Degrowth 2014 - 2 al 6 de septiembre en Leipzig



Bienvenida a la página web de la Cuarta Conferencia Internacional sobre Decrecimiento para la Sostenibilidad Ecológica y la Equidad Social. La conferencia tendrá lugar en la ciudad alemana de Leipzig entre el 2 y el 6 de septiembre de 2014.


El decrecimiento cuestiona la importancia del crecimiento de la política económica y trata de promover alternativas sociales y sostenibles. La conferencia de 2014 dará lugar a debates científicos, el intercambio entre activistas y pioneros económicos / culturales y también aproximaciones artísticas al tema. Es parte de un ciclo internacional de eventos; hasta el momento, ha habido conferencias sobre decrecimiento en París 2008, en Barcelona 2010 y en Venecia y Montreal 2012.


¿Por qué decrecimiento?


Muchos análisis de diversas disciplinas científicas implican que un sistema económico y social basado en el crecimiento no puede tener un futuro; a pesar de la existencia de un número cada vez mayor de soluciones tecnológicas para un "crecimiento verde", las emisiones globales y el consumo de recursos van significativamente en aumento. Ha llegado el momento de desarrollar modelos económicos y sociales que sean independientes del crecimiento, y con ello descubrir alternativas viables al imperativo del crecimiento.

Regla del Notario

José Manuel Naredo - El rincón de Naredo

Flujos o stocks

Tampoco el panorama económico tan desigual que se aprecia en el mundo, se presta a decretar por todas partes la misma divisa del decrecimiento y NGR [Nicolas Georgescu Roegen] lo subrayó afirmando, de acuerdo con otros autores, que “dada la naturaleza humana… si frenáramos por todas partes el crecimiento económico, congelaríamos la situación actual y eliminaríamos la posibilidad de las naciones pobres de mejorar su suerte” (p. 130).

Evidentemente, los que ahora proponen planificar el decrecimiento, son conscientes de ello y reorientan su propuesta pensando en los problemas de los países del Sur. Como puntualiza el propio Latouche, “atribuirnos el proyecto de un ‘decrecimiento ciego’,… que impediría que los países del Sur resolvieran sus problemas, raya en el absurdo, cuando no en la mala fe. Nuestro proyecto de construcción de sociedades conviviales, autónomas y ecónomas, tanto en el Norte como en el Sur, implica ciertamente hablar en este caso de un ‘a-crecimiento’, como se habla de ‘a-teismo’, más bien que de un decrecimiento” (Latouche, 2006, p. 242).

En cualquier caso ha de notarse que estas matizaciones quitan universalidad a la propuesta del decrecimiento, lo que no ocurre con la propuesta de reconversión de las reglas del juego de la actual economía globalizada, que sufren especialmente los países del Sur.

En mi libro La economía en evolución (1987, 3ª ed. 2003) antes citado comento largo y tendido todos estos aspectos, insistiendo en que “cualquier tasa de crecimiento de los agregados monetarios puede ser compatible con la aplicación de muy diversas tecnologías e impactos sobre el entorno y sobre la vida de las personas…. (por lo que) no cabe hablar de crecimiento cero (o de decrecimiento) como solución a la crisis ecológica, sin precisar su conexión con el mundo físico, biológico e incluso utilitario” (p. 365).

Y hasta ejemplifico con un dibujo cómo un mismo flujo de salida, tanto monetario, como físico, puede tener implicaciones ecológicas bien diferentes y ser más o menos viable o sostenible, según se articule sobre stocks o sobre flujos procedentes de fuentes renovables. “El problema estriba en que el universo homogéneo de los valores monetarios en el que se desenvuelve la idea usual de sistema económico, induce a confundir lo que son flujos y stocks en términos físicos, impidiendo el tratamiento adecuado de estos temas relativos al volumen y evolución de los flujos de salida que son compatibles con la estabilidad de los sistemas.

En consecuencia, las tasas de variación de los agregados pecuniarios dicen poco sobre estos problemas que por su propia naturaleza encubren, al igual que la propia recomendación del ‘crecimiento cero’ (entonces de moda o del ‘decrecimiento’, que
ahora tiende a sustituirla)” (p. 368).

Así las cosas, hay una pregunta clave a la que quiero responder para aclarar la relación entre los agregados monetarios y el mundo físico: ¿qué es lo hace que los agregados monetarios normales, ya sea en estado de crecimiento, estancamiento e incluso decrecimiento, tengan un reflejo negativo sobre el medio natural, al financiar con mayor o menor intensidad operaciones orientadas a esquilmar recursos y generar residuos? El deterioro físico asociado al crecimiento monetario de los agregados de producto o renta nacional responde no sólo al reduccionismo monetario y a la extensión del intercambio mercantil —el malvado mercado—, sino también y sobre todo a las reglas de valoración imperantes, que permanecen generalmente indiscutidas, y al marco institucional que las propicia, al avalar y proteger la desigualdad, el afán de poder y de lucro, las relaciones de subordinación y las organizaciones jerárquicas estatales y empresariales que las aplican.

En efecto, como expongo con mayor amplitud en el libro antes citado (Raíces…pp. 66-69 y 204-220) el reduccionismo monetario imperante, además de valorar sólo el coste de extracción, no el de reposición, de los recursos naturales (favoreciendo, así, el esquilmo de los recursos y penalizando la conservación y el reciclaje), impone una creciente asimetría entre el valor monetario y el coste físico y humano de los procesos: es decir, que a mayor coste físico y trabajo penoso, menor valoración monetaria. Es esta asimetría creciente, que traslada sordamente a nuestras sociedades mercantiles y democráticas los valores propios de sociedades jerárquicas anteriores, la que hemos denominado Regla del Notario y aparece formalizada matemáticamente, cuantificada y ajustada para ilustrar su aplicación a procesos reales en Naredo y Valero (1999) y en Naredo (2010).

A las reglas de valoración imperantes, plasmadas en la Regla del Notario, se añade un marco institucional que respalda derechos de propiedad desiguales, organizaciones jerárquicas (como son las empresas capitalistas y los partidos políticos), relaciones laborales dependientes,…y un sistema financiero que espolea el afán de lucro, amplificando la desigualdad hasta extremos antes insospechados.

Evidentemente, con estos mimbres salen estos cestos: los agregados monetarios, al ser tributarios de esas reglas de valoración y ese marco institucional, tienen como reflejo obligado el deterioro ecológico y la polarización social y territorial. Y este deterioro y esta polarización se producen, incluso, en situaciones de estancamiento o de decrecimiento de los agregados monetarios. Lo importante no es tanto cuestionar las tasas formales de crecimiento de esos agregados, como las reglas de valoración subyacentes. Habría que corregir y enderezar la Regla del Notario para hacer que el proceso económico fuera ecológica y socialmente menos degradante y establecer marcos institucionales que propicien la igualdad, la solidaridad, la cooperación,… tal y como propongo en el libro Raíces… Habría, en suma, que corregir las reglas del juego económico para cambiar su orientación y reconvertir los procesos hacia horizontes ecológica y socialmente más saludables que los actuales.

Para conseguirlo, los nuevos enfoques e instrumentos tienen que abrir ese cajón de sastre de valor monetario que nos ofrecen los agregados para enjuiciar su reflejo físico y social y separar el grano de la paja, promoviendo los frutos y los procesos ecológica y socialmente recomendables y recortando aquellos indeseables. La economía ecológica, con sus derivaciones de agroecología, ecología industrial, etc., trabaja en aportar el instrumental necesario para ello, desvelando las “mochilas” y “huellas” de deterioro ecológico que arrastran los productos, analizando el “ciclo de vida” de los procesos asociados a ellos “desde la cuna hasta la tumba”. Sin embargo, como venimos proponiendo Antonio Valero y yo, hay que ampliar más el objeto de estudio: no sólo hay que seguir la vida de los procesos y productos “desde la cuna hasta la tumba”, sino desde la cuna hasta la cuna, considerando también el coste de reconvertir los residuos en recursos. Si no lo hacemos, seguiremos dando por buenas unas reglas de valoración sesgadas, que consideran sólo el coste de extracción, pero no el de reposición de los recursos naturales y empujando así hacia la continua degradación de la base de recursos y/o del medio ambiente planetario.

Reflexiones sobre la bandera del decrecimiento. José Manuel Naredo

La obsesión por el crecimiento

Jorge Crosa - Dominio Público

Crecer es un concepto que se incorpora a nuestra vida desde muy temprano y casi siempre lo hace teñido de un tono esencialmente estimulante, alentador.

Con frecuencia desarrollo es usado en el habla cotidiana como sinónimo de crecimiento. También aquel está más vinculado a lo bueno que a lo malo. Aunque se dice, por ejemplo, que un individuo “desarrolló un cáncer”, en el uso más frecuente se suele emplear para destacar un avance, algo que mejora mientras crece.

La historia humana de Occidente puede ser vista como una historia del desarrollo de lo que el marxismo denominó “fuerzas productivas”.  De hecho, el comienzo de ese enfoque de la historia, la historia social como disciplina, se produjo cuando el capitalismo se expandió decisivamente, en la segunda mitad del siglo XIX.

