Enric Duran: Autoorganicémonos

Enric Duran

Algunas ideas para pasar de la indignación a la consolidación de esta revuelta social.

Fruto de la indignación ante un sistema capitalista que está agotado, corrupto, roto.

Un poder ejecutivo que está controlado por la banca y los grandes poderes económicos.

Un poder legislativo, formado por élites políticas que no nos representan.

Un poder judicial igualmente corrupto, movido por intereses políticos y personales.

Unos derechos sociales desballestados totalmente, los derechos civiles vulnerados repetidamente por los propios dirigentes políticos.

Una crisis ecológica y energética cada vez más grave y devastadora

Ante todo esto y sobre todo en los últimos 3 años en los que oficialmente hemos estado en crisis, se ha ido cocinando a fuego lento la indignación popular, hasta ahora en momentos de agregación puntuales e inestables, en pequeños colectivos, en redes de amigos, en personas individuales que se sentían solas ...

¡Pero llega el 15-M, se genera una llama, se aviva y se extiende por todas partes!

Este es un movimiento que no tiene representantes ni demandas concretas, es un movimiento diverso que es muy difícil encasillar en un manifiesto de mínimos.

Es un movimiento rico que tiene mil y una ideas, infinitas propuestas.

Un movimiento ambicioso que no se conforma con poco, lo quiere todo!

Ahora somos miles de personas diariamente a Plaza Catalunya, y decenas y decenas de miles en infinidad de plazas de pueblos y ciudades de aquí en Catalunya, de España y del mundo.

Llevamos dos semanas y nos estamos organizando, y eso es lo más importante.

Si el viernes nos intentaron sacar de la plaza, si se llevaron todo el material con que nos organizaban, si el viernes intentaron reventar el trabajo de 11 días y noches, es porque conocen el potencial que tenemos y les damos miedo.

Ha habido más participación estas dos semanas en las calles que en 4 años de un periodo electoral! Ellos lo saben, saben que tenemos más legitimidad social y eso les descoloca.

Uno de los lemas más unitarios de estos días, es el "No nos representan" Son 3 palabras que protagonizan la factura profunda entre la antigua forma de hacer política y la nueva que está llegando estos días a su mayoría de edad.

Este "no nos representan" significa que no podemos ser sólo un movimiento de denuncia porque sabemos que los políticos no tienen ni capacidad ni voluntad para liderar el cambio radical que la sociedad necesita, y así nos lo han demostrado.
Es importante que nos sigamos movilizando e impidiendo que los de arriba ejecuten las nuevas acciones contra la gente que han planificado como los recortes sociales en la salud y la educación.

También es oportuno que señalamos las grandes carencias del sistema "democrático" actual. Todo esto nos ayuda a aglutinar esfuerzos, a sumar gente a ganar más y más legitimidad social.

Pero para poder transformar realmente, para no acabar agotándonos ante el muro de la inmobilidad política, es muy importante que seamos también un movimiento que extienda una nueva soberanía política, que llegue incluso, porque no, a iniciar un proceso constituyente. Para avanzar en este proceso necesitaremos una gran firmeza organizativa, una gran capacidad para dinamizar la participación de toda aquella parte de la población que se está sintiendo afín al marco de actuación que llevamos, y a nuestra manera de hacer. No es nada fácil, pero si no aprovechamos esta oportunidad, cuando lo haremos?

Es necesario que convirtamos esta autoorganización en acciones concretas, acciones que empoderen, acciones que enseñen que en esta nueva manera de hacer política, es el pueblo quien debe determinar de manera participativa y mediante todo el consenso que sea posible, cuáles son las decisiones que se toman y cómo se aplican.

El espacio de acumulación de fuerzas, las plazas deben ser también el punto de conexión con la movilización, el referente simbólico y motivacional, el punto de información para todas las generaciones, y sobre todo el espacio de práctica completa del modelo organizativo, donde aprendemos las maneras de funcionar que nos ayudarán a crecer.

Por ello, debemos mantener la presencia permanente en las plazas, al menos hasta que nuestra capacidad organizativa esté consolidada. Esta estrategia es fundamental.

Y también de forma prioritaria, necesitamos ejemplos concretos de cómo podemos decidir y aplicar estas decisiones, ejemplos de éxito que extiendan nuestra manera de hacer a toda la sociedad.

Ejemplos de cómo practicar una democracia real en todos los ámbitos que nos afectan, dejando de aceptar representantes y aplicación directa de nuestros propios posicionamientos y decisiones.

Estos son algunos ejemplos que podríamos llevar a la práctica:

* Si creemos que las hipotecas son injustas, y que a nadie se le tiene que poner en la calle por no poder pagar, podemos declarar el fin de los desahucios de viviendas y una moratoria en el pago de hipotecas. A partir de aquí deberíamos asegurar que se cumplan estas decisiones. Para ello podríamos avisar a aquellos bancos que desobedezcan la declaración popular, que haremos un llamamiento a todos a sacar sus ahorros de ese Banco.

* Si pensamos que los gobiernos vulneran nuestros derechos, podemos hacer cumplir los derechos sociales básicos. Por ejemplo en el caso de la premisa vivienda digna para todos podemos cumplirlo realizando un llamamiento a los propietarios que cedan pisos y casas; aplicando una autorreducción los alquileres (en la línea del punto anterior), y dedicando una carpa en las plazas liberadas a poner en contacto a personas que ofrecen y piden ofertas realmente justas de vivienda.

* Si no estamos de acuerdo en cómo se gestionan los impuestos de la ciudadanía, podemos hacer un boicot al pago de impuestos del antiguo estado y gestionar colectivamente los presupuestos de manera participativa desde las asambleas populares.

*Si vemos injustos los beneficios que obtienen las grandes empresas, podemos responder a cualquier despido en una empresa que tenga beneficios, con una ocupación indefinida de su sede, hasta que haya una readmisión.

En conclusión, si partimos de la premisa de que los políticos no nos representan, hemos de aprender a decidir nosotros mismos como pueblo autoorganitzado, sobre todo aquello que nos afecta. Es decir, debemos asumir las competencias del poder legislativo y del poder ejecutivo sobre nuestras vidas, sobre nuestro presente y sobre nuestro futuro.

Como personas individuales, como seres libres, tenemos en el consumo comprometido y en la desobediencia civil en todas las facetas de nuestra vida, dos herramientas fundamentales de acción política; como pueblo organizado de forma masiva tenemos la responsabilidad de hacer que el mundo en el que vivimos y en que actuamos, llegue a ser como nosotros queramos que sea, y el elemento clave de todo esto es construir una verdadera democracia directa y deliberativa, con un sistema de toma de decisiones a la altura de nuestros valores.

Nadie nos representa, nadie lo hará por nosotros. Tenemos el derecho a decidir. Y ahora que sabemos que somos muchísimos y que nos sabemos organizar, tenemos la responsabilidad de hacerlo.

Convirtamos la indignación en autoorganización política para asegurar el éxito de esta gran revuelta social.

Enric Duran, Barcelona, 30/05/2011

Eduardo Galeano y José Luis Sampedro sobre el 15-M


Insumisión, deconstrucción, decrecimiento

Abel Ortiz - Radio Klara

Llegó el momento. Ya no se puede hablar de preparaciones. Ahora los responsables de lo que ocurra seremos nosotros; vértigo. Pocas bromas. Ahora veremos que la misma mierda, puede ser, además, cristofascista. Ya no hay excusas, roto el mecanismo, desbancado el PSOE, estamos, cara a cara, frente a un futuro que, según el punk, no existía. Una vez fusilado Zapatero, Moriarty, culpable de todos los crímenes imaginables, desde todas las esquinas, ya solo nos quedan por delante Camps, Aguirre, Trillo, Mayor Oreja, Cascos, el pnv, ciu, el tribunal supremo, el constitucional, la cia Merkel, eta, tepco, los paraísos fiscales, Sarkozy, el mossad, las agencias de rating, el tea party, Berlusconi, la guardia civil, el fondo monetario, los bancos, la otan, el Vaticano, Murdock y las múltiples derivaciones de los Corleone. Faena tenemos.

