Huida al paraiso

Balance de un fin de semana:. 96 muertos en carretera, miles de heridos, cientos de coches convertidos en chatarra, toneladas de carburante quemados, ¿un poco de felicidad?.

En el último "comunicado de Ecologistas en Acción" he leído con interés las reflexiones de Diego Díaz sobre la carretera y la vida, la contaminación y la vía, el carro y el tranvía.

Estando de acuerdo, yo añadiría más. Ya sé que esto no es un foro ni lugar para responder y aunque no proceda opinar aquí sobre los comunicados de E. en A. no puedo refrenar mi deseo irreprimible de contestarle aunque, por otra parte y bien (o regular) pensado, por qué no habría de ser ese espacio algo así como un sesudo foro con opiniones de calidad (calidad ecológica ymedioambiental, se entiende).

No discrepo de Diego y menos pongo en duda las excelencias del ferrocarril que además de ecológicas son estéticas, nostálgicas, literarias y cinematográficas. Recuérdense las heroicas cabalgadas de vaqueros por las vastas llanuras del lejano Oeste para defenderse de la colonizadora invasión de los engendros de hierro del Este próximo que traía la malvada empresa del ferrocarril. Como cuando se invente algo más veloz, individualista, destructivo y contaminante que el automóvil, nostálgicos, echaremos de menos esas viejas reliquias y no sólo las que todavía hoy ruedan por La Habana.

El problema, a mi modo de ver, no está en el medio sino en el motivo. No en el medio de transporte sino en las carencias que lo mueven.El nomadismo es congénito hasta en las pulgas. Todo ser vivo, con capacidadde desplazarse, salta para buscar unas condiciones menos adversas de subsistencia.

Si esto es así (y aquí excluyo a "los otros", a los no privilegiados quienes sí son impulsados por sus genes a saltar "Vallas de la Muerte"), resulta paradójico que nosotros, los afortunados ciudadanos con las mejores condiciones de vida del mejor de los mundos tengamos que huir en un neonomadismo tan desesperado como aquellos de las Vallas cada vez más altaso los que reciben el empujón y saltan al mar de los ahogados.

¿Qué le falta a nuestro lugar habitual de vida? ¿Qué nos falta para sercapaces de disfrutarlo? ¿Qué sueño prometido tenemos que consumir para ser felices? ¿Qué mundo nos hemos creado los ricos para tener que salir despavoridos en cuanto nos dan un día de ocio? ¿Qué infierno para tener que comprar paraísos inventados?
No es el coche, no es el medio de transporte el que contamina, son nuestras propias carencias, carencias que no colma el dinero, el poder ni el éxito. Diego, ¿no merecería la pena reflexionar sobre eso?

6 comentarios:

  1. Anónimo10:27 p. m.

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  2. Anónimo11:59 a. m.

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  3. Anónimo6:38 p. m.

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  4. Anónimo5:01 a. m.

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  5. Anónimo11:50 p. m.

    muy buenas las reflexiones! Estoy de acuerdo

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  6. Anónimo7:48 a. m.

    Recordemos "Un mundo feliz" de Aldous Huxley:
    "Las prímulas y los paisajes tienen un grave defecto: son gratuitos. El amor a la naturaleza no da trabajo a las fábricas. Por ello se decidió abolir el amor a la naturaleza, al menos entre las castas más bajas, pero no la tendencia a consumir transporte. Porque era esencial que siguieran deseando ir al campo aunque lo odiaran. El problema residía en hallar una razón económica más poderosa para que utilizaran los transportes que la mera afición a las prímulas y los paisajes. Y lo encontraron. Actualmente condicionamos a las masas de modo que odien el campo. Pero simultáneamente las condicionamos para que adoren los deportes campestres. Al mismo tiempo, velamos para que todos los deportes al aire libre entrañen el uso de artilugios sofisticados. Así, además de utilizar transportes, consumen artículos manufacturados."

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