La amenaza de la superpoblación

decresita

Sobre la historia de la politización del cuerpo de las mujeres

A lo largo de la historia de una u otra manera las sociedades han tenido que ajustar el número de personas que viven en un determinado lugar a los recursos disponibles para el mantenimiento de la vida.


Las mujeres han aprendido la manera de reproducir la vida mediante formas poco dolorosas para ellas mismas y la sociedad. Los primeros grupos humanos (ginecogrupos) estaban formados por las madres junto con sus proles a las cuales acompañaban los miembros masculinos del grupo; el apareamiento era un acto sexual puntual. Las mujeres se encontraban conectadas íntimamente con la naturaleza y con su propio cuerpo, sus sentidos no estaban adormecidos, formaban parte de la naturaleza, se habitaba en el milagro de la vida, la deshinibición y la libertad sexual formaban parte de la forma de estar en el mundo, el calor humano es algo más que una expresión, se entendían los ciclos de la naturaleza y los propios para conocer los periodos fértiles y por tanto sortearlos para evitar la descendencia. 


Con la aparición de la agricultura y la ganadería en el neolítico los seres humanos aprendieron a domesticar las plantas y los animales, este aprendizaje procuró las técnicas de control de la reproducción como la doma o la castración que provoca una pérdida en el vigor de los animales, la cautividad que permite someter a los animales mediante el aislamiento, etc. La modificación del comportamiento mediante una selección de los animales más fáciles de manejar permitió entender la forma de controlar a esto eliminando las características que no eran favorables para el desenvolvimiento de los humanos.


La dominación de los animales, requiere parapetarse tras una coraza emocional, esta exigencia probablemente llevada a cabo por los hombres del poblado posiblemente desencadenó toda una serie actos que permitieron la autorrepresión de sentimientos y emociones; la amenorrea lactante no era un recurso suficiente para la contención del número de personas del lugar, el camino para reducir la población mediante prácticas como el infanticidio, el aborto o la abstinencia sexual quedaba expedito; sólo era necesario que el conjunto de personas que vivían en común le dieran un sentido a estos nuevos hábitos mediante el recurso del mito, llevando a cabo cultos, ritos, ceremonias, festejos que permitieran que estos procesos fueran digeribles por la comunidad.


El siguiente paso fue la emigración, los métodos de control de natalidad siempre son difíciles de llevar a cabo, requieren un desgaste psicológico; se hace necesario entonces buscar los recursos más allá de tu lugar; cuando los lugares están ocupados por otros entonces el camino es la violencia.


Las sociedades que evolucionaron hacia sistemas de conquista y  rapiña requirieron de hombres fuertes con unas cualidades que les permitieran matar, violar, destruir sin compasión; el valor, el honor, la tribu adquirieron nuevos significados, la jerarquía y la especialización social eran elementos eficientes en este tipo de sociedad; las mujeres se especializaron en el cuidado del elemento masculino necesario para guerrear y saquear, el infanticidio femenino fue la norma, eran necesarias pocas mujeres para desempeñar las labores de cuidado, las necesidades sexuales deberían ser satisfechas mediante la conquista; los esclavos harían el trabajo necesario para mantener a los guerreros, a los sacerdotes y a la nueva clase burócrata, que era necesaria para contar los tesoros robados, el inicio de una organización como el Estado sólo fue una cuestión de tiempo a medida que el éxito en la conquista hacía necesaria una organización centralizada, jerarquizada y especializada para maximizar los frutos de la conquista.


Las comunidades humanas se dividieron en gobernantes y gobernados, ricos y pobres, individuos que saben leer y escribir y analfabetos, ciudadanos y campesinos, artistas, guerreros, sacerdotes y reyes.


La principal iniciativa del Estado con el fin de restaurar la proporción deseada de población fue lanzar una verdadera guerra contra las mujeres, claramente orientada a quebrar el control que habían ejercido sobre sus cuerpos y su reproducción, procurando a la mujer el papel de criadora de niños (carne de cañón para el ejército, y mano de obra para cultivar los campos) y niñas (enseñándolas a ser buenas madres y esposas); los sacerdotes fueron los consejeros espirituales necesarios para dar legitimidad a los actos del Estado.


Actualmente el cuerpo de las mujeres sigue siendo un asunto de Estado, aunque de una manera más ‘civilizada’, se elaboran unos mecanismos más sutiles y sofisticados, pero no menos elocuentes. Embarazo, parto, amamantamiento, anticoncepción, aborto y las nuevas técnicas de reproducción están en manos expertas del género masculino. Y además a dos niveles: el político y legal y el del ejercicio de la profesión. Son ellos los que deciden desde los parlamentos y los congresos, desde los códigos y las publicaciones científicas, con la toga puesta y con la bata blanca.

La huella civilizadora

La huella civilizadora estaría conformada por el tiempo, el afecto y las energías amorosas necesarias para obtener la calidad de vida, la seguridad emocional y el equilibrio psicoafectivo imprescindibles; haría referencia a la sostenibilidad de la vida en condiciones de humanidad en la red de relaciones que la hace posible, haciendo visible la aportación-recepción desigual de tiempo, energías amorosas y cuidadoras entre mujeres y hombres. Si el patriarcado capitalista ignora la huella civilizadora, es porque niega la dependencia humana, ya sea dependencia de las relaciones afectivas o dependencia de la naturaleza.


En todos los tiempos y en todas las culturas las mujeres se han ocupado del cuidado de la vida humana, actividad sin la cual esta no es posible. Las mujeres dan la vida porque todas las personas nacemos de mujer. Son las mujeres (las personas que cuidan) quienes introducen la civilización en medio de la barbarie; esto ha permitido desarrollar un mundo público aparentemente autónomo, ciego a la necesaria dependencia de las criaturas humanas, basado en la falsa premisa de la libertad, un mundo incorpóreo, sin necesidades que satisfacer; un mundo constituido por personas inagotables, siempre sanas, ni demasiado jóvenes ni demasiado adultas, autoliberadas de las tareas de cuidados.


Todas las personas somos frágiles y vulnerables y necesitamos que nuestras necesidades sean satisfechas, pero el actual modelo económico-social sólo puede existir porque sus necesidades básicas –individuales, sociales, físicas y emocionales- quedan cubiertas con la actividad no retribuida de las mujeres. De esta manera, la economía del cuidado sostiene el entramado de la vida social humana, ajusta las tensiones entre los diversos sectores de la economía y, como resultado, se constituye en la base del edificio económico. Las mujeres actúan como ‘variable de ajuste’ para proporcionar la calidad de vida a las personas del hogar.


El reconocimiento de las necesidades humanas es imprescindible para adquirir una visión real de nuestra especie y poder ubicarla adecuadamente en el mundo natural y social. El ideal filosófico que propugna superar el reino de la necesidad para ganar el reino de la libertad, es una falacia que niega la dependencia material de la humanidad, y nos encamina hacia una libertad abstracta, falsa e inalcanzable para la mayoría de los seres humanos.


La verdadera libertad es aquella que se ejerce dentro de los propios límites. Se trata de una libertad enmarcada en la realidad material que consiste precisamente en decidir y experimentar cómo se juegan las relaciones entre la vida natural y la vida social.

La amenaza de la superpoblación. Pobreza y agotamiento de recursos

T. Malthus quedó preocupado por los capítulos sobre la población de La Riqueza de las Naciones de Adam Smith y por la ley de los rendimientos decrecientes expuesta por Turgot. Sus dudas le movieron a escribir el Ensayo sobre la población, en el que sostuvo que, mientras que los medios de subsistencia tendían a crecer linealmente, la población crecía exponencialmente, es decir, mucho más rápidamente. La condición de pobre se adquiría por naturaleza, y por tanto Malthus deseaba que aceptaran su prescindibilidad (al contrario que los ricos), y si no controlaban su natalidad, que los gobiernos pusieran otros medios (favorecer las epidemias, el hambre y las guerras).

Desde entonces hasta nuestros días, esta idea ha tenido idas y venidas de lo más dispar, y no únicamente de los intentos de “mejorar la raza” de la extrema derecha: desde la política de control de natalidad del comunismo chino, pasando por campañas de esterilización en numerosos países, hasta la versión más edulcorada que también hoy día tiene cierto peso dentro del ambientalismo (incluso argumento en pro de reducir la inmigración en Inglaterra o EEUU).  Incluso desde las Naciones Unidas se pone el énfasis en la explosión demográfica como causa de la penuria generalizada y el impacto sobre el entorno ecológico.

Detrás de los fríos datos aparece el término ‘superpoblación’, escondiendo a millones de seres humanos de carne y hueso, invisibles ante un término abstracto susceptible de ser manipulado, dejan de ser seres pensantes, miembros de la sociedad humana, para convertirse en un factor más de la ecuación:

I=PAT (IMPACTO = POBLACION*BIENES CONSUMIDOS*IMPACTO DE CADA BIEN)

Una vez deshumanizado el concepto "población" y convertido en variable ya no hay motivos éticos que impidan la legitimación del Estado para reducir la población.

La manipulación de la amenaza demográfica

Presentar el problema desde un punto de vista puramente cuantitativo como la relación entre población y recursos oculta que la concentración de riqueza y el consumo exacerbado de los países ricos es la verdadera causa de la degradación ambiental y la desigualdad social. El agotamiento de los recursos y la contaminación son provocados por los países del Norte. Es la lógica del funcionamiento del sistema (el crecimiento) lo que crea desigualdad y miseria. La políticas tanto natalistas como anti-natalistas tratan de controlar los cuerpos de las mujeres y su capacidad para crear vida. Este disciplinamiento de las mujeres (en uno u otro sentido) mediante un supuesto conocimiento experto (los gurús saben que es lo correcto) esconde tras de sí, la intención de dominar a las personas cosificándolas en un entramado de intereses y relaciones de poder diversas. 


La amenaza demográfica es fácilmente manipulable para desarrollar ciertas formas de ecototalitarismo. Perpetuar la hegemonía occidental mediante la eliminación de las personas más pobres para que unos pocos tengan acceso a los recursos. El problema no es controlar la población sino como acceder a los recursos con honestidad y equidad. Este es el reto. 


