Los 14 mejores documentos en torno al decrecimiento

Los 14 mejores documentos en torno al decrecimiento:


Acercándonos al decrecimiento. Ángeles Hurtado Pedrosa y Elena Rubio de Miguel


Decrecimiento: Camino hacia la sostenibilidad. Pepa Gisbert


12 preguntas sobre el decrecimiento. Carlos Taibo


Decrecimiento y justicia Norte-Sur. Giorgio Mosangini


Del decrecimiento o deconstrucción de la economía. Enrique Leff


Verde que te quiero violeta. Anna Bosch, Cristina Carrasco y Elena Grau


El crepúsculo de la era trágica del petróleo. Ramón Fernández Durán


La revolución de una brizna de paja. Masonobu Fukuoka


Energía y mitos económicos. Georgescu-Roegen


Cambiar las gafas para mirar el mundo. Yayo Herrero, Fernando Cembranos y Marta Pascual (Coords.)


Comportamientos de consumo y decrecimiento sostenible. Vicente Manzano


Las cosas por su nombre. David Sempau


Contra la sociedad hiperactiva. Jordi Pigem, Arturo Escobar y Serge Latouche


Tiempo para la vida. Jorge Riechmann



PD: En un tiempo de descanso y reflexión volveremos para el otoño

Con la vida en el centro, un paraguas en el que todas cabemos


Ángela Hurtado Pedrosa - 
Elena Rubio de Miguel

Acercándonos al decrecimiento

Siguiendo con esta idea, el Decrecimiento viene a dar una vuelta más de tuerca, aportando el enfoque global y sistémico necesario para tratar la problemática social-económica-ecológica del planeta, y que el desarrollo sostenible no ha sabido dar, a pesar de sus buenas intenciones. El Decrecimiento nos invita a invertir el paradigma, a poner en el centro la vida y la naturaleza, dejando la economía al servicio de las personas y el territorio en el que viven, y no a la inversa.

Recordando una vez más que el Decrecimiento no es una ideología o un programa político, sino un paraguas de alternativas a la economía dominante, quisiéramos destacar algunos elementos que pueden considerarse ventajas del Decrecimiento como agenda estratégica hacia la acción colectiva. En este sentido, y partiendo del paradigma del crecimiento económico ilimitado como el problema fundamental, estas ventajas son:

- se alía y comparte objetivos con el feminismo: tanto el Decrecimiento como el feminismo parten de la necesidad de cambiar la mirada y romper con los paradigmas dominantes centrados en el mercado y con sesgos androcéntricos, en pro de un pensamiento económico crítico. ¿Qué quiere decir esto? El objetivo de la economía feminista es ofrecer una mirada que traspase la mirada masculina de la economía y que permita visibilizar la relevancia del trabajo de cuidados en los procesos de reproducción y mantenimiento de la vida. El punto de conexión fundamental entre feminismo y Decrecimiento lo encontramos en la defensa de la sostenibilidad de la vida humana. Este concepto más amplio de sostenibilidad que aporta el feminismo requiere recursos materiales y energía, pero también contextos y relaciones de cuidado y afecto. Y es que son precisamente los contextos y relaciones de cuidado y afecto los que verdaderamente nos permiten a las personas crecer, desarrollarnos y mantenernos como tales.

- facilita la conjunción entre izquierda y ecologismo, una pareja que ha tenido sus encuentros y desencuentros a lo largo de la historia. Desde el Decrecimiento se invita al diálogo necesario entre ambas corrientes de pensamiento crítico con el sistema económico imperante. Según JoaquínSempere, se necesita la mencionada convergencia, de fondo y no ocasional, entre rojos y verdes para pensar una alternativa radical y formular propuestas en la buena dirección. Sin esta convergencia, la vieja izquierda corre el riesgo de quedarse reducida a defender unos estrechos intereses corporativos de los trabajadores de Occidente y condenarse a no jugar ningún papel en el futuro. Por su parte, los ecologistas, si no se vinculan a las viejas tradiciones emancipatorias de raíz obrerista, pueden irse convirtiendo en la conciencia ecológica del actual sistema de poder. Esta convergencia entre rojos y verdes potenciaría la elaboración conjunta ¡Súmate a la corriente decreciente!  de estrategias políticas que reúnan las aspiraciones sociales y ambientales en un proyecto a la vez abierto y unitario.