Conviene, me parece a mi, peatón de plazas, soplar fuerte. Volcarse, animar (dar alma).

Estar. Y no perder de vista lo innegable en el patio de casa, casi nueve millones de personas que respaldan la corrupción y que tienen de demócratas lo mismo que tiene Sol de campamento de los marines. Las asambleas, en las grandes ciudades, echan humo. La revolución está de parto. Miran, desde las nuevas alturas, donde vuelan las gaviotas, con el mismo desdén y desprecio que utilizaban los militares franquistas, y ministros socialistas, con objetores primero, e insumisos después.

El ejército de reemplazo es hoy, afortunadamente, una foto sepia y la mili una leyenda. La insumisión trazó una estrategia que consiguió mover instituciones de granito y funcionó como gimnasia revolucionaria. Las guerras continúan, el pacifismo es más importante que nunca o tanto como siempre. Es la clave. Las estafas pagan guerras, que pagan armas, que pagan drogas, que pagan suites, que pagan corruptos, que pagan bancos, que pagan los ciudadanos.

La insumisión, como postura ética, es difícilmente atacable; en principio nadie se ve a sí mismo como sumiso (creo, salvo que estemos hablando de lo único). La insumisión es integradora, la objeción es un paso, hay gradación, hay sitio para todos.

La deconstrucción consiste en la oportunísima idea de desmontar las piezas que forman algo, por ejemplo la democracia Gürtel y Borbón, y construir con eso algo diferente.

Por alguna razón la idea de Derrida, la deconstrucción, me parece, puede ser que sin mucho fundamento, emparentada a la noción de decrecimiento presente en el pensamiento de los acampados en Sol, vía, entre otros, José Luís Sampedro o Carlos Taibo. Insumisión, deconstrucción, decrecimiento. No obedecer, desmontarles el chiringuito, construir algo entre todos, y dejar de cavar el agujero. No sugiero, interpreto, traduzco, probablemente mal. O no.

Me parece a mí, sentado en la fuente de la plaza de mi pueblo con Juan de Mairena, que hay cosas importantes y cosas urgentes. El aquí y ahora no es un slogan, es una necesidad. Aquí y ahora, muchas personas están al límite de sus fuerzas. No pueden esperar a procesos históricos. Se ahogan en las pateras, se amontonan en los cies, en las cárceles, en los barrios más desestructurados, en los pisos más mugrientos o sobreviven en la puta calle. Eso son problemas graves y urgentes. Miles de puticlubs explotan mujeres, miles de hombres maltratan mujeres, miles de hombres y mujeres maltratan niños, miles de hombres se suicidan. Aquí y ahora.

El viejo chiste polaco decía que el capitalismo era la explotación del hombre por el hombre y el comunismo lo contrario. Romper ese círculo, si hacen como que nos pagan haremos como que trabajamos, filosofía checa, es decisivo. Que no nos vendan valores y nos quiten bienes. Que no nos vendan la austeridad, un valor más o menos definible, y nos quiten las bibliotecas y las piscinas públicas, bienes legibles y nadables. Que no nos cambien patriotismo, un valor que sirve lo mismo a Fidel que a Aznar, por días de vacaciones, un bien escaso. Que no nos tanguen, son expertos.

Queremos cambiar el mundo. El fracaso está asegurado. Por eso somos personas corrientes, de las calles, de las plazas, porque fracasamos y, aún así, seguimos intentándolo. De los fracasos de nuestros padres y abuelos estamos hechos. Fracasos que les permitieron, a ellos y a nosotros, mantener la dignidad. No cruzaremos una línea de llegada al paraíso, no habrá arco iris y clarines que inauguren una nueva era en la que todos seamos justos y benéficos. Pero nos acercaremos lo que podamos. Y así vamos tirando desde Espartaco. Y antes.

15-M: La Toma de las Plazas Públicas

Paco Puche - Rebelión

Si el símbolo de otras revoluciones fueron “las barricadas”, el de ésta que estamos protagonizando está siendo la toma pacífica y ordenada de las plazas públicas y sus calles adyacentes.

Es más, se dice, en esa desbordada creatividad social que rezuma por todas partes, que inmediatamente después de esa “toma” se está produciendo su recreación: de pronto las plaza públicas dejan de ser esas los lugares de asiento y pago y de exhibición del poder (de los que se estaban desalojando a niños y ancianos, a parados y jubilados, a paseantes y vagabundos), para retomar su uso público, colectivo e indiscriminado para lo que estaban destinadas.

La plaza en los pueblos y ciudades representa el espacio del común por excelencia: el lugar de lo político y por tanto de la democracia, del gobierno del pueblo, de todos, como el término no puede dejar de significar. Tener que añadir “real” no es sino un secuestro de un término más (como libertad, o sostenibilidad, por ejemplo) por parte de los poderes políticos y económicos que rechazamos y que nos vemos obligados a matizar. Democracia sin más. Ese nombre implica ya lo de participativa, directa y auténtica. Lo otro es oligocracia, plutocracia, partitocracia o mercadocracia, en el que “demo” está ausente.

Si el capitalismo ha sido posible (y lo sigue siendo) por la desposesión de los bienes comunes, la democracia será posible por el rescate y autogestión de los mismos. El primer bien común es el espacio público de reflexión y encuentro: la calle y la plaza. Por eso esta revolución de primavera viene acompañada de aire fresco, de aire libre. Se ventila en la intemperie. La calle ha dejado de ser de Fraga (¿recuerdan a Fraga Iribarne cuando decía “la calle es mía”, investido de Ministro de Interior?) y es del pueblo. Se oyó decir en una de estas plazas unos de estos días: “la Junta Electoral Central ha decidido que no podemos acampar en las plazas el día de reflexión, el pueblo ha decidido que la Junta Electoral Central no nos representa”. Acto de soberanía por excelencia, de poder constituyente que se proclama solemnemente en los lugares públicos.

Se ha dicho también que no es que no queramos representación (alguna habrá de haber), pero que nos represente. No hay que añadir más, o sea que se trata de ese “mandar obedeciendo” como proclaman los zapatistas. Y queremos mucha democracia directa, desde la empresa al ayuntamiento, desde las asociaciones al Parlamento; en todo grupo humano que tenga que solventar asuntos en común, que son casi todos. Como se empieza a perfilar en las propuestas que surgen de las plazas públicas de todo el país desde el 15 M

Si esto es así, mantener las plazas y las calles para la gente –no para los coches, ni los negocios, ni los desfiles militares- será la señal inequívoca de que la revolución recién estrenada marcha por buen camino.

Saludos fraternales.

En la plaza nos vemos

Sevilla en Transición

[RDS] Sevilla en Transición from Red Decrecimiento Sevilla on Vimeo.


1. Somos cada vez más ciudadan@s, colectivos y redes comunitarias diversas de Sevilla y áreas metropolitanas, al igual que ocurre en otras ciudades y pueblos del mundo, quienes estamos tomando conciencia de que la crisis a la que nos enfrentamos no es sólo económica y financiera, sino que es una crisis sistémica y global, donde convergen también otras crisis como la energética, climática, ecológica, social, política y cultural.

2. Vivimos una crisis de los cuidados sobre las personas y la naturaleza que no tiene solución dentro del propio sistema que la creó. Constatamos que el crecimiento económico continuo promovido por las instituciones financieras, económicas y políticas ha superado todos los límites razonables y nos conduce al colapso social y ecológico, amenazando la superviviencia misma de la especie humana durante el presente siglo.

