El siglo XXI: Un mito que muere

Nacho Martín - La Oferta

Son los principios de los años 70. Hemos llegado a la luna el año anterior. El optimismo es general. Tras la luna vendrá Marte, y tras Marte, el Universo. Nos imaginamos el siglo XXI con hombres que viven en el espacio, noticias que llegan de otros planetas, y robots por todas artes.

Estamos ya en el siglo XXI y no hay ni rastro de estas predicciones. El Universo sigue grande e inalcanzable. No hemos pisado Marte. De hecho, no se ha vuelto a la luna.

El siglo XXI nos traería una existencia libre de enfermedades. Venceríamos el cáncer y estaríamos a un paso de la inmortalidad. Pero el cáncer sigue ahí, junto con las enfermedades del corazón y la diabetes. No hemos logrado curarlas, y los avances son bien pequeños. El SIDA, también parece muy lejos de erradicarse. El siglo XXI libre de enfermedades parece inalcanzable.

En este nuevo siglo veríamos coches eléctricos que volarían por los aires. Venceríamos las fuerzas de la gravedad. Sacaríamos energía metiendo unas mondas de patatas en un reactor de fusión casero. Pero aún tenemos coches a gasolina. No se han descubierto nuevas fuentes de energía, y cada vez hay menos yacimientos de petróleo. La fusión sigue tan lejos como ha estado siempre, y la fisión tras Chernobil, y ahora Fukushima, da más miedo que esperanza.

La sociedad contemporánea traería una utopía feliz y libre de crimen, pero parecemos seguir en las mismas guerras y revueltas, y lo contemporáneo se basa en una adición al consumismo feroz. La psicología no parece poder erradicar los problemas mentales, que se extienden más que desaparecer. Ni Platón ni el Prozac funcionan muy bien.

El siglo XXI sería el siglo de la derrota definitiva del hambre, y con él la de Malthus. Pero las recientes crisis de comida, y los problemas de la nueva agricultura, en forma de polución, pérdida de biodiversidad y desertificación, parecen indicar que será el hambre quien nos derrote al final. El mar se muere por exceso de sobrepesca, los corales sufren por aumento global de temperaturas, y la acidificación del océano se cierne como una nueva amenaza.

El siglo XXI ha empezado igual, o peor que el XX. Tenemos hambre, injusticia, guerras, terremotos, tsunamis, radiación nuclear... y un mundo con cinco mil millones más de personas. pero menos bosques, peces, glaciares, y más carreteras, vertederos, manchas de petróleo y desiertos. El siglo XXI es un desastre sin excusas, y la previsión es que va a peor.

Pero no obstante, en la mente colectiva no hemos logrado erradicar el mito del siglo XX.

Que el hombre todo lo puede, que todo mejora, que las épocas de sangre, sudor y lágrimas, de esfuerzo y tener poco, quedaron superadas para siempre. Sii algo es la semilla de una revolución que nos desvíe de donde estamos y a donde vamos, es cambiar la mentalidad y reconocer que el futuro del hombre no es la ciencia ficción del siglo pasado, sino más bien la visión catastrofista de finales del XIX. Necesitamos grandes dosis de humildad y volver a mirar el mundo con asombro y con respeto si queremos salir de ésta.

Artículo extraído de 'El siglo XXI: Un siglo que muere'

La riqueza es mala



“Negar el capitalismo es presentarlo como lo que es realmente en su esencia, una forma de dictadura que, en el ámbito que le es propio, la economía, opera para proporcionar medios materiales y, sobre todo, seres humanos, aptos para realizar el proyecto estatal de sojuzgamiento total con embrutecimiento total. Lo opuesto es fijar un sistema de necesidades que dé preeminencia a los bienes del espíritu: la democracia, la verdad, la libertad de conciencia, la virtud, la sociabilidad, la fortaleza interior, la sublimidad, el desinterés.

Todos estos valores, que al mismo tiempo son metas, establecen lo que el capitalismo no puede lograr jamás, y lo que es letal para él. Si el sistema estatal-capitalista significa la muerte del espíritu, el ascenso de los bienes inmateriales equivale a la aniquilación del capitalismo, hasta el punto de que no hay otra forma de hacerlo.

El futuro de la humanidad, en caso de que exista, no depende del desarrollo máximo de las fuerzas productivas, sino de lo opuesto, del crecimiento en flecha de las fuerzas espirituales del individuo y del cuerpo social, que al ascender más allá de un punto se hacen incompatibles con el sistema de dominación actual. Eso anima a, como sostiene Martínez Marina, ‘preferir la libertad al bienestar’.

Según arguye en Tratado de la República (1521) Alonso de Castrillo, ‘la riqueza es mala’. En efecto, es mala de manera múltiple, como riqueza privada y como riqueza social: distrae de lo espiritual, exige un trabajo embrutecedor, quita tiempo para las funciones superiores, debilita la voluntad, niega la fortaleza psíquica y enferma al cuerpo, lleva al hedonismo y al felicismo, por amarla se desama a los seres humanos y proporciona los instrumentos físicos de dominación que hace omnímoda a la moderna tiranía.

De donde la doble meta de al revolución civilizante ha de ser: sin capitalismo y, al mismo tiempo, sin riqueza material. Ello establece también las condiciones que permiten constituir un orden social cualitativamente superior al actual, cuyo primer fundamento ha de ser la conversión interior al desinterés, a la frugalidad y a la preferencia por los bienes del espíritu.”

Extraído del libro ‘La democracia y el triunfo del Estado. Esbozo de una revolución democrática, axiológica y civilizadora’, escrito por Félix Rodrigo Mora.

Revista de Sur a Sur nº 38 "Decrecimiento"


No dudamos en hacer nuestros los lemas del grupo Ecologistas en Acción en el Día de la Tierra “menos para vivir mejor” y “aprende a vivir sencillamente para que otros puedan sencillamente vivir”. Particularmente el segundo lema porque ahonda en el principio rector del movimiento por el decrecimiento, la llamada simplicidad voluntaria. Y es que el decrecimiento es una corriente de pensamiento fundada en el hecho de la imposibilidad de mantener una economía siempre expansiva, que tiende al crecimiento ilimitado, en un planeta con recursos naturales limitados. Tenemos la evidencia de que consumimos más recursos, y generamos más residuos, de los que el medio ambiente es capaz de regenerar y asumir. Nuestra huella ecológica es desproporcionada. Evidentemente lo que se reclama es un profundo cambio de sistema económico, productivo, ético y social.

