La “religión” del crecimiento como dictadura del presente

Altermon_Consciència pel canvi

Desde que en el año 2007 las fuerzas económicas de los mercados, con las hipotecas subprime como herramienta, llevaron a la economía global al borde del abismo, el saqueo de los bienes colectivos no conoce descanso. La ideología neoliberal y la «religión» del crecimiento económico maquinan, y la política hace. Convertida la economía en un gran casino, ahora mandan jugar al dominó, y Atenas, Dublín, Lisboa, Madrid y Roma sucumben al dictado…

Sigue leyendo (editorial Periódico Gara):


La eurozona, incapaz de resolver el «problema griego» y acosada por los «tres gigantes» estadounidenses -las agencias de calificación Moody’s, Fitch y Standard & Poors-, se enfrenta ya a un desastre que amenaza no sólo su moneda única, sino también su credibilidad y el propio ideal europeo. Ni siquiera Barack Obama, impotente ante su minoría parlamentaria en Washington, puede escapar a unas maniobras especulativas que han conseguido que los bonos de Estados Unidos dejen de ser la «inversión más segura del mundo».

La estrategia para salir de este atolladero está haciendo aguas. Ni siquiera puede llamarse por ese nombre al ir saltando de país en país, rescate tras rescate, implementando medidas que sólo ganan tiempo a un coste socialmente inasumible… El Banco Central Europeo dio otro buen ejemplo de ello: volvió a subir el precio del dinero apretando así, todavía más, la soga al cuello de los países «rescatados» o candidatos al rescate.
Nadie explica, dos más dos cuatro, la verdadera dimensión del problema. Pero cada vez son más quienes sienten, con mayor o menor impacto, los zarpazos de una bestia que no crearon y que ahora se revuelve para alimentarse a su costa.

La frustración y la indignación social son grandes y comprensibles. Pero quizá convendría plantear nuevos enfoques y cambiar ciertos esquemas.

¿Universalizar nuestro nivel de vida?

Cuando la Asamblea General de la ONU ratificó, allá por 1948, que «toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; y asimismo la seguridad en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez», no tenía en mente el derecho a dos o tres coches por familia, televisiones con pantalla de plasma múltiples, aire acondicionado y frigoríficos para todos. Seguramente no podía imaginar que el uso global de energía crecería hasta el máximo histórico que ha alcanzado la humanidad a inicios del siglo XXI, que la demanda de petróleo superaría los 100 millones de barriles diarios -con el incremento de las emisiones y sus consecuencias medioambientales y climáticas-.

Difícilmente imaginaría que en una década los habitantes de mundo occidental han doblado la cantidad de ropa que compran. Que los bienes de consumo ya no son durables, que la vida útil de los instrumentos electrónicos se iría acortando. Y qué decir del 40% de la comida de EEUU o el 30% de la europea que es arrojada antes de llegar a ser consumida.

¿Pero qué significa un nivel de vida adecuado bajo los estándares universales de ese derecho humano básico? ¿Y cuál sería el resultado si fueran estandarizados en todo el mundo?

Una utopía para millones de personas

Está ocurriendo lo que se supone que debe ocurrir en una economía del crecimiento, en un mundo cada vez más «IKEAizado», de usar y tirar, que sólo puede funcionar inventando frenéticamente nuevas necesidades.
El nivel de vida que disfrutamos es una utopía para miles de millones de personas mientras 1200 personas sigan siendo propietarias del tres por ciento de los bienes privados del mundo y, a su vez, la mitad de la humanidad apenas posea un dos por ciento. Pretender que todo el mundo emule el estilo de vida occidental se asienta en una lógica perversa: quieren copiarlo, ergo tiene que ser correcto.

La creciente capacidad de destrucción masiva de las sociedades de consumo no sólo se asienta sobre la base de que los ganadores se hacen más ricos y los perdedores más pobres, sino también porque constituye una injusticia generacional de proporciones históricas. Podría describirse como una dictadura del presente a expensas del futuro. O quizá, simplemente, como lo contrario de la inteligencia.

Progreso como eliminación de privilegios

Alcanzar un futuro diferente es un reto para la política. Requiere un cambio radical de la economía y las formas de vida, una nueva intolerancia contra la violación crónica del derecho humano a la supervivencia futura. Si a los capitalistas de principios del siglo pasado se les hubiera preguntado sobre el trabajo infantil o la jornada laboral de 12 horas, hubiesen respondido que nada podría funcionar sin ello. Hubo que organizar la política, tomar decisiones frente a una resistencia masiva. Y luchar. El trabajo infantil fue prohibido y la jornada laboral de 8 horas implementada.


Estos ejemplos, y tantos otros, demuestran que la modernización y el progreso sólo puede ser el resultado de la laboriosa conquista de eliminar privilegios. La política no progresará si hace de la protección de los privilegios la razón de su existencia. Si no actualiza la conversación de desechar y reemplazar los fundamentos básicos de la sociedad capitalista de consumo.

Cuatro ideas para un decrecimiento práctico

Elsa Lanau -  Cultura bio 




Seguramente hayáis oído hablar del concepto de “decrecimiento”. Quizá también hayáis escuchado que puede ser la solución para la famosa “triple crisis”, social, ecológica y económica en la que andamos metidos, ya que que el modelo socioeconómico actual ha demostrado no ser adecuado para salir de ella. Ahora bien, se nos ocurre que quizá aún no hay suficiente información para aplicar este concepto de decrecimiento de una forma práctica en nuestro día a día y quizá nos parezca algo utópico relegado a unos pocos ecologistas radicales…nada más lejos de la realidad, cualquiera de nosotros puede hacer su aportación al cambio.

Desde aquí queremos ofrecer unos pocos consejos abiertos a todo el mundo, para poder aplicar el decrecimiento en nuestra vida cotidiana sin morir en el intento:

1- FOMENTA LA ECONOMÍA COLABORATIVA: COMPARTE, INTERCAMBIA, DONA…




No se trata de vivir en una comuna o una ecoaldea, la cuestión es que para crear una sociedad que necesite menos recursos y energía y genere menos productos y residuos debemos tender a compartir bienes y servicios. Este es el principio en que se basa la economía colaborativa. La idea es ¿de verdad todos necesitamos tener un coche propio, una oficina propia, un wifi propio…o podemos compartir entre varias personas? Un buen ejemplo de este tipo de economía colaborativa son las múltiples iniciativas para fomentar una movilidad más sostenible compartiendo coches, como BlaBla CarBluemove). 
















También podemos compartir bicicletas a través de empresas como Bicing. Otras iniciativas se dirigen a compartir huertos (huertoscompartidos) o incluso la red wifi (Fon).





Otra idea es compartir espacios destinados a vivienda (eCohousing), alojamientos para vacaciones (Couchsourfing) e incluso viviendas temporales compartidas por emprendedores que buscan inspiración y una “inmersión total” en el tema del emprendimiento (Krash).

También proliferan los espacios de co-working o co-trabajo, donde diferentes emprendedores y empresas comparten espacios comunes de trabajo, formación, eventos…y sobre todo espacios de conexión, contactos, inspiración y convivencia (Impact Hub, Utopic Us, Ecoworking…)




Otras formas de compartir son tan tradicionales como los clásicos truques o intercambios de bienes o servicios (Truequeweb, Etruekko, Grownies), novedosas como los bancos de tiempo, o simples como donar a través de webs, asociaciones, particulares, ONGs, etc, para dar una oportunidad a productos que ya no usamos, evitando el despilfarro socio-ambiental (Nolotiro)

2-REVISA TUS PRIORIDADES VITALES: REDUCIRÁS TU CONSUMO

En una sociedad en la que nos han inculcado que consumir es bueno para todo (para la economía, para generar empleo, para ser más felices…), replantearse reducir el consumo puede parecer un acto subversivo que nos hará caer en las tinieblas de una crisis más profunda. Sin embargo, si nos paramos a pensar en nuestros valores más profundos veremos que no necesitamos tener más cosas, pero sí necesitamos cubrir unas necesidades básicas para poder desde ahí llegar al nivel de evolución personal que cada uno vea conveniente para considerarse “feliz”.




Si, por ejemplo, nuestra prioridad es la salud, seguramente dejaremos de consumir un gran número de productos que atentan directamente contra ella: perfumes carísimos llenos de productos químicos tóxicos, tabaco, medicación superflua, alimentos preparados llenos de aditivos…

Si nuestra prioridad es tener más tiempo para pasar en la naturaleza o para fomentar nuestras relaciones humanas, nos podemos plantear si realmente necesitamos toda esa “tecnología lúdica” (sometida además a la obsolescencia programada) que tenemos alrededor, los últimos gadgets electrónicos, consolas de videojuegos de última generación, megatelevisores 3D, smartphones, etc…y analizar cuánto tiempo dedicamos a trabajar para poder adquirirlos y el tiempo que dedicamos a comprarlos/usarlos/actualizarlos…¿nos compensa?

3- COMPRA MENOS PERO DE MEJOR CALIDAD

Los productos que responden a modas rápidas y masivas tienden a producirse con unos criterios clave: máximo beneficio a costa de bajos costes de producción. Para ello se reducen costes a base de pagar lo menos posible por las materias primas (comprando materias de baja calidad o ahogando por el camino a los pequeños productores que la suministran) y pagando salarios miserables a los trabajadores. Con este panorama no es de extrañar que todos esos productos “low cost”, “fast fashion”, etc. acaben en el cubo de la basura al poco tiempo de comprarlos, bien por su pésima calidad o bien porque su bajo precio nos incita al “usar y tirar” para adquirir algo más novedoso y “cool”.