3. Décadas de crecimiento económico de un sistema productivista y consumista a la conquista del mundo no se han traducido ni en mayores índices de bienestar ni de felicidad, sino al contrario, en un aumento de las desigualdades sociales y un colosal impacto sobre la naturaleza sin precedentes históricos.

4. Comprobamos que este crecimiento económico infinito en un mundo finito es un imposible, pero además es también indeseable, pues se basa en la explotación humana y de la naturaleza. Somos conscientes de que se acabó “la fiesta” de la “energía barata” y de que pretender mantener la sociedad de consumo y la globalización nos conduce a un callejón sin salida. Nuestra apuesta es realizar una transición individual y colectiva para reducir la dependencia de los combustibles fósiles.

5. Por todo ello, consideramos que hay que salir de la lógica del trabajar más para producir más, ganar más y consumir más, en un contexto social individualista y competitivo, lo cual es un absurdo alienante que, además de insostenible, genera frustración y exclusión social.

6. Nosotr@s apostamos por redistribuir el trabajo para trabjar tod@s, para producir lo necesario y para cuidar más y disfrutar más, en un contexto social donde prime la confianza, el apoyo mutuo y la solidaridad.

7. Ponemos en valor el papel de los cuidados por su contribución al sustento de la vida, de la salud de las comunidades humanas y de los ecosistemas, generalmente asumidos por las mujeres y, como ecofeministas, sentimos la necesidad de hacer realidad alternativas viables al modelo desarrollista y patriarcal.

8. Partimos del cambio personal, de nuestra forma de pensar y actuar, y apostamos por la participación en la comunidad local, para promover nuevos modos de vida, organización social, política y económica que nos ayuden a realizar la transición hacia una Sevilla más inclusiva, participativa, justa y ecológica.

9. Participamos de un cambio de actitud y valores entre la ciudadanía: para pasar de la competencia a la cooperación, del egoísmo al altruismo, de las relaciones materiales a las sociales, del consumismo al ocio creativo, del individualismo al apoyo mutuo y los cuidados, y donde lo cercano, lo local, prime sobre lo globalizado.

10. Proponemos situar la VIDA en el centro y devolver a la economía su sentido de reciprocidad y redistribución para pasar del consumo por el consumo y el empleo alienante a una ciudadanía responsable que teje comunidades convivenciales, autónomas y que optimiza sus recursos.

11. Nos sumergimos en la Revolución de lo cotidiano. Transformar supone un esfuerzo, pero no estamos sol@s, ya existen en nuestra ciudad muchas iniciativas culturales, sociales y económicas comprometidas con este cambio radical de valores y formas de participar.

12. Actuamos de forma comunitaria para relocalizar la economía y los centros de decisión, generando poder en la comunidad, para ser el cambio que queremos ver en el mundo.

¡Somos Sevilla en Transición!

Un movimiento espejo


1. No están entendiendo nada. La clase política, y quienes la apoyan, siguen leyendo con anteojeras los signos del movimiento. Continúan aplicando los mismos criterios de análisis y valoración utilizados para antiguos movimientos sociales. Miran desde las alturas a estos "chavales" y les piden "concreción en sus propuestas", ellos, que han hecho de las propuestas vacías sus señas de identidad; que han usado y abusado de la retórica publicitaria banal e inmoral para envolver sus mensajes. ¿Qué tiene de concreto "El gobierno de tu calle" o "Centrados en ti"?

2. Este es un movimiento de nuevo cuño que conecta con demandas
sociales soterradas, a las cuales les permite expresarse. Su rol no es
conducir nada, pues no es una “vanguardia”, sino permitir que emerja
lo reprimido, lo ausente, lo divergente. Que aparezca a la luz
democrática aquello que ha ocultado y silenciado la razón hegemónica.
No puede concretarse, no debe concretarse más, porque no es un sujeto
de cambio en sí mismo sino un actor cuyo papel es la creación de las
condiciones de posibilidad del cambio deseado. Las etiquetas que
desesperadamente quieren ponerle sólo son intentos de control de algo
en constante transformación.

3. Su función es la de catalizador social, es decir, la de estimular
la emergencia de las acciones de los que nos reconocemos como diversos
y distintos dentro de un proyecto no único sino común. Un referente
implícito para este movimiento es el neozapatista que se autoconcibe
como un grupo "que plantea una serie de demandas que encuentran
coincidencia, reflejos o espejos en las demandas de otras partes del
mundo". Ambos son "movimientos espejo" pues reflejan y devuelven la
imagen de lo que bulle en las entrañas de la vida social capturando
las energías de cambio que sale de ella.

4. La agitación sociopolítica y cultural que pueden estimular estos
gestos de desobediencia civil debería generar la apertura y liberación
de nuevos espacios de creatividad colectiva para que otros sujetos se
expresen en toda la capilaridad social. Es decir, más allá del centro
físico y simbólico (la Puerta del Sol y otras plazas) en el que se
encuentra ahora el movimiento. La convocatoria a asambleas de barrio
va en esa dirección, pero también se deben extender a los centros de
trabajo y estudio.

5. Este no es un movimiento "antisistema", ya les gustaría que lo
fuera a los que mandan, para exorcizarlo y reprimirlo. En la
actualidad, no es posible nada fuera del sistema globalizado. Estamos
dentro del sistema-mundo. Por este motivo, se trata más bien de
“implosiones” en los intersticios del centro, en sus grietas, que
descolocan al sistema. “No somos antisistema: el sistema es
antinosotros”. Aquí está la gran radicalidad del movimiento. No es
casual que se hayan ocupado los centros de las ciudades para expresar
la desobediencia. Frente a esta realidad el poder vacila entre la
comprensión, la asimilación y el disparo de pelotas de goma.

6. Su trabajo, inédito, está siendo enorme e imprescindible pero la
tarea de los cambios concretos no debe recaer sobre este movimiento en
general ni sobre los acampados en las plazas en particular. Quienes
deberán diseñar proyectos y llevarlos a cabo son los individuos y
colectivos en todas los ámbitos sociales, en sus prácticas del día a
día, animados por la apertura mental, cultural y política que ha
favorecido la acción de los insubordinados. El movimiento ha comenzado
a dibujar un camino, quienes debemos transitarlo somos nosotros.

7. Pero no todo es nuevo: afortunadamente en el tejido social español
ya existían muchos colectivos que desarrollaban una práctica
coincidente con las críticas y propuestas del movimiento 15-M. Los
centros sociales, el movimiento ecologista, los colectivos
decrecentistas, feministas, de consumo etc., las cooperativas
integrales, las redes de economía solidaria y muchos otros tienen una
rica experiencia de trabajo sobre sus espaldas. Es evidente que ahora
pueden verse favorecidos por el impulso utópico que ha generado el
movimiento a la vez que pueden aportar su propia historia de lucha.
Esto implica ahora abrir los espacios de diálogo entre las distintas
experiencias y los nuevos sujetos incorporados.

8. En Decrece Madrid nos alegrarnos por lo que está sucediendo y
estamos participando con ilusión en esta nueva etapa social, aportando
nuestra mirada crítica y nuestras propuestas a los cambios en marcha.
Queremos aprovechar la energía social activada para poner en
circulación, en espacios cada vez más amplios, nuestra crítica al
productivismo y al imaginario perverso del crecimiento económico
infinito.

20/mayo/2011

Palabras del 15 de mayo

Carlos Taibo

He intentado reconstruir aquí, sobre la base de mis apuntes, lo que dije en la Puerta del Sol madrileña el domingo 15, al final de la multitudinaria manifestación que convocó la plataforma Democracia Real Ya. Tiempo habrá para valorar --a mí me cuesta trabajo-- qué es lo que está ocurriendo estos días. Me contento ahora con llamar la atención sobre una discreta experiencia personal que algo nos dice --creo-- de la zozobra con la que los medios de incomunicación del sistema han asumido la revuelta de tantos jóvenes.