El dominio y estímulo de esas “fuerzas productivas” pasaron a constituir el núcleo alrededor del cual se estructuraron los países, con relativa independencia de sus formas de organización social,  de sus estructuras de clases, de sus vínculos de dependencia o dominación con respecto a otros, de los fines ideológicos y políticos declarados por sus dirigentes de cada momento.

El crecimiento económico, el desarrollo, acabaron siendo el elemento esencial justificador de cualquier política. Y aquí están, llegados hace tiempo, instituidos como dogma irrevocable.

Para entender más profundamente un asunto como el crecimiento es necesario tomar distancia de uno mismo. Es imprescindible pensar en términos de la especie de la que uno forma parte (que lleva más de 160 mil años sobre un planeta en el que hay alguna forma de vida desde hace no menos de 2500 millones), en lugar de  hacerlo como persona individual que vive normalmente menos de 100 años. La dimensión temporal del análisis, la cantidad de tiempo que forma el marco en el que se piensa y se interpreta lo que es crecer otorga diferentes significados al mismo fenómeno.

Veamos unos ejemplos sencillos. La cantidad de coches por cada 1000 habitantes que hay en España no creció en 2012, y la mayoría de la gente, los medios de comunicación, los fabricantes de coches, los trabajadores de la industria automovilística, el ministro de economía, etc. vieron esto como algo desalentador y negativo. Ahora bien, si miramos lo que ha pasado en los últimos 25 años a este respecto, comprobamos que —a pesar de lo que sucedió el año pasado— el número de coches por cada 1000 habitantes casi se duplicó en ese lapso… Y esto es muy probable que se considere bueno y alentador.

En el año 2009 el producto bruto mundial (llamemos a esto la ‘riqueza total’ generada por toda la población del mundo, para simplificar) disminuyó casi el 3% con respecto al de 2008, lo que fue visto con pesimismo. Sin embargo, si observamos cuánto ha crecido esa riqueza disponible para el conjunto de los humanos en el período que va desde 1860 a la actualidad, es decir los últimos 150 años, veremos que, aunque ha habido breves períodos de disminución, lo que ha predominado muy marcadamente en ese lapso de tiempo ha sido el crecimiento anual que ha dado como resultado que el producto bruto mundial creciera muchas decenas de veces. Y aunque también ha crecido mucho la población del planeta, el promedio de riqueza por habitante ha aumentado muchísimo. ¡Qué bueno que así haya sido!, posiblemente nos diremos…

Un hecho habitualmente ignorado es que nada puede crecer en forma ilimitada en un medio limitado. Y el ritmo de crecimiento de los bienes materiales de los pasados 150 años, galopante, desorbitado,  nos debería llevar a percibir que el medio limitado en el que vivimos —la biosfera— está cada vez más lleno, tiene su capacidad más completa.

Un aspecto fundamental a tener en cuenta es que el crecimiento siempre entraña costes y perjuicios, fenómeno que estamos desacostumbrados a advertir ante la aparición de los nuevos bienes. Para tener más objetos (ya se trate de automóviles o alimentos, instrumentos musicales o aviones, mantequilla o cañones) es inevitable consumir recursos (materias primas, energía) y producir desperdicios.

Por lo tanto, a la hora de producir para crecer es imprescindible valorar con el mayor detalle cuál es la relación beneficio-perjuicio de hacerlo. Si para producir ciertos bienes más o menos prescindibles se emplean recursos que son muy valiosos por su escasez relativa, tal vez no convenga hacerlo. Sobre todo si los recursos que se gastan son además de limitados, irrecuperables y difícilmente sustituibles, y si los desechos que se producen en el proceso de producción causan daños irreparables a la salud de los individuos y al resto del entorno natural.

Con estas reflexiones sólo queremos proponer un marco dentro del cual encuadrar algunas preguntas que no pueden ignorarse y que sí tienen respuestas, muchas de ellas inquietantes. ¿Será bueno que la economía crezca sin parar? Dicho de otra manera, ¿será bueno que modifiquemos tanto la biosfera, por ejemplo extrayendo petróleo hasta el punto actual en que ya empieza a ser escaso? ¿Explotando las riquezas pesqueras del mar al punto de hacer que algunas especies se extingan? ¿Vertiendo gases a la atmósfera en cantidades que la naturaleza no puede “digerir”?

¿Qué es “riqueza”? ¿Qué es “bienestar”? ¿Todo lo que se produce es bueno? ¿Bueno para quién?

Crece la población de todo el mundo pero, ¿hasta dónde puede llegar ese aumento sin que aparezcan conflictos entre distintos grupos?

Hay colectividades humanas que aspiran a tener una vida más “humana” de la que tienen en la actualidad. Sabemos que hay en la actualidad mucha gente en el planeta que come poco y mal, carece de agua potable y de servicios médicos. Que tiene una vida precaria y más breve. ¿Es posible que los bienes a disposición de esa gente aumenten cuanto sea necesario para que ellos puedan subsanar sus carencias básicas? ¿Cómo habría que repartir el crecimiento entre los países y grupos sociales pobres y ricos si no se puede lograr que todos tengamos “todo lo que queremos” en las cantidades que queremos?

Miremos un poco más allá de la punta de nuestras narices. Los seres humanos no somos más que un grupo grande de seres que viven en un lugar que no es de nuestra propiedad. La capacidad transformadora de la realidad que hemos alcanzado como especie pone en riesgo lo que consideramos naturalmente como nuestro hogar.

¿No seremos mejores humanos si somos capaces de hacernos cargo de los inconvenientes a los que nos lleva querer siempre más de todo? Pensemos también que, aunque no nos importe mucho ser un mejor ser humano, tal vez nos convenga “no escupir al cielo” para no resultar afectados…

Decálogo ciudadano

15M-Camas

Decálogo ciudadano

1. El autentico soberano sólo se representa a sí mismo (Gustave Moreau). Tu y sólo tu eres el responsable de tu futuro, la representación o el voto delegado sin supervisión ni control posterior ha hecho que en la política se convierta en una casta corrupta al servicio de los mercados. Alternativas recomendables como Democracia 4.0, Democracia líquida y el poder constituyente (inicio del proceso para crear una nueva y actualizada carta magna).

2. Organización: potencia el trabajo en equipo vs la competitivad, comparte recursos/objetos/transporte y organízate en grupo de afinidad de manera horizontal y de forma rotatoria usando la tecnología, si no sabes otros te enseñarán. Asambleas, Cooperativas o asociaciones ciudadanas fortalecen el sentimiento gregario del ser humano. No estás solo.

3. Actúa de lo local a lo global . Mucha gente pequeña, haciendo cosas pequeñas en lugares pequeños se convierten en gigantes si están intercomunicados. Busca y apúntate a la gran flecha en la misma dirección. Crea enlaces entre personas o colectivos afines, fortalece y apoya aquello que creas conveniente. Y si no te gusta haz crítica constructiva.

4. Economía del bien común (Christian Felber): premiar y consumir en aquellas empresas que cumplan con el sentido común del colectivo ciudadano. Evaluar y mejorando la felicidad de los ciudadanos. Medidas como pactar un múltiplo entre las diferencias de sueldos, digamos un factor de x20 entre el salario mínimo y el máximo evita que volvamos a los tiempos de la acumulación de riquezas de los faraones, el resto que se invierta en I+D+i o en mejorar la educación, sanidad o la sociedad en general. Economía sostenible para el futuro de la humanidad y basado en el respecto al planeta, será el legado para nuestros hijos.

5. Consumo y decrecimiento: compra y consume lo necesario, piensa y recuerda que en la tele anuncian aquello que no necesitas y te crean inseguridades que te obligan a trabajar más para consumir más. Compra productos de temporada directamente al productor en cooperativas, tiendas o cadenas locales cercanas a tu domicilio. Y porque no, organiza tu huerto urbano, te va a ser falta. Exigir el diseño y fabricación de productos que perduren, evitando la obsolescencia programada, reciclar y reparar los productos en lugar de tirar y contaminar (creará empleo).

6. Globalización: en un mundo finito no se puede crecer infinitamente y consumiendo/contaminando el planeta, sobre todo esclavizando y deslocalizando las fábricas a otros países. Si compras en comercios como los chinos o productos fabricados en china (el 80% o más de lo que consumes) estás quitando el trabajo a lo local, a España (17 comunidades) y Europa, porque las multinacionales pagan más barato a un esclavo en la india que a un trabajador de tu barrio. Exige el producto local, tu decides en cada acto de compra.

7. Banca ética. Cuando pones la mano para ganar más con la avaricia y miras para otro lado te conviertes en cómplice de los mercados, cuando otros ponen la mano para ganar y tu pierdes ... ya no nos gusta el juego. Abre una cuenta en la banca ética o cooperativas de crédito. Exijamos transparencia en todos los ámbitos, anulemos los paraísos fiscales.

8. Abandona prejuicios, hacia el 99%. El discurso de la división en izquierda y derecha es obsoleto, al igual que las banderas no separan, nuestro grupo es la raza humana y en los problemas comunes se debe dejar de lado las diferencias para construir una solución globalentre todXs para todXs. Constrúyase un nuevo paradigma porque aprendí que las palabras estaban "manchadas" o viciadas y era necesario utilizar otras nuevas para construir algo distinto. Ya no hablamos de lucha de clases, hablamos de los mercados (el gran capital y financiero) frente al ser humano, antepongamos a las personas antes que al dinero.

