No se puede poner el carro del productivismo delante de los bueyes del consumo responsable

Julio García Camarero(1)

(Una crítica a la crítica* de  Alfonso Rodríguez de Austria del libro de  Daniel Tanuro titulado El imposible capitalismo verde. Del vuelco climático capitalista a la alternativa ecosocialista)

He leído con interés este trabajo de Alfonso Rodríguez de Austria. En él veo algunos aspectos completa-mente aceptables, otros no tanto.

Rodríguez, haciendo referencia a “la falta de una referencia intelectual critica”, mencionada por Tanuro, nos dice textualmente:

“En nuestra opinión, esta falta de una herencia intelectual crítica se manifiesta en los textos del pensamiento verde en al menos tres formas:

-1. el desconocimiento más o menos absoluto de las herramientas intelectuales de la tradición crítica,
-2. el rechazo explícito de estas herramientas, o, finalmente,
-3. su uso ineficiente (o inadecuado, poco riguroso, poco efectivo...)”.

Rodríguez se centra solo en los puntos 2. y 3. Estoy de acuerdo en lo que manifiesta con respecto al punto 2.:

“Desde luego el término comunista es usado por estos autores acríticamente, al nivel de los medios de comunicación de masas occidentales, y así, se considera comunismo el capitalismo de estado de los países del ‘socialismo real’.  Encontramos aquí a autores como Serge Latouche, que, en la línea de Hans Jonas, después de hermanar ‘comunismo’ y capitalismo en base a su esencia productivista y antropocéntrica, rechaza de plano el pensamiento de Marx y sus posteriores desarrollos”.

Y en una nota continúa:

“Ni que decir hay que entre Marx y marxismo-s existe un paso, entre marxismo y ‘socialismo real’ otro gran paso,entre Marx y ‘socialismo real’ (comunismo en lenguaje latouchiano/medios de comunicación de masas) existen, pues,dos pasos que son obviados injustificadamente y por sistema al tratar el pensamiento de Marx”.

Hasta aquí me parece que este autor realiza  un análisis correcto e interesante; pero luego, al centrarse en su punto 3., se pierde en meditaciones de que es lo que hay que poner delante ¿los bueyes? o ¿el carro?:

“Julio García Camarero en su libro El crecimiento mata y genera crisis terminal, expresa las mejores intenciones al respecto al afirmar que para «conseguir este decrecimiento es necesario el trabajo en equipo de ecologistas y marxistas, pero indispensablemente con una apretada colaboración de unos movimientos sociales conscientes». En su análisis de la problemática ambiental utiliza conceptos como el de trabajo enajenado, plusvalía, o productivismo (lo que da una idea del avance sobre otros autores), adoptando una perspectiva integradora de las esferas natural y social. A pesar del esfuerzo del planteamiento, García Camarero no extrae en nuestra opinión las conclusiones que derivan del mismo, y acaba quedándose atrapado en los peores clichés del pensamiento verde, enredándose en la sempiterna y superficial culpabilización de los hábitos consumistas, y recomendándonos que renunciemos a la segunda vivienda (el chalé con piscina), el coche  y las autopistas […], y toma por bandera gran parte del pensamiento verde. Citamos del capítulo final del libro, el apartado «Las diez erres», donde se da el siguiente tratamiento al tema de la transformación de las estructuras económicas: «Reestructurar»: (adaptar las estructuras económicas y productivas al cambio de valores)». García Camarero pone el carro delante de los bueyes(2), y propugna un cambio de valores para cambiar las estructuras (económicas y sociales), en vez de un cambio de estructuras que transformen los valores dominantes. Y lo hace incluso gramaticalmente, habla de «la desaparición del consumismo-productivismo» en vez de la desaparición del sistema de producción y consumo(o del productivismo-consumismo), dando primacía al consumismo cuando éste no es más que la variable dependiente del binomio”.

Pues, perdóneme, pues no. La variable independiente del binomio es precisamente el consumo responsable (o en el peor de los casos el consumismo) pues es la producción la que está en función del consumo, puesto que cuando el mercado se satura,  o comienza la inexistencia de consumidores solventes, no tiene sentido producir. Y esta tragedia capitalista solo salva (pero de forma ficticia que termina en crisis como la actual)  a la variable dependiente (la producción) cuando consigue crear artificialmente sesudo solventes (a base de préstamos abusivos) y a base de potenciar el consumismo. Y todo esto para que así, esta variable dependiente (la producción) pueda existir en función de la variable independiente que es el consumidor o consumo.

