Dejemos de sostener al primer mundo

Ricardo Natalichio

Sin ser conscientes de ello, estamos sosteniendo un sistema que nos es totalmente perjudicial, no sólo económicamente, sino ambiental y socialmente.

Durante los últimos años, los países más industrializados que alguna vez decidieron autodenominarse primer mundo, se vienen tambaleando de crisis en crisis. Con gran parte de sus ecosistemas artificializados, amoldados y reducidos a su mínima expresión, y niveles de consumo exacerbados por donde se los mire, su balanza ambiental interna lleva décadas inclinada hacia el lado negativo.

Sin embargo, el “subdesarrollo” del tercer mundo ha servido de colchón amortiguador de ese comportamiento durante un largo período. Absorbiendo las emisiones con sus inmensas superficies boscosas aun en pie, soportando la contaminación de sus fábricas en ríos y lagos. Proveyendo de materias primas a costa del agua dulce y los nutrientes de sus ricos suelos a su industria. En fin, con las venas abiertas de innumerables formas.

Las crisis financieras han ido modificando el mapa para las trasnacionales y en los últimos años ha aumentado considerablemente el porcentaje de ganancias que obtienen de sus filiales en los países del hemisferio sur.

Bancos, telefónicas, celulares, laboratorios, e infinidad de rubros han reportado en el 2011 importantes alzas de sus ingresos provenientes de Latinoamérica, cuando se han disminuido de forma notable en sus propias regiones.

Sin ser conscientes de ello, estamos sosteniendo un sistema que nos es totalmente perjudicial, no sólo económicamente, sino ambiental y socialmente.

Millones de hectáreas de buena tierra sin producir alimentos, sino combustibles para el norte y piensos para su ganado, siendo erosionadas hasta la desertización y fumigadas hasta la esterilización y quitando el sustento a los campesinos de la región, son un claro ejemplo de este modelo fatídico.

Pero llega el tiempo en el que podemos hacer oír nuestra voz e intentar imponer un cambio de rumbo. Las multinacionales nos necesitan más que nunca y mucho más de lo que nosotros las necesitamos a ellas. Porque podemos vivir sin sus productos, pero ellas no sobrevivirían sin nuestros recursos naturales, nuestro dinero, nuestro consumo y nuestro consentimiento.

Las tres crisis, económica, ecológica y social por las que atraviesa la humanidad nos muestran que es un momento en la historia del hombre moderno, en el que un importante cambio es urgente, necesario y posible.

Se acerca el fin de la era de petróleo, de los combustibles fósiles y eso está obligando a una reformulación de toda la sociedad humana, que durante siglos ha basado en ellos el concepto de progreso. Una nueva concepción de todo lo conocido es imperiosa. Hay que definir nuevas pautas de convivencia entre los seres humanos y con la naturaleza, nuevos paradigmas de desarrollo.

Las leyes de la vida, de la naturaleza, las que han existido durante millones de años, comienzan a prevalecer sobre las ficticias e impuestas leyes del mercado. El agua es inmensamente más valiosa que el oro y cualquier otro metal, porque es necesaria para la existencia de la vida. Así como producir alimentos es más valioso para la humanidad, que combustibles.

¿Debemos volver a la Edad de Piedra? Hoy hay en el mundo más de 2.000 millones de personas intentando sobrevivir en condiciones mucho peores que las de esa época, en la que hubiesen podido alimentarse de la caza y de la pesca y beber agua de un río o de un lago, sin enfermar a causa de la contaminación generada por empresas que producen bienes o extraen materias primas, que ellos jamás llegarán a ver en sus vidas.

La cuestión no es volver o no a la edad de piedra, sino evitar la extinción de la vida como la conocemos, por mantener el estilo de vida del 10 ó 20% de la población mundial. La cuestión es iniciar ese cambio, empezando por nosotros mismos y siguiendo por el cambio del sistema en que vivimos.

Fuente: Editorial Ambiente y Sociedad N° 508

5 comentarios:

  1. Mientras las guerras y las armas sigan consumiendose el sistema seguirá, aunque sea hacia el abismo.

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  2. Yo no creo que la pregunta sea ¿Volveremos a la Edad de Piedra?, si no ¿ tiene la humanidad otra opción que no volver a la Edad de Piedra?.
    Toda esta "civilización" con sus increibles aparatitos -como este que me permite enviar este mensaje ahora- es totalmente dependiente de una energías cuya disponibilidad está empezando a flaquear.
    Cuando en un territorio falta comida para todos los animales que lo pueblan, éstos se pelean y nosotros no creo que lo hagamos precisamente a pedradas.
    Un saludo cordial
    j

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  3. Como UNSUI, tampoco creo que sea necesario retroceder a la Edad de Piedra: durante estos años, gracias a nuestra capacidad de crear, hemos avanzado mucho. Solo se necesita que los países que se llaman civilizados aprendan a vivir de otra forma y ayuden -también de otra forma- a los países a los que hemos expoliado. Eso no serán capaces de hacerlo ni los gobiernos ni los mercados, es tarea que nos corresponde a los ciudadanos organizados. Ahora tendremos mucho tiempo libre.

    Un saludo

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  4. La magnitud del expolio, de la mentira, de la hipocresía alcanza tales cotas que si no acabamos con el sistema el sistema acabará con nosotros.

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  5. Hola:

    Quizás en la Edad de Piedra no se estaba tan mal como nos cuentan.

    Creo que, como comentó Max Neef en alguna ocasión, todo esto tiene que ver con que la estupidez es un rasgo único de los seres humanos.

    saludos a todas, y gracias por comentar

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