Que la población disminuya no implica que la biosfera recupere su salud, simplemente menos personas consumirán más recursos, probablemente dejen menos espacio al resto de las especies que habitan el planeta; es más, un grupo reducido de personas querrá satisfacer deseos que tendríamos dificultades para imaginar. Por ejemplo: coger un avión desde Nueva York para irse a comprar un perfume a París (vaya! esto ya se hace), tal vez iluminar la luna con leds para que las noches sean más espectaculares (aunque creo que esto sólo sería interesante si hubiera que comprar unas gafas para poder contemplarlo). 


A la pregunta de si el mundo podrá alimentar a tanta gente, hay que responder que el hambre hoy no es un problema de superpoblación, es un problema político, de reparto. Y no importa cuánta comida se produce, cuánto se reduce la natalidad, o cuánto disminuye la población, siempre habrá gente que se muera de hambre. 


El problema surge porque en un planeta con recursos finitos, que unas personas posean estos recursos siempre es en detrimento de otras, por ello la única opción no violenta es compartir. La insuficiencia de recursos naturales y los límites de  la capacidad de regeneración de la biosfera nos conducen a replantearnos nuestro modo de vida.


La solución perversa es reducir el número de personas; situación que conviene a los poderes porque no es perjudicial para el mantenimiento de las relaciones sociales, ni contraproducente para las lógicas del funcionamiento del sistema.

La vida en manos de las mujeres

Se necesita un replanteamiento de la relación entre población y recursos, comenzando a entender las estrategias reproductivas que desarrollan las mujeres en función de las condiciones socioeconómicas y culturales de la comunidad a la que pertenecen.


Ellas son quienes introducen la civilización en medio de la barbarie, quienes convierten las piedras en pan para alimentar a sus familias. Habría que contar con su experiencia y sus conocimientos para saber que factores socioeconómicos debieran ser modificados en cada sociedad concreta con el fin de garantizar la sostenibilidad humana.



Para saber más: El mito de la superpoblación


Para saber más: Mujer y sostenibilidad humana

Para saber más: La huella civilizadora 


La explosión de las necesidades en el marco del sistema socioeconómico

Joaquim Sempere

Durante el siglo XIX, con antecedentes que se remontan a la revolución científica europea iniciada en el siglo XVI, emerge en Europa y América del Norte un sistema socioeconómico intrínsecamente expansivo: el capitalismo industrial. A lo largo del siglo XX y XXI éste se extenderá por el resto del mundo. ¿Cuál es el origen de esta expansividad?

Se pueden invocar varias explicaciones. En primer lugar, para Marx, con la acumulación de capitales monetarios debido a la expansión ultramarina europea y a la afluencia masiva de metales preciosos, empieza a generalizarse el ciclo mercantil D-M-D’ debido a que los detentadores de grandes fortunas buscan ocasiones para acrecentar estas fortunas. Frente al intercambio de valores de uso (M-D-M’), el ciclo D-M-D’ sólo tiene sentido si la cantidad final de dinero es mayor que la inicial, de modo que impone una dinámica expansiva del valor de cambio. En segundo lugar, para Weber, la raíz de esta tendencia es religiosa: la compulsión puritana al trabajo como medio para glorificar a Dios y lograr la certeza de estar entre los elegidos. Esta compulsión, que se complementa con la austeridad y el ahorro, y por tanto la reinversión en lugar del consumo ostentoso, implica una nueva concepción del tiempo (todo minuto restado a la glorificación del Señor es censurable) y está vinculada a la idea de que el ser humano continúa con su trabajo la obra creadora de Dios, en lo que se ha llamado “el octavo día de la creación”. En tercer lugar, la antropología dominante en el liberalismo supone que el ser humano aspira siempre a más, que su tendencia es a la maximización de sus utilidades. Esta antropología hunde sus raíces en el individualismo posesivo alumbrado por la modernidad.

La historia muestra que la tendencia maximizadora del producto supuesta por el liberalismo no es universal, y por ende no se puede considerar una tendencia inherente al ser humano. Los seres humanos prefieren a veces sacrificar la producción al ocio. O prefieren preservar la cohesión comunitaria aun a costa de renunciar a aumentar la producción de bienes. Es cierto que la ambición ilimitada ha existido desde hace miles de años, en circunstancias históricas y geográficas muy diversas, como ilustran las pirámides de los faraones egipcios de hace 4 o 5 mil años, por poner un ejemplo. Pero la observación histórico-antropológica indica más bien la coexistencia en el alma humana de tendencias diversas que afloran y se desarrollan en función de circunstancias distintas. Una elaboración interesante de esta idea es la del antropólogo norteamericano Alan Fiske (1991), que distingue cuatro modalidades típicas de conducta: community sharing, equality matching, authority ranking y market pricing, o sea comunidad, igualdad, jerarquía y mercado. Sus estudios empíricos revelan que los cuatro modos de conducta social están potencialmente presentes en los seres humanos de cualquier sociedad, pero en cada sociedad (y en cada época) una o varias de las cuatro adquieren preponderancia.

Esto no significa que las demás desaparezcan, de hecho se pueden detectar manifestaciones de las mismas en una misma sociedad. Así, en una sociedad capitalista actual predomina el mercado en muchas actividades, pero en las relaciones con los amigos hallamos conductas igualitarias, en la actividad empresarial o familiar respetamos las jerarquías y en las labores domésticas que hacemos para servirnos los unos a los otros actuamos según principios comunitarios.

Un enfoque modular como el de Fiske –que también han desarrollado otros autores, con categorías parecidas, como el economista español David Anisi— permite una comprensión más matizada y completa de las conductas humanas que otros enfoques más monistas y, en particular, tiene una clara intención crítica contra la antropología individualista y utilitarista liberal. Pero me refiero aquí a esta cuestión sin intención de entrar a fondo en el tema, sino sólo de dejar constancia de argumentos apreciables que ponen en jaque la visión liberal individualista del problema. En todo caso, y sea cuál sea la explicación antropológica que pueda invocarse, admitiremos como dato factual que la tendencia maximizadora es poderosa en el capitalismo industrial y se ha convertido en la tendencia dominante en las conductas económicas.

Expansión económica y desarrollos científicos

Esta tendencia expansiva de la economía moderna, sean cuales sean sus raíces, coincidió en el siglo XIX con desarrollos científico-técnicos que pusieron a punto técnicas muy potentes de dominación de las fuerzas naturales y que se combinaron con una filosofía del poder, del poder humano sobre la naturaleza, cuyos profetas iniciales más reconocidos han sido Francis Bacon y René Descartes. Pero su plasmación sociotécnica tal como la conocemos no habría sido posible sin el aprovechamiento masivo de fuentes de energía fácilmente disponibles.

El descubrimiento de la energía fósil del carbón, y luego del petróleo y el gas, junto con la invención de técnicas para aprovecharlas, fue el desencadenante de la revolución energética que es la base de la revolución industrial, o termoindustrial, según la expresión del suizo Jacques Grinewald. Estas fuentes de energía se podían obtener a un coste muy bajo en trabajo y en dinero, de modo que permitieron una inyección desmesurada de energía en el sistema productivo. Los efectos de esa inyección han sido varios:
– Obtener minerales del subsuelo, incluso a grandes profundidades, y someterlos a considerables transformaciones físico-químicas, introduciendo así en la biosfera substancias antes inexistentes: compuestos metálicos, fármacos, agroquímicos, productos químicos de uso industrial, etc. Algunos de ellos influyen positivamente en el bienestar humano, sobre todo los fármacos. La mayoría de esas substancias son contaminantes.
– Expandir el transporte por tierra, mar y aire, y así redimensionar espacio y tiempo. El espacio se reduce y el tiempo se dilata logrando contener más actividades humanas.
– Aumentar la productividad del trabajo humano sustituyendo la energía somática humana por energía exosomática sobre todo fósil. Esto libera también tiempo (aunque a veces sólo potencialmente) y además proporciona una plétora de objetos y servicios producidos por el ser humano.
– Multiplicar la productividad y la producción agrícola y ganadera, rompiendo –al menos a corto plazo— la maldición maltusiana y haciendo posible, junto con los progresos en higiene, medicina y farmacología, un enorme crecimiento de la población humana, que pasa de los 900 millones en 1800 a los 6.500 millones en 2000.

Como consecuencia de los dos últimos factores, reducir el coste económico de los productos de la industria y la agricultura y hacerlos accesibles a mucha más gente. En la segunda mitad del siglo XX esto dará lugar al consumo de masas y al nivel de impacto ecológico más elevado de la historia humana.

La demanda

Este crecimiento de las magnitudes de la actividad económica no puede autosostenerse sin un crecimiento paralelo de la demanda que dé salida a la plétora de mercancías lanzadas al mercado. Este aumento de la demanda toma la forma de génesis incesante de nuevos deseos y nuevas necesidades, tanto entre las minorías acomodadas de los países ricos y pobres como entre la población en general de los países ricos, y a una progresiva expansión de la capacidad adquisitiva de las masas en algunos países “emergentes”.

La génesis de nuevas necesidades no puede entenderse sin tomar en consideración una historia previa, multisecular, de progresos en el refinamiento de los sentidos y las costumbres de los seres humanos. Estos progresos siguen a veces a la aparición de nuevas técnicas que ahorran esfuerzo y tiempo de trabajo, que mejoran la alimentación y la higiene, que permiten combatir más eficazmente la enfermedad y el dolor, alargando la vida, que activan y multiplican las capacidades sensoriales, intelectuales y artísticas de las gentes (como la imprenta y la fotografía). En la Europa moderna, en los dos o tres siglos que precedieron a la plena eclosión del industrialismo, esta historia de refinamiento dio frutos notables y preparó a la población a la posterior explosión de las necesidades que la industria y la producción masiva hicieron posible en el siglo XX. La fe en el progreso se alimentó durante siglos de esta notable evolución de las costumbres, que proporcionaba una imagen tangible de la posibilidad de transformar el marco material de la vida humana y de mejorar substancialmente el bienestar humano.

No es cierto que el consumidor sea soberano como pretende la economía estándar. Hay muchas razones para pensar lo contrario. Es la producción la que determina el consumo y la apetencia del consumo. No puede haber apetencia de pan y vino antes de que existan el pan y el vino –que son productos de la industria humana y no alimentos naturales–. Esto siempre ha sido así. Pero lo es todavía más en la era de la gran industria, en que las necesidades más básicas están satisfechas para la mayoría de la población y las nuevas necesidades que emergen requieren una ampliación, un aprendizaje y un cultivo del deseo. La gran industria ha desarrollado mecanismos para fomentar el deseo de nuevos productos para poder abrir mercados a esos nuevos productos: la venta a plazos, los reclamos comerciales (mal llamados “publicidad”). Pero hay mecanismos más sutiles que fomentan la necesidad y la demanda incesante de objetos nuevos.

