Un mundo lleno

La humanidad que durante milenios vivió dentro de lo que en términos ecológicos puede describirse como un ‘mundo vacío’, ha pasado a vivir en un ‘mundo lleno. Habitamos hoy un planeta dominado por el ser humano. La humanidad extrae recursos de las fuentes de la biosfera y deposita residuos y contaminación en un sumidero. Pero el crecimiento en el uso de recursos naturales y funciones de los ecosistemas está alterando la Tierra globalmente, has llegar incluso a trastocar los grandes ciclos biogeoquímcos del planeta como la circulación del Nitrógeno o el almacenamiento del carbono en la atmósfera.


Casi la mitad de la superficie terrestre ha sido ya transformada por la acción humana. La humanidad utiliza más de la mitad de el agua dulce accesible en la superficie del planeta. Nuestra demanda sobre la biosfera supera ya su capacidad regenerativa.

La consecuencia más importante de la finitud del planeta es la estrecha interdependencia humana: las decisiones de cada persona o colectividad tienen consecuencias sobre todos los demás habitantes. El espacio ambiental es limitado. Ya no existen otros lugares, el mundo se ha quedado sin alrededores, sin márgenes, sin afueras, sin extrarradios. Lo global lo contiene todo.

La interdependencia es la cruda realidad de la que depende la supervivencia de la especie humana. En un mundo lleno nos enfrentamos a la inaplazable necesidad de reinventar lo colectivo. Un nuevo valor surge: la autolimitación.

Para saber más: ¿Cómo cambiar hacia sociedades sostenibles?. Reflexiones sobre biomímesis y autolimitación. Jorge Riechmann.

Tenemos reloj y nos falta tiempo

Los primeros relojes mecánicos – en el siglo XIII- eran de una sola aguja, sólo tenían la manecilla de las horas. La manecilla de los minutos se añade en el siglo XVI, y la de los segundos en el siglo XVIII. Desde que aparece la medición exacta del tiempo, las horas y los segundos medidos con precisión se convierten en algo que se puede comprar y vender: el tiempo puede ser mercantilizado.

Nuestros relojes no sólo nos miden el tiempo, también fabrican el tiempo, y en lugar de los ritmos naturales y de los ritmos interiores de cada uno, se nos impone la regularidad artificial del monótono e interminable tictac. Hoy en día nuestras vidas se organizan según el tiempo de los relojes, y aceptamos esa servidumbre crónica, y apenas nos queda tiempo para reflexionar sobre qué es el propio tiempo y qué sentido queremos darle. El tiempo del goce amoroso, de la poesía, de la satisfacción estética, de la contemplación intelectual, del disfrute de una buena comida...

Las prisas forman parte de nuestro ritmo vital, la obsesión por la productividad, hacer más en menos tiempo, a partir de los cual nos convertimos en objetos de un mercado global, en engranajes de una maquinaria productiva que nos arroja al consumo de manera que nos transformamos en objetos de la economía.

El poder puede definirse en términos de control sobre el tiempo ajeno. El capitalismo cultural desarrolla una elaborada estrategia para secuestrar el tiempo de las personas. El tiempo para la participación política, el tiempo para el cultivo de las relaciones humanas y para el cuidado de las personas, el tiempo para el crecimiento personal, el tiempo para la vida es un tiempo necesario que nunca se tiene; sin embargo nos pasamos muchas horas al día delante de las pantallas de televisión, y muchas horas en el tajo.

Para saber más: Tiempo para la vida. Jorge Riechmann

Para saber más: La falta de tiempo. Ramiro Pinto Cañón

El archipiélago de lo informal

“Perdón, dijo Yuan Hien, ser pobre es carecer de bienes, pero ser miserable es no poder poner en práctica el propio saber. Yo soy pobre pero no miserable”.

Chang-Seu



Los náufragos del desarrollo, aquellos cuya integración no es factible en el modelo económico-productivo, no están en condiciones de comprar cualquier cosa. Se ven ‘condenados’ a hacerla. Su supervivencia depende de su maña.

Existen , multitud de agentes sociales dentro de los sectores explotados y marginados de la población, cuya ubicación dentro del entramado social no se puede realizar atendiendo a la categoría de trabajo –o actividad productiva-, sencillamente porque están al margen de ella. El desarrollo de estas actividades informales están presentes en todo el mundo: en los suburbios de las megalópolis, en las chábolas del tercer mundo, en las reservas donde sobreviven especies humanas en vías de extinción...

Existe una pluralidad de personas, en situaciones distintas, a los que el presente orden social explota, margina y reprime. Y todos ellos están atravesados por una diferencia fundamental, constituyente de la especie humana, que es la existencia de dos sexos –entre los cuales se establecen relaciones de dominación/dependencia- . Se consolidan comportamientos de género que traspasan barreras de clase, cultura, etnia...Lo cual hace que se plantee la necesidad de que la mujer, dentro de los diversos sujetos colectivos, pase a constituirse como sujeto propio.

Los vencidos por la modernidad han demostrado que la solidaridad es una forma auténtica de riqueza. Los pobres son mucho más ricos de lo que se dice y de lo que ellos mismos creen. La increíble alegría de vivir que sorprende a muchos observadores de los suburbios africanos es menos engañosa que las deprimentes evaluaciones objetivas de los aparatos estadísticos que no incluyen más que la versión occidental de la riqueza y la pobreza. Lo informal tal vez permita desarrollar una sociedad distinta desde la regeneración de los viejos lazos de reciprocidad y solidaridad.

Para saber más: El planeta de los náufragos. Serge Latouche. 1991.

Para saber más: La explosión del desorden. Ramón Fernández Durán. 1993.

Desamparados


En este ‘mundo global’ están apareciendo dos clases de gentes sin hogar. Un grupo móvil a escala mundial; el otro ha perdido incluso la movilidad en el marco de sus raíces y vive en campos de refugiados, en colonias y reservas de reasentamiento. El desplazamiento acumulativo provocado por el colonialismo, el desarrollo y el mercado global ha convertido el desamparo en una característica cultural de finales del siglo XX.

Presas, minas, centrales de energía, bases militares: éstos son los templos de la nueva religión llamada ‘desarrollo, una religión que abastece de fundamentos al Estado modernizador, sus burocracias y tecnocracias. Lo que se sacrifica en el altar de esa religión es la vida de la naturaleza y la vida de la gente. Los sacramentos del desarrollo están basados en el desmantelamiento de la sociedad y la comunidad, y en el desarraigo de pueblos y culturas.

Dondequiera que se introducen proyectos de desarrollo, arrasan la tierra y cercenan los lazos entre las personas y el suelo, el desarrollo se transforma en un ‘estado creciente de desamparo’ mediante la destrucción del ‘hogar’, un desarraigo cultural y espiritual de los pueblos de su tierra natal que permitía que la comunidad continuara reproduciendo la vida en la Naturaleza y en la sociedad de manera sostenible conservando la tierra y la ética del suelo.

“Nuestros vínculos con los ancestros son la base de nuestra sociedad y de la reproducción de nuestra sociedad. Nuestros hijos crecen jugando alrededor de las piedras que marcan los cementerios de nuestros antepasados. Aprenden las tradiciones de nuestros ancestros. Si no nos relacionamos con los antepasados, nuestras vidas pierden su razón de ser. ¿Cómo pueden compensarnos por la pérdida del sentido mismo de nuestras vidas si sepultan bajo una presa esas piedras sepulcrales?. Hablan también de rehabilitación. ¿Podrán rehabilitar jamás los lugares sagrados que han violado?.”

Surendra Biruli. Movimiento contra la presa de Suvarnarekha.

Para saber más: Ecofeminismo. María Mies y Vandana Shiva. 1993

El ecologismo de los pobres

La brutal y creciente explotación de los recursos naturales que provoca nuestro modelo económico no sólo genera una larga lista de problemas ambientales, también numerosos y graves problemas sociales.

Existe un desplazamiento de los costos ambientales del Norte hacia el Sur. Al hacer los cálculos de los flujos de materiales se observa el desplazamiento de éstos desde los países pobres hacia los ricos: el petróleo, el carbón, los minerales, alimentación... Existe un comercio ecológico desigual.

Las comunidades se defienden, muchas veces las mujeres están delante en estas luchas, hay muchas experiencias de resistencia popular e indígena contra el avance de las actividades extractivas de las empresas multinacionales. La defensa de los manglares; defendiendo los derechos territoriales ante las empresas mineras; resistiendo ante las multinacionales petroleras. Son luchas por la justicia ambiental.