En los jornadas sucesivas al día 15 recibí un buen puñado de llamadas de esos medios de incomunicación. Algunas procedían, por cierto, de emisoras de radio y de periódicos que de manera altiva y descortés me habían puesto en la calle en su momento. Me pareció evidente que los profesionales correspondientes andaban desesperados buscando alguna cara que ponerle al movimiento que, fundamentalmente articulado por jóvenes, empezaba a tomar la calle. En todos los casos –ya tendré tiempo de cambiar, si procede, de conducta-- me negué a hacer declaración alguna y en todos sugerí que entrevistasen a los organizadores de las manifestaciones y, más aún, a los propios manifestantes. En una de esas conversaciones mi interlocutor insistió en su demanda y me preguntó expresamente si no habría algún otro profesor universitario que pudiera poner su cara. Al parecer, y a los ojos de algunos, para explicar lo que está sucediendo es inevitable echar mano de las sesudas explicaciones que proporcionamos los profesores de universidad, como si la gente de a pie no supiera expresarse con claridad y contundencia. Menos mal que hay algún profesional que se salva. Ayer, y de nuevo en la Puerta del Sol, un periodista me dijo que los jóvenes a los que había entrevistado hablaban mucho mejor que Tomás Gómez y --me da el pálpito-- que la propia señora De Cospedal.

Antes de colocar mi texto, me permito agregar una última observación: no sólo debemos estar sobre aviso ante lo que hacen los medios --para cuándo una activa campaña de denuncia de lo que supone esa genuina plaga contemporánea que son los tertulianos--. También debemos guardar las distancias con respecto a lo que dicen y se aprestan a hacer muchas gentes de la izquierda de siempre que, bien intencionadas, se proponen encauzar unos movimientos que en último término no comprenden y miran con desdén. Ahí van, en cualquier caso, mis palabras del día 15.

"Quienes estamos aquí somos, a buen seguro, personas muy distintas. Llevamos en la cabeza proyectos e ideales diferentes. Han conseguido, sin embargo, que nos pongamos de acuerdo en un puñado de ideas básicas. Las intento resumir de manera muy rápida.

Primera. Lo llaman democracia y no lo es. Las principales instituciones y, con ellas, los principales partidos han conseguido demostrar su capacidad para funcionar al margen del ruido molesto que emite la población. Los dos partidos más importantes, en singular, escenifican desde tiempo atrás una confrontación aparentemente severa que esconde una fundamental comunidad de ideas. Uno y otro mantienen en sus filas, por cierto, a personas de más que dudosa moralidad. No es difícil adivinar lo que hay por detrás: en los hechos son formidables corporaciones económico-financieras las que dictan la mayoría de las reglas del juego.

Segunda. Somos víctimas con frecuencia de grandes cifras que se nos imponen. Em mayo de 2010, por proponer un ejemplo, la Unión Europea exigió del Gobierno español que redujese en 15.000 millones de euros el gasto público. Nadie sabe a ciencia cierta qué son 15.000 millones de euros.

Para comprenderlo no está de más que asumamos una rápida comparación con otras cifras. Unos años atrás ese Gobierno español que acabo de mencionar destinó en inicio 9.000 millones de euros al saneamiento de una única caja de ahorros, la de Castilla-La Mancha, que se hallaba al borde de la quiebra; estoy hablando de una cifra que se acercaba a las dos terceras partes de la de la exigida en recortes por la Unión Europea. Durante dos años fiscales consecutivos, ese mismo Gobierno obsequió con 400 euros a todos los que hacemos una declaración de la renta. A todos, dicho sea de paso, por igual: lo mismo recibió el señor Botín que el ciudadano más pobre. Según una estimación, ese regalo se llevó, en cada uno de esos años, 10.000 millones de euros. Estoy hablando del mismo Gobierno, que se autotitula socialista, que no dudó en suprimir un impuesto, el del patrimonio, que por lógica grava ante todo a los ricos, reduciendo sensiblemente la recaudación, mientras incrementaba en cambio otro, el IVA, que castiga a los pobres. El mismo Gobierno, en fin, que apenas hace nada para luchar contra el fraude fiscal y que mantiene la legislación más laxa de la Unión Europea en lo que hace a evasión de capitales y paraísos fiscales.

Tercera. Si hay un dios que adoran políticos, economistas y muchos sindicalistas, ese dios es el de la competitividad. Cualquier persona con dos dedos de cabeza sabe, sin embargo, en qué se han traducido, para la mayoría de quienes están aquí, las formidables ganancias obtenidas en los últimos años en materia de competividad: salarios cada vez más bajos, jornadas laborales cada vez más prolongadas, derechos sociales que retroceden, precariedad por todas partes.

No es difícil identificar a las víctimas de tanta miseria. La primera la aportan los jóvenes, que engrosan masivamente nuestro ejército de reserva de desempleados. Si no hubiera muchas tragedias por detrás, tendría su gracia glosar esa deriva terminológica que hace media docena de años nos invitaba a hablar de mileuristas para retratar una delicada situación, hoy nos invita a hacerlo de quinientoseuristas y pasado mañana, las cosas como van, nos obligará a referirnos a los trescientoseuristas. La segunda víctima son las mujeres, de siempre peor pagadas y condenadas a ocupar los escalones inferiores de la pirámide productiva, a más de verse obligadas a cargar con el grueso del trabajo doméstico. Una tercera víctima son los olvidados de siempre, los ancianos, ignorados en particular por esos dos maravillosos sindicatos, Comisiones y UGT, siempre dispuestos a firmar lo infirmable. No quiero olvidar, en cuarto y último lugar, a nuestros amigos inmigrantes, convertidos, según las coyunturas, en mercancía de quita y pon. Estoy hablando, al fin y al cabo, de una escueta minoría de la población: jóvenes, mujeres, ancianos e inmigrantes.

Cuarta. No quiero dejar en el olvido los derechos de las generaciones venideras y, con ellos, los de las demás especies que nos acompañan en el planeta Tierra. Lo digo porque en este país en el que estamos hace mucho tiempo que confundimos crecimiento y consumo, por un lado, con felicidad y bienestar, por el otro. Hablo del mismo país que ha permitido orgulloso que su huella ecológica se acrecentase espectacularmente, con efecto principal en la ruptura de precarios equilibrios medioambientales. Ahí están, para testimoniarlo, la idolatría del automóvil y de su cultura, esos maravillosos trenes de alta velocidad que permiten que los ricos se muevan con rapidez mientras se deterioran las posibilidades al alcance de las clases populares, los castigos, acaso irreversibles, que han padecido nuestras costas o, para dejarlo ahí, la dramática desaparición de la vida rural. Nada retrata mejor dónde estamos que el hecho de que España se encuentre en el furgón de cola de la Unión Europea en lo hace a la lucha contra el cambio climático, con un Gobierno que alienta la impresentable compra de cuotas de contaminación en países pobres que no están en condiciones de agotar las suyas.

Quinta. Entre las reivindicaciones que plantea la plataforma que promueve estas manifestaciones y concentraciones hay una expresa relativa a la urgencia de reducir el gasto militar. Me parece tanto más pertinente cuanto que en los últimos años hemos tenido la oportunidad de comprobar cómo nuestros diferentes gobernantes rebajaban de manera muy sensible la ayuda al desarrollo. Nunca lo subrayaremos de manera suficiente: el momento más tétrico de nuestra crisis dibuja un escenario claramente preferible al momento más airoso de la situación de la mayoría de los países del Sur.