Frente a este sinsentido podemos tomar la decisión de reducir nuestro consumo, pero apostando siempre por la compra de productos de calidad, hechos con criterios que aseguren su uso durante mucho tiempo, con buenas materias primas, buenos procesos de fabricación y asegurarnos de que han sido fabricados en unas condiciones dignas para sus trabajadores. Como ejemplo, podemos empezar simplemente por invertir en un buen par de zapatos o un buen pantalón que nos duren varios años, en vez de en decenas de prendas baratas que usamos sólo unos meses, fácil ¿no?

4-FORMA PARTE DE UN GRUPO DE CONSUMO

Uniéndonos a un grupo de consumo fomentamos una reducción del consumo de recursos de varias formas:
  • Consumo local: disminuye la necesidad de transporte, refrigeración y embalajes excesivos.
  • Consumo ecológico: disminuye el gasto energético y los ínsumos agrícolas utilizados (los fertilizantes industriales y muchos plaguicidas son derivados petroquímicos que requieren elevadas cantidades de energía para su fabricación)
  • Consumo responsable: se promueve un consumo más consciente, analizando cuáles son las necesidades reales a cubrir, los modelos de consumo que fomentan una sociedad más sostenible y justa, evitando el consumo “compulsivo” o superfluo.

29 de octubre Día Mundial del Decrecimiento

Ecologistas en Acción


En el Día Mundial del Decrecimiento, Ben Magec-Ecologistas en Acción reivindica la conciencia de que es necesario y urgente un cambio de modelo socio-económico sobre la base de la finitud del planeta y de sus recursos materiales y energéticos. Aprovechando este día, advierten que “hay que abandonar la idea de que el bienestar sólo se consigue mediante un creciente consumismo y productivismo”. Para la Federación ecologista, “la Buena Vida depende de la sostenibilidad y el mantenimiento de la vida, de nuestras relaciones personales y familiares, de nuestra humanidad”.

En el caso de Canarias, la huella ecológica que supone nuestro actual sistema económico y de consumo es de las mayores del mundo . Según la Federación ecologista, “nuestro sistema de producción y consumo es totalmente insostenible. Se basa casi totalmente en las importaciones para abastecer el mercado canario; en la gestión de la energía mediante el uso de combustibles fósiles y en un desprecio cada vez mayor hacia las renovables; en la mala gestión de la industria turística en la que únicamente parece importar el incremento en el número de visitantes, pero no el destino de los fondos que dejan estos visitantes, ni las múltiples riquezas no monetarizables que pueden derivarse de la experiencia turística tanto para el visitante como para la población local; y en la cada vez mayor presencia de Grandes Establecimientos Comerciales que animan al consumismo acrítico y al fracaso de las iniciativas locales y de las PYMES. Ninguna de estas medidas, ni por supuesto la precarización del empleo –más horas y menos derechos laborales- están mejorando ni los datos del paro (35,12% según los últimos datos de la EPA), ni están ayudando a incrementar la calidad de vida de las personas, y además están contribuyendo a mantener la situación de insostenibilidad ambiental en la que se ha instalado Canarias”.

El Decrecimiento como corriente de pensamiento económica, política, social y ecológica, propugna devolver la economía a su lugar: al servicio de la vida. Recuerdan por ello que “es necesario recuperar las diferentes dimensiones del tiempo: el tiempo del cuerpo, el tiempo en el arco de la vida y el de la naturaleza. El tiempo es algo más que una jornada laboral, que un horario, y el trabajo es una palabra que engloba algo más que el empleo”.

El Decrecimiento defiende el “Trabajo” globalmente considerado como toda aquella actividad necesaria para la sostenibilidad de la vida, “aunque éstas hayan sido y sigan siendo invisibilizadas y menospreciadas por no estar remuneradas. Por tanto hoy, día del Decrecimiento, los trabajos domésticos, de cuidados y demás trabajos considerados no-productivos o reproductivos obtienen reconocimiento y Ben Magec – Ecologistas en Acción destaca su valía”. El modelo de vida esclavo diseñado por la máxima “vivir para trabajar y trabajar para consumir y así poder vivir para trabajar” no tiene ningún sentido, según la Federación ecologista. “El Decrecimiento anima a destronar al mercado del centro de nuestras vidas para volver a colocar la vida en el centro, y para ello invitamos a realizar en este día un ejercicio crítico y a preguntarnos todas las personas lo siguiente: ¿para qué tantas horas trabajando?, ¿para qué tantos productos consumidos?, ¿para qué tanto gasto de energía?, ¿para qué tanta competitividad?... ¿Somos así más felices, acaso vivimos mejor? En definitiva, preguntémonos todas las personas lo siguiente: ¿Qué es buena vida? ¿Cuál es la vida que merece la pena ser vivida?".

Concluyen añadiendo que “es una quimera el pensar que podemos vivir al actual ritmo de consumo indefinidamente en un planeta finito, más aún si cabe si creemos en una justicia social que reparta los recursos igualitariamente entre todos los habitantes del planeta. ¿Qué pasaría en el planeta si todos sus habitantes imitasen nuestro sistema productivo? ¿Cuántos planetas necesitaríamos? Si el ser humano no es capaz de reducir el nivel de consumo y contaminación racionalmente, será la naturaleza quien nos imponga este límite”.

Más información sobre el concepto “Decrecimiento” en: El decrecimiento, camino hacia la sostenibilidad.

Reciclaje creativo y decrecimiento

Pablo Ruíz Bog - @prbog - Alaya

Hace varios meses hablábamos sobre la Educación Lenta, dar el tiempo que necesitamos para cada momento. Ahora nos centramos en otro movimiento, el decrecimiento que, aunque parece recién nacido, fue en los años 70 cuando apareció por primera vez.

El decrecimiento es una corriente de pensamiento político, económico y social favorable a la disminución regular controlada de la producción económica con el objetivo de establecer una nueva relación de equilibrio entre el ser humano y la naturaleza, pero también entre los propios seres humanos.  En palabras de Serge Latouche: la consigna del decrecimiento tiene como meta, sobre todo, insistir fuertemente en abandonar el objetivo del crecimiento por el crecimiento, [...]

Hace poco, en un artículo de la revista digital Innovarte en Infantil reflexionaban sobre los materiales que se usan en las aulas, sobre las basuras que afloran las puertas de las clases de infantil en julio o septiembre, cuando se renuevan para el nuevo curso. Es cierto, a veces en un afán por reutilizar materiales, nos obsesionamos con pedir a las familias que se acuerden de la escuela cuando vayan a tirar algo a la basura ¿lo podrán utilizar en el aula?.

Como podemos leer en la revista, merece la pena: aprender nosotras y transmitírselo a nuestro alumnado. Se puede vivir mejor con menos. Uno de los aprendizajes más importantes que se pueden adquirir en la escuela. Para ello, y atendiendo a la importancia del ejemplo, no podremos mantener esas aulas abotargadas de “riquezas”, tan sólo lo imprescindible, lo que se va a emplear en ese momento; no podremos emplear materiales muy costosos que nunca justifican la inversión; no podrán vernos defendiendo nuestras codiciadas “propiedades” empleando posesivos -mi mesa, mis sillas, mis armarios … -; trataremos de ceder a las tutoras de otros niveles los materiales que no empleamos en el que nosotras impartimos; y pondremos en funcionamiento un espacio de almacenaje de material de desperdicio al estilo del Remida en las escuelas de Reggio Emilia. La coyuntura social es la idónea para llevarlo a la práctica.

Cuando leo estas palabras, me veo reflejado. Soy un gran defensor de las Erres en mi día a día, veo un material de desecho e imagino las posibilidades de acción con el mismo, en el aula he tenido un espacio destinado a almacenar todos los materiales, pero cuando acaba el curso, apenas he llegado a usar la mitad de lo que tenía.


Nuestros compañeros de innovarte hablan del espacio de almacenaje de Reggio Emilia, el ideal para muchos profesionales de la infancia. Este espacio, conocido también como centro de reciclaje creativo es una gran nave destinada a almacenar todo tipo de materiales siempre con un orden estricto. Para que os hagáis una idea, mirad las imágenes.

El decrecimiento, hacer más con menos, vivir mejor con menos. Una nueva meta, un nuevo paradigma. Una propuesta de cambio ante una situación de indignación.

Contra el desarrollo: ni duradero ni alternativo

Serge Latouche

El desarrollo realmente existente no es otra cosa que la colonización del mundo por Occidente, la guerra económica y el saqueo de la naturaleza. Todo desarrollo "alternativo" es una mistificación. Cabe proponerse un posdesarrollo, necesariamente plural, síntesis entre la tradición perdida de los excluidos por el desarrollo y la modernidad que les es inaccesible.

El "desarrollo" se parece a una estrella muerta cuya luz se distingue todavía, aunque esté apagada desde hace mucho tiempo y para siempre. Gilbert Rist.

Hace poco más de 30 años nació una esperanza. Una esperanza tan grande para los pueblos del Tercer Mundo como lo fue el socialismo para los proletarios de los países occidentales. Una esperanza quizá más sospechosa en sus orígenes y en sus fundamentos, porque los blancos la trajeron con ellos antes de abandonar los países que colonizaron duramente. Pero los responsables, los dirigentes y las élites de los países recientemente independizados, presentaban a sus pueblos el desarrollo como la solución para todos sus problemas.