Hay gente pobre que protesta porque les va la vida en ello; Ante las plantaciones de pino en Ecuador para capturar dióxido de carbono europeo (no se pueden comer los pinos, no pueden sembrar ni criar ganado); Ante la pesca industrial; ante la construcción de gaseoductos; ante la construcción de la represa en el río Narmada en la India que inundará las tierras fértiles...

En un conflicto ambiental se ven involucrados valores muy distintos: ecológicos, culturales, de subsistencia de las poblaciones, económicos. Son valores que se expresan en distintas escalas, no son conmensurables.

‘Todo necio
confunde valor y precio”

Antonio Machado.

Para saber más: El ecologismo de los pobres. Joan Martínez Alier.

El fracaso del humanitarismo


De acuerdo con el análisis elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en 50 de los países en desarrollo (eufemismo para evitar denominarlos como subdesarrollados) con una población combinada de 900 millones de personas, registraron retroceso en el camino para lograr las metas del milenio fijadas por la ONU para reducir la pobreza.

El ingreso total de los 500 individuos más ricos del mundo es superior al ingreso de los 416 millones más pobres. Más allá de estos extremos, los 2.500 millones de personas que viven con menos de dos dólares al día –y que representan el 40% de la población mundial– obtienen sólo el 5% del ingreso mundial.

En Sierra Leona, el jardín de los benefactores, en el año 2.003 había más de 400 ONG’s trabajando sobre el terreno, más de 25.000 benefactores extranjeros socorriendo de un modo u otro a la población, ¡1 extranjero para cada 180 sierraleoneses!. Las subvenciones de los distintos gobiernos, entidades y organizaciones privadas superaron de largo los 2.500 millones de dólares: ¡más de 500 dólares por habitante!.

Los impulsores de instituciones como el PNUD pueden señalar que, a pesar de todos los problemas, las cosas están mejorando. Sin embargo la verdad es que aunque algunas partes del mundo como Asia Oriental, han prosperado gracias al nuevo desarrollo capitalista, en líneas generales la ayuda al desarrollo ha sido un fracaso. El aumento de la pobreza, el expolio medioambiental y la desigualdad han venido de la mano de las organizaciones humanitarias. A pesar de todo el dinero gastado, los logros han sido escasos.

Sin embargo, cuando una doctrina tan idealista como el humanitarismo alcanza el grado de aceptación que tiene hoy en día, y lo hace en un mundo que muestra tan poca tolerancia con todo idealismo que pueda poner seriamente en cuestión el status quo, lo que hay que preguntarse es ¿a que otros propósitos sirve ese humanitarismo?.

No socorremos a las personas desdichadas porque sean congéneres de nuestra especie, lo hacemos porque nos dan lástima, porque nos horroriza ponernos en su piel y porque aliviarlos nos hace sentir mejor.

En realidad las víctimas anhelan algo más que una manta y un puñado de arroz, sueñan con escapar al ‘país de los blancos donde no existe el hambre, ni el desempleo y todos tienen un hogar. Para los humanitarios el gesto de 'la ayuda' es un acto generoso, romántico, idealista; necesitamos convertir al 'ayudado' en un ser desvalido. Las personas desfavorecidas opinan que el socorro internacional es un acto de justicia global, una obligación de los acaudalados para con ellas, una anticipo de la rapiña que sufren desde hace 500 años.

La corrupción campa a sus anchas en los países subdesarrollados; los gobernantes, los caciques políticos, los militares, los cabecillas, todos reivindican sus porcentajes sobre los tratos que realizan con los cooperantes, que los necesitan para llevar la ‘ayuda’ a los pobres. Piedras preciosas, recursos naturales, recursos energéticos... llenan los bolsillos de los que gobiernan y patrocinan las guerras y el terror.

¿Necesitan los pobres a las organizaciones humanitarias?, o bien, ¿Necesitan las multinacionales filantrópicas el negocio de la pobreza?.

Las organizaciones humanitarias se han convertido en máquinas multinacionales con grandes presupuestos, que están impregnadas por la tecnocracia, el conformismo y la lógica de la autoconservación; un negocio, que necesita atraer socios y subvenciones oficiales, para poner en el mercado un producto solidario del que existen diferentes marcas humanitarias para la manufactura y distribución de caridad. Los mayoristas de la filantropía ofrecen a su clientela un servicio completo y éticamente reconfortante: redimen el sentimiento de culpabilidad a través de un donativo económico.

El humanitarismo se cubre con un manto de inocencia, que asegura sanar al enfermo, alimentar al hambriento, cobijar al desamparado y proteger al desvalido, pero mata, es corrupto, competitivo y mezquino, financia guerras y empeora la situación de las víctimas a las que socorre; uno de los pilares donde se apoya el orden mundial liberal; al igual que sus antecesores los misioneros, socorren enfermos y quieren erradicar el sometimiento, justificando primero las invasiones y posteriormente las conquistas (Bosnia, Kosovo, Afganistán, Irak...).

La acción humanitaria no ha sido nunca la respuesta apropiada a los incontables padecimientos del mundo pobre, es siempre un símbolo del fracaso es utilizada en las relaciones internacionales al servicio de la política exterior de los estados; así después del 11 de septiembre de 2.001 se va hilvanando un nuevo ‘sistema de socorro y reconstrucción’ tras el acontecimiento de conflictos y desastres.


Para saber más. El laberinto humanitario. Médicos Sin Fronteras

Para saber más: Una cama por una noche. David Rieff

Para saber más: El espejismo humanitario. Jordi Raich

Para saber más: Informe sobre Desarrollo Humano 2006

Devorando recursos, excretando residuos

El actual modelo productivo que se impone y responde a los intereses de las élites dominantes de los países desarrollados trasciende todas las fronteras y se convierte en un sistema global; una civilización de alta tecnología devoradora de recursos materiales y energéticos que tiene como desagüe las sustancias de desecho: los residuos, que provocan graves problemas ecológicos y sociales que se acrecientan a medida que la capacidad de asimilación del propio sistema se ve desbordada.

La necesidad de un crecimiento constante -la riqueza- genera un orden económico que tiene dificultades para esconder los grandes problemas que causa: la expansión de la pobreza, la inseguridad alimentaria, guerras, invasiones, problemas de salud, los movimientos migratorios, el cambio climático, pérdida de biodiversidad, contaminación atmosférica, inseguridad química y radioactiva, contaminación de los suelos y desertificación, deforestación, urbanismo desbocado, aguas contaminadas, sequías, agotamiento de recursos pesqueros, biopiratería, ruido...

No se trata de mejorar la eficiencia energética ni de mejorar los procesos técnicos para reducir los residuos, se trata de entender que el modelo productivo es depredador de las personas y su entorno, que convierte en mercancía todo lo que toca y termina destruyendo todo lo que no se puede comprar o vender. Trascender la visión reduccionista que sitúa la resolución de problemas globales en un conjunto de opciones técnicas.

Es necesario un nuevo modelo productivo que priorice la soberanía alimentaria de los pueblos, la gestión democrática de los recursos, la reducción del transporte motorizado y sobretodo un cambio de mentalidad que contenga como paradigma fundamental la moderación; un sistema en decrecimiento.

Lo que Acciona esconde

 

Si le pedimos a alguien que nos describa el anuncio de Acciona sobre la sostenibilidad ¿Qué nos dirá?

Nos dirá si le ha gustado o no.

Nos dirá que le ha causado una sensación de desasosiego, recordará algunos detalles que le han llamado la atención, una sucesión de imágenes con distintas luces, unos jóvenes con una voz en off... el nombre de una página web.

Esto no quiere decir que la información no llegue a nuestro cerebro, sino que percibimos una serie de elementos para quedarnos con una idea global de la imagen y la mayor parte de la información nos pasa inadvertida, son sensaciones perceptivas de las que no nos hacemos conscientes.

La cantidad de información que se recibe en este anuncio es demasiado grande y el cerebro humano no puede procesarla toda. Por esto, la mayoría de los estímulos permanecen en un plano difuso y sólo se hacen conscientes aquellos que merecen nuestra atención. La percepción se selecciona en base a estímulos externos, la propia organización del mensaje audiovisual – primeros planos, intensidad de luz, ritmo...- y por una serie de estímulos internos, se percibe aquello que está más acorde con nuestros intereses, esquemas de valores, contextos socioculturales.

¿Qué nos está diciendo el anuncio que refuerza los prejuicios que ya tenemos sobre la realidad?

