La hora del decrecimiento

La hora del decrecimiento

Al emprender, hacia 1850, la vía «termoindustrial », Occidente pudo dar consistencia a su deseo de adherirse a la razón geométrica, es decir, al crecimiento infi nito, sueño que se desarrolla desde al menos 1750 con el nacimiento del capitalismo y de la economía política. No obstante, será solo hacia 1950, con la invención del marketing y el consiguiente nacimiento de la sociedad de consumo, que la utopía llegará a su plenitud y el sistema podrá liberar todo su potencial creador y destructor. Actuando así, construye las estructuras de la catástrofe.

El año 2050 podría marcar el fin de la sociedad de crecimiento. El sueño se habrá convertido en una pesadilla. El gran astrónomo Martin Rees da a la humanidad una posibilidad sobre dos de sobrevivir al siglo veint«Alto al crecimiento» fue el título francés del primer informe del Club de Roma publicado en 1972. Su conclusión precisaba que el crecimiento ilimitado bajo todas sus formas era imposible ya que el planeta era un mundo fi nito. Treinta años más tarde, un nuevo informe, realizado por los mismos investigadores, lanza una advertencia rigurosamente idéntica.

Podemos ser escépticos, claro está, acerca de los trabajos de futurología, aunque tienen el mérito de ser infi nitamente más serios y sólidos que las habituales proyecciones (que no hacen más que prolongar las torpes tendencias existentes) sobre las que se apoyan nuestros gobernantes y las instancias internacionales. A partir de un modelo simplificado que representa el funcionamiento del sistema, los autores del informe de 2004 exploran nueve escenarios partiendo de otras tantas hipótesis sobre la evolución de las variables. Salvo el que se apoya sobre una fe propiamente «cornucopiana» (fundada sobre el mito del cuerno de la abundancia y de la ausencia de límites), los demás escenarios, sin poner en duda los fundamentos de la sociedad de crecimiento, de sembocan en su hundimiento (colapso) con tres variantes principales. La primera lo sitúa hacia el año 2030 debido a la crisis de los recursos no renovables, la segunda hacia 2040 debido a la crisis de la contaminación y la tercera hacia 2070 debido a la crisis de la alimentación.

Un solo escenario es a la vez creíble y sostenible, el de la sobriedad, que constituye la base de la vía del decrecimiento.

¡El decrecimiento! La palabra aparece por primera vez en 1979 en la traducción francesa de la obra principal del ecologista rumano Nicholas Georgescu- Roegen.13 Sin embargo, la llamada a la construcción de un proyecto político bajo esta etiqueta no se lanzó realmente hasta 2002. En lo sucesivo el decrecimiento es reivindicado sin complejos. El movimiento de objeción al crecimiento, nacido en los años setenta con el informe del Club de Roma y la conferencia de Estocolmo sobre el medio ambiente, encontró su provocador eslogan. El decrecimiento intriga, inquieta, pero inspira también a un número aún más importante de personas que hoy se atreven a hacerse llamar objetores del crecimiento o incluso dimisionarios del crecimiento.

¡La hora del decrecimiento ha llegado! Y la sociedad de la sobriedad voluntaria que emergerá de su estela supondrá trabajar menos para vivir mejor, consumir menos pero mejor, producir menos residuos, reciclar más… En pocas palabras, recobrar el sentido de la mesura y una huella ecológica sostenible.

Pero esto no puede hacerse sin una ruptura de nuestros hábitos y por lo tanto de nuestras creencias y nuestras mentalidades. Inventar la felicidad en la buena convivencia más que en la acumulación frenética supone una importante descolonización de nuestros imaginarios, pero las circunstancias pueden ayudarnos a dar el paso.

Para realizar esa ruptura, es necesario primero comprender su necesidad y saber por qué hemos llegado a este punto. Sobre todo, es preciso dibujar el posible contenido de una sociedad del decrecimiento con el fi n de que los nuevos tiempos no parezcan catastróficos ni traumáticos.

Extraído del lilbro 'La hora del decrecimiento' escrito por Serge Latouche y Didier Harpagès

La necesidad de cambiar de gafas

Ecologistas en Acción - Cambiar las gafas para mirar el mundo

Hasta hace bien poco, cuando se les preguntaba a las personas mayores de los países desarrollados si creían que sus hijos e hijas vivirían mejor que ellas, la gran mayoría respondía que sí. Desde hace poco, cuando se le pregunta a la gente no tan mayor si cree que sus hijos e hijas vivirán mejor que ellos casi nadie se atreve a decir que sí. Quizá porque empiezan a intuir los daños que la civilización está causando al planeta. A pesar de las constantes alabanzas a la tecnología y al progreso, realizadas sobre todo en los medios de comunicación, existe la sospecha, cada vez más extendida, de que no se puede continuar con este modelo de producción y consumo por mucho tiempo. Comienza a atisbarse la idea de que se están superando límites que nunca tendrían que haberse ignorado ni traspasado.

Las percepciones básicas sobre el deterioro de los ríos, los valles, los pozos, los suelos, las costas, el aire, los bosques, los animales, los ecosistemas, chocan con la celebración de la tecnología y el desarrollo, creando un sombra de inquietud en los países enriquecidos y un desgarro en los empobrecidos.

Las soluciones que se proponen suelen ser siempre las mismas: construir más infraestructuras, desarrollar tecnologías complejas, aumentar la producción, estimular el crecimiento... Con ello tal vez se podrán resolver, según se dice, algunos de los daños. El resultado, sin embargo, es que el deterioro ecológico crece a una velocidad cada vez mayor.

Quien ha tenido que caminar sobre el barro cada vez que llovía está encantado con el asfalto y verá siempre bien nuevas ampliaciones de la superficie asfaltada, porque hasta hace poco lo que sobraba era tierra. Quien ha tenido que acarrear a sus espaldas leña desde lejos todos los días, está encantado con su camión y verá con complicidad que haya cada vez más camiones acarreando objetos de acá para allá. Quien ha lavado pañales en un lavadero con temperaturas próximas a la congelación estará encantada con la caldera de gas, y no le parecerá mal que esté todo el día encendida.

Las mejoras vividas o percibidas han afianzado los esquemas (las gafas) con las que miramos la realidad. Si algo es bueno, pensamos, entonces más de lo mismo será mejor. Desde esta lógica es posible ver con buenos ojos la movilidad creciente, la producción creciente, el consumo creciente, el comercio internacional creciente, y por supuesto el crecimiento continuado.

Pero la Tierra no es creciente sino dinámicamente estable. Y ya ha enseñado sus límites. Las dificultades para extraer petróleo en las mismas cantidades que en el pasado, la fuerte reducción de la biodiversidad, el cambio climático generado por el ser humano, la contaminación de los océanos, la cementación y desertificación de una parte creciente del territorio son signos de los límites de la biosfera.

Lo que quizá era bueno en pequeñas cantidades puede no serlo si las cantidades son grandes. Casi nada sigue la regla del cuanto más mejor. Hay un momento en que el exceso de lo bueno se convierte en malo. En la naturaleza muy pocas funciones son lineales. Asfaltar un poco quizá sea bueno, pero asfaltar mucho se convierte en un problema. Moverse un poco está bien, pero moverse mucho está resultando letal para la supervivencia de los ecosistemas. Cortar leña es útil para calentarse, pero si se corta demasiada tal vez desaparezca el bosque del que se sacaba la leña. Hoy la movilidad, la extracción de materiales, el exceso de producción y buena parte de la agricultura industrial están incapacitando progresivamente a la biosfera para que pueda seguir dando cobijo al ser humano.

Lo que era bueno en un mundo abundante puede convertirse en malo en un mundo esquilmado y escaso. Lo que era insignificante o indiferente en un planeta sano puede ser muy perjudicial para un planeta enfermo. El cáncer es el crecimiento en exceso de determinadas células. Tal vez el llamado desarrollo sea un crecimiento en exceso.

Estamos presos de nuestra propia cultura, de nuestra manera de entender el mundo, de las categorías mentales con las que organizamos la percepción. Somos hijos e hijas de los supuestos que aprendimos heredados de la primera industrialización.

Al igual que el elefante adulto del circo permanece atado a un minúscula estaca porque aprendió de pequeño que no se podía mover, así permanecemos atados a las categorías culturales y mentales que aprendimos cuando la industrialización era pequeña en magnitud y todavía no era suficientemente destructora. Cuando una categoría cultural o esquema mental funciona tiende a reforzarse. Sin embargo una vez que se ha reforzado resulta muy difícil desprenderse de ella aunque en la práctica resulte incorrecta o contraproducente. Si se desprendiera de su mirada aprendida de pequeño el elefante podría darle una patada a la estaca. Nosotros y nosotras también.

Se denomina efecto borde al fenómeno que nos hace incapaces de ver un cambio sustancial debido a que se ha alcanzado mediante pequeños incrementos. La rana se muere incapaz de apreciar los cambios cuando se calienta poco a poco el caldero en el que se encuentra. Una persona entra en un concesionario de coches con la idea de comprarse un modelo que, aún con esfuerzo, se ajuste a sus ingresos económicos. El vendedor, conocedor de este efecto, le va proponiendo pequeñas mejoras (llantas, climatizador, tapicería, etc.) y cuando ya la tiene convencida le dice: “claro que por un poco más puede usted llevarse un modelo superior, que ya es un verdadero coche”. “Un pequeño esfuerzo más y tengo un verdadero coche”, piensa la persona compradora. Finalmente sale del concesionario un poco preocupada, pero satisfecha. Acaba de comprar algo que no había previsto y que sin embargo no podrá pagar o le mantendrá atado durante los próximos cinco años. “Por un poco más”. Los pequeños incrementos han impedido ver la modificación en términos absolutos. Es posible que tenga que vender el coche para comprar la gasolina.