- sitúa el problema global en el Norte, donde se concentra el máximo poder de acción del modelo de desarrollo depredador dominante. La sociedad de la opulencia es la que debe decrecer, pues es ella la que nos lleva a la situación actual de insostenibilidad ecológica y social. Y si afinamos un poco más, hablamos de Norte Global y Sur Global. Es preciso especificar que en el Sur hay ‘burbújas de opulencia’ donde también el Decrecimiento sitúa el problema. Sin embargo, encontramos en el Norte ‘agujeros de pobreza’ a los que habría que excluir del foco de producción y reproducción del modelo de desarrollo actual. “El Decrecimiento en el Norte es una condición para el surgimiento de cualquier forma de alternativa en el Sur” (Serge Latouche).

- supera la valoración económica unidimensional proclamando una salida de la economía tal y como la conocemos, para poner a la cuestión social y ecológica en el centro del debate. Así apuesta por una economía solidaria, donde se sitúen a las personas, sus necesidades, sus relaciones y su entorno en el centro de las actividades económicas, rechazando el objetivo del crecimiento por el crecimiento y superando la valoración exclusivamente monetaria de productos y servicios. En este sentido, la economía feminista, una economía que pone a la vida en el centro del sistema económico - como si las personas tuviésemos importancia- tiene mucho que aportar a esta superación de la valoración económica en términos exclusivamente monetarios y con lógica acumulativa (más dinero = más poder).

- le da protagonismo a los movimientos sociales hacia la disidencia y el cambio. Según Paul Ariés, politólogo francés e impulsor del movimiento por el Decrecimiento, el movimiento a favor del Decrecimiento tiene que trabajar en la articulación de tres niveles de acción: el individual, el colectivo y el político27. El hecho de darle protagonismo a los movimientos sociales está reforzando el nivel colectivo y el político simultáneamente, potenciando así el empoderamiento de los movimientos sociales hacia la deconstrucción del imaginario colectivo y la construcción de una sociedad alternativa.

- devuelve protagonismo a las experiencias prácticas y a la escala local en la búsqueda y construcción de alternativas. Por ejemplo, en relación a la alimentación (necesidad básica y universal para la vida) desde el Decrecimiento se opta por la Soberanía Alimentaria, apoyando y fomentando la producción prioritariamente para consumo local, respetando las características naturales y culturales de cada realidad, y dejando de considerar de este modo los alimentos como mercancía que debe recorrer kilómetros y kilómetros de distancia antes de llegar a nuestra mesa. 27 Ariés, Paul. (2005): “La décroissance: un mot-obus”, www.decroissance.org ¡Súmate a la corriente decreciente!

Estos son algunos de los principales elementos que desde el Decrecimiento se subrayan como potencialidades y oportunidades hacia la salida del imaginario colectivo. En este punto nos parece importante recalcar que el Decrecimiento no es una receta, es un horizonte hacia el que dirigirnos desde varios caminos posibles. “Un horizonte interpretativo largamente compartido en el ámbito de las alternativas al capitalismo global” (Mauro Bonaiuti). Evidentemente, el diálogo entre teoría y prácticas tiene que seguir y profundizarse de modo tal que, como esperamos, el Decrecimiento pueda llegar a convertirse en el horizonte hacia el que dirigirnos.

No hay que perder de vista que actualmente es prácticamente imposible hacer una lista exhaustiva de los posibles caminos y alternativas que definen al Decrecimiento. Por otro lado, existen contradicciones y discusiones, como en cualquier corriente de pensamiento viva y en constante elaboración. Y precisamente el hecho de que sea difícil establecer fronteras claras entre teoría y práctica, es lo que constituye la fortaleza del Decrecimiento y lo que facilita la difusión del mismo, al ser genuinamente crítico y militante.

Los posibles caminos del Decrecimiento pasan por estrategias y elementos tan diversos como la relocalización de la economía y la producción a escala local y sostenible; la agroecología; la desindustrialización; el fin de nuestro modelo de movilidad (automóvil, aviones, etc.); el fin del consumismo y de la publicidad; la desurbanización; la necesidad de fijar un salario máximo; la conservación y reutilización; la autoproducción de bienes y servicios; la reducción del tiempo de trabajo; la austeridad; los intercambios no mercantilizados; y un largo etcétera.