No paro de sudar; voy a poner el aire acondicionado. Eso, ¡carguémonos el planeta!Descarga sobre las personas que pertenecen a la sociedad del consumo todo el peso de la destrucción del planeta: te esta diciendo que eres culpable, te criminaliza, desea que te sientas culpable; en ningún momento aparecen las multinacionales, ni los grandes consorcios financieros, ni el modelo económico que permite esta barbarie: el capitalismo.

¿Qué es imprescindible?. ¿La nevera es imprescindible?
La respuesta es obvia. En realidad se trata de una pregunta retórica para confirmar una idea. En realidad la mayoría de las personas que ven este anuncio piensan que una nevera es imprescindible, pero durante miles de años el ser humano no las utilizó, y de hecho en muchos lugares del planeta no las conocen.

Olvidémonos de vivir como hasta ahora. Imagínate como sería ese mundo. Las escuelas cerrarían. Todo perdería sentido...
Y aquí viene el discurso apocalíptico. Meter miedo. No hay lugar para un estilo de vida que haga se haga compatible un mundo de baja energía y que respete los ciclos de la naturaleza.

Diríamos no a todo el progreso acumulado durante siglos
La idea de fe en el progreso perpetuo de la sociedad occidental.

Sigamos exprimiendo los recursos que nos quedan irresponsablemente
El problema: la mala utilización de los recursos. El anuncio nos pregunta ¿Qué hacemos? Luego la solución es sencilla: utilicemos adecuadamente esos recursos para salvar el planeta, pero sin renunciar al crecimiento.

El espectador contribuye activamente a culminar un proceso iniciado por quien lo ha elaborado.

El anuncio no nos dice que tenemos que decrecer, consumir menos, ir a formas de vida más sencillas, ya no digamos plantearnos otro estilo de vida u otro modelo económico.

Quién paga el anuncio es una empresa que gana mucho dinero, no le interesa un discurso alternativo, simplemente se disfraza con la retórica del ‘desarrollo sostenible’, la estética ambiental, una especie de escaparate deslumbrante diseñado para ocultar el inmenso vacío existente tras él.

Parábola sobre la democracia y el voto


Supongamos una comida de varias personas. Al terminar el banquete se vota quien despeja la mesa y limpia. Una persona es elegida. Si en cada comilona se vota a la misma persona para recoger. ¿Estamos ante una decisión democrática?.

El principito


-¡Buenos días! -dijo el principito.

-¡Buenos días! -respondió el comerciante.

Era un comerciante de píldoras perfeccionadas que quitan la sed. Se toma una por semana y ya no se sienten ganas de beber.

-¿Por qué vendes eso? -preguntó el principito.

-Porque con esto se economiza mucho tiempo. Según el cálculo hecho por los expertos, se ahorran cincuenta y tres minutos por semana.

-¿Y qué se hace con esos cincuenta y tres minutos?

-Lo que cada uno quiere... "

"Si yo dispusiera de cincuenta y tres minutos -pensó el principito- caminaría suavemente hacia una fuente..."

Para saber más: El Principito. Antoine de Saint-Exupery.

Energía para el mañana

"Habida cuenta de que los organismos, en general, y los hombres muy particularmente, necesitan degradar energía y materiales para mantenerse en vida, el único modo de evitar que ello redunde en un deterioro entrópico de la Tierra es articular esa degradación sobre el único flujo de energía renovable, que se recibe, el procedente del Sol y sus derivados, manteniendo un reciclaje completo de los ciclos de materiales, tal y como ha ejemplificado ese fenómeno tan particular de la fotosíntesis que permitió el desarrollo de la biosfera y de la especie humana.

En efecto, las plantas verdes utilizan la energía irradiada por el Sol para complicar la estructura de materiales ya existentes, convirtiendo, pudiéramos decir, aquella energía luminosa en energía de enlace de sistemas más complejos.

Tres hechos hacen especialmente interesante y ejemplar desde el ángulo de la gestión de recurso la transformación de materiales y energía que se opera en el caso de la fotosíntesis.

Uno es que la energía necesaria para añadir complejidad a los enlaces que ligan a los elementos disponibles procede de una fuente que a escala humana puede considerarse inagotable, asegurando así la continuidad del proceso. A la vez, tal utilización no supone un aumento adicional de la entropía en la Tierra, sino la desviación hacia los circuitos de la vida de una energía que de todas maneras iba a degradarse.

Otro, no menos importante, es que los convertidores que permiten la transformación de la energía solar en energía de enlace - las plantas verdes - se reproducen utilizando para ello esa misma fuente renovable, sin necesidad de recurrir a energías derivadas de desorganizar los stocks de materiales existentes en la Tierra y originar problemas de contaminación.

El tercero es que los desechos vegetales, tras un proceso de descomposición natural, se convierten en recursos fuente de fertilidad, al incorporarse al suelo en forma de humus, cerrándose así el ciclo de materiales vinculado al proceso."

Extracto del capítulo de Energía, materia y entropía escrito por José Manuel Naredo en un libro llamado "Energía para el mañana" que recoge ponencias de la Conferencia Energía y equidad para un mundo sostenible organizada por AEDENAT en 1992.

Patentes sobre la vida

Uno de los objetivos de la mundialización del libre mercado es repartir las funciones entre las regiones ricas y las regiones pobres. El Norte se reservaría un papel de organización a través de la producción de servicios y la alta tecnología y el Sur se encargaría de los procesos productivos más contaminantes y que requieran abundante mano de obra barata.

La multinacionales viven del libre mercado y necesitan un suministro regular de productos que sea suficiente para tener un excedente que les permita mantener los precios bajos. Las patentes son la savia de las multinacionales; poseen el dinero para investigar y desarrollar productos que se puedan patentar, así como los medios legales para protegerlos.

La multinacionales de la comercialización de productos alimenticios tenían una problema: su materia prima (organismos vivos) no era patentable: la vida ya está inventada. Pero idearon un engaño para poder reclamar patentes sobre el material biológico: Se trata de afirmar que el hecho de aislar de su entorno natural o de reproducir la materia biológica constituye un paso inventivo.

Para ello utilizando los lobbys adecuados (donde se hayan compañías como: Bayer, Aventis, Monsanto, Nestlé, Novartis, Pfizer, Procter & Gamble, Uniliver, Dupont, Cargill...) introdujeron en las leyes de los diferentes países (vía Organización Mundial de Comercio) una normativa nueva sobre patentes – Acuerdo Internacional sobre los Derechos de la Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC)- que recoja las nuevas formas de ‘descubrir’.

El yacón (Smallantus sonchifolius) es una planta nativa de los Andes, un tubérculo de gran utilidad pero poco conocido, con un sabor dulce. Pero la característica que más interés económico ha despertado es que no engorda, ya que el cuerpo humano no es capaz de metabolizar el azúcar del yacón, por lo que utilizarlo en alimentación significaría que los que están a dieta podrían comer muchos más dulces sin engordar. El yacón podría, teóricamente, suplantar cultivos como la caña de azucar y la fructosa de maíz en muchos productos, desde galletas a refrescos.

Viendo este enorme mercado potencial, los japoneses han estado investigando y patentando derivados del yacón por más de una decada. El escándalo por el robo de esta planta peruana a través del Centro Internacional de la Papa (CIP) por Japón -una pérdida real para Perú y otros países andinos, así como para la gente que lo ha estado cultivando por siglos- es otra prueba más del saqueo sistemático de los recursos.

Durante milenios campesinos, indígenas, pescadores, recolectores de todo el mundo han conservado, seleccionado y mejorado plantas, animales y microorganismos, para utilizarlas como alimento y medicina.Mediante la bioprospección (estudio de la diversidad biológica para descubrir, recursos biológicos con fines comerciales), las transacionales se apropian de este esfuerzo y esta creatividad individual y colectiva.

Los juegos del hambre

El hambre, la falta de seguridad alimentaria, es algo crónico, continuo, un hecho cotidiano en la vida de millones de personas; la principal razón de este hecho es la pobreza: personas que no pueden cultivar o comprar suficientes alimentos. En un pueblo, puede haber personas que pasen hambre aunque el mercado rebose de alimentos.

La soberanía alimentaria va más allá de la seguridad alimentaria, y consiste en el poder y el derecho democrático que tienen las comunidades para determinar la producción, la distribución y el consumo de comestibles, en función de sus preferencias y tradiciones culturales.

La inseguridad alimentaria se ve agravada por la pobreza de los suelos, puesto que las tierras más fértiles son utilizadas para productos de exportación, y la erosión degrada las tierras cultivables debido a la tala indiscriminada de árboles, la escasa rotación de cultivos, la escasez de abono y el avance de la desertización. Los negocios expansionistas, incluidas las multinacionales, que explotan grandes fincas de monocultivo empujan a los campesinos fuera de sus tierras y hacia las ciudades.