9. Formación e información y debates (hay mundo fuera de la tele y del sofá): es gratificante la pluralidad de opiniones, la creación de propuestas con otros ciudadanos, vecinos y familiares, pero sobre todo llevarlas a cabo y no dejarlas en el bar. Inténtalo? La educación, el respecto y la formación de ciudadanos con sentido crítico son la base de un pueblo culto. La investigación y la tecnología el futuro. Fomentemos la creatividad y el ingenio desde la infancia.

10. Conclusión: cuando te das cuenta de tu capacidad para organizar y ayudar a otrXs es cuando eres consciente de que tu mismo y por ti mismo saldrás adelante. Cuando despiertes ya no podrás cerrar los ojos ni mirar para otro lado. Serás uno más feliz. Recuerda que el agua siempre fluye, nunca se detiene.


El Imperio del Consumo

Eduardo Galeano

La explosión del consumo en el mundo actual mete más ruido que todas las guerras y arma más alboroto que todos los carnavales. Como dice un viejo proverbio turco, quien bebe a cuenta, se emborracha el doble. La parranda aturde y nubla la mirada; esta gran borrachera universal parece no tener límites en el tiempo ni en el espacio. Pero la cultura de consumo suena mucho, como el tambor, porque está vacía; y a la hora de la verdad, cuando el estrépito cesa y se acaba la fiesta, el borracho despierta, solo, acompañado por su sombra y por los platos rotos que debe pagar. La expansión de la demanda choca con las fronteras que le impone el mismo sistema que la genera. El sistema necesita mercados cada vez más abiertos y más amplios, como los pulmones necesitan el aire, y a la vez necesita que anden por los suelos, como andan, los precios de las materias primas y de la fuerza humana de trabajo. El sistema habla en nombre de todos, a todos dirige sus imperiosas órdenes de consumo, entre todos difunde la fiebre compradora; pero ni modo: para casi todos esta aventura comienza y termina en la pantalla del televisor. La mayoría, que se endeuda para tener cosas, termina teniendo nada más que deudas para pagar deudas que generan nuevas deudas, y acaba consumiendo fantasías que a veces materializa delinquiendo.

El derecho al derroche, privilegio de pocos, dice ser la libertad de todos. Dime cuánto consumes y te diré cuánto vales. Esta civilización no deja dormir a las flores, ni a las gallinas, ni a la gente. En los invernaderos, las flores están sometidas a luz continua, para que crezcan más rápido. En la fábricas de huevos, las gallinas también tienen prohibida la noche. Y la gente está condenada al insomnio, por la ansiedad de comprar y la angustia de pagar. Este modo de vida no es muy bueno para la gente, pero es muy bueno para la industria farmacéutica. EEUU consume la mitad de los sedantes, ansiolíticos y demás drogas químicas que se venden legalmente en el mundo, y más de la mitad de las drogas prohibidas que se venden ilegalmente, lo que no es moco de pavo si se tiene en cuenta que EEUU apenas suma el cinco por ciento de la población mundial.
«Gente infeliz, la que vive comparándose», lamenta una mujer en el barrio del Buceo, en Montevideo. El dolor de ya no ser, que otrora cantara el tango, ha dejado paso a la vergüenza de no tener. Un hombre pobre es un pobre hombre. «Cuando no tenés nada, pensás que no valés nada», dice un muchacho en el barrio Villa Fiorito, de Buenos Aires. Y otro comprueba, en la ciudad dominicana de San Francisco de Macorís: «Mis hermanos trabajan para las marcas. Viven comprando etiquetas, y viven sudando la gota gorda para pagar las cuotas».

Invisible violencia del mercado: la diversidad es enemiga de la rentabilidad, y la uniformidad manda. La producción en serie, en escala gigantesca, impone en todas partes sus obligatorias pautas de consumo. Esta dictadura de la uniformización obligatoria es más devastadora que cualquier dictadura del partido único: impone, en el mundo entero, un modo de vida que reproduce a los seres humanos como fotocopias del consumidor ejemplar.

El consumidor ejemplar es el hombre quieto. Esta civilización, que confunde la cantidad con la calidad, confunde la gordura con la buena alimentación. Según la revista científica The Lancet, en la última década la «obesidad severa» ha crecido casi un 30 % entre la población joven de los países más desarrollados. Entre los niños norteamericanos, la obesidad aumentó en un 40% en los últimos dieciséis años, según la investigación reciente del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Colorado. El país que inventó las comidas y bebidas light, los diet food y los alimentos fat free, tiene la mayor cantidad de gordos del mundo. El consumidor ejemplar sólo se baja del automóvil para trabajar y para mirar televisión. Sentado ante la pantalla chica, pasa cuatro horas diarias devorando comida de plástico.

Triunfa la basura disfrazada de comida: esta industria está conquistando los paladares del mundo y está haciendo trizas las tradiciones de la cocina local. Las costumbres del buen comer, que vienen de lejos, tienen, en algunos países, miles de años de refinamiento y diversidad, y son un patrimonio colectivo que de alguna manera está en los fogones de todos y no sólo en la mesa de los ricos. Esas tradiciones, esas señas de identidad cultural, esas fiestas de la vida, están siendo apabulladas, de manera fulminante, por la imposición del saber químico y único: la globalización de la hamburguesa, la dictadura de la fast food. La plastificación de la comida en escala mundial, obra de McDonald’s, Burger King y otras fábricas, viola exitosamente el derecho a la autodeterminación de la cocina: sagrado derecho, porque en la boca tiene el alma una de sus puertas.

El campeonato mundial de fútbol del 98 nos confirmó, entre otras cosas, que la tarjeta MasterCard tonifica los músculos, que la Coca-Cola brinda eterna juventud y que el menú de McDonald’s no puede faltar en la barriga de un buen atleta. El inmenso ejército de McDonald’s dispara hamburguesas a las bocas de los niños y de los adultos en el planeta entero. El doble arco de esa M sirvió de estandarte, durante la reciente conquista de los países del Este de Europa. Las colas ante el McDonald’s de Moscú, inaugurado en 1990 con bombos y platillos, simbolizaron la victoria de Occidente con tanta elocuencia como el desmoronamiento del Muro de Berlín.

Un signo de los tiempos: esta empresa, que encarna las virtudes del mundo libre, niega a sus empleados la libertad de afiliarse a ningún sindicato. McDonald’s viola, así, un derecho legalmente consagrado en los muchos países donde opera. En 1997, algunos trabajadores, miembros de eso que la empresa llama la Macfamilia, intentaron sindicalizarse en un restorán de Montreal en Canadá: el restorán cerró. Pero en el 98, otros empleados e McDonald’s, en una pequeña ciudad cercana a Vancouver, lograron esa conquista, digna de la Guía Guinness.

Las masas consumidoras reciben órdenes en un idioma universal: la publicidad ha logrado lo que el esperanto quiso y no pudo. Cualquiera entiende, en cualquier lugar, los mensajes que el televisor transmite. En el último cuarto de siglo, los gastos de publicidad se han duplicado en el mundo. Gracias a ellos, los niños pobres toman cada vez más Coca-Cola y cada vez menos leche, y el tiempo de ocio se va haciendo tiempo de consumo obligatorio. Tiempo libre, tiempo prisionero: las casas muy pobres no tienen cama, pero tienen televisor, y el televisor tiene la palabra. Comprado a plazos, ese animalito prueba la vocación democrática del progreso: a nadie escucha, pero habla para todos. Pobres y ricos conocen, así, las virtudes de los automóviles último modelo, y pobres y ricos se enteran de las ventajosas tasas de interés que tal o cual banco ofrece.

Los expertos saben convertir a las mercancías en mágicos conjuntos contra la soledad. Las cosas tienen atributos humanos: acarician, acompañan, comprenden, ayudan, el perfume te besa y el auto es el amigo que nunca falla. La cultura del consumo ha hecho de la soledad el más lucrativo de los mercados. Los agujeros del pecho se llenan atiborrándolos de cosas, o soñando con hacerlo. Y las cosas no solamente pueden abrazar: ellas también pueden ser símbolos de ascenso social, salvoconductos para atravesar las aduanas de la sociedad de clases, llaves que abren las puertas prohibidas. Cuanto más exclusivas, mejor: las cosas te eligen y te salvan del anonimato multitudinario. La publicidad no informa sobre el producto que vende, o rara vez lo hace. Eso es lo de menos. Su función primordial consiste en compensar frustraciones y alimentar fantasías: ¿En quién quiere usted convertirse comprando esta loción de afeitar?

El criminólogo Anthony Platt ha observado que los delitos de la calle no son solamente fruto de la pobreza extrema. También son fruto de la ética individualista. La obsesión social del éxito, dice Platt, incide decisivamente sobre la apropiación ilegal de las cosas. Yo siempre he escuchado decir que el dinero no produce la felicidad; pero cualquier televidente pobre tiene motivos de sobra para creer que el dinero produce algo tan parecido, que la diferencia es asunto de especialistas.