Vuelvo, con todo, a lo del gasto militar. Este último, visiblemente ocultado tras numerosas partidas, responde a dos grandes objetivos. El primero no es otro que mantener a España en el núcleo de los países poderosos, con los deberes consiguientes en materia de apoyo a esas genuinas guerras de rapiña global que lideran los Estados Unidos. El segundo se vincula con el designio de preservar un apoyo franco a lo que hacen tantas empresas españolas en el exterior. ¿Alguien ha tenido noticia de que algún portavoz del Partido Socialista o del Partido Popular se haya atrevido a criticar, siquiera sólo sea livianamente, las violaciones de derechos humanos básicos de las que son responsables empresas españolas en Colombia como en Ecuador, en Perú como en Bolivia, en Argentina como en Brasil?

Acabo. Me gustaría en estas horas tener un recuerdo para alguien que nos ha dejado en Madrid el martes pasado. Hablo de Ramón Fernández Durán, que iluminó nuestro conocimiento en lo que respecta a las miserias del capitalismo global y nos puso sobre aviso ante lo que nos espera de la mano de esa genuina edad de las tinieblas en la que, si no lo remediamos, nos adentramos a marchas forzadas. No se me ocurre mejor manera de hacerlo que la que me invita a rescatar una frase que ha repetido muchas veces mi amigo José Luis Sampedro, de quien escucharemos, por cierto, un saludo dentro de unos minutos., La frase en cuestión, que creo refleja bien a a las claras nuestra intención de esta tarde, la pronunció Martin Luther King, el muñidor principal del movimiento de derechos civiles en los Estados Unidos de cincuenta años atrás. Dice así: 'Cuando reflexionemos sobre nuestro siglo, lo que nos parecerá más grave no serán las fechorías de los malvados, sino el escandaloso silencio de las buenas personas'. Muchas gracias por haberme escuchado".

El parlamentarismo como sistema de dominación


“Es muy de deplorar la escasez de crítica y denuncia políticas del vigente sistema, como un todo y de sus componentes fundamentales: la Constitución, le parlamento, el aparato partitocrático, el sistema judicial, los estatutos de autonomía, el régimen municipal o las elecciones ‘libres’, por no hablar de los integrantes decisivos del Estado, el ejército, las policías, los altos cuerpos de funcionarios, la pedantocracia atrincherada en la universidad, la estetocracia subsidiada, los organismos estatales que dirigen la vida económica y la UE como suma de Estados, sin olvidar los movimientos de corte socialdemócrata y reformador (perfeccionador) de lo existente incorporados de hecho al ente estatal, entre los que se pueden citar a los grupos ecologistas, sindicatos amarillos, colectivos feministas, agricultura ecológica, ONGs y otros.

El ninguneo casi sistemático de la lucha política en beneficio de cuestiones de menor interés, a menudo cominerías e insignificancias de dudosa radicalidad, origina, por un lado, una tendencia a conciliar y transigir con el actual régimen de dictadura política. Por otro, expresa el gusto por la marginalidad de una buena parte del mundo tenido por ‘radical’, que más que lucha contra el orden constituido lo que se propone es la huida de lo real, en pos de un espacio de existencia en el que vivir y disfrutar, tranquila y descansadamente, al modo epicúreo, sustituyendo el combate por el juego paródico con la frivolidad como criterio rector.”

(...)

“La locución ‘democracia parlamentaria’ tiene una contradicción interna que la anula como formulación con lógica y sentido. En efecto, si quien gobierna es el parlamento [En puridad, quien supuestamente ostenta el poder ejecutivo no es el parlamento, sino el gobierno] no lo hace el pueblo, de manera que no puede haber un régimen que sea al mismo tiempo democrático y parlamentario: o lo uno o lo otro. Si se replica que el parlamento está constituido por los representantes del pueblo, a la vista está que nada cambia, pues si toman decisiones sobre la vida en sociedad, si gobiernan los pretendidos representantes populares no lo hace el pueblo, de manera que dicho orden no es democrático.”

(...)

“Sólo cuando el pueblo, todo él, se gobierna por sí mismo es apropiado hablar de democracia.”

Extracto del libro ‘Seis estudios’ escrito por Félix Rodrigo Mora

Nunca terminamos de decir o escribir las frases. No matizamos

Julio García Camarero (Autor del libro “El decrecimiento feliz y el desarrollo humano”)


Nunca matizamos nuestras expresiones y por ello, por desgracia, con demasiada frecuencia lo que solemos decir o escribir resultan ser expresiones demasiado ambiguas. Con extremada frecuencia, no matizamos los conceptos y los dejamos cojos.

Hoy esta de moda criticar a los adjetivos, se les considera elementos gramaticales anticuados y que su uso nos origina una escritura pobre de recursos. Pero lo que es verdaderamente pobre es escribir expresiones incompletas, y ello por el hábito muy extendido de tender a no usar adjetivos o los complementos gramaticales. Parece ser que al Pensamiento Único le interesa la uniformación y la in-diferenciación que resulta del no uso de los adjetivos. Estos elementos son como los colores de matización en la pintura; sólo con ellos podemos ver el panorama en su justa profundidad. Linneo, en su nomenclatura binomial, comprendió que para diferenciar bien los conceptos y las especies vegetales, era necesario al menos el binomio de “genero” y “especie” (algo así como un “nombre” seguido de un “apellido” o calificativo) para que no apareciera la confusión en el mundo de la Botánica.

Podríamos poner infinidad de ejemplos de frases incompletas, que con frecuencia usan o usamos, aunque, como muestra, sólo nos referiremos a algunos de ellos:

Decimos: “El desarrollo es un horror”, es el origen de los peores males. Incluso autores tan respetables como el mismísimo Serge Latuche, escribe libros como “Sobrevivir al desarrollo”(1). Y en este momento deberíamos de preguntarnos: de que desarrollo nos habla Latuche. Porque hay desarrollos que son favorables para la humanidad y hay desarrollos que son exactamente suicidas. Aunque, más que el desarrollo, lo que es verdaderamente suicida es el desarrollismo economicista, muy emparentado con el “crecimiento económico”, con el “crecimiento energético, el “crecimiento productivista”, el “crecimiento consumista”, etc, términos que también tienen algo de “suicida”. Así, que tampoco basta con decir “crecimiento”. Como acabamos de indicar, habrá que posponer a la palabra crecimiento el adecuado y necesario apellido calificatorio. Puesto que, además, existen otros crecimientos que si son positivos como el “crecimiento del amor”(2), al que se refiere Erich Fromm, etc.

Y también existen desarrollos que no solo no son suicidas, sino que son esencialmente vitales, tal es, por caso, el “desarrollo humano”.Y es que tendemos a dejar la expresión incompleta y por eso nos viene con demasiada frecuencia la profunda confusión. Decimos “desarrollo” donde deberíamos decir “desarrollismo”; es lo que le pasó a Latuche con su magnifico libro, que debería haber titulado “Sobrevivir al desarrollismo”(3). Nos equivocamos también cuando decimos sólo “desarrollo”, al querer decir “desarrollo humano”.

Decimos: “El crecimiento es bueno para la economía”, aquí si que hay un cierto complemento (la economía) pero, pese a todo, nos quedamos sin complementar la frase, pues deberíamos decir “el crecimiento es bueno para la economía de una minúscula oligarquía”; pero para la mayoría de la población (al menos en el primer mundo) el crecimiento es algo horrendo pues ocasiona: un mayor desempleo, una mayor contaminación de suelos, aguas y atmósfera, un mayor agotamiento de recursos naturales, un mayor consumismo alienante, una disminución de la biodiversidad, etc.

Decimos: “La democracia es buena”, pero deberíamos de añadir el calificativo de “participativa” para que de verdad sea buena la democracia. Porque la “democracia burguesa-capitalista-representativa”, que sólo representa a los intereses de la oligarquía de las grandes corporaciones económicas y militares, una democracia que se compra y que se vende y que sólo está en función de las grandes corporaciones y de los mercados. “no es buena para la inmensa mayoría de la población”. Luego, deberíamos de añadir el calificativo matizante y clarificante de “burguesa-capitalista-representativa”, para ver con claridad que la democracia asesina también existe. Por el contrario una “democracia participativa” es necesaria para resolver los problemas cotidianos de la sociedad humana, y como tal “es buena para la inmensa mayoría de la población”.