El desprecio hacia la mujer campesina que proporciona los comestibles del mundo de los países pobres,y son responsables también del procesamiento y comercialización de la cosecha, el limitado acceso de las campesinas a los recursos productivos y su restringido papel en la toma de decisiones económicas y políticas favorece la pobreza.

La agricultura es una forma de vida que obedece a una profunda necesidad humana, que genera trabajos y estimula la economía, contribuyendo a la conservación del medio ambiente. La comida es el bien que nos mantiene vivos. La falta de comida acarrea dolor, sufrimiento, enfermedad y muerte.

(...)

El mundo vive una época de políticas agrarias y alimentarias dominadas por el libre mercado. La tierra de los países pobres se utiliza para cultivar alimentos para la población de los países ricos que pueden comprar esa comida, no para la población local que no dispone del mismo poder adquisitivo.

En los últimos años ha aumentado drásticamente la exportación de frutas, verduras y flores de América Latina a los Estados Unidos. El negocio es beneficioso para quienes lo controlan, y estos son los grandes terratenientes, ricos inversores y empresas multinacionales. Las mayores empresas han acumulado tierra de cultivos para la exportación, mientras los campesinos más pobres han sido expulsados del mercado y relegados a tierras marginales o a los suburbios de las grandes ciudades. El libre mercado ha ido en detrimento de la población local logrando una desigual distribución de los beneficios.

Con la llegada de la crisis energética, el precio de los combustibles subirá de precio y será más rentable la utilización de los combustibles solares (soja, maíz, palma, remolacha, colza, girasol...). Su uso generalizado provocará una competencia con la producción de alimentos y otros productos necesarios, (madera, etc.). En la lógica de mercado se llevaría el producto quien más pagara por él.

La gente que posee coches tiene más dinero que la gente que se está muriendo de hambre. En una competición entre su demanda de combustible y la demanda de alimentos de los pobres, los conductores ganarían siempre. Algo parecido ya está sucediendo. Aunque existen 800 millones de personas permanentemente subalimentadas, el aumento global de la producción vegetal se utiliza para alimentación animal: la cabaña ganadera mundial se ha quintuplicado desde 1950. La razón es que los que toman carne y productos lácteos tienen más poder adquisitivo que los que compran solamente cosechas de subsistencia.

Para saber más: El comercio del hambre. John Madeley. 2003.

La instituciones globales

Los organismos financieros internacionales regulan la economía mundial y sus objetivos son favorecer las élites dominantes de los distintos países:

  • Banco Mundial (WB)
Creado en 1944, en el papel tiene como objetivo ‘contribuir al desarrollo económico fomentando las inversiones de capital para mejorar las condiciones de vida y de trabajo, y otorgando créditos asistenciales de ayuda a los países que lo necesitaran, promover el crecimiento equilibrado del comercio internacional, bajo las premisas del desarrollo sostenible’; en realidad apoya megaproyectos del gran capital transacional (en la década anterior el 80% de las financiaciones fueron dirigidas a la construcción de grandes presas y plantas térmicas).

Su estructura vertical basado en un sistema de aportación de cuotas permite que la toma de decisiones sean llevadas a cabo por los países desarrollados principalmente de los Estados Unidos (donde se sitúa su sede y ejercita la presidencia). La Deuda se utiliza para presionar a los diferentes países según los intereses de cada momento.

  • Fondo Monetario Internacional (IMF)
Creado en 1945, tenía como objetivos compensar las disparidades del sistema monetario internacional y apoyar a países que atravesaran dificultades temporales en sus balanzas de pagos. En realidad sus políticas se encaminan a imponer estrictos planes de ajuste a los países que ya están con la soga al cuello con intención de orientar sus economías a la exportación –para satisfacer los intereses de la Deuda Externa- y forzándoles a ignorar las necesidades de las personas, ya que los ajustes exigen recortes de programas sociales, educativos, ambientales o sanitarios. Conseguir la desregulación de los mercados financieros, con la consiguiente privatización de las empresas y los servicios públicos.

Su estructura permite mediante porcentajes de voto permite que la mayoría sea siempre de los países ricos. El presidente siempre ha sido europeo que responde a intereses de las multinacionales para conseguir la apropiación de los recursos naturales mediante planes de privatización.

  • Organización Mundial de Comercio (WTO)
Creada en 1995, como elemento para una estrategia empresarial internacional para codificar las reglas de un sistema mundial de inversión, producción y comercio. Consta de acuerdos comerciales diferentes como el Acuerdo General sobre Comercio de Servicios (AGCS), Barreras Técnicas para el Comercio (TBT), Normas Sanitarias y Fitosanitarias (SPS), Derechos de la Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio(TRIPS), etc.

Puede imponer sus decisiones por medio de sanciones comerciales, mediante un tribunal de arbitraje que se reune a puerta cerrada. Cada país miembro dispone de un voto; pero no todos los países son invitados a determinadas reuniones y el voto de los ausentes se contabiliza como positivo.

Crítica a los polémicos con el decrecimiento


Julio García Camarero

Algo que no se comprende, es que ciertos autores inicialmente decrecentistas, como puedan ser Vicenç Navarro, José Manuel Naredo, y otros como el presidente ecuatoriano Rafael Correa, no solo estén desertando del pensamiento decrecentista, sino que además se hayan revuelto en contra de él y estén proponiendo “otro crecimiento” , “otro capitalismo”. Y lo lamento especialmente porque es cierto que de ellos he aprendido cosas interesantes, y sin embargo en otros aspectos no tengo otra que discrepar completamente.  


Sí que es comprensible y hay que estar de acuerdo con lo que dice Vicenç Navarro en cuanto a que:


“El decrecimiento no es un concepto que pueda definirse sin conocer qué es lo que está creciendo o decreciendo. No es lo mismo, por ejemplo, crecer a base del consumo de energía no renovable, que crecer a base del consumo de energía renovable. Y no es lo mismo crecer produciendo armas que crecer produciendo los fármacos que curan el cáncer”.Pero lo que no es admisible es que adopte una clara postura a favor del crecimiento constante, y esto lo hace cuando declara: 


“Barry Commoner solía mostrar cómo en Estados de EEUU en los que había habido gran consumo de energía contaminante no renovable, este consumo había variado a consumo de energía renovable, creando con ello incluso más crecimiento económico. El punto de debate no es, pues, crecimiento o no crecimiento, sino qué tipo de crecimiento, lo que es consecuencia de quién controla tal crecimiento”.  Y Navarro sigue considerando como eje central el crecimiento económico obtenido a partir del uso de materia y energía. Luego continua diciendo: “Mi protesta frente a esta interpretación del socialismo quedó expresada en el famoso eslogan de que “el socialismo no es capitalismo mejor distribuido”..[y continua] “cambiar el motor del sistema, de manera que el afán de lucro se sustituyera por el afán de servicio a las necesidades humanas, definidos democráticamente”.


Parece que no deja de poner por delante al motor productivista aunque sea para que “el lucro se sustituyera por el afán de servicio a las necesidades humanas, definidos democráticamente”. Está bien y es loable esa sustitución, pero sin que sea consiguiéndolo a base de crecer indefinidamente.


Y parece ser, que el término democráticamente tiene connotación con la idea de la redistribución de la riqueza y que con ello ya se solucionaran los problemas socio-ecológicos. Pero según mi opinión creo que no, más bien coincido con Florent Marcellesi cuando dice: 


“incluso si redistribuyéramos de forma equitativa las rentas entre capital y trabajo, y todos los medios de producción estuviesen en manos de los trabajadores, la humanidad seguiría necesitando los 1,5 planetas que consume hoy en día” . Y según esto, aunque sí que es necesaria una redistribución de la riqueza y una democratización de toda la sociedad, con ello no es suficiente,… además es necesario decrecer.


Pero parece que Vicenç Navarro, no quiere oír hablar de la evidencia de los límites del crecimiento, y que prefiere hablar solo de un socialismo productivista (aunque diferente al soviético que él criticó con intensidad). Según él se trataría de un socialismo productivista pero basado en: a. el uso solo energías alternativas b. la redistribución de la riqueza; y c. la promoción de un adecuado Estado del bienestar. Y si es cierto, hay que considerar estas tres cosas como necesarias para superar esta crisis y establecer una sociedad humana socio-ecologicamente equilibrada. Pero ellas por si solas no son suficientes, además es necesario un decrecimiento feliz.