Según el historiador Eric Hobsbawm, el siglo XX puso fin a siete mil años de vida humana centrada en la agricultura desde que aparecieron los primeros cultivos, a fines del paleolítico. La población mundial se urbaniza, los campesinos se hacen ciudadanos. En América Latina tenemos campos sin nadie y enormes hormigueros urbanos: las mayores ciudades del mundo, y las más injustas. Expulsados por la agricultura moderna de exportación, y por la erosión de sus tierras, los campesinos invaden los suburbios. Ellos creen que Dios está en todas partes, pero por experiencia saben que atiene den las grandes urbes. Las ciudades prometen trabajo, prosperidad, un porvenir para los hijos. En los campos, los esperadores miran pasar la vida, y mueren bostezando; en las ciudades, la vida ocurre, y llama. Hacinados en tugurios, lo primero que descubren los recién llegados es que el trabajo falta y los brazos sobran, que nada es gratis y que los más caros artículos de lujo son el aire y el silencio.

Mientras nacía el siglo XIV, fray Giordano da Rivalto pronunció en Florencia un elogio de las ciudades. Dijo que las ciudades crecían «porque la gente tiene el gusto de juntarse». Juntarse, encontrarse. Ahora, ¿quién se encuentra con quién? ¿Se encuentra la esperanza con la realidad? El deseo, ¿se encuentra con el mundo? Y la gente, ¿se encuentra con la gente? Si las relaciones humanas han sido reducidas a relaciones entre cosas, ¿cuánta gente se encuentra con las cosas?

El mundo entero tiende a convertirse en una gran pantalla de televisión, donde las cosas se miran pero no se tocan. Las mercancías en oferta invaden y privatizan los espacios públicos. Las estaciones de autobuses y de trenes, que hasta hace poco eran espacios de encuentro entre personas, se están convirtiendo ahora en espacios de exhibición comercial.

El shopping center, o shopping mall, vidriera de todas las vidrieras, impone su presencia avasallante. Las multitudes acuden, en peregrinación, a este templo mayor de las misas del consumo. La mayoría de los devotos contempla, en éxtasis, las cosas que sus bolsillos no pueden pagar, mientras la minoría compradora se somete al bombardeo de la oferta incesante y extenuante. El gentío, que sube y baja por las escaleras mecánicas, viaja por el mundo: los maniquíes visten como en Milán o París y las máquinas suenan como en Chicago, y para ver y oír no es preciso pagar pasaje. Los turistas venidos de los pueblos del interior, o de las ciudades que aún no han merecido estas bendiciones de la felicidad moderna, posan para la foto, al pie de las marcas internacionales más famosas, como antes posaban al pie de la estatua del prócer en la plaza. Beatriz Solano ha observado que los habitantes de los barrios suburbanos acuden al center, al shopping center, como antes acudían al centro. El tradicional paseo del fin de semana al centro de la ciudad, tiende a ser sustituido por la excursión a estos centros urbanos. Lavados y planchados y peinados, vestidos con sus mejores galas, los visitantes vienen a una fiesta donde no son convidados, pero pueden ser mirones. Familias enteras emprenden el viaje en la cápsula espacial que recorre el universo del consumo, donde la estética del mercado ha diseñado un paisaje alucinante de modelos, marcas y etiquetas.

La cultura del consumo, cultura de lo efímero, condena todo al desuso mediático. Todo cambia al ritmo vertiginoso de la moda, puesta al servicio de la necesidad de vender. Las cosas envejecen en un parpadeo, para ser reemplazadas por otras cosas de vida fugaz. Hoy que lo único que permanece es la inseguridad, las mercancías, fabricadas para no durar, resultan tan volátiles como el capital que las financia y el trabajo que las genera. El dinero vuela a la velocidad de la luz: ayer estaba allá, hoy está aquí, mañana quién sabe, y todo trabajador es un desempleado en potencia. Paradójicamente, los shoppings centers, reinos de la fugacidad, ofrecen la más exitosa ilusión de seguridad. Ellos resisten fuera del tiempo, sin edad y sin raíz, sin noche y sin día y sin memoria, y existen fuera del espacio, más allá de las turbulencias de la peligrosa realidad del mundo.

Los dueños del mundo usan al mundo como si fuera descartable: una mercancía de vida efímera, que se agota como se agotan, a poco de nacer, las imágenes que dispara la ametralladora de la televisión y las modas y los ídolos que la publicidad lanza, sin tregua, al mercado. Pero, ¿a qué otro mundo vamos a mudarnos? ¿Estamos todos obligados a creernos el cuento de que Dios ha vendido el planeta unas cuantas empresas, porque estando de mal humor decidió privatizar el universo? La sociedad de consumo es una trampa cazabobos. Los que tienen la manija simulan ignorarlo, pero cualquiera que tenga ojos en la cara puede ver que la gran mayoría de la gente consume poco, poquito y nada necesariamente, para garantizar la existencia de la poca naturaleza que nos queda. La injusticia social no es un error a corregir, ni un defecto a superar: es una necesidad esencial. No hay naturaleza capaz de alimentar a un shopping center del tamaño del planeta.

Energía renovables y #decrecimiento

Carmelo Ruíz Marrero - Infosur Rosario

Pueden las energías renovables sacarnos del aprieto ambiental y energético mundial en el que estamos? Sí y no. La respuesta a esa pregunta depende de las premisas sociales y económicas que uno adopte. Si uno presume una economía mundial que crece sin parar y por ende una demanda energética per cápita que aumenta eternamente, si uno presume que el espiral de consumo y desperdicio continuará ascendiendo para siempre, entonces las renovables no son opción viable.

 El físico estadounidense Amory Lovins ha dedicado toda su vida profesional a la promoción de las energías renovables y las medidas de eficiencia energética. Desde la publicación de su artículo “Energy strategy: The road not taken?” (Estrategia Energética: ¿El Camino no Tomado?) en la revista Foreign Affairs en 1976 que lo lanzó a la fama, hasta hoy, Lovins ha viajado a los confines del mundo y hablado en todas las tarimas que ha tenido disponible, abogando por lo que él llama “la senda de las energías blandas” (the soft energy path) (1). Se ha reunido con 23 jefes de estado y ha testificado como experto en 8 países, ha sido nombrado becario (fellow) de la American Association for the Advancement of Science (AAAS), y en 2009 la revista Time lo incluyó en su lista de las cien personas más influyentes del mundo (2). Amory y su esposa y colaboradora Hunter Lovins ganaron juntos el Premio Nobel Alternativo (Right Livelihood Award) en 1983. El señor Lovins ha escrito 31 libros, varios de ellos junto con Hunter, incluyendo el manifiesto eco-capitalista Natural Capitalism, que ambos escribieron con el empresario Paul Hawken en 1999 (3).

En la misma onda que los Lovins, el ecologista-celebridad Al Gore presentó en 2008 una propuesta para eliminar por completo el uso de combustible fósil para generar electricidad en Estados Unidos en sólo una década (4). En ese mismo año la compañía Google anunció un plan para eliminar el uso de carbón para hacer electricidad en EEUU para el año 2030. Pero la propuesta que se llevó a todas las demás por el medio fue una publicada en la influyente revista Scientific American en 2009, de la autoría de M. Jacobson y M. Delucchi, profesores de las universidades de Stanford y California-Davis respectivamente, que plantea convertir la economía mundial entera a fuentes renovables para 2030 (5).

Sin embargo, estas audaces propuestas descansan sobre fundamentos altamente cuestionables, según los expertos Vaclav Smil y Ted Trainer.

El canadiense Smil, profesor de la Universidad de Manitoba, premiado por la AAAS y nombrado uno de los cien pensadores más importantes del mundo por la revista Foreign Policy (6), señala los verdaderos costos del cosechar la energía del viento en Norteamérica. En Estados Unidos la energía de viento es más viable en los grandes llanos del centro-norte del país (Minnesota y las Dakotas), por lo que su desarrollo exitoso requeriría de la construcción miles de kilómetros de líneas de transmisión hacia las ciudades de mayor consumo energético, que están en la costa este. Sostiene Smil que los proponentes de las energías renovables han subestimado malamente el costo astronómico que tal construcción conllevaría, incluyendo costos por concepto de expropiaciones, derechos de paso en áreas densamente pobladas (vienen a la mente los estados de Ohio y Pennsylvania, por donde necesariamente pasarían las líneas), y la inevitable litigación por parte de grupos locales que se van a oponer a la ubicación de al menos algunas de estas estructuras (7).

Y encima de eso, la red eléctrica actualmente existente en EEUU está decrépita y en necesidad urgente de onerosas reparaciones, según la American Society of Civil Engineers, la cual le dio D+ a la infraestructura eléctrica del país en su informe Report Card for American Infrastructure (8).

Y, ¿De dónde vendrá el dinero para construir esos molinos y líneas de transmisión asociadas, y además poner al día la infraestructura existente? El sugerir que la empresa privada asumirá de buena gana los costos y riesgos billonarios de la transición energética es más que ingenuo, bordea en lo irresponsable. Sin una inversión pública sustancial, no será posible. Pero, ¿Es el financiamiento público una propuesta realista en una época como ésta, en la que los gobiernos de los países más desarrollados, en Norteamérica y Europa Occidental, están realizando salvajes recortes al sector público, incluyendo en la educación y la investigación científica, mientras que rescatan bancos y bonistas y emprenden guerras en el Oriente Medio?