Si bien la solución es obvia -básicamente consumir menos y producir menos recursos adaptándonos al ritmo regenerativo de la naturaleza- es una constatación que avanzamos en la dirección contraria. Efectivamente, el capitalismo, un sistema mucho más que económico, se basa en el crecimiento como condición indispensable para el orden económico, político y social.

La tarta de los recursos es limitada. Haciendo uso de la manida metáfora, y modificándola un poco, nuestra tesis que es que no sólo está mal repartida la tarta de los recursos naturales, sino que la tarta en sí misma es demasiado grande. Es decir, que si seguimos consumiendo anualmente tartas tan grandes, en breve agotaremos los ingredientes y no habrá nada que seguir repartiendo.

Si el problema de fondo es la obsesión intrínseca de este sistema por el crecimiento y la solución pasa por el decrecimiento de quienes ya hemos crecido demasiado, algo aparece como inevitable: o decrecemos por voluntad propia o lo haremos conforme avancemos en el agotamiento de recursos y la saturación de sumideros. Por todo ello, la forma de salir de la crisis no es seguir apostando por modelos industriales y urbanos insostenibles y fracasados.

La solución no es, por poner un ejemplo, apostar por las energías renovables para mantener las tasas actuales de consumo, sino en cambiar radicalmente el uso que hacemos de la electricidad. Se trata de un cambio de perspectiva más profundo, de comprender que vivir mejor es vivir con menos, de trabajar para satisfacer las necesidades humanas, las reales, no las creadas, y de avanzar hacia la equidad con solidaridad. Sumak kawsai como dirían los quechuas.



Semana Santa. Todo sigue igual, pero más degradado

Julio García Camarero - Autor del libro el decrecimiento feliz y el desarrollo humano

En estos santos días no salgo de casa por no tropezarme con dos espectáculos lamentables: turismo playero, turismo santero.

Lo malo es que los dos espectáculos, lo quiera o no, se me cuelan por la ventana que es la TV. Menos mal que solo la abro algunas veces para ver las horrendas noticias, que son horrendas más por que porque en si sean horrendas, por lo desfiguradas escasas y escamoteadas.

Ya digo, el poco rato que me asomo a esa ventan sólo diviso, procesiones, sevillanos que lloran porque llueve, partes de la dirección general del tráfico narrando incontables embotellamientos kilométricos en las autopistas, Playas que más que playas parecen latas de sardinas en aceites contra la mancha de ozono,… Es infinitamente aburrido, así que mi único refugio es leer o escribir, que por cierto es un refugio bastante confortable, desde luego más que esas antiestéticas y dañinas autopistas.

No se cual de los dos espectáculos es más nefasto.

El espectáculo santero es más lóbrego y más sadico-masoquista. En el se trata de hacer una fiesta cargada de sangre y de dolor para, en alguna medida, mantener la represión por miedo y estupor fabricada hace milenios por el Imperio Romano y simbolizado en la crucifixión que no sólo la sufrió Cristo, sino también miles y miles de romanos. Y es que los imperios necesitan del temor, del pánico y del sufrimiento de sus súbditos. Eso es la Semana Santa, un cántico al sufrimiento y a la autoflagelación.

Y cuando acudimos a esta fiesta, de procesiones tétricas, con encapuchados incluidos, (que al final tiene más de pagana que de religiosa) aunque la contemplemos con ojos de turistas paganos, solo por el mero hecho de acudir a verlas nos convertimos en los cómplices que posibilitan que este tinglado simbólico se mantenga.

Y dicen que el turismo playero durante la Semana Santa se está desplazando hacia el turismo procesional. Puede que a ello haya contribuido el cada vez más deteriorado estado de las playas y de las aguas marinas.

Y hablemos ahora del turismo playero, creo que es ahí donde el ser humano deja más de parecer humano, pues las playas en estos días, y en los de verano, se asemejan cada vez más a esos litorales de la Antártida plagados, al 100% de su superficie, de focas, morsas o lo que sea, pero con la diferencia de que los elefantes marinos: ni construyen gigantescos muros de cemento, tan altos como rascacielos, que recorren todo el litoral y que afecta directamente a la estratégicamente ecológica zona de influencia de las mareas; ni vierten masivo residuos industriales derivados del turismo playero.

Y todo comenzó con aquello de: “¡viva Fraga!, ¡viva Fraga!, ¡que nos deja ver la braga! Y vino Fraga y la jodió (a toda la costa española). Aunque más a la del sur, allí la mano de obra necesaria para el sector servicios era mas barata y mayor el número de horas sol. Después el amigo Manolo, no suficientemente satisfecho, acentuó profundamente el turismo santiaguero, con la mortificación del peregrinaje, ¡que España más masoca! Con ello logró también acentuar profundamente el deterioro del interior del norte, que era lo poco que quedaba aún algo “católico”; aunque aquí puede que el estrago no haya sido tan calamitoso como lo fue en el litoral.

En resumen, que todo queda igual (en cuanto al espíritu seudo-religioso) o peor (en cuanto al medio ambiente), y con un cada vez más masificado consumismo turístico playero y santero. Pero ¡agradezcámoslo!, ¡alegrémonos!, todo sea por el Santo Crecimiento.

Trabajar poco y vivir mejor

Antonio J. Carretero - miembro de CGT y Director de Rojo y Negro. Revista El Ecologista nº 65

Reflexiones sobre cuidados, empleos y decrecimiento

En una sociedad decreciente y decrecentista, todo está por hacer, por cuidar, por reconvertir, por inventar, por recuperar. En este sentido, el problema no será el empleo, ni siquiera en supuestos momentos transitorios. El problema, por desgracia, será el poder y los poderosos, que querrán gestionar el decrecimiento para perpetuar su dominio a costa de mayores cuotas de desigualdad, pobreza, opresión y exclusión.

Con el presente artículo se me propone que hable apologéticamente de que el decrecimiento en ningún caso supone pérdida de empleos, sino al contrario. Pero dicho así, que el decrecimiento crea empleo en vez de destruirlo, es una frase políticamente demagógica, quizás políticamente correcta, pero no tengo claro que sea del todo veraz.

Por decrecimiento entiendo algo tan simple como la oposición consciente, voluntaria y socialmente autoorganizada al capitalismo y a su lógica del crecimiento desmedido. Capitalismo que, en su fase actual y globalizada, apuesta por salir de su propia crisis a base de reactivar la competitividad, la tasa de beneficios, la acumulación y reproducción del capital (único lenguaje que entiende) mediante el crecimiento constante e insostenible de productos, bienes y servicios, apoyado en su creencia mágica en el desarrollo tecnocientífico, en las arcas públicas de los estados, en la privatización de los servicios, en el expolio continuado del planeta y en la explotación de unos poquísimos sobre la mayoría de las poblaciones humanas. El decrecimiento, pues, es la necesidad de generar un movimiento social crítico y combativo, contra los dramáticos designios, humanos y medioambientales, que nos depara el capitalismo realmente existente.