Los Estados jóvenes intentaron la aventura. Con torpeza, quizá, pero lo intentaron, y a menudo con una violencia y una energía desesperadas. El proyecto "desarrollista" llegó a ser incluso la única legitimidad reconocida a las élites en el poder. Naturalmente que se puede discutir hasta el infinito si se cumplían o no las condiciones objetivas de éxito de la aventura modernista. Sin detenernos en eso, cada cual reconocerá que no eran en absoluto favorables ni a un desarrollo planificado ni a un desarrolloliberal.

El poder de los nuevos Estados se encontraba atrapado en contradicciones insolubles. No podían desdeñar el desarrollo ni construirlo. No podían, en consecuencia, negarse a introducirlo ni conseguir aclimatar todo lo que participa de la modernización: educación, medicina, justicia, administración, técnica. Los "frenos", los "obstáculos" y los "bloqueos" de toda índole, tan caros a los expertos economistas, hacían poco creíble el éxito de un proyecto que implica el acceso a la competitividad internacional en la época de la "superglobalización". El desarrollo teóricamente se puede reproducir, pero no universalizar. En primer lugar, por razones ecológicas: la finitud del planeta haría imposible y explosiva la generalización del modo de vida estadounidense.

El concepto de desarrollo se encuentra atrapado en un dilema: o bien designa todo y su contrario, en particular todas las experiencias históricas de dinámica cultural de la historia de la humanidad, desde la China de los Han hasta el imperio Inca; entonces no tiene ninguna significación útil para promover una política y es mejor deshacerse de él. O bien tiene un contenido propio, y define entonces necesariamente lo que tiene en común con la experiencia occidental del "despegue" de la economía, tal y como se desarrolló a partir de la revolución industrial en Inglaterra, entre 1750 y 1800. En este caso, y cualquiera que sea el adjetivo que se le ponga, su contenido implícito o explícito reside en el crecimiento económico, la acumulación del capital con todos los efectospositivos y negativos que se conocen.

Ahora bien, ese núcleo duro que todos los desarrollos comparten con aquella experiencia está ligado a "valores" que son el progreso, el universalismo, el dominio de la naturaleza, la racionalidad cuantificadora. Valores, y muy especialmente el progreso, que no corresponden en absoluto a aspiraciones universales profundas. Están vinculados con la historia de Occidente y encuentran escaso eco en otras sociedades. Las sociedades animistas, por ejemplo, no comparten la creencia sobre el dominio de la naturaleza. La idea de desarrollo carece completamente de sentido y las prácticas que la acompañan son totalmente imposibles de pensar y de llevar a cabo por impensables y prohibidas. Esos valores occidentales son justamente los que hay que cuestionar para encontrar una solución a los problemas del mundo contemporáneo y evitar las catástrofes a que nos va a llevar la economía mundial.

El desarrollo ha sido una gran empresa paternalista ("los países ricos garantizan el despegue de los menos avanzados") que ha ocupado aproximadamente el período de los "treinta años gloriosos" (1945-1975). Conjugado transitivamente, el concepto forma parte de la ingeniería social de los expertos internacionales. Siempre eran los otros a quienes había que desarrollar. Y todo esto ha fallado. Lo demuestra el hecho de que la ayuda fijada en el 1% del Producto Interno Bruto (PIB) de los países de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), durante la primera década del desarrollo de Naciones Unidas en 1960, y reajustada a la baja en el 0.7% en 1992 en Río, y en 1995 en Copenhague, no había llegado al 0.25% en el 2000. Lo demuestra también el hecho de que la mayoría de los institutos de estudios, o los centros de investigaciones especializadas, cerraron sus puertas o están agonizando.

La crisis de la teoría económica del desarrollo, anunciada en los años 80, se encuentra en fase terminal: estamos asistiendo a una auténtica liquidación. El desarrollo ya no tiene adeptos en los recintos internacionales "serios": Fondo Monetario Internacional (FMI), Banco Mundial, Organización Mundial de Comercio (OMC), etc. En el último foro de Davos ni siquiera se habló de eso. Y en el Sur ya no lo reivindican sino algunas de sus víctimas y sus buenos samaritanos: las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) que viven de él. Y tampoco todas. La nueva generación de las "ONG sin fronteras" hacen girar la charity business alrededor del aspecto humanitario y la intervención de urgencia más que del despegue económico.

Sin embargo, el desarrollo ha sido menos víctima de su indiscutible fracaso en el Sur que de su gran éxito en el Norte. Esta "retirada" conceptual corresponde al desplazamiento generado por la "globalización" y lo que se juega tras de esta otra consigna mistificadora.

El desarrollo de las economías nacionales tenía que desembocar casi automáticamente en la transnacionalización de las economías y la globalización de los mercados. En una economía globalizada ya no hay lugar para una teoría específica destinada al Sur. Ahora todas las regiones del mundo se encuentran "en desarrollo". A un mundo único corresponde un pensamiento único. Lo que está en juego en este cambio es la desaparición de lo que daba una cierta consistencia al mito desarrollista, a saber el trickle down effect, es decir, el fenómeno de las recaídas favorables a todos.

El reparto del crecimiento económico en el Norte (con el compromiso keynesianofordista), e incluso el de sus migajas en el Sur, garantizaba una cierta cohesión nacional. Las tres D (desregulación, descompartimentación, desintermediación) hicieron saltar el marco estatal de las regulaciones, permitiendo que el juego de desigualdades se extienda sin límites.

La polarización de la riqueza entre las regiones y entre los individuos alcanza niveles inusitados. Según el último informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), aunque la riqueza del planeta se ha multiplicado por seis desde 1950, el salario promedio de los habitantes de 100 de los 174 países censados se encuentra en franca regresión, lo mismo que la esperanza de vida.

Las tres personas más ricas del mundo tienen una fortuna superior al PIB de los 48 países más pobres. El patrimonio de los 15 individuos más afortunados sobrepasa el PIB de toda el África subsahariana. Finalmente, los haberes de las 84 personas más ricas rebasan el PIB de China con sus mil 200 millones de habitantes.

En estas condiciones ya no es cuestión de desarrollo, tan sólo de ajuste estructural. En el aspecto social se recurre ampliamente a lo que Bernard Hours llama "un servicio de urgencias mundial", cuya herramienta principal son las ONG humanitarias. Sin embargo, aunque las "formas" cambian considerablemente (y no sólo ellas), queda todo un imaginario en su sitio. Si el desarrollo no ha sido más que la continuación de la colonización por otros medios, la nueva mundialización, a su vez, no es más que la continuación del desarrollo por otros medios.

El Estado se esconde tras el mercado. Los Estados-naciones, que ya se habían vuelto más discretos en el tránsito de la colonización a la independencia, abandonan el escenario dejando el lugar para la dictadura de los mercados (que ellos mismos organizaron) con su instrumento de gestión, el FMI, que impone los planes de ajuste estructurales.

Seguimos asistiendo a la occidentalización del mundo con la colonización del imaginario mediante el progreso, la ciencia y la técnica. El economiscismo y la tecnificación son llevados a sus últimas consecuencias. La crítica teórica y filosófica radical, valientemente ejercida por unos pocos intelectuales marginales, contribuyó al deslizamiento retórico pero no desembocó en un cuestionamiento de los valores y prácticas de la modernidad.

Aunque ya no se llevan ni la retórica pura del desarrollo ni la práctica, relacionada con ella, de la "expertocracia" voluntarista, permanece intacto el complejo de creencias escatológicas en una prosperidad material posible para todos, que puede definirse como "desarrollismo".

La supervivencia del desarrollo a su propia muerte se manifiesta, sobre todo, a través de las críticas de que ha sido objeto. En efecto, para intentar conjurar mágicamente sus efectos negativos se ha entrado en la era de los desarrollos "focalizados". Hemos visto desarrollos "autocentrados", "endógenos", "participativos", "comunitarios", "integrados", "auténticos", "autónomos y populares", "equitativos"…para no hablar del desarrollo local, del micro-desarrollo, del endo-desarrollo e incluso del etno-desarrollo.

Los humanistas canalizan así las aspiraciones de las víctimas. El desarrollo sustentable es el mayor logro en este arte del rejuvenecimiento de las viejas lunas. Se trata de un bricolaje conceptual que quiere cambiar las palabras a falta de cambiar las cosas, una monstruosidad verbal por su antinomia mistificadora. Lo "sustentable" es lo que permite que sobreviva el concepto.

En todos estos intentos de definir "otro" desarrollo, o un desarrollo "alternativo", se trata de curar un "mal" que afectaría al desarrollo de forma accidental y no congénita. Quien se atreva a atacar al desarrollismo tendrá que escuchar que se ha equivocado de objetivo. Se habría atenido a ciertas formas desviadas, al "mal desarrollo". Pero ese contrario monstruoso, creado para la ocasión, no es más que una quimera aberrante. En el imaginario de la modernidad el mal no puede afectar nunca al desarrollo por la sencilla razón de que es la propia encarnación del Bien.

El "buen desarrollo", aunque nunca se haya cumplido en ninguna parte, es un pleonasmo porque, por definición, desarrollo significa "buen" crecimiento; porque también el crecimiento es un bien y ninguna fuerza del mal prevalecerá contra él. El propio exceso de pruebas de su carácter benéfico es lo que mejor pone de manifiesto la estafa del concepto, vaya o no acompañado de partícula.