Uno de ellos es la mentalidad fáustica del hombre moderno, seducido narcisísticamente por la potencia que la especie humana ha sido capaz de desarrollar, el poder sobre las
cosas, la victoria sobre las limitaciones naturales, la capacidad para embridar muchas fuerzas naturales y ponerlas al servicio de la especie humana, los avances en facilidad y comodidad, etc. Esta mentalidad impregna nuestra civilización y se expande con éxito por el resto del mundo. De hecho, asistimos a una occidentalización de la humanidad entera, que abraza con entusiasmo los valores occidentales y su filosofía de la dominación.

Otro mecanismo de expansión de las necesidades es el mimetismo social. En nuestra búsqueda permanente de reconocimiento de los demás y de integración en nuestro entorno social, sujetamos nuestras conductas a las pautas dominantes como señal de inserción y de aceptación. “No ser menos que el vecino”, que se resuelve habitualmente en “no tener menos que el vecino”, es un principio de conducta casi universal, sobre todo en sociedades donde el tener es señal de autorrealización personal. Es por eso que las modalidades del consumo tienden a homogeneizarse con gran rapidez y pregnancia –aunque es esencial especificar a este respecto que el nivel adquisitivo que sirve de referencia en primer lugar no es el nivel medio de la sociedad de que se trate, sino el nivel de la clase social o estrato al que cada persona o familia cree pertenecer–. La autoestima es la otra cara del reconocimiento que actúa en las decisiones de consumo. El mimetismo social resulta de la búsqueda generalizada de reconocimiento, sentido de pertenencia y autoestima. En sociedades tan dinámicas y con tanta movilidad vertical potencial, además, el punto de referencia no lo establecen “los iguales” solamente sino también los privilegiados, que con sus niveles adquisitivos superiores, marcan una aspiración que tiende a generalizarse más allá de las fronteras de clase e imprimen a las aspiraciones de todos una dinámica en espiral, pues si los menos ricos aspiran a tener y consumir como los más ricos, éstos buscan y han buscado siempre a lo largo de la historia la distinción, que requiere signos visibles que señalen la supuesta superioridad y excelencia de estos oligoi y aristoi. En busca de la distinción de clase, las minorías privilegiadas imprimen a su tener y consumir una nueva vuelta de tuerca para “guardar las distancias”, y colocan su nivel de vida unos escalones más arriba. De esta manera, el aumento del consumo en la sociedad de masas se autoalimenta sin cesar.

Los más ricos sofistican su tren de vida definiendo para toda la sociedad niveles más altos de lo que se considera deseable, mientras los menos ricos corren sin cesar en una carrera frustrante en la que lo que se consigue no tarda en quedar devaluado. Hay numerosas encuestas que muestran la insaciabilidad de las gentes en contextos de este tipo.

Las necesidades instrumentales

Pero el crecimiento permanente de las necesidades y demandas no responde sólo a este tipo de factores psicosociales. Obedece también a necesidades instrumentales. Entiendo por tales las que se refieren a los medios instrumentales que hacen posible acceder a los bienes necesarios. Si necesito la legumbre como bien de consumo final, necesitaré también el campo de cultivo, las actividades agrícolas y las herramientas que hacen posible disponer de esta legumbre. Este concepto amplía el concepto más habitual de “necesidad”, que suele aplicarse sólo a las necesidades finales, y remite al entero metabolismo entre especie humana y naturaleza. Reúne en una sola y misma consideración la producción y el consumo, dos caras inseparables del metabolismo socionatural.

Desde el prisma de las necesidades instrumentales, la explosión de las necesidades aparece con todo su grosor. Un rasgo prominente de la actual sociedad industrial opulenta es una muy adelantada división del trabajo que interpone entre los productores de cada objeto y sus consumidores complejísimos conjuntos de actividades que complican enormemente el metabolismo socionatural. No sólo los artículos técnicamente sofisticados como el ordenador o el teléfono móvil requieren secuencias interminables de procesos minero-industriales y de transporte, sino que también para satisfacer necesidades elementales como el agua dependemos de complejos sistemas reticulares que articulan puntos –muy alejados entre sí— de captación del agua, almacenamiento, depuración, transporte y distribución hasta los grifos domésticos. Y para que el pan llegue a nuestras mesas intervienen tractores, agroquímicos, fertilizantes (fabricados todos ellos a muchos kilómetros del campo de cultivo), fábricas de harina, hornos, transportistas y distribuidores. Dicho con otras palabras: el metabolismo socionatural de hoy interpone entre ser humano y medio natural unos complicados sistemas de producción y transporte que consumen grandes cantidades de materiales y energía y generan grandes cantidades de contaminantes. Este metabolismo tiene que ver con las técnicas que se han desarrollado en la moderna civilización termoindustrial, pero también con el tipo de organización socioeconómica (la capitalista) cuya fuerza impulsora es la búsqueda del máximo beneficio crematístico. La crisis ecológica mundial se puede describir, pues, como el resultado de un metabolismo hipertrofiado y enfermizo cuyos impactos ambientales no guardan proporción con el consumo y el bienestar finales alcanzados.

Reflexión final

El sistema de necesidades hoy dominante y en expansión en el mundo no cambiará si no cambia substancialmente el tipo de metabolismo socionatural. Esto sólo será posible si se aproximan en el espacio producción y consumo, o sea, si se reorganiza la vida humana en comunidades más autosuficientes y de escala menor, con formas de agricultura más ecológicas, con energías renovables captadas y aprovechadas a escala local, con técnicas “amigas de la Tierra” que substituyan las técnicas depredadoras hoy dominantes. En conjunto, se trata de simplificar el metabolismo socionatural hasta lograr niveles de bienestar suficientes minimizando el impacto humano sobre la biosfera. Este objetivo es inseparable de la tarea de liberar las fuerzas productivas de la dinámica acumulativa capitalista poniéndolas al servicio de unas necesidades más frugales.

En la esfera subjetiva y cultural, un tipo así de metabolismo simplificado requeriría una cultura de la suficiencia y un ataque frontal a la mentalidad adquisitiva y acumulativa hoy predominante. Esto exige redefinir prioridades y valores que den preferencia a lo simple y al respeto por el medio natural, que recuperen una noción del tiempo más sensata, que reequilibren esperanzas y posibilidades. Es fundamental comprender la importancia de las necesidades psicosociales de reconocimiento, autoestima, pertenencia comunitaria y seguridad como condiciones del bienestar. La civilización adquisitiva y posesiva actual asocia la satisfacción de esas necesidades con el mundo de objetos que nos inunda. Los signos de prosperidad material se erigen en símbolos de logro vital, de éxito, en condiciones necesarias para lograr el reconocimiento de los demás. Una nueva civilización de la suficiencia debe conseguir que las personas logren ese reconocimiento con una “mochila” de bienes mucho más austera y frugal. Esto es posible, aunque difícil, puesto que nos hemos acostumbrado a una plétora desbordante de cosas, de movilidad, de comodidades, a las que es duro renunciar. Es la tarea principal de la reforma moral que la crisis ecológica de hoy exige.

Guía para una sociedad matriarcal y ecofeminista

María Llopis








“Los seres humanos serán más felices no cuando descubran la cura para le cáncer, lleguen a Marte, eliminen los prejuicios raciales o drenen el lago Erie, sino cuando encuentren la manera de volver a vivir en comunidades primitivas. Esa es mi utopía.”

Kurt Vonnegut, hijo.


Las sociedades matriarcales no son el simple recuerdo de un pasado mejor y que jamás ha de volver al que hacen referencia feminismos nostálgicos. Las sociedades matriarcales son una realidad de nuestros días, como lo demuestra la existencia de los Mosuo, una sociedad matriarcal situada en torno al lago Lugu, que se encuentra entre las provincias de Yunnan y Sichuan, en el sudoeste de China. En la actualidad cuenta con unas 56.000 personas. O los cuatro millones de Minangkabau que viven en Sumatra Occidental.

Esta guía pretende trazar una serie de reglas básicas para matriarcalizar nuestras vidas. Son tiempos estos de revolución, y el sistema patriarcal capitalista es a todas luces insostenible. Matriarcado o muerte.

1.- La unidad familiar se articula en torno a las madres.

La matriarca es elegida entre los miembros de la familia. Hijos, sobrinos, abuelos y primos viven bajo el mismo techo. Los hijos que vienen se quedan a vivir en la casa materna y son criados entre todos. Así que para tener una familia no necesitas ir a buscar a un extraño, tu familia estará siempre ahí para ti, independientemente de las relaciones amorosas que tengas en tu vida. 

“Las personas no deberían casarse, porque el amor es como las estaciones, viene y va.” Yang Erche Namu (Mujer mosuo)

En la actualidad nuestras unidades familiares son catastróficas, precisamente porque se articulan en torno al amor romántico. En este sentido, el matrimonio concertado es una opción más sincera y eficaz de organización social, si nos ponemos reformistas. El objetivo sería establecer núcleos familiares que no tuvieran como base el amor romántico o la pasión sexual.

La familia matriarcal es incompatible con el matrimonio, todos sus integrantes son consanguíneos. Y la sexualidad nunca funda un hogar. Para practicarla debe ir fuera de sus límites. Esto les da la libertad de enamorarse sin correr el peligro de que, si les va mal, pierdan amor y familia al mismo tiempo.

2.- Un cuarto propio.

Las muchachas Mosuo, a la edad de 13 o 14 años, acceden a un cuarto propio. Es una habitación que tiene acceso al interior de la vivienda común pero también tiene una segunda puerta que da al exterior. Las muchachas tienen autonomía total a la hora de decidir quien entra en esa habitación. La única regla es que sus invitados deben marcharse antes del amanecer. Pueden traer a distintos amantes cada noche, o tener siempre el mismo. No se espera ningún tipo de compromiso y los hijos que pudieran concebir serán criados en la casa de sus madres, con la ayuda de la comunidad.

Así que la primera regla para una sociedad matriarcal sería el poder disponer de un cuarto propio, como ya dijo Virginia Wolf. Pero un cuarto propio en el que las mujeres (y por lo tanto los hombres, y todo aquel que no se identifique con uno u otro sexo) puedan follar con tantas personas como quieran.