La deuda del crecimiento

Giorgio Mosangini

Extraído del libro: 'Decrecimiento y justicia Norte-Sur. O como evitar que el Norte Global condene a la humanidad al colapso'

La deuda del crecimiento

Mientras el sistema busca seguir alimentando por todos los medios al transporte y estilos de vida de una minoría depredadora, el 80% de la población mundial no dispone de vehículo (ni de nevera, ni de teléfono móvil, ni de ordenador etc.) y la mayor parte de ella nunca ha tomado un avión.

Más o menos la mitad de la población mundial, que vive gracias a los servicios ambientales y los bienes comunes que les ofrece directamente la naturaleza (agua, bosques, comida, energía, medicamentos, etc.), es expulsada progresivamente por las necesidades del sistema capitalista de extender sus mercados y sus fronteras de explotación de recursos (De Marzo).

El decrecimiento del Norte Global es una condición ineludible para el surgimiento de cualquier alternativa en el Sur Global (Latouche). No es el caso del Sur Global. Si para el decrecimiento hay que reducir el consumo de materia, de energía, la generación de residuos, las desigualdades y la mercantilización de la vida, esta agenda de cambio no se aplica de la misma manera para el Sur Global.

Ante las desigualdades que caracterizan a la crisis sistémica generada por los impactos ecológicos y multidimensionales  del crecimiento ilimitado, defendemos la necesidad de definir un concepto de deuda del crecimiento.

Desde la perspectiva Norte-Sur, proponemos considerar como conjunto de fenómenos que conforman la deuda del crecimiento a la deuda ecológica, la deuda social, la deuda cultural, la deuda histórica, la deuda económica, la deuda financiera, y la deuda de los cuidados.

Las alternativas planteadas por el decrecimiento también son políticas y el objetivo de volver a situar el cuidado de las personas y de la naturaleza en el centro de los modelos de sociedades y de las políticas no puede sustentarse en la lógica economicista y productivista. Para ello necesitamos nuevos paradigmas que superen la ideología del crecimiento económico, que planteen lo que podríamos llamar una economía del afecto (Carpio), no cuantificable, basada en la calidad de los intercambios entre las personas, donde un acto económico se mide por su capacidad de crear vínculos sociales y superar la mercantilización.

Por último, sin olvidar las reservas expresadas acerca de los riesgos y limitaciones de las valoraciones monetarias, el ajuste estructural del Norte Global también tendría que contemplar formas de compensaciones económicas por lo menos para paliar algunos de los aspectos más destructivos de la deuda, como el exceso de emisiones de dióxido de carbono, los pasivos ambientales, la contaminación producto de la explotación de residuos tóxicos, o las deudas históricas y culturales. Los recursos así obtenidos, tendrían que canalizarse, obviamente, de acuerdo a los fines establecidos de forma autónoma por las poblaciones del Sur Global.





El crecimiento está en el núcleo del sistema

Luis González Reyes 


Vivimos en un sistema, el capitalista, que funciona con una única premisa: maximizar el beneficio individual en el menor tiempo. Uno de sus corolarios inevitables, además de la explotación de la mano de obra, es que el consumo de recursos y la producción de residuos no pueden para de crecer, formando una curva exponencial.

Veámoslo con un ejemplo:

Partimos del Banco Central Europeo (BCE), que presta dinero a los bancos privados a un tipo de interés. Pongamos que el Banco de Santander toma unos millones de euros del BCE. Obviamente, no lo hace para guardarlos, sino para conseguir un beneficio con ello. Por ejemplo, se los presta a un tipo de interés mayor –claro está- a Sacyr Vallehermoso. ¿Para qué le pide la constructora el dinero al banco?. Imaginemos que para comprar el 20% de Repsol-YPF. Sacyr espera recuperar su inversión en Repsol con creces, vía la revalorización de la acciones de la petrolera y/o el reparto de beneficios de Repsol. En otras palabras, para que Sacyr rentabilice su inversión y le devuelva el préstamo al Santander y éste a su vez al BCE. Repsol  no puede para de crecer. Si no hay tal crecimiento la espiral de créditos se derrumba y el sistema se viene abajo. El crecimiento no es una consecuencia posible de este sistema; es una condición indispensable para que funcione. Si la economía capitalista deja de crecer, se colapsa.