Según Smil, el campo de las energías renovables está repleto de Polyannas que no han echado una mirada seria y sensata a la cantidad de capital y tiempo que se requerirían para transformar el sistema energético mundial. Puntualiza que este sistema mueve anualmente sobre 7 mil millones de toneladas métricas de carbón, alrededor de 4 mil millones de toneladas métricas de petróleo crudo, y sobre tres millones de millones (trillion) de metros cúbicos de gas natural, que producen juntos 14 millones de millones de vatios de energía. Y encima de esto hay que considerar también la infraestructura asociada, la cual es “el más costoso y extenso conjunto de instalaciones, redes y máquinas que ha sido construido en la historia del mundo, que ha requerido generaciones y millones de millones de dólares para poner en pie”, dice Smil.

Añade, con el realismo brutal e inmisericorde que le caracteriza, que “para 2025 las turbinas modernas de viento van a cumplir unos 30 años, y si para entonces suplen sólo el 15% de la electricidad de Estados Unidos, entonces será un asombroso éxito. Y hasta los más optimistas proyectos de generación solar no prometen ni la mitad de eso. El afán por fuentes de electricidad no basadas en carbono es altamente deseable... Pero esto sólo puede ocurrir si los planificadores tienen expectativas realistas.”


Por su parte, el australiano Ted Trainer, catedrático de la Universidad de New South Wales, sostiene que las propuestas de Lovins y del dúo Jacobson-Delucchi no aguantan análisis (9). Argumenta que estos autores hablan de promedios de demanda de electricidad y de disponibilidad de luz solar y viento, pero que estos promedios no tienen en cuenta cómo estos factores varían dependiendo de la hora del día y época del año. Por ejemplo: la demanda de electricidad cambia grandemente especialmente en tiempos de mucho frío o calor, pues aumenta el uso de aire acondicionado o calefacción. En cuanto a suministro de luz de sol, obviamente aún en los tiempos más soleados, los paneles solares no recogen energía alguna por alrededor de 14 horas diarias. Y posiblemente no hay recurso energético más variable e intermitente que el viento.

Jacobson y Delucchi proponen redes eléctricas integradas a nivel continental, partiendo de la premisa de que siempre está brillando el sol o soplando el viento en alguna parte. Molinos de viento y paneles solares en lugares donde hay viento y sol compensarán por similares instalaciones ubicadas donde no hay ni viento ni sol en un momento dado. Trainer encuentra que los datos y argumentos que presentan para esta propuesta son superficiales y poco convincentes, menciona que Europa Occidental tuvo en febrero de 2006 un periodo de dos semanas en el que no hubo ni viento ni sol, y señala que tales lapsos no son atípicos. El almacenar energía para satisfacer todas las necesidades eléctricas de Europa Occidental por tal periodo presenta un obstáculo técnico y económico prácticamente insuperable.

El problema básico que señala Trainer es que para que funcione una red eléctrica, ya sea municipal o continental, ésta tiene que tener un suministro de electricidad constante- no puede variar nunca, ni de momento a momento ni de día a día. Es por eso que a los administradores y técnicos de redes eléctricas lo que más les preocupa es la variabilidad de suministro y demanda, la cual, si no es manejada correctamente, puede causar apagones.

¿Pueden las energías renovables sacarnos del aprieto ambiental y energético mundial en el que estamos? Sí y no. La respuesta a esa pregunta depende de las premisas sociales y económicas que uno adopte. Si uno presume una economía mundial que crece sin parar y por ende una demanda energética per cápita que aumenta eternamente, si uno presume que el espiral de consumo y desperdicio continuará ascendiendo para siempre, entonces las renovables no son opción viable.

Pero si podemos plantear y visualizar una economía sin crecimiento, en la que se reduce el uso de energía y recursos materiales con miras a paulatinamente reducir nuestra huella ecológica colectiva, entonces las energías renovables sí tendrían un lugar en el futuro. Pero no hace falta un Nobel de economía para ver que el decrecimiento económico va a contrapelo de todos los modelos económicos vigentes, sean keynesianos, neoliberales, reaccionarios, progresistas o desarrollistas. Los modelos actuales se riñen en cuanto a cómo lograr el crecimiento económico, pero todos concurren en que tal crecimiento es bueno e incuestionable.
Desafortunadamente todos los gobiernos del mundo, irrespectivamente de ideología, parecen empeñados en hacer lo mismo: extraer todos los recursos naturales a su disposición hasta no dejar nada. En todos los países del mundo los defensores consecuentes de la ecología están en la disidencia, ya sea en Estados Unidos, Rusia, Ecuador o Puerto Rico. Se hace cada vez más urgente el crear espacios donde discutir y desarrollar ideas que realmente puedan garantizarnos nuestro futuro como especie: el decrecimiento, el post-extractivismo, la economía ecológica, la ecología social, la agroecología y la soberanía alimentaria, entre otras propuestas prometedoras.

Me han contado que en Bhutan la actitud del gobierno es distinta, pero yo nunca he ido allá. Si algún día visito el lugar les contaré.

Ruiz Marrero es autor, periodista investigativo y educador ambiental puertorriqueño. Su blog Haciendo Punto en Otro Blog (http://carmeloruiz.blogspot.com/search/label/esp) es actualizado regularmente, y su cuenta Twitter es @carmeloruiz.

NOTAS:

1) Amory B. Lovins. Soft Energy Paths: Toward a Durable Peace, Penguin Books, 1977.
4) Katie Couric. “Al Gore: Energy Crisis Can Be Fixed” CBS Evening News, 11 de febrero 2009. http://www.cbsnews.com/stories/2008/07/17/eveningnews/main4270123_page2.shtml
5) Mark Z. Jacobson y Mark A. Delucchi. “A Plan to Power 100 Percent of the Planet with Renewables: Wind, water and solar technologies can provide 100 percent of the world's energy, eliminating all fossil fuels” Scientific American, 26 de octubre 2009. http://www.scientificamerican.com/article.cfm?id=a-path-to-sustainable-energy-by-2030
7) “You can’t use wind turbines unless you’re prepared to hook them to the grid by building lots of additional high-voltage transmission lines, an expensive and typically legally challenging undertaking… Assuming that any major wind farms in the United States would be built on the Great Plains, where there is sufficient wind and land, developers would need to construct many thousands of kilometers of transmission lines to connect those farms to the main markets for electricity on the coasts.”
Vaclav Smil. “A Skeptic Looks at Alternative Energy: It takes several lifetimes to put a new energy system into place, and wishful thinking can’t speed things along” IEEE Forum, 28 de junio 2012. http://spectrum.ieee.org/energy/renewables/a-skeptic-looks-at-alternative-energy
8) “America relies on an aging electrical grid and pipeline distribution systems, some of which originated in the 1880s. Investment in power transmission has increased since 2005, but ongoing permitting issues, weather events, and limited maintenance have contributed to an increasing number of failures and power interruptions... Although about 17,000 miles of additional high-voltage transmission lines and significant oil and gas pipelines are planned over the next five years, permitting and siting issues threaten their completion.”
American Society of Civil Engineers. “2013 Report Card for America’s Infrastructure” http://www.infrastructurereportcard.org/energy/
La ASCE estima que la infraestructura de EEUU necesita una inversión de 3.6 millones de millones de dólares ($3.6 trillion) para el año 2020.
9) Ted Trainer. Reseña crítica del libro “Reinventing Fire” de Amory Lovins, 15 de septiembre 2012. http://www.resilience.org/stories/2012-09-15/review-reinventing-fire-amory-lovins; “A Critique of Jacobson and Delucchi’s Proposals for a World Renewable Energy Supply” Synthesis/Regeneration #60, invierno 2013. http://www.greens.org/s-r/60/60-09.html

El perquè del decreixement

Properidad sin crecimiento

Carlos Fresneda

"Cuestionar el crecimiento es un acto de lunáticos, idealistas y revolucionarios", escribió Tim Jackson, vaticinando lo que le iba a caer encima cuando publicó 'Prosperidad sin crecimiento' (Icaria). Y sin embargo este economista a contracorriente de 57 años, autor teatral, guionista y profesor de Desarrollo Sostenible en la Universidad de Surrey se considera ante todo "realista". Ahí va su particular diagnóstico sobre lo que está pasando...

"Nuestra sociedad se enfrenta a un profundo dilema. Dejar de crecer es arriesgarse al colapso económico y social. Perseguir el crecimiento a toda costa es poner en peligro los sistemas ecológicos de los que dependemos para nuestro propio crecimiento".

El modelo económico que hemos construido, según Jackson, es lo más parecido a un castillo de naipes: "Se detiene el crecimiento y le entra el pánico a los políticos. Las empresas luchan para poder sobrevivir. La gente pierde su empleo e incluso sus casas. La espiral de la recesión se hace más y más profunda".
La preguntamos pues a Tim Jackson si la "solución", como proponía en esta misma serie Robert Skidelsky, pasar por volver a crecer y entonces sí, entonces reformar a fondo el sistema y avanzar hacia otro modelo esencialmente distinto, pero al menos partiendo de una situación menos crítica.

