Decrecimiento ¿Un término provocador?

Ángela Hurtado Pedrosa y Elena Rubio de Miguel

Acercándonos al Decrecimiento


El Decrecimiento cuestiona la capacidad del modelo de vida moderno para producir bienestar y felicidad basándose exclusivamente en el desarrollo económico. El reto para el Decrecimiento está en vivir mejor con menos.


El modo de vida en nuestra sociedad es esclavo del trabajo, del dinero y del consumo, pero eso no trae más felicidad, crea estrés y extiende males físicos como la obesidad".


Se necesita una toma de conciencia, un poco de humildad. Nuestra sociedad occidental, que domina el planeta desde hace varios siglos, se ha convertido en terriblemente arrogante, antropocéntrica. Se trata, pues, de una cuestión de conciencia. Y del sentido que damos a nuestra existencia.


Nos impone mirar de frente la realidad y existir en todas nuestras dimensiones para tener la capacidad de afrontar lo real y tratar los problemas


El Decrecimiento es efectivamente una idea a contracorriente de la sociedad depredadora actual, en la que lo que debe (y tiene  que) ocurrir es el crecimiento económico, ésta es la ideología imperante, el consenso ideológico, para conseguir nuestra felicidad y bienestar. El Decrecimiento es una idea que aglutina multitud de corrientes de pensamiento que vienen denunciando desde hace más de 30 años este estado de ensoñación colectivo que nos ha llevado a las múltiples CRISIS(es) que padecemos hoy. Si bien corrientes de pensamiento como el ecologismo, el feminismo, el movimiento altermundista o la permacultura, venían proponiendo distintos caminos posibles para salirnos de este imaginario colectivo, el Decrecimiento viene a hacer efecto de paraguas aglutinador de todas estas corrientes.

En este contexto, nos gustaría aclarar que la palabra Decrecimiento no es sólo un concepto. Es una provocación que nos incita a preguntarnos: 'Fíjate, ¿y si saliéramos de la lógica del crecimiento?'


La búsqueda de la felicidad, de lo obvio, de la sencillez... como arma de construcción masiva



Pero el Decrecimiento no se debe entender como algo negativo. Pensemos en el ejemplo que nos pone Serge Latouche: cuando un río se desborda porque su caudal ha crecido, todas las personas deseamos que  decrezca para que las aguas vuelvan a su cauce. Si las aguas vuelven a su cauce todas viviremos mejor y seremos más felices. Pues el Decrecimiento  nos invita a mirar el mundo con estos ojos, saber detectar estos desbordamientos, que todas las personas lo vean, para tratar de volver a llevar las aguas a su cauce.


Defender el Decrecimiento – en términos de cantidades físicas producidas- corre el peligro de ser interpretado como una eutanasia del sistema productivo. Esta interpretación nos privaría de un consenso necesario en la búsqueda de  nuevas vías para una economía sostenible. Y es que a la hora de elaborar una  política económica-ecológica, ¿dónde ponemos el acento?: ¿únicamente en  una fuerte reducción del consumo?, o ¿en una revisión profunda de nuestras preferencias?

Está claro que con la actual distribución de las preferencias la reducción drástica del consumo provocaría malestar social, desocupación y, en última instancia, el fracaso de la política económica-ecológica alternativa. Por lo que parece que deberíamos hacer una revisión profunda de nuestras preferencias y para ello, desde el Decrecimiento se nos propone desplazar los acentos:


  • por un lado, desde los bienes materiales hacia los bienes relacionales (atenciones, cuidados, conocimientos, participación, nuevos espacios de libertad y espiritualidad, etc.). ¿Y si en ese ratito libre, en lugar de ir al centro comercial, damos un paseo y hablamos?

  • y por otro, desde la lógica económica depredadora actual hacia una lógica económica solidaria, donde se sitúen a las personas, sus necesidades, sus relaciones y su entorno en el centro de las actividades económicas, rechazando el objetivo del crecimiento por el crecimiento y superando la valoración exclusivamente monetaria de productos y  servicios. ¿Y si le devuelvo un favor a mi vecina en lugar de pagárselo?


La idea de Decrecimiento apunta a la producción y reproducción de valor y felicidad en las sociedades humanas (crecimiento relacional, convivencial y espiritual) reduciendo en ellas de una manera progresiva la utilización de materia y energía (decrecimiento físico).

Y es que decrecer implica una respuesta política, pero sobre todo, y ante todo, filosófica, que conlleve cambios profundos en el tejido cultural de nuestras sociedades.

Si has tomado veneno, debes deshacerte de las sustancias que te enferman. Permitámonos entonces aplicar un lavado de estómago a las doctrinas del crecimiento económico que nos han sido introducidas en alimentación forzada durante décadas
(Herman Daly)


Para nosotras el Decrecimiento implica un cambio de gafas, un cambio en la forma de mirar el mundo, de mirarnos nosotrxs en el mundo.  Más que construir una sociedad alternativa implica desaprender, desprenderse de un modo de vida equivocado, incompatible con el planeta y con el resto de culturas que lo habitan.
 
Ángela Hurtado Pedrosa y Elena Rubio de Miguel. Extracto de su libro 'Acercándonos al Decrecimiento'

1 comentario:

  1. Tanto el decrecimiento físico como el económico ha dejado de ser una opción elegida y controlada, para convertirse en un hecho trágico y caótico que no lleva de forma irrevocable a un colapso de nuestra sociedad a no ser que tomemos el control consciente de la situación.
    Esta crisis global no es otra cosa que el impacto de nuestro modelo económico contra los límites del crecimiento. Según la Agencia Internacional de la Energía el pico de producción del petróleo se produjo en 2006. Por tanto, no podemos seguir obteniendo energía de forma CRECIENTE y el crecimiento económico de la economía real global ya no resulta físicamente posible.
    Quizá sea hora de hablar de transición y de economía del estado estacionario. Eso nos daría la perspectiva suficiente para decidir el punto al que queremos llegar y eliminar buena parte de la incertidumbre que nos paraliza y confunde.

    ResponderEliminar