Está claro que el "desarrollo realmente existente" -de la misma manera que se hablaba de "socialismo real"-, es el que domina el planeta desde hace dos siglos, el causante de los actuales problemas sociales y de medio ambiente: exclusión, exceso de población, pobreza, contaminaciones diversas, etc. El desarrollismo expresa la lógica económica en todo su rigor. En este paradigma, no hay lugar para el respeto de la naturaleza reclamado por los ecologistas, ni para el respeto del ser humano reclamado por los humanistas. El desarrollo realmente existente aparece entonces en toda su verdad, y el desarrollo "alternativo" como una mistificación. Ponerle un adjetivo no significa cuestionar realmente la acumulación capitalista sino, como mucho, añadir un aspecto social o una componente ecológica al crecimiento económico, como se le pudo añadir antaño una dimensión cultural.

Al focalizar sobre las consecuencias sociales, como la pobreza, los niveles de vida, las necesidades esenciales, o sobre los perjuicios causados al medio ambiente, se evitan las aproximaciones holísticas o globales, de un análisis de la dinámica planetaria de una megamáquina tecno-económica que funciona mediante la competencia generalizada, sin atenuantes, y ya sin rostro.

A partir de aquí, el debate sobre la palabra desarrollo adquiere toda su dimensión. En nombre del desarrollo "alternativo" se proponen a veces auténticos proyectos antiproductivistas, anticapitalistas, muy diversos y que intentan eliminar las plagas del "subdesarrollo" y los excesos del "mal desarrollo", o más sencillamente las desastrosas consecuencias de la mundialización. Esos proyectos de una sociedad amigable tienen tan poco que ver con el desarrollo como la edad de la abundancia de las sociedades primitivas o los destacables logros humanos y estéticos de algunas sociedades pre-industriales que ignoraban todo acerca del desarrollo.

En la misma Francia hemos visto en todo su esplendor esta experiencia de un desarrollo "alternativo". Fue la modernización de la agricultura entre 1945 y 1980, tal y como la programaron tecnócratas humanistas y como la pusieron en marcha ONG cristianas, gemelas de las que hacen estragos en el Tercer Mundo. Asistimos a la mecanización, la concentración, la industrialización de los campos, el endeudamiento masivo de los campesinos, el empleo masivo de pesticidas e ingenios químicos, la generalización de la "alimentación chatarra"…

Queramos o no, no podemos hacer que el desarrollo sea otra cosa de lo que fue y es: la occidentalización del mundo. Las palabras se arraigan en la historia; están vinculadas con representaciones que a menudo escapan a la consciencia de los hablantes, pero que se apoderan de nuestras emociones. Hay palabras dulces, palabras que son un bálsamo para el corazón y palabras que hieren. Hay palabras que emocionan a un pueblo y trastornan el mundo. Y también hay palabras envenenadas, palabras que se infiltran en la sangre como una droga, que pervierten el deseo y nublan el juicio. Desarrollo es una de esas palabras tóxicas. Claro que se puede proclamar que hoy "un buen desarrollo es, en primer lugar, valorar lo que hacían los padres, tener raíces", pero eso es definir una palabra por su opuesto.

El desarrollo ha sido, es y será, antes que nada, un desarraigo. En todas partes ha provocado un aumento de la heteronomía en detrimento de la autonomía de las sociedades. ¿Habrá que esperar otros 40 años para que se entienda que el desarrollo es el desarrollo realmente existente? No hay otro. Y el desarrollo realmente existente es la guerra económica (con sus vencedores, sin duda, pero sobre todo con sus vencidos), el saqueo sin tregua de la naturaleza, la occidentalización del mundo y la uniformización planetaria; es, en fin, la destrucción de todas las culturas diferentes.

Por eso, a fin de cuentas, el "desarrollo duradero", esta contradicción en los términos, es a la vez terrorífico y desesperante. Al menos con el desarrollo no duradero y no sustentable se podía conservar la esperanza de que tuviera un final, víctima de sus contradicciones, de sus fracasos, de su carácter insoportable y del agotamiento de los recursos naturales… Se podía reflexionar y trabajar en un posdesarrollo, montar una posmodernidad aceptable. En particular, reintroducir lo social, lo político, en la relación de intercambio económico, reencontrar el objetivo del bien común y de la buena vida en el comercio social. El desarrollo nos promete el desarrollo para toda la eternidad.

Por supuesto que la alternativa no puede ser una imposible vuelta atrás; no puede tomar la forma de un modelo único. El posdesarrollo tiene que ser necesariamente plural. Se trata de buscar formas de apertura colectiva en las que no se privilegie un bienestar material destructor del medio ambiente y de la relación social. El objetivo de la buena vida se declina de múltiples maneras según los contextos. En otros términos, se trata de reconstruir (¿recuperar?) nuevas culturas. Este objetivo se puede llamar el umran (la expansión) como hace Ibn Jaldún, swadeshi-sarvodaya (mejora de las condiciones sociales de todos) como dice Gandhi, o bamtaare (estar bien juntos) como dicen los Toucouleurs ...

Lo importante es que signifique ruptura con la empresa de destrucción que se perpetúa con el nombre de desarrollo o globalización. Para los excluidos, para los náufragos del desarrollo, sólo puede tratarse de una especie de síntesis entre la tradición perdida y la modernidad inaccesible. Estas creaciones originales, de las que aquí y allá pueden encontrarse principios de realización, abren la esperanza de un posdesarrollo.

El crecimiento se ha terminado, incluso sostener el modo de vida actual va a resultar imposible

Jesús M. Veci - Lanzarote Sostenible

El crecimiento económico ilimitado debe ser descartado al ser contradictorio con las leyes de la naturaleza.

Es cada vez más evidente, como reflejan todos los indicadores económicos, que nuestro sistema ha iniciado su colapso debido a que la economía ficticia capitalista ha chocado contra los límites físicos reales del planeta.

La capacidad de desarrollarse es un rasgo de la especie humana, esto ejerce inevitablemente un impacto superior al de otros animales sobre el medio ambiente. La producción de instrumentos, de vestido y de alojamiento necesitan la extracción, la transformación y el desecho después de su utilización, de cantidades de recursos naturales que exceden las necesidades fisiológicas.

El Peak Oil, ya reconocido por la Agencia Internacional de la Energía en 2010 y dado por ellos como real desde 2006, nos pone en la tesitura de que la escasez del petróleo, materia prima energética fundamental para el modo de producción que hemos desarrollado, va a traer consigo la escasez en cuanto a la posibilidad de extracción del resto de materias primas. Éstas también han alcanzado su pico máximo de explotación, y todas muy dependientes del petróleo para su extracción.

Estamos en el comienzo de un periodo económico que va a estar caracterizado por la gran escasez de todo. Sobra decir que el crecimiento se ha terminado, incluso sostener el modo de vida actual, es decir, pararnos en donde estamos, va a resultar imposible. Esto es algo que la población mundial tiene que empezar a tener muy claro, pues es el auténtico desafío al que nos enfrentamos como especie: cómo vamos a ser capaces de gestionar la escasez.

Queda claro, después de lo que hemos visto en anteriores artículos, que este modelo de gestión basado en el crecimiento infinito no es válido para la realidad de escasez actual. Después de hablar de Bioeconomía vamos a hacerlo de decrecimiento, porque sí hay alternativas con las que poder gestionar esta realidad: desde modelos basados en la ciencia, no racionalizados por unos intereses concretos y fundados en principios de justicia social, reparto equitativo y democracia verdadera.

El decrecimiento plantea salir del modelo económico actual y romper con la lógica de crecimiento continuo, para imponerse progresivamente como una solución ante la crisis ecológica y social que enfrenta la humanidad. Como sabemos, la Bioeconomía no sólo surge de los errores de la economía neoclásica, sino también del intento de articular la economía con el resto de las ciencias naturales y sociales. Nace de la física por un lado, y de la biología por otro.

La segunda ley de la termodinámica o ley de entropía, implica que la energía se degrada constante e irrevocablemente hacia un estado no disponible. Pero Georgescu-Roegen amplía el campo de análisis y las conclusiones de la termodinámica enseñándonos que la materia también está sujeta a una degradación irrevocable. Así, formula una cuarta ley de la termodinámica: la materia disponible se degrada sin interrupción e irreversiblemente en materia no disponible.

Reducción drástica del consumo de energía y materia

La tierra constituye un sistema cerrado desde la perspectiva de la materia. Todo lo que habita el planeta se enfrenta a una dependencia absoluta de energía y materia que se degradan irrevocablemente. Los organismos vivos aceleran la degradación entrópica y nuestro modelo de crecimiento constituye el camino más corto para llegar al agotamiento completo de los recursos del planeta. Tenemos solamente una opción: reducir drásticamente nuestro consumo de energía y materia hasta respetar los límites de la biosfera. De esta manera, situamos así a la escasez en el centro de la economía.

Nuestra sociedad y modelo económico se sustentan en el desgaste de energía y materia finitas e irrecuperables, la termodinámica ilustra la insostenibilidad ecológica de la economía neoclásica y de nuestro modelo de desarrollo, así como el carácter ilusorio de un crecimiento ilimitado. Hemos pasado de depender del sol como el resto de las especies, a depender de materias primas finitas y lo más preocupante es que hemos desarrollado un modo de reproducción económica que depende totalmente de ellas.

Una sociedad compleja

Aparte de todo esto, hemos desarrollado una sociedad compleja a la imagen de una fuente energética tan poderosa como es el petróleo. La producción para el comercio ha desembocado en grandes organizaciones sociales. La producción social jerarquizada produce la división entre trabajo productivo e improductivo, entre gobernados y gobernantes. La desigualdad en la distribución de la producción genera el conflicto social que caracteriza a nuestras sociedades. En definitiva, el paradigma evolutivo biológico cultural permite ilustrar no sólo la insostenibilidad ecológica de la economía, sino también su insostenibilidad social.