En cuanto al empleo, me sirve la definición del Instituto Nacional de Estadística (INE): “Conjunto de tareas que constituyen un puesto de trabajo o que se supone serán cumplidas por una misma persona”. Esta definición tiene dos virtudes: que empleo es sinónimo de puesto de trabajo; y que el conjunto de tareas que lo constituye se puede suponer que las cumplirá la misma persona. Que el empleo equivalga a puesto de trabajo, es oportuno, por cuanto no dice explícitamente que dicho puesto de trabajo sea necesariamente salarizado, aunque lo normal es que supongamos que sea así. Tengo un amigo de casi cincuenta años, que lleva unos quince años de su vida dedicado exclusivamente al cuidado de sus padres mayores, ahora ya muy mayores. Y por supuesto, conozco a muchas más mujeres que atienden a sus mayores, a su hijos, a la casa y al cuidado en general de quienes les rodean, además de cumplir un horario en un puesto de trabajo salarizado. Lo de qué tareas constituyen un empleo es igualmente interesante, porque nos coloca en la tesitura de saber quién define la tareas relacionadas con un puesto dado, una batalla dada por perdida de antemano por el sindicalismo, que ha entregado esa prerrogativa al patrón, al empresario, al jefe de turno o, en su defecto, al legislador profesional.

Salarios, cuidados y tareas

Hay tres elementos esbozados, como son salario, cuidados y tareas, que tienen que ver mucho en la reflexión que podemos hacer sobre empleo y decrecimiento.

El maldito salario, es lo que nos permite no sólo sobrevivir en la sociedad capitalista, sino alcanzar los estándares sociales de satisfacción de otras necesidades materiales y simbólicas que asumimos como dadas, aunque sean generalmente inducidas, culturalmente legitimadas y socialmente validadas. El salario, ese valor de cambio que nos dan en función de un trabajo y según las condiciones previstas en un contrato, es una convención humana versátil y elástica, en el que entra no sólo lo que cada cual puede comprar, sino el estatus social alcanzado.

Los cuidados representan esa base de la pirámide que muy recientemente, gracias a la economía feminista, nos hemos dado cuenta que no sólo es el sostén básico de la vida reproductiva, sino y fundamentalmente es la red invisible de intercambios y trabajos, remunerados y no remunerados, que conforman una auténtica economía subterránea, mayoritaria y tradicionalmente protagonizada por las mujeres, sobre la que se asienta la economía real capitalista. Sin los cuidados y sus tareas, sin sus dedicaciones y tiempos, sin sus productos tangibles e intangibles (afectos, emociones, relaciones, etc.), sin su desvalorización y sin su plusvalor incuantificado, ni el capitalismo, el desarrollo tecnocientífico, la cultura, la política, ni hasta la revolución –si algún día conseguimos que se produzca– podrían existir.

Por último las tareas, las labores, la ejecución de cualquier trabajo, de cualquier operación, son relevantes en tanto que en su cotidianidad, sea ésta la del espacio doméstico o la de una oficina o una fábrica, se manifiesta de forma determinante la domesticación de los seres humanos por otros humanos, es decir, las relaciones de poder internas a cada relación social mantenida. Y lo son también, porque en la medida en que asumamos su gestión, su gestación y su operatividad, de forma individual y colectiva, estamos reconquistando espacios de decisión y poder entre iguales, es decir, de libertad.

¿Y el decrecimiento?

Decrecer no puede significar otra cosa que plantar cara al proceso continuo de acumulación capitalista, desde la insoslayable urgencia ética de barrer de la historia humana el dominio y la explotación de las personas por otros seres humanos. Y este plantar cara es sin duda una tarea ingente, que por urgente no es menos compleja, y seguramente siempre será incompleta. Porque estamos hablando de lucha anticapitalista, de trastocar las relaciones de poder, de transformar la sociedad.

En otro artículo [1] señalaba que los valores ecosociales del proyecto libertario pasaban por tres ejes de acción:

- La austeridad como modo de vida. Consumir menos, tener menos objetos de uso y menos bienes inútiles, alargar la vida de los que tenemos, compartirlos y reutilizarlos, cambiarlos por otros, socializar los bienes culturales. Disfrutar de la vida y buscar el placer en uno mismo y con los demás, desalineándonos de las necesidades inducidas por el marketing y la publicidad.

- La sostenibilidad como camino. Entender que todo proceso productivo y de generación de bienes y servicios se sustenta en un flujo de materia y energía finito y escaso, que afecta negativamente al equilibrio ecológico del territorio y del planeta en su conjunto. Promover servicios colectivos y gratuitos de transporte, restaurante, guarderías, etc.; hacer que los cuidados sean responsabilidad social y cooperativa; repartir el trabajo y trabajar menos…

- El decrecimiento como meta. La acumulación capitalista y el crecimiento constantes implican el dominio de la lógica del mercado contra la lógica de la vida y de su sostenibilidad. Crítica radical del sistema capitalista, de los límites del crecimiento industrial y especulativo; elaborar alternativas de reconversión de las industrias contaminantes y despilfarradoras de materia y energía. Promover procesos cooperativos y autogestionarios, exigir la justa redistribución de la riqueza, potenciando la creación de bienes sociales, relacionales y ecológicos…

¿Por qué colocar el decrecimiento como meta en vez de como medio, en lugar de la sostenibilidad?, me preguntará quien sea perspicaz. Si hablamos de valores prácticos, de acción, que orienten nuestras decisiones aquí y ahora, que ejemplifiquen lo que queremos transmitir con el decrecimiento, no podemos contentarnos con partir del decrecimiento mismo, término por otro lado adusto y complejo de explicar. Necesitamos ejemplificar una sociedad nueva, distinta y actuar en consecuencia, aquí y ahora. La austeridad voluntaria posibilita la denuncia del despilfarro, la ostentación, la riqueza y el consumismo.

La sostenibilidad permite repensar todos los aspectos económicos y sociales en función de valores comunitarios, de los cuales nadie puede ser excluido, de trabajar menos para trabajar todos, pero también de poner en el centro del mundo del trabajo la libertad individual y colectivamente considerada, autogestionaria, priorizando el derecho a la flexibilidad de las personas a la hora de elegir ocupación, cambiar de empleo, de lugar, de negociar entre todos los implicados tiempos, jornadas, descansos y servicios, pero también qué, cuánto y cómo producir, distribuir, intercambiar.