"Si el sistema está roto, ¿para qué vamos a esperar?", responde (y pregunta) Tim Jackson. "No podemos esperar a que las cosas vuelvan a ir bien, entre otras cosas porque no tenemos ninguna garantía de que se pueda volver a crecer como antes del batacazo del 2008. El momento para afrontar el problema es ahora. Es absurdo desplegar las velas con la esperanza de navegar otra vez viento en popa... Y darnos cuenta de que en realidad avanzamos por un canal muy estrecho, y que no tenemos ya capacidad de maniobra".

"En mi libro no propongo dejar de crecer y dar marcha atrás", advierte Jackson (en una próxima entrega hablaremos del "decrecimiento"). "Lo que recomiendo es una serie de cambios para avanzar hacia otro modelo macroeconómico, que no esté basado en la persecución del crecimiento a toda costa, sino en la busca de un nuevo equilibrio. La nueva meta sería la estabilidad: económica, financiera, social y ecológica".

El compendio de ideas que propone Jackson parte eso sí de una redefinición de la "prosperidad", identificada hasta ahora con la abundancia material y el crecimiento económico. "La prosperidad consiste en nuestra habilidad para progresar como seres humanos dentro de los límites del planeta", sostiene Jackson. "El reto de nuestra sociedad es crear las condiciones para que eso sea posible. Es más, yo diría que es la tarea más urgente de nuestros tiempos".

Reconocimiento de los límites

En primer lugar tiene que haber, según Jackson, un reconocimiento tácito de los "límites", para acabar con la "patología" con la que sigue funcionando el sistema: crecimiento infinito en un sistema finito. El profesor de Surrey propone una revisión a fondo de las instituciones económicas, para reforzar los intereses a largo plazo y encauzar las inversiones estratégicas hacia el sector de servicios (lo que él mismo ha bautizado como la 'economía Cenicienta'). Por último, Jackson apunta a un cambio de la "lógica social", para salir de la trampa del hiperconsumismo y de la hiperproductividad.

Sus recetas pasan obligatoriamente por destronar el Producto Interior Bruto como sacrosanta medida de todas las cosas. "El PIB ha muerto", sentencia Jackson. "Necesitamos otros indicadores del progreso, que tengan en cuenta la destrucción ecológica, la calidad de vida y el bienestar social de la población. Ya hubo un intento de hacerlo, con el informe de Comisión Sarkozy en el que participaron entre otros Joseph Stiglitz. Pero no fue un intento sincero. Yo creo que los políticos nunca se llegaron a tomar el asunto en serio. Fue como el último baile antes de hundimiento del Titanic".

Los políticos... Tim Jackson los conoce de cerca y puede asegurar que son en su mayoría "unos analfabetos económicos". Las políticas de austeridad, en su opinión, son una "medida regresiva que obedece a una manera muy básica de entender la economía" y que está sirviendo "para castigar a los más pobres y beneficiar a los más ricos".

"Quiero pensar que es por ignorancia, pero si los Gobiernos están haciendo todo esto deliberadamente, entraría ya casi en el comportamiento delictivo", sostiene Jackson, que pone sobre la mesa los escalofriantes datos del paro en España. "La misión fundamental del Estado debería ser la de procurar el pleno empleo. En situaciones de emergencia como las que está viviendo España, como la mitad de la población joven sin trabajo, el Estado debería ser incluso el "empleador de último recurso". Si no, corremos el riesgo de crear una generación de jóvenes excluidos y de sembrar las condiciones de violencia e inestabilidad social".

Empleo

"¿Y cómo crear empleo si la economía no crece?", le formulamos la pregunta incómoda...
"Hay mucho trabajo, lo que pasa es que no nos dejan verlo. Sobre todo en lo que yo llamo el sector de la economía "Cenicienta": la salud, la educación, el cuidado de los mayores, la cultura, el ocio, los empleos vinculados con la protección del medio ambiente... Mientras sus hermanas mayores (desde las finanzas a la extracción de materias primas) estaban fuera de fiesta, la economía "Cenicienta" se ha quedado haciendo el trabajo "sucio" porque no está considerado como "productivo" con las pautas actuales".

"Todo esto tiene que cambiar", advierte Jackson. "Hay que dar el paso definitivo de una economía basada en los productos materiales y en el consumismo, a una actividad más apoyada en servicios y bienes intangibles, que no causen daños al planeta. Y en cuanto se produzcan las "inversiones estratégicas" hacia estos sectores tan fundamentales y necesarios para nuestro bienestar, se generarán nuevos empleos. Harán falta otras medidas suplementarias, como la reducción de las horas laborales: si queremos trabajar todos, necesitamos una redistribución más equitativa del trabajo".

Además de "lunático, idealista y revolucionario", a Tim Jackson le han llamado también "ecosocialista" por plantarle cara al gigante del crecimiento y proponer un modelo que, a simple vista, se desvía peligrosamente de los cauces de eso que aún llamamos capitalismo...

"Yo no sé si lo que propongo es aún capitalismo o si debería llamarse de otra manera, pero la verdad es que no me importa. Lo que importa es que el capitalismo consumista y financiero es una receta para el desastre, ya lo hemos visto. Nuestra única opción es cambiar. Tenemos que transformar las estructuras y las instituciones que dan forma al mundo en que vivimos. Tenemos que articular una visión más creíble de prosperidad duradera".

El Estado, el desarrollo humano y los bienes comunales

Julio García Camarero

El desarrollo humano necesita de una mesurada cantidad de energía para lograr crear las bases para un Estado del bien estar, que genere los satisfactores indispensables para satisfacer las necesidades humanas, que es en definitiva en lo que consiste el desarrollo humano. 

Y tanto la energía empleada para ello como el propio Estado deben de estar dimensionados y encontrarse en un mesurado equilibrio con el medio ambiente, que respete el natural flujo de materia y energía, así como a la información que lo canaliza (la biodiversidad) del gran ecosistema global: la biosfera nuestra “casa común” de la cual somos parte inseparable.

Pero, esta energía no debe de sobrepasar el límite de mesura que nos indica la Ecología y no debe caer (como está sucediendo) en su obtención y empleo desmesurado, e injustificado, conseguido a base de la rapiña de estos recursos a partir de las reservas de otros países, generalmente países del Sur.

En la actualidad, vivimos en una profunda multicrisis energética, alimentaria, climática, financiera, de valores, del lenguaje, etc. En un análisis de la situación socioeconómica de su país la New Economist Fundatión (NEF), de gran Bretaña, nos indica: “el Estado del bienestar ha crecido de manera exponencial desde que se fundó a mediados de los años cuarenta. Su crecimiento ha dependido siempre de un crecimiento económico continuo que, a través de los impuestos, produjese más beneficios para pagar mayor y mejores servicios públicos. Este supuesto ya no se sostiene.” i Este supuesto (al igual que en G.B) se pretende mantener también en los demás Estados europeos; y es así, sobre todo, porque precisamente G.B. puede considerarse entre los países con grandes deficiencias en el Estado del bien estar, principalmente en cuanto al sistema sanitario se refiere, ya que según estadísticas de OMS, no posee más que 21 médicos y 6 enfermeros por cada 10.000 habitantes. En este sentido, hay que coincidir con la opinión de Florent Marcellesi: “Además, en este contexto el Estado (junto con las administraciones públicas locales y el sector privado) ha sido uno de los promotores esenciales del productivismo y de las mega-infraestructuras (nucleares, autopistas, aeropuertos, tren de alta velocidad, sanitarias, etc.) en nombre del ´interés general´ a veces confundido con el ´interés corporativo´ o simplemente aplicado desde un enfoque típicamente crecentista y tecno-científico del progreso”ii. Pero este es un enfoque que necesita imperiosamente de “abundancia energética”.

Y esta necesidad energética cada vez se trona más escasa, cara y problemática, puesto que ya hemos sobrepasado el pico del petróleo. Esta dificultad se trata de superar a base de energías alternativas renovables, pero resulta que estas energías cuentan con el inconveniente de que tienen mucho más bajas sus Tasas de Retorno Energetico (TRE)iii. Históricamente, las fuentes energéticas ha variado sustancialmente su TRE. Así, mientras las sociedades primitivas o agropecuarias necesitaban una TRE global de entre 4 y 6, la sociedad industrial y tecnológica actual tiene una TRE global de entre 12 y 25; y sucede que la energía fotovoltaica solo tiene un TRE de 2,4, lo que resulta bastante insuficiente para mantener a la actual desmesurada demanda de energía, no sólo en los gastos del consumismo privado, sino también e incluso, en los gastos del Estado del bienestar.

También nos dice Marcellesi, citando a Cochet, que: “`el coste entrópico es demasiado elevado (…) y la superficie estatal debe decrecer´. Desde la justicia social y ambiental, el Estado tiene un enorme reto para iniciar su transición socio-ecológica ya que no hay país que disponga de avanzados servicios de cuidados sociales que no los haya construido sobre una base social de consumo intensivo de energía total y per cápita”iv. Esta opinión de Cochet, es cierta, y de gran interés, pero sólo hasta un cierto límite, es decir sólo si este decrecimiento se considera como un decrecimiento mesurado, y no como decrecimiento extremo o desmesurado. Pues, sino, puede constituir un arma de doble filo que tienda a justificar las privatizaciones en masa que estamos padeciendo. Y para tener una mejor idea de cuál pueda ser este equilibrio mesurado ponemos a continuación algunos ejemplos de Estados desmesuradamente grandes y por otra parte otros Estados que se han mantenido en una proporción no peligrosa para la integridad y la salud de la biosfera. Estos últimos, sin embargo han conseguido un Estado de bien estar de mejor calidad que los Estados desmesurados, y con sólo un gasto de recursos económicos y energéticos mesurados.