Decimos: “El decrecimiento es bueno”, también es una expresión ambigua e incompleta. Para que fuera clara y completa deberíamos complementarla con el calificativo de “feliz”, pues es este el único decrecimiento que favorece a la inmensa mayoría de la población, ya que existen otros decrecimientos a los que debemos colocar el correspondiente calificativo matizador y clarificador.

Así podemos distinguir al menos cuatro tipos de “decrecimiento”:

“Decrecimiento feliz”, el de un desarrollo humano, sostenible y equitativo.
“Decrecimiento infeliz”, el de un desarrollo inhumano, insostenible y no equitativo (el de los recortes sociales, aumento de la edad de jubilación, aumento del desempleo, etc.).
“Decrecimiento caótico”, el de la llegada a un caos económico y social (como los casos de Irlanda o Grecia).
“Decrecimiento apocalíptico”, como el que esta sucediendo en el caso del desastre nuclear de Japón.

Así pues, vemos que el dejar incompletas las frases, las expresiones (algo que hacemos con demasiada frecuencia), sin adjetivos, sin complementos, es lo mismo que decir verdades a medias, o más aún, lo mismo (en muchas ocasiones) que decir mentiras asesinas o suicidas.
Esto es, decir “desarrollo” en lugar de “desarrollo humano”; decir desarrollo a secas en lugar de decir “desarrollismo”, es casi lo mismo que decir sólo “desa”, algo a todas luces incompleto. O sea, casi no decir nada, y dar pie a las interpretaciones de lo más variado y peregrinas. Es decir, dar pie a un babel caótico.

En memoria de Ramón Fernández Durán


En Memoria de Ramón Fernández Durán, recordamos uno de los primeros escritos en castellano sobre la temática de 'el decrecimiento':

"Pero para ello, también, es preciso empezar a poner en cuestión el propio concepto de crecimiento económico, el verdadero tótem de Occidente. El Dios sobre el que nadie puede polemizar, al que no se puede criticar, y que se impone desde hace décadas (y aún siglos) desde Occidente al mundo entero. Eso sí que es fanatismo y ausencia real de libertad de expresión, aunque haya sido interiorizado ya por gran parte de la humanidad.

¿Y si la manera de ir transitando hacia un mundo más justo y sustentable fuera a partir del decrecimiento, una vez que se comprueba que el crecimiento continuo es inviable, antiecológico y que está generando un mundo crecientemente injusto e ingobernable?. Este debate se está abriendo poco a poco camino en todo el mundo, pero con mucho esfuerzo. Francia es un buen ejemplo de ello. El encuentro que se hizo hace ahora casi cuatro años en París: “Deshacer el desarrollo, para rehacer el mundo” (www.apres-developpement.org), así como la Red de Objetores del Crecimiento para el Postdesarrollo, y otras iniciativas en el mismo sentido, están impulsando poco a poco un debate absolutamente necesario.

Este debate hasta ahora ha estado prácticamente ausente en la izquierda institucional y no institucional, y también en gran medida en los Foros Sociales Mundiales, aunque sí se está dando de una u otra forma en ciertas redes del llamado movimiento antiglobalización (AGP, Vía Campesina, organizaciones zapatistas e indígenas, etc). En el Foro Social Europeo la presencia de esta discusión ha sido muy marginal, y hasta fue vetada su inclusión en los plenarios del FSE en París (2003), por algunas de las principales organizaciones impulsoras del mismo. Pero el debate (todavía incipiente) ya está en la calle en la propia Francia, y se ha abierto definitivamente espacio en el clima de movilización y reflexión crítica ciudadana de los últimos tiempos; como no podía ser quizás de otro modo ante los límites cada día más patentes del crecimiento o desarrollo (y sus consecuencias sociales y ecológicas). El crecimiento (o desarrollo) no es otra cosa que la necesidad de despliegue y acumulación constante del capitalismo global."

Ramón Fernández Durán. Construyendo Europa 'manu militari'. febrero 2006.

Gracias.


Global pic-nic 4 degrowth


Picnic global por el decrecimiento

El cambio siempre comienza con una agradable charla en torno a una buena cena!
:).

El domingo 5 de junio, le invitamos a reunirse con amigos, parientes y vecinos para hacer un picnic en un parque maravilloso, o incluso en la calle. La edición 2010 se organizó en 70 ciudades, en más de 20 países.

La edición de este año es organizada en solidaridad con las personas que se encontraban en el centro de la enorme crisis que ocurrió en Fukushima. Mientras que los medios de comunicación poco a poco van en busca de noticias frescas ... ¡NOSOTROS NO OLVIDAMOS!

La respuesta de los movimientos de decrecimiento en muchos lugares de todo el mundo es, en primer lugar, consumir menos energía y, a continuación, elegir la energía limpia. Este es el mensaje que queremos transmitir este año en el pic-nic. ¡Esperamos que te unas a nosotros!.

¿Cómo crear un picnic en su ciudad?

Verifique en el mapa de la página
Picnic 4 degrowth!. Si no hay picnic en la ciudad donde vive, por favor, cree uno con el botón de debajo del mapa y conviértase en el coordinador (la persona que empuja para que suceda sobre el terreno y no sólo en Internet:). Si ya hay uno, simplemente únase y póngase en contacto con el coordinador.

Concepto

Todo el mundo trae un plato para compartir con sus vecinos, un plato, tenedor y ¡disfrutar! Conocer a nuestros vecinos es el primer paso por el decrecimiento a nivel local.

¿Cuándo?

El 5 de junio 2011

¿Dónde?

En todas partes! :)



Sevilla Decrece 2011


Os anunciamos e invitamos al acto inaugural del Primer Encuentro Local sobre Decrecimiento “Sevilla Decrece 2011" que se celebrará el próximo viernes 13 de mayo a las 17:30h. en el Paraninfo del Rectorado de la Universidad de Sevilla.

Hemos preparado un amplio programa de actividades que comienzan con la conferencia inaugural titulada “Decrecimiento como agua de mayo”, en la que tenemos la suerte de contar con la participación de Miguel Delibes de Castro, profesor de investigación en el CSIC de Sevilla, y Yayo Herrero, co-coordinadora estatal de Ecologistas en Acción y una de los referentes del movimiento decrecentista en nuestro país.

Será un acto especial, ya que es la primera vez que se presenta la "Red de Decrecimiento de Sevilla, Transición en Comunidad" ante un auditorio más amplio y también porque supone el inicio del encuentro que, con mucho cariño, hemos ido preparando a lo largo de los últimos meses a través de un proceso participativo y autogestionado en el que se han ido enredando cada vez más personas y colectivos de nuestra ciudad. Por ello, para este momento tan especial, tenemos preparadas algunas sorpresas, que no te puedes perder!!!

El encuentro se desarrollará en los días posteriores, entre el 13 y 22 de mayo en distintos espacios de nuestra ciudad, con el objetivo de dar a conocer esta nueva corriente de pensamiento y movimiento social que cuestiona de forma radical nuestra sociedad de consumo, al tiempo que teje redes que imaginan y ponen en práctica alternativas para salir de la actual crisis multidimensional.

A modo de resumen, el primer fin de semana nos acercaremos al decrecimiento -con Miguel Delibes y Yayo Herrero-, el pico del petróleo y la crisis de insostenibilidad -con Jordi Solé (Oil Crash Observatory)- y el Movimiento de Transición - con Ecoherencia-. A partir del lunes profundizaremos en propuestas, iniciativas concretas y enredos para tejer y reforzar comunidad local; y el segundo fin de semana está pensado para conocer otras experiencias, crear más y mejores lazos, con el encuentro interprovincial de iniciativas decrecentistas y la excursión por la zona norte de la ciudad.