Si el agotamiento de los recursos es inevitable, su ritmo depende del ritmo de consumo de la humanidad. Cuanto más desarrollo económico y crecimiento, más rápido el agotamiento. Cuando se acabe el petróleo -ya estamos en esa fase-, la época industrial de la especie humana habrá terminado. El sol es la verdadera fuente de energía del futuro, pero no para las formas de uso a las que están acostumbradas las sociedades industriales.

Las reglas de la Bioeconomía explican que es necesario hacer cuentas con las materias forestales y agrícolas que la naturaleza fabrica continuamente, y que tienen que ser recogidos a una velocidad conforme a aquella mediante la cual son puestos a disposición por los ciclos biológicos naturales. Por ello, el objetivo primordial de la economía, el crecimiento económico ilimitado, tiene que ser descartado al ser contradictorio con las leyes fundamentales de la naturaleza.

Una teoría alternativa al desarrollo sostenible: decrecimiento

Eguzki Urteaga

Ciertas investigaciones insisten en los problemas sociales planteados por el desarrollo sostenible. Rompiendo con la visión económica dominante, que convierte el desarrollo en la lógica histórica de las sociedades modernas, estos análisis se preguntan sobre la especificidad del no-desarrollo que conocen ciertas regiones del planeta y sobre las posibilidades de un desarrollo alternativo al elegido por los países occidentales. Si algunos desean mantener el objetivo del desarrollo, intentando declinarlo de otra forma, otros hacen un llamamiento a rechazarlo y a crear otras perspectivas de progreso social. Nos invitan a reflexionar sobre los principales valores económicos de las sociedades de abundancia.

[…]

IV. ¿HACIA EL DESCRECIMIENTO? 

Radicalizando todavía más el debate en torno a la noción de desarrollo sostenible, algunos economistas proponen mantener la posición contraria con respecto al objetivo de crecimiento e instaurar en su lugar un descrecimiento. Estas propuestas han despertado un gran interés y han generado una viva controversia, incluso entre los partidarios del descrecimiento. Algunos de ellos han hecho un llamamiento a rechazar la idea misma de desarrollo, acusado de ser la máscara detrás de la cual avanza la occidentalización del mundo y la mercantilización de las relaciones sociales. Es la posición mantenido por Latouche (1994) cuyo obra rechaza el desarrollo y reconstruye esta noción que tiene un contenido normativo. El desarrollo sostenible le aparece como un «concepto pretexto» que permite hacer durar el desarrollo. Latouche y los defensores del posdesarrollo proponen sustituir este objetivo por el de «descrecimiento duradero».

Por el contrario, otros autores como Harribey critican el desarrollo llevado a cabo por las políticas liberales y utilizan la noción de desarrollo sostenible para defender un modelo alternativo de desarrollo. Antes de instaurar una desaceleración del crecimiento, las relaciones de producción capitalista deben ser cambiadas y las desigualdades de riqueza deben ser combatidas, teniendo en cuenta que un periodo de recuperación debe ser acondicionado para que las poblaciones que lo necesitan puedan ver aumentar su nivel de vida. En ambos casos, más allá de las oposiciones que afectan en particular al análisis del capitalismo, se trata de reinventar un imaginario en materia de cambio social.

[...]

1. El descrecimiento

El término de descrecimiento está asociado a la obra de Georgescu-Roegen (1993), considerado como un economista del desarrollo. Su principal mérito ha sido reflexionar sobre la termodinámica del desarrollo occidental. Pone el énfasis en las innovaciones técnicas fundamentales que han permitido a la humanidad utilizar nuevas fuentes de energía. Desde ese punto de vista, la historia humana solo ha conocido algunos momentos decisivos: la domesticación del fuego, la utilización de las energías fósiles y la sucesión del carbón y del petróleo. El problema de estas técnicas estriba en que acaban agotando el combustible que las hacen vivir, lo que conduce a una concepción trágica de la historia de la humanidad que está marcada por las luchas que enfrentan los individuos a los Estados para poseer los recursos energéticos y materiales. Esta perspectiva conduce a reconsiderar la revolución industrial como elemento esencial del imaginario desarrollista. Estudiando las primeras máquinas a vapor, en el inicio del siglo XIX, la revolución de la capacidad productiva que inducen modifica la relación del ser humano a la naturaleza.

Se trata de oponer un pensamiento de los límites a esta desmesura. Georgescu-Roegen es uno de los únicos economistas en haber reconocido la pertinencia del primer informe del Club de Roma y sus críticas se han limitado a aspectos menores. Sin embargo no está convencido ni por el estado estacional ni por la noción de desarrollo sostenible. Preconiza el descrecimiento, aún siendo consciente de la necesidad primordial de mejorar las condiciones materiales de las poblaciones pobres. No ha cesado de recordar que, cada vez que se produce un automóvil, se utilizan cantidades de baja entropía que podrían ser usadas para fabricar carros y palas útiles para los campesinos del tercer mundo. A la espera de hipotéticas técnicas susceptibles de tomar el relevo de las que utilizan las energías fósiles, pone de manifiesto las medidas destinadas a reducir el derroche y a minimizar los arrepentimientos futuros, permitiendo que las dotaciones energéticas y materiales duren lo más tiempo posible. Para ello, hace un llamamiento a recurrir a innovaciones técnicas así como a un encuadramiento de los recursos por instrumentos cuantitativos que permitan poner en marcha una estrategia de con-servación general planificado a nivel mundial. Sin embargo, Georgescu-Roegen insiste en la necesidad de actuar sobre la demanda de los productos en lugar en incidir sobre la oferta.

2. La sociabilidad

Por ciertos aspectos, estas propuestas se asemejan a la crítica del crecimiento elaborado por Illich (1973) que pone el énfasis en los límites organizativos a los que se enfrenta la creación de los nuevos bienes. La tesis central de Illich es que la «religión del crecimiento» legitima un proyecto tecnicista que aspira a que la fabricación industrial de la existencia sustituya el invento de la vida por los individuos. Existen dos modos de producción de los valores de uso: un modo autónomo, por el cual los individuos responden por ellos mismos a sus necesidades y un modo heterónomo que produce mercancías puestas a la disposición de las personas por el intermediario de un mercado o de una institución no-mercante. Pero, debido a su eficacia, el modo heterónomo tiene cierta tendencia a imponerse al modo autónomo hasta convertirse en un «monopolio racial», es decir en una situación donde la producción industrial destruye cualquier posibilidad de recurrir a otros medios para satisfacer sus necesidades. A partir de este umbral, se observa una contra-productividad, en el sentido de que las instituciones acaban produciendo lo contrario de lo que deberían producir. Sin embargo, privado de su autonomía, cortado de los demás y del mundo, el individuo no tiene otras posibilidades que de dirigirse a la industria, lo que reduce más aún su autonomía y refuerza la obligación de consumir servicios producidos industrialmente. La búsqueda del bienestar conduce a una pérdida de control cada vez más grande de su existencia por parte de los individuos.

Ante esta evolución, Illich hace un llamamiento a los individuos para que retomen el control de sus vidas y construyan una sociedad sociable, donde las personas controlen los instrumentos que les rodean0. No es cuestión de hacer desaparecer la técnica moderna sino de preguntarse sobre sus excesos. La sinergía entre los modos de regulación autónomo y heterónomo solo es posible dentro de algunos límites, lo que nos conduce a plantear el problema de la definición de los umbrales de desarrollo a partir de los cuales la articulación entre estos dos modos de regulación es imposible. La determinación del límite no es fácil. El debate sobre el control de los instrumentos debe ser objeto de una deliberación popular y no quedar entre las manos de los expertos y especialistas. Según Illich, solo una reducción del consumo energético permitirá acceder a unas sociedades democráticas, lo que supone una autolimitación de las necesidades y la elaboración de una norma de lo que es suficiente. No es cuestión de renunciar a los placeres, sino de eliminar aquellos que perjudican la relación al prójimo. Si esta problemática es válida para los países industrializados, interesa también a los países del tercer mundo por la posibilidad que ofrece de no pasar por la era industrial, sino de acceder directamente a un «equilibrio posindustrial».

3. Una norma de lo que es suficiente

Esta búsqueda de autonomía de los individuos conduce igualmente a considerar de manera crítica los lazos históricos y psicosociológicos que unen el productivismo, el consumismo y la organización del trabajo. Gorz (1988) recuerda como los primeros industriales han tenido dificultades para lograr por parte de los obreros un trabajo continuo, regular y a jornada completa, a pesar de prometerles sueldos más elevados. Semejante resistencia se encuentra hoy en día en los países en vía de desarrollo. Hasta entonces, estos obreros trabajaban el tiempo que les era necesario para atender a sus necesidades. Esta limitación de las necesidades permitía una autolimitación del esfuerzo de cada uno y el trabajo de todos. Basándose en las posibilidades ofrecidas por la técnica, ha desposeído los trabajadores de los instrumentos de producción, del producto de su trabajo y del trabajo mismo para que la producción pueda emanciparse de la suficiencia.

El invento de la fábrica ha permitido la modificación de la relación a la naturaleza y el empoderamiento del capitalista sobre el proceso productivo. Ha disminuido el sueldo de los obreros para que trabajen más de lo necesario y, poco a poco, se ha instaurado una disyunción entre el tiempo laboral y el tiempo privado. La pérdida de sentido se ha instalado, dado que el trabajo es vivido por la mayoría de estos individuos como la manera de ganar un salario. Paralelamente, se ha asistido a la creación de un número creciente de necesidades a satisfacer, puesto que los individuos compran ciertos productos por falta de tiempo para poder realizar estas tareas ellos mismos. El consumo mercante ha aumentado igualmente con el juego de un fenómeno de compensación existencial.