En cuanto a las energías alternativas, ¿qué duda cabe?, tienen importantes aspectos positivos pero no son una panacea, ni son por si solas suficientes para solucionar los problemas ecológicos derivados de la energía. Veamos:


En primer lugar, si llegamos a tener el convencimiento de que disponemos de energía limpia, barata e ilimitada; tenderemos a caer en el error de utilizar despreocupada y masivamente esta energía en acelerar la esquilmación de los recursos naturales, en potenciar una “economía verde”, en aumentar los m2 de asfalto, extender las urbanizaciones lejanas y aumentar con ello los desplazamientos que propician baja calidad de vida, en construir inhumanos mega-proyectos, etc. etc. 


En segundo lugar hay que tener en cuenta que las energías alternativas originan lo que en términos decrecentista se denomina “efecto rebote”. De este efecto pondré el ejemplo emblemático del coche eléctrico: 


Ya se está hablando de plantear el coche eléctrico en sustitución del convencional de gasolina. Ello, sin duda, puede reducir la contaminación atmosférica que causan los G.E.I. (pero difícilmente anularla, pues la electricidad no siempre se obtiene de emergías limpias). Además, automáticamente aparecerá el “efecto rebote”: aumento del tráfico, el amento de consumo de materias primas como el hierro para construir ingentes cantidades de coches, más aglomeraciones, más abuso de urbanizaciones “en plena naturaleza” (en plena naturaleza, dicen), ello es cierto pero solo de momento, cuando estas urbanizaciones aun no son demasiado extensas, ni han destruido por completo el entorno a base de: más edificaciones, más macro centros, más supermercados, más vallas publicitarias, más rotondas viales, etc. todos ellos destructores implacables de ecosistemas necesarios para el buen vivir. Y alargarán las distancias pendulares de desplazamiento, que aún sin contaminación, supondrán gastar horas que se descontarán a las de ocio y recreo, y ello supondrá un deterioro de la calidad de vida. Además, debemos preguntarnos:  ¿a corto plazo compensarán las ventajas del coche eléctrico al hecho de una renovación de todo el parque automovilístico del planeta, cientos de millones de vehículos?, seguro que puede ser el negocio del siglo, pero ello supone una desorbitada esquimación de recursos materiales. También sucede que los acumuladores de electricidad de este tipo de coches necesitan indispensablemente del mineral litio, cuyas reservas en la naturaleza son muy limitadas, y se extinguirán rápidamente si se produce el boom de consumo del coche eléctrico. Por otra parte ¿la reposición repentina de cientos de millones de coches antiguos por los eléctricos será algo que no produzca un súbito e irreversible deterioro de la biosfera? Y, en definitiva, aunque terminaramos con el CO2  y con la dependencia del petróleo, no terminaríamos de planificar las ciudades para los coches en vez (como debería ser)para los seres humanos. 
Y en tercer, y último lugar, hay que decir que las energías alternativas tienen una Tasa de Retorno Energético (TRE), aproximadamente unas 10 veces más bajas que las energías fósiles, de 2,5 a 25 respectivamente.


En cuanto a la redistribución de la riqueza en forma equitativa, desde luego deberá ser un primer paso para un decrecimiento feliz, pero tal y como están hoy las cosas y según hemos visto a pesar de esta redistribución hoy ya necesitaríamos 1,5 planetas para poder mantener un crecimiento cero, y más aún para mantenerlo con un crecimiento aunque este sea moderado y “alternativo” como nos indica el Señor Navarro.


Y finalmente, en cuanto a lo que respecta a la defensa del Estado del bien estar, también este debe ser defendible, pero dentro de unos límites y una equidad. Por ejemplo habrá que dar prioridad a la salud pública por encima de la sanidad estrictamente médica. La salud pública comprenderá, además de una adecuada sanidad pública, de la generación de un bien estar general, que tenga en cuenta desde el respeto y el mantenimiento de los ecosistemas, hasta la potenciación de los bienes relacionales. Y todo sin olvidar que la salud mental será una pieza importante para la calidad de vida y para ayudar a cambiar en las masas ese chip (impuesto desde que nacen) consumista-productivista, por un actitud concorde con una totalmente defendible sociedad de consumo. En una palabra pasar de una sociedad consumista asesina y suicida a una sana sociedad de consumo, en donde impere el consumo responsable. 
Además, en la sanidad pública también habrá que decrecer en cuanto al despilfarro y desvincularse de los cárteles médicos-farmacéuticos. Será necesario no caer en el abuso de los medicamentos así como en las prácticas del usar y tirar que al final, aunque superficialmente parezca un acto muy limpio, a larga distancia generan unos residuos que son extremadamente sucios. Por ello, el volumen de residuos de los hospitales debe decrecer, aunque siempre en una adecuada mesura. Hay que abandonar esa tendencia a atiborrar de medicamentos al paciente y no convertir a toda persona de más de 60 años, casi automáticamente, en un consumidor crónico de medicamentos. También, habrá que recetar sólo en número de píldoras necesarias, en lugar de recetar los medicamentos por cajas enteras. ¿Cuántas cajas de medicamentos caducados van a parar al cubo de la basura, o en el mejor de los casos a los recipientes de recogida de medicamentos caducados instalados en todas las farmacias? Y habrá que tener en cuenta la potente influencia de los cárteles médicos-farmacéuticos (sobre todo los de EEUU, en connivencia con la industria militar) que se dedican a propagar noticias de alarma planetaria, como puedan ser las de supuestas pandemias de destrucción masiva, como lo fueron, por ejemplo, la peste aviar y porcina. Alarmas que contaron con el apoyo de la Organización Mundial de de la Salud (OMS), y cuyo resultado fue un importante crecimiento del PIB en EEUU. Todas estas prácticas de desorbitado consumismo medicinal están potenciadas por los intereses de las grandes corporaciones farmacéuticas. Si se terminara con este despilfarro se acabaría con el déficit de la seguridad social, además se podría rebajar la edad de jubilación.   


Por otra parte, en el tema de Estado de bien estar existe la cuestión de la equidad universal. No es aceptable, por ejemplo, que el Estado de bien estar sueco sea desmesuradamente  selecto, a base de ser muy generosamente subvencionado por un gobierno que es el campeón mundial en tráfico de armas. Armas, que además son enviadas a países del tercer mundo que las pagan caras a pesar de que tienen un Estado de bien estar extremadamente deficitario, o prácticamente nulo.Más que hablar de considerar el Estado de bien estar, deberíamos de tener como referencia el concepto andino del buen vivir, que tiene como coordenadas principales las relaciones humanas desligadas lo más humano posible del aspecto monetario.
Y pasemos a comentar algunas de las ideas de otro pensador que está empezando a emigrar del planteamiento eco-centrista, se trata de José Manuel Naredo. Me refiero principalmente a sus ideas expresadas en su artículo: Reflexiones sobre la bandera del decrecimiento,  sobre todo en su libro “Luces en el laberinto”  nos dice:


 “El libro Demain la décroissance, que publicó hace treinta años y reeditó (con el título La décroissance) hace más de diez, mi amigo Grinevald, en el que introducía y traducía al francés algunos textos clave de Nicholas Georgescu-Roegen (N.G.R.) y del que conservo un ejemplar dedicado por el autor. Ese título respondía más a una “ocurrencia publicitaria provocadora”, orientada a pillar a contrapié la palabra y el mito del crecimiento económico, que a un intento serio de proponer el decrecimiento como meta o alternativa. Pues ni la introducción, ni los textos presentados en el libro, tejen en torno al decrecimiento ninguna propuesta o enfoque alternativo. La palabra apenas figura en el texto y, desde luego, brilla por su ausencia en el “programa bioeconómico mínimo” propuesto por Georgescu-Roegen. Por lo tanto, resulta engañoso presentar a ambos autores como pioneros del decrecimiento como propuesta.[…] Pues para que un término con pretensiones políticas cumpla bien esa función, necesita tener a la vez un respaldo conceptual y un atractivo asegurados, de los que carece el término decrecimiento”.


A esta opinión de Naredo, habrá que comentar, en primer lugar, que el que en los trabajos de  Grinevald y Georgescu- Roegen, “apenas aparezca expresa la palabra decrecimiento” no implica que no estuviese implícito en sus trabajos el concepto de la necesidad imperante del decrecimiento. Y ese “apenas aparezca”, más bien parece ganas subjetivas por parte de Naredo de derribar la importante idea del “decrecimiento”.