Os informamos de que la mayoria de las actividades tienen aforo limitado, por lo que es recomendable la inscripción si quieres asegurar tu participacion.

Todas las actividades son gratuitas o de bajo coste, para cubrir los gastos de materiales, y muchas disponen de espacio de ludoteca infantil para l@s más peques. El lugar de recogida de los/as niños/as será el mismo que el de la actividad.

Os facilitamos algunos de los materiales de difusión que hemos elaborado para la ocasión. Y con los que puedes ayudarnos también a difundir el encuentro para seguir enredando y sumando gente a la corriente decreciente.

Recuperar el verdadero valor de la vida es un camino que está aún por hacer, pero es algo contagioso, así que... ¿te apuntas?

¡Participa! ¡Ven a Sevilla Decrece 2011! ¡Menos para vivir mejor!

Más información en sevilladecrece2011.blogspot.com.

Correo-e: sevilladecrece@gmail.com

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Decrecer para vivir mejor con menos. Una propuesta de acercamiento al decrecimiento

Moisés Rubio Rosendo - La Palabra Inquieta

La caída del muro de Berlín fue el hito que simbolizó el derrumbe del régimen comunista soviético y el fin de la guerra fría, además del punto de partida de la hegemonía del capitalismo. Pero también marcó la quiebra ideológica de la izquierda internacional, que perdía en algunos casos un referente sociopolítico y en otros un contrapeso ideológico al neoliberalismo.

Sin otro sistema de pensamiento y organización social que lo confrontara, el capitalismo globalizó y profundizó sus prácticas mientras que la izquierda, aun capaz de reconocer y alertar sobre sus efectos, no estaba en disposición de ofrecer una alternativa real.

Porque cuestionar los fundamentos del capitalismo exigía replantear la crítica tradicional de la izquierda y reconocer la posibilidad de que fueran las propias reglas de juego en la partida capitalismo-socialismo las que contenían fundamentos erróneos: lo que ahora está en entredicho es el sistema ideológico que fundamentó ambas corrientes, en particular sus posiciones productivistas, antropocéntricas y androcéntricas. Y ello sin obviar que en la misma época también se fraguaron, por ejemplo, el igualitarismo y la “emancipación de dios”.


Decrecimiento.

Y precisamente estas circunstancias permitieron que, de entre los desmanes capitalistas y las grietas de la izquierda, fueran tomando fuerza algunas tendencias e iniciativas que antes habían permanecido silenciadas por el fuerte carácter dicotómico del debate ideológico, sociopolítico y económico.

Entre ellas, el decrecimiento es una corriente de pensamiento que cuestiona abiertamente la posibilidad práctica y la idoneidad teórica del crecimiento ilimitado que propugna el sistema capitalista: pone de manifiesto que es errónea la consideración de que un planeta de recursos finitos pueda proveernos indefinidamente de recursos materiales y energéticos; y recuerda que el desarrollo económico de los países enriquecidos ha sido posible sólo mediante la explotación del resto de pueblos y territorios del globo y la expoliación de la naturaleza.

Pero más allá de esta perspectiva estrictamente economicista, es importante señalar que el decrecimiento ha sido capaz de aglutinar a otras corrientes teóricas con las que confluye al cuestionar el crecimiento por el crecimiento, especialmente el ecologismo social, el ecofeminismo y el municipalismo libertario.

Por otro lado, el movimiento por el decrecimiento constituye un magma social que se consolida en torno a una crítica radical a los fundamentos de la modernidad y, con ella, sus dos grandes corrientes socioeconómicas: el capitalismo y el socialismo.

Un movimiento que cuestiona al Mercado como instrumento de autorregulación de las relaciones socioeconómicas y con el ecosistema, al Estado como instrumento de organización y garantía del orden social, a la razón y el conocimiento científico como fuentes inequívocas del conocimiento y a las tradiciones antropocéntrica y androcéntrica como ejes del sistema de valores.

Se trata también de un movimiento que, lejos de acomodarse en el debate dialéctico, está constituido por una red de personas y grupos comprometidos en iniciativas coherentes con los principios teóricos de los que parten: además de pretender ser inclusivas e igualitarias, apuestan por la sostenibilidad, la reciprocidad, la autogestión y la relocalización de la economía.


El contexto.

Como ya se ha dicho, lejos de ser una idea novedosa, en el decrecimiento confluyen algunas de las corrientes del ecologismo, el feminismo y el anarquismo. No obstante, el momento histórico en el que se da dicha confluencia no es casual, sino que coincide con la pérdida de sentido del paradigma promovido por la ilustración, la revolución industrial y el capitalismo.

De un lado, ya sea porque el neoliberalismo y la globalización han superado las propuestas del capitalismo moderno, ya porque se cuestiona abiertamente la idoneidad de su modelo, la modernidad como sistema de pensamiento está tocando a su fin.

Por otra parte, el desarrollo sociopolítico del capitalismo ha desembocado en una crisis económico-financiera en la que están involucrados factores culturales, políticos, sociales y ecológicos que ponen de relieve la profundización en una auténtica crisis sistémica.

Por último, el “fin de la energía barata”, asociado al techo de producción de petróleo alcanzado en la década pasada, deja entrever la crisis energética a la que está abocado un sistema de producción y distribución, el capitalista, que sólo ha sido posible por el bajo coste de los combustibles fósiles.

Estas tres circunstancias -el cuestionamiento del sistema de pensamiento y las crisis sistémica y energética- han facilitando que se abran nuevos espacios de reflexión y experimentación en los que se están poniendo en valor ideas y prácticas novedosas o que en otro momento fueron marginadas, y que pueden convertirse en trazados interparadigmáticos: puentes desde la modernidad hacia otro(s) nuevo(s) paradigma(s).


Las prácticas decrecentistas.

Según se ha expuesto, el decrecimiento como corriente de pensamiento “aglutina” en torno a la confrontación teórica de los principios de la modernidad. Sin embargo, en la “puesta en escena” del movimiento por el decrecimiento, lejos de cualquier univocidad, coexisten una amplia diversidad de iniciativas diferenciadas entre sí con arreglo a las características propias de cada sistema sociocultural y el ecosistema en el que se encuadran.

Y es que es importante considerar que cualquier apuesta por la autogestión en la organización social y la relocalización de la economía, invalida la posibilidad de un modelo de pensamiento y acción hegemónico: cada grupo “local” hará un análisis propio de su situación de partida y tomará las medidas más adecuadas para transformar su propia realidad.

En Europa, por ejemplo, el movimiento de transición está aglutinando muchas iniciativas locales encaminadas a reconstruir las relaciones interpersonales y con el medio ambiente con el fin de generar un modo de vida sostenible, aumentar su propia resiliencia y desarrollar mejor su capacidad de adaptación: tratamiento de residuos, reparación y reciclaje de objetos rotos o estropeados, redes de trueque, monedas locales, bancos de tiempo y banca ética son algunas iniciativas concretas. Otras son la priorización del transporte público y la bicicleta, los huertos comunitarios y la recuperación de la calle como espacio de encuentro y juego.

Y aunque de manera genérica, en los pueblos y territorios empobrecidos carecería de sentido plantear la reducción de los niveles de producción y consumo, no por ello perderían valor el conjunto de propuestas más amplias que caracterizan al movimiento por el decrecimiento: ganar en estrategias inclusivas e igualitarias y apostar por la sostenibilidad, la reciprocidad, la autogestión y la relocalización de la economía.

Además, más allá de las particularidades de cada grupo humano, la constitución en red de las diferentes iniciativas locales permitirá compartir conocimientos, saberes, experiencias y afectos que generarían una importante sinergia y, con ella, una mejor calidad de vida.


Cuestiones candentes.