El decrecimiento sólo puede ser la meta, por cuanto no lo concibo sin la participación efectiva y consciente de la población en su conjunto, sin una revolución de las mentalidades y sin una coordinación de iniciativas y luchas para su consecución. Y para que esto pueda desarrollarse quizás no venga de más pensar y actuar siguiendo valores de austeridad y sostenibilidad.

Nuevos empleos, nuevas ocupaciones, nuevos cuidados

De austeridad y sostenibilidad saben mucho las mujeres en general, y las mujeres empobrecidas especialmente, las mujeres indígenas, las mujeres migrantes, las mujeres de los países expoliados por las naciones centrales del libre mercado y de la libertad vigilada. Son las mujeres, en tanto que explotadas portadoras de los cuidados de la vida, y claro que junto a los hombres en cooperación no sexista, quienes nos pueden enseñar lo mucho que hay que hacer en un escenario de decrecimiento y no crecimiento, pero de desarrollo libre y de autorrealización, del buen vivir y de vivir mejor, con los demás, con el entorno y con uno mismo.

Sólo en el capitalismo se produce un desempleo estructural, siempre necesario como elemento de presión y disciplinamiento de las clases trabajadoras. En una sociedad decreciente y decrecentista, todo está por hacer, por cuidar, por reconvertir, por inventar, por recuperar. Deconstruir las megalópolis y macrociudades actuales, reconvertir el industrialismo contaminante en otro no lesivo con el agua que bebemos y con el aire que respiramos, priorizar la agroecología, las pequeñas y medianas explotaciones agrícolas y ganaderas, la distribución de proximidad, el comercio entre iguales, reconstruir la naturaleza y parar la extinción creciente de su biodiversidad… necesitan mucha mano de obra y apoyo mutuo.

Pero también pensar a pequeña escala: deliberar, debatir y decidir cómo hacer las cosas, cómo satisfacer necesidades, cómo atender los cuidados de todas y todos; relacionarse, hablar, formarse, crear cultura compartida, emparejarse y desemparejarse, tener hijos, atender a la salud, a la educación, al transporte colectivo… también necesitarán mucha mano de obra y apoyo mutuo.

Pero eso sí, tampoco habrá pleno empleo, porque simplemente no tendrá sentido. Habrá empleo para todo aquel que lo quiera, lo necesite y lo ofrezca como bien social. Y el empleo, sobre todo y ante todo, supondrá apenas unas horas diarias, un tiempo escaso, ridículo comparado con las jornadas actuales repletas de horas extras y exceso de productividad, porque no se producirá más que lo que se considere adecuado para lo que se piense necesario.

Sí, es cierto, ésta es la utopía. Pues no, porque no será tan sencillo, porque serán muchos los conflictos por resolver, los problemas que solventar, las luchas por entablar. Pero sí, es cierto, ésta es la utopía necesaria. Y en el camino, austeridad y sostenibilidad de la vida serán claves a la hora de afrontar los retos. Porque si no hablamos de una sociedad justa en medio del decrecimiento necesario, estaremos hablando de otra cosa, de otro mundo quizás más cruel y desigual que el que ahora mismo vivimos.

El problema no será el empleo, ni siquiera en supuestos momentos transitorios, el problema por desgracia será el poder y los poderosos, que querrán gestionar el decrecimiento para perpetuar su dominio a costa de mayores cuotas de desigualdad, pobreza, opresión y exclusión. En nosotros está que no sea así. Debemos, pues, subvertir valores y transmutar conciencias, y crear un movimiento tan amplio, solidario y extenso como el aire que respiramos.

Una crisis de la que no se habla

Julio García Camarero - Autor del libro El decrecimiento feliz, ed. La Catarata, 2010

La inmensa mayoría solo percibe una crisis, la crisis económica, que lleva a arrastras el desempleo, eso es lo que se ve, eso es lo que se dice. Los más avezados distinguen alguna crisis más, la crisis ecológica, la crisis social, la crisis de valores, y nada más.

Pero la crisis más sutil y más útil, para los profundizadores de las crisis, es una crisis de la que no se habla, es la crisis del habla, la crisis del lenguaje. El lenguaje está absolutamente pervertido; es el firme trípode en el que se sustentan todas las demás crisis.

La publicidad comercial, la propaganda de los regimenes “democráticos” y sus carísimas campañas, el electoralismo económico…, en general, están al servicio de los vicios de los corruptos fundamentalistas del crecimiento. Pongamos algún ejemplo en alguna palabra como: REFORMA, reforma de pensiones, reforma laboral, reforma financiera, reformas, reformas y reformas. Al menos Ignacio de Loyola fue más sincero, hablaba de contrarreforma. Pero hoy el lenguaje esta lo suficientemente pervertido y lo suficientemente des-configurado, como para poder llamar reforma (y que las masas lo admitan impasiblemente) a lo que justamente no es otra cosa que una profundísima y acelerada CONTRARREFORMA, que esta borrando del mapa las verdaderas reformas precedentes, aunque hayan sido pequeñas reformas. Y se está haciendo esto precisamente cuando es evidente que ellas salvaron al capitalismo en la otra gran depresión precedente.

Otro eufemismo es el RESCATE FINANCIERO, que consiste exactamente en desangrar a las naciones más débiles, mediante usuras cada vez mayores, a los países señalados al “rescate”; usura, usura, y más usura. No se como los más avezados comentaristas y críticos politólogos incluso los de izquierda, jamás, jamás pronuncian la palabra más importante USURA, pues es evidente que estamos naufragando en un océano de usura.

Y no hablemos del LENGUAJE BÉLICO, de los ya famosos “daños colaterales”, de “intervenciones quirúrgicas militares”, de lucha contra Alcaeda y los “narcos”, de la ayuda bélica a la “democracia”, de “exclusión de espacio aéreo”, de “bombardeos humanitarios” de ciudades para salvar vidas, o de invasión del territorio de países ajenos “para proteger a los ciudadanos del norte situados en el sur”.

Pero lo más grave y sangrante de la perversión a ultranza del lenguaje, es el que se haya conseguido la zombificada aceptación por parte de las masas (incluso con despreocupadas sonrisas) de estas palabras fétidas y corrompidas. Lo más indignante de todo es la total ausencia de INDIGNACIÓN (lograda, por la perversión del lenguaje) en toda la población planetaria, salvo reducidas y honrosas excepciones aisladas, tan aisladas como Cuba. Como decía, esta crisis de la comunicación y del lenguaje es el sólido soporte que mantiene en pie a todo tipo de crisis y corrupciones.

