Podemos vivir mejor

Antonio Cerrillo

Serge Latouche estuvo hace unos días en Rupià (Alt Empordà) en unas jornadas de debate organizadas por el grupo de investigación del decrecimiento de la UAB. El economista y filósofo francés aboga por "descolonizar el imaginario, es decir, librarse de la falsa idea de progreso sobre la que se asienta la ideología del crecimiento, el mal entendido desarrollo o el consumo".

"Venimos de la industrialización -continúa-, del uso de las energías fósiles, la máquina de vapor y el consumo masivo, y ahora nos damos cuenta que los recursos de planeta se agotan, que el clima es inseguro y que pronto no habrá petróleo. Pero seguimos hablando de relanzar la economía y de consumir más petróleo. ¡Pero si pronto no habrá!", exclama antes de criticar los esfuerzos para sacar hidrocarburos de lugares remotos al precio que sea.

Latouche es muy crítico hacia el maquillaje de la industria del automóvil, convencido de que no puede haber coches verdes. "Un ministro húngaro me lo resumió así: 'Cuando hay una inundación en un cuarto de baño podemos sacar el agua con un cubo; pero lo primero es cerrar el grifo'", dice aludiendo a la necesidad de atajar el consumismo en origen. "Podemos pensar en la necesidad de buscar el decrecimiento porque hemos sobreexplotado los recursos naturales y hemos infligido graves daños al planeta; pero también debemos optar por el decrecimiento porque vivimos mal. Viviríamos mejor con otro sistema", agrega. Latouche se muestra partidario de los huertos compartidos destinados a poner en contacto al productor y al consumidor de alimentos agroecológicos, porque abren la puerta al debate ciudadano sobre lo local, y pone como ejemplo esperanzador las candidaturas locales del movimiento de Beppe Grillo en Italia más que los Verdes alemanes.

Latouche adelanta su nueva fuente de interés: "Occidente se ha construido sobre la destrucción de los límites, tanto a nivel geográfico o cultural". Y por eso se detiene en explicar ejemplos de culturas que entraron en colapso por no haber rebasado su nicho ecológico.

Y tiene una receta clara frente a la crisis: dejar de pagarla. "Hay una hipocresía: todo el mundo sabe que la deuda no se puede pagar. Pagarla estrangula a la gente con las medidas de austeridad, que agravan la situación. Cuanto más fuerte es la austeridad, más aumenta la deuda, más disminuye la riqueza y menos rinden los impuestos. Es un círculo infernal". "Grecia no pagará nunca la deuda -continúa- y los alemanes lo saben bien. Pero para los alemanes y el sistema financiero, lo importante es hacer creer que se puede pagar; y no se puede. Cuanto más pronto se acabe esta comedia, mejor. Hay que poner el contador a cero".

1 comentario:

  1. Me gusta. Lo que más me agrada es lo de los huertos urbanos; solucionarían muchos problemas.
    Un saludo

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