¿Y cómo crece Repsol? Ya lo sabemos: vendiendo más gasolina (a través de costosas campañas de publicidad);  recortando los costes salariales (como tras la compra de YPF), extrayendo más petróleo, incluso de parques nacionales (como el Yasuní en Ecuador) o de reservas indígenas (como las guaraníes en Bolivia); bajando las condiciones de seguridad (como en la refinería de Puertollano); subcontratando los servicios (como en el transporte de crudo); apoyando a dictaduras (como en Guinea)… Vamos, a costa de las poblaciones de las zonas periféricas y de la Naturaleza.

No es que haya una mente maquiavélica que diga: “voy a ventilarme el planeta y sus habitantes” (aunque sí que existen quienes están por la labor). Es una simple cuestión de reglas de juego; o te atienes a maximizar tus beneficios o te quedas fuera. Quedarse fuera supone que tu empresa sea absorbida o pierda su mercado. Atenerse a las reglas significa que lo único que importa son las cuentas a final de año. Sólo bajo una fuerte presión social, ambiental o económica importan el entorno o las condiciones laborales.

La economía financiera se articula sobre la productiva, que es sobre la que tiene que ejercer, en último término, su capacidad de compra. Es decir: los complicados derivados financieros al final se basan en derechos de compra sobre acciones, materias primas y deuda. Y ésta, a su vez, parte, como hemos visto con el ejemplo, del consumo creciente de materia y energía, una constante en la historia del capitalismo. De este modo, entrar por la senda de unas relaciones Centro-Periferia que no se basen en la explotación del entorno y de las personas implica, entre otras cosas, romper con la adicción por el crecimiento o, lo que es lo mismo, armar un sistema económico radicalmente distinto del capitalismo.

Extraído del libro 'Decrecimientos. Sobre lo que hay que cambiar en la vida cotidiana'

El PIB: un indicador económico al servicio del capitalismo

Dekrétika

El PIB es un buen indicador para el sistema capitalista, un indicador que sólo considera intercambios monetarios y que está ciego a la destrucción asociada a estos procesos. 

Crecimiento económico e incremento del PIB avanzan a la par del aumento de la extracción de los recursos naturales y la generación de  residuos, y que tratar de desacoplarlos mediante la ecoeficiencia no solamente no funciona, sino que causa el efecto rebote*; se ha visto también que las tecnologías salvadoras no sólo no han disminuido la presión sobre la naturaleza sino que ésta ha aumentado.

La trampa de los indicadores económicos

Los indicadores económicos codifican la realidad, para construir un conocimiento experto, un conocimiento teórico al que sólo tienen acceso los especialistas; las normas que rigen la vida diaria que determinan como significamos, cómo interpretamos, cómo vivimos nuestra vida, no están producidas a un nivel de igual a igual, de cara a cara, sino que parten del conocimiento experto en relación con el Estado.

Esta realidad esta descontextualizada del lugar donde vivimos, está arrancada del contexto, asociada al capital y a los aparatos administrativos del Estado. Sirven de herramienta a las clases dominantes, para imponer políticas, obligar a consensos y aplicar procedimientos en nombre de los números. El PIB es sólo uno de estos mecanismos. Un tótem para evaluar que país es desarrollado y cual está en vías de desarrollo; quienes son los ricos y quienes los pobres.

La desmaterialización de la economía

En pleno debate sobre las bases materiales de la economía mundial, irrumpió una idea: el progreso tecnológico aumentaría la eficiencia en el uso de los recursos, reduciendo la generación de residuos y la sustitución de las materias primas por otras más eficaces esta idea presagiaba una progresiva independencia del crecimiento económico respecto al consumo de energía y recursos naturales. Este proceso, que desliga crecimiento y límites, fue denominado desmaterialización de la economía.

Este mito se construye sobre una idea de la economía neoclásica: los recursos naturales y el capital, además del trabajo, son perfectamente sustituibles. Según esto una cantidad creciente de equipamientos, conocimientos y competencias podría conseguir mantener en el tiempo las capacidades de producción con cantidades significativamente menores de bienes naturales.