Ese cuarto propio se llama Babahuago en la cultura Mosuo y quiere decir cuarto de las flores.

3.- Ellas lo hacen mejor.

En las sociedades matriarcales, el trabajo es la responsabilidad de las mujeres. Hay una frase que se repite en las entrevistas que leo sobre los Mosuo, y es: Ellas lo hacen mejor. Las mujeres trabajan mejor, porque su interés no es la acumulación de capital sino el bienestar de las criaturas y de toda la comunidad. 

4.- Paternidad múltiple.

Entre los Mosuo, se considera que los hombres tienen responsabilidades paternas no para con los niños que pudieran engendrar en sus visitas a los cuartos de las flores, sino para con los hijos de sus hermanas. La aportación paterna está desligada de la paternidad biológica. En la lengua de los Mosuo, Awu significa tanto padre como tío. 

De hecho, los hijos de tus hermanas son hijos de tu misma sangre, es la única paternidad biológica certera que no supone un control de la sexualidad de la mujer. No es posible saber quien es tu hijo biológico si no hay un acuerdo previo de fidelidad.

“Cuando Paul Le Jeune, misionero jesuita del siglo XVII, semoneó a un indio montañes del Canadá sobre los peligros de la infidelidad desenfrenada que el jesuita había observado, recibió en respuesta una lección de paternidad bien entendida. Recordaba el religioso: Le dije que era deshonroso que una mujer amara a otro que no fuera su marido, y que, habiéndose extendido entre ellos este mal, él mismo no podía estar seguro de que su hijo, que estaba presente, fuera su hijo. Él me contestó: “Dices necedades. Vosotros los franceses sólo amáis a vuestros hijos; pero nosotros amamos a todos los hijos de nuestra tribu”.

En el principio era el sexo: Los orígenes de la sexualidad moderna.
Christopher Ryan y Cacilda Jethá.
Paidós. Barcelona 2012.

La base de la sociedad patriarcal es ese control de la sexualidad de la mujer, para que ellos se aseguren la paternidad y así poder dejarles en herencia sus bienes. Cuando las sociedades humanas empezaron a cultivar la tierra y a tener animales domésticos, se creó un nuevo orden social con estructuras de poder jerárquicas, propiedad privada y un cambio radical del estatus de la mujer, que pasó a estar a disposición sexual y reproductivamente del hombre. 

Pero este tipo de organización social empezó 8.000 años antes de Cristo, y teniendo en cuenta que los humanos anatómicamente modernos existen desde hace no menos de 200.000 años, hace que ese tiempo se como mucho un 5% de la experiencia colectiva. No es tanto. No lo aceptemos como la única realidad posible, es un invento reciente que funciona fatal.

Allá donde la paternidad no importa mucho, los hombres tienden a despreocuparse de la fidelidad sexual de las mujeres.

5.- Rechazo a la agresividad y gobierno consensuado.

El jefe de cada aldea es un hombre elegido por la comunidad. Una de sus principales funciones es mediar entre vecinos. Ser agresivos, tanto fuera como dentro de la comunidad, los deshonra. La violencia genera rechazo. Cualquier reacción desmedida, especialmente el uso de la fuerza, es mal vista. Lo que en nuestro mundo puede verse como valentía o virilidad, a ellos les resulta intolerable. El término exacto es que los avergüenza. Es por eso que recurren al jefe de la aldea para que imponga su autoridad a tiempo, antes de que las disputas se compliquen. 

Los Minangkabau sostienen que no es posible el gobierno, ni de hombres ni de mujeres, ya que la toma de decisiones ha de ser consensual. 

Los Mosuo sostienen que los hombres tienen capacidad para tomar las grandes decisiones. Ellas manejan la hacienda, la vida en la propiedad y administran el dinero. Pero tomar grandes decisiones como construir algo que la familia necesita, vender un animal o emprender un viaje no es algo a lo que sean proclives. Es difícil de entender, pero a las grandes decisiones no las consideran importantes.

6.- Los hombres tienen que llevar gorra. 

En la puerta que da al exterior de los cuartos de las flores hay un gancho que sirve para que el visitante de esa noche deje su gorra. Así se sabe que este cuarto está ya ocupado. Supongo que si quieres más de un visitante, basta con esconder las gorras. O si esa noche no quieres visita puedes coger una vieja gorra y colgarla en el gancho. Esto son especulaciones mías. De todas formas los encuentros se concretan durante el día.

Siempre he tendió un fetiche sexual con las gorras. Los grandes amantes y amores de mi vida han llevado gorra. Quiero pensar que es un guiño de mi inconsciente al matriarcado.

7.- El respeto a la libertad individual y el rechazo social a los celos.

La costumbre prohibe que en el hogar familiar se hable de amor o de relaciones románticas para así evitar conflictos y celos. Se espera de todo el mundo una discreción extrema. De igual forma que cada persona puede tener las relaciones que quiera, se espera que se respete la intimidad de los demás. 

Manifestar celos abiertamente se considera agresivo por lo que implica de intrusión en la sagrada autonomía de otra persona, y en consecuencia, merece ser objeto de burla y escarnio.

“En la ceremonia nupcial de los canela, los novios se tumban en una estera, cada uno con los brazos bajo la cabeza del otro, y con las piernas entrelazadas. Luego da un paso al frente el hermano de la madre de cada contrayente y advierte a la novia y a su nuevo marido que permanezcan juntos hasta que esté crecido el último de sus hijos, y les recuerdan específicamente que no han de tener celos de los amantes del otro.”

Sarah Blaffer Hrdy.

8.- La relaciones Açia, traducidas como “matrimonio andante”.

La mecánica de las relaciones Açia en la cultura Mosuo se caracteriza por un respeto reverencial a la autonomía de cada individuo independientemente de su sexo. Todos tienen la libertad de tener tantas relaciones como quieran y la relación dura mientras las personas lo quieran. Pueden tenerse varias relaciones Açia al mismo tiempo ya sea por una noche o por un periodo largo. Un voto de fidelidad sería considerado improcedente, como un intento de negociación o intercambio. 

9. El bienestar de las criaturas como base de la sociedad.

Las mujeres Mosuo dan a luz y se quedan con su hijo durante un año más o menos. Después vuelven al trabajo y la abuela y las tías se ocupan de los cuidados de la criatura. El bienestar de las criaturas es el eje fundamental de la organización social. Se tiende a pensar que un matriarcado vendría a ser lo contrario que el patriarcado: en vez de ser las mujeres las oprimidas, serían los hombres. Nada más lejos de la realidad, es la crianza la prioridad de la sociedades matriarcales.

10.- Ecología.

Los Mosuo veneran el lago Lugu como Diosa Madre, mientras que la montaña que se eleva sobre él, Ganmo, es respetada como Diosa del Amor. La filosofía social de los Minangkabau, en Sumatra, merece nuestra atención por el énfasis que coloca en conseguir el equilibrio con la naturaleza y resolver las diferencias entre las personas.

Casilda Rodrigáñez, en su libro La sexualidad y el funcionamiento de la dominación, nos dice:

“Las relaciones de dominación son una plaga, un veneno mortal, una peste que ha invadido la Tierra y que poco a poco va acabando con sus ecosistemas, empezando por el humano. El ser humano está destruyendo el ecosistema de toda la Tierra en la medida en que ha destruido el suyo propio. No es casualidad que las sociedades que vivían según las cualidades innatas humanas, vivían también en armonía con la madre Tierra.”

Así que represión de la sexualidad, patriarcado capitalista y la destrucción de la Tierra van de la mano.

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*Cuando hablo de mujeres y hombres en esta guía quiero señalar que me refiero tanto a bio hombres y bio mujeres como a personas que transitan entre géneros y que se han apropiado de la definición de hombre y mujer libremente.

Entrevista a María Llopis

Pregunta.- ¿Qué significa para ti el concepto de maternidad subversiva?

Respuesta.- Una maternidad subversiva es aquella que cuestiona el embarazo, el parto y la crianza en nuestra sociedad. También el aborto, voluntario o espontáneo (pérdida involuntaria del embarazo). Tenemos por una parte el tabú de la maternidad como estadio sexual del cuerpo. Hay mujeres que se corren al dar a luz. He tenido la suerte de estar en talleres de parto orgásmico en Canadá y también existe un documental en EEUU sobre el tema. He conocido a varias mujeres que disfrutaron de un parto orgásmico ellas mismas. También es posible tener orgasmos con la lactancia materna. Y el embarazo es, para una gran mayoría de mujeres, una época de sus vidas fuertemente sexual. Yo quiero pelear contra esa desexualización de la maternidad, porque me parece que es la única manera de empoderarnos. Me parece subversivo hacerlo y es cargarse un sistema patriarcal que nos desposee de nuestros propios cuerpos y de nuestro placer. Por otra parte hay que tener en cuenta el factor económico en todo lo relativo a la maternidad, como muy bien señala la feminista sevillana Alicia Murillo: "La maternidad en este país es un sistema legal de esclavitud. Las madres y cuidadoras queremos cotizar y cobrar, porque nuestro esfuerzo constituye, por ejemplo en Andalucía, mucho más del 30% del PIB. Eso es maternidad subversiva." 
P.- ¿Cuál es tu opinión sobre cómo se trata el embarazo y el parto en el sistema biomédico?
R.- Se llama violencia obstétrica. La medicina actual infantiliza a las mujeres, en los hospitales de nuestro país se realizan de forma habitual prácticas que están prohibidas por la Organización Mundial de la Salud, como la maniobra de Kristeller. El número de cesáreas es también demasiado alto, y la OMS ha avisado varias veces a España de ello. El parto es medicalizado al extremo de forma que se empieza con la inducción, se sigue con la oxitocina, epidural, Kristeller... y ventosa o fórceps si no acabas en cesárea.

P.- ¿Por qué la maternidad puede ser una forma de posicionamiento o de lucha política?

R.- Para mí la pregunta más bien sería: ¿cómo no va a serlo? La maternidad es un campo en el que hemos sido y seguimos siendo, esclavizadas, maltratadas y abusadas. Urge reapropiarnos de nuestros partos, de nuestro placer y nuestra sexualidad.

P.- La sexualidad, el embarazo, el parto y la maternidad son algo estrechamente conectados ¿por qué crees que el sistema se empeña tanto en separarlos?