Otra cosa es que en un régimen de tipo de capitalismo de Estado, se programe en las altas esferas técnicas a priori lo que hay que producir sin tener en cuenta lo que quiere o necesita el consumidor. Este fue uno de los grandes errores del socialismo real. Por favor,  sr. Rodríguez, no nos vega ahora a recomendar este error, pues ello sí que es poner el carro delante de los bueyes.

Y lo curioso es que en una nota el sr. Rodriguez comenta mi texto en tono jocoso:

“No es una broma: «Consideremos sólo tres de sus adicciones (sic, adicciones) consumistas absolutamente innecesarias, vendidas como una “felicidad prefabricada” y que no conducen a una mayor calidad de vida, sino a su deterioro gradual: la segunda residencia -el chalé con piscina-, el coche y una red de autopistas. Adicciones inducidas y convertidas en deseos míticos por la macroeconomía liberal.»”

Comprendo que a todos nos cuesta superar el imaginario consumista que hemos mamado desde la más tierna infancia, (sobre todo, a los que pertenecemos de la clase media hacia arriba), pero está claro que como afirma el filosofo Paul Ariès, un verdadero impulso para el cambio de este putrefacto sistema seria a partir de una potente huelga de consumo indefinida en lugar de las clásicas huelgas de producción. El decrecimiento de Paul Ariés da, acertadamente,  prioridad  a la lucha desde el consumo puesto que piensa que este es el motor de la producción.

Y volviendo a lo de la “broma” de dejar de soñar con: la segunda residencia, el coche y una agresiva red de autopistas, podemos indicar que es, cuando menos, obsceno pensar en esto como objetivo de la vida, cuando en la actualidad, según las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud, se están dando 30.000  muertes por desnutrición al día. Y para terminar con este tema  recordemos lo que dice Paul Ariès:
“Un individuo incapaz de ponerse límites, en la vida real busca: conductas de riesgo, abuso de drogas, suicidios… Para la vida consumista es lo mismo”.

Por otra parte no es verdad que el consumismo sea una fuente de felicidad, más bien lo es de insatisfacción e infelicidad. Por otra parte, curiosamente,  Rodríguez, en una nota posterior, se contradice pues afirma que:

“¿Qué es lo que mantenía [en tiempos pasados] a la producción poco más o menos en las justas proporciones?, era que la demanda dominaba la oferta, que la precedía. La producción seguía paso a paso al consumo. Pero hoy –nos dice este autor-  la Gran industria, obligada por los instrumentos mismos de que dispone a producir en una escala cada vez mayor, ya no puede esperar a la demanda. La producción precede al consumo, la oferta fuerza la demanda.”

Es decir, que admite que era la demanda la que dominaba la oferta (la producción) y admite que la demanda (es decir, el consumo)  la precedía. Correcto, aunque, haciendo cuerpo con el neoliberalismo actual, añade:
“la Gran industria, obligada por los instrumentos mismos de que dispone a producir en una escala cada vez mayor, ya no puede esperar a la demanda”. Pero no se trata de realizar unos cuantos programas industriales reformistas. Se trata de superar el capitalismo y el imaginario capitalista.

Esto es lo que pasaba con el capitalismo de estado en los tiempos soviéticos y lo que pasa hoy con el hiper-capitalismo: que es el carro de la empresa productora el que se pone delante de los bueyes (el consumo).La solución no es un dirigismo en cuanto a lo que hay que producir (por muy consensuado que esto esté, ya sabemos cómo funcionan los consensos como por ejemplo el W.C. que luego siempre derivan en torno de cualquier tipo de capitalismo), sino en crear una conciencia individual que sepa distinguir entre que es consumismo asesino y que es consumo responsable.

De esta forma, los bueyes del consumo responsable situados delante podrán arrastrar equilibradamente un carro da la producción mesurada que será fácilmente arrastable y que no deteriorará con su peso  los caminos ni ecosistemas de la biosfera.


* Alfonso Rodríguez de Austria Giménez de Aragón “Daniel Tanuro. El imposible capitalismo verde. Del vuelco climático capitalista a la alternativa ecosocialista” (Revista de Economía Crítica, nº14, segundo semestre 2012, ISNN 2013-5254) Los libros de Viento Sur - La oveja roja, Madrid, 2012 (239 p.p), Ecotono S.C.A. Universidad de Sevilla.

(1) JUIO GARCIA CAMARERO es autor de la trilogía sobre en pensamiento del decrecimiento, constituida por los siguientes tres volúmenes editados en Catarata:
-El crecimiento mata y genera crisis terminal (2009).  
-El decrecimiento feliz y el desarrollo humano (2010).
-El crecimiento mesurado y transitorio en el Sur (2013).
 (2)El subrayado es mío.

1 comentario:

  1. Alfonso Rodríguez de Austria1:10 p. m.

    Respuesta breve a Julio García Camarero.

    1.Cuando el mercado se satura, la respuesta del sistema económico, como usted bien dice, es intentar por todos los medios que el consumo no decaiga, a través de créditos, publicidad agresiva u otras estrategias. Es decir, que como usted mismo admite, la producción intenta por todos los medios dirigir, y con frecuencia dirige, el consumo. (No tengo más espacio para volver a desarrollar argumentos presentes en mi reseña.)

    2.En cuanto a mis recomendaciones, señáleme por favor, sr García, dónde recomendado yo “ese error” que usted dice que he recomendado, porque perplejo me hallo.

    2. En cuanto al tema de la “broma”, obviamente, o usted no me entendió o yo no me expresé bien. Lo que quería decir es que para una generación como la mía, cuyo sueño es tener un empleo fijo que te permita mantener cierta estabilidad económica, hablar de tener en propiedad una segunda residencia con piscina se nos antoja poco más que una broma. Vamos, que gran parte de mi generación, no se si decir que la mayor parte, somos sub-consumidores que no tenemos acceso ni a un piso en alquiler, y que si tenemos suerte heredamos el coche de nuestros padres. Nuestro “sueño consumista” no llega ni de lejos a acercarse a la segunda vivienda con piscina y un coche caro.

    3. No entiendo cuando dice esto: “Por otra parte no es verdad que el consumismo sea una fuente de felicidad, más bien lo es de insatisfacción e infelicidad.” No se donde he dicho yo lo contrario, supongo que se refiere a la cita que hago de sus propias palabras: «Consideremos sólo tres de sus adicciones consumistas absolutamente innecesarias, vendidas como una “felicidad prefabricada”...»

    4. Y hablando de citas, afirma usted que me contradigo, con respecto al tema de la preeminencia de la producción sobre el consumo, mencionado una nota a pie de página en la que escribo que antes la demanda precedía a la oferta pero que la Gran industria cambió las tornas. No veo la contradicción por ninguna parte.

    Además, la nota, como puede usted comprobar si lee con atención mi reseña, cita expresamente un texto de Karl Marx. Es decir, que las palabras que usted supone mías, y según las cuales me contradigo, son en realidad de Marx, y las cito en apoyo a mi afirmación de que la oferta influye más sobre la demanda que la demanda sobre la oferta. Marx dice precisamente que antiguamente la demanda precedía a la oferta, pero que llegó el momento en que, en vez de parar las fábricas porque el mercado estaba saturado, la Gran Industria ideó múltiples formas de ensanchar la demanda, fomentando el consumismo entre otras cosas.

    No entiendo por qué “hago cuerpo con el neoliberalismo” al afirmar esto. O más exactamente, no entiendo por qué Marx hace cuerpo con el neoliberalismo al afirmar esto. Tampoco entiendo a qué se refiere con eso de “realizar unos cuantos programas reformistas industriales” ni quién ha hablado de tal cosa. Yo desde luego no, al menos que yo sepa.

    5. Finalmente, para usted la solución a los problemas ambientales es el consumo responsable: “La solución no es un dirigismo...” No voy a reiterar mis argumentos, ya desarrollados en la reseña.

    Sin embargo no entiendo su mención al consenso y a cómo acaban, no se que es eso de W.C., ni por qué los consensos tienen que derivar “en torno de cualquier tipo de capitalismo”.

    6. La idea sobre la que me gustaría insistir es que para cambiar los valores hay que cambiar también las estructuras. Ante un gran poder como es el capitalismo, que dirige directa o indirectamente gran parte de los ámbitos de nuestra vida (televisión, publicidad, libros de texto del colegio, etc) no podemos oponer sólo nuestro poder como consumidores. El consumo responsable está muy bien y es absolutamente necesario, pero por favor, comencemos a hablar también de producción responsable. Quizás hay otras formas de frenar el deterioro del planeta, además del consumo responsable y la conciencia individual.

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