Poco a poco, pero cada vez a mayor velocidad, se ha ido destruyendo la base biológica sobre la que poder vivir. La capacidad de carga de la Tierra ha sido traspasada, pues hemos pasado de vivir del interés a esquilmar el capital natural.

Los pequeños incrementos han hecho posible que cambios enormes pasaran casi desapercibidos. El efecto borde ha dificultado ver el balance global en muchas de las variables imprescindibles para la vida.

A menudo las categorías culturales y mentales alcanzan un campo de visión pequeño y nos impiden ver la totalidad. Cuentan de un borracho que buscaba desesperado las llaves perdidas alrededor de una farola. Un pareja que pasaba por allí le animó a que buscara más lejos, por ejemplo debajo de los coches aparcados o entre los contenedores y él contestó que no, pues allí no había bastante luz. En ocasiones las categorías culturales se quedan cortas. Sólo dejan ver la parte de la realidad que enfoca la farola. Se mira sólo en el campo que queda delimitado por la categoría. Por eso muchas personas piensan que las ciudades de la India son más sucias que las europeas. Simplemente contabilizan la suciedad que se ve. La basura generada en las urbes europeas, aunque es muy superior, se ve menos.

Mancha y contamina más lejos, más abajo o más arriba. Lo mismo pasa con la higiene compulsiva: mientras limpias tu cuerpo ensucias el planeta con productos químicos, pero esta segunda parte no queda iluminada por la farola. En buena medida esto le pasa a la economía convencional. Sólo permite ver aquello que es comercializado y contabilizado en dinero. Lo que cae fuera de sus cuentas son externalidades: la calidad del suelo, la diversidad biológica, el orden radiactivo, el afecto, la identidad de una comunidad, la vida de quienes tienen poca renta, la de las siguientes generaciones o el trabajo de muchas mujeres, no son aspectos iluminados por la luz de la economía. Y sin embargo desde este estrecho campo de visión, materializado en el PIB o en los indicadores de la bolsa, se elaboran las políticas y se toman las decisiones más importantes de los gobiernos y las empresas.

Muchas de estas categorías mentales operan como supuestos no discutibles. Configuran nuestra cultura sin ser puestas en tela de juicio. Parece fuera de toda duda que la historia siempre va de peor a mejor, que la gente común maneja cada vez más información, que el progreso tecnológico nos va a hacer vivir mejor, que es deseable aumentar la producción, que el desarrollo de los países ricos es bueno para todos los países, que el crecimiento económico nos hará tener menos dificultades. Muchos supuestos fueron instalados en la base de la cultura bastantes años atrás: “creced y multiplicaos”. Otros son más recientes: “lo más importante es la economía” o “el crecimiento económico es un bien”.

Muchas de estas categorías mentales permanecen en nuestros cerebros por inercia aún cuando estén desadaptadas, pero otras han sido y están siendo intencionalmente implantadas. Son funcionales al mantenimiento de los privilegios del poder. Son parte de la ideología dominante.

A estas alturas debería verse como un sinsentido que los gobiernos subvencionen a quienes cambian rápidamente de automóvil. Sin embargo a muchas personas les parece razonable que los fondos públicos se usen para apoyar a las empresas más grandes del planeta porque esto sirve, dicen, para mantener los puestos de trabajo. Las empresas más grandes del planeta sin embargo son las que proporcionalmente menos mano de obra acogen, por eso, entre otras cosas, son las más grandes. Puestos a subvencionar empleos, los fondos podrían destinarse por ejemplo a la recuperación de ecosistemas imprescindibles o la producción artesanal, más intensivas en mano de obra que las cadenas de montaje.

Del mismo modo carece de toda lógica que cada mañana se crucen en las carreteras camiones de galletas en recorridos opuestos de muchos kilómetros. Desde un punto de vista ecológico no tiene sentido realizar estos transportes de larga distancia para poder ingerir unos pocos hidratos de carbono venidos de lejos, en la cocina de tu casa. Un automóvil todo-terreno es una máquina que mueve 2.500 kilos para transportar 90. No parece el colmo de la eficiencia. Sin embargo todas éstas son cosas que se nos antojan normales.

No da igual aficionarse a correr en rallies que hacer puenting (tirarse desde un puente con una cuerda semielástica). Para la cultura normal son dos maneras de hacer deporte, dos hobbies, dos formas legítimas de entretenerse. Una cultura de la sostenibilidad, sin embargo, las ve de forma muy diferente. Si bien es cierto que ambas distraen y producen satisfacción poniendo el sistema nervioso al límite, la primera requiere una fuerte cantidad de energía, aísla los ecosistemas, ahuyenta a los animales –a algunos de forma definitiva– produce residuos y contaminación, sólo puede practicarse con una fuerte dependencia tecnológica, es incompatible con que otras personas realicen otras actividades... mientras que la segunda, el puenting, aprovecha una construcción que se ha realizado para otros fines, utiliza la energía del propio cuerpo, apenas contamina y es compatible con la vida de los ecosistemas. Un cambio de gafas hacia una cultura de la sostenibilidad permitiría ver la diferencia. Hoy este cambio cultural es ya una cuestión de supervivencia.

Siguiendo con los ejemplos de gafas con las que comprendemos el mundo, no es lo mismo hablar de producción que hablar de extracción. La economía que se estudia en las universidades y se difunde en los medios de comunicación confunde ambos conceptos. Por eso utiliza denominaciones tales como “países productores de petróleo” o “producción neta de minerales”, cuando en realidad debería decirse “países extractores de petróleo” o “extracción irreversible de minerales”. Extraer lleva a la categoría mental más genérica de restar, mientras que el concepto de producción lleva a la de sumar. Esta confusión es fatal para hacer las verdaderas cuentas del progreso. Una buena parte del progreso no es otra cosa que sustraer los recursos de sus depósitos y esquilmarlos para siempre.

El pensamiento único propone la economía como el eje central de percepción y valoración de la realidad y descarta aquello que no se traduce en beneficios monetarios, que para este reducido campo de visión son externalidades. Lo que la economía llama externalidades muchas veces son, desde el punto de vista de la cultura de la sostenibilidad, las cosas esenciales o centrales. El trabajo de reproducción de la naturaleza es marginal en la economía, excepto cuando se le puede sacar provecho comercial, sin embargo nos abre la posibilidad de seguir viviendo. El trabajo de muchas mujeres del planeta dedicado a la alimentación, crianza y cuidado de las personas, no se contabiliza, e incluso puede llegar a no considerarse trabajo o actividad. Los trabajadores asalariados, para la economía convencional, llegan a la puerta de la oficina sanos y alimentados como por arte de magia.

Los indicadores de la economía neoclásica no distinguen entre producción de cosas necesarias y producción de cosas superfluas y con frecuencia dan más valor a las que, además de innecesarias, son contraproducentes desde un punto de vista ecológico. Ir y volver en avión en el día, desde París o Barcelona, para comer con los amigos en Venecia, es valorado por la economía como un signo de buena vida. Sin embargo para una cultura de la sostenibilidad es un signo de muerte. Pero todavía no hemos incorporado las categorías esenciales necesarias para darnos cuenta de ello.

Extraído del libro ‘Cambiar las gafas para mirar el mundo’. Yayo Herrero, Fernando Cembranos y Marta Pascual (Coords.). Libros en acción.

Tipos de clase social

Tipos de clase social



Los ricos opresores: La Burguesía



Niños y niñas desde que nacen, son cuidadosamente alimentados y su hambre se satisface hasta quedar saciados. Están al cuidado de niñeras e institutrices que, además de satisfacer su hambre, los someten en la mayoría de los casos a una rígida disciplina. Desde muy tierna edad los niños y las niñas se preocupan obsesivamente de la propia higiene, el orden y también de la apariencia física.

Con toda esta disciplina, cada uno de ellos aprende inconscientemente a tener control sobre sí mismo y sobre los demás. Aprenden desde temprano a obedecer para después ser obedecidos y a controlarse para después saber controlar a toda la sociedad.

Por eso desde que nacen encuentran ‘natural’ que todos sus deseos sean satisfechos, pues tan pronto lloraban eran inmediatamente atendidos. Y como saben manejar los controles conscientes e inconscientes, encuentran ‘natural’ manipular a toda la sociedad en beneficio propio.

Cuando los ricos nacen, también nacen con ellos los embriones de la clase dominante:

- Autoritarismo, la centralización; por eso en la edad adulta se consideran ‘naturalmente’ los poseedores de la economía y del Estado.

- La manipulación de las instituciones a su favor, principalmente el Estado, la Iglesia, el sistema económico.

- La resistencia al cambio, el conservadurismo.

- La visión circular y exclusiva de clase. Para ellos, ‘nosotros’, los buenos, es la clase a la que pertenecen, y ‘los otros’, los ignorantes, la población que ellos marginan. Los frutos de esta exclusión son el elitismo y el machismo, con todos sus mecanismos de explotación económica.




Los ricos oprimidos: La Clase Media



Es un estrato social que surge con el avance tecnológico. Está compuesta por profesionales liberales, intelectuales, artistas, estudiantes universitarios, comunicadores, profesionales de la informática, ejecutivos medios...

