Devorando recursos, excretando residuos

El actual modelo productivo que se impone y responde a los intereses de las élites dominantes de los países desarrollados trasciende todas las fronteras y se convierte en un sistema global; una civilización de alta tecnología devoradora de recursos materiales y energéticos que tiene como desagüe las sustancias de desecho: los residuos, que provocan graves problemas ecológicos y sociales que se acrecientan a medida que la capacidad de asimilación del propio sistema se ve desbordada.

La necesidad de un crecimiento constante -la riqueza- genera un orden económico que tiene dificultades para esconder los grandes problemas que causa: la expansión de la pobreza, la inseguridad alimentaria, guerras, invasiones, problemas de salud, los movimientos migratorios, el cambio climático, pérdida de biodiversidad, contaminación atmosférica, inseguridad química y radioactiva, contaminación de los suelos y desertificación, deforestación, urbanismo desbocado, aguas contaminadas, sequías, agotamiento de recursos pesqueros, biopiratería, ruido...

No se trata de mejorar la eficiencia energética ni de mejorar los procesos técnicos para reducir los residuos, se trata de entender que el modelo productivo es depredador de las personas y su entorno, que convierte en mercancía todo lo que toca y termina destruyendo todo lo que no se puede comprar o vender. Trascender la visión reduccionista que sitúa la resolución de problemas globales en un conjunto de opciones técnicas.

Es necesario un nuevo modelo productivo que priorice la soberanía alimentaria de los pueblos, la gestión democrática de los recursos, la reducción del transporte motorizado y sobretodo un cambio de mentalidad que contenga como paradigma fundamental la moderación; un sistema en decrecimiento.

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