La salida de esta dinámica obliga a aceptar ciertas renuncias. El reto actual según Gorz es instaurar políticamente una norma de lo que es suficiente relativamente a las condiciones de vida contemporáneas. Esta reducción del consumo mercante, este descrecimiento de la economía pasa por un reparto diferente de las mejoras de productividad y una reducción del tiempo de trabajo, concebida como una política a largo plazo, siempre y cuando se garantice una renta suficiente independientemente de la duración del trabajo y que se produzca una redistribución del trabajo de manera que todo el mundo pueda trabajar menos y mejor. Este tiempo liberado debe permitir una autonomía de los individuos, la autoproducción, la constitución de redes, de solidaridades, de cooperaciones y de inversiones en el ámbito político. En otros términos, se trata de definir de nuevo las fronteras de la racionalidad económica y de las relaciones mercantes, las que deben ser puestas al servicio de otras cosas que no sean ellos mismos y de favorecer la creación de un sistema poscapitalismo.

V. CONCLUSIÓN

El desarrollo sostenible conduce a replantear la cuestión del desarrollo, sabiendo que se trata de una perspectiva teórica que ha tenido cierta tendencia a desaparecer desde los años 1980, especialmente como consecuencia del auge de las propuestas neoclásicas en materia de crecimiento y de comercio internacional. Las cuestiones de la modificación de las relaciones sociales y de las representaciones asociadas así como de las posibilidades ofrecidas por otros tipos de desarrollo siguen vigentes. Ello nos conduce a preguntarnos sobre las evoluciones contemporáneas del capitalismo así como a comprender el sentido de las protestas y luchas sociales que se producen hoy en día tanto en el Norte como en el Sur. Si las aspiraciones a cambiar el mundo para convertirlo en más solidario están presentes, las vías a seguir no están trazadas. La complejidad proviene en parte de la ampliación del abanico de temas a abordar que mantienen una relación con el desarrollo sostenible. Así, la cuestión del lugar de trabajo en las sociedades contemporáneas conduce a preguntarse sobre las modalidades de funcionamiento de los sistemas de protección social, lo que lleva a abordar los problemas de financiación de la economía.

Es preciso reconocer que las cuestiones políticas planteadas no tienen contestación. ¿Cómo se puede saber, si conviene recurrir a ciertas formas de planificación en materia de gestión de los recursos naturales, si es necesario trabajar a favor del advenimiento de una democracia técnica, si es útil repartir el empleo de otra forma o si es indispensable definir difieren. En lo que respecta al último objetivo, Illich evoca algo que se parece a la conversión religiosa, mientras que otros consideran que es el papel de la negociación colectiva llevada a cabo por los sindicatos, la patronal o el gobierno, cuando los últimos apuestan por confiar en los colectivos menos institucionalizados y en formas de militancia menos convencionales.

Findhorn, el espíritu del futuro

Carlos Fresneda visita la Fundación Findhorn, un proyecto que empezó en los sesenta como un simple huerto ecológicoy que ha evolucionado con el tiempo hasta convertirse en un modelo de comunidad sostenible único en el planeta.

Escocia es diferente. Edimburgo despunta en el horizonte y algo empieza a agitarse. El terreno se vuelve más agreste, el viento sopla fuerte, el clima se hace aún más cambiante. Todo se intensifica en los sentidos y en la mente. Y la extraña vibración se hace aún más fuerte subiendo hacia las Tierras Altas, rumbo al lejano norte, donde se produce esa mágica fusión de paisaje y paisanaje.

Aquí, en la bahía de Findhorn, a tiro de piedra de la remota Inverness, echaron raíces en 1962 Peter y Eileen Caddy y su amiga Dorothy Maclean. Se conocieron cuando trabajaban en el hotel Cluny Hill de Forrest y sintieron algo así como “la llamada espiritual de la naturaleza”. Acabaron viviendo en una modesta caravana, y cultivando todo lo que podían en un terreno -hasta entonces baldío- que no tardó en convertirse en uno de los mayores reclamos del norte del Escocia, por los repollos de 20 kilos y demás prodigios vegetales.

Medio siglo después, el legendario huerto de Peter, Eileen y Dorothy (que aún vive por aquí cerca a sus 92 años) sigue dando sus frutos en el mismo lugar, junto a la mítica caravana verde, en un mágico jardín comestible protegido ahora por los duendes y por un cartel en la puerta donde puede leerse: “Amor en acción”. Así le llaman aquí al “trabajo”.

La Fundación Findhorn tiene algo del otro mundo posible. Lo que empezó como un simple huerto orgánico y como un santuario donde se venera a la naturaleza, ha cuajado con el tiempo en un modelo de comunidad sostenible único en el planeta, alimentado por el espíritu de sus más de 300 habitantes y por una población flotante de 3.000 visitantes al año, venidos de todas las partes del mundo para participar en cursos de permacultura, desarrollo sostenible, meditación activa, cambio de conciencia, activismo sutil, transición y “resiliencia”…

El principio de co-creación con la naturaleza, que tanto impregnó a sus tres fundadores, sigue vivo al cabo de las décadas. Pero todo lo demás ha evolucionado con los tiempos y ha sabido trascender el estigma de lo “alternativo”. Aquí se demuestra de una manera palpitante y práctica eso que llaman “el espíritu del futuro”.

En Findhorn se inauguró en 1989 la primera turbina eólica que aportaba el 20% de la energía, reemplazada ahora por tres aerogeneradores con una potencia total de 750 kilovatios (la mitad de la energía se vende a la red). Los habitantes de la ecoaldea fueron también pioneros en la instalación de placas fotovoltaicas, muy útiles en las largas horas de sol del verano septentrional.

En 1995 se construyó en un invernadero la primera “Máquina Viva”, ideada por el biólogo canadiense John Todd, para depurar de un modo natural hasta 65 metros cúbicos de agua al día (el equivalente a las aguas residuales de 330 personas). En el 2002 entró en funcionamiento el Eko, la moneda social usada en las más de 30 empresas y organizaciones vinculadas a la fundación. Y en el 2010 se inauguró la caldera de biomasa, para calentar todos los edificios comunes durante los largos inviernos.

“El secreto de Findhorn está quizás en su capacidad para cambiar constantemente, que es precisamente la primera ley de la naturaleza”, sostiene Mari Hollander, que lleva vinculada a la fundación desde los años setenta. “Los tres fundadores supieron soltar las riendas y pasar el testigo a las siguientes generaciones. No hemos tenido 'gurús'. No practicamos un credo en particular, aunque nos guíamos por unos valores, lo que aquí llamamos el 'terreno común', que van desde una práctica espiritual (la que sea) a la no violencia, pasando por el espíritu de servicio, el crecimiento personal, la cooperación y la no violencia”.

“Todo ha evolucionado en estas décadas de un modo muy orgánico”, recuerda Mari Hollander. “Aunque hemos pasado nuestros momentos difíciles, y crisis como la que nos ha afectado a todos en estos últimos años. Pero la resiliencia es otra de las lecciones de la naturaleza, y siempre hemos encontrado la forma de salir adelante”.

Sorprende en Findhorn la mezcla proverbial de lo privado y lo compartido, y éste es quizás otro de los secretos. La pequeña comunidad de casas construidas con barracas recicladas de whisky se da la mano con la casa portátil ultraeficiente, la casa solar o la casa de balas de paja. La oficina del Trees for Life (volcada en la reforestación del bosque de Caledonia) deja paso al taller de cerámica, al laboratorio de Esencias Florales de Findhorn, al Universal Hall o al Moray Art Centre, convertidos en referencias culturales obligadas del norte de Escocia.

“Muchos trabajamos para la comunidad, otros trabajan fuera”, explica Mari Hollander. “Los límites son muy fluctuantes. Unos viven en la ecoaldea, otros en las cercanías. Vamos y venimos. Y todos los años pasan por aquí cientos de personas de más de 40 países que van dejando su impronta, y eso también se nota”.

El mallorquín Juan del Río, fundador de Transición Sostenible, llevaba años sintiendo la “llamada” de Fidnhorn y en octubre del 2012 hizo la mochila, rumbo al lejano norte: “Me atraía mucho conocer la comunidad de las Highlands escocesas y pasar un tiempo en una de las ecoaldeas con más historia del viejo continente. Se presentó al oportunidad coincidiendo con el 50 aniversario, y la excusa fue un curso de un mes sobre diseño sostenible organizado por Gaia Education, en el que se explorarían las cuatro dimensiones de la sostenibilidad: social, ambiental, económica y visión del mundo”.

“La experiencia fue increíble y pude compartirla con compañeros de todo el mundo, desde Brasil, hasta Canadá, Finlandia o Grecia”, recuerda Juan. “Aprendimos desde dentro lo que es un ejemplo vivo de comunidad, conocimos a muchos de sus miembros y nos adentramos en sus pequeños secretos, como la “boutique": una pequeña casita abierta a cualquier hora todo el año donde uno puede dejar y coger lo que desee, ropa, herramientas. También recuerdo mis visitas frecuentes al templo de la naturaleza, una construcción de piedra con tejado verde que transmite una tremenda paz y sirve para reconectarte con el mundo natural”.