R.- Porque el sexo es todavía un gran tabú. Recuerdo a una amiga comadrona que me contaba como en el hospital, cuando las mujeres aullaban en el parto, los médico se iban poniendo más y más técnicos ("dilatación de x centímetros", "se observa un tono rosáceo en la zona x"…). Estaban muertos de la vergüenza e incapaces de asumir que esos gritos eran gritos sexuales. Hay una fuerte desconexión con el útero, que es una fuente de placer y vida. Esté en el cuerpo de una mujer o en el de un hombre... (creo que debemos tener en cuenta también la maternidades transexuales). Esa desconexión con nuestros úteros es la base del sistema patriarcal.

P.- ¿Por qué hay tan poca reflexión en torno a la maternidad en los espacios militantes y alternativos?

R.- ¡Porque sigue siendo un tabú también en esos espacios! Como lo era la pornografía hace unos años, aunque en este caso las cosas han cambiado con el postporno.

P.- ¿Qué opciones hay hoy en día si no se quiere criar y parir a un hijo siguiendo los dictados del sistema?

R.- Parir en casa es una opción, aunque en este país es carísimo. En países como Holanda el estado te pone una comadrona en casa y si quieres parir en el hospital sin que haya una razón médica para ello, te lo tienes que pagar tú. Por supuesto es el país con los mejores índices de partos llegados a buen término. En países como Reino Unido, puedes optar tanto a parir en el hospital como en casa, y ambos están cubiertos por la seguridad social. Durante el embarazo es muy importante también huir de una serie de pruebas innecesarias e invasivas, ya que existen opciones más respetuosas con nuestros cuerpos. Como por ejemplo la prueba del azúcar, que puede solucionarse con un pinchazo en el dedo en lugar de tragarte medio kilo de azúcar. O las alternativas a la amniocentésis, que tiene un riesgo de aborto del 1%, como el análisis de sangre (se realiza en laboratorio privado) o la ecografía morfológica. ¡A nivel de crianza es muy difícil! En los días, semanas y yo diría que hasta meses si estás haciendo lactancia materna, la mujer está drogada de hormonas hasta arriba y vive un estado extásico total. Claro, si se tiene que ocupar del mundo material, sale pronto del globazo. En esta cultura se pretende que funcionemos como si aquí no hubieses pasado nada, como si el niño lo hubiese traído la cigüeña. Hay muy poco respeto al cuerpo de la mujer.

Periódico CNT nº 409 - Marzo 2014

Nosotros, los detritívoros (síntesis)

Manuel Casal Lodeiro - Ecopolítica

La arrogante desmesura (hybris) del homo colossus nos lleva directamente a un cuello de botella evolutivo que puede suponer la extinción de nuestra especie o, cuando menos, una drástica reducción del número de seres humanos sobre la faz de la tierra. 

El detritus del que nos alimentamos no es otro que los tesoros energéticos fósiles (primero el carbón, después el petróleo y el gas natural) que nuestra especie aprendió a explotar y que han permitido que en un intervalo de tan solo doscientos años multiplicásemos por siete la población mundial, que se había mantenido hasta el siglo XIX por debajo del millardo de personas.

La correlación entre un crecimiento demográfico exponencial y el consumo total de energía es absoluta. De hecho, podemos incluso calcular de dónde han salido tantos seres humanos en términos físico-químicos: las moléculas de nitrógeno contenidas en los cuerpos de los seres humanos que actualmente poblamos la Tierra —en forma de ADN y aminoácidos que forman los tejidos de nuestra masa muscular, por ejemplo— proceden en un 50% del gas natural, principalmente metano, convertido en fertilizantes nitrogenados y estos, a su vez, en alimentos vegetales y animales a través de la industrialización agrícola-ganadera.

Ha sido esta disponibilidad, primero de carbón pero principalmente de metano y de petróleo —es decir energía solar prehistórica almacenada en forma química a lo largo de millones de años—, la que nos ha permitido ampliar la capacidad del planeta para albergar humanos. La llamada Revolución Verde bien podía haberse denominado más propiamente Revolución Negra, tanto por el color del petróleo que la hizo posible como por el futuro al cual nos estaba condenando como especie. En pocas décadas cientos de miles de tractores, cosechadoras y otra maquinaria agrícola se extendieron por el mundo, miles de toneladas de fertilizantes sintéticos fueron introducidos en tierras esquilmadas, millones de vehículos de trasporte, cientos de industrias de procesado y distribución alimentaria, cadenas de supermercados y centros comerciales se convirtieron en el mecanismo creado por nuestra civilización para explotar esa energía fósil y convertirla en alimento para más y más seres humanos.

En pocas décadas cientos de miles de tractores, cosechadoras y otra maquinaria agrícola se extendieron por el mundo, miles de toneladas de fertilizantes sintéticos fueron introducidos en tierras esquilmadas, millones de vehículos de trasporte, cientos de industrias de procesado y distribución alimentaria, cadenas de supermercados y centros comerciales se convirtieron en el mecanismo creado por nuestra civilización para explotar esa energía fósil y convertirla en alimento para más y más seres humano Por supuesto todo ello fue facilitado por un sistema económico y social orientado al beneficio privado a corto plazo y embarcado en un aparentemente imparable crecimiento económico.
El petróleo primero y después el gas natural, iban a llegar sin tardar mucho a su máximo nivel de extracción y a partir de ahí disminuiría su disponibilidad con lo que todo el sistema industrial montado sobre esa base, incluido el sistema agroalimentario, se derrumbaría. Es lo que hoy conocemos como peak oil, peak gas, peak coal... y muchos otros picos o más bien techos de extracción de recursos finitos energéticos y materiales.

En mi opinión la mejor comparación del caso humano sería la de las levaduras en una botella de mosto, reproduciéndose imparables a base de consumir azúcar y excretar alcohol y CO2 hasta que perecen por falta de alimento y exceso de residuos en un entorno del que no pueden escapar: la botella.

Sin los fertilizantes sintéticos faltaría el nitrógeno para la mitad de los cuerpos humanos existentes: de ahí podemos derivar que cuando aquellos dejen de estar disponibles por falta de gas natural, no podrán existir más de 3.500 millones de habitantes por imposibilidad de reunir las moléculas de N necesarias.

El previsible colapso de la civilización industrial asociado a la caída en los recursos energéticos fósiles disponibles muy probablemente tendrá consecuencias que impacten directa y negativamente en el nivel demográfico: guerras por los últimos recursos (sean estos energía, materias primas, agua, tierra fértil...), conflictividad social, deterioro de las condiciones de vida, catástrofes industriales debido a la falta de mantenimiento y de materiales de repuesto con graves repercusiones ambientales y en la salud para millones de personas.

Después del colapso es posible que esta base de recursos no recupere el nivel que permitió al planeta soportar mil millones de humanos... O incluso puede que no se recupere nunca o quede dañado por siglos a causa de la contaminación persistente, la pérdida del suelo fértil, el cambio climático y otros factores destructivos de origen antropogénico. Algunos autores, teniendo en cuenta el efecto del declinar de los combustibles fósiles, dan diversas cifras: p.ej. Dale Allen Pfeiffer apunta a los dos mil millones como cifra sostenible y advierte de que en la década de 2010-2020 veremos “hambrunas como nunca antes ha experimentado la especie humana”.

Para el escenario más realista de agotamiento de los combustibles fósiles— que hay un gran riesgo de que la población mundial caiga un total de 3.200 millones de personas en los próximos 50 años, lo cual nos situaría en torno a 2060 por debajo de los cuatro mil millones.”

La cuestión mencionada de la distribución de la población por los diversos puntos de la geografía terrestre se verá sin duda profundamente afectada por el profundo —y ya en buena medida inevitable— cambio del clima provocado precisamente por nuestra especie. Así, veremos una modificación mayor o menor en el conjunto de tierras cultivables y en la hidrología, lo cual repercutirá en definitiva sobre la superficie total y la distribución de las tierras habitables por el ser humano. Veremos el avance de los desiertos, que eliminarán tierras fértiles, al tiempo que otras tierras hasta ahora inhóspitas debido al clima, se abrirán para el cultivo y la vida humana (estepas siberianas, p.ej.) Esto implicará una tendencia hacia amplísimos movimientos de población que se sumarán a los provocados por el aumento del nivel del mar y el progresivo colapso de la vida en los océanos debido a su acidificación y al agotamiento de los caladeros de pesca, que reducirán la capacidad de las zonas costeras para soportar sus actuales niveles de población. El efecto neto previsible, según apunta una abrumadora mayoría de informes al respecto, será negativo en cuanto a la capacidad del planeta para albergar vida humana.

¿Cabe esperar, con la distribución actual del poder dentro de cada país y entre el conjunto de países, y teniendo en cuenta la trampa cultural en la que estamos metidos como especie, que se tomen las medidas necesarias para reducir aquí y ahora el consumo con el objetivo de mantener aquí y allí la población el día de mañana?

No existe ningún precedente en la historia humana del nivel de coordinación y generoso sacrificio que sería necesario para realizar semejante reducción de manera equilibrada y justa entre países; por contra, sobran los ejemplos históricos de mantenimiento del bienestar de unos a expensas de la explotación, de privación, saqueo e incluso exterminio de otros. «Si lo único que limita al final el crecimiento de las poblaciones es la miseria, entonces la población crecerá hasta que sea tan miserable que deje de crecer».

La falta de alimento será un obvio jinete de este apocalipsis autoinducido, como ya apunté anteriormente, al dejar de ser viable la agroindustria intensiva actual fósil dependiente, que básicamente consiste en “usar la tierra para convertir petróleo en alimento”.

La historia nos dice que las guerras por los recursos son un factor que nuestra violenta especie difícilmente va a evitar. El deterioro general de las condiciones de vida también implicará un aumento de muertes difícil de cuantificar a priori; los efectos de la contaminación serán sin duda decisivos en esa caída poblacional, por medio de una extensión de los cánceres, problemas hormonales, intoxicaciones y todo tipo de enfermedades de origen ambiental, así como por el deterioro de los servicios de saneamiento y agua potable —principalmente en las ciudades— así como de los servicios médicos. El cambio climático será una vía indirecta en la que nuestros residuos —en este caso los gases de efecto invernadero— deteriorarán la capacidad del planeta para soportar a nuestra especie: reducción de los territorios habitables, carencia de agua potable, incremento de la frecuencia y extensión de los incendios forestales unidos a fenómenos meteorológicos extremos, pérdida de biodiversidad, destrucción de ecosistemas, problemas para el cultivo de especies de valor agrícola...