En resumen, que el corrupto cuarto poder, el del habla, el de los medios de comunicación, el poder mediático, se ha convertido (y con mucha diferencia, incluso más que el poder militar) en el primer poder; pues está consiguiendo que ni un solo terrícola se INDIGNE. Y si queremos conseguir la indignación suficiente, después de haber abierto a todos los ojos cerrados, para contrarrestar el infinito poderío de la crisis del lenguaje, habrá que crear un QUINTO PODER de información alternativa, que use un lenguaje fijado limpiado y con esplendor, que sea aún mucho más fuerte que el cuarto poder . Será la única posibilidad de salir de esta kafkaiana pesadilla del crecimiento capitalista.

Con su mente

Crítica al decrecimiento puro

José Maldonado

Siendo el decrecimiento, como es, una propuesta alternativa que pretende replantear los valores sobre los que se han desarrollado las naciones occidentales desde hace más de un siglo, y que ahora han emulado las naciones orientales como única alternativa de sobrevivir a corto plazo, esta alternativa que ustedes proponen me suena demasiado subversiva como para que llegue a ser considerada por los que tienen el poder y la posibilidad para iniciar un cambio.

Es necesario llamar la atención de los que ejercen de referentes a nivel social y económico, sean estos personas naturales o jurídicas. Estoy muy de acuerdo con ustedes en que el concepto del crecimiento es una camino directo hacia el agotamiento de recursos y hacia el deterioro total del medioambiente, pero es que su discurso es muy parecido al de las izquierdas subversivas de antaño, que como agitadores de consciencias estaban muy bien, pero eran absolutamente incapaces de ejecutar sus proyectos políticos. El problema es que ahora propuestas como la del decrecimiento debe ser ejecutada con éxito de forma imperativa.

Para esto les propongo primero aceptar el escenario de poder donde estamos actuando, el capital manda, y redistribuirlo sería una alternativa traumática que solo crearía malestar, desembocaría en capítulos demasiado violentos, siempre la distribución inicial del capital tiene estos efectos, y eso es lo último que necesitamos en estos momentos. Por el contrario, hay que persuadir a los grandes referentes del capitalismo a alinearse con este tipo de alternativas, y asimilar el capital como una herramienta valiosísima para la creación de bienestar, esa debe ser la razón de ser del capital actualmente, la creación de bienestar, tanto bienestar social como ambiental. Sé que hay muchos empresarios que comulgan con este concepto.

Segundo, hay que identificar la verdadera causa del problema, que personalmente creo es la dictadura del monetarismo a nivel económico, la creación de dinero sin respaldo alguno, basado solamente en la continua creación de deuda, convirtiendo al dinero no en una herramienta para el intercambio de bienes y servicios sino en una herramienta para la especulación, condenado a devaluarse siempre y nunca detenerse por la falta de recursos. Para esto propongo una moneda alternativa, paralela, basada en la producción primaria de comunidades agrarias sustentables, que inicialmente puede ser utilizada y promocionada como una herramienta de intercambio de bienes y servicios entre un grupo de personas y empresas que acepten esta moneda de manera voluntaria y más bien simbólica, publicitaria, presentarla como algo inofensivo, pero que con la adecuada promoción puede convertirse en la punta de lanza para efectivamente replantear los valores que actualmente motivan el comportamiento de las economías. Serían algo así como bonos de carbono al alcance de todos, y una excelente herramienta de publicidad si se la maneja con astucia y creatividad.

Estas solo son cosas que me he atrevido a proponer desde la trinchera de los que vivimos fuera del ámbito académico, pero que somos muy conscientes de la realidad en la que vivimos, de lo espeluznante que es la realidad que se nos viene, y que queremos hacer algo al respecto. Es quizás un grito atrevido que lanzo solamente para poder irme a dormir un poco más tranquilo.

Atentamente,

José Maldonado

Quito - Ecuador

El cisne negro nuclear

Marcel Coderch

Hasta bien entrado el siglo XVII, en Europa se utilizaba la expresión "cisne negro" cuando alguien quería referirse a una imposibilidad lógica o física, basándose en la creencia generalizada de que todos los cisnes eran blancos. En 1697, sin embargo, un explorador holandés descubrió que en Australia había cisnes negros y esta expresión, recientemente popularizada por el filósofo y financiero de origen libanés Nassim Nicholas Taleb, pasó a utilizarse para calificar cualquier idea o acontecimiento que durante mucho tiempo había sido tenido poco menos que por imposible pero que de repente un día se materializa. La teoría del cisne negro de Taleb se aplica pues a acontecimientos inesperados, que quedan fuera de las expectativas normales, ya sea en el ámbito científico, histórico, financiero o tecnológico, y que tienen un enorme impacto porque trastocan ideas básicas del tan admirado como discutible sentido común.

Lo nuclear es peligroso en sí mismo. La radiactividad perdura miles de años
Se van a incrementar los costes y se cuestionará el alargamiento de la vida de muchas centrales

La tesis del libro de Taleb (El cisne negro: el impacto de lo altamente improbable, Paidós, 2008) es que las consecuencias de estos acontecimientos muy poco probables son enormes; que por lo general están infravaloradas; y que, en realidad, no son tan improbables como pensamos, ya que al tratarse de acontecimientos poco comunes no disponemos de suficientes observaciones para estimar su probabilidad con cierta precisión. También nos explica Taleb que los humanos hemos desarrollado mecanismos psicológicos de defensa frente a la incertidumbre que sesgan nuestro raciocinio, haciendo que evitemos imaginar y prever aquello que no deseamos que ocurra. Todo ello nos aleja de la racionalidad a la hora de entender, prever y actuar en relación a estos fenómenos. Sería difícil encontrar un ejemplo actual más apropiado de lo que es un cisne negro que el del desastre nuclear de Fukushima.