“Es uno de esos lugares a los que siempre querrás volver en el futuro”, asegura Juan del Río. “Son tierras frías, pero el calor humano, el compañerismo y la colaboración hacen de Findhorn un pequeño punto de esperanza en los tiempos que corren."

Fidnhorn está lleno de espacios para la meditación, la reflexión o la celebración. Dejamos atrás el Jardín Tranquilo y llegamos a la cámara natural de canto, semiexcavada en el bosque. El santuario de la naturaleza es como una casa de los hobbits, con tejado verde y un increíble lucernario.

La mano humana y los brazos del bosque trabajan con denuedo y nos van marcando el camino hacia la última parada: la celebración de la cosecha en Cullerne Garden, la granja biodinámica que abastece a toda la comunidad y en la que tal día como hoy están de fiesta.

Niños y no tan niños revolotean a pie y en bicicleta alrededor de las banastas con tomates, coles y calabazas. Suenan los tambores, se va formando un círculo. La maestra de ceremonias incita a los futuros comensales a acercarse a los frutos del campo, y a romper la separación material que existe tan sólo en nuestras cabezas: “Todos somos Tierra”.

Volveremos a Escocia. Volveremos a Findhorn…

La economía ambiental como Ecocapitalismo

Juan A. Aguilar

En conclusión, el gran problema del llamado 'desarrollo sostenible' es que no nos dice nada sobre el tipo de estructuras económicas y sociales que serían 'sostenibles', ni nos da criterios operativos para intentar distinguir los distintos tipos de desarrollo, con lo cual, el desarrollo sostenible se reduce simplemente a intentar compatibilizar medio ambiente y capitalismo, regulado todo por una especie de eco-tecnocracia empresarial que mantenga la economía de mercado mundialista en funcionamiento.

La economía ambiental o ecocapitalista no asume que la crisis ecológica surge del modo de producción y consumo, es decir, de la concepción liberal misma de la sociedad y una economía caracterizada por el individualismo, el afán de lucro, el negocio fácil y rápido y la especulación. Realizar una política conservacionista dentro de los esquemas de una civilización economicista y por tanto antiecológica, es una aberración sin sentido.

¿Cómo se esta plasmando la economía ambiental? Con el reciclaje y la internalización de los costes ambientales. Ahora bien, el reciclado no supone otra cosa que una nueva y sofisticada versión del clásico 'usar y tirar', dando lugar a un nuevo y lucrativo negocio 'ambiental' cuando lo más lógico y ecológico sería no fabricar materiales desechables. Con respecto a la internalización de los costes ambientales se pretende incluir en el precio final de los productos, los gastos derivados de hacer frente a la contaminación y al deterioro ambiental. Esto es un quimera capitalista porque:

- no existen criterios objetivos para determinar los gastos ambientales ¿qué precio tiene el agua, el ozono o el calentamiento global y sus consecuencias?

- internalizar estos costes, en caso de que fuera posible determinarlos, harían no rentables la mayor parte del aparato industrial de nuestras sociedades, por lo cual, los empresarios preferirán pagar las suaves multas que imponen las administraciones antes que iniciar una reconversión ecológica de dichas industrias. - internalizar los costes ambientales es, por otro lado, una medida antisocial porque al final quien pagaría los costes ambientales sería el consumidor en el precio del producto, manteniéndose, por otro lado, la tasa de beneficio del capital.

Desarrollo frente a crecimiento

La principal conclusión política del Informe Bruntland es la siguiente: Lejos de querer que pare el crecimiento económico, reconocemos que los problemas de la pobreza y del subdesarrollo no pueden ser resueltos si no se instaura una nueva era de crecimiento en la que los países desarrollados desempeñen un papel importante y recojan grandes beneficios.

El efecto final resulta ideal para los intereses de acumuladores y explotadores: tiene que continuar el crecimiento económico y la búsqueda de beneficios en todo el planeta. Es decir, para hacer frente a la crisis, más de lo mismo.

¿Qué es lo problemático en la apuesta por el crecimiento sin más especificaciones? Al menos dos cosas:

1) El crecimiento económico per se, en las actuales estructuras socioeconómicas, no alivia la gran pobreza que sigue acentuándose en buena parte del mundo no desarrollado, donde se continúa ensanchando la enorme brecha que separa las naciones ricas de las pobres. La falacia de que hace falta crecer para repartir no es más que eso, una falacia que los ricos propagan en su propio interés: el de evitar que el conflicto político se centre en las cuestiones de equidad, justicia y redistribución. Lo cierto es que en la actualidad, existen más personas viviendo en absoluta pobreza y más personas pasando hambre que en ningún otro momento de la historia de la humanidad: el 23% de la población mundial. Para llegar a un mundo donde las necesidades básicas de todos se vean satisfechas equitativamente, el énfasis ha de ponerse mucho más en redistribuir que en crecer.

2) La segunda objeción es la siguiente: si al hacer las cuentas de crecimiento se contabilizaran, incluso de manera muy imperfecta y parcial, las externalidades de tipo social y ecológica, resultaría que en nuestraactual economía del despilfarro llevamos ya mucho tiempo menguando en lugar de creciendo. Según cálculos de la OCDE, la tasa de crecimiento económico general de los países industrializados disminuiría entre el 3% y el 5% si se restasen solamente los costes de la contaminación. Esto indica que el crecimiento actual es ya negativo en muchos de los países industrializados si empezamos a considerar algunos de los costes externos asociados con el tipo de economía actual. Por todo ello, en buena parte el 'crecimiento' actual es sólo aparente, porque hay enormes disminuciones del patrimonio natural no apuntadas en la Contabilidad Nacional.

Debemos repetir una y otra vez que no es posible el crecimiento económico indefinido dentro de una biosfera finita, y que globalmente hemos sobrepasado ya los límites del crecimiento. Lo que necesitamos es un modelo de desarrollo sin crecimiento - o, por lo menos, sin crecimiento controlado por la autoridad política- y lo que debemos preguntarnos es si es posible un modelo así dentro de una economía capitalista. Hay sólidas razones para pensar que la respuesta es NO.

¡Última semana de inscripciones!

¡Hola familia!


Os escribimos para recordaros que estamos en la última semana de inscripciones para participar en el III Encuentro de Redes e Iniciativas Decrecentistas y Transicioneras que se celebrará en la ciudad de Sevilla los días 1, 2 y 3 de noviembre.
Ya puedes consutar toda la info en el blog encuentrodecrecentista2013.wordpress.com

Para inscribirte sólo necesitas rellenar y enviar este FORMULARIO DE INSCRIPCIÓN PARA ADULT@S ENLAZADO AQUÍ.

Será un encuentro participativo, creativo, divertido... para disfrutar tod@s, adult@s y ¡niñ@s! Así que anímate e inscribe también a tus peques en este FORMULARIO DE INSCRIPCIÓN INFANTIL ENLAZADO AQUÍ.

El PLAZO DE INSCRIPCIÓN SE AMPLIA HASTA EL DOMINGO 27 DE OCTUBRE. Por favor, esto es importante, necesitamos que se inscriba todo el mundo, si vives en Sevilla y eres de la organización también,en el plazo indicado, para poder organizar la acogida, actividades, espacios, comidas, alojamientos...
El pago de la inscripción, las comidas y alojamientos se realizará durante el encuentro, en las mesas de información y acogida que se instalarán desde el jueves 31 de octubre por la tarde.
Esperamos que os animéis a participar y que nos juntemos muchas personas, iniciativas y redes afines a los movimientos por el decrecimiento y de transición.
Por favor, reenvía este correo a toda persona, colectivo, organización, red afin a la que le pueda interesar participar.


¡Estamos deseando disfrutar todo el compartir y convivir de estos días!

Para cualquier cosa podéis escribirnos a: encuentrodecrecentista2013@gmail.com

¡Besabrazos!

Asamblea Preparatoria del III Encuentro Decrecentista - Sevilla 2013





Red Decrecimiento Sevilla - Transición en Comunidad

Agricultura, Población y Energía

Jornada sobre crisis energética, sostenibilidad y energías renovables realizada en Rosalejo en el año 2004 por el profesor Fernando Ballenilla de la Universidad de Alicante.

Una respuesta más a la crítica de Vicens Navarro

Iñaki Valentín - Grupo de Decrecimiento Desazkundea (Bilbao)

Estimado sr. Navarro:

He leído con atención sus artículos criticando las teorías del decrecimiento y quisiera hacer un par de comentarios, porque creo que es injusto con nosotros/as (yo participo en uno de los miles de grupos por el decrecimiento que ha ido sugiendo en los últimos años en todo el mundo):

1- Pensar en el decrecimiento en los términos que lo hace usted, denota un desconocimiento de las propuestas y alternativas que propone el decrecimiento en el siglo XXI (y no sólo que decía en el XX). Hay más autores y más elementos implicados. Cuando quiera le comento algunas cuestiones que mi grupo propuso a los partidos poíticos vascos en las últimas elecciones autonómicas de Euskadi, por ejemplo.

2- Habla usted de ecologismo político conservador... ¿es conservador el movimiento del decrecimiento? Lo conservador es mantener un sistema que no funciona sin abrir vías de democracia y de procesos de liberación y transformación de la sociedad... y eso es lo que hace a día de hoy gran parte del movimiento ecologista que usted llama progresista, así como gran parte de la izquierda que, como decía André Gorz, dejó de ser de izquierdas sin haberse enterado.

3- La mayoría de los grupos de decrecimiento se inscriben en el área de la izquierda y la ecología anticapitalista. El problema está en la tarta. No se trata de quién controle la tarta (obviamente estamos de acuerdo en que eso no es baladí y por eso también nos sumamos a las huelgas y a cualquier avance en relación a la redistribución y la justicia social), sino de que la tarta tiene unos límites; unos límites biofísicos y unos límites propiamente económicos. Si desconocemos los problemas energéticos, crediticios y de recursos sólo nos lanzaremos al camino de la frustración y no aportaremos nada nuevo desde la izquierda a los procesos de emancipación. La realidad nos pasará por encima.

4- La economía feminista y el ecofeminismo nos marcan muy bien el análisis y el camino de un mundo que sigue basado en la producción y no en la reproducción y los cuidados. Quizás es ese enfoque el que más nos aleje de sus análisis, a veces parece que sigue viendo a la naturaleza y a las personas como meros factores de producción. No podemos seguir tratando los temas con esa frialdad economicista clásica.

5- Nos acusa de añorar el pasado, de retroceso... en fin, nada más lejos de la realidad. Primero, porque no se puede; segundo, porque no queremos retroceder. Lo que decimos es que hay que reorientar nuestra producción, nuestra tecnología, nuestro concepto de riqueza... preguntarnos qué producimos, cómo y para qué; repartir el trabajo productivo y reproductivo, limitando la riqueza clásica y acabando con la acumulación; empoderarnos para decidir desde abajo... emanciparnos de este sistema capitalista rampante, herido y que se consume en su propio jugo al no poder crecer ilimitadamente. Eso no es retroceder, es construir mundos nuevos y paradigmas nuevos.

6- La plabra decrecimiento nos da igual; la usamos porque es útil y suscita debates. Ya están los guardianes de las palabras y las vanguardias para controlar a sus rebaños. Espero que nosotros/as no caigamos nunca en eso. Y a veces nos equivocaremos en nuestras experiencias, y a veces acertaremos.

7- Creo que en todo lo que tiene que ver con la justicia social podemos (y debemos) coincidir, pero si la salida que vamos a proponer desde la izquierda y la ecología es más aumento de la tarta, y por tanto más crecimiento (aunque esté controlado más democráticamente) estaremos engañando a la gente y a nosotros/as mismos/as.

Orígenes del decrecimiento

En 2002 se reúnen en París tres corrientes de pensamiento que habían venido luchando por más de 30 años contra el crecimiento desde diferentes perspectivas: el grupo de admiradores del matemático y economista Georgescu Roeguen; el grupo de admiradores del pensamiento del psicoanalista Corneluis Castoriadis e Ivan Illich y sus seguidores; fue la ultima aparición en publico de Ivan Illich. Esta reunión se llamó “Seminario Deshacer el desarrollo, rehacer el mundo”, y estuvo apoyada por la UNESCO y coordinada por Silvia Perez Victoria de la asociación la Línea del Horizonte y de los amigos de Francois Partant.

Una de las conclusiones del grupo fue que la ideología del crecimiento era el gran problema mundial. Serge Latouche, gran amigo de todos ellos por muchos años, a raíz de la muerte de mas de 10,000 ancianos debido a una especial onda de calor en París, indignado escribe un articulo en 2003 en la muy famosa publicación Le Monde Diplomatique, con el título Por una sociedad de descrecimiento. Esta publicación tuvo un efecto político explosivo, pues desata una movilización social en Francia que conduce a la creación de un periódico del descrecimiento en Lyon, una asociación por el descrecimiento y una gran movilización social liderada por Francois Schneider. La movilización francesa pasa luego a Italia y un poco más tarde a España, Inglaterra, Dinamarca, Canadá, Polonia y otros países.

En 2006, en su libro La Apuesta por el descrecimiento, Latouche deja en claro que el descrecimiento no es un concepto o una teoría del descrecimiento sino un conjunto de teorías que se unen en una bandera política llamada descrecimiento. En la sesión dedicada a la historia del descrecimiento en la 2a. Reunión Internacional de Degrowth (por cierto, el término inglés degrowth es un neologismo al parecer aceptado en la primera reunión internacional de París en 2008) en la Universidad de Barcelona todos concuerdan en que fue Georgescu Roeguen quien popularizó la palabra descrecimiento, con su libro Mañana el descrecimiento de 1979.

Puede ser que André Gortz haya utilizado destacadamente la palabra decroissance o descrecimiento en sus libros de inicios de los 70, sin embargo, la crítica o la lucha contra el crecimiento ya estaba en los años 60 en la mente de muchos estudiosos en el mundo, como lo confirma el famoso discurso de campaña de Robert Kennedy contra el Producto Interno Bruto, y desde luego, está implícito en las obras de los años 40 y 50 de Leopoldo Kohr sobre la proporcionalidad o de Paul Goodman sobre la limitología y en los años 60, en los escritos de Ivan Illich contra la idea del desarrollo y de EF Schumacher sobre ‘Lo Pequeño es Hermoso’.

La publicación del famoso informe del Club de Roma, Los limites del crecimiento en 1971 desata una gran debate internacional sobre la idea del crecimiento, por las declaraciones del comisionado europeo Sicco Mansholt contra el crecimiento y la famosa respuesta del presidente frances Giscard d’Estaing al comisionado no seré un objetor del crecimiento. Los teóricos clásicos de la economía, como Adam Smith, Mathus, Ricardo, Stuart Mill, discutieron bastante la idea del colapso del crecimiento y del estancamiento, ideas que resucitaron en 1929. (Texto de integrante del comité organizador: Descrecimiento- Querétaro 2013)

Recordar también otra tradición que ha nutrido el decrecimiento, que es el pensamiento critico al "desarrollo" que principalmente ha salido de pensadores de países del Sur global. Un buen ejemplo es el "Development Dictionary" publicado en 1992 bajo la coordinación de Wolfgang Sachs recogiendo textos de personas claves como Illich, Vandana Shiva, Arturo Escobar, y también ya con un texto de Serge Latouche sobre el tema "Standard of Living"

¿Por qué fracasan las renovables?


RENOVABLE NO ES LO MISMO QUE SOSTENIBLE.

En general llamamos renovables a aquellas energías que se encuentran libres en la Naturaleza y que además pueden obtenerse de forma continua o cíclica sin agotarse. Prácticamente todas ellas  derivan de la energía solar, excepto la geotérmica. La energía eólica, solar térmica, hidráulica, fotovoltaica o de biomasa, son las fuentes de energía renovable mas conocidas. Sin embargo, que no nos engañen ni nos engañemos, las energías renovables no son infinitas, pero si se gestionan de forma sostenible podemos disponer de ellas de forma indefinida. Uno de los grandes problemas que tiene el aprovechamiento de las renovables es que se encuentran en la Naturaleza de forma difusa o distribuida, por lo que nuestra tendencia a vivir en grandes urbes exige de un gasto energético muy importante en los procesos de captación, transporte, transformación y distribución. Así, tradicionalmente, para una mayoría de la población viviendo en el campo o en pequeñas urbes, obtener leña para su estufas requería pocos pasos y distancias de transporte reducidas. Por otra parte el combustible solía proceder de residuos procedentes de labores como por ejemplo la poda. Esto permitía que el balance entre la energía invertida en obtener el combustible (madera) y la energía que esta proporcionaba fuera muy holgado.


 EL FRACASO DE UN MODELO

Actualmente, el balance entre la energía gastada en todos los procesos necesarios para llevar la energía a nuestros hogares y la energía útil que realmente usamos para poner en marcha electrodomésticos o maquinaria, es bastante reducido. En el caso de los biocombustibles, las Tasas de Retorno Energético pueden llegar a darnos un balance de energía neta negativo, con lo que dejan de ser una fuente de energía.

El problema de las energías renovables está mal planteado, porque una energía solar limpia, sostenible, barata y eficiente, siempre ha existido. Pero a nuestro modelo económico eso no le basta. Además de eso, debe poder obtenerse de forma CRECIENTE y exponencial. Nuestro sistema no está diseñado para gestionar fuentes de energía finitas, por muy renovables y eficientes que sean, o como en el caso del petróleo, aunque su abundancia nos haya hecho creer que era inagotable.

Las energías renovables son, hoy por hoy, una extensión del petróleo. Por dos motivos: para su puesta en marcha y mantenimiento necesitan directa o indirectamente de combustibles fósiles y por otro lado, el balance neto de energía es muy bajo, hasta el punto de que en algunos casos de biocombustibles son un sumidero de energía, o lo que es lo mismo, gastamos mas energía en obtenerlas de lo que producen.

 TASAS DE RETORNO ENERGÉTICO ALIMENTARIO

La energía renovable mas importante para el ser humano es la que obtiene de los alimentos para su sustento vital. Cuando se habla de crisis energética y pico del petróleo, casi todo el mundo piensa en los automóviles. Sin embargo, la producción, procesado y comercialización de los alimentos consume tales cantidades de energía que las tasas de retorno energético dan un balance disparatadamente negativo; invertimos 10 calorías para producir 1 caloría de alimentos. Si no cambiamos rápidamente y localizamos la producción de alimentos, a la vez que hacemos una agricultura no dependiente de los combustibles fósiles, estamos abocados a una crisis alimentaria global de proporciones dantescas. No es una hipótesis catastrofista, es una certeza matemática.

CONCLUSIÓN

Debemos concluir por tanto que el fracaso de las renovables no es otro que el fracaso de un modelo económico basado en el crecimiento infinito, en un planeta de recursos finitos, por muy renovables o abundantes que estos sean. Gaia lleva gestionando los recursos renovables durante 4500 millones de años, el ser humano los ha saqueado en unas décadas.