A quienes defienden el decrecimiento les queda mucho por reflexionar y proponer; sobre todo dado el alcance de la deconstrucción que propone su corriente de pensamiento. No obstante, pueden proponerse al menos dos cuestiones que, hoy por hoy, exigen una especial atención.

En primer lugar, la resistencia cultural a la transformación que propone el decrecimiento y que resalta estándares de calidad de vida asociados a valores sociales y ecológicos, y no a la disposición de bienes, servicios o avances tecnológicos. Y la resistencia cultural a la reconversión del tejido productivo en un modelo socioeconómico basado en los servicios comunitarios y que cuestiona el valor social y personal del empleo poniendo en valor roles infravalorados y tradicionalmente asociados a la mujer.

Por otro lado, es importante el debate entre la acción creativa y la acción reactiva: la primera plantea la creatividad como instrumento transformador, poniendo en alza todo lo relacionado con la capacidad de construir el futuro que se espera y desea; la segunda, la reacción ante quienes generan opresión, convirtiendo toda fuerza individual y colectiva en una contraposición de fuerzas con los poderes dominantes.

En el primero de los casos están en juego la credibilidad del movimiento por el decrecimiento y su capacidad de fortalecerse y trascender; en el segundo, el equilibrio y resultados de su estrategia transformadora.


Críticas más relevantes.

El decrecimiento empieza a ser conocido ahora por el grueso de la sociedad, por lo que, de momento, las instancias de poder se conforman con un escueto “quieren volver a las cavernas” con el que se juega a la ridiculización, el descrédito y la confusión.

No así, en la propia izquierda sí pueden encontrarse dos líneas de confrontación. La primera de ellas lo acusa de pretender una suerte de “decrecimiento en el capitalismo”, “poniéndolo a dieta”; y de maquillar el lenguaje y el análisis de la realidad para sustituir el “estado de bienestar” por el “buen vivir”, sin cuestionar la estructura de clases sociales ni la propiedad privada.

La segunda línea de confrontación plantea las limitaciones del término “decrecimiento” para representar otros aspectos más allá de lo estrictamente económico, y las dificultades para aplicarlo fuera de las fronteras de los grupos humanos enriquecidos. Se propone, por ejemplo, el término más amplio de “acrecimiento”, en el sentido de “falta de fe en el crecimiento”, “ateísmo del crecimiento”.

Respecto a la primera, se trata de una crítica hecha por un sector abiertamente instalado en la confrontación neoliberalismo-socialismo y que no comparte la crítica a la modernidad que ahora se plantea; por lo que difícilmente encontrará puntos de confluencia con el movimiento que lo promueve: se trata de un debate en “idiomas diferentes”.

En cuanto a la segunda, aunque efectivamente la palabra “decrecimiento” tiene un sesgo economicista y no “hace justicia” a la riqueza de la corriente de pensamiento y el movimiento “decrecentistas”, lo cierto es que tiene dos grandes virtudes: por un lado, está demostrando en Europa capacidad de confluencia y convocatoria; por otro, no puede dejar de valorarse el impacto que supone el término “decrecimiento” en el imaginario “crecentista” de las gentes de los pueblos enriquecidos. Y ello sin perjuicio de que colectivos de otras partes del globo, en función de su propia realidad, puedan poner el énfasis en otras ideas de entre las que constituyen el ideario decrecentista.

Efecto rebote

François Schneider

Un concepto que recientemente ha cobrado importancia, el ‘efecto rebote’, nos demuestra que la eficacia y el progreso tecnológico están vinculados fundamentalmente al aumento del consumo. Los automóviles de bajo consumo nos permiten llegar más lejos por el mismo precio; los transportes rápidos nos liberan tiempo para devorar más kilómetros; los productos electrónicos de tamaño reducido permiten que cada miembro de la familia disponga de uno; el desarrollo de la tecnología solar y eólica nos facilita seguir aumentando el consumo de energía...

El mecanismo responsable es la obsesión por innovar y no por alcanzar el bienestar ecológico y social, sino por suprimir los límites que constriñen el aumento del consumo. En efecto, lograr vivir de una manera frugal implica sobre todo ser conscientes de nuestros límites y saber contentarnos con aquello que de verdad necesitamos.

La innovación tiende precisamente a reducir todos esos límites y a promover el objeto a través de la publicidad. Los productos se vuelven baratos, rápidos, seguros, fáciles de utilizar, buenos para la salud, ligeros y pequeños, o buenos para el entorno. En este caso, ¿por qué limitarse?. A largo plazo este aumento del consumo puede suprimir los beneficios esperados y causar otros problemas.

Así, los automóviles nos permiten viajar más, pero entonces suprimimos el tiempo que supuestamente ganábamos y generamos polución, ruido, muertos... Por la misma razón, las tecnologías de la información provocan un aumento del consumo de papel y de los transportes, a través del aumento de las comunicaciones.

El efecto rebote es algo intencionado para incrementar las ventas y los beneficios mediante el incremento de la demanda.

Extracto del libro 'Objetivo decrecimiento' perteneciente al capítulo 'Sin sobriedad no hay eficacia', escrito por Françoise Schneider

Cuidar


Yayo Herrero

"Si observamos las prácticas cotidianas de nuestra sociedad, podremos comprobar que ni los mercados ni los Estados ni los hombres como colectivo se consideran responsables primeros del mantenimiento de la vida. Son en su mayoría las mujeres, organizadas en torno a redes femeninas, en los hogares más o menos extensos (abuelas, madres, tías, hermanas, etc.) o en solitario, las que dan respuesta a esta necesidad imperiosa y hacen posible que el sistema funcione."

(...)

"El sistema capitalista no puede reproducir bajo sus propias relaciones de producción la fuerza de trabajo que necesita. La reproducción diaria, pero sobre todo la generacional, requiere una enorme cantidad de tiempo y energías que el sistema no podría remunerar. Los procesos de crianza, socialización y atención en la vejez son complejos e implican afectos y emociones que permiten que las personas se desarrollen con ciertas seguridades.

Sólo la gran cantidad de tiempo de trabajo doméstico y de cuidados que se desarrolla en el mundo invisible de lo no monetarizado hace posible que el sistema económico siga funcionando. De esta manera, la economía del cuidado sostiene la trama de la vida social humana, ajusta tensiones entre los diversos sectores de la economía y, como resultado, se constituye en la base del edificio económico."

(...)

"Se hace imprescindible revisar y transformar profundamente el actual modelo de trabajo. No basta con que el cuidado se reconozca como algo importante si no se trastoca profundamente el modelo de división sexual del trabajo. Es preciso romper el mito de que las mujeres son felices cuidando. Muchas veces cuidar es duro y se hace por obligación, porque no se puede dejar de hacer, ¿quién hace una ‘huelga doméstica’ y deja a su madre sin lavar o a su hijo sin comer, si no es con un enorme sufrimiento y sensación de culpa?

La sostenibilidad social necesita de un cambio revolucionario en el espacio doméstico: la corresponsabilidad de hombres y mujeres en las tareas del mantenimiento de la vida, realizada en equidad y mantenida en el tiempo. Este reparto no sólo permitirá que los hombres se hagan conscientes de la magnitud, importancia y, muchas veces, penosidad de estos trabajos, sino que seguramente pondrá en marcha cambios culturales de enorme dimensión. La transformación que un cambio así puede provocar de un enorme relieve: variaciones en los usos de los tiempos de vida, en el aprecio por el mantenimiento y la conservación, en la comunicación, en las formas de vida comunitaria, en la vinculación entre el espacio público y el privado, en la consideración de los espacios no monetizados..."

Extraído del libro 'Decrecimientos: Sobre lo que hay que cambiar en la vida cotidiana', del capítulo escrito por Yayo Herrero 'Decrecimiento y mujeres. Cuidar: una práctica política anticapitalista y antipatriarcal'.