Lamentablemente, tal y como plantea Oscar Carpintero, la realidad no ha acompañado estos augurios optimistas y los costes ambientales de los nuevos procesos de fabricación, así como el aumento de consumo global muestran que la necesidad de considerar los límites es cada vez más perentoria.

*El efecto rebote

Aunque en algunos países industrializados se han conseguido mejorar algunos indicadores ambientales locales, sus economías, las más eficientes y avanzadas tecnológicamente, son las que gastan más materia y energía per cápita y esta evolución sigue una línea ascendente. La mejora de las condiciones ambientales en casa se ha conseguido a costa de deslocalizar las actividades más energívoras y contaminantes a terceros países que son los que se encargan de hacer el trabajo sucio.

Así, a pesar de que los países industrializados han ido disminuyendo el consumo de muchos recursos utilizados en cada unidad de producto fabricado, en términos absolutos éste se sigue incrementando, demostrando que las nuevas tecnologías no son sustitutivas sino complementarias a las tecnologías anteriores, aparte de que también dependan de flujos continuados de recursos naturales.

El efecto rebote desautoriza el supuesto papel prioritario de la ecoeficiencia (tomada en cuenta de forma aislada) en la resolución de problemas ambientales, y pone de manifiesto que, en contra de lo que se podría pensar, la eficiencia y el progreso tecnológico están estrechamente vinculados al incremento del consumo de materia y energía. Esto ocurre porque el progreso tecnológico obedece al objetivo del crecimiento de la economía, en lugar de responder a la búsqueda de la sostenibilidad y la equidad.

El fracaso de las promesas de la desmaterialización no deja otro camino que plantearse la vida de otro modo si no se quiere desembocar en un más que probable colapso. Se hace por lo tanto imprescindible una sociedad que abandone la lógica del crecimiento de modo que se consiga una reducción neta de la presión sobre los recursos naturales y los servicios ambientales, a la vez que se avance hacia condiciones de justicia social y equidad.

Oponerse al crecimiento y aprender a vivir con menos es la única opción razonable desde el punto de vista de la sostenibilidad.

Ideas extraídas de:

Yayo Herrero, Fernando Cembranos y Marta Pascual
(Coords.)

Coautores: Fernando Cembranos, Yayo Herrero, Marta Pascual, Antonio
Hernández, Charo Morán, Nerea Ramírez, Álvaro Martínez de la Vega, Beatriz
Errea, José Carlos Puentes, María González, Águeda Férriz, María Gª Teruel.



¿Existen vías alternativas al decrecimiento?

Dekrétika

La imposibilidad del crecimiento desbocado en un planeta con límites, deja como única opción la reducción radical de la extracción de energía y materiales, así como la fuerte restricción en la generación de residuos, y esto hasta ajustarse a los límites de la biosfera. Mientras no salgamos del paradigma económico del crecimiento, economía, sostenibilidad y equidad seguirán siendo incompatibles.

Reducir el tamaño de la esfera económica no es una opción voluntaria. El agotamiento del petróleo y de los minerales, el cambio climático y los desórdenes en los ciclos naturales van a obligar a ello. La humanidad va a tener que adaptarse en cualquier caso a vivir extrayendo menos de la Tierra y generando menos residuos.

Intentemos aclarar porqué llegamos a este desenlace:

El proceso productivo es  la secuencia de actividades requeridas para elaborar bienes que realiza el ser humano para satisfacer sus necesidades*; esto es, la transformación de materia y energía (con ayuda de la tecnología) en bienes y servicios (y también, inevitablemente, residuos).

Podemos visualizarlo mejor con el siguiente esquema:

Recursos + Energía + Tecnología =>  Proceso transformador =>  Bienes + Residuos  

La finalidad del proceso económico (flujo material) tendría como objetivo el disfrute de la vida (flujo inmaterial); aunque en nuestro modelo económico responde al afán de enriquecimiento y acumulación de poder de algunos, por lo que no contribuye a enriquecer la vida en general, sino que va en detrimento del ‘disfrute de la vida’ de la mayoría.

*Entonces vamos a definir  las necesidades humanas (recurriendo al economista chileno Max Neef):

Se ha creído, tradicionalmente, que las necesidades humanas tienden a ser infinitas; que cambian constantemente, que varían de una cultura a otra y que son diferentes en cada período histórico. Nos parece que tales suposiciones son incorrectas. El típico error que se comete en los análisis acerca de las necesidades humanas es que no se explica la diferencia esencial entre las que son propiamente necesidades y los satisfactores de esas necesidades.