Además, el propio Naredo admite que en los textos de N.G.R. si que aparece la palabra decrecimiento,  pero que (según la interpretación de Naredo) N.G.R. usó la palabra decrecimiento “como una ocurrencia publicitaria, provocadora”, y ello me hace dudar si esta firmeza en querer negar el aspecto decrecentista de las ideas de N.G.R, no será un pretexto para poder defender el “otro tipo” de crecimiento. 


 En segundo lugar, el argumento de que tiene “poco atractivo la palabra decrecimiento” no es debida a que en sí sea poco justificable su uso, sino a dos cuestiones diferentes:
a. A que es cierto que el imaginario de las masas está educado desde su nacimiento a entender que no existe otra alternativa a esa felicidad “que se puede y se tiene que obtener” con el crecimiento del PIB, con el consumismo y con el productivismo.
b. A que casi todos los autores del decrecimiento han usado de forma muy simplista, absoluta y ambigua la palabra decrecimiento, desvinculada de todo entorno y referencia real. Por ejemplo la existencia, al menos, de dos decrecimientos: el decrecimiento infeliz y el decrecimiento feliz.


Sólo autores como Maurizio Pallante han tenido el acierto a poner esta palabra el calificativo relativo de feliz. Y es que como ya he expresado en mi trilogía (y seguiré expresando en este trabajo) existe más de un decrecimiento. Y sólo sí precisamos y conectamos la expresión decrecimiento a una serie de referencias contradictorias y complejas, el concepto decrecimiento tendrá algún sentido y conseguirá ser entendido y atractivo a las masas.
Y no hay que renunciar al término nuclear del concepto de la filosofía decrecentista, sólo por que no sea suficientemente atractivo, no creo que se trate de vender la moto.    No se trata de vender, sino de comprender.


Es cierto que Berlusconi  tuvo un gran éxito en su búsqueda de audiencia, pero no creo que sea este tipo de éxito el que se deba buscar en una auténtica y seria inquietud eco-socialista-decrecentista. No se trata de ganar audiencia a base de usar “palabras bombas” (viscerales) imprecisas y, en alguna medida, algo engañosas.


Simplemente se trata de diferenciar los diferentes tipos de crecimiento y de decrecimiento existentes y que automáticamente de esta forma el decrecimiento feliz se hará comprensible y atractivo por las masas.


Naredo también habla de los “objetivos borrosamente apuntados por los defensores del decrecimiento”. Y tiene razón, a pesar de que ellos ya tienen escritos unos cuantos libros sobre el pensamiento del decrecimiento, sus objetivos están sólo “borrosamente apuntados”. Pero ello no se solucionará con la expresión poco expresiva (valga la redundancia) de mejor con menos, pues la gente lo que siempre quiere es más es lo que lleva en su imaginario desde su nacimiento. Un comentario de esto lo encontramos en una exitosa canción argentina de los años cincuenta que decía: “todos queremos más, todos queremos más…y más, y mucho más… y nadie con su suerte se quiere conformar”; ¿no estaría también influida por el estancacionismo como le sucedió a los hermanos Marx con su célebre expresión de ¡madera, más madera, que es la guerra!


No se trata de tender sistemáticamente al rechazo de la palabra decrecimeinto por muy borrosa que se nos aparezca. Pues, sin duda en el centro de esa borrosidad se encuentra el núcleo la clave para superar esta crisis que es en sí el propio crecimiento. Y Naredo añade que: “no creo que la palabra decrecimiento suscite hoy más entusiasmo que hace unos años, más bien lo contrario, cuando las penalidades asociadas a los recortes de la crisis hacen que la población añore el crecimiento anterior”. Y ahí sí que coincido plenamente con este comentario de Naredo, pero con la explicación de que esto, en efecto, es así porque se confunde el decrecimiento feliz con el decrecimiento infeliz, y porque como muy bien a continuación comenta Naredo. “tampoco creo que se hayan disipado sus amplias dosis de ambigüedad”. En efecto, persisten aún las dosis de ambigüedad y borrosidad en torno a la simplista expresión decrecimiento. Pero lo que hay que hacer, no es abandonar esta expresión, como se abandona a un perro en la cuneta por que tenga malas pulgas, o una nuez porque la cáscara esté amarga o unas uvas porque este algo dificultoso alcanzarlas (porque alcanzarlas sea utópico pero no quimérico).  No, lo que hay que hacer es trabajar y trabajar mucho, porque las palabras están muy masacradas, sobre todo en los últimos decenios. Trabajar mucho sobre ellas para que dejen de ser borrosas o para denunciar su criminal y falso uso, basado en la creación eufemismos y oximorones caragados de falsedad. Creo que no hay que dejar de insistir en que lo que le está haciendo falta al término decrecimiento es dotarle de más precisión, dotarle de una teoría que le delimite y que consiga hacer desaparecer de él su ambigüedad. Más adelante Naredo continúa:


“De ahí que el éxito de un eslogan dependa, en buena medida, de que resulten atractivas las metáforas que suscite. Y, hoy por hoy, hemos de contar con que grande se considera mejor que pequeño (se habla así de un gran pensador, literato,… o deportista), alto o elevado se considera mejor que bajo (se habla de automóviles de alta gama, o de sentimientos elevados frente a aquellos otros bajos o rastreros), como también avanzar resulta más atractivo que retroceder (se habla así, de avances de la medicina o de la ciencia… o de estudios avanzados), … y que crecer se considera mejor que decrecer (se habla así, no solo de crecimiento económico, sino también de crecimiento del nivel de vida,… o de crecimiento personal)”. 


Vale: el público, en general, está adocenado. Prueba de ello, son todos estos conceptos  (que acabamos de ver mencionados por Naredo, entre paréntesis) y que se encuentran almacenados en el chip introducido en las mentes por el sistema desde que nacemos. Y Naredo nos menciona como positivo el nefasto chip del nivel de vida. Pero de lo que se trata, no es de de ceñirnos al adocenamismo del chip para aumentar la audiencia, sino de desadocenar, de desincrustar el chip. Sé que es extremadamente difícil y utópico, pero es que si queremos realizar el cabio urgente que necesita la biosfera y la sociedad humana, que es solo una parte de ella, es indispensable sacar el chip de una vez por todas. Pues con remiendos, conviviendo con el chip, que es lo mismo que convivir con el sistema, nunca realizaremos el profundo cambio indispensable y urgente. ¡Salgámonos de los esquemas y prácticas capitalistas!, ¡no nos obsesionemos con los reformismos “posibles”! Hay que ser utópicos. Si no hubiera sido por los utópicos de la historia humana, la humanidad habría permanecido eternamente estancada.


No hay que jugar con mentiras agradables para atraer más como hacen los programas basura de la TV5. Se trata de hacer un esfuerzo didáctico de cara a la masa. Y ello se conseguirá, en buena medida, en el momento en el que comprendan la diferencia que hay entre el decrecimiento infeliz y el decrecimiento feliz. 
Y Naredo, al igual que Navarro, quieren desligar al padre del decrecimiento Nicolay Georgesco Roegen (NGR) de la corriente del decrecimiento. Y en este sentido Naredo, casi imitando a Navarro, mantiene:


“Me sorprende y desalienta que se siga presentando en los media al “matemático y economista rumano NicholasGeorgescu-Roegen” como “el padre del decrecimiento” y a Jacques Grinevald como “su discípulo” (Dubuis, 2011, p. 29)”. […]Conociendo el carácter fuerte de NGR, estoy seguro de que habría pillado un buen rebote si se hubiera enterado de que ahora lo presentan como “el padre del decrecimiento”. Así ocurrió cuando el economista Herman Daly -del que sí podemos decir, con más visos de realidad, que fue discípulo suyo- se declaró partidario del crecimiento cero, tras la aparición del primer Informe del Club de Roma sobre Los límites del crecimiento (1971). NGR criticó con vehemencia la propuesta del “estado estacionario”, formulada por Daly (creo que con bastante más precisión, dicho sea de paso, de la que ahora acompaña a la propuesta del decrecimiento (Daly, 1977 y 1980)”.
Pero en alguna medida Naredo se contradice pues expresa a continuación:


“Entre los textos de NGR introducidos por Grinevald en el libro arriba citado, figura un capítulo titulado “El estado estacionario, un milagro a la moda”, que sigue a otro titulado “El crecimiento: mitos polémicas y sofismas”: “una gran confusión- empezaba diciendo nuestro autor- impregna las vivas controversias relativas al “crecimiento”, simplemente porque este término se utiliza en múltiples acepciones”. 


Para esclarecer esta confusión, que está lejos de haberse disipado, nuestro autor revisa las posibles acepciones de la palabra y concreta que el usualmente llamado “crecimiento económico” es el que los economistas miden con el agregado de renta o producto nacional per cápita”. 


