Un modelo económico alternativo

Extraído de la introducción del libro 'Objetivo decrecimiento' del Colectivo Revista Silence; donde podemos encontrar artículos de Vicent Cheynet, Serge Latouche, Mauro Bonaïuti, François Schneider, Helena Norber-oogendijk, Denis Cheynet y Bruno Clémentin y Vicent Cheynet del que extraemos este texto:

"A escala estatal, una ‘economía saludable’ administrada democráticamente sólo puede ser fruto de una búsqueda constante del equilibrio entre las opciones colectivas y las individuales. Requiere un control democrático de la economía por parte de la política y por las opciones de consumo de los individuos. Una economía de mercado, controlada tanto por la política como por el consumidor, sin que la una pueda prescindir del otro. Este modelo exige un aumento de responsabilidad tanto política como del consumidor.

Sucintamente, podemos imaginar un modelo económico articulado en torno a tres ejes. El primero sería una economía de mercado controlada, para evitar cualquier fenómeno de concentración. Lo cual representaría, por ejemplo, el fin del sistema de franquicia. Todo artesano o comerciantes sería propietario de su útil de trabajo y no podría aspirar a más. Él sería necesariamente el único con poder de decisión sobre su actividad, en relación con su clientela. Esta economía de pequeñas entidades, además de su carácter humanista, tendría el inmenso mérito de no generar publicidad, lo que es una condición sine qua non para la puesta en práctica del decrecimiento sostenible. El fin de la ideología del consumo pasa por su puesta en práctica técnica.

El segundo eje, la producción de equipos que precisen de una inversión, sería financiado por capitales mixtos privados y públicos, controlados por la política.

El tercer eje atañe a los servicios públicos esenciales que tendrían como característica el no ser privatizables (acceso al agua, a la energía disponible, a la educación y la cultura, a los transportes públicos, a la sanidad, a la seguridad de las personas).

La puesta en práctica de un modelo así supondría la expansión de un comercio real equitativo, es decir, unas condiciones de remuneración y de protección social idénticas en los países consumidores y en los países productores. Esta simple regla conllevaría el fin de la esclavitud y del neocolonialismo."

Extraído del libro 'Objetivo decrecimiento' del Colectivo Revista Silence

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