Las necesidades humanas fundamentales son pocas, delimitadas y clasificables.

Las necesidades humanas fundamentales son las mismas en todas las culturas y en todos los períodos históricos. Lo que cambia a través del tiempo y de las culturas es la manera o los medios utilizados para la satisfacción de las necesidades.

Cada sistema económico, social y político adopta diferentes estilos para la satisfacción de las mismas necesidades humanas fundamentales. En cada sistema éstas se satisfacen (o no) a través de la generación (o no generación) de diferentes tipos de satisfactores. Uno de los aspectos que define una cultura es su elección de satisfactores.

Las necesidades humanas fundamentales de un individuo que pertenece a una sociedad consumista son las mismas del que pertenece a una sociedad ascética. Lo que cambia es la cantidad y calidad de los satisfactores elegidos, y/o las posibilidades de tener acceso a los satisfactores requeridos.

Lo que está culturalmente determinado no son las necesidades humanas fundamentales, sino los satisfactores de esas necesidades. El cambio cultural es consecuencia - entre otras cosas- de abandonar satisfactores tradicionales para reemplazarlos por otros nuevos y diferentes.

Cuando una madre le da el pecho a su bebé, a través de ese acto contribuye a que la criatura reciba satisfacción simultánea para sus necesidades de Subsistencia, Protección, Afecto e Identidad.

La leche materna es un alimento ecológico que no necesita fabricarse, envasarse ni transportarse con lo que no malgasta recursos energéticos y materiales y evita la contaminación del medio ambiente, siempre lista para su uso y además es gratuita.

La situación es obviamente distinta si el bebé es alimentado de manera más mecánica.

Para producir la leche artificial se precisa la utilización de grandes espacios para la explotación del ganado vacuno, por lo que aumenta la deforestación; quema combustible para su transporte por el mundo; la fabricación de botes para la leche, biberones, etc. produce un agotamiento de recursos naturales, y genera materiales de desecho. Además necesita ser calentada y hay que pagarla.

Pero, los intereses económicos de las multinacionales prevalecen sobre los derechos de las personas, la lactancia materna no es rentable, y sí lo son las leches artificiales, que se están convirtiendo en productos de consumo habitual.

Un absurdo generado por un modelo productivo que responde a los intereses de las clases capitalistas.

"La no satisfacción de las necesidades básicas provoca problemas y disfunciones a la hora de construir personas y sociedades equilibradas."

Debemos de diferenciar pues, las necesidades (limitadas) de los deseos (ilimitados); cuando una sociedad tiene la complejidad suficiente para colmar los deseos de las clases privilegiadas mediante el consumo de recursos, energía y tecnología, el proceso productivo tiende a crecer en la medida que crece la materialización de los deseos.

Entonces una sociedad equilibrada deberá cubrir las necesidades de las personas con la utilización lo más frugal posible de unos recursos limitados; en la actual sociedad de consumo (recordemos el concepto de huella ecológica) se hace necesario un decrecimiento en el consumo de recursos, energía y tecnología, para equilibrar los ecosistemas de los cuales formamos parte.

Así, cada sociedad, en función de sus propias características creará las formas sociales que les permita desplegar su forma de estar en un determinado lugar, adecuándose al entorno del que forma parte, a sus recursos, a la captación de la energía y espacios disponibles y a la tecnología adaptada a la satisfacción de sus necesidades.


¿Es el decrecimiento una teoría borrosa y mal definida?

Dekrétika

Intento dar luz a un planteamiento expresado por Henri Houben en el artículo ¿Alto al decrecimiento?

1. Una teoría borrosa, mal definida, con expectativas contradictorias.

Es muy cierto que el decrecimiento no tiene teoría clara, única y bien definida. Personalmente, creo que es más bien una cualidad, que la mejora colectiva de un proyecto, que acepta todas las buenas ideas, sea un buen camino a seguir.

El decrecimiento también reconoce que este no es un proyecto acabado, llave en mano, porque se pretende construir primero una matriz, un crisol en el que las diferentes alternativas pueden ser diseñadas y probadas.

