Dilema moral

José Luis L. Aranguren 

El condicionamiento económico está empezando a ser, y va a ser, ahora como siempre, decisivo para ese cambio. La infraestructura de una moral consumista es una economía de consumo. Ahora bien, ésta sigue presuponiendo una economía de producción, crecimiento o desarrollo indefinidos. Y es precisamente la sospecha de los “límites del crecimiento” y la constatación de que ya se ven limitadas las fuentes de energía, lo que está empezando a generar una nueva economía, no desarrollista a todo trance, y una nueva moral no consumista-felicitaria.

¿Cuál es entonces la actual perspectiva moral? La sociedad actual no parece de ningún modo dispuesta a renunciar a un cierto hedonismo, es decir, a una moral orientada al goce, al placer, al sabor de la vida, y a sentir en ello la felicidad.  Pero ese goce, placer y sabor de la vida, por la fuerza del relativo desabastecimiento económico, habrán de empezar a ponerse en los gustos de la vida sencilla, en un arte del ocio, en una moral neohedonista y comunitaria (microcomunitaria: goce del amor, de la amistad y de la comunicación con el endogrupo) o, si se prefiere llamarlo así, en un epicureísmo mucho más parecido al originario de Epicuro y sus inmediatos discípulos, relajadamente ascético, que la lo que el leguaje usual se entiende por epicureísmo.

Y es por la  -paradójica- vía de un refinamiento no artificioso, sino al revés, ‘natural’ del placer, por el retorno a la ‘vida sencilla’, cómo podrá recuperarse, en un futuro próximo, un ‘espiritualismo’ que no reconociéndose bajo ese nombre, no admitiéndolo siquiera, no por ello dejará de ser tanto y más espiritualista que los sistemas de vida que así se autodenominaban. Pues el espíritu no sólo sopla donde quiere, sino que adviene, o puede advenir, también por donde quiere, por las más insospechadas, imprevistas e imprevisibles vías.

Más preguntémonos para terminar: ¿Son estas nuevas vías tan imprevisibles, tan desconcertantes como a primera vista parecen? El de ‘hacer de la necesidad virtud’ es un antiguo saber. De esta antigua y nueva necesidad, de la escasez y penuria pueden sacarse virtud, fruición y felicidad.

Extraído de ‘Verdad y Vida’. José Luís L. Aranguren. 1980

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