De siempre hemos sabido que la tecnología nuclear es intrínsecamente peligrosa porque supone la generación de enormes cantidades de elementos radiactivos que la naturaleza se había encargado de ir desintegrando a lo largo de centenares de millones de años. Cuando surgió la especie humana ya solo quedaban en el planeta unos pocos elementos radiactivos de larga vida, como el uranio 235, que siguen calentando el subsuelo y cuyas radiaciones llegan a la superficie en forma de una pequeña radiactividad ambiental inevitable. Con el desarrollo de la energía nuclear, sin embargo, lo que hacemos es concentrar en un reactor este remanente de radiactividad de forma que, además de energía, generamos todo tipo de elementos altamente radiactivos que ya no existían en la naturaleza y que se mantendrán radiotóxicos durante decenas de miles de años. Si todo va bien, son lo que denominamos "residuos nucleares", a los que todavía no hemos encontrado acomodo; y si las cosas se tuercen, como ocurrió en Chernóbil y ahora en Fukushima, los desperdigamos por la atmósfera, el mar, la tierra y las aguas subterráneas, incrementando de esta forma y hasta niveles muy peligrosos la radiactividad ambiental.

Fue precisamente uno de los padres de la energía nuclear, el físico italiano Enrico Fermi, quien primero expresó sus dudas al dejar dicho que "al producir energía con la fisión nuclear estamos creando radiactividad a una escala sin precedentes y de la que no tenemos experiencia alguna, por lo que veremos si la sociedad aceptará una tecnología que produce tanta radiactividad". Durante mucho tiempo, los partidarios de esta tecnología han intentado convencernos de que debemos aceptarla en virtud de lo que Alvin Weinberg, otro de sus padres, llamó "el pacto fáustico nuclear": la promesa de un futuro con energía barata y abundante a cambio de un riesgo radiactivo asumible. Y para que aceptáramos el pacto, nos aseguraron que construirían las centrales nucleares de forma que no sufriríamos las peores consecuencias de su radiactividad. Incluso se atrevieron a cuantificar esta seguridad, afirmando que la probabilidad de un accidente grave, con fusión del núcleo y liberación radiactiva al exterior, como en Fukushima, sería de un accidente cada 100.000 años-reactor; o lo que es lo mismo, uno cada 200 años para un parque mundial de reactores similar al actual, o cada 100 años si lo dobláramos. Cuando los accidentes fueron sucediéndose con una frecuencia muy superior, las explicaciones eran cada vez más sofisticadas pero la conclusión siempre era la misma: hemos aprendido la lección y no volverá a suceder. Un claro ejemplo de lo que Taleb llama la falacia narrativa, una interpretación retrospectiva del cisne negro vivido que supuestamente reduce incertidumbres futuras. De hecho, hasta hace bien poco nos aseguraban que "otro Chernóbil es imposible" porque, decían, aquello fue consecuencia de una tecnología anticuada y de un sistema político y económico fallido. Y sin embargo está ocurriendo, a cámara lenta, en Japón, hasta hace poco la segunda economía mundial, y con tecnología norteamericana. Aquello que no podía ocurrir ha ocurrido, violando una vez más el pacto fáustico nuclear.

Pero es que, además, tampoco se ha cumplido la segunda parte de este pacto: la energía nuclear ni es abundante ni es barata, y menos va a serlo después de Fukushima. Hoy se concentra en cinco o seis países que representan más del 75% de una producción nuclear mundial que cubre menos del 3% de la energía final que consume la humanidad, y no parece que la situación vaya a cambiar mucho en las próximas décadas. Y en el aspecto económico, las recientes construcciones de Olkiluoto en Finlandia y de Flamanville en Francia no hacen sino repetir la experiencia del primer ciclo de construcciones nucleares: la incapacidad de la industria nuclear de cumplir con sus plazos y presupuestos. Por si fuera poco, las nuevas exigencias que se derivarán de lo ocurrido en Japón incrementarán de nuevo los costes, y muy probablemente pongan en cuestión el alargamiento de la vida de muchas centrales actuales; una prolongación por otra parte imprescindible si se quiere evitar el declive precipitado e irreversible de la energía nuclear.

La Unión Europea ha anunciado que va a recomendar la realización de pruebas de resistencia en todas las centrales europeas para determinar cuáles de ellas podrían resistir una agresión como la sufrida por los reactores de Fukushima, y clausurar las que no satisfagan los nuevos requisitos de seguridad. Está por ver cuáles serán estos nuevos requisitos, pero la propuesta francesa de excluir de estas pruebas las amenazas derivadas de actos terroristas y ataques aéreos a lo 11-S no parece razonable, ya que de lo que se trata es de que las centrales puedan sobrevivir a cualquier incidente que las prive de suministro eléctrico externo, puesto que esa ha sido la circunstancia que ha desencadenado el grave accidente de Fukushima. Claro está que el llamado station blackout no forma parte de los sucesos contemplados en el diseño base de ninguna de las centrales actualmente en funcionamiento, y que prepararlas para tal eventualidad puede suponer inversiones muy importantes, algo que al parecer los franceses quieren evitar por la cuenta que les trae.

Las promesas de energía nuclear abundante, barata y segura quedan hoy más lejanas que nunca, al tiempo que vamos conociendo la realidad de las consecuencias personales, económicas y medioambientales de un accidente grave en un país industrializado, todo lo cual invalida ambas contrapartidas del pacto fáustico que nos propuso Alvin Weinberg. De hecho, los hay que nunca creyeron las promesas de la industria nuclear y, entre ellos, en lugar prominente, están quienes precisamente son especialistas en valorar riesgos: las compañías de seguros. Siempre se han negado a cubrir la responsabilidad civil de una central nuclear, con lo que nos hemos visto obligados a promulgar leyes que eximen a las eléctricas de esta responsabilidad, más allá de cantidades que, como podremos comprobar en Japón, son simbólicas. A las compañías de seguros no les gustan las nucleares y es fácil comprobarlo leyendo cualquier póliza que tengan a mano. Verán que la letra pequeña dice: "Excluidos los riesgos por accidentes nucleares". Las consecuencias de los cisnes negros nucleares las tendremos pues que pagar de nuestros bolsillos o, lo que es peor, con nuestra salud, y por ello ha llegado el momento de hacerle caso al comisario europeo de la Energía, Günther Ottinger, y plantearnos cómo Europa podría cubrir sus necesidades energéticas futuras sin contar con la energía nuclear. No ya solo porque así lo prefiramos muchos, sino porque probablemente no tengamos más remedio.

Marcel Coderch, ingeniero, es autor con Núria Almirón de El espejismo nuclear. Los libros del lince, 2008.

Concurso fotográfico Hiperconsumo Decrecimiento y Consumo Responsable


Abierto el plazo del Concurso Fotográfico sobre Hiperconsumo y Decrecimiento

ISF Andalucía invita a los andaluces a capturar con sus objetivos los problemas relacionados con el Hiperconsumo, sus consecuencias y sus posibles alternativas

Una imagen vale más que mil palabras. Por eso Ingeniería Sin Fronteras Andalucía (ISF Andalucía) convoca el concurso fotográfico “Captura y Observa L’Off”, con el fin no sólo de sensibilizar a la sociedad andaluza sobre el Hiperconsumo y las consecuencias negativas de un modelo de consumo irracional, sino también con la idea de concienciar sobre las posibles alternativas de consumo responsable.

El certamen está abierto a todas aquellas personas mayores de 18 años aficionadas a la fotografía y residentes en Andalucía. Cada participante puede concurrir con un máximo de dos fotografías inéditas, en formato digital en blanco y negro o en color. El plazo de presentación de las obras es el día 30 de abril.

Se gratificará económicamente a las tres mejores obras del certamen con 300, 200 y 100 euros, para ganador y finalistas respectivamente.

Asimismo, las diez mejores fotografías elegidas por el jurado, formado por profesionales especializados y miembros de la ONGD, serán expuestas al público en Sevilla durante la Semana del Decrecimiento, del 13 al 22 de mayo, y posteriormente en otras ciudades andaluzas.

Esta actividad se enmarca dentro del conjunto de acciones que la ONGD realiza para concienciar y sensibilizar a la población andaluza sobre las desigualdades del modelo de vida actual y la alternativa del decrecimiento. En esta línea, desde su nacimiento la ONGD trabaja para difundir buenas prácticas de consumo responsable, ahorro energético, sensibilización ambiental y comercio justo.

Para más información y consultar las bases:



Contacto con el Comité Organizador ISF Andalucía para el concurso Captura y Observa L’Off:

concursocapturaloff@gmail.com
granada@isf.es

La prohibición del burka musulmán y la promoción del burka occidental

El ansia - Webislam

En la tolerante y moderna Europa está siempre presente, desde el aumento de la inmigración musulmana, el debate sobre el hiyab (velo islámico) y el burka. ¿Hay que respetarlos como símbolos religiosos válidos y aceptados, como la cruz al cuello, o hay que desacreditarlos y hasta prohibirlos por ser parte activa de la opresión islámica sobre la mujer? Las leyes de países como Francia presumen de avanzadas y abiertas, de cosmopolitas y respetuosas, pero la prohibición de manifestar una elección personal que no interfiere en la vida de nadie más aparte de quien la realiza es algo, sin matices, reaccionario. No siempre son elecciones personales, claro: el burka suele ser una imposición masculina, o autoimposición, y es más difícil defenderlo desde algún punto de vista. El hiyab es algo diferente. Occidente, desde su superioridad moral, dictamina que el velo humilla a las mujeres que lo llevan. Puede ser una opción personal, sí, pero una no respetable. No parece constitucional un símbolo tan claramente antidemocrático de machismo. Porque es un símbolo claro de machismo, ¿no?

Pero Occidente no es quién para imponer a las mujeres musulmanas que viven en Europa lo que pueden o no hacer, no más que a otros ciudadanos. ¿Les han preguntado a ellas? ¿Tienen representación o voz en esos parlamentos que les quieren decir cómo tienen que vivir, al mismo tiempo que les dicen que Europa es la libertad total de elección, el lugar mágico en el que cada uno puede decidir lo que hará con su vida, idea en paralelo al sueño americano? Nadie les pregunta. Preguntádselo. Preocupaos por saber qué significa para ellas, no para vosotros, no deis por hecho que sólo tiene una interpretación correcta y que esta es, por supuesto, la vuestra. Habrá muchas respuestas diferentes. Algunas llevarán el hiyab por tradición, por fervor religioso. Dentro de esto, algunas, las menos en Europa, porque su familia masculina les obliga. Para otras, no pocas, no sólo no es un símbolo de opresión, sino que lo es de libertad. De reivindicación feminista. Se sienten perdidas en la materialista Europa y llevando el hiyab quieren gritar: “valórame por lo que soy, no por lo que aparento”, frente a la superficialidad occidental que prejuzga y valora y ayuda o no a una mujer según su aspecto físico permanentemente desvelado. Si uno quiere respetar los derechos fundamentales, no puede prohibir en bloque algo tan diverso. Eso es el reverso casi exacto de los países árabes que imponen su uso.

La prohibición del hiyab, aunque sea sólo en los lugares públicos, como colegios o centros políticos, es un acto etnocéntrico y despreciable. La única lectura es que Occidente sabe mejor que una pobrecita e ignorante mujer musulmana lo que a esta le conviene. El mismo Occidente que, en la cima de la hipocresía que es uno de sus principales rasgos culturales, acepta y promueve su propio burka: el canon estético. La vida de casi cada mujer occidental es una lucha constante por lucir bien, por estar atractiva de forma acorde a los modelos mandados desde la publicidad y la cultura de masas (y no sólo de masas) en general. Modelos asimilados por los hombres y por las mujeres que viven en el mundo occidental, quienes aceptan o desprecian, favorecen o ponen baches, a una mujer por el mero hecho de si es guapa o no. La mujer occidental, y en los últimos años también el hombre en otro de los perversos giros del capitalismo comercial, siempre está pendiente de su figura. Vive angustiada por la báscula, pasa hambre por las dietas, sufre rechazos si no encaja (¡y hasta casi encajando!) en el modelo estético, incluso está dispuesta a modificar brutalmente su cuerpo para ser aceptada. Se la valora por lo que aparenta, ella misma se valora por lo que aparenta, adoptando una mirada masculina sobre sí misma. Es una esclavitud diaria y constante. Interiorizada y asumida. ¿De verdad esto es mejor que el burka islámico? El burka islámico es impuesto por unos preceptos religiosos mal entendidos; el burka occidental está en la base de su propia cultura patriarcal-liberal. Mientras el terrible burka occidental no sea cuestionado abiertamente, cualquier defensa de la prohibición paternalista del hiyab por la presunta opresión que supone sólo puede considerarse como eurocéntrica en el peor sentido, cínica y xenófoba, deudora de los valores que llevaron al colonialismo y a la miseria y muerte del mal llamado Tercer Mundo.



Neef

Max-Neef ganó en 1983 el Right Livelihood Award, dos años después de haber publicado su libro Economía Descalza, Señales desde el Mundo Invisible.

- ¿En qué consiste la economía descalza?

- Bueno, es una metáfora, pero es una metáfora que se originó en una experiencia concreta. Yo trabajé alrededor de diez años de mi vida en áreas de pobreza extrema en las sierras, en la jungla, en áreas urbanas en distintas partes de Latinoamérica. Al comienzo de este periodo estaba un día en una aldea indígena en la sierra de Perú, era un día horrible, había estado lloviendo todo el tiempo. Era una zona muy pobre y frente a mí estaba otro hombre parado en el lodo (no en el barrio pobre sino en el lodo). Y bueno, nos miramos. Era de corta estatura, delgado, con hambre, desempleado, cinco hijos, una esposa y una abuela. Yo era el refinado economista de Berkeley, que enseñaba en Berkeley, etc. Nos mirábamos cara a cara y de pronto me di cuenta de que no tenía nada coherente que decirle en esas circunstancias a este hombre, que todo mi lenguaje de economista era inútil. ¿Debería decirle que se pusiera feliz porque el producto interno bruto había subido un 5% o algo así por e l estilo? Todo esto era completamente absurdo. Entonces descubrí que no tenía un lenguaje para ese ambiente y que teníamos que inventar un idioma nuevo. Ese es el origen de la metáfora economía descalza que, en concreto, simboliza la economía que un economista debe usar cuando se atreve a meterse en los barrios bajos. El punto es que los economistas estudian y analizan la pobreza desde sus oficinas lujosas, poseen todas las estadísticas, desarrollan todos los modelos y están convencidos de que saben todo lo que hay que saber sobre la pobreza. Pero ellos no entienden lo que es la pobreza, ese es el gran problema y es también el motivo por el cual la pobreza aún existe. Esto cambió completamente mi vida como economista: inventé un lenguaje coherente para esas condiciones de vida.

- ¿Y cuál es ese idioma? ¿Cómo aplicas un sistema económico o haces que las circunstancias expliquen esos cambios?

- No, la cuestión es mucho más profunda. Es decir, no es como la típica receta que te da alguien de tu país, en donde te dicen "le garantizamos quince lecciones o la devolución de su dinero". Ese no es el punto, te lo pongo de esta manera: hemos alcanzado un nivel en nuestra evolución en el que sabemos muchas cosas, sabemos muchísimo pero entendemos muy poco. Nunca en la historia de la humanidad ha habido tanta acumulación de conocimiento como en los últimos cien años y mira cómo estamos. ¿Para qué nos ha servido el conocimiento? La esencia está en que el conocimiento por sí mismo no es suficiente, carecemos de entendimiento. La diferencia entre conocimiento y entendimiento te la puedo explicar con un ejemplo: vamos a pensar que tú has estudiado todo lo que puedes estudiar desde una perspectiva teológica, sociológica, antropológica, biológica, inclusive bioquímica y sobre un fenómeno humano llamado amor. El resultado es que tú sabrás todo sobre el amor, pero tarde o temprano te vas a dar cuenta de que nunca entenderás el amor a menos de que te enamores. ¿Qué significa esto? Que sólo puedes llegar a aspirar a entender aquello de lo que llegas a formar parte. Como dice la canción: si nos enamoramos, somos mucho más que dos. Cuando perteneces, entiendes. Cuando estás separado, solo acumulas conocimiento y esa ha sido la función de la ciencia. Ahora bien, la ciencia se divide en partes pero el entendimiento es completo, holístico.

Y eso es lo que sucede con la pobreza. Yo entendí la pobreza porque estuve allí; viví con ellos, comí con ellos y dormí con ellos. Entonces comienzas a entender que en ese ambiente hay distintos valores, y diferentes principios comparados con los que existen allí de donde tú provienes y te das cuenta de que puedes aprender cosas fantásticas de la pobreza. Lo que he aprendido de los pobres supera lo que aprendí en la universidad. Pero pocas personas tienen esa oportunidad, ¿te das cuenta? Ellos ven la pobreza desde afuera en lugar de vivirla desde adentro. Aprendes cosas extraordinarias. Lo primero que aprendes y que los que quieren mejorar el sistema de vida de los pobres no saben, es que dentro de la pobreza hay mucha creatividad. No puedes ser un idiota si quieres sobrevivir, cada minuto tienes que estar pensando, ¿Qué sigue? ¿Qué puedo hacer aquí? ¿Qué es esto y lo otro y lo otro? Así que tu creatividad debe ser constante. Además, están los contactos, la cooperación, la ayuda mutua y toda una gama de cosas extraordinarias que ya no se encuentran nuestra sociedad dominante que es individualista, avara, egoísta, etc. Totalmente lo opuesto de lo que tienes allá. Y es sorprendente porque a veces llegas a encontrar gente más feliz entre los pobres que la que encontrarías en tu propio ambiente. Lo que significa que la pobreza no solo es una cuestión de dinero. Es algo mucho más complejo.

- ¿Qué crees que debamos cambiar?

- ¡Oh!, casi todo. Somos dramáticamente idiotas. Actuamos sistemáticamente en contra de las evidencias que tenemos. Sabemos exactamente qué no debemos hacer. No hay nadie que no sepa esto, especialmente los grandes políticos saben exactamente lo que no se debe hacer. Y aún así lo hacen. Después de lo que pasó en octubre del 2008, tú pensarías que van a cambiar porque se han dado cuenta de que el modelo económico no funciona, que incluso tiene un alto nivel de riesgo, dramáticamente riesgoso. Y uno se pregunta: ¿Cuál fue el resultado de la última reunión de la Comunidad Europea? Ahora son más fundamentalistas que antes. De tal modo que lo único de lo que se puede estar seguro es que ya viene la próxima crisis y que será el doble de fuerte que la actual. Pero para entonces ya no habrá suficiente dinero. Esas son las consecuencias de la sistemática estupidez humana.

- Si tú estuvieras al frente de la economía ¿qué harías para evitar otra catástrofe?

- Primero que nada, necesitamos de nuevo economistas cultos, que sepan historia, de dónde vienen, cómo se originaron las ideas, quién hizo qué y así sucesivamente. Lo segundo, una economía que entienda que es subsistema de un sistema finito más grande: la biosfera, y como consecuencia la imposibilidad de tener un crecimiento económico infinito. En tercer lugar, un sistema que tenga claro que no puede funcionar sin tomar en serio los ecosistemas. Pero los economistas no saben nada de ecosistemas, no saben nada de termodinámica, nada de biodiversidad, son totalmente ignorantes respecto a estos temas. Un economista debe tener claro que si los animales desaparecen, él también desaparecerá porque entonces ya no habrá qué comer. Pero él no sabe que dependemos totalmente de la naturaleza ¿te das cuenta? Sin embargo, para los economistas de hoy en día la naturaleza es un subsistema de la economía, concepto que es totalