Ideas a raíz de la polémica del decrecimiento

 José Manuel Naredo

A propósito de un debate en el Consejo de ATTAC


Aunque acabo de exponer mis puntos de vista sobre el tema del decrecimiento en el artículo aparecido en la revista VIENTO SUR (nº 118, septiembre, 2011, pp. 23-35) la reciente polémica desatada en torno al Consejo de ATTAC me induce a volver sobre el tema con ánimo de matizar o aclarar algunas cuestiones.

En primer lugar, me ha asombrado tanto la amplitud como, sobre todo, la vehemencia inicial de la polémica. El tono alcanzado parecía a veces denotar más un enfrentamiento entre enemigos, que un cambio de impresiones entre compañeros de un mismo movimiento. Me preocupaba que se hubiera pasado de pronto a abrazar o a denostar en bloque el término y a caer en la falacia de pensar que “si no estás conmigo estás contra mí”, escindiendo así al mundo entre los partidarios del crecimiento y los “decrecentistas”, como si no hubiera posibilidad alguna de matizaciones, ni de solapamientos, cerrando la posibilidad de pensar el mundo desde enfoques a la vez ajenos a la mitología del crecimiento (económico) que no impliquen a la vez abrazar en bloque el decrecimiento. Esta discusión me ha recordado, por un momento, la producida entre “grupúsculos” políticos escindidos del PCE…o entre defensores de distintas creencias religiosas…

Afortunadamente, en el momento de escribir estas líneas la polémica parece haberse enfriado y aclarado bastante: así lo muestran los últimos textos intercambiados por Ernest García y Juan Torres, que acercan el desenlace de la polémica hacia acuerdos razonables bastante matizados. Me gustaría avanzar un poco más en la formulación de esos acuerdos.

No me parece que el uso del término decrecimiento debiera suscitar las pasiones desatadas al principio de la polémica, resultado de enfrentar tan fuertes abrazos y rechazos. Pues la palabra decrecimiento no es, ni puede ser, una palabra que -como las de libertad o igualdad- refleje ideas fuerza que entusiasmen tanto como para hacer himnos, pelear e incluso sacrificarse por ellas. El término decrecimiento es la mera aplicación de un verbo (decrecer) que, sin sujeto ni predicado, puede referirse a cosas bien variopintas y no resulta, por lo tanto, razonable suscribirlo ni rechazarlo en bloque.

Desde el principio he observado que bien podía ser acertado usar ese término para llamar la atención como título de una publicación o como eslogan orientado a denunciar los absurdos que conlleva la mitología del crecimiento/ 1, cogiendo así a contrapié a los desarrollistas.

Pero también he advertido que su imprecisión conceptual, unida a su falta de atractivo intrínseco, lo hacía inadecuado como propuesta seria y/o bandera principal del movimiento ecologista. Quiero subrayar ahora dos aspectos con ánimo de completar los resultados de la polémica. Uno sobre las posibilidades y dificultades para añadir precisión conceptual y cuantitativa a lo que pensamos que deba decrecer. Otra sobre los planteamientos y metas que permitan hacer operativos los objetivos de decrecimiento propuestos.

Creo que las respuestas que dio Ernest García a las preguntas planteadas por Juan Torres, ayudan a aclarar lo que creemos que debe decrecer en términos agregados, pero también creo que se pueden añadir nuevas precisiones.

Respondiendo a la pregunta: “¿qué debe decrecer?”, Ernest afirma que “la sociomasa, (el término es de un economista ilustre, Kenneth Boulding, y significa todo lo que tiene masa en el sentido físico en la sociedad; es decir, las poblaciones, los organismos, los artefactos) y el El flujo metabólico de energía y materiales que mantiene la sociomasa (el throughput de Herman Daly)”. Y a la de “¿cuánto debe decrecer ese indicador o lo que sea el objeto del decrecimiento?”, responde que “hasta que las dos magnitudes (sociomasa y flujo metabólico) estén por debajo de la capacidad de carga del planeta…”

Y a la tercera pregunta, relacionada con los efectos del decrecimiento propuesto sobre la vida y el bienestar de la gente, propone que la reducción demográfica sea “benigna y voluntaria”, que la reducción de artefactos se haga “sobre todo en equipos y consumos superfluos (o dañinos)…”, que “la reducción del flujo metabólico se haga incrementando la eficiencia energética y material…” Tras un nuevo intercambio concluyen ambos que: “no hay un indicador sintético adecuado para combinar los objetivos de decrecimiento, de bienestar social y de igualdad o justicia social”… “En teoría, -concluye Ernest,- supongo que se trataría de fijar un objetivo de decrecimiento ‘en grueso’ para llegar a una escala física sostenible y añadir entonces un sistema de medidas más analítico para tratar de orientar políticamente el camino, poniendo más acento en el decrecimiento de los males y tratando de evitar el de los bienes.

 Justo hasta aquí he visto que llegan las precisiones que proponen los defensores del decrecimiento como propuesta y ese objetivo agregado de decrecimiento “en grueso” es demasiado ambiguo (a continuación subrayaré mi propuesta para precisarlo). Pero también hay que reconocer que es difícil hacerlo operativo sin concretar lo que se quiere que decrezca y lo que se quiere que no lo haga, restando universalidad al objetivo generalizado del decrecimiento, al complementarlo con otros de mantenimiento o incluso de crecimiento.

La ambigüedad que conlleva proponer que decrezca la “sociomasa”, que alberga tanto a los artefactos (buenos y malos) como a la propia especie humana, es tal que se prestaría a humoradas del tipo de precisar que el objetivo generalizado del decrecimiento no incluye propuestas de pigmeización y/o jibarización del propio ser humano. Lo mismo ocurre con el flujo metabólico de energía y materiales, habida cuenta que alberga energías renovables y no renovables, materiales abundantes y escasos…y que su uso puede cerrar o dejar abiertos los ciclos de materiales o generar residuos tóxicos o peligrosos u otros que no lo son. Por ejemplo, puede haber casos de arquitectura vernácula que requieran mover más tonelaje en materiales que el consabido estilo universal, como sería la arquitectura de adobe. En cualquier caso comparaciones de este tipo exigirían análisis más complejos que distinguieran entre requerimientos directos e indirectos y entre la naturaleza de distintos materiales y energías, además de las mochilas y huellas de deterioro ecológico de los distintos modelos constructivos a comparar.

Además, cuando las energías y los diversos materiales pueden sustituirse, tendríamos que tener algún criterio menos burdo que el requerimiento total de energía y materiales o que el llamado throughput para agregarlas. Para resolver estos problemas y ofrecer un contenido más preciso a la propuesta del decrecimiento, hago la siguiente propuesta en mi artículo sobre el decrecimiento antes citado. Quiero subrayarlo ahora a fin de que no pase una vez más desapercibida y se siga hablando en los mismos términos ambiguos de siempre, para lo cual transcribo estos párrafos del artículo de VIENTO SUR.
 

Como ya he apuntado antes […] Antonio Valero y yo hemos desarrollado y aplicado una metodología que permite cuantificar, en unidades de energía, el coste de reposición del deterioro que el proceso económico inflige a la base de recursos planetaria, posibilitando establecer el seguimiento agregado de la misma. Esta metodología es de utilidad para llenar de contenido preciso la propuesta del decrecimiento: todo el mundo podría estar de acuerdo en el objetivo de reducir o hacer que decrezca el deterioro de la base de recursos planetaria, asociada a lo que se conoce como deterioro ambiental, por extracción de recursos y emisión de residuos.

Creo que esta meta sustituye con ventaja a otros intentos de llenar de contenido físico la propuesta del decrecimiento, proponiendo asociarlo a variables menos básicas o más parciales, ambiguas o imprecisas, como son las de reducir el requerimiento total de materiales, de energía,…o la apropiación de biomasa neta.

Pero el mismo empeño de dar solidez teórica y empírica al objetivo planificado del decrecimiento requiere de propuestas y procesos que escapan a la simple palabra decrecimiento, al exigir reconversiones con aumentos y disminuciones. Tal vez por ello nuestra propuesta haya sido silenciada tanto por el medioambientalismo banal en boga, como por los defensores del decrecimiento. La reducción del deterioro de la base de recursos y el ambiente planetarios, exigiría cambiar las reglas del juego económico en el sentido antes indicado, para promover (y aumentar) el uso de las energías renovables y la conservación y el reciclaje de materiales, además de desactivar (y reducir) el uso de aquellos no renovables y de los afanes adquisitivos y/o consuntivos extendidos por todo el cuerpo social. Afanes que hacen que hasta los pobres se esfuercen en trabajar para los ricos con el ilusorio empeño de emular los patrones de vida de éstos recurriendo a los sucedáneos de la llamada sociedad de consumo. En este sentido de cambiar las reglas del juego y los afanes adquisitivo-consuntivos, apuntan tanto el “programa bioeconómico mínimo” que propone NGR en el texto antes citado, que empieza por prohibir las guerras y la fabricación de armamento..., como las “orientaciones” que nos da Lewis Mumford — por citar a otro de mis autores de cabecera— en el último capítulo de su libro Técnica y civilización (1934), con apartados con títulos como “¡Aumenten la conversión!, ¡Economicen la producción! ¡Normalicen el consumo! ¡Socialicen la creación!....” [Naredo, J.M. Ibidem. pp. 33-34]XX

Nuestra propuesta permite agregar el deterioro ecológico de los procesos transcendiendo la disociación entre energía y materiales y, dentro de éstos, entre los distintos tipos de energía y materiales. Pues aporta información cuantitativa para saber si, desde el punto de vista ecológico, es mejor usar cierta cantidad de agua, de energía o de otros materiales. Incluso permite cuantificar el daño o coste ecológico asociado a los distintos usos de que puede ser objeto un mismo material o tipo de energía, pudiendo concluir si uno es “mejor” o menos dañino que otro. Nuestra propuesta se ha ido afinando tras la realización de numerosos trabajos, incluidas cuatro tesis doctorales. Como botón de muestra de estos trabajos adjunto como anexo dos textos sobre la aplicación de nuestra metodología al caso del agua: uno presentado al último Congreso de la Asociación Internacional de Economía Ecológica celebrado en Nueva Dheli y otro a una Jornada promovida en Barcelona por la Agencia Catalana del Agua. A diferencia de lo que ocurre con las estimaciones monetarias habituales del coste ecológico, la metodología presentada en estos textos permite cuantificar en unidades de energía el daño o coste ecológico asociado a los distintos usos del agua, con criterios universalmente aplicables. Por último, quiero advertir que nuestra metodología aporta información preciosa sobre el coste ecológico de los procesos y/o las mochilas de deterioro ecológico de los productos a disminuir, pero no permite decir nada sobre su utilidad, individual o colectiva, ni menos aún sobre los aspectos redistributivos, que habría que tener en cuenta a la hora de enjuiciar y priorizar procesos y políticas.

En lo que concierne al afán de hacer operativa la meta de conseguir que decrezca el deterioro ecológico que la especie humana inflige a la Tierra, a sus distintos niveles de agregación, quiero subrayar lo siguiente. Que actualmente es el reduccionismo monetario, guiado por meros afanes de lucro, lo que mueve el comercio y arrastra los flujos físicos, que evolucionan con el pulso de la coyuntura económica. Por lo tanto, el objetivo de hacer que decrezcan esos flujos físicos no puede abordarse directamente, es decir, sin cambiar las reglas del juego económico que los mueven y que hacen que el crecimiento de los agregados monetarios de renta, producción o consumo acentúe el deterioro ecológico/2. Porque la evolución de los flujos físicos no es una variable independiente en el actual modelo de gestión, sino que depende de los flujos monetarios y plusvalías que los mueven y orientan.

Para aclarar mi punto de vista a este respecto voy a poner un ejemplo.

Como es sabido, la burbuja inmobiliaria ha explicado en buena parte el enorme uso y deterioro de energía, materiales y territorio que se ha venido produciendo en España. Esta burbuja ha sido propiciada por un modelo inmobiliario- financiero sui generis que incentiva la compra de viviendas como inversión, no como bien de uso. Inducido por la crisis económica, ahora el consumo de cemento se ha reducido en España a la mitad,… o el input total de materiales a la conurbación madrileña ha decrecido según mis cálculos en más de un 20% y ambos siguen cayendo. En esta situación, más que seguir enarbolando la bandera del decrecimiento como si nada hubiera pasado, lo que habría es que defender el cambio de modelo inmobiliario, para conseguir que no sean las finalidades especulativas las que sigan gobernando los flujos físicos y los usos del territorio. Es el cambio de modelo, de enfoques, de políticas y de instrumentos, lo permitiría reducir en el futuro el deterioro ecológico y no al revés. Por lo que resulta más razonable y eficaz que el movimiento ecologista oriente sus esfuerzos a conseguir ese cambio de modelo y de políticas y no a pedir directamente las peras del decrecimiento que al olmo de un sistema que sólo nos seguirá regalando de motu propio ese decrecimiento en épocas de crisis.