Está claro que el Estado del bien estar desde la esfera pública se degrada si se le retiran las asignaciones y se tiende a privatizar. Pero un Estado del bien estar caro, en el que el Estado invierte grandes cantidades de energía y dinero no es garantía, por ello, de una mejora de la calidad del servicio a la sociedad. Podemos poner algunos ejemplos de Estados del bien estar muy deficientes en países enmarcados como súper desarrollados y en la cúspide del primer mundo, tales como pueden serlos los de los EEUU, Suecia, etc.
Pongamos como ejemplo Estados Unidos que es, con mucho, el país que más gasta en sanidad, con una tasa que ha llegado hasta un15,7% del PIB. Pero, pese a todo, este sistema sanitario se encuentra dentro del grupo de países con gran deficiencia sanitaria (tercer mundo sanitario), con sólo 15médicos por cada 10.000 habitantesv. Sin embargo la metrópoli del imperio posee un sistema sanitario de los peores del planeta, al menos de los peores del primer mundo, aun que también peor que el de otros países considerados pertenecientes al tercer mundo (como por ejemplo Cuba). ¿Y ello por qué? Porque en EEUU los medicamentos son carísimos. Y porque el sistema sanitario norteamericano no es universal, cerca de un 40% de la población norteamericana no tiene cobertura sanitaria. Ello se debe a que según el “prisma capitalista moderno” la sanidad para ser de calidad debe pagarse y debe pagarse cara. Y esto es lo más rentable y lo que genera los más grandes beneficios monetarios a las multinacionales farmacéuticas y las grandes corporaciones sanitarias, en general, de EEUU, pero que también cuenta con los más desorbitados gastos gubernamentales en la partida de sanidad.

A causa de este enfoque de la sanidad, en EEUU se ha transformado su sanidad en uno de los mayores negocios que existen y ello conseguido gracias a su profundo deterioro. Sólo algunos presidentes “demócratas” y nacionalistas como lo fue por ejemplo Johnson y ahora Obana se preocuparon, casi obsesivamente, por conseguir un buen servicio sanitario universal nacional al estilo de Suecia. Obama en su obsesión por salvar el sistema sanitario de los Estados Unidos ha investigado diversos sistemas sanitarios que ha considerado modélicos, pero ha centrado casi su exclusiva atención en la sanidad del Estrado Español, estableciendo amplias conversaciones con los responsables de la sanidad del País Vasco, y ello pese a que la asignación presupuestaria de la sanidad en España se encuentra por debajo de la mitad de la de EE UU.

Con la enseñanza, en los Estados Unidos sucede algo parecido. Allí la enseñanza es un verdadero desastre, exceptuando la enseñanza de las altas especializaciones tecnológicas, enfocadas a conseguir una mayor aceleración de beneficios y de acumulación de PIB para las multinacionales; o bien enfocada a la investigación en la carrera armamentista.

Con los transportes públicos en Estados Unidos sucede algo parecido. Los transportes colectivos son muy deficientes y esta es la mejor forma de garantizar la masiva venta de petróleo y automóviles, y así promover las ventas y aumentar los beneficios de las multinacionales petroleras y automovilísticas, las cuales suponen todo un Estado dentro de un Estado. Se comprende entonces que el único documento de identificación que se le exige a un ciudadano norteamericano es el carnet de conducir. Allí si no conduces un auto no eres nadie. Cada norteamericano nace pegado a un automóvil personal, con las consecuentes repercusiones contaminantes y de cambio climático que no sólo sufre el gringo si no también toda la humanidad. Los habitantes de EEUU solo suponen el 5% de los habitantes del planeta, pero los gringos contaminan un 25% de toda la contaminación que se produce en la atmosfera.

En el caso de Suecia sucede algo diferente pues en este país la sanidad y el Estado del bien estar, en general, sí que están en óptimo funcionamiento para la población sueca. Por ejemplo, en este país las madres tienen derecho a tres años sabáticos para poder cuidar a sus hijos. Hasta aquí el Estado de bien estar sueco parece modélico, y de hecho así es considerado mundialmente. Pero, deja de ser modélico en el momento que consideramos que es precisamente Suecia el primer país traficante en armas per cápita del mundo (90 millones de $ por habitante, casi el doble se segundo que le sigue Israel).

En la tabla siguiente puede compararse este tráfico de armas de Suecia con los de otros 10 países de mayor tráfico de armas del planeta
País ($/habitante)
Suecia………... 90.0
Israel………….. 59.0
Rusia…………...42,3
Holanda………..31,0
EE UU…………28,8
Alemania……….28,5
Inglaterra……….17,0
Francia……….…13,0
España……….…11,0
Italia…………….10,4
China……………..1,1
Fuentevi
Y es que como buena parte de este dinero, obtenido de las armas, sirve para costear el sistema sanitario sueco, llegamos a la conclusión de que Suecia consigue prolongar la esperanza de vida de su población a costa de disminuir la esperanza de vida de la población de los países receptores armas que las necesitan para sus guerras, provocadas principalmente por el primer mundo. Se trata generalmente de países del Tercer y Cuarto mundos, como son los de los continentes de África y Asía principalmente (Irak, Afganistán e infinidad de países africanos que están en continua guerra). No olvidemos que una pequeña Tercera Guerra Mundial se libró en centro África, en torno al Congo, durante los años noventa, denominada también “Guerra del Coltan” y que generó más de 10 millones de muertos. Fue provocada por nueve potencias occidentales que se disputaban el precioso mineral útil para la fabricación de teléfonos móviles. Pero fue una guerra subvalorada y acallada porque al fin y al cabo los muertos eran casi exclusivamente negros y estaba situada en un área geográfica periférica. Se presentó en los medios como una disputa tribal entre etnias. Algo así como una “merienda de negros”, pero el verdadero banquete fue para los blancos y para los bancos del Primer Mundo.

Por el contrario el satanizado país, presentado en los medios neoliberales como un país caótico, sin derechos humanos y sin libertad, posee un sistema sanitario y de enseñanza que poco tienen que envidiar al de los países con fuertes gastos en su Estado del bien estar como son estos ejemplos mencionados de EE UU y Suecia. Y sin Embargo, Cuba es uno de los países con menor renta perca pita y menor PIB, por lo que sólo puede aportar una pequeña cantidad dineraria a la sanidad y a la enseñanza. Esto nos viene a decir que el buen funcionamiento del Estado del bien estar, es, sobre todo, cuestión de eficiencia organizativa y de buena disposición y voluntad. Sin duda, más que del empleo de grandes cantidades de energía y de dinero

Pese a todo, la esperanza de vida en Cuba es de las mayores del mundo y ello sin tener que conseguirlo a base de tráfico de armas o base de ingentes asignaciones económicas estatales. Cuba, pese a su pobreza económica y a su satanización por parte de los medios de comunicación globales, se encuentra entre el reducido grupo de países de alto grado de desarrollo humano, según la propia clasificación de la ONU. Veamos ahora como se distribuyen los gastos en sanidad de algunos países y cuál es el límite efectivo de estos gastos. Esto lo vamos a ver en la siguiente tabla:

Tabla. Distribución del PIB y del Gasto en Salud per cápita/Año
______________________ ________________________________________________________________________________
Gasto per cápita en sanidad
(en nº $ / año / habitante): Grupos de naciones________________________________________________________________
Entre 800-1.000……………...Méjico, Polonia, Eslovaquia, (gasto completamente insuficiente)
Entrte1.000 y 2.000….………Chequia, Hungría, Portugal, Grecia, (gasto escaso)
Entre 2.000 y 3.000….…....... N. Zelanda,, Finlandia, España (2.600), Italia, G.B., Austria, Bélgica, (gasto mesurado)
……………………………………………………………………………………………………………………………
Por encima de 3.000$/año/ habitante no se dan mayores calidades de sanidad por el aumento del dinero gastado, sino
que esta calidad permanece estancada e incluso sufre algo de deterioro. A partir de este límite de los 3.000$/año/, el gasto se vuelve gasto desmesurado o gasto híper-desmesurado y en un consumo innecesario. Estos gastos añadidos, por encima de este límite, no tienen otra misión que crear un gran negocio y una acumulación dineraria desorbitada en beneficio de una oligarquía a quienes no les es necesaria en absoluto; solo constituye una desenfrenada enfermedad cleptómana y competitiva. A continuación ponemos algunos países que gastan inadecuadamente en sanidad por encima de este límite.
……………………………………………………………………………………………………………………………
Entre 3.000 y 4.000…….....Suecia, Holanda, Canadá Suiza, Noruega (gasto desmesurado)
Entre 4.000 y 5.000……….NADIE
Entre 5.000 y 6000………. Solo EEUU (con gran gasto de farmacéuticas) (gasto híper-desmesurado)

Fuente: Esta tabla ha sido confeccionada a partir de datos de la Organización Mundial de la Salud (informe año 2010).