Accidentes en instalaciones como presas hidroeléctricas o centrales nucleares31, debidos a fenómenos atmosféricos, movimientos sísmicos, tormentas geomagnéticas de origen solar o al simple deterioro por envejecimiento de las estructuras no compensado con un mantenimiento que cada vez será más costoso en términos económicos y energéticos. A esto podríamos añadir los accidentes en sistemas de trasporte masivo de viajeros: trenes, barcos, aviones... debidos también a un mantenimiento cada vez más costoso de realizar.

Sin embargo, resulta muy difícil vislumbrar con realismo algo parecido a una esperanza. En cualquier caso, lo primero e impostergable debería ser reconocer la situación en sus auténticos términos, lo cual resulta impensable sin luchar contra el gigantesco y múltiple engaño que nos mantiene bloqueados en varios niveles:
Nivel político-económico. Los detentadores del poder intentan conservarlo a toda costa en este naufragio civilizatorio, y para ello necesitan mantener al resto de la población en la ignorancia el mayor tiempo posible mientras ellos continúan con el expolio de dinero y servicios públicos, el acaparamiento masivo de tierras, el control del agua y las semillas, y toda clase de las maniobras geopolíticas en torno a países exportadores de energía.

Nivel semiótico-cultural. A partir de una monstruosa propaganda llamada publicidad se ha insertado en el cerebro de la mayor parte de los siete mil millones de personas la promesa del desarrollo y mejora permanente, promoviendo valores suicidas como el consumo irracional, el individualismo y la hiperespecialización insertas en una religión tecnocientífica de influencia hegemónica.
Nivel psicológico-genético. Que ha incorporado desde la niñez la creencia de que nuestra evolución individual y colectiva nos capacita para reaccionar bien ante las amenazas pero somos incapaces de prevenir la mayor parte de ellas y en consecuencia es totalmente aleatorio que podamos enfrentarnos a situaciones desconocidas que nos cuesta imaginar.

Si no conseguimos librarnos de esos engaños (externos e internos, sociales y psicológicos) resulta ingenuo pensar en otro final de nuestra historia —el final de esta era que algunos han denominado Antropoceno—, diferente a una salida catastrófica. De modo que en principio además de reconocer este colosal error de nuestra especie, es urgente que dejemos de devorar petróleo y pasemos a consumir alimentos naturales sin gasto de energía ni de fertilizantes fósiles reduciendo drástica y masivamente nuestros hábitos de consumo. De este modo y a nivel global podrían resolverse las desigualdades materiales de los seres humanos para lograr así que el mayor número habitantes del planeta puedan satisfacer sus necesidades básicas.

Es decir que planteamos un decrecimiento democráticamente gestionado que reemplace a la política omnicida dirigida por un capitalismo salvaje en caótica descomposición,. Por supuesto hablamos de una utopía, pero una utopía imprescindible si queremos evitar nuestra extinción como especie. Por otra parte hay quienes creyendo que nuestras escasas energías no nos permitirían cambiar a tiempo nuestro rumbo actual, proponen dedicarlas más bien a construir condiciones adecuadas para los supervivientes que lograran emerger del colapso y también están los que aspiran y trabajan para que el colapso se acelere, en la esperanza de que así el daño a la biosfera sea menor y se pueda partir de una mejor base de recursos naturales para construir un nuevo mundo Puede que acabemos descubriendo, que la salida más económica puede ser simplemente no solucionar los problemas, si el costo social de hacerles frente supera los beneficios; es decir, asumir el propio colapso como salida.Existen en consecuencia una multivariedad de proyectos que aplicados a nivel local, biorregional y mundial podrían contribuir al cambio real generando espacios funcionales que la gente pueda ir ocupando cuando el derrumbe civilizatorio se convierta en inevitable e irremediable. Supongamos, por ejemplo la creación de una red de microsociedades resilientes basadas en el equilibrio con la naturaleza, en un metabolismo socioeconómico de base solar, y en una nueva/antigua cultura de respeto a la Tierra y a las generaciones que la habitarán en el futuro.

La bibliografía se puede consultar en: http://praza.com/opinion/1213/nos-os-detritivoros/ (en gallego).

Texto completo:  http://www.ecopolitica.org/index.php?option=com_content&view=article&id=155:nosotros-los-detritivoros&catid=23:econom&Itemid=69 

Entrevista a Giorgio Mosangini sobre decrecimiento

Entrevista a Giorgio Mosangini en el viejo topo nº 258

—¿A qué atribuye usted el “boom” del discurso sobre el decrecimiento?

—Tengo la sensación de que vivimos un momento en el que está aflorando en la conciencia colectiva occidental la idea de que hemos superado los límites naturales. Aunque hace ya más de veinte años que sabemos que la humanidad ha sobrepasado las capacidades de carga del planeta, el hecho permanecía reprimido, como algo que éramos incapaces de mirar de frente.

En los últimos años, en cambio, parece cada vez más difícil ocultar el carácter insostenible del proyecto occidental. El ejemplo de la crisis me parece claro al respecto. Nos dicen que vivimos una crisis que ha empezado en el ámbito financiero, por falta de liquidez, y que se ha trasladado a la economía real.

Pero, en el fondo, cada vez más gente intuye que hay algo más.

Vivimos una crisis sistémica que engloba todas las esferas de nuestra realidad: ecológica, socioeconómica, cultural, etc. Sospechamos que el origen de la crisis no es una falta de liquidez, sino todo lo contrario, un exceso de liquidez, un exceso de finanzas que, bajo el mandato del crecimiento exponencial de la economía, agotan de manera creciente unos recursos que son finitos. Así, los activos financieros han crecido por encima de las capacidades reales del planeta. Con el crecimiento, no crece la riqueza, sino que se agota la disponibilidad de los recursos y se disparan las desigualdades sociales. Sectores muy amplios de la población intuyen en este sentido que los planes de rescate sólo agravan el problema, en una huída hacia adelante que compromete aún más nuestras posibilidades de supervivencia.

La fase actual de insostenibilidad hace que vivamos un momento clave, en el que el capitalismo puede no tener futuro, y hasta la propia continuidad de la especie humana está amenazada.

Por ello, el decrecimiento irrumpe en el discurso político como un llamado de urgencia a cambiar las estructuras y valores fundamentales de nuestras sociedades si queremos sobrevivir.

El “boom” del decrecimiento probablemente también se pueda explicar en parte por la increíble habilidad del sistema de recuperar y pervertir conceptos e ideas. Los movimientos sociales y las reflexiones teóricas críticas se ven obligados a una continúa búsqueda de nuevas teorías y nuevos lemas que les permitan batallar por el significado y no dejar que el sistema se apropie de las palabras que utilizamos. El caso de la palabra “sostenibilidad” es muy significativo al respecto. Hoy en día ha perdido cualquier carga política, aunque su sentido estricto es de una radicalidad formidable si se llegara a utilizar honestamente y no digamos ya a aplicar. En este sentido, quizás el decrecimiento tenga un poco de eso también, y sea un intento más de rechazar la recuperación de la crítica por parte del sistema e intentar luchar para que nadie nos arrebate el significado de lo que queremos.

Por último, no hay que olvidar que el “boom” del decrecimiento es totalmente relativo, en el sentido de que irrumpe en un ámbito político absolutamente minoritario y estigmatizado por el sistema dominante.

—¿Cómo se sitúa usted en los debates actuales?


—Me parece que dentro del decrecimiento, tanto como corriente de pensamiento como movimiento social, todo el mundo coincide en el hecho de que no se trata de saber si habrá o no decrecimiento. Lo que está en juego es saber si tenemos por delante un escenario de colapso o si seremos capaces de materializar un proyecto político que conjugue sostenibilidad e igualdad. Otra cosa que creo que es bastante compartida es entender que el decrecimiento no propone una receta. El decrecimiento nos llama a recuperar protagonismo como comunidades políticas, recobrar espacios de autogestión ante el proyecto de mercantilización de todas las esferas de la realidad del capitalismo.

Por ello, nuestro futuro pasa por encontrar soluciones que sean sostenibles en términos ecológicos y que erradiquen las desigualdades en términos sociales en todas las escalas. De allí la importancia de la cuestión de la “relocalización” dentro del decrecimiento. No puede haber una receta, todo está por reinventar, en función de los grupos humanos y ecosistemas que consideremos. Este punto es una riqueza del decrecimiento: no se trata de un proyecto dogmático, sino de una propuesta abierta a una gran diversidad de experiencias y corrientes de transformación radical de la sociedad. Su vocación es más de paraguas de alternativas y por ello convergen en su seno personas y colectivos de muy distintas tradiciones políticas y filosóficas: ecología política, anarquismo, marxismo, feminismo, etc. Este carácter abierto es una fortaleza y una necesidad pero también me parece una debilidad en cuanto a su futuro como proyecto político. La articulación política delas ideas del decrecimiento y de los movimientos sociales que lo defienden parece muy compleja de concretar.

En este sentido, creo que todo el mundo tiene que ir trabajando bajo el paraguas del decrecimiento desde su contexto. En mi caso, mi interés por el decrecimiento radica sobre todo en su capacidad para enfrentar los modelos dominantes en la cooperación internacional. Caricaturizando un poco podríamos decir que la cooperación dominante quiere dar respuesta a la pobreza y a las carencias de los países del Sur. La cooperación desde el punto de vista del decrecimiento, en cambio, se centraría en la lucha contra las desigualdades y en el cambio de las estructuras que rigen el sistema global. Para el decrecimiento, no es cierto que el Sur no crezca o no se desarrolle. Lo hace en beneficio de los países del Norte y de las élites del Sur (lo que podríamos llamar el “Norte global”), en detrimento de los países del Sur y de las poblaciones excluidas en el Norte (lo que podríamos llamar el “Sur global”). El Norte global está usurpando ecoespacios del Sur global para mantener sus estructuras y seguir creciendo.

Por tanto, defender el decrecimiento en el ámbito de la cooperación implica reivindicar que el problema central no son las carencias del Sur sino los excesos del Norte global.

Quedan por proponer modelos de intervención centrados en implementar ajustes ecológicos y sociales en el Norte y en el cambio de los modelos y estructuras económicos, recuperando la sostenibilidad y promoviendo la igualdad.

—Los críticos del decrecimiento subrayan su sesgo reformista, que no refleja el poder del capitalismo y su reproducción. La imagen de una salida localista fuera del mundo capitalista, por ejemplo, hace creer que los individuos y pequeñas comunidades podrían establecer otra sociedad más allá del capitalismo, pero eso ¿es algo más que buenas intenciones?