Por ejemplo muchos autores decrecentistas utilizan indistintamente los términos consumo o consumismo como si en realidad se trataran de términos idénticos cuando en verdad sus resultados son opuestos. Y en efecto, coincido con NGR, y no con Naredo, en cuanto a lo de: “este término  [el “crecimiento”] se utiliza en múltiples acepciones”. 


Así es, el problema es el que ya he apuntado en más de una ocasión: es que existen varios tipos de crecimiento y varios tipos de decrecimiento. Y solo teniendo claro y continuamente presente esto podernos deshacer esa borrosidad (de la que con toda propiedad habla Naredo) y sacar a flote, desde esa nube borrosa, el valioso núcleo que es la palabra decrecimiento feliz. Y precisamente, pensando en eso, estoy preparando la edición de un libro en italiano, (cuya autoría la voy a compartir con la decrecentista Valentina Vivona) titulado Crecimientos y decrecimientos.
Por otra parte, tanto Naredo como Navarro se refugian, para defender el crecimiento y el productivismo, en la defensa de de los recursos energéticos alternativos, a los que presentan como una definitiva panacea. Y es cierto, como ya vimos,  que el uso de los recursos energéticos alternativos será necesario, pero no suficiente. Hay que decrecer.


Y Naredo, parafraseando a NGR y a Serge Latouche, nos indica:
“NGR lo subrayó afirmando, de acuerdo con otros autores, que “dada la naturaleza humana… si frenáramos por todas partes el crecimiento económico, congelaríamos la situación actual y eliminaríamos la posibilidad de que  las naciones pobres de mejorar su suerte”. Nuestro proyecto de construcción de sociedades conviviales, autónomas y ecónomas, tanto en el Norte como en el Sur, implica ciertamente hablar en este caso de un ‘a-crecimiento’, como se habla de ‘a-teismo’, más bien que de un decrecimiento” (Latouche, 2006, p. 242)”.


Al respecto, está claro que este decrecimiento feliz no deberá aplicarse de forma homogénea sobre toda la faz del planeta, sabiendo, como sabemos, que la calidad de vida y la huella ecológica están repartidas extremada e injustamente de forma heterogénea en las naciones y en los diferentes Seis Mundos que propongo en mi trilogía. Está claro que en el Sur, en la Periferia, en Los Otros Mundos, que no son el Primer Mundo, se hace preciso un crecimiento mesurado y transitorio. Y esto es algo que entra a formar parte de mi estructura teórica de lo que entiendo como decrecimiento feliz. Por ello he escrito un libro de 400 páginas para definir como tiene que ser este crecimiento mesurado y transitorio en el Sur para que a largo plazo, después de un periodo mixto de transición (en el que convivan en diferentes partes del mundo el crecimiento mesurado y el decrecimiento feliz) en todo el planeta se comience con la practica universal del decrecimiento feliz.
Y en cuanto a lo que dice Latouche de usar el término a-crecimiento, no acabo de verle la gracia en insistir en huir  del núcleo de la nube borrosa (la palabra decrecimiento) solo por razones de márquetin o de audiencia. Pero es que el termino a-crecimiento no resulta una necesaria postura de clara oposición al crecimiento; es simplemente no creer en el crecimiento, pero respetar que existan fundamentalistas del crecimiento.  ¡Una vez más insisto!, al solución no está en saber vender gato por liebre, sino en saber explicar didácticamente que un gato no es lo mismo que una liebre, que un decrecimiento infeliz no es lo mismo que un decrecimiento feliz.


Por otra parte es cierto que uno de los componentes importantes del decrecimiento feliz deberá ser la supresión de lo que muy correctamente José Manuel Neredo denomina Ley del Notario que puede muy bien resumirse así: a mayor coste físico y trabajo penoso, menor valoración monetaria de este trabajo. 


Por último decir que V. Navarro la toma con los decrecentistas que consideramos que también hay que decrecer (además de económicamente) demográficamente porque vemos que los recursos del planeta son limitados, y empiezan a ya escasear. Y  al respecto nos dice: 


 “Una característica de los movimientos ecologistas en Europa es su enorme diversidad ideológica, lo cual se considera como una de sus fortalezas, cuando, a mi entender, podría ser una de sus debilidades. Un número considerable de ellos muestra una sensibilidad maltusiana, que asume que los recursos naturales, como por ejemplo, los recursos energéticos, son fijos, constantes y limitados, concluyendo con ello que el crecimiento económico es intrínsecamente negativo, pues consume unos recursos limitados que se irán agotando con el tiempo, creando una crisis global.  Estos movimientos han sido muy influenciados por Paul Ehrlich, el fundador del ecologismo conservador”. ¿Pero es que no cierto que incluso toda la materia planetaria es limitada?, ¿Pero es que no debemos pensar en la nefasta herencia de degradación planetaria que les dejaremos a nuestros nietos?  


Nos tacha de conservadores porque somos conservacionistas realistas. Pero, resulta obvio que tampoco el crecimiento demográfico puede ser ilimitado y porque vemos la realidad de que este crecimiento está empezando a adquirir unas proporciones completamente desmesuradas. En cambio presenta como no conservador la visión corto-placista de seguir creciendo a base de energías alternativas; olvidándose, además, que el crecimiento no solo es cosa de esquilmación de reservas energéticas, sino también de destrozo de la información de los ecosistemas representada por su biodiversidad, y este destrozo puede agudizarse si se tiene la conciencia de usar “energía barata y limpia”. Esta sí que es una actitud conservadora y reformista, y además completamente quimérica. 


En cuanto a lo de Paul Ehrlic, decir lo de siempre, la realidad siempre es contradictoria y con dos caras. Y así como existe el decrecimiento infeliz y el decrecimiento feliz también existe el “ecologismo conservador” y más aún el “eco-fascismo” que veremos a continuación de dos premios Nobeles productivistas; y el “ecologismo progresista” (que es, precisamente, el no productivista, decrecentista y humano). No debemos confundir torpemente, una vez más, el progreso con  el productivismo.
Habrá que considerar cuales  han de ser los métodos humanos a los que tendremos que recurrir  para conseguir obtener este decrecimiento demográfico humano. Desde luego, no tendrán que ser los métodos utilizados por eco-fascistas-productivistas, como lo propuestos por dos premios nobeles de la paz: Henry Alfred Kissinger y Al Gore.


Navarro también nos acusa de maltusianos si vemos que no se puede seguir manteniendo este desmesurado crecimiento demográfico. Porque la biosfera no tiene capacidad ilimitada para soportar las extracciones de materia y energía de esta plaga en la que se está convirtiendo la especie humana. Sé que decir esto es completamente tabú para las mentes burguesas partidarias del crecimiento a toda costa. Y que, además, al afirmar mi preocupación por el desmesurado crecimiento demográfico humano me expongo a que gente poco reflexiva se dedique a señalarme con el dedo por maltusiano e incluso de propagar ideas genocidas. Pero es que se trata de gente a la que le resulta imposible abrir los ojos ante la realidad demográfica que está pidiendo a gritos un urgente decrecimiento demográfico. Porque son limitados hasta los metros cuadrados de la superficie terrestre. Un estudio serio, que leí ya hace algún tiempo, (después de unos cálculos no demasiado sofisticados) nos decía que si no empezamos a decrecer demográficamente y seguimos con este ritmo de crecimiento demográfico, dentro de algo más de un par de siglos tendremos una densidad de población mundial de más de 100 habitantes /m2. Esto nos dice que es obviamente necesario decrecer también demográficamente, a no ser que caigamos en el cortoplacismo olvidándonos del gravísimo problema de la explosión de la demografía humana.


Además se da el caso de que mientras que el crecimiento demográfico en los países desarrollados es de 0,3 en los subdesarrollados es del 2,6. Ello ha motivado que el Norte, en su concepción capitalista, solo ve en este crecimiento un serio peligro de rebelión de los países del Sur. Por eso predica constantemente el decrecimiento demográfico del Sur. Pero predica un decrecimiento obtenido a cualquier precio, esto es algo que lo expresa muy bien Susan George en su libro “el informe Lugano”, en donde en estilo novelado pero con profusión de referencias al mundo real, expone como Estados Unidos paga a los más famosos economistas y ecólogos del Globo para forzar la disminución de la población en el mundo periférico, porque son un peligro para la continuidad del capitalismo. No es tan fantasiosa la historia que nos presenta esta autora en su obra, por desgracia con frecuencia la realidad llega a superar a la ficción. Existen al menos dos casos famosos que lo atestiguan los ya mencionados: Henry Alfred Kissinger y Al Gore. Para una mayor información sobre estos dos ecofascistas consultar mi libro El decrecimiento feliz y el desarrollo humano .


