Crítica a los polémicos con el decrecimiento


Julio García Camarero

Algo que no se comprende, es que ciertos autores inicialmente decrecentistas, como puedan ser Vicenç Navarro, José Manuel Naredo, y otros como el presidente ecuatoriano Rafael Correa, no solo estén desertando del pensamiento decrecentista, sino que además se hayan revuelto en contra de él y estén proponiendo “otro crecimiento” , “otro capitalismo”. Y lo lamento especialmente porque es cierto que de ellos he aprendido cosas interesantes, y sin embargo en otros aspectos no tengo otra que discrepar completamente.  


Sí que es comprensible y hay que estar de acuerdo con lo que dice Vicenç Navarro en cuanto a que:


“El decrecimiento no es un concepto que pueda definirse sin conocer qué es lo que está creciendo o decreciendo. No es lo mismo, por ejemplo, crecer a base del consumo de energía no renovable, que crecer a base del consumo de energía renovable. Y no es lo mismo crecer produciendo armas que crecer produciendo los fármacos que curan el cáncer”.Pero lo que no es admisible es que adopte una clara postura a favor del crecimiento constante, y esto lo hace cuando declara: 


“Barry Commoner solía mostrar cómo en Estados de EEUU en los que había habido gran consumo de energía contaminante no renovable, este consumo había variado a consumo de energía renovable, creando con ello incluso más crecimiento económico. El punto de debate no es, pues, crecimiento o no crecimiento, sino qué tipo de crecimiento, lo que es consecuencia de quién controla tal crecimiento”.  Y Navarro sigue considerando como eje central el crecimiento económico obtenido a partir del uso de materia y energía. Luego continua diciendo: “Mi protesta frente a esta interpretación del socialismo quedó expresada en el famoso eslogan de que “el socialismo no es capitalismo mejor distribuido”..[y continua] “cambiar el motor del sistema, de manera que el afán de lucro se sustituyera por el afán de servicio a las necesidades humanas, definidos democráticamente”.


Parece que no deja de poner por delante al motor productivista aunque sea para que “el lucro se sustituyera por el afán de servicio a las necesidades humanas, definidos democráticamente”. Está bien y es loable esa sustitución, pero sin que sea consiguiéndolo a base de crecer indefinidamente.


Y parece ser, que el término democráticamente tiene connotación con la idea de la redistribución de la riqueza y que con ello ya se solucionaran los problemas socio-ecológicos. Pero según mi opinión creo que no, más bien coincido con Florent Marcellesi cuando dice: 


“incluso si redistribuyéramos de forma equitativa las rentas entre capital y trabajo, y todos los medios de producción estuviesen en manos de los trabajadores, la humanidad seguiría necesitando los 1,5 planetas que consume hoy en día” . Y según esto, aunque sí que es necesaria una redistribución de la riqueza y una democratización de toda la sociedad, con ello no es suficiente,… además es necesario decrecer.


Pero parece que Vicenç Navarro, no quiere oír hablar de la evidencia de los límites del crecimiento, y que prefiere hablar solo de un socialismo productivista (aunque diferente al soviético que él criticó con intensidad). Según él se trataría de un socialismo productivista pero basado en: a. el uso solo energías alternativas b. la redistribución de la riqueza; y c. la promoción de un adecuado Estado del bienestar. Y si es cierto, hay que considerar estas tres cosas como necesarias para superar esta crisis y establecer una sociedad humana socio-ecologicamente equilibrada. Pero ellas por si solas no son suficientes, además es necesario un decrecimiento feliz.


En cuanto a las energías alternativas, ¿qué duda cabe?, tienen importantes aspectos positivos pero no son una panacea, ni son por si solas suficientes para solucionar los problemas ecológicos derivados de la energía. Veamos:


En primer lugar, si llegamos a tener el convencimiento de que disponemos de energía limpia, barata e ilimitada; tenderemos a caer en el error de utilizar despreocupada y masivamente esta energía en acelerar la esquilmación de los recursos naturales, en potenciar una “economía verde”, en aumentar los m2 de asfalto, extender las urbanizaciones lejanas y aumentar con ello los desplazamientos que propician baja calidad de vida, en construir inhumanos mega-proyectos, etc. etc. 


En segundo lugar hay que tener en cuenta que las energías alternativas originan lo que en términos decrecentista se denomina “efecto rebote”. De este efecto pondré el ejemplo emblemático del coche eléctrico: 


Ya se está hablando de plantear el coche eléctrico en sustitución del convencional de gasolina. Ello, sin duda, puede reducir la contaminación atmosférica que causan los G.E.I. (pero difícilmente anularla, pues la electricidad no siempre se obtiene de emergías limpias). Además, automáticamente aparecerá el “efecto rebote”: aumento del tráfico, el amento de consumo de materias primas como el hierro para construir ingentes cantidades de coches, más aglomeraciones, más abuso de urbanizaciones “en plena naturaleza” (en plena naturaleza, dicen), ello es cierto pero solo de momento, cuando estas urbanizaciones aun no son demasiado extensas, ni han destruido por completo el entorno a base de: más edificaciones, más macro centros, más supermercados, más vallas publicitarias, más rotondas viales, etc. todos ellos destructores implacables de ecosistemas necesarios para el buen vivir. Y alargarán las distancias pendulares de desplazamiento, que aún sin contaminación, supondrán gastar horas que se descontarán a las de ocio y recreo, y ello supondrá un deterioro de la calidad de vida. Además, debemos preguntarnos:  ¿a corto plazo compensarán las ventajas del coche eléctrico al hecho de una renovación de todo el parque automovilístico del planeta, cientos de millones de vehículos?, seguro que puede ser el negocio del siglo, pero ello supone una desorbitada esquimación de recursos materiales. También sucede que los acumuladores de electricidad de este tipo de coches necesitan indispensablemente del mineral litio, cuyas reservas en la naturaleza son muy limitadas, y se extinguirán rápidamente si se produce el boom de consumo del coche eléctrico. Por otra parte ¿la reposición repentina de cientos de millones de coches antiguos por los eléctricos será algo que no produzca un súbito e irreversible deterioro de la biosfera? Y, en definitiva, aunque terminaramos con el CO2  y con la dependencia del petróleo, no terminaríamos de planificar las ciudades para los coches en vez (como debería ser)para los seres humanos. 
Y en tercer, y último lugar, hay que decir que las energías alternativas tienen una Tasa de Retorno Energético (TRE), aproximadamente unas 10 veces más bajas que las energías fósiles, de 2,5 a 25 respectivamente.


En cuanto a la redistribución de la riqueza en forma equitativa, desde luego deberá ser un primer paso para un decrecimiento feliz, pero tal y como están hoy las cosas y según hemos visto a pesar de esta redistribución hoy ya necesitaríamos 1,5 planetas para poder mantener un crecimiento cero, y más aún para mantenerlo con un crecimiento aunque este sea moderado y “alternativo” como nos indica el Señor Navarro.


Y finalmente, en cuanto a lo que respecta a la defensa del Estado del bien estar, también este debe ser defendible, pero dentro de unos límites y una equidad. Por ejemplo habrá que dar prioridad a la salud pública por encima de la sanidad estrictamente médica. La salud pública comprenderá, además de una adecuada sanidad pública, de la generación de un bien estar general, que tenga en cuenta desde el respeto y el mantenimiento de los ecosistemas, hasta la potenciación de los bienes relacionales. Y todo sin olvidar que la salud mental será una pieza importante para la calidad de vida y para ayudar a cambiar en las masas ese chip (impuesto desde que nacen) consumista-productivista, por un actitud concorde con una totalmente defendible sociedad de consumo. En una palabra pasar de una sociedad consumista asesina y suicida a una sana sociedad de consumo, en donde impere el consumo responsable. 
Además, en la sanidad pública también habrá que decrecer en cuanto al despilfarro y desvincularse de los cárteles médicos-farmacéuticos. Será necesario no caer en el abuso de los medicamentos así como en las prácticas del usar y tirar que al final, aunque superficialmente parezca un acto muy limpio, a larga distancia generan unos residuos que son extremadamente sucios. Por ello, el volumen de residuos de los hospitales debe decrecer, aunque siempre en una adecuada mesura. Hay que abandonar esa tendencia a atiborrar de medicamentos al paciente y no convertir a toda persona de más de 60 años, casi automáticamente, en un consumidor crónico de medicamentos. También, habrá que recetar sólo en número de píldoras necesarias, en lugar de recetar los medicamentos por cajas enteras. ¿Cuántas cajas de medicamentos caducados van a parar al cubo de la basura, o en el mejor de los casos a los recipientes de recogida de medicamentos caducados instalados en todas las farmacias? Y habrá que tener en cuenta la potente influencia de los cárteles médicos-farmacéuticos (sobre todo los de EEUU, en connivencia con la industria militar) que se dedican a propagar noticias de alarma planetaria, como puedan ser las de supuestas pandemias de destrucción masiva, como lo fueron, por ejemplo, la peste aviar y porcina. Alarmas que contaron con el apoyo de la Organización Mundial de de la Salud (OMS), y cuyo resultado fue un importante crecimiento del PIB en EEUU. Todas estas prácticas de desorbitado consumismo medicinal están potenciadas por los intereses de las grandes corporaciones farmacéuticas. Si se terminara con este despilfarro se acabaría con el déficit de la seguridad social, además se podría rebajar la edad de jubilación.   


Por otra parte, en el tema de Estado de bien estar existe la cuestión de la equidad universal. No es aceptable, por ejemplo, que el Estado de bien estar sueco sea desmesuradamente  selecto, a base de ser muy generosamente subvencionado por un gobierno que es el campeón mundial en tráfico de armas. Armas, que además son enviadas a países del tercer mundo que las pagan caras a pesar de que tienen un Estado de bien estar extremadamente deficitario, o prácticamente nulo.Más que hablar de considerar el Estado de bien estar, deberíamos de tener como referencia el concepto andino del buen vivir, que tiene como coordenadas principales las relaciones humanas desligadas lo más humano posible del aspecto monetario.
Y pasemos a comentar algunas de las ideas de otro pensador que está empezando a emigrar del planteamiento eco-centrista, se trata de José Manuel Naredo. Me refiero principalmente a sus ideas expresadas en su artículo: Reflexiones sobre la bandera del decrecimiento,  sobre todo en su libro “Luces en el laberinto”  nos dice:


 “El libro Demain la décroissance, que publicó hace treinta años y reeditó (con el título La décroissance) hace más de diez, mi amigo Grinevald, en el que introducía y traducía al francés algunos textos clave de Nicholas Georgescu-Roegen (N.G.R.) y del que conservo un ejemplar dedicado por el autor. Ese título respondía más a una “ocurrencia publicitaria provocadora”, orientada a pillar a contrapié la palabra y el mito del crecimiento económico, que a un intento serio de proponer el decrecimiento como meta o alternativa. Pues ni la introducción, ni los textos presentados en el libro, tejen en torno al decrecimiento ninguna propuesta o enfoque alternativo. La palabra apenas figura en el texto y, desde luego, brilla por su ausencia en el “programa bioeconómico mínimo” propuesto por Georgescu-Roegen. Por lo tanto, resulta engañoso presentar a ambos autores como pioneros del decrecimiento como propuesta.[…] Pues para que un término con pretensiones políticas cumpla bien esa función, necesita tener a la vez un respaldo conceptual y un atractivo asegurados, de los que carece el término decrecimiento”.


A esta opinión de Naredo, habrá que comentar, en primer lugar, que el que en los trabajos de  Grinevald y Georgescu- Roegen, “apenas aparezca expresa la palabra decrecimiento” no implica que no estuviese implícito en sus trabajos el concepto de la necesidad imperante del decrecimiento. Y ese “apenas aparezca”, más bien parece ganas subjetivas por parte de Naredo de derribar la importante idea del “decrecimiento”.


Además, el propio Naredo admite que en los textos de N.G.R. si que aparece la palabra decrecimiento,  pero que (según la interpretación de Naredo) N.G.R. usó la palabra decrecimiento “como una ocurrencia publicitaria, provocadora”, y ello me hace dudar si esta firmeza en querer negar el aspecto decrecentista de las ideas de N.G.R, no será un pretexto para poder defender el “otro tipo” de crecimiento. 


 En segundo lugar, el argumento de que tiene “poco atractivo la palabra decrecimiento” no es debida a que en sí sea poco justificable su uso, sino a dos cuestiones diferentes:
a. A que es cierto que el imaginario de las masas está educado desde su nacimiento a entender que no existe otra alternativa a esa felicidad “que se puede y se tiene que obtener” con el crecimiento del PIB, con el consumismo y con el productivismo.
b. A que casi todos los autores del decrecimiento han usado de forma muy simplista, absoluta y ambigua la palabra decrecimiento, desvinculada de todo entorno y referencia real. Por ejemplo la existencia, al menos, de dos decrecimientos: el decrecimiento infeliz y el decrecimiento feliz.


Sólo autores como Maurizio Pallante han tenido el acierto a poner esta palabra el calificativo relativo de feliz. Y es que como ya he expresado en mi trilogía (y seguiré expresando en este trabajo) existe más de un decrecimiento. Y sólo sí precisamos y conectamos la expresión decrecimiento a una serie de referencias contradictorias y complejas, el concepto decrecimiento tendrá algún sentido y conseguirá ser entendido y atractivo a las masas.
Y no hay que renunciar al término nuclear del concepto de la filosofía decrecentista, sólo por que no sea suficientemente atractivo, no creo que se trate de vender la moto.    No se trata de vender, sino de comprender.


Es cierto que Berlusconi  tuvo un gran éxito en su búsqueda de audiencia, pero no creo que sea este tipo de éxito el que se deba buscar en una auténtica y seria inquietud eco-socialista-decrecentista. No se trata de ganar audiencia a base de usar “palabras bombas” (viscerales) imprecisas y, en alguna medida, algo engañosas.


Simplemente se trata de diferenciar los diferentes tipos de crecimiento y de decrecimiento existentes y que automáticamente de esta forma el decrecimiento feliz se hará comprensible y atractivo por las masas.


Naredo también habla de los “objetivos borrosamente apuntados por los defensores del decrecimiento”. Y tiene razón, a pesar de que ellos ya tienen escritos unos cuantos libros sobre el pensamiento del decrecimiento, sus objetivos están sólo “borrosamente apuntados”. Pero ello no se solucionará con la expresión poco expresiva (valga la redundancia) de mejor con menos, pues la gente lo que siempre quiere es más es lo que lleva en su imaginario desde su nacimiento. Un comentario de esto lo encontramos en una exitosa canción argentina de los años cincuenta que decía: “todos queremos más, todos queremos más…y más, y mucho más… y nadie con su suerte se quiere conformar”; ¿no estaría también influida por el estancacionismo como le sucedió a los hermanos Marx con su célebre expresión de ¡madera, más madera, que es la guerra!


No se trata de tender sistemáticamente al rechazo de la palabra decrecimeinto por muy borrosa que se nos aparezca. Pues, sin duda en el centro de esa borrosidad se encuentra el núcleo la clave para superar esta crisis que es en sí el propio crecimiento. Y Naredo añade que: “no creo que la palabra decrecimiento suscite hoy más entusiasmo que hace unos años, más bien lo contrario, cuando las penalidades asociadas a los recortes de la crisis hacen que la población añore el crecimiento anterior”. Y ahí sí que coincido plenamente con este comentario de Naredo, pero con la explicación de que esto, en efecto, es así porque se confunde el decrecimiento feliz con el decrecimiento infeliz, y porque como muy bien a continuación comenta Naredo. “tampoco creo que se hayan disipado sus amplias dosis de ambigüedad”. En efecto, persisten aún las dosis de ambigüedad y borrosidad en torno a la simplista expresión decrecimiento. Pero lo que hay que hacer, no es abandonar esta expresión, como se abandona a un perro en la cuneta por que tenga malas pulgas, o una nuez porque la cáscara esté amarga o unas uvas porque este algo dificultoso alcanzarlas (porque alcanzarlas sea utópico pero no quimérico).  No, lo que hay que hacer es trabajar y trabajar mucho, porque las palabras están muy masacradas, sobre todo en los últimos decenios. Trabajar mucho sobre ellas para que dejen de ser borrosas o para denunciar su criminal y falso uso, basado en la creación eufemismos y oximorones caragados de falsedad. Creo que no hay que dejar de insistir en que lo que le está haciendo falta al término decrecimiento es dotarle de más precisión, dotarle de una teoría que le delimite y que consiga hacer desaparecer de él su ambigüedad. Más adelante Naredo continúa:


“De ahí que el éxito de un eslogan dependa, en buena medida, de que resulten atractivas las metáforas que suscite. Y, hoy por hoy, hemos de contar con que grande se considera mejor que pequeño (se habla así de un gran pensador, literato,… o deportista), alto o elevado se considera mejor que bajo (se habla de automóviles de alta gama, o de sentimientos elevados frente a aquellos otros bajos o rastreros), como también avanzar resulta más atractivo que retroceder (se habla así, de avances de la medicina o de la ciencia… o de estudios avanzados), … y que crecer se considera mejor que decrecer (se habla así, no solo de crecimiento económico, sino también de crecimiento del nivel de vida,… o de crecimiento personal)”. 


Vale: el público, en general, está adocenado. Prueba de ello, son todos estos conceptos  (que acabamos de ver mencionados por Naredo, entre paréntesis) y que se encuentran almacenados en el chip introducido en las mentes por el sistema desde que nacemos. Y Naredo nos menciona como positivo el nefasto chip del nivel de vida. Pero de lo que se trata, no es de de ceñirnos al adocenamismo del chip para aumentar la audiencia, sino de desadocenar, de desincrustar el chip. Sé que es extremadamente difícil y utópico, pero es que si queremos realizar el cabio urgente que necesita la biosfera y la sociedad humana, que es solo una parte de ella, es indispensable sacar el chip de una vez por todas. Pues con remiendos, conviviendo con el chip, que es lo mismo que convivir con el sistema, nunca realizaremos el profundo cambio indispensable y urgente. ¡Salgámonos de los esquemas y prácticas capitalistas!, ¡no nos obsesionemos con los reformismos “posibles”! Hay que ser utópicos. Si no hubiera sido por los utópicos de la historia humana, la humanidad habría permanecido eternamente estancada.


No hay que jugar con mentiras agradables para atraer más como hacen los programas basura de la TV5. Se trata de hacer un esfuerzo didáctico de cara a la masa. Y ello se conseguirá, en buena medida, en el momento en el que comprendan la diferencia que hay entre el decrecimiento infeliz y el decrecimiento feliz. 
Y Naredo, al igual que Navarro, quieren desligar al padre del decrecimiento Nicolay Georgesco Roegen (NGR) de la corriente del decrecimiento. Y en este sentido Naredo, casi imitando a Navarro, mantiene:


“Me sorprende y desalienta que se siga presentando en los media al “matemático y economista rumano NicholasGeorgescu-Roegen” como “el padre del decrecimiento” y a Jacques Grinevald como “su discípulo” (Dubuis, 2011, p. 29)”. […]Conociendo el carácter fuerte de NGR, estoy seguro de que habría pillado un buen rebote si se hubiera enterado de que ahora lo presentan como “el padre del decrecimiento”. Así ocurrió cuando el economista Herman Daly -del que sí podemos decir, con más visos de realidad, que fue discípulo suyo- se declaró partidario del crecimiento cero, tras la aparición del primer Informe del Club de Roma sobre Los límites del crecimiento (1971). NGR criticó con vehemencia la propuesta del “estado estacionario”, formulada por Daly (creo que con bastante más precisión, dicho sea de paso, de la que ahora acompaña a la propuesta del decrecimiento (Daly, 1977 y 1980)”.
Pero en alguna medida Naredo se contradice pues expresa a continuación:


“Entre los textos de NGR introducidos por Grinevald en el libro arriba citado, figura un capítulo titulado “El estado estacionario, un milagro a la moda”, que sigue a otro titulado “El crecimiento: mitos polémicas y sofismas”: “una gran confusión- empezaba diciendo nuestro autor- impregna las vivas controversias relativas al “crecimiento”, simplemente porque este término se utiliza en múltiples acepciones”. 


Para esclarecer esta confusión, que está lejos de haberse disipado, nuestro autor revisa las posibles acepciones de la palabra y concreta que el usualmente llamado “crecimiento económico” es el que los economistas miden con el agregado de renta o producto nacional per cápita”. 


Por ejemplo muchos autores decrecentistas utilizan indistintamente los términos consumo o consumismo como si en realidad se trataran de términos idénticos cuando en verdad sus resultados son opuestos. Y en efecto, coincido con NGR, y no con Naredo, en cuanto a lo de: “este término  [el “crecimiento”] se utiliza en múltiples acepciones”. 


Así es, el problema es el que ya he apuntado en más de una ocasión: es que existen varios tipos de crecimiento y varios tipos de decrecimiento. Y solo teniendo claro y continuamente presente esto podernos deshacer esa borrosidad (de la que con toda propiedad habla Naredo) y sacar a flote, desde esa nube borrosa, el valioso núcleo que es la palabra decrecimiento feliz. Y precisamente, pensando en eso, estoy preparando la edición de un libro en italiano, (cuya autoría la voy a compartir con la decrecentista Valentina Vivona) titulado Crecimientos y decrecimientos.
Por otra parte, tanto Naredo como Navarro se refugian, para defender el crecimiento y el productivismo, en la defensa de de los recursos energéticos alternativos, a los que presentan como una definitiva panacea. Y es cierto, como ya vimos,  que el uso de los recursos energéticos alternativos será necesario, pero no suficiente. Hay que decrecer.


Y Naredo, parafraseando a NGR y a Serge Latouche, nos indica:
“NGR lo subrayó afirmando, de acuerdo con otros autores, que “dada la naturaleza humana… si frenáramos por todas partes el crecimiento económico, congelaríamos la situación actual y eliminaríamos la posibilidad de que  las naciones pobres de mejorar su suerte”. Nuestro proyecto de construcción de sociedades conviviales, autónomas y ecónomas, tanto en el Norte como en el Sur, implica ciertamente hablar en este caso de un ‘a-crecimiento’, como se habla de ‘a-teismo’, más bien que de un decrecimiento” (Latouche, 2006, p. 242)”.


Al respecto, está claro que este decrecimiento feliz no deberá aplicarse de forma homogénea sobre toda la faz del planeta, sabiendo, como sabemos, que la calidad de vida y la huella ecológica están repartidas extremada e injustamente de forma heterogénea en las naciones y en los diferentes Seis Mundos que propongo en mi trilogía. Está claro que en el Sur, en la Periferia, en Los Otros Mundos, que no son el Primer Mundo, se hace preciso un crecimiento mesurado y transitorio. Y esto es algo que entra a formar parte de mi estructura teórica de lo que entiendo como decrecimiento feliz. Por ello he escrito un libro de 400 páginas para definir como tiene que ser este crecimiento mesurado y transitorio en el Sur para que a largo plazo, después de un periodo mixto de transición (en el que convivan en diferentes partes del mundo el crecimiento mesurado y el decrecimiento feliz) en todo el planeta se comience con la practica universal del decrecimiento feliz.
Y en cuanto a lo que dice Latouche de usar el término a-crecimiento, no acabo de verle la gracia en insistir en huir  del núcleo de la nube borrosa (la palabra decrecimiento) solo por razones de márquetin o de audiencia. Pero es que el termino a-crecimiento no resulta una necesaria postura de clara oposición al crecimiento; es simplemente no creer en el crecimiento, pero respetar que existan fundamentalistas del crecimiento.  ¡Una vez más insisto!, al solución no está en saber vender gato por liebre, sino en saber explicar didácticamente que un gato no es lo mismo que una liebre, que un decrecimiento infeliz no es lo mismo que un decrecimiento feliz.


Por otra parte es cierto que uno de los componentes importantes del decrecimiento feliz deberá ser la supresión de lo que muy correctamente José Manuel Neredo denomina Ley del Notario que puede muy bien resumirse así: a mayor coste físico y trabajo penoso, menor valoración monetaria de este trabajo. 


Por último decir que V. Navarro la toma con los decrecentistas que consideramos que también hay que decrecer (además de económicamente) demográficamente porque vemos que los recursos del planeta son limitados, y empiezan a ya escasear. Y  al respecto nos dice: 


 “Una característica de los movimientos ecologistas en Europa es su enorme diversidad ideológica, lo cual se considera como una de sus fortalezas, cuando, a mi entender, podría ser una de sus debilidades. Un número considerable de ellos muestra una sensibilidad maltusiana, que asume que los recursos naturales, como por ejemplo, los recursos energéticos, son fijos, constantes y limitados, concluyendo con ello que el crecimiento económico es intrínsecamente negativo, pues consume unos recursos limitados que se irán agotando con el tiempo, creando una crisis global.  Estos movimientos han sido muy influenciados por Paul Ehrlich, el fundador del ecologismo conservador”. ¿Pero es que no cierto que incluso toda la materia planetaria es limitada?, ¿Pero es que no debemos pensar en la nefasta herencia de degradación planetaria que les dejaremos a nuestros nietos?  


Nos tacha de conservadores porque somos conservacionistas realistas. Pero, resulta obvio que tampoco el crecimiento demográfico puede ser ilimitado y porque vemos la realidad de que este crecimiento está empezando a adquirir unas proporciones completamente desmesuradas. En cambio presenta como no conservador la visión corto-placista de seguir creciendo a base de energías alternativas; olvidándose, además, que el crecimiento no solo es cosa de esquilmación de reservas energéticas, sino también de destrozo de la información de los ecosistemas representada por su biodiversidad, y este destrozo puede agudizarse si se tiene la conciencia de usar “energía barata y limpia”. Esta sí que es una actitud conservadora y reformista, y además completamente quimérica. 


En cuanto a lo de Paul Ehrlic, decir lo de siempre, la realidad siempre es contradictoria y con dos caras. Y así como existe el decrecimiento infeliz y el decrecimiento feliz también existe el “ecologismo conservador” y más aún el “eco-fascismo” que veremos a continuación de dos premios Nobeles productivistas; y el “ecologismo progresista” (que es, precisamente, el no productivista, decrecentista y humano). No debemos confundir torpemente, una vez más, el progreso con  el productivismo.
Habrá que considerar cuales  han de ser los métodos humanos a los que tendremos que recurrir  para conseguir obtener este decrecimiento demográfico humano. Desde luego, no tendrán que ser los métodos utilizados por eco-fascistas-productivistas, como lo propuestos por dos premios nobeles de la paz: Henry Alfred Kissinger y Al Gore.


Navarro también nos acusa de maltusianos si vemos que no se puede seguir manteniendo este desmesurado crecimiento demográfico. Porque la biosfera no tiene capacidad ilimitada para soportar las extracciones de materia y energía de esta plaga en la que se está convirtiendo la especie humana. Sé que decir esto es completamente tabú para las mentes burguesas partidarias del crecimiento a toda costa. Y que, además, al afirmar mi preocupación por el desmesurado crecimiento demográfico humano me expongo a que gente poco reflexiva se dedique a señalarme con el dedo por maltusiano e incluso de propagar ideas genocidas. Pero es que se trata de gente a la que le resulta imposible abrir los ojos ante la realidad demográfica que está pidiendo a gritos un urgente decrecimiento demográfico. Porque son limitados hasta los metros cuadrados de la superficie terrestre. Un estudio serio, que leí ya hace algún tiempo, (después de unos cálculos no demasiado sofisticados) nos decía que si no empezamos a decrecer demográficamente y seguimos con este ritmo de crecimiento demográfico, dentro de algo más de un par de siglos tendremos una densidad de población mundial de más de 100 habitantes /m2. Esto nos dice que es obviamente necesario decrecer también demográficamente, a no ser que caigamos en el cortoplacismo olvidándonos del gravísimo problema de la explosión de la demografía humana.


Además se da el caso de que mientras que el crecimiento demográfico en los países desarrollados es de 0,3 en los subdesarrollados es del 2,6. Ello ha motivado que el Norte, en su concepción capitalista, solo ve en este crecimiento un serio peligro de rebelión de los países del Sur. Por eso predica constantemente el decrecimiento demográfico del Sur. Pero predica un decrecimiento obtenido a cualquier precio, esto es algo que lo expresa muy bien Susan George en su libro “el informe Lugano”, en donde en estilo novelado pero con profusión de referencias al mundo real, expone como Estados Unidos paga a los más famosos economistas y ecólogos del Globo para forzar la disminución de la población en el mundo periférico, porque son un peligro para la continuidad del capitalismo. No es tan fantasiosa la historia que nos presenta esta autora en su obra, por desgracia con frecuencia la realidad llega a superar a la ficción. Existen al menos dos casos famosos que lo atestiguan los ya mencionados: Henry Alfred Kissinger y Al Gore. Para una mayor información sobre estos dos ecofascistas consultar mi libro El decrecimiento feliz y el desarrollo humano .


Y en cuanto respecta al “decrecentista” presidente de Ecuador, Rafael Correa, más que dudas y alejamiento respecto del decrecimiento, en lo que se embarcó fue en una autentica traición social demócrata, a lo Felipe González cuando el referéndum de la OTAN. Primero prometió luchar en pro de las reservas biológicas y el medio ambiente dejando intactas las reservas petroleras del Yasuní (con lo que ello tiene de acción decrecentista), y luego desplegó una intensa campaña mediática a favor de la explotación petrolera de esta gran reserva, campaña que costó solo en el 2011 más de 3 millones de dólares, según el diario El Comercio.


La realidad es que Correa resultó ser un social-democrata, mucho menos decrecentista que su antecesor Jamil Mahuad, quien en 1998 decretó Zona Intangible el Parque Nacional Yasuní, ubicado entre los cuadrantes de exploración petrolera Ishpingo, Tiputini y Tambococha (ITT).


A la llegada de Correa al Gobierno de la nación, el presidente se declaró a favor del Plan del Buen vivir o Sumak Kawsay, (en lengua Kechwa) que entre otras cosas incluía respetar la vida del indígena en la selva, el medioambiente en general, y no tocar las reservas petroleras del Yasuní-ITT. Pero pronto (el 10 de diciembre de 2007) Rafael Correa ya puso precio a este compromiso sobre el Sumak Kawsay. El precio fue que el estado ecuatoriano recibiera de la comunidad internacional una compensación económica de unos 350 millones de dólares anuales, aproximadamente la mitad de los recursos que se generarían si se optara por la explotación del petróleo; recursos que requiere la economía ecuatoriana para su desarrollo. Y de esta forma traidora Correa vendió lo Intangible.
Se da la circunstancia de que la conservación de áreas protegidas y la reducción de la deforestación en Ecuador es un segundo beneficio que se añade a la mitigación del cambio climático global y la preservación de la biodiversidad. Dejar el petróleo bajo tierra significaba no emitir más de 400 millones de toneladas de CO2. A ello hay que sumar el peligro para la biodiversidad existente (100.000 sp. de insectos, 150 de anfibios, 121 de reptiles, 598 de aves y unas 200 de mamíferos, aparte de unas 3.000 de flora) y la salvaguarda de los derechos de los pueblos indígenas que habitan en la zona, principalmente los waorani.   


Pese a todo, el 15 de agosto de 2013, el gobierno de Rafael Correa dio por terminada la Iniciativa y señaló el inicio de la explotación petrolera en la zona. El presidente se justificó diciendo:
“Hasta la fecha solo se han reunido 13,3 millones de dólares. El factor fundamental del fracaso (del proyecto) es que el mundo es una gran hipocresía”. 


Y para más escarnio, Correa usó (cínicamente y precisamente) el Plan del Buen Vivir para justificar la explotación, pues dijo: “el país necesita inversiones superiores a los 70.000 millones de dólares para erradicar la pobreza y extender el bienestar a las comunidades menos favorecidas. No me gusta la minería, no me gusta el petróleo, pero mucho menos me gusta la pobreza y la miseria”. 


Con su visión “ciudadana”, Correa, interpretó la filosofía del buen vivir según una visión equivocada en 180º. Es decir, una interpretación completamente hortera crecentista-productivista. Yo ya desde el inicio veía que la revolución correista era una pura contradicción, sobre todo al llamarla “revolución ciudadana”  en un país en donde más del 70% es población rural. Correa sustituyó el buen vivir decrecentista por la obsesión del chip que recibió incrustado desde que nació: el chip del crecimiento del PIB.
Correa no comprendió la elegancia del Sumak Kawsay, demandado por el 93% de la población ecuatoriana, que afortunadamente no tenía tan incrustado este chip. Y con su demagogia, el presidente no convenció a sus conciudadanos, porque hay un 92,7% de la población que apoya la iniciativa de mantener el petróleo bajo tierra, según una encuesta realizada en junio del 2013.Es decir Correa quiere “sacar de su pobreza” al 93% de una población que está en contra de esta acción. Y también está en contra de ella el exasesor de Correa Decio Machado, quien señala lo paradójico que resulta que ahora haya que convencer a la opinión pública de las bondades de la explotación. “Hemos estado durante meses vendiendo la idea de la no explotación a los países y ahora hay que convencer a los ecuatorianos de que la explotación es buena”. Y esto a mi me recuerda, como decía anteriormente, la traición de Felipe González que pasó de hacer campaña en contra de la OTAN a gastarse una fortuna en una campaña que decía “De entrada no”…, pero que quería decir al final sí; y no solo entrar en la OTAN sino que inmediatamente después colocar como secretario general de la misma al ministro felipista Javier Solana. La verdad no entiendo que los votantes del PSOE hayan tenido los ojos tan cerrados como para seguir votando a este evidentemente demagogo partido.

4 comentarios:

  1. Anónimo2:18 a. m.

    Me ha gustado el post. Es difíil esto.

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  2. Lo siento, pero todo el texto me parece confuso por falta de orden y claridad, pero sobre todo totalmente desenfocado. Las críticas a los tres autores (¿Correa sería un "autor"?) son de naturaleza distinta y no terminan de encajar en un orden conjunto. Mientras que las críticas a Navarro son de fondo (y estoy de acuerdo con ellas), se gasta muchísimo esfuerzo en criticar cuestiones menores de forma y de interpretación respecto a Naredo, finalmente se discute el origen del movimiento decrecentista y la conveniencia de usar el término como slogan publicitario, pero se está de acuerdo en todas las cuestiones de fondo... ¿para qué tanto esfuerzo? Finalmente, la crítica a Correa es anecdótica y parte de una falsa premisa: ¿en qué momento el presidente de Ecuador se declaró decrecentista para tomarlo por traidor? A mí me parece muy oportuna la comparación con Felipe González, pero lastimosamente no se desarrolla. En definitiva, tres críticas muy mal integradas, y un texto que aclara bastante poco sobre lo ya sabido.

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    1. ¿en qué momento el presidente de Ecuador se declaró decrecentista para tomarlo por traidor?... veo que leíste deprisa el artículo...que se declaro decrecentista hau un testigo al que menciono:
      "el exasesor de Correa Decio Machado, quien señala lo paradójico que resulta que ahora haya que convencer a la opinión pública de las bondades de la explotación. “Hemos estado durante meses vendiendo la idea de la no explotación a los países y ahora hay que convencer a los ecuatorianos de que la explotación es buena”.

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  3. vanos... lo mismo que hizo Felpe Gonzalez con el referéndum de la OTAN...

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