—Creo que tachar al decrecimiento de reformista es desconocer sus análisis y propuestas. El decrecimiento como proyecto político es radicalmente anticapitalista. También es revolucionario, si por ello entendemos defender la necesidad de una transformación radical y de una ruptura con las estructuras establecidas.

La lógica de crecimiento ilimitado que el decrecimiento sitúa en el centro de sus análisis es uno de los motores básicos del proceso de explotación y acumulación capitalista, por tanto nos ayuda a entender su funcionamiento y reproducción. Pero el decrecimiento no es sólo anticapitalista. El socialismo real ha sido un claro ejemplo de un sistema económico no capitalista que también estaba preso de la lógica de crecimiento ilimitado y del afán productivista, condenando la sostenibilidad ambiental y social. Por tanto el anticapitalismo es necesario pero no suficiente. Por otro lado, el decrecimiento, aunque parte de un análisis materialista, presta más atención que otras teorías radicales a otros aspectos, como por ejemplo los elementos culturales. El horizonte político del decrecimiento es doble: sostenibilidad ambiental y justicia social. Para lograrlo, no plantea una doctrina cerrada, sino que aspira a la confluencia de diversas tradiciones de transformación radical del sistema.

En cuanto a la imagen localista, no creo que nadie plantee seriamente una salida individual o por pequeños grupos del capitalismo.

El “decrecimiento en una sola localidad” sería entonces una pobre caricatura del fracaso del “socialismo en un solo país”. La relocalización dentro del decrecimiento surge esencialmente por necesidades físicas, materiales. El ajuste ecológico que tenemos por delante conllevará inevitablemente una relocalización de todas las esferas de la vida. Puesto que hemos sobrepasado los límites, la reducción del consumo de materia y energía que se producirá nos obligará a depender mayormente de nuestro entorno más inmediato.

Es sencillamente imposible seguir viviendo gracias a alimentos y bienes que han recorrido decenas de miles de kilómetros o coger un avión cada vez que nos vamos de vacaciones. Así, la relocalización es ante todo una necesidad. Pero también es una virtud, ya que puede facilitar procesos de autogestión y de control democrático local que permitan recuperar esferas mercantilizadas, devolviéndolas a fines sociales y ecológicos. En definitiva, aunque sea una parte importante no podemos ni mucho menos reducir al decrecimiento a sus propuestas de relocalización.

La transición que propone el decrecimiento hacia la sostenibilidad y la justicia exige actuar a diversas escalas, desde lo personal (simplicidad voluntaria, autoproducción, reducción de la dependencia del mercado, etc.), pasando por los ámbitos de autogestión (cooperativas de productores y consumidores, sistemas de intercambios no mercantiles, etc.), hasta la esfera del cambio político colectivo. Es evidente que las dos primeras escalas sin la tercera dimensión no podrán por sí solas alcanzar un cambio estructural. Los objetivos del decrecimiento pasan entonces también por concretar políticas de cambio estructural como pueden ser medidas que sujeten a la economía a los fines ecológicos y sociales o la reconversión de las estructuras económicas para disminuir el uso de materia y energía e incrementar el cuidado de la naturaleza y de las personas y por tanto su bienestar.

La urgencia de la crisis ecológica es el principal reto que enfrentamos. Si no somos capaces de concretar e implementar las políticas necesarias para una transición igualitaria hacia la sostenibilidad, el decrecimiento pronto sólo podrá ser un colapso■

Giorgio Mosangini es miembro del Col.lectiu d’Estudis sobre Cooperació i Desenvolupament y autor de diversos estudiossobre decrecimiento

La Era Resilienthus: 10 formas de prepararse para una sociedad post-petróleo


 James Howard Kunstler -  Centro de Resilencia de Aranjuez


Hace alrededor de unos 7,0 – 4,5 millones de años, vivieron en África un conjunto de primates, antepasados de especies ancestrales de los humanos, eran los Ardipethecus. Hace unos 4 millones de años, condiciones climáticas con menor régimen de lluvias, dieron lugar a espacios más abiertos y menos arbolados, la evolución dió lugar a un nuevo tipo de homínido, el Australopithecus. Desde entonces los homínidos se han diversificado en no menos de 8 especies, que empezaron a caminar para poblar el mundo. La Creatividad, la Capacidad de planificación y la Cooperatividad, fué la característica fundamental de estos homínidos. Hace 100.000 años exitían al menos 5 linajes humanos, los “Neanderthalensis“ en Europa, el Homo erectus en Asia y nuestra especie, el Homo sapiens, que empezó a caminar desde África. Una nueva característica incorpora el Homo sapiens, la tecnología de la Comunicación, que permite mostrar en imágenes las ideas y pensamientos de la mente humana. La interrelación de estas carácteristicas, constituyen el fundamento de la nueva base social, que permite formar grupos por un número muy elevado de individuos, que comparten ideas y valores, dispuestos a cooperar estrechamente, hasta el punto de sacrificar sus intereses, por el bien común. Estas características, Creatividad, Cooperación y Comunicación, han dado origen a una criatura asombrosa, capaz de soñar con realidades inexistentes y convertirlas en realidad, en la biosfera sólamente hay un primate “capaz de volar”, nuestra especie el Homo sapiens.
La estabilización climática durante los últimos 12.000 años, posibilitó el desarrollo de la agricultura, el asentamiento de las civilizaciones y el crecimiento de la biodiversidad, tal y como la hemos conocido.

Hace apenas 200 años, el hombre “soñó” conquistar la Tierra. En el uso contínuo de la utilización de la riqueza Natural, descubrió el origen de todo: la energía, procedente de los combustibles fósiles. Este hecho catapultó al hombre a disponer a la Tierra a sus pies. Su éxito fue tal, que en apenas 100 años pasamos de 1.000 a 7.000 millones, constituyendo la era del “ser Antropoceno”. Esta era, de abundacia y éxito infinito nunca jamás antes conocida, ha transformado al hombre en un ser individual, egocéntrico y desconectado con la Naturaleza. Este modelo se está topando con los límites finitos de la biosfera, que están poniendo en entredicho, las bases fundamentales de la INSOSTENIBILIDAD del éxito perpétuo.

La inestabilidad climática, causada por el ser antropoceno en tan corto periodo de tiempo, el agotamiento de recursos naturales, del agua, de los combustibles fósiles, de suelo fértil, de las posibilidades para producir alimentos, tendrán consecuencias imprevisibles sobre la vida, tal y como la conocemos.

Todo apunta a, “que toca bajar a tierra”, entramos en la Era de la Adaptación, del “ser Resilienthus”.

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La mejor manera de ser optimista y prepararse para nuestra inminente crisis energética, es sentirse activo y prepararse para una sociedad post-petrolera, que viene.

Afuera, en el ámbito público, la gente con mucha frecuencia no son conscientes  a nuestra inminente crisis energética” y a sus consecuencias sobre las sociedades. Para aquellos de ustedes que son conscientes y que están preparados para el camino a la acción, que les gustaría hacer algo, o enfocar sus fuerzas de una manera decidida, aquí están mis sugerencias:

1. Amplíe su visión, más allá de la cuestión de cómo vamos a mover todos los coches, por medios distintos al de los derivados de los combustibles fósiles.

Esta obsesión por mantener y aumentar el parque automovilístico mundial a toda costa, es una bomba de relogería. Es especialmente inútil, como tantos autoproclamados como “verdes ” y ” progresistas”, de muchas esferas, políticos, sociales y economicos, se cuelgan las correspondientes medallas, sobre este tema monomaníatico. Escucha esto: los coches no son parte de la solución (tanto si utilizan combustibles fósiles, vodka, frymax utilizados ™ aceite, o mierda de vaca). Estos son el corazón del problema. Por tratar de salvar todo el sistema, en el Feliz Viaje, de la sustitución de la gasolina por otros combustibles alternativos, sólo hará que las cosas vayan mucho peor. La visión final de todo esto debiera ser: empezar a pensar más allá del coche. Tenemos que establecer otros  medios de movilidad, caminar, bicicleta, para casi todas las actividades comunes de la vida diaria.

2. Tenemos que producir alimentos de manera diferente.

El modelo Monsanto/Cargill de la agroindustria se dirige hacia su Waterloo. Cuando dejemos de producir derivados de combustibles a precios baratos y asequibles para todos, como el petróleo y el gas, nos quedaremos con suelos estériles y cultivos organizados a una escala, totalmente inviable. Muchas vidas dependen de nuestra capacidad para solucionar este problema. La Agricultura pronto volverá a ser el centro de la vida económica estadounidense y en el resto del mundo. Tendrá que hacerse necesariamente más a nivel local, a una escala menor -y con más “músculo”, requerirá de más mano de obra. Las actividades de valor añadido asociados a la agricultura – por ejemplo, la fabricación de productos como el queso, el vino, los aceites – también tendrán que hacerse – más a nivel local. Esta situación presenta excelentes oportunidades de trabajo y de formación profesional para los jóvenes de los Estados Unidos (si pueden desconectar su iPod, el tiempo suficiente para prestar atención). También presentará enormes retos en la reforma del uso del suelo. Por no mencionar el hecho, de que el conocimiento y la habilidad para hacer estas cosas tienen que ser cuidadosamente recuperadas del basurero de la historia. Ponte a trabajar la tierra con las manos.

3. Tenemos que habitar el terreno de manera diferente.

Prácticamente todos los lugares de nuestro país, organizados por /para la dependencia del automóvil, van a fallar en algún grado. Muchos lugares (Phoenix, Las Vegas, Miami …) se quedarán con una fracción de sus actuales poblaciones. Vamos a tener que volver a las ecologías humanas tradicionales en una escala más pequeña: aldeas, pueblos y ciudades (junto con un paisaje rural productivo). Nuestros pequeños pueblos  volverán nuevamente a ser habitados. Nuestras ciudades están obligadas a claudicar. Las ciudades que están constituidas en mayor proporción de tejido suburbano (por ejemplo, Atlanta, Houston) tendrán problemas especialmente de difícil solución. La mayoría de relacionado con el dinero. La pérdida de valor monetario de las propiedades suburbanas, tendrá consecuiencias de largo alcance. Las cosas que construyamos en las próximas décadas tendrán que ser hechas de materiales de la región que se encuentren en la naturaleza – en contraposición a las construcciones modulares, componentes pre-fabricados, a escala global. Estos procesos implican enormes cambios demográficos y, son susceptibles de ser episodios turbulentos. Al igual que en la agricultura, requerirá la recuperación del conjuntos de habilidades y metodologías tradicionales, que han sido abandonadas. Las escuelas de postgrado y de arquitectura, están tremendamente preocupadas por la enseñanza narcisista que fomentan. Las facultades y escuelas de ensañanza sistémicas, serán finalmente derrotadas. Nuestras actitudes sobre el uso de la tierra tendrán que cambiar radicalmente. Los códigos y normas de construcción y las leyes que regulan, siempre hacia los poderosos eso sí, serán abandonados y tendrán que ser reemplazados con la sabiduría vernácula. Ponte a trabajar, la construcción con las manos.