Ahora bien, una forma de impedir Estados y Estados del bien estar desmesurados como lo son los que acabamos de ver en los casos de EE UU y Suecia, será que se establezca un Estado gestionado en forma de bienes comunales con una participación más directa en forma de intereses comunitarios. Unos interese complejos y cargados de diversidad que deben ser diferentes al conocido “interés del pueblo entendido generalmente en la teoría de Estado Nación Moderno, en donde el pueblo es entendido como un cuerpo homogéneo y con voluntad única que entrega y deposita su soberanía en el Estado”vii.
O también puede ser depositada en un líder carismático y populista que puede estar cargado de las mejores intenciones como Chávez, Evo Morales, etc., o que puede estar cargado de las peores intenciones como Hitler, Pinochet, etc.; pero que siempre supondrá una gestión con cierta rigidez y monolitismo de los problemas, que deben tender a ser soluciona-dos por interés comunitario. El Estado puede tener dos planteamientos opuestos:
  1. Que particularice los derechos de las personas refiriéndolos a una sola nacionalidad como por ejemplo la de Estados Unidos o la de Suecia.
  2. Que se plantee una articulación y dependencia indispensable entre lo local y lo global. Es decir, que el Estado no solo enfoque la dependencia de la población como una forma de egoísmo nacional, sino que sea proyectado inter-dependiente de una esfera supra nacional. Esto es lo que está intentando hacer Cuba proyectando su eficiente salud pública hacia el exterior de sus fronteras. Pongamos los casos de la famosa “operación milagro” o la eficiente ayuda urgente cubana, en el caso de emergencia en cualquier punto de la esfera terrestre.
En este sentido, Marcellesi nos indica: “Y cuanto más grande e importante es el Estado -sea cual sea su régimen político-, más alejado está de los centros de decisiones y menos capacitado se ve para ofrecer democracia directa y deliberativa. Dicho coloquialmente, el tamaño importa”.



i NEF, Ecopolitica, 2012:pp.77-78

ii Florent Marcellesi, ¿Más allá del estado? en el nº45 de la Revista Ecología Política

iii Recordamos que la Tasa de Retorno Energético (TRE) es el cociente de la cantidad de energía total que es capaz de producir una fuente de energía y la cantidad de energía que es necesario emplear, o aportar, para explotar ese recurso energético. Es decir: TRE = energía obtenida / energía invertida.

iv -Cochet, Yves (2012): “États simples locaux”, en “La décroissance et l’État”, Entropia, nº13 otoño 2012, pp. 63-73.

v Datos tomados de la Organización Mundial de la Salud., informe del 2010.

vi Los datos de venta de armas están tomados de la guía temática sobre armas ligeras de canal solidario elaborado por Carles Vidal a partir del documento "Campaña contra las armas ligeras", elaborado por la cátedra UNESCO para la paz y los derechos humanos. Los datos de población de los diferentes países tenidos en cuenta están tomados de:
  1. Base de datos internacional (international data base. idb). del censo de EE UU (United States Census Bureau),
  2. CIA-The World Factbook-Country Comparison: population;
  3. United Nations. Department of Economic and Social Affairs-population Division. Population, estimates and projections section-world population prospects. the 2010 revision (Naciones Unidas, Departamento de Asuntos Económicos y Sociales-División de Población, estimaciones de población y sección de proyecciones-perspectivas de la población mundial, 2010.


vii Ibidem, Marcellesi

Menos es más. Decrecimiento para el día a día

Económade

Crecer. Crecer. Ese el mantra que el modelo capitalista nos ha repetido hasta la saciedad (lo sigue haciendo) como si esa fuera la panacea del bienestar. Y ya sabemos que no. Aunque nos digan lo contrario. Aunque sigan intentándolo, dejando a muchos en el camino, y teniendo en ascuas a todos los que todavía creen, y esperan ansiosos, que volverá esa opulencia falaz y destructiva.

menos es más

Crecer como un dogma

El  imperativo de crecer a toda costa se topa con la realidad, que suele ser mucho más obvia y que tiene un discurso más didáctico. Como explica el activista ecologista, investigador y teórico de la ecología política Florent Marcellesi: “en tiempos de recesión la economía del crecimiento nos conduce al colapso social (tasas de paro y de pobreza socialmente inasumibles), en tiempos de bonanza nos lleva directamente al colapso ecológico (crisis energética, climática, alimentaria y pérdida de biodiversidad)”.  Porque  lo que no nos dicen es que se incentiva un crecimiento ilimitado en un Planeta limitado. Y nos lo estamos cargando. Y aunque parezca lo contrario no tenemos otro de recambio.

Cambio de modelo. Decrecer

Parece urgente un cambio de paradigma. Revisar el modelo. O los modelos. Esos dogmas que como mandamientos parecen sugerirnos que la forma imperante es la única posible.  Creced, comprad, multiplicad vuestros bienes. Esa es la propuesta. No, por favor. Paren un poco. Por suerte, hay alternativas. Sólidas. Sostenidas en reflexiones, argumentarios, experiencias y teorías de prestigiosos pensadores, poiítólogos, teóricos. Activistas que las confirman en la práctica. Propuestas que hacen, que cambian.

Sobriedad para ser felices

El decrecimiento (o decrecionismo) es una corriente de pensamiento político, económico y social que propone una disminución de la producción económica para establecer relaciones de equilibrio entre el ser humano y la naturaleza, y entre los humanos entre sí.

Serge Latouche, ideólogo del decrecimiento,  dice que “la aplicación de políticas reales de decrecimiento se debe producir de manera singular y asimétrica, dependiendo de las condiciones sociales y ambientales de cada lugar del planeta“. Sin embargo, sería común, dice,  una visión de la vida basada en la felicidad a partir de la sobriedad.

Resumiendo mucho, el decrecimiento es vivir con menos para vivir mejor. Recuperando de nuevo las reflexiones de Florent MarcellesiDebemos darle la vuelta al sistema desde lo local y lo global, lo personal y lo colectivo, lo social y las instituciones. Ni “austeridad punitiva” (que castiga a las personas que menos tienen), ni vuelta al crecimiento (que castiga los ecosistemas y a las generaciones futuras), necesitamos una sociedad del “vivir bien” donde sea posible tener un empleo que sea a la vez sostenible y decente, (re)distribuir la riqueza y el trabajo de forma equitativa y construir una democracia real para que de forma colectiva decidamos cuáles son nuestras necesidades según la biocapacidad de la Tierra.”

Decrecimiento para el día a día

Llegado a este punto,  muchos se preguntarán ¿y esto cómo se traduce en mi vida? ¿Puedo ser decrecionista y empezar a asumir un cambio de modelo? ¿Tengo que dejarlo todo y tirarme al monte? No es necesario. Podemos empezar por hacernos algunas preguntas (que debemos respondernos) y cambiando algunas actitudes.

El caracol como símbolo. Foto de Zoom3200
El caracol como símbolo. Foto de Zoom3200

Preguntas simples a responderse (uno a uno mismo, o en familia, entre todos, a la hora de la cena, por ejemplo)
  • ¿Necesitas todo esa ropa que has comprado en los últimos seis meses?
  • ¿Necesitas todo lo que tienes?
  • ¿Cuántas veces has cambiado de móvil en los últimos  años?
  • ¿Compras, tiras, compras? ¿No te indigna la obsolescencia programada? ¿No te molesta que desde un teléfono hasta las pinzas de la ropa duren menos de lo que deberían (o lo que estabas acostumbrado)?.
  • ¿Qué haces con todos los residuos que se acumulan en esa fiebre de recambio inagotable?
  • ¿Dónde haces a la compra?
  • ¿Sabes de dónde proceden los bienes que consumes? ¿Quién y en qué condiciones los produce?
  • ¿Cómo es tu ocio, cuánto te cuesta divertirte, quién te lo propone?
  • ¿Cuáles son tus aspiraciones económicas? ¿Para qué?
  •  ¿Cuántos coches tienes el garaje? ¿Cuándo lo cambiaste por última vez?
Acciones para poner en práctica

Una vez que nos hemos respondido a estas cuestiones (que pueden ser muchas más y en la misma línea) podemos asumir algunas acciones en nuestra vida cotidiana.

Consume menos. No es un tópico. Es una clave esencial. Puedes vivir con mucho menos de lo que tienes. No es lo mismo necesitar que poder permitirse algo en esa lógica capitalista de demostrar a través de lo que tienes el estatus que has adquirido.

Utiliza la energía de forma eficiente y responsable. Recicla. Reutiliza. Comparte
Busca alternativas. Hay otras maneras. Y muchas iniciativas en marcha que proponen interesantes cambios en las ciudades y en los pueblos, donde lo colectivo, lo social, lo colaborativo sean prioritarios y esenciales para habitar un espacio común de forma sostenible y enriquecedora.

Súmate. Algunas pistas para que no te pierdas en la búsqueda
Webs a tener en cuenta (te damos algunos ejemplos, hay muchas más)
Lecturas para entender el decrecionismo
Documentales de interés

Stop! Rodando el cambio

Decredocus (un blog donde encontraréis numerosos documentales, entrevistas y reportajes sobre el movimiento decrecionista y propuestas viables para ponerlo en práctica)
Y como primer bocado, os dejamos este vídeo que resume en un minuto la esencia del decrecionismo