Empecemos por la palabra “decrecimiento”:

La propia palabra es una propuesta, una palabra-bomba, una consigna, un eslogan publicitario; Una “ocurrencia publicitaria provocadora” como la definió Jose Manuel Naredo.

Una palabra defensiva que está en contra de lo obvio que queremos pulverizar: la necesidad de crecimiento económico continuo. Requiere la descolonización de nuestra cultura basada en crecimiento. El decrecimiento representa una ruptura radical de una serie de creencias y valores predominantes en la sociedad actual, en particular con la ideología del Progreso y la búsqueda del crecimiento económico y material como camino único al bienestar.

Una "palabra sucia" que molesta, que genera una reacción y que da inicio a un debate sobre el dogma del crecimiento.

Una palabra que no puede ser reciclada por aquellos que buscan prolongar el modelo de sociedad que ya no queremos (contrariamente a "desarrollo sostenible"). Recordemos la campaña publicidad de Acciona titulada “pioneros en desarrollo y sostenibilidad”. No queremos un capitalismo verde con su gasolina eco y sus yogures con biobífidus.

Es también el decrecimiento una herramienta política, con capacidad para armonizar diferentes luchas, donde puede ser insertado como hilo conductor.

El decrecimiento necesita ser una idea simbiótica; necesita unirse a otras narraciones, discursos e ideas; un mosaico de tramas y urdimbres que se entrelazan:

Con el discurso ecologista que defiende la conservación de la naturaleza y su relación con el ser humano, visibilizando el desarrollo económico como una depredación de los recursos naturales y contaminación del planeta.; con la narración feminista y la deuda de la sociedad para con las mujeres; la huella civilizatoria invisibilizada, y la dominación patriarcal; con el anarquismo, movimiento libertario del que valoramos las relaciones horizontales, cara a cara, de igual a igual, sin jerarquías, redescubiertas en el movimiento 15-M; con el socialismo, reivindicando el problema de la acumulación a través de la plusvalía por el capital, detentado por las élites con sus empresas multinacionales, consorcios financieros y emporios mediáticos; el problema de la distribución de la riqueza; la deuda con los habitantes de los países empobrecidos; con el buen vivir, el movimiento pacifista, la soberanía alimentaria, los movimiento en transición y un largo etcétera...

Sirva esta reflexión para aclarar conceptos, y explicar ideas que pueden no quedar diáfanas cuando intentamos transmitirlas

Si se quiere una definición de decrecimiento, podríamos ofrecer la dada por Vicente Honorant:

Es una gestión individual y colectiva basada en la reducción del consumo total de energía, materias primas y espacios naturales.
Aunque siempre nos sabrá a poco.





¿Alto al decrecimiento?

Henri Houben

Traducción : Asociación Cultural Jaime Lago


El concepto de decrecimiento está en el debate - necesario, incluso desde el punto de vista teórico - de la teología del "producir siempre más" que guía a las elites económicas y políticas. En este artículo encontraremos una lectura crítica enfrentándolo con el análisis que realizan los marxistas: otro punto de vista. El debate de ideas sólo puede enriquecerse.

Resumen


  1. Una teoría borrosa, mal definida, con expectativas contradictorias
  2. Se pasa fácilmente de una posición crítica a la diametralmente opuesta
  3. Un diagnóstico erróneo de los contenidos de crecimiento y PIB
  4. El crecimiento no está en el centro de los objetivos capitalistas
  5. La crítica ya no se centra en las relaciones sociales, si no técnicas
  6. ¿Una lucha contra los modelos "productivistas"?
  7. ¿Un retorno a la producción a pequeña escala?
  8. Conclusiones


El decrecimiento es una teoría nueva, o más bien de reciente popularidad entre los intelectuales, para hacer frente a los desafíos que enfrenta la humanidad en la actualidad. Por lo general, se refiere al primer estudio real que denunció el obcecamiento de las empresas a desarrollarse en términos económicos, es decir, el informe de Roma en 1972: ¡Alto al crecimiento! A partir de ahí, una serie de autores como Serge Latouche y otros, recogen esta idea central y critican los modelos de producción y consumo en marcha en todos los países del planeta prácticamente.

