Cuatro ideas para un decrecimiento práctico

Elsa Lanau -  Cultura bio 




Seguramente hayáis oído hablar del concepto de “decrecimiento”. Quizá también hayáis escuchado que puede ser la solución para la famosa “triple crisis”, social, ecológica y económica en la que andamos metidos, ya que que el modelo socioeconómico actual ha demostrado no ser adecuado para salir de ella. Ahora bien, se nos ocurre que quizá aún no hay suficiente información para aplicar este concepto de decrecimiento de una forma práctica en nuestro día a día y quizá nos parezca algo utópico relegado a unos pocos ecologistas radicales…nada más lejos de la realidad, cualquiera de nosotros puede hacer su aportación al cambio.

Desde aquí queremos ofrecer unos pocos consejos abiertos a todo el mundo, para poder aplicar el decrecimiento en nuestra vida cotidiana sin morir en el intento:

1- FOMENTA LA ECONOMÍA COLABORATIVA: COMPARTE, INTERCAMBIA, DONA…




No se trata de vivir en una comuna o una ecoaldea, la cuestión es que para crear una sociedad que necesite menos recursos y energía y genere menos productos y residuos debemos tender a compartir bienes y servicios. Este es el principio en que se basa la economía colaborativa. La idea es ¿de verdad todos necesitamos tener un coche propio, una oficina propia, un wifi propio…o podemos compartir entre varias personas? Un buen ejemplo de este tipo de economía colaborativa son las múltiples iniciativas para fomentar una movilidad más sostenible compartiendo coches, como BlaBla CarBluemove). 
















También podemos compartir bicicletas a través de empresas como Bicing. Otras iniciativas se dirigen a compartir huertos (huertoscompartidos) o incluso la red wifi (Fon).





Otra idea es compartir espacios destinados a vivienda (eCohousing), alojamientos para vacaciones (Couchsourfing) e incluso viviendas temporales compartidas por emprendedores que buscan inspiración y una “inmersión total” en el tema del emprendimiento (Krash).

También proliferan los espacios de co-working o co-trabajo, donde diferentes emprendedores y empresas comparten espacios comunes de trabajo, formación, eventos…y sobre todo espacios de conexión, contactos, inspiración y convivencia (Impact Hub, Utopic Us, Ecoworking…)




Otras formas de compartir son tan tradicionales como los clásicos truques o intercambios de bienes o servicios (Truequeweb, Etruekko, Grownies), novedosas como los bancos de tiempo, o simples como donar a través de webs, asociaciones, particulares, ONGs, etc, para dar una oportunidad a productos que ya no usamos, evitando el despilfarro socio-ambiental (Nolotiro)

2-REVISA TUS PRIORIDADES VITALES: REDUCIRÁS TU CONSUMO

En una sociedad en la que nos han inculcado que consumir es bueno para todo (para la economía, para generar empleo, para ser más felices…), replantearse reducir el consumo puede parecer un acto subversivo que nos hará caer en las tinieblas de una crisis más profunda. Sin embargo, si nos paramos a pensar en nuestros valores más profundos veremos que no necesitamos tener más cosas, pero sí necesitamos cubrir unas necesidades básicas para poder desde ahí llegar al nivel de evolución personal que cada uno vea conveniente para considerarse “feliz”.




Si, por ejemplo, nuestra prioridad es la salud, seguramente dejaremos de consumir un gran número de productos que atentan directamente contra ella: perfumes carísimos llenos de productos químicos tóxicos, tabaco, medicación superflua, alimentos preparados llenos de aditivos…

Si nuestra prioridad es tener más tiempo para pasar en la naturaleza o para fomentar nuestras relaciones humanas, nos podemos plantear si realmente necesitamos toda esa “tecnología lúdica” (sometida además a la obsolescencia programada) que tenemos alrededor, los últimos gadgets electrónicos, consolas de videojuegos de última generación, megatelevisores 3D, smartphones, etc…y analizar cuánto tiempo dedicamos a trabajar para poder adquirirlos y el tiempo que dedicamos a comprarlos/usarlos/actualizarlos…¿nos compensa?

3- COMPRA MENOS PERO DE MEJOR CALIDAD

Los productos que responden a modas rápidas y masivas tienden a producirse con unos criterios clave: máximo beneficio a costa de bajos costes de producción. Para ello se reducen costes a base de pagar lo menos posible por las materias primas (comprando materias de baja calidad o ahogando por el camino a los pequeños productores que la suministran) y pagando salarios miserables a los trabajadores. Con este panorama no es de extrañar que todos esos productos “low cost”, “fast fashion”, etc. acaben en el cubo de la basura al poco tiempo de comprarlos, bien por su pésima calidad o bien porque su bajo precio nos incita al “usar y tirar” para adquirir algo más novedoso y “cool”.

Frente a este sinsentido podemos tomar la decisión de reducir nuestro consumo, pero apostando siempre por la compra de productos de calidad, hechos con criterios que aseguren su uso durante mucho tiempo, con buenas materias primas, buenos procesos de fabricación y asegurarnos de que han sido fabricados en unas condiciones dignas para sus trabajadores. Como ejemplo, podemos empezar simplemente por invertir en un buen par de zapatos o un buen pantalón que nos duren varios años, en vez de en decenas de prendas baratas que usamos sólo unos meses, fácil ¿no?

4-FORMA PARTE DE UN GRUPO DE CONSUMO

Uniéndonos a un grupo de consumo fomentamos una reducción del consumo de recursos de varias formas:
  • Consumo local: disminuye la necesidad de transporte, refrigeración y embalajes excesivos.
  • Consumo ecológico: disminuye el gasto energético y los ínsumos agrícolas utilizados (los fertilizantes industriales y muchos plaguicidas son derivados petroquímicos que requieren elevadas cantidades de energía para su fabricación)
  • Consumo responsable: se promueve un consumo más consciente, analizando cuáles son las necesidades reales a cubrir, los modelos de consumo que fomentan una sociedad más sostenible y justa, evitando el consumo “compulsivo” o superfluo.

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