La hora del decrecimiento

La hora del decrecimiento

Al emprender, hacia 1850, la vía «termoindustrial », Occidente pudo dar consistencia a su deseo de adherirse a la razón geométrica, es decir, al crecimiento infi nito, sueño que se desarrolla desde al menos 1750 con el nacimiento del capitalismo y de la economía política. No obstante, será solo hacia 1950, con la invención del marketing y el consiguiente nacimiento de la sociedad de consumo, que la utopía llegará a su plenitud y el sistema podrá liberar todo su potencial creador y destructor. Actuando así, construye las estructuras de la catástrofe.

El año 2050 podría marcar el fin de la sociedad de crecimiento. El sueño se habrá convertido en una pesadilla. El gran astrónomo Martin Rees da a la humanidad una posibilidad sobre dos de sobrevivir al siglo veint«Alto al crecimiento» fue el título francés del primer informe del Club de Roma publicado en 1972. Su conclusión precisaba que el crecimiento ilimitado bajo todas sus formas era imposible ya que el planeta era un mundo fi nito. Treinta años más tarde, un nuevo informe, realizado por los mismos investigadores, lanza una advertencia rigurosamente idéntica.

Podemos ser escépticos, claro está, acerca de los trabajos de futurología, aunque tienen el mérito de ser infi nitamente más serios y sólidos que las habituales proyecciones (que no hacen más que prolongar las torpes tendencias existentes) sobre las que se apoyan nuestros gobernantes y las instancias internacionales. A partir de un modelo simplificado que representa el funcionamiento del sistema, los autores del informe de 2004 exploran nueve escenarios partiendo de otras tantas hipótesis sobre la evolución de las variables. Salvo el que se apoya sobre una fe propiamente «cornucopiana» (fundada sobre el mito del cuerno de la abundancia y de la ausencia de límites), los demás escenarios, sin poner en duda los fundamentos de la sociedad de crecimiento, de sembocan en su hundimiento (colapso) con tres variantes principales. La primera lo sitúa hacia el año 2030 debido a la crisis de los recursos no renovables, la segunda hacia 2040 debido a la crisis de la contaminación y la tercera hacia 2070 debido a la crisis de la alimentación.

Un solo escenario es a la vez creíble y sostenible, el de la sobriedad, que constituye la base de la vía del decrecimiento.

¡El decrecimiento! La palabra aparece por primera vez en 1979 en la traducción francesa de la obra principal del ecologista rumano Nicholas Georgescu- Roegen.13 Sin embargo, la llamada a la construcción de un proyecto político bajo esta etiqueta no se lanzó realmente hasta 2002. En lo sucesivo el decrecimiento es reivindicado sin complejos. El movimiento de objeción al crecimiento, nacido en los años setenta con el informe del Club de Roma y la conferencia de Estocolmo sobre el medio ambiente, encontró su provocador eslogan. El decrecimiento intriga, inquieta, pero inspira también a un número aún más importante de personas que hoy se atreven a hacerse llamar objetores del crecimiento o incluso dimisionarios del crecimiento.

¡La hora del decrecimiento ha llegado! Y la sociedad de la sobriedad voluntaria que emergerá de su estela supondrá trabajar menos para vivir mejor, consumir menos pero mejor, producir menos residuos, reciclar más… En pocas palabras, recobrar el sentido de la mesura y una huella ecológica sostenible.

Pero esto no puede hacerse sin una ruptura de nuestros hábitos y por lo tanto de nuestras creencias y nuestras mentalidades. Inventar la felicidad en la buena convivencia más que en la acumulación frenética supone una importante descolonización de nuestros imaginarios, pero las circunstancias pueden ayudarnos a dar el paso.

Para realizar esa ruptura, es necesario primero comprender su necesidad y saber por qué hemos llegado a este punto. Sobre todo, es preciso dibujar el posible contenido de una sociedad del decrecimiento con el fi n de que los nuevos tiempos no parezcan catastróficos ni traumáticos.

Extraído del lilbro 'La hora del decrecimiento' escrito por Serge Latouche y Didier Harpagès

3 comentarios:

  1. Interesante. Hay que fomentar el decrecimiento.

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  2. Anónimo3:19 p. m.

    Voy a hacer un análisis bastante frío a la altura del extracto y de quienes lo han extraído.
    El extracto dedica mucha energía para fundamentar el decrecimiento. Es decir, nos conexiona bastante eficazmente cuando se apoya en la emotividad, y utiliza palabras como marketing, utopía, potencial y castástrofe. En cambio al final del extracto no se apoya con la misma fuerza por las necesidades, obligaciones, tendencias o cualquier solución que nos hiciera mas dueños o mas felices de la situación. Nos acerca a la futurología y al escepticismo para expresar como entiende la realidad. "El único escenario... "el decrecimiento intriga, inquieta". Y luego saca la bandera del decrecimiento como se saca el conejo de la chistera. Un análisis riguroso diría que el autor racionalizaba la realidad pero no demostraba empatía emocional con su entorno, al no darnos referencias cercanas. Quizás no quiso ganarse enemigos. Cosa totalmente lícita.
    En mi opinión es un texto socialmente solidario, digno de un corazón altruista, porque nos avisó y mostró su preocupación por la escasez de recursos naturales. No ofrece soluciones solidarias, ni mecanismos emocionales como al principio del texto. Te todas formas, gracias por su coráge.
    Lo mas importante y la conclusión acorde con su buena voluntad es rectificar el axioma del decrecimiento voluntario, porque el próximo y mas globalizado es el decrecimiento impuesto, según los parámetros del tiempo que el utiliza. Supongo que ahí tambien, el está evitándose enemigos y conclictos. A mí no me importa compartirlo en la red. Estamos al principio del siglo XXI.
    Un abrazo a los que quieren crecer el corazón.

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  3. Sinceramente, la única actividad que conozco de los decrecionistas es la escritura de textos, ya sea en papel o blogs....

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