Y en cuanto respecta al “decrecentista” presidente de Ecuador, Rafael Correa, más que dudas y alejamiento respecto del decrecimiento, en lo que se embarcó fue en una autentica traición social demócrata, a lo Felipe González cuando el referéndum de la OTAN. Primero prometió luchar en pro de las reservas biológicas y el medio ambiente dejando intactas las reservas petroleras del Yasuní (con lo que ello tiene de acción decrecentista), y luego desplegó una intensa campaña mediática a favor de la explotación petrolera de esta gran reserva, campaña que costó solo en el 2011 más de 3 millones de dólares, según el diario El Comercio.


La realidad es que Correa resultó ser un social-democrata, mucho menos decrecentista que su antecesor Jamil Mahuad, quien en 1998 decretó Zona Intangible el Parque Nacional Yasuní, ubicado entre los cuadrantes de exploración petrolera Ishpingo, Tiputini y Tambococha (ITT).


A la llegada de Correa al Gobierno de la nación, el presidente se declaró a favor del Plan del Buen vivir o Sumak Kawsay, (en lengua Kechwa) que entre otras cosas incluía respetar la vida del indígena en la selva, el medioambiente en general, y no tocar las reservas petroleras del Yasuní-ITT. Pero pronto (el 10 de diciembre de 2007) Rafael Correa ya puso precio a este compromiso sobre el Sumak Kawsay. El precio fue que el estado ecuatoriano recibiera de la comunidad internacional una compensación económica de unos 350 millones de dólares anuales, aproximadamente la mitad de los recursos que se generarían si se optara por la explotación del petróleo; recursos que requiere la economía ecuatoriana para su desarrollo. Y de esta forma traidora Correa vendió lo Intangible.
Se da la circunstancia de que la conservación de áreas protegidas y la reducción de la deforestación en Ecuador es un segundo beneficio que se añade a la mitigación del cambio climático global y la preservación de la biodiversidad. Dejar el petróleo bajo tierra significaba no emitir más de 400 millones de toneladas de CO2. A ello hay que sumar el peligro para la biodiversidad existente (100.000 sp. de insectos, 150 de anfibios, 121 de reptiles, 598 de aves y unas 200 de mamíferos, aparte de unas 3.000 de flora) y la salvaguarda de los derechos de los pueblos indígenas que habitan en la zona, principalmente los waorani.   


Pese a todo, el 15 de agosto de 2013, el gobierno de Rafael Correa dio por terminada la Iniciativa y señaló el inicio de la explotación petrolera en la zona. El presidente se justificó diciendo:
“Hasta la fecha solo se han reunido 13,3 millones de dólares. El factor fundamental del fracaso (del proyecto) es que el mundo es una gran hipocresía”. 


Y para más escarnio, Correa usó (cínicamente y precisamente) el Plan del Buen Vivir para justificar la explotación, pues dijo: “el país necesita inversiones superiores a los 70.000 millones de dólares para erradicar la pobreza y extender el bienestar a las comunidades menos favorecidas. No me gusta la minería, no me gusta el petróleo, pero mucho menos me gusta la pobreza y la miseria”. 


Con su visión “ciudadana”, Correa, interpretó la filosofía del buen vivir según una visión equivocada en 180º. Es decir, una interpretación completamente hortera crecentista-productivista. Yo ya desde el inicio veía que la revolución correista era una pura contradicción, sobre todo al llamarla “revolución ciudadana”  en un país en donde más del 70% es población rural. Correa sustituyó el buen vivir decrecentista por la obsesión del chip que recibió incrustado desde que nació: el chip del crecimiento del PIB.
Correa no comprendió la elegancia del Sumak Kawsay, demandado por el 93% de la población ecuatoriana, que afortunadamente no tenía tan incrustado este chip. Y con su demagogia, el presidente no convenció a sus conciudadanos, porque hay un 92,7% de la población que apoya la iniciativa de mantener el petróleo bajo tierra, según una encuesta realizada en junio del 2013.Es decir Correa quiere “sacar de su pobreza” al 93% de una población que está en contra de esta acción. Y también está en contra de ella el exasesor de Correa Decio Machado, quien señala lo paradójico que resulta que ahora haya que convencer a la opinión pública de las bondades de la explotación. “Hemos estado durante meses vendiendo la idea de la no explotación a los países y ahora hay que convencer a los ecuatorianos de que la explotación es buena”. Y esto a mi me recuerda, como decía anteriormente, la traición de Felipe González que pasó de hacer campaña en contra de la OTAN a gastarse una fortuna en una campaña que decía “De entrada no”…, pero que quería decir al final sí; y no solo entrar en la OTAN sino que inmediatamente después colocar como secretario general de la misma al ministro felipista Javier Solana. La verdad no entiendo que los votantes del PSOE hayan tenido los ojos tan cerrados como para seguir votando a este evidentemente demagogo partido.

Hacer Lobby

Las grandes compañías industriales internacionales y las direcciones de los grandes bancos se organizan en lobbys para influir de una forma determinante en la política de los gobiernos nacionales e instituciones internacionales. A esto lo denominan 'hacer lobby'.

Se llevan a cabo numerosas reuniones privadas con responsables políticos y miembros de organizaciones internacionales donde se indican a éstos las directrices a seguir en temas tales como la desregulación en temas laborales o medioambientales, la protección de inversiones o los acuerdos de libre comercio, para ello el soborno y la financiación de partidos políticos o la destrucción de puestos de trabajo son armas empleadas con frecuencia. El número de personas que tienen el valor de situarse frente al poder económico es mínimo y en juego está su propia vida.

Estas entidades se organizan legalmente ante los poderes políticos de los países desarrollados. Algunas de ellas son:


  • La Cámara de Comercio Internacional (ICC). www.iccwbo.org
La ICC se describe a sí misma como 'la única organización de negocios realmente global del mundo' y ofrece a sus miembros 'acceso directo a los gobiernos nacionales en todo el mundo'. Está constituida por más de 7.000 empresas miembros, como Coca-cola, Exxon Mobil, Ford, General Motors y Shell.

La ICC tiene tras de sí una larga historia como lobby contra los tratados medioambientales internacionales, por ejemplo, el Protocolo de Kioto, la Convención sobre la Biodiversidad o la Convención de Basilea contra el comercio de residuos tóxicos. Esta última pretende impedir que residuos peligrosos -generalmente mediante pagos a gobiernos corruptos- sencillamente se almacenen en países pobres cuya población no puede defenderse de estas actuaciones. Es, además, uno de los lobbys más importantes de la industria genética.


  • Diálogo de Negocios Trastlántico (TABD) www.tabd.com
El TABD se encuentra tras numerosos acuerdos de liberalización de la OMC y de la Unión Europea. Fue fundado por iniciativa de la Comisión Europea y del Ministerio de Comercio de Estados Unidos y reúne a destacados ejecutivos europeos y norteamericanos. Según el TABD, los contactos con la Comisión Europea se producen incluso diariamente.

Regularmente se aprueban “recomendaciones” para la liberalización del comercio que, por regla general, son benévolamente aceptadas por la Comisión de la Unión Europea. Entre estas recomendaciones se encuentra la eliminación de regulaciones en el ámbito de la salud, las normativas de seguridad y el medio ambiente que se contemplan como barreras para el comercio. También se incluyen, por ejemplo, garantías legales sobre el salario mínimo.

El TABD actúa como un lobby para Bayer, DaimlerChrysler, Deutsche Bank, Ford, McDonald's, Monsanto, Pfizer, Siemens y otros.


  • Foro Económico Mundial (WEF) www.weforum.org
Con sus encuentros anuales en la localidad balnearia suiza de Davos, el Forum Económico Mundial, que no apareció en escena hasta el año 1970, se situó en el centro de atención de los medios de comunicación y de las protestas contra la globalización. En contra del reproche que se le hace de querer asegurar el dominio mundial de las multinacionales, el WEF se presenta como una organización independiente que no está ligada a los “interese póliticos, particulares o nacionales”.

Más de 1.300 altos ejecutivos se encuentran para discutir en más de 270 rondas de conversaciones, con jefes de gobierno, ONG y medios de comunicación, la situación del mundo. Parece inocente, pero según algunos expertos, “la gente de Davos controla prácticamente todas las instituciones internacionales, a muchos gobiernos y el grueso de las capacidades económicas y militares en todo el mundo”.