4. Tenemos que mover las cosas y a las personas, de manera diferente.

Se trata del ocaso del Happy Motoring (incluyendo todo el sistema de transporte por carretera en los EE.UU.) Hay que acostumbrarse a ello. No pierda el resto de los recursos naturales y de su sociedad, tratando de mantener el sistema con la dependencia del automóvil y de los vehículos a motor. Moviendo a las cosas y a las personas con el ferrocarril es mucho más eficiente en energía y ahorra mucha agua. ¿Necesitas saber que hacer ? Involúcrate en la remodelación del transporte público. Vamos a empezar con los ferrocarriles, vamos a utilizar la electridad como “fuente energética” para que se puedan mover, aunque en muchos casos ésta electricidad procede de plantas de ciclos combinados carbón/agua, nos permite centralizar las emisiones de CO2 y poder actuar en consecuencia para intentar secuestrar las emisiones de este gas de efecto invernadero, como sea posible. También tenemos que preparar a nuestras sociedades, para el traslado de personas y cosas por el agua, utilizando la ancestral energía del viento. Esto implica la reestructuración de las infraestructuras de nuestros puertos y para nuestros sistemas de canales de los ríos – incluyendo las ciudades que disponen de ellos. Las grandes ciudades portuarias, como Baltimore, Boston y Nueva York, ya pueden dedicar sus infraestructuras asociadas al agua, a su adaptación a las cercanías. De hecho, tenemos que adaptar los muelles y los almacenes más cercanos a las infraestucturas portuarias (por no hablar de los alojamientos de mala calidad para los marineros). Ahora mismo, los programas están en marcha para restaurar la navegación marítima sobre la base del viento – sí, los barcos de vela. Es de verdad. Hay mucho que hacer aquí. Deja tu iPod y ponte a trabajar, con las manos.

5. Tenemos que transformar el comercio minorista.

Las corporaciones nacionales que han utilizado la irrepetible energía de los combustibles fósiles para idear economías de escala totalmente depredadoras (y matar a las economías locales), se encuentran en el lado de bajada de la montaña. La poderosa WalMart y otras muchas “grandes corporaciones”, no van a sobrevivir a la próxima era de escasez de aceites baratos. No habrá capacidad por mantener (porque los recursos naturales escasearán) los “almacenes – sobre ruedas” de 18 ruedas de “tractor” con remolque, que circulan sin cesar a lo largo de las carreteras interestatales. Sus líneas de suministro a 12.000 millas de las esclavistas fábricas asiáticas también están en peligro de extinción, con el concurso de EE.UU. y de China y la expoliación del petróleo de Oriente Medio y el de Africa. Las redes locales de interdependencia comercial que estas cadenas de tiendas han establecido, sistemáticamente serán destruidas (con la aquiescencia del público) y tendrán que ser reconstruidas, ladrillo a ladrillo y músculo a músculo. Esto requerirá un esfuerzo minimalista,  con redes multi-capas de personas que fabrican, distribuyen y venden cosas (incluyendo a los “intermediarios”, tan vilipendiados). No se deje engañar, y pensar que Internet sustituirá a las economías locales  de venta al por menor. Las compras por Internet son totalmente dependientes ahora mismo de las entregas baratas, y las entregas ya no serás baratas. También se basa en sistemas de energía eléctrica, que son completamente fiables, ante la escasez de fuentes primarias energéticas con la que producir electricidad. Esto es algo, que será todo un lujo, al alcance de unos pocos como siempre, que se pueda utilizar en los próximos años. ¿Tienes una cierta inclinación para el comercio minorista y no quieres trabajar para una gran empresa totalmente depredadora? Hay mucho que hacer aquí en el reino de los pequeños, de los negocios locales. Salir a la calle y ponerse a trabajar, en el comercio minorista, con las manos.

6. Vamos a tener que hacer las cosas de nuevo en los Estados Unidos.

Sin embargo, vamos a hacer menos cosas. Vamos a tener menos cosas que comprar, muchas menos opciones. El telón está bajando en el interminable frenesí de compras sobre la especial luz de azules neones, que ha ocupado el primer plano de la vida cotidiana en los Estados Unidos durante las últimas décadas. Pero seguiremos necesitando artículos para el hogar y para alimentarnos, fundamentalmente. Como visión práctica, no volveremos a vivir el pasado siglo XX. Las fábricas, de la época dorada de producción de los Estados Unidos (1900 – 1970) fueron diseñadas por la entrada masiva de combustibles fósiles baratos, muchas de ellas ya han pasado a la historia. Vamos a tener que hacer las cosas en una escala más pequeña, con otros medios, con más músculo. Tal vez tendremos que usar más la energía del agua. La verdad es que no sabemos aún cómo lo vamos a tener que hacer. Esto es algo que las generaciones más jóvenes, tendrán que poner a pensarse a pensar y a hacer cons sus músculos. Ponte a trabajar, con las manos.

7. La era del entretenimiento en lata, está llegando a su fin.

Fue divertido por un tiempo. Nos gustó mucho el “Ciudadano Kane” y los Beatles. Pero vamos a tener que hacer nuestra propia música y nuestro propio drama, caminando. Vamos a necesitar teatros y salas de espectáculos en vivo y en directo. Vamos a necesitar violines, banjos, dramaturgos, cantantes que poblaran el paisaje. Necesitaremos directores de teatro y tramoyistas. Internet no será la salvación del entretenimiento “enlatado”. Internet no funciona tan bien si la electricidad sufre continuos cortes, a cada momento. Ponte a trabajar, con las manos.

8. Vamos a tener que reorganizar el sistema educativo.

Los sistemas de educación secundaria centralizados, basados en interminables flotas de autobuses escolares amarillos, no sobrevivirán a las próximas décadas. Las enormes inversiones que hemos hecho en estas infraestructuras no podrán mantenerse, y colapsaran de todos modos. Dado que vamos hacia sociedades con menos recursos, es probable que no seamos capaces de sustituir estas instalaciones centralizadas, por escuelas más pequeñas y distribuidas equitativamente, por lo menos, no de forma inmediata. Personalmente, creo que las próximas generaciones educativas, van a crecer fuera del movimiento de educación tradicional de las escuelas, muchos de ellos crecerán educandose en el hogar, con los esfuerzos familiares y con el intento de integración en la educación local. Los dioses dirán, que ocurrirá con el resto de la educación. Las grandes universidades, tanto públicas como privadas, pueden que se extingan. Este proceso puede generar enorme resentimiento, para aquellos excluidos. Pero cualquier persona que aprenda a hacer largas divisiones  y a escribir un párrafo coherente – será una gran ventaja – y, en todo caso, llevará una formación aprendida a la media de muchos grados de la universidad de hoy en día. Una cosa es segura: la enseñanza de los niños no es susceptible de convertirse en una línea de trabajo obsoleto, en comparación con las relaciones públicas y el marketing deportivo. Hay mucho por hacer aquí, y mucho en que pensar. Ponte a trabajar, para los futuros maestros de América.

9. Tenemos que reorganizar el sistema sanitario.

La madeja actual de hilos entrelazados sobre la base de un sinfín de Ponzi y las continuas estafas pasajeras, no sobrevivirán a las discontinuidades en el futuro. Probablemente vamos a tener que volver a un modelo de servicios sanitarios mucho más cercano, lo que solía llamarse “policlínico”. La formación médica también puede tener que cambiar a medida que las grandes universidades se encuentren con los problemas para funcionamiento. Los médicos del siglo XXI sin duda, utilizarán menos coches de procedencia alemana, y habrá menos oportunidades en el campo de la cirugía estética. Esperemos que no nos deslizamos tanto en el tiempo, como para olvidarnos de la teoría microbiana sobre las enfermedades, o la necesidad de lavarse las manos, o los fundamentos de la ciencia farmacéutica. Hay mucho que hacer aquí, ponte a trabajar.

10. La vida en los EE.UU, tendrá que ser mucho más local, y prácticamente todas las actividades de la vida cotidiana tendrá que ser re- escaladas.

Usted debería aprender categóricamente, que cualquier empresa existente ahora y considerada como “supergigante”, es probable que falle – y fallará todo lo grande-, desde el gobierno federal, a las grandes instituciones. Si puedes encontrar una manera de hacer algo práctico y útil a una escala menor de lo que se está haciendo actualmente, producción de alimentos más cercanos a la alacena. Una infraestructura social entera de asociaciones voluntarias, que actualmente están narcótizados por la televisión, tienen que ser reconstruidas. Las instituciones locales para el cuidado de los desamparados tendrán que ser reorganizadas. La política local será mucho más significativa, ya que los gobiernos estatales y las agencias federales, se deslizaran por la pendiente de la montaña de la impotencia completa. Aquí hay muchos puestos de trabajo para los héroes anónimos y locales.

 
Esta puede ser una lista de tareas. Disculpas, por si hay algunas cosas que se pudieran salir de la linea. Dejar de desear y empezar a hacer. La mejor manera de sentirse optimista y preparse para el futuro, es que bajar a tierra, empezar a trabajar con las manos y demostrar a ti mismo, que eres un individuo competente, capaz de enfrentarse a las nuevas circunstancias.



James Howard Kunstler, es escritora especializada en el tema del cenit del petróleo y a las consecuencias a las que ha de enfrentarse las sociedades futuras y, especialmente a los lugares denominados como suburbios en los Estados Unidos. La esperanza de una nueva Era: Antes/Despues ejemplos de Permacultura para la restauración de la Tierra – la solución de nuestros problemas desde la base (Hope for a New Era: Before/After Examples of Permaculture Earth Restoration – Solving Our Problems From the Ground Up)