Entrevista a Miren Etxezarreta sobre decrecimiento


Entrevista a Miren Etxezarreta en el Viejo Topo nº 258

—¿A qué atribuye usted el “boom” del discurso sobre el decrecimiento?

—Me parece que es debido a la gran insatisfacción que siente mucha gente frente a esta sociedad y al interés en encontrar otras vías y formas de vida alternativas, así como la voluntad de participar directamente en la realización de otras formas de sociedad y de vida.

En el desencanto de muchas personas en lo que hasta ahora se han presentado como “alternativas” y, en la actualidad, sobre todo con la vida política institucional.

En la percepción de nuevos problemas en nuestras sociedades, principalmente en su vertiente ecológica. En la sensación de las grandes limitaciones del concepto y la práctica del “desarrollo sostenible”.

En una resistencia a enfrentar lo que supone realmente en su totalidad una “alternativa” a la sociedad actual. Un análisis débil o inexistente de lo que el “decrecimiento” supone e implica. En el deseo de encontrar soluciones que sean sencillas de aplicar y, sobre todo, que no planteen conflictos de ninguna índole, ni impliquen grandes transformaciones y permitan mantener la mayoría de las formas de vida y organización política de la sociedad actual. Es el deseo de un cambio, parcial y suave.

Frente a estos intereses el “decrecimiento” se presenta como una “alternativa” que aparenta ser relativamente sencilla y en la que parece que se puede participar, que se presenta partiendo de la base social profundamente individualizada y con mínimos planteamientos colectivos, que no implica problemas ni conflictos. Parece simple, fácil, amable.

Todo esto conduce al interés, e incluso el entusiasmo por esta fórmula.

—¿Cómo se sitúa usted en los debates actuales?

—Me parece difícil referirse a “los debates actuales”. Tengo la impresión que es un tema que está siendo expandido y popularizado en ciertos ambientes, pero que difícilmente se puede decir que está dando lugar a “debates” informados y rigurosos entre posiciones diversas. De todos modos, sigo con interés y curiosidad estos planteamientos, como sobre cualquier otro tema acerca de lo que ocurre en la sociedad, aunque debo confesar, que a pesar que en el contexto en el que me muevo (Cataluña) es un tema que parece atraer el interés de bastante gente, sobre todo joven, no es uno de los temas prioritarios en mis análisis.

No obstante, puedo añadir que respecto al tema me sitúo con bastante preocupación. Como ya he señalado en mi primera respuesta lo percibo como un intento de enfrentar losproblemas de la sociedad actual sin intentar penetrar seriamente en las causas de los mismos, ni contemplar en profundidad lo que estos planteamientos suponen. Y me alarma en cierto sentido que esté constituyendo lo que a mi me parece una “pseudo alternativa”, muy superficial en sus planteamientos, que distraiga a quienes quieren trabajar y podrían estar trabajando por otra sociedad genuinamente alternativa. Dado que mis planteamientos respecto al objetivo de otra sociedad parten explícitamente de la necesidad de una sociedad no capitalista –aspecto que no sólo no queda claramente establecido sino que es obviado en muchos de los planteamientos del decrecimiento– y que el proceso de avanzar hacia dicho objetivo me parece mucho más laborioso y atravesado por las diferencias de poder y el conflicto de lo que parece deducirse del “decrecimiento”, soy muy escéptica respecto a la aportación que estos planteamientos pueden hacer y están haciendo en la necesariamente amplia tarea colectiva de transformación. En la mejor interpretación puede ser bastante superficial, en la más dura, puede, aunque posiblemente de forma involuntaria, convertirse en una vía de distracción que evita enfrentar la intensa y muy difícil tarea de construir una sociedad no capitalista.

—¿Que posibilidades ve de politizar la sensibilidad ligada la cuestión ideológica o aún de radicalizarla, de llevarla más allá de los planteamientos reformistas?

—No me siento capaz de definir qué se puede o no radicalizar. Creo que la evolución hacia unos planteamientos más esenciales (es mi concepto de radicalidad) puede empezar, o no, de cualquier punto o tema según el contexto social general, las circunstancias concretas y los distintos agentes implicados. Me parece que actualmente en relación con los temas ecológicos el reformismo es una de las líneas mayoritarias, pero no quiero negar sus posibilidades de evolución hacia una percepción más clara de los límites ecológicos y sociales del sistema en el que vivimos. De hecho ya existen corrientes de pensamiento y personas muy radicales en el marco del ecologismo y otros más reformadores. No es el tema el que conduce a una mayor o menor percepción política sino otros muchos elementos.

—Volvamos al decrecimiento: al final, ¿le parecen los planteamientos decrecentistas adecuados a la situación actual en el nivel de la dinámica social y de las relaciones económicas?


—En conjunto, lo que me preocupa de esta situación es, como ya he dicho, que “el decrecimiento” se presenta de una forma muy superficial, sin considerar en absoluto todos los elementos que serían necesarios para avanzar en la dirección de una verdadera alternativa y lo que ésta puede suponer. De un lado, creo que sus planteamientos ignoran una gran parte de las variables significativas para el análisis –la dinámica que impone la acumulación capitalista global, toda la cuestión del poder y de las enormes diferencias del poder de decisión en la sociedad, el papel que juega el crecimiento en el capitalismo, el hecho de que el decrecimiento de verdad sería incompatible con éste, etc., etc. Así como una revisión de las consecuencias que un decrecimiento generalizado tendría si el decrecimiento propugnado se produce sin una destrucción del sistema capitalista, las posibilidades de aparición del conflicto, y más etc. Me parece así mismo una fórmula que para nada estimula los planteamientos de carácter colectivo, social, político (a veces me recuerda “la soberanía del consumidor” de la Economía convencional, donde si cada persona toma una decisión ésta revierte en el bienestar social). Enormemente simple, amable y fácil.

Tampoco veo que se propongan planteamientos que profundicen en la realización del propio decrecimiento. ¿Tiene que crecer todo en la economía indiscriminadamente? ¿No hay diferencias entre el consumo superfluo individual y las necesidades individuales y colectivas básicas? ¿Todo el mundo habrá de “decrecer” (igual el pensionista que vive con 500 euros al mes que quien percibe ingresos superiores a 10.000 euros mensuales)? ¿Cómo se plantea resolver el problema del paro que generará un menor consumo? Personalmente creo que la crítica al trabajo que realiza el decrecimiento es uno de sus aspectos más positivos, pero eso no debe conducirnos a ignorar la dimensión de estos problemas. En mi percepción, una alternativa al capitalismo requiere plantearse la cuestión de la planificación social de la economía y de la sociedad, de la búsqueda de un modelo de producción (considerando la tecnología moderna) y consumo suficiente, eficiente y ecológico que cubra las necesidades y bastantes deseos de la población sin derroche de recursos materiales ni explotación de los recursos humanos, de la forma en que todo esto puede llevarse a cabo colectivamente (la organización política) sin incurrir en dictaduras ni burocracias, los agentes que querrán y podrán hacerlo, las condiciones que habrá que ir construyendo para ello, y un larguísimo etc. que dista mucho de resolverse con una fórmula amable de consumir y trabajar un poco menos. Una alternativa al capitalismo se va a enfrentar a enormes poderes económicos y políticos. Requiere un proceso largo, y consciente de su dificultad, que partiendo desde la base sea capaz de concitar un amplio consenso social y organización colectiva.

En mi opinión, avanzar en esta tarea requiere mucho más que el decrecimiento.

Miren Etxezarreta es catedrática emérita de Economía Aplicada en la
UAB y miembro destacado del Seminario de Economía Crítica TAIFA,
así como autora de distintos libros y numerosos artículos.

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