El debate se centra en la cuestión del crecimiento: ¿es necesario o no? Unos, la gran mayoría de gobiernos, repiten machaconamente que sin el crecimiento no se puede crear riqueza suficiente para satisfacer tanto las necesidades de las poblaciones en constante cambio como asegurar el empleo. Otros creen que es una ilusión y lleva al mundo a la ruina.

Si nos detenemos a este nivel, tendríamos que dar la razón a los "objetores del crecimiento": el crecimiento no garantiza el empleo, el reparto de la riqueza y el suministro de bienes y servicios necesarios para todos, y de manera similar, se basa en un esquema social muy cuestionable en que se privilegia el consumismo. Pero si el modo actual de producción y consumo es altamente cuestionable, nuestra pregunta es si, en definitiva, es apropiada la forma en que plantean los problemas quienes apoyan el "decrecimiento". Es el objeto de nuestro desacuerdo que se abordará en siete preguntas [1].


  1. Una teoría borrosa, mal definida, con expectativas contradictorias

Una de las principales controversias sobre las teorías del decrecimiento es que son promovidas por diversos autores que vienen de diversos orígenes, con diferentes perspectivas. Por lo tanto, no hay un cuerpo coherente en la teoría del “decrecimiento". A veces hay opiniones divergentes dentro del mismo movimiento. Obviamente, se dirá, sucede lo mismo con los marxistas, los keynesianos, los liberales... excepto que aquí sí tenemos una referencia, susceptible de interpretaciones más o menos única: Karl Marx (y Engels), John Maynard Keynes, Adam Smith y David Ricardo. No existe una referencia semejante en el decrecimiento.

Reginald Savage [2], que actualmente lleva a cabo un estudio sobre esta teoría y las perspectivas que ofrece, dice que hay tres corrientes diferentes, con puntos de vista y soluciones algo diferentes: la primera piensa que se debería “volver” en cierto modo a las situaciones económicas menos complejas y modelos de desarrollo menos avanzados; la segunda, con la que identifica a Tim Jackson [ 3 ], es más bien tecnocrática: necesitamos soluciones técnicas para evitar el colapso del planeta y la tercera es la tendencia más bien neomarxista: hace hincapié en la necesidad de un cambio radical en la sociedad.

Obviamente nuestra actitud se adapta totalmente a esta corriente. No compartimos la orientación de las dos primeras aproximaciones. Queremos discutir con la tercera, para tener la mejor posición posible y para saber sobre qué temas hay acuerdo, sobre cuales existe una convergencia y en los que hay realmente una opinión diferente.

Sin embargo, la diversidad genera dos problemas. El primero es que no siempre es fácil conocer las propuestas concretas y detalladas del “decrecimiento”. Hay, en este aspecto, una falta de claridad en la que algunos autores parecen bañarse o incluso prosperar. La segunda dificultad es que siempre es posible - y, en mi opinión, los “decrecentistas” a veces abusan – de evitar los desafíos potenciales, diciendo: "Oh, no es eso lo que yo quería o yo defiendo" o, "pero el decrecimiento no es eso."

Es lo que ha llevado a Jean-Marie Harribey, economista francés, ex presidente de Attac Francia y miembro de su Consejo Asesor Científico,  a ser muy cauteloso sobre este movimiento. Jean-Marie Harribey, sin embargo, hizo su tesis doctoral sobre el tema. Pero acabó preguntándose qué se debe disminuir a ojos de los “decrecientistas”: el PIB , la producción, el consumo, el progreso tecnológico, la huella ecológica ... Sin llegar a obtener una respuesta unificada del movimiento. Esto es preocupante. Al mismo tiempo, para el movimiento del decrecimiento, sin duda supone un reto e hipoteca el futuro si se corrige este punto.

Se puede comparar con otras corrientes. Todos los marxistas dirán, por ejemplo, que su solución es colectivizar los medios de producción, es decir, las grandes empresas, y gestionar las necesidades básicas mediante la planificación. Todos los keynesianos promoverán la intervención activa del Estado para regular el mercado y evitar se deje llevar y cree burbujas. Todos los liberales confían en un mercado básicamente auto-regulado, aunque algunos quieren eliminar totalmente el Estado (los liberales) y otros aceptan una intervención en mayor o menor medida del estado.

¿Pero qué quieren los “decrecentistas”?