Exigir decrecimiento, antes que reconversión del sistema, viene a ser como poner el carro delante de los bueyes: no resulta eficaz. A la luz de lo anterior, y de lo que comentaba en mi artículo de VIENTO SUR, creo que el decrecimiento a secas es “un término inconveniente” como reza el título de Chato Galante y Ladislao Martínez, publicado en el mismo número de VIENTO SUR arriba referenciado como propuesta o bandera del movimiento ecologista. A la vez que me parece muy conveniente analizar el deterioro que está infligiendo la especie humana la especie humana sobre la Tierra (que la metodología propuesta permite seguir a sus distintos niveles de agregación) y plantear como meta unitaria de nuestro movimiento la reconversión del actual metabolismo económico, para conseguir que ese deterioro decrezca.

Notas:

1/ La ideología económica dominante, tras un arduo y prolongado trabajo, ha otorgado tal peso y valor positivo al término crecimiento (económico) que ha llegado a eclipsar los otros posibles significados, permitiendo su utilización sin necesidad de adjetivarlo, ni de precisar ya que se refiere al agregado de renta o producto nacional.

2/ En mi artículo citado sobre el decrecimiento, respondo a la pregunta “¿qué es lo hace que los agregados monetarios normales, ya sea en estado de crecimiento, estancamiento e incluso decrecimiento, tengan un reflejo negativo sobre el medio natural, al financiar con mayor o menor intensidad operaciones orientadas a esquilmar recursos


Reproduzco a continuación los títulos de los dos artículos referenciados para que los lectores interesados puedan entrar en los detalles de estas aplicaciones de la metodología propuesta (una primera versión de metodología se presentó en el libro Naredo, J.M. y Valero, A. (dirs.) (1999) Desarrollo económico y deterioro ecológico, Madrid, Fund. Argentaria & Visor distrib.). El texto en castellano estará en la web de VIENTO SUR coincidiendo con la publicación de la revista:

*Fundamentals of Physical Hydronomics: a new approach to assess the environmental costs of the European Water Framework Directive.
Antonio Valero, Javier Uche, Alicia Valero, Amaya Martínez, José Manuel Naredo, and Joan Escriu
*Seminario Costes y Cuentas del agua en Cataluña en relación con la Directiva Marco del Agua, Agencia Catalana del Agua, 18 y 19 de junio 2007 Documento Marco Costes y cuentas del agua. Propuestas desde el enfoque ecointegrador José Manuel Naredo

Índice

I.- Introducción
II.- Algunas precisiones sobre los enfoques del agua
- Dos formas de concebir la gestión del “dominio hidráulico”
- Dos formas de concebir el ciclo hidrológico
III.- Propuesta de cálculo del coste ambiental del agua y del coste del recurso
- Aspectos metodológicos y antecedentes
- El coste del recurso agua
- El coste ambiental de los usos y las masas de agua
- Agua, territorio y medioambiente
- El coste de los servicios asociados al agua
- Sobre los ingresos y la”recuperación” de costes
IV.- Conclusiones y recomendaciones sobre la relación entre el coste del recurso, el coste ambiental y el coste de los servicios del agua y su repercusión sobre los usuarios
-Referencias bibliográficas
Anexos:
- Resumen de la propuesta de cálculo del coste ambiental del agua y del coste del recurso y sus implicaciones inmediatas con vistas a la gestión del agua
- Comentarios que suscitan los resultados del cálculo del coste ambiental de los usos del agua en España y en las CI de Cataluña (recogidos en el Cuadro 3 del Anexo estadístico)
- Nomenclatura y cuadros estadísticos

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