No produce valor, es el ‘ejército de reserva’ de la burguesía. Ella es la encargada de reproducir las condiciones de producción. El ingeniero repara las máquinas; el médico nuestros cuerpos; el abogado mantiene el sistema funcionando mediante sus límites (la ley); Posee el saber, pero no tiene el poder de los medios de producción.

La familia no tiene una función económica: es únicamente el espacio de realización afectiva y de la educación de los hijos.

Algunos miembros de la clase media moderada buscan otras maneras de vivir más sencillas:

Los ‘downshifters’: quienes, habiendo adquirido un cierto nivel de riqueza, optan por ganar menos y empiezan a llevar una vida moderada, dedicando más tiempo a su familia o a sus propios intereses, sean personales o de la comunidad.

Los ‘strong simplifiers’ o ‘radicales de la sencillez’: quienes renuncian por completo a sus puestos de altos cargos bien remunerados y cambian drásticamente a un modo de vida más sencillo. Estaría aquí encuadrado el fenómeno neorrural.

Y los más contundentes de todos son los ‘dedicated, holistic simplifiers’ o ‘entregados a la sencillez de manera holística’: quienes adoptan un cambio radical y estructuran toda su vida alrededor de una ética de la sencillez, a veces inspirada por ideales espirituales o religiosos. estarían formados por neoluditas (como los Amigos de Ludd), primitivistas, el movimiento freegan, grupos anticivilización, ecoanarquistas... es decir aquellos que con su modo de vida se oponen al estilo de vida preconizado por Occidente (capitalismo, liberalismo, industrialismo, progreso, consumo...). Es decir su modo de vida es un modo de lucha, una crítica radical al sistema. 



Los pobres oprimidos: La Clase Obrera y la Clase Campesina



La burguesía no tendría posibilidades de ejercer una opresión tan completa en todos los ámbitos si no hubiese en la sociedad otras clases que inconscientemente la aceptan como ‘natural’. Por tanto, a partir del inconsciente, las clases oprimidas estarían formadas por seres humanos complementarios.

La Clase campesina

Niños y niñas se acostumbran desde que nacen a no tener sus deseos satisfechos y lo encuentran ‘natural’. Los padres, en general, son pobres y tienen muchos hijos. No tienen tiempo de cuidar y alimentar adecuadamente al recién nacido. Así, el niño pobre se acostumbra desde que nace a recibir solamente parte del alimento que necesita y a encontrarlo ‘natural’. Esto porque la madre, además de mal alimentada, lleva a cabo una doble jornada de trabajo, en el campo y en casa, donde en medio de las tareas domésticas cuida también de sus otros hijos.

Desde que nace aprende que es cuidado por una voluntad omnipotente y cruel, que es como entiende a su madre.

Los niños campesinos nacen con las siguientes características que serán la base de la psicología de la clase campesina:

- El hambre. Es natural pasar hambre y no tener satisfechos los deseos.

- El fatalismo. La voluntad humana no se puede oponer al destino todopoderoso. Todo llega cuando tiene que llegar y no cuando peor aún, desestabilizan el orden eterno.

- La pasividad. No se puede hacer nada para cambiar esta vida de sufrimiento.

- El clientelismo. El hombre pobre cree que el patrón, por lo general cruel y controlador, que le satisface apenas parte de sus deseos y necesidades, debe ser amado y honrado, aunque lo explote de forma deshumana: ‘el hombre ayuda al patrón, la mujer ayuda al hombre y los niños ayudan a la mujer’, y con esto escamotea las duras relaciones de explotación y de opresión que hay entre hombre, mujer, niño y patrón.

- El machismo. La mujer ama al hombre que la maltrata y no le satisface los deseos: El concepto de felicidad de las campesinas es diferente del de las burguesas: ‘soy feliz, cuando mi marido no bebe, no tiene otra, no me pega y trae el dinero a casa...’. Para la mujer del campo la protección es más importante que el afecto.

- La religiosidad popular. Viviendo en esa realidad cotidiana tan dura, los campesinos crean el caldo de cultivo perfecto para las concepciones tradicionales de la Iglesia. Si saben sacrificarse y cargar con su cruz, tendrán una recompensa después de la muerte.

La clase obrera

Los hombres ven sus cuerpos como parte integrante de las máquinas que manipulaban.

Se ven con los ojos de la clase dominante, incapaces de gobernarse a sí mismos.
Se sienten amenazados por la entrada de la mujer al mundo del trabajo

La familia tiene la función de ser el lugar de reproducción de la fuerza del trabajo. Un obrero no puede vivir soltero, necesita de una mujer que críe a los hijos y trabaje gratis, estirando hasta fin de mes un sueldo irrisorio y corroído cada vez más por la inflacción.. Gracias al trabajo de la mujer los patronos pueden pagar salarios tan bajos a sus empleados.

El ambiente en que un niño o niña nace forja al ser humano a partir de su inconsciente. Es muy difícil erradicar la sociedad de clases, si cada clase tiene un tipo de autopercepción . Los mecanismos inconscientes funcionan como raíces que nos clavan a nuestra clase social.

El sustrato del inconsciente nos es dado, pero el imaginario profundo es fabricado. 



Los pobres oprimidos: La No Clase



La economía mundial – en distintas partes del orbe –, ha generado los llamados ‘náufragos del desarrollo’, los que, aparentemente, tendrían que estar condenados a extinguirse. Sin embargo, estos no desaparecen sino que se multiplican de manera ‘inquietante’. A ellos no les queda más remedio que organizarse según otra lógica, inventando otro sistema, otro tipo de sociedad.

Los náufragos del desarrollo, aquellos cuya integración no es factible en el modelo económico-productivo, no están en condiciones de comprar cualquier cosa. Se ven ‘condenados’ a hacerla. Su supervivencia depende de su maña.

Existen , multitud de agentes sociales dentro de los sectores explotados y marginados de la población, cuya ubicación dentro del entramado social no se puede realizar atendiendo a la categoría de trabajo –o actividad productiva-, sencillamente porque están al margen de ella. El desarrollo de estas actividades informales están presentes en todo el mundo: en los suburbios de las megalópolis, en las chábolas del tercer mundo, en las reservas donde sobreviven especies humanas en vías de extinción...

Existe una pluralidad de personas, en situaciones distintas, a los que el presente orden social explota, margina y reprime. Y todos ellos están atravesados por una diferencia fundamental, constituyente de la especie humana, que es la existencia de dos sexos –entre los cuales se establecen relaciones de dominación/dependencia- . Se consolidan comportamientos de género que traspasan barreras de clase, cultura, etnia...Lo cual hace que se plantee la necesidad de que la mujer, dentro de los diversos sujetos colectivos, pase a constituirse como sujeto propio.



Para saber más: Femenino y masculino. Rose M. Muraro y Leonardo Boff



Para saber más: Los náufragos del desarrollo. Serge Latouche

Ejemplo de mito: Mandi

Ejemplo de mito:  El Mito de Mandi

"Se cuenta que, un día, cierto cacique tuvo una  hermosa nieta llamada Mandi. Debido al color de su piel, muy blanco, todos en la tribu quedaron intrigados y atemorizados. En la tribu, las miradas se cruzaban comparando el dorado castaño de su piel con la blancura de la linda niña. Y creyeron que ese hecho representaba un triste presagio. Entonces pidieron al cacique sin rodeos que hiciera desaparecer a su nietecita.

El abuelo, lleno de compasión, fue retrasando día tras día tal crueldad. Hasta que en el silencio de una noche, aún de madrugada, fue al río con su nieta y la lavó cuidadosamente, al día siguiente reunió a la tribu y con voz potente dijo: ‘Los espíritus recomendaron que esta chica quede entre nosotros y que sea bien tratada’. Incluso a regañadientes  y resignados fue cumplida la decisión del cacique. Mandi fue creciendo con tanta gracia y belleza que todos olvidaron el mal presagio y quedaron cautivados por ella.

Pero un día, inesperadamente, Mandi murió. Sus, padres, sabiendo cuánto la quería el abuelo-cacique, la enterraron en su choza. Pero él, inconsolable, se encerró en su dolor y no hacía más que llorar. Lloraba día y noche sobre la tumba de su querida Mandi. Tantas y tantas fueron las lágrimas que del suelo brotó planta pequeña.

Cuenta el mito de que un día la tierra se abrió para exponer las bellas raíces de la planta, nacida del llanto del abuelo. Los indios las cogieron con respeto y entonces vieron que eran blanquísimas como la piel de Mandi. Y, al comerlas, se dieron cuenta de que eran deliciosas. Y así fue como esas raíces se convirtieron en el principal alimento de los indios tupí. Entonces llamaron a esas raíces mandioca, que significa ‘el cuerpo de Mandi’.

--

Análisis
En el Mito de Mandi, se hallan implícitas toda una serie de manifestaciones de lo sagrado, que forman parte de la sociedad en la cual esta historia se concibe como algo implícito en la forma de ser y de estar de los que en ella viven. El mito no es inventado, es vivido.


“Se cuenta que, un día, cierto cacique tuvo una  hermosa nieta llamada Mandi”
El Cacique o  Chamán de la tribu es una persona con autoridad dentro de la tribu puesto que ha comprendido el secreto de la existencia humana, mediante la revelación de lo sagrado a través de determinados ritos de paso mediante los cuales accede al ‘tiempo primigenio’; de esta manera mediante estados de trance o éxtasis repitiendo los actos de los ‘inmortales’ puede transitar entre el ‘tiempo profano’ y el ‘tiempo sagrado’.


“Debido al color de su piel, muy blanco, todos en la tribu quedaron intrigados y atemorizados. En la tribu, las miradas se cruzaban comparando el dorado castaño de su piel con la blancura de la linda niña. Y creyeron que ese hecho representaba un triste presagio. Entonces pidieron al cacique sin rodeos que hiciera desaparecer a su nietecita”
La llegada de una pequeña cuyo color de la piel delata a Mandi,  provoca malestar entre las personas de la tribu. Este hecho es ‘malo’ en sí mismo; es decir la nieta es portadora del ‘mal’. Ante esto sólo cabe el sacrificio.


“El abuelo, lleno de compasión, fue retrasando día tras día tal crueldad. Hasta que en el silencio de una noche, aún de madrugada, fue al río con su nieta y la lavó cuidadosamente”
El proceso de lavado en el río da acceso al proceso de purificación; el río es un lugar sagrado donde Mandi nace de nuevo; allí Mandi accedió al ‘Tiempo Primigenio’ donde es rehecha como si fuera nueva, libre del mal; para ello el cacique llevó a cabo un ritual en el que se traslada junto con su nieta repitiendo los actos de los ‘Inmortales’ que limpian las impurezas de la niña.


“reunió a la tribu y con voz potente dijo: ‘Los espíritus recomendaron que esta chica quede entre nosotros y que sea bien tratada’. Incluso a regañadientes  y resignados fue cumplida la decisión del cacique.”

El cacique mediante un viaje a la ‘Época del Sueño’ donde viven los ‘Inmortales’ escuchó las recomendaciones de estos y trajo el mensaje primigenio; la tribu reunida escucha las palabras de los ‘Inmortales’ a través del cacique.

El color de la niña ahora purificado poseía el atributo del ‘mal’; ahora Mandi ha sido amparada por los dioses con lo que porta el atributo del ‘bien’; la unión de ambas esencias expresa la totalidad, la coincidencia de los contrarios.


“Mandi fue creciendo con tanta gracia y belleza que todos quedaron cautivados por ella”.

Mandi asume la condición de mujer a partir de la iniciación (mediante el lavado en el río), y se presenta como creadora de vida; existe también una transmutación espiritual en cuanto se revela (a partir de la primera menstruación) la sexualidad.


"Pero un día, inesperadamente, Mandi murió. Sus, padres, sabiendo cuánto la quería el abuelo-cacique, la enterraron en su choza."
El abuelo que amaba a su nieta presenta una especial ligazón con ella, se trata de la unión entre la energía vital que representa la niña y el mundo simbólico que encarna el cacique; entre ambos entretejen la vida

Que el enterramiento suceda en la choza, no es casual, es este el lugar donde se da el acceso desde el lugar de los mortales (el tiempo histórico) al lugar de los inmortales (tiempo sacro), mediante la ascensión.

El mito mitiga la angustia –ante la nada de la muerte-, y reconforta nuestra situación vital; se elabora en las civilizaciones antiguas un “rito de paso” en el cual la muerto tiene sentido y se valora la experiencia como un nuevo valor del ser. Un nuevo rito de paso, en este caso hacia la muerte, cuyo objeto es la transmutación espiritual de la víctima.


“Pero él, inconsolable, se encerró en su dolor y no hacía más que llorar. Lloraba día y noche sobre la tumba de su querida Mandi. Tantas y tantas fueron las lágrimas que del suelo brotó planta pequeña.”

El mito probablemente se acompañaba de ceremonias que permitirían aceptar los hechos trágicos de la vida que amenazaban la estabilidad emocional de la tribu, para ello la muerte de una persona, el sacrificio que suponía, se entendía como un acto que creaba vida

La Tierra se concebía entonces, como un ser regenerador de la vida, así la semilla que era enterrada, al cabo del tiempo, se transformaba en una planta.

Las lágrimas del abuelo, vuelven a representar una nueva purificación, un nuevo transito a la ‘Época del Sueño’, un nuevo rito de paso hacia un nuevo ser espiritual. Una vez comprendida la experiencia de lo sagrado y el misterio de la muerte, la Tierra y el Cielo se unen para permitir la ascensión de la vida profana a la vida sagrada.


“Cuenta el mito que un día la tierra se abrió para exponer las bellas raíces de la planta, nacida del llanto del abuelo.”

Mediante esta representación, se intenta exaltar la emoción al descubrir como la Naturaleza se transforma, una visión cándida e inocente de la vida que se explica ritualmente a través de un escenario que se repite periódicamente y que evoca una época primigenia (todo estaba allí) que permite al ser humano tener una visión de pertenencia a la vida, ya que no se ve como el artífice de los cambios sino que estos funcionan como copia de un modelo original.


"Los indios las cogieron con respeto y entonces vieron que eran blanquísimas como la piel de Mandi. Y, al comerlas, se dieron cuenta de que eran deliciosas. Y así fue como esas raíces se convirtieron en el principal alimento de los indios tupí. Entonces llamaron a esas raíces mandioca, que significa ‘el cuerpo de Mandi’"

La creación se lleva a cabo a través de un ser vivo que se inmola. Nada puede crearse salvo por inmolación o sacrificio. Crecen del cuerpo de un ser divino inmolado.
Madre Tierra en tanto diosa de la Muerte, fuente inagotable de toda creación, comparable a la simiente que enterrada da ‘a luz’ a la nueva planta.

Esta experiencia mágico-religiosa mediante la cual la materia se transforma, supone una intervención en el mundo cósmico, en los procesos de la Naturaleza. El Cacique era la persona encargada de llevarla a cabo mediante el acceso que poseía éste a lo ‘sagrado’, una fuente de sabiduría, que entendía que el campo era algo más que un trozo de tierra, que ésta era una diosa de la fertilidad que alumbraba la vida; principio activo creador del mundo. Y que el trabajo de la tierra era un acto sagrado; de esta manera se ofrecía la posibilidad a las personas de insertarse en lo sagrado a través del trabajo, en su condición de miembro de la comunidad, que ha sido iniciado ritualmente en la manera de entender la existencia.

De ahí que debemos entender el mito como un fundamento de la vida social y de la cultura, que este expresa una ‘verdad absoluta’, porque explica una historia sagrada, ejemplar y repetible que sirve de modelo y de justificación del comportamiento humano; El mito genera una manera de pensar y de entender la realidad.

Para saber más: Definición de mito

Izquierda, verdes y decrecimiento: Tan lejos, tan cerca

 Iñaki Valentín

Una relación tortuosa

La izquierda –bien sea ésta la socialdemócrata o la transformadora– y los verdes han tenido a lo largo de los últimos años en Europa una intensa a la par que extraña relación. Este maridaje, trufado de amor-odio, ha dado como resultado alianzas casi siempre forzadas que, a la postre, han acabado en numerosas ocasiones en una considerable ruina electoral e ideológica, cuando no en rupturas y en verdaderas batallas campales con algunos juicios incluidos por la utilización de nombres o siglas.

Desde la década de los 70, pero sobre todo desde los 80 en adelante, la necesidad de la izquierda por incorporar el elemento verde en su propuesta ha sido cada vez más acuciante. Obviamente, esto se ha visto incrementado en los últimos años con las alarmantes perspectivas que el cambio climático nos plantea como especie que quiere sobrevivir en un planeta sobreexplotado y superpoblado. Sin embargo, la reflexión profunda de cómo influye lo verde en las enraizadas creencias de la izquierda para adecuar la ideología a los nuevos tiempos no se ha realizado nunca de forma seria. Al final, la cuestión verde ha venido quedando más como un añadido simpático y como una marca de buenas intenciones que como una fuente ideológica.

Los verdes, por su parte, han sufrido graves consecuencias por sus devaneos políticos erráticos (no hay más que ver los casos de Francia y Alemania) que les han llevado a perder apoyo popular al percibirse más una tendencia al “pacto con cualquiera” que a la lucha transformadora; igualmente, esto se ha traducido en la creación de escisiones y grupúsculos trabajando, cuando no molestándose entre sí, al más puro estilo del peor ejemplo de la izquierda. Pero la realidad ha sido que los activistas verdes, para desarrollar sus luchas y propuestas en el día a día, siempre han tenido que buscar algún tipo de alianza con la izquierda donde han encontrado, mal que bien, su mejor
refugio.

En los últimos tiempos, tanto desde la izquierda transformadora como desde los partidos y movimientos verdes la asunción cada vez más pujante, aunque todavía incipiente, de las teorías del decrecimiento económico1 y el postdesarrollo2 que proponen un cambio radical en el sistema económico y social, negando la supremacía del modelo de desarrollo capitalista y haciendo especial hincapié en el elemento ecológico, pueden brindar una oportunidad, a través de la ecología política, para que por fin la izquierda y los verdes se sientan razonablemente acompasados y parte de un mismo proyecto. Esta alternativa, que entiendo necesaria como más abajo expondré, requiere para ser válida de una seria autocrítica por ambas partes y una autentificación del mensaje común.

Las rémoras de la izquierda

La izquierda ha sufrido crueles batallas intestinas, cada vez más centradas en luchas de poder que en aspectos realmente ideológicos, que no han servido precisamente para atraer a sus filas a muchas personas valiosas adscritas al movimiento ecologista. Igualmente, es presa, en mi modesta opinión, de una serie de rémoras ideológicas y de praxis que chocan con la construcción del modelo de decrecimiento cada vez más aceptado por los verdes. Citaré brevemente algunas cuestiones:

Frente al decrecimiento económico y la ecología, en la izquierda siguen predominando los aspectos desarrollistas y productivistas derivados de una interpretación marxista que no se ha puesto al día. Y esto es válido para la socialdemocracia, pero también para gran parte de la izquierda que se dice
transformadora, los sindicatos o las ONG “progresistas”.

Probablemente como derivación de lo anterior, la importancia práctica y programática del proyecto ecologista se ha visto siempre confinada a ser un batiburrillo poco trabajado y en algunos casos reducido al puro conservacionismo camuflado; y esto, simplemente porque no se ha asimilado realmente el fondo de la cuestión.

Con el paso del tiempo la inercia sobre la alternativa verde acabó por convertirse a los ojos de los partidos políticos de izquierda en una luz de neón para atraer despistados/as, para fagocitar posibles rivales políticos y para adecentar a través del marketing una raída tradición sin evolucionar.

De forma irresponsable, en la época de (supuestas) vacas gordas del capitalismo y del crecimiento económico la izquierda se ha centrado en convertirse en mera gestora del sistema antes que en otorgar prioridad a concretar alternativas al mismo.

Las rémoras de los verdes

Por su parte, los verdes no se han librado de actitudes y posturas ideológicas que han irritado, con razón, al movimiento transformador de izquierdas. Entre las más destacadas, se podrían señalar las siguientes:

La aseveración que tantas veces hemos escuchado de que ya “no existen las clases sociales” sólo puede llevar al estupor echando una sencilla mirada a nuestro alrededor. Pregonar esta teoría sin fundamento por parte de muchas gentes defensoras de la ecología política no es precisamente un buen puente para con la izquierda. Cosa bien distinta es que la evolución de los tiempos determine nuevas formas de dominación y nuevos conceptos dentro de las clases sociales.

Igualmente, preconizar la muerte de las ideologías (el famoso “ya no hay izquierda ni derecha”) para presentar a la ecología política como una vía nueva que supera las ideas tradicionales tampoco granjea las simpatías de las personas que ven cómo la justicia social es cada vez más necesaria y de qué parte está siempre el capitalismo. Este es un discurso altamente nocivo, máxime cuando la cruda realidad diaria hace que el movimiento verde se vea “obligado” a encontrar sus alianzas naturales en los movimientos sociales de izquierda.

Desde los verdes se ha perdido en Europa mucho tiempo y esfuerzo en coaliciones políticas contra natura que en muchos casos han tenido como consecuencia la complacencia con políticas estrictamente neoliberales, supuestamente contrarias a los principios de la ecología política (es muy plausible que las ideas de la desaparición de las ideologías y de las clases hayan dado impulso a estas aberraciones). De esta forma, se ha llevado a término, al igual que lo expuesto más arriba para la izquierda, una mera gestión reformista –a veces ni eso– del sistema más que un cuestionamiento profundo del mismo.

Despojándose de los tópicos: la ecología política y el decrecimiento como opción

Recientemente, en una interesante editorial Miguel Riera se preguntaba, con razón, por el paradero de la izquierda3 ante los desafíos que se nos plantean. Yo añadiría también una interrogación sobre el paradero de los verdes. Pero desgraciadamente la respuesta no es tan complicada en ninguno de los dos casos.

Tanto los unos como los otros hemos estado preocupados por arrear sartenazos en la cabeza del compañero o bien, en el extremo opuesto, sesteando plácidamente en una complaciente gestión más o menos socialdemócrata del sistema capitalista. Las alternativas y la evolución ideológica han sido aparcadas y no tenidas en cuenta. Un caudal de reflexiones se ha venido desarrollando en los últimos tiempos alrededor de la alternativa que supone el decrecimiento y la ecología política como vía para refundar la izquierda. Estas ideas no se han querido tener en cuenta mientras el sistema capitalista ha estado en otra de sus fases de crecimiento económico continuo y ahora que llegan los momentos de crisis de nuevo queremos aplicar, a derecha e izquierda, las típicas recetas del capitalismo en su forma más execrable o a través de improductivas vías reformistas. Y supervivencia

En la izquierda siguen predominando los aspectos desarrollistas y productivistas derivados de una interpretación marxista que no se ha puesto al día Los verdes no se han librado de actitudes y posturas ideológicas que han irritado, con razón, al movimiento transformador de izquierdas aunque sea natural la toma de determinadas medidas (no rebajar el gasto social, luchar contra el paro, etc.) lo que no deberíamos hacer es olvidarnos del discurso radical anticapitalista una vez que vuelvan los buenos tiempos para el crecimiento y el desarrollo, que no para el ser humano.

En este sentido, el decrecimiento tiene mucho que decir. Recordemos algunos de los fundamentos del mismo:

  • El modelo energético actual depende de unos combustibles fósiles que se van a agotar y cuya viabilidad es nula para el futuro.
  • El crecimiento económico posee y va a poseer siempre una relación directa con el crecimiento del impacto ecológico y esto, como han expuesto Jorge Reichmann y otros pensadores y activistas, aunque consigamos sustituir los combustibles fósiles por energías renovables. Las energías renovables son necesarias pero habrán de acompañarse de una forma distinta de valorar lo que hoy llamamos el nivel de vida.
  • La riqueza real está más allá de la producción de bienes y servicios: el medio ambiente, la justicia, los procesos de democratización, la participación ciudadana, etc. no pueden ser soslayados. La consideración de lo material como lo máximo a lo que aspira el ser humano está dejando de lado a las personas, quienes deben estar por encima de la economía.
  • Las sociedades actuales están alienadas por el consumo masivo de bienes materiales fútiles y artificiales. La llamada “sencillez voluntaria”, el consumo responsable y la austeridad se alzan como opciones esenciales en lo local y los cambios estructurales en lo cultural, educativo y político son imprescindibles en un nivel global.

En estos momentos, varios países están en decrecimiento y las consecuencias son obvias: paro, conflictos, pánico… y ya han caído algunos palos en contra de los/as defensores/as del decrecimiento. Y es que la situación actual es un buen ejemplo a pequeña escala de lo que sería el decrecimiento como caos; es decir, el decrecimiento descontrolado que nos puede llegar en sucesivas y virulentas oleadas probablemente acompañado por un auge de la extrema derecha y de los modelos xenófobos si no tomamos medidas contra el modelo de desarrollo, el monetarismo, el sistema energético y los fundamentos mismos de un modelo injusto en lo social, en lo cultural y en lo político.

Precisamente, frente a ese modelo de decrecimiento como caos está la oportunidad de construir un decrecimiento planificado y trabajado que persiga poner fin al capitalismo. Estamos, por lo tanto, ante una gran oportunidad para la tan traída y llevada refundación de la izquierda y para un acercamiento definitivo y honesto con los verdes.

Así, la propuesta sería que sobre estas premisas añadiéramos, desde el decrecimiento, a nuestras respectivas tradiciones e ideologías un corpus teórico fuerte y una base programática muy práctica en lo macro y en lo micro para tener una alternativa clara (¿Podría ser el anunciado ecosocialismo
del Nuevo Partido Anticapiltalista francés –NPA– un principio de lo que aquí exponemos4?).

* * *

A modo de conclusión, habría que remarcar que la construcción de esta nueva sociedad del postdesarrollo requiere que tanto los verdes como la izquierda se despojen de apriorismos, desconfianzas, tópicos y, especialmente, de las rémoras que más arriba se han señalado. El trabajo por la ecuación democracia y justicia social sumado al del decrecimiento y la ecología política deberían sentar las bases para una unión real y duradera. Como se señala reiteradamente es el tiempo de radicalizar el discurso para plantar batalla al neoliberalismo; también lo es para caminar juntos. Y ahora parece haber llegado el momento y la necesidad de plantear a nuestras sociedades que el camino se acaba al borde de un precipicio y hay que desbrozar de forma valiente nuevas sendas aunque parezcan complicadas. Vamos a ver si somos capaces de ponernos a trabajar en esa dirección!

Notas

1.Ver artículo en El Viejo Topo, octubre de 2007, “Decrecimiento económico: ¿Quién le pone el cascabel al gato?”
2. Término usado para dotar al decrecimiento de una perspectiva más global. Para más información consultar: www.apres-developpement. org Aclaración: estoy utilizando los términos decrecimiento y postdesarrollo como “sinónimos”, en el sentido de que ambos están referidos a un cambio más amplio que lo estrictamente referido al ámbito económico.
3. Editorial de El Viejo Topo, noviembre 2008.
4. Sobre el NPA, Raoul Marc Jennar ver: http://www.espacioalternativo. supervivencia 

Artículo publicado en El Viejo Topo nº 252 



El inconsciente colectivo

Pedro Jara Vera - ReGenera

El inconsciente colectivo, las creencias y valores ampliamente compartidos que conforman la cultura y los hábitos de un sistema de vida (llámese neoliberalismo o cualquier otro), están tejidos y protegidos en un nivel muy abstracto y poderoso. Eso que la sociedad ha creado por inducción, desde la suma de las mentes y actitudes individuales, ahora rige por deducción, de arriba hacia abajo, y las voluntades individuales discrepantes tienden a ser sutilmente –o no tanto- desprestigiadas, apaciguadas, integradas o reconducidas en la dirección que marca el propio sistema, para mantener la coherencia y fortaleza del mismo (Ruiz-Portella, 2011a). No se trata sólo del efecto que tienen las jerarquías de poder en la sociedad de base, sino en este caso, fundamentalmente, de la identidad y “la personalidad del mundo”, que se estructura como una gran red de fuerzas visibles e invisibles, también con estructura jerárquica, a la que llamamos “sistema”.

Precisamente, uno de los elementos de fortaleza del actual sistema capitalista que se expande en el mundo ha sido siempre su flexibilidad y refinada capacidad para mantener la coherencia, aglutinando en su propia dinámica a todo tipo de movimientos pretendidamente rebeldes, y así, los movimientos culturales y los símbolos contra el sistema han sido a menudo absorbidos en la propia dinámica de la moda y del consumo.

Por la misma tendencia hacia la coherencia de todo sistema, unos pocos políticos aislados que pretendieran promover de forma decidida cambios sustantivos en el mundo, en base a creencias y valores básicos muy diferentes a los actuales, recibirían muy pocos votos, serían expulsados del poder rápidamente, tal vez comprados, anulados o frenados de cualquier forma. De entrada, en la actualidad este tipo de personas difícilmente puede encontrar las condiciones para acceder a altos puestos de poder. Incluso por tal motivo, para ser “aceptados por el sistema”, observamos por ejemplo que muy buena parte de los grupos y partidos políticos de orientación supuestamente ecologista se conforman con reclamar reformas pro medio-ambiente en las políticas gubernamentales, quedando así atrapados en una posición levemente reformista que deja intocable la esencia de un sistema que ha de ser revertido de modo bastante más radical (Valentín, 2009). Bajo cualquier pretexto aparentemente sensato (aludiremos más adelante a los diversos mecanismos de defensa de nuestro paciente) también los datos, las reflexiones y los textos discrepantes con la mente del sistema (es preciso insistir en que no me refiero sólo a los gobiernos, sino a la mente colectiva que domina en las bases, a los ciudadanos que trabajan, consumen y votan) tienden a ser desatendidos, arrinconados o zancadilleados, para que no incomoden con una gran difusión y promoción.

En una perspectiva global, nuestros líderes no son sino la encarnación de la personalidad colectiva, emanan de ella y la reflejan, y aunque ocupan un lugar privilegiado para mantener el estado de las cosas o bien para movilizar cambios, están también sujetos a las limitaciones y direcciones que marca la mente de la humanidad. Una mente creada por la elevación de la suma entretejida de todas las hebras individuales, conformando una entidad distinta y superior, más abstracta y poderosa. Es por ello que cualquier cambio en verdad significativo y duradero en la manera como se rige el mundo, cualquier cambio que permita no sólo aplacar temporalmente algunos síntomas, sino remover las causas más profundas que sostienen la enfermedad, ha de volver necesariamente a iniciarse desde abajo hacia arriba, desde el cambio operado en una suma extraordinariamente numerosa de las mentes individuales que mantienen con vida la mente del sistema. Aquí reside el valor crucial de la educación, entendida en sentido amplio. Un cambio mayoritario persona a persona en la misma dirección equivale, para este gran organismo llamado “humanidad”, a lo que en la psicología del individuo supondría ir eliminando los conflictos o contradicciones motivacionales internas, que son las que boicotean la posibilidad de que el paciente ponga en marcha una dedicación sincera, sin incongruencias o frenos internos inconscientes, en la nueva dirección que las estrategias terapéuticas persiguen.

En definitiva, un cambio en la identidad y en el nivel de creencias y valores de este paciente llamado humanidad viene dado por un cambio de las creencias y valores de muchos seres humanos, y sólo este tipo de cambio puede movilizar nuevos liderazgos, y nuevas, congruentes y perdurables estrategias que constituyan una verdadera terapia para la enfermedad del mundo. Si fuese más sencillo que todo esto, tanto sufrimiento habría motivado hace muchos siglos una reacción verdaderamente sabia y curativa.

Extraído del libro 'El mundo necesita terapia de Pedro Jara Vera

Las personas primero: Conversación entre Mónica Oltra y Yayo Herrero

Nerea Ramírez Piris - Público.es
Co-Coordinadora confederal de Ecologistas en Acción

Las personas primero es un diálogo del sentido común, el que ponen Mónica Oltra y Yayo Herrero en este libro de la colección Más Madera a dos voces de Icaria. Se trata de una conversación entre dos mujeres que tienen claro que cuando las personas están primero pierden protagonismo los mercados, afloran los debates verdaderamente esenciales para la vida, el dinero deja de ser la única vara de medida y el lucro deja de ser la prioridad.

Si todas las personas, absolutamente todas, somos seres interdependientes (dependemos unas de otras) y ecodependientes (dependemos de la naturaleza) no tiene sentido gobernar, legislar o producir de espaldas a las bases que mantienen la vida. Pero la realidad, marcada por los desahucios, la construcción de infraestructuras innecesarias que profundizan la crisis ecológica aún más, los rescates bancarios o la pobreza energética, se aleja cada vez más de esta cuestión, relegando a las personas al último lugar.

Esto es lo que explican y desgranan de forma sencilla y minuciosa las autoras de este libro. Porque las cuestiones esenciales pueden y deben explicarse de forma sencilla. Mónica desde el mundo de la política parlamentaria, Yayo desde el mundo de los movimientos sociales, algo que hace el diálogo muy enriquecedor y plagado de propuestas posibles y esperanzadoras para transitar hacia un sistema que nos permita tener una vida que merezca la pena vivir.

El libro recorre todas esas preocupaciones que tenemos en la cabeza. El diálogo se va adentrando en el tema de la corrupción, del trabajo, de la clase política, en la cuestión de la distribución de la riqueza y la propiedad privada, en las puertas giratorias entre el mundo político y el económico, y también en el mundo de los movimientos sociales, de los procesos constituyentes, de la transición ecológica o de la economía invisible de los cuidados. El análisis de todo ello lleva a las autoras a confirmar que “tenemos que asumir que estamos en un momento que va más allá de la mera crisis económica. Es el momento de repensar todo de otra manera, es obligado repensar cómo lo hacemos de otra forma. Es necesario articular colectivamente un nuevo pacto social”.

Y además de análisis riguroso, algo fundamental, la lectura del diálogo transmite energía, optimismo y ganas para emprender la construcción colectiva de alternativas, sin perder la alegría, sin olvidarnos de la teoría y los discursos pero sin perder de vista las emociones y esa solidaridad que nos permite seguir adelante. Por eso el libro termina con la propuesta de que nos pongamos manos a la obra, sin tiempo que perder, a llevar a cabo esas transformaciones que se perfilan en el diálogo y otras muchas que surgirán para sentar las bases de un modelo que ponga a las personas primero.



Extracto de la conversación entre Yayo Herrero y Mónica Oltra contenida en Las personas primero. Mónica Oltra es diputada ecosocialista valenciana de Compromís, y Yayo Herrero, activista, coordinadora de Ecologistas en Acción y directora de FUHEM. Ambas conversan e incorporan al discurso político un punto de vista no pocas veces olvidado: la política, las leyes y el sistema económico deben estar al servicio de las personas.

Yayo Herrero

Inevitablemente la humanidad va a tener que vivir con menos energía y materiales y va a depender de energías renovables y limpias, necesitamos que la transición comience ya. Porque puede llegar un momento en que ni siquiera pueda ser posible físicamente reconvertir el modelo energético para que los 7.000 millones de personas que habitan el mundo puedan vivir en unas condiciones mínimamente decentes. A mí me preocupa mucho que no se perciba que la humanidad, quiera o no quiera, va a tener que vivir con menos recursos materiales, ya que así lo van a imponer los límites físicos del planeta, y que lo que está en juego es si ese decrecimiento material se hace con criterios de reparto y justicia o se hace por una vía violenta. Muchas veces, cuando se lanzan los discursos de cómo regenerar de nuevo la churrera del crecimiento, el modelo que se plantea tiene exactamente los mismos criterios que nos han llevado a este desastre en el que nos encontramos ahora.

Mónica Oltra

Sí, pero cuando decimos que la humanidad va a tener que vivir con menos de lo que vive, no tenemos en cuenta que hay una gran parte de la humanidad que vive con muy poco.

Yayo Herrero

Quiero decir que la humanidad globalmente va a tener que vivir con menos energía y materiales, y eso es algo que no está en nuestra mano cambiarlo.

Mónica Oltra

Claro, pero la humanidad globalmente tiene un problema, y es que nosotros utilizamos el 80% de los recursos del planeta, mientras que hay una parte de la población, más numerosa que nosotros, a la que le queda el 20% y mal repartido. Justo en nuestro caso, el valenciano, al vivir al lado de «la huerta», tenemos la suerte de que el tomate que comemos sea de al lado de casa, a no ser que te lo quieras comer en el mes de diciembre. Sin embargo, en algunas partes del mundo un alimento tiene que recorrer 5.000 kilómetros para llegar al consumidor, y en otras partes del planeta lo primero que hace la gente al levantarse por la mañana es ir a buscar agua, y el pozo igual está a 20 kilómetros y se pasan medio día en ir y volver a por el agua; un trabajo que mayoritariamente hacen los niños y las mujeres y que está absolutamente invisibilizado. Aquí, más allá de las campañas navideñas de algunas ONG que nos ablandan el corazón, vivimos de espaldas a una realidad: que nosotros depredamos el 80% de los recursos del planeta.

Yayo Herrero

Lo cual nos lleva inevitablemente a plantear que cualquier tipo de propuesta política que se haga en un país que sobreconsume por encima de lo que pueden dar sus territorios y que quiera ser igualitaria y justa con el conjunto del planeta, lo primero que tiene que plantearse es cómo organizar el reparto de la riqueza y adaptar su modelo productivo, para ajustarse a lo que proporciona cada territorio. Es absolutamente imposible hablar de justicia, por ejemplo en Nigeria o en Somalia, si no disminuye de una forma radical la presión sobre los recursos naturales por parte de aquellos lugares llamados desarrollados, que son los que se sostienen en una economía caníbal a costa de devorar otros territorios.

Mónica Oltra

Y el suyo propio. Porque si tenemos en cuenta que nos debemos abastecer de lo que nos rodea, no podemos tapar la tierra con cemento, y esto es algo en lo que los mediterráneos tenemos mucha experiencia.

¡Que los tomates no crecen en el hormigón!, y además todas las civilizaciones en decadencia han minimizado su sector primario, la agricultura, o lo han maltratado. De la misma manera que nosotros también estamos maltratando nuestra tierra cuando la sobreexplotamos, cuando hacemos un tipo de agricultura intensiva o ganadería intensiva, que al final lo que hace es imposibilitar la continuidad en el futuro. Y eso a pesar de que nosotros venimos de una tierra privilegiada, a la que hemos empobrecido durante años con planes de actuación urbanística, tapándola con hormigón, construyendo más casas de las que necesitábamos, haciendo campos de golf… estoy segura de que en algún momento en los campos de golf habrá inevitablemente campos de tomateras, estoy segura.

Yayo Herrero

Estos modelos de explotación son racionalmente incomprensibles. La única manera de explicar cómo se ha podido apostar por esta locura, por este tsunami de cemento y de infraestructuras, por este modelo que es absolutamente irracional y loco, es cuando se hacen visibles todos los casos de corrupción, entonces sí se entiende.

Mónica Oltra

Sabes qué pasa, después de darle muchas vueltas al tema de la corrupción, vemos que no ha sido un fenómeno que ha salido de repente como una seta porque llovió, sino que la corrupción se gesta a largo plazo, hay varios elementos que hay que tener en cuenta. Aquí la corrupción ha pivotado sobre tres grandes ejes: la especulación urbanística por un lado; los grandes eventos (Fórmula 1, la visita del Papa, por ejemplo); y la gestión de residuos. Aquí volvemos a evidenciar la importancia de una gestión sostenible.

¿Por qué estos tres elementos? Porque generan grandes plusvalías en muy poco tiempo. Es lo que se llamaba el pelotazo. En la transformación urbanística, un terreno que hoy vale cinco mañana vale cien, hay una plusvalía muy grande; en los grandes eventos se generan también cuantiosas plusvalías porque son muy caros y se genera un gasto enorme en muy poco tiempo, y en la gestión de residuos, porque antes que nada es una primera necesidad, el agua hay que depurarla, el agua tiene que llegar potable. Tanto en la gestión de residuos sólidos como líquidos han estado implicados todos. La gestión de las basuras, de los residuos urbanos, la depuración de las aguas… por un lado son infraestructuras muy caras, concesiones muy caras en muy poco tiempo, y a la vez de primera necesidad.

Así, cuando se genera este tipo de movimiento de dinero, de tanto dinero en tan poco tiempo, la malversación se nota menos, es decir, si tú tienes que quitar 2.000 euros de 20.000 se nota mucho, pero de 400 millones de euros quitarte ocho millones no se nota tanto: este ha sido el caldo de cultivo perfecto para la corrupción, porque esas plusvalías además generaban comisiones ilegales, dinero fácil. Y es que cuando cuesta mucho ganar el dinero no se suelta fácilmente, pero cuando llega por un pelotazo, pues se le da a fulano, a ese concejal…

La corrupción es el síntoma, es el estornudo del constipado, pero ¿la causa, la enfermedad, dónde está? La causa es anterior, la causa es cuando la democracia se pone enferma. La corrupción es el estornudo de una democracia enferma ¿por qué?, ¿qué ha pasado anteriormente? Ha habido abuso de poder, se han utilizado mal las mayorías absolutas, el que gobierna se ha creído que ganar las elecciones habilita para hacer cualquier cosa, no han dejado a la oposición hacer su trabajo, cuando han pedido un contrato lo han escondido, etcétera, etcétera, y a partir de ahí llega la falta de control, el sentimiento de impunidad: yo he ganado las elecciones y puedo hacer cualquier cosa. Camps decía: «las urnas me absolverán», Fabra también lo decía, Camps decía: «hombre, yo he ganado las elecciones». Pero las elecciones habilitan al político para gobernar y no para otras cosas, porque, en todo caso, los delitos los absuelven los tribunales, no las urnas…

Este cóctel es explosivo: una democracia enferma donde la calidad democrática va bajando, donde los controles se van relajando, donde la sociedad también se relaja, y donde todo es justificable porque ganas las elecciones, sumado a lo que yo llamo el tridente del diablo: la especulación urbanística, la gestión de residuos y los grandes eventos, ya que cualquier caso de corrupción en esta tierra tiene relación con uno de los tres o de dos de estos elementos.

Yayo Herrero

Otro ámbito de importante especulación y corrupción ha sido el desarrollo de las grandes infraestructuras. Estas infraestructuras se han llevado a cabo aunque movimientos como el ecologismo, por ejemplo, han denunciado desde hace décadas que era absurdo hacer nuevas carreteras, ya que no se llegaba a los niveles de afluencia de coches que aconsejan construirlas, y se han construido aeropuertos en los que no aterrizan aviones, o puertos en los que no hay barcos, o tramos del AVE que no utiliza nadie, o estaciones de AVE en páramos. Es evidente que detrás de toda esta irracionalidad y este disparate está la corrupción.

Creo que este tema, el de la corrupción, no ha sido suficientemente tratado, es necesario partir de la base de que para que haya corruptos tiene que haber corruptores. Y ese es el papel que presuntamente han jugado algunas constructoras y otras grandes empresas en el Estado español, haciendo donaciones que parecen ser ilegales a los partidos que gobernaban, a cambio de la adjudicación de obras. Ha habido un enorme trasvase de dinero público para infraestructuras, que ahora se muestran como inútiles, y que la ciudadanía aceptó porque supuestamente creaban riqueza y puestos de trabajo. Ahora tenemos el récord en infraestructuras y en paro.

Para mí, denunciar a quienes corrompen es también muy importante. Cuando comentas toda esta descomposición de la democracia, de la clase política corrupta, no hay que olvidar un elemento muy vinculado: cuando la clase política se ha corrompido, en algunos casos lo que ha sucedido es que algunos políticos se han fusionado con el poder económico. Estas políticas de puertas giratorias que hacen que un ministro de economía o un presidente de gobierno, cuando deja de serlo, pase a ser consejero o un alto cargo de una eléctrica, y cuando vuelve ha ser elegido vuelve a dejar la eléctrica y pase al gobierno… Se acaba produciendo una especie de golpe de Estado metafórico, es como si el poder económico hubiese tomado las instituciones.

Yo creo que, ahora mismo, el problema enorme que hace que realmente el modelo de Estado y la democracia hayan desaparecido debajo del poder económico es que se sigue sin poner coto ni límites a quien ostenta un cargo político, un representante de quienes lo han votado, y que es corrompido por el poder económico. Para mí es un problema gravísimo, y efectivamente hay una conexión muy importante, es lo que tú decías, las tres patas que señalabas de la corrupción acaban teniendo un impacto y un peso tremendos sobre el territorio, sobre la naturaleza y sobre las personas.

Mónica Oltra

Que introduzcas el elemento del que corrompe me parece muy interesante. No sé si te acuerdas de que hace unos meses hubo una intensa ofensiva de los líderes de la patronal en contra de los empleados públicos, y Rosell se levantaba todos los días diciendo que aquí sobraban 400.000 funcionarios, y cosas por el estilo. Y siguen igual, han estado diciendo que cuatro días de permiso

para la muerte de un familiar es demasiado, en concreto, José de la Cavada hizo estas declaraciones. Se ve que a este buen hombre no se le ha muerto nadie, o bien este señor desconoce la naturaleza humana o al menos a los trabajadores no nos otorga el beneficio de la condición humana y lo que es la tristeza y el duelo. Lo importante para él debe ser que no nos movemos con diligencia para ir a enterrar a nuestros muertos… en fin, espero que no tenga que pasar por un trago así, porque a mí me ha pasado hace muy poco y me han tocado la moral, por no decir otra cosa, las palabras de este hombre.

Cuando oigo esto solo pido que se le echen al cuello, dialécticamente hablando, determinados sectores sociales, incluso los sindicales, para que este señor no sea representante de la patronal, porque una persona que nos deshumaniza hasta ese punto no puede serlo, por lo menos yo no me sentaría con ese individuo en ningún sitio.

Comento este tema porque hace poco tiempo escribí un artículo precisamente sobre esto, ya que parece que la corrupción solo sea un fenómeno de los políticos.

¡Cuidado!, que para que haya un corrupto tiene que haber otro que pague, que esté dispuesto a poner los dineros encima de la mesa, por lo tanto tiene que haber un corrompedor. Hay alguien que se deja corromper, pero necesariamente hay otro que va con un fajo de billetes a corromper, y no hay corrupción sin estos dos elementos, esto es un binomio y no existe uno sin el otro.

Me hace gracia que los representantes más altos de la patronal diesen lecciones de que había que apretarse el cinturón, de cómo gestionar lo público, cuando no eran capaces de, en su propia casa, solucionar o ver lo que pasaba con Arturo Fernández, un señor al que se le acusa de pagar en dinero negro. Y no digo ya Díaz-Ferrán, un representante de la patronal que no pagaba a sus trabajadores y que quebró todas las empresas de forma fraudulenta, por lo menos eso es lo que parece por los autos judiciales. Después de ver esto te preguntas ¿cómo es posible que en los medios de comunicación se invisibilice la parte corrompedora de la corrupción? Por eso me encanta que hayas sacado el tema, yo lo plasmé en un papel. ¡Oiga! ¡aquí no hay corrupción si no hay alguien dispuesto a corromper! Los políticos tienen su parte, y muy importante, la diferencia es que al político le votan y le dan su confianza, por lo tanto tiene más responsabilidad, y al empresario nadie le vota. Pero ¿qué pasa con los empresarios? A los que además les da lo mismo una sigla que otra, aunque obviamente conviven con más comodidad con la sigla que ahora gobierna.

Definición de mito

Definición de mito

Definición

Definimos el mito como una narración fuera del tiempo histórico que interpreta una ‘verdad absoluta’ que sirve de fundamento de la vida de una determinada sociedad.

Función

El mito sirve de modelo y de justificación del comportamiento humano y genera una manera de pensar y entender la realidad; por ello podemos considerar los mitos como ideas-fuerza que orientan el pensamiento y el comportamiento social al mismo tiempo que explican la realidad.

Los mitos cumplen una función psicológica (reducen la incertidumbre, dan sentido) y política (articulan a las sociedades, justifican y sacralizan el poder). Se trata de una forma de pensamiento colectivo que expresa un modo de ser en el mundo.

Expresión

El mito es una expresión de realidades imposibles de expresar de otro modo. Así la realidad, a veces aparece paradójica o contradictoria; o compuesta de elementos heterogéneos dentro de un mismo sistema; o determinadas formas sociales tienen significaciones no evidentes; o existen principios  que comprometen la existencia humana; o existe un silencio o vacío que debe ser rellenado etc.

El ser humano configura el mito en el ‘antes’, en un momento fuera de la historia que ya sucedió; los mitos ‘piensan a la personas’ sin que estas se den cuenta; se hayan presentes en las diferentes maneras en las cuales las sociedades se expresan, en sus leyendas y sus cuentos, en sus danzas y en sus cantos, en sus modos de pensamiento y también en el ‘inconsciente colectivo’.

El mito en épocas arcaicas

En épocas arcaicas, los mitos eran ritualizados mediante ceremonias y se expresaban en ‘lo sagrado’ mediante su repetición en diversos momentos importantes para la colectividad. Estas manifestaciones de lo sacro se manifestaban mediante imágenes y símbolos que no pertenecían a nuestro mundo. Mediante la celebración de estos ritos separaban ‘lo profano’ de ‘lo sagrado’.

Así, al expresar ‘lo sagrado’, la manifestación de las fuerzas ‘superiores’, ‘potentes’, ‘ocultas’, ‘mágicas’… eran limitadas, porque al expresarlas eran controlables mediante los actos rituales.

Para entender el sentido de lo sacro y sus estructuras debemos de tener en cuenta los significados en un determinado contexto histórico y en un plano de referencia que forman las instituciones y la forma de organizarse de una sociedad.

El acceso al mito al ser sagrado, se configura en otro plano existencial, y para acceder a él son necesarios actos ceremoniales, rituales de acceso a ‘la verdad’, ‘lo profundo’, ‘lo primigenio, …  mediante estado místico de trance o de éxtasis que permiten trasladarse a ese otro ‘tiempo sagrado’.

Los seres humanos no inventamos los mitos, los vivimos; son una proyección de nuestros deseos y nuestros miedos. Los mitos son revelaciones que se manifiestan en el inconsciente y en el arte.

Para saber más: Ejemplo de mito.Mandi

Seremos mucho más felices si dejamos de caer en el consumismo

Su aspecto bohemio no engaña. Julio García Camarero (Madrid, 1936) habita entre libros subrayados con vehemencia y lleva una vida espartana, aliñada por su incansable pasión por el cine y la lectura y salpicada por la actualidad. Esta formación humanista se complementa con los diferentes trabajos de campo que ha realizado y que desde hace ocho años refleja en la filosofía del decrecimiento. Sobre esta teoría, versada en la racionalización de la producción y el consumo, ya ha publicado tres libros. Y no deja de hacer talleres y dar charlas tanto en el barrio valenciano donde reside, Russafa, como en ciudades como Roma. Es autor de El crecimiento mata y genera crisis terminal (2009) y El decrecimiento feliz y el desarrollo humano (2010).

En las más de 1.000 páginas que lleva escritas, ha querido hacer un repaso al modo de vida occidental y a las oportunidades que provee la crisis actual. Según el autor, el progreso del conocimiento y la tecnología han provocado la disminución de la necesidad del “trabajo enajenado o asalariado” y han creado un crecimiento “competitivo y egoísta, explotador del hombre y de la naturaleza”. Ante esta amenaza “deshumanizadora e irrespetuosa”, él propone un “decrecimiento feliz”. “Las necesidades humanas para el desarrollo son la subsistencia, el afecto, el entendimiento, la identidad, el ocio, la protección, la participación y la libertad”, explica. Unos valores que se alejan del “consumismo asesino” para abrazar un “consumo responsable y sano”.

Algo que conoce de cerca. Después de varias décadas al frente de la unidad de investigación de la Consejería de Agricultura y de ser uno de los fundadores de la primera asociación ecologista valenciana (la Asociación Valenciana de Iniciativas y Acciones en Defensa del Territorio, Aviat), este ingeniero técnico forestal ha llegado a la conclusión de que la felicidad no está ligada al consumo. “Seríamos más felices si dejáramos de caer en el consumismo, porque contaminaríamos menos, agotaríamos menos recursos, trabajaríamos menos y tendríamos más tiempo para divertirnos y para las relaciones humanas”, señala.

En sus más de 35 años como trabajador del sector público, pudo comprobar los diferentes tipos de sistemas agrarios utilizados en varios países. En una ocasión acudió a Cuba. Allí pasó más de un mes como alumno de la Universidad de la Habana en un pueblo, Guira de Melena, situado cerca de San Antonio de los Baños, a pocos kilómetros de La Habana. “La revolución cubana no se hizo en Sierra Maestra, que fue violenta, sino cuando se inició con la Agroecología”, argumenta. “Pero eso sí, siempre había la misma comida: arroz y frijoles”, sonríe, “aunque los desayunos con frutos tropicales eran exquisitos”.

Esa inquietud por conocer le llevó más tarde, cuando dejó su puesto de trabajo, a emprender varios viajes por el continente sudamericano. De allí se nutrió del material que utiliza en su último libro, El crecimiento mesurado y transitorio del sur, que editó el pasado verano y que cierra la trilogía dedicada al decrecimiento. En este volumen matiza sus pensamientos anteriores adecuándose a la coyuntura de estos países. Unos estados que coloca entre los seis mundos existentes, según su taxonomía. “Hay un Primer Mundo prepotente, solvente y consumista”, aclara, “y otros cinco depauperados, llenos de deudas y poco solventes”. “En los mundos periféricos, donde no hay casi economía, no se puede decrecer. Tendrán que crecer, pero de una forma mesurada, para no caer en los errores del Primer Mundo o de China”, argumenta.

“El crecimiento es la acumulación —por parte de unos pocos— de la riqueza, producida a partir del agotamiento de los recursos del planeta y de la explotación y empobrecimiento de muchas personas”, asegura. Para cada explicación recurre a algún autor o ejemplar. Al final de la conversación se apilan varios volúmenes encima de la mesa de su estudio. En este mismo espacio tiene una copia de bolsillo de la constitución de la república bolivariana de Venezuela, “la misma que enseñaba Hugo Chávez por la tele”.

De aquellos tiempos, apunta, provienen las primeras denominaciones liberales. “A finales del siglo XIX se habló de prosperidad; después, de progreso, que se equipara al productivismo; más adelante, el capitalismo en boca del presidente Truman se introdujo el término de desarrollo; y con el neoliberalismo se habla de crecimiento”. “El lenguaje es importantísimo”, recuerda antes de desgranar sus conclusiones: “Se habla de decrecer como si fuera negativo. Hay un decrecimiento (el de los recortes) que es negativo, pero otro que es positivo”, arranca. “El problema no son los puestos de trabajo sino las horas de trabajo. Si en lugar de tener 40 horas laborales semanales se redujeran a 12, y se repartieran entre todos, todos tendrían trabajo y habría más tiempo para las relaciones humanas. Y se sería más feliz y se contaminaría menos”, concluye.

Decreciendo

Programa de RADIO 5 que se emite los martes a las 17:50 horas y los sábados a las 16:52 horas.

Presentado por: Isabel Jiménez Dirigido por: Isabel Jiménez

El decrecimiento constata la imposibilidad de crecer indefinidamente en un planeta finito y rechaza el crecimiento económico a cualquier costa que predica el liberalismo. Agrupa a corrientes de pensamiento económico, político y social que pretenden disminuir el consumo de forma consciente y voluntaria, respetuosa con el medioambiente y los seres humanos. Consumir menos, pero mejor.

Aquí podéis encontrar los últimos 50 programas del programa decreciendo

Hemos incluido en la sección AUDIOS el archivo de este programa y en él podéis encontrar programas como: Alternativas para cuidar y conciliar, últimas tecnologías y obsolescencia, municipios por el bien común, red de semillas, slowfashion, día mundial contra el fracking...

Aquí o dejo el progama del 7 de enero de 2014: