cambio --que, como bien reconoció Aristóteles, es potencialmente ilimitado-- prevalece sobre el valor de uso. El capitalismo es un sistema que necesita estar en perpetuo movimiento simplemente para mantenerse donde está. La transgresión constante forma parte de su esencia. (...) El capitalismo no es la causa de nuestra situación de ‘caída’, como tienden a imaginar los izquierdistas más ingenuos. Pero, de todos los regímenes humanos, es el que más exacerba las contradicciones incorporadas en un animal lingüístico.”

Retengamos: libertad y destructividad se hallan estrechamente entreveradas en un animal lingüístico. El “tercer chimpancé” orgullosamente autobautizado Homo sapiens sapiens en realidad es más bien un Homo sapiens demens:

El ser humano es un ser razonable y desrazonable, capaz de mesura y de desmesura, racional y afectivo; sujeto de una afectividad intensa e inestable, sonríe, ríe, llora, pero también sabe conocer objetivamente; es un ser serio y calculador, pero también ansioso, angustiado, gozador, ebrio, extático; es un ser de violencia y de ternura, de amor y de odio; es un ser invadido por lo imaginario y que puede reconocer lo real, que sabe de la muerte y que no puede creer en ella, que segrega el mito y la magia, pero también la ciencia y la filosofía...(...) Y en la ruptura de los controles racionales, culturales, materiales, cuando hay confusión entre lo real y lo imaginario, cuando hay hegemonía de ilusiones, desmesura desencadenada, entonces homo demens sujeta a homo sapiens y subordina la inteligencia racional al serviciode sus monstruos.”

Extraído de: 'Acerca de la condición humana' de Jorge Riechmann

Entrevista a Luis González


El subtítulo del libro dice “Colapso del capitalismo global y civilizatorio” ¿A qué te refieres? ¿Estamos al final del capitalismo? ¿De la civilización? 
 
Estamos al final del capitalismo global, que no es lo mismo que el final del capitalismo, como sistema que englobaba a todo el planeta y que de alguna manera condiciona a todo el resto de las economía y la vida de todas las personas. El capitalismo necesita una base de energía que ya no va a tener, aparte de otra serie de problemas intrínsecos, burbujas y demás que va teniendo. Pero puede reestructurarse en ámbitos mas locales, más pequeños y puede que inicie nuevos ciclos de acumulación de capital y de reproducción. De lo que sí que estamos al final es de una civilización industrial basada en grandes complejidades, en grandes usos de energía y de tecnología y tendremos por delante algo radicalmente distinto.

Tenemos que aprender de nuestra historia, o eso es lo que parece que quieres decir al explicar la evolución de nuestro desarrollo económico en este libro, pero remarcas que no parece que el capitalismo sea un sistema superable ¿Por qué no? ¿Cuál es la diferencia?

El capitalismo una vez que ha llegado ha marcado elementos que hacen difícil pasar por encima de él, ha generado un imaginario colectivo en el que el consumo es un deseo extendidísimo. Ha generado un sistema económico que si no consigue reproducirse entra en crisis y esto genera también crisis sociales no son deseadas por parte de la población o porque ha generado un sistema normativo que hace muy difícil que demos un paso adelante. Por todo ello creo que no seremos capaces de superar el capitalismo. Creo que lo que hará que finalice serán los límites ambientales, que son insoslayables. No van a ser las contradicciones intrínsecas al capitalismo, sino las extrínsecas, las que van a hacer que este sistema entre en un colapso final.

Los defensores a ultranza del capitalismo dirán “esto es otra crisis más, pronto haremos otro avance tecnológico o descubriremos otra fuente de energía y daremos un salto adelante superándola” ¿Qué les dirías? 
 
Les diría que en algunos elementos sí que es una crisis más, el final del ciclo sistémico de acumulación estadounidense. Ya hemos tenido crisis parecidas, cuando paso el ciclo de acumulación británico al estadounidense, o del holandés al británico. En ese sentido esta crisis tiene muchas similitudes. Está muy focalizada en la economía financiera, causa muchos problemas sociales, etc. Pero hay elementos que son radicalmente distintos, todas se han saldado con un salto adelante en el consumo de energía, con un salto adelante en la explotación de más territorios y con un salto adelante en la explotación de más personas, pero esto ya no es posible, no hay más personas ni territorios apreciables que meter para hacer nuevos procesos de producción y acumulación de capital y, sobre todo, no hay más energías alternativas que vayan a suplir el petróleo. Las renovables serán las energías del futuro, pero serán energías en menores cantidades y menor versatilidad. No hay ninguna nueva quimera que pueda sustituir al petroleo ni mucho menos a todo el conjunto de los combustibles fósiles.

Tratas esta crisis ambiental desde la perspectiva de la energía ¿por qué no tratarla desde otro punto como el consumismo u otra problemática ambiental? 
 
Realmente la energía no es el principal problema ambiental que tenemos, mucho más grave es el cambio climático o la extinción masiva de especies, que es lo mismo que decir el desequilibrio de los ecosistemas, lo que ocurre es que la energía va a ser la primera que va a desencadenar todo un proceso de crisis económica y crisis social, de hecho ya lo está haciendo. Por lo cual, no es el más grave, pero sí será el primero que desencadenará los otros. Si esta entrevista la estuviéramos haciendo dentro de un siglo ya en esas fechas se habrá hecho una transición energética a otros formatos y el cambio climático será un tema candente en ese caso... y nunca mejor dicho lo de candente.

Comentas que los países emergentes como China no serán capaces de reflotar ni liderar el capitalismo...

Grandes crisis anteriores del capitalismo se caracterizaban porque un imperio caía, pero siempre había una potencia emergente que ocupaba su lugar. Pero esta vez la crisis es estadounidense, que sigue siendo la líder pero está en clara decadencia, y es China la llamada a ocupar ese lugar por su gran potencial económico, su gran poder en el plano financiero y que empieza a desplegar poco a poco un creciente poder militar y de incidencia a nivel global con su diplomacia o en parte incluso con su cultura. El problema de China es el mismo que el de cualquier sociedad basada en el capitalismo, que necesita aumentar de manera continuada su consumo energético y no tiene energía para hacerlo, de hecho no hay energía en el planeta para hacerlo. China es una potencia muy dependiente del carbón y posiblemente haya pasado ya su pico de carbón por lo que a partir de ahora la producción empezará a ser decreciente, se va a enfrentar al mismo problema que cualquier otra potencia que pretenda ser hegemónica.

El capítulo final, el que parece que es el que habla del futuro y la esperanza, se llama “El doloroso largo declive alumbrará sociedades radicalmente distintas”... (risas) ¿Cómo de doloroso? ¿Cómo de distintas? 
 
Doloroso porque gran parte de la vida que estamos viviendo actualmente va a cambiar radicalmente. Seguro que no va a ser una percepción de la noche a la semana, nos llevará años, lustros, décadas, serán perfectamente perceptibles en nuestra vida pero no serán grandes y repentinos debacles, aunque de estos también los habrá. ¿De qué estamos hablando? Pues hablamos de que va a disminuir la población de una manera importante. Nos alimentamos de una agricultura tremendamente dependiente, conforme el petroleo vaya siendo menos accesible porque vaya siendo más caro provocará problemas de alimentación a porcentajes mayores de la población y lo mismo pasará en general a los sistemas de higiene. Va a ser doloroso porque la mayoría de la población está viviendo en las ciudades y éstas van a ser nodos insostenibles que no van a ser capaces de captar los recursos que necesitan de su entorno para seguir manteniendo el metabolismo de una economía que es muy dependiente. El éxodo de la gente de las ciudades al campo va a ser muy doloroso. Va a ser doloroso también porque habrá problemas en los estados, ya está sucediendo, porque no van a ser capaces de mantener los estados de bienestar y eso va a generar dolor social. Todo ello va a generar convulsiones, nuevos movimientos sociales que también serán complicados.
Lo que tenemos por delante es doloroso pero a la vez nos permite tener puertas de esperanza a otro tipo de organizaciones sociales en la cuales las personas nos relacionemos de forma mas armónica con nuestros congéneres y con nuestro entorno. Sociedades con menos energía son sociedades con menos capacidad de dominación. Sociedades más locales son potencialmente más democráticas, aunque todo esto sólo sucederá si somos capaces de articular luchas que lo permitan.

En El Salmón Contracorriente le damos mucha importancia a la formación ¿crees que este tipo de historia o conocimiento se podría enseñar en las aulas? ¿cómo lo harías? ¿cómo mejorarías la enseñanza ya existente? 
 
De hecho es a lo que me dedico. Yo creo que es fundamental cambiar dos elementos centrales del currículo que se dan en las aulas, no de los talleres que se dan fuera, no de las actividades del patio ni fuera de los espacios formativos, que también, sino del currículo duro. Desde dos perspectivas. Desde los contenidos que trabajamos, debemos entender contenidos más globalizadores y que vayan a la raíz de los problemas que tenemos, buscar sus soluciones, que distan bastante de encontrar un nuevo avance tecnológico. Pero también cómo se trabajan, los procesos de aprendizaje tienen mucho que ver en el resultado que buscamos. Si deseamos sociedades más democráticas, metamos la democracia en nuestras prácticas educativas, si queremos sociedades más solidarias, metamos la solidaridad dentro de las prácticas. Sin esas dos perspectivas de cambio no habrá transformaciones generales.

El libro fue un legado de Ramón Fernández Durán, cuéntanos como fue el proceso de escritura del libro

El proceso ha sido complejo. Ramón estuvo trabajando el libro 4 años, dejó unos cuantos apartados terminados pero en forma de libritos, había que resumirlo y luego actualizarlo. También dejó borradores de otras partes del libro. Yo retomo ese trabajo a partir de esa elaboración teniendo que reelaborar y avanzar en cosas que él dejó a medias, pero claro, era un dialogo imposible el que teníamos y que a pesar de que hemos trabajado mucho juntos había veces que pensaba ¿estaré poniendo en boca de él cosas que él no diría? O ¿cómo escribiría él esto? ¿cómo lo enfocaría? O ¿cómo leería cosas que han ocurrido en estos tres años que él no estaba?

Y digo yo, pero debería decir nosotros, porque en verdad ha habido muchas otras personas implicadas en este libro, un núcleo duro de personas que han ido leyendo capitulo a capitulo, haciendo comentarios y correcciones. Una segunda capa de cebolla que han leído partes concretas del libro, quien ha hecho correcciones de estilo, las figuras, las ilustraciones, la maquetación, un largo etcétera de personas que han aportado y sin las cuales el libro no hubiera llegado a su fin ni en la calidad ni el tiempo en el que se ha producido. También debo nombrar que el libro se ha financiado gracias a una financiación colectiva de personas que me han ayudado a poder liberar tiempo para esto y además gracias a que mi compañera que me ha ayudado con las tareas de cuidado con lo cual he podido liberar tiempo para el libro.

¿Qué crees que diría Ramón del libro? ¿Qué le gustaría más? ¿Qué le gustaría menos?

¡Uf! Qué pregunta... Yo creo que Ramón no haría ninguna critica al libro, era una persona tremendamente positiva y sabía valorar el trabajo de las personas y hacerte sentirte que eras una personas maravillosa aunque estuvieras haciendo algo de lo más normalito, entonces creo que Ramón diría algo así como “muy bien niño, ha salido el libro, ha quedado muy bien... ahora lo que toca es trabajar el libro y discutirlo” y probablemente en ese trabajo de presentar y discutir el libro iría desglosando los puntos en los que encontrase un matiz que hacer, una aportación nueva con una visión que no ha quedada reflejada o discusiones que el libro sólo apunta y que seguramente él ayudaría a desarrollar.

Ramón murió justo unos días antes del 15M ¿Qué hubiera dicho él si hubiera visto la plaza de Sol abarrotada de gente?

Murió unos días antes del 15M pero pudo ver todo el proceso de la primavera árabe. En la presentación del libro su hermana decía que él veía en Al Jazeera las noticias de la primavera árabe y para él todo aquello fue un punto de inflexión en la contestación al comienzo de la crisis, que hasta aquel entonces había sido muy pobre. Para Ramón, la primavera árabe marcaba ese cambio. El 15M lo hubiera leído como un salto cualitativo de esa primavera árabe que empieza a extenderse en un primer lugar por los países del mediterráneo pero que después se extiende por el mundo entero, porque el 15M ha tenido correlatos desde el Occupy Wall Street hasta todo lo que está pasando ahora en Hong Kong y, que sin ser lo mismo, también tienen que ver con reflejos y respuestas similares. De manera que él vería el 15M como una esperanza, como una capacidad de organización social tremendamente potente, como una emergencia de un sistema que ve cómo hay cosas que se están descomponiendo a la vez que otras se recomponen para adquirir capacidades y que efectivamente salgamos de esta en mejores condiciones de las que entramos.

¿Y si hubiera visto a estos ciudadanos y movimientos sociales que ahora están mutando en partidos políticos? 
 
Ahí no lo sé... porque lo que está ocurriendo ahora no lo discutimos nunca porque no lo habíamos vivido nunca. Ramón siempre apostó por los movimientos sociales en el sentido en el que los cambios que surjan van a tener que salir de la autoorganización de las personas, de la ciudadanía, con motores y energías que partan desde abajo, lo cual no quita que en determinados momentos, por ejemplo en su último libro “La quiebra del capitalismo global”, él apuntaba que la lucha institucional en un contexto de crisis o colapso puede tener su sentido, por lo menos para desviar algunos recursos, cambiar algunas normativa o realizar algunos cambios. De manera que Ramón entendería que esos cambios institucionales que vengan deben ser desde la base. También teniendo en cuenta que no sería la misma su poción de procesos como el de Ganemos de procesos como el de Podemos, que no son lo mismo aunque tengan similitudes. Más allá de eso no sabría decir cuál sería su posición exacta.

Para finalizar, recomienda un libro a nuestros lectores. No vale el tuyo.

(Risas)... No se me ocurriría. Pues diría “No Impact Man” de Colin Beavan. Es una parodia de un superhéroe, el hombre que no realizaba impactos ambientales. Va sobre un tipo en Manhattan que se plantea durante un año no realizar ningún impacto ambiental, empieza comprando ecológico y acaba desconectando la luz. Me pareció un libro muy interesante y habla de cómo las personas cambiamos las cosas interrelacionandonos entre nosotros.
Si queréis comprar el libro "En la Espiral de la energía" podéis visitar El tenderete de Ecologistas en Acción. Si os perdisteis la emotiva presentación del libro en El Teatro de Barrio la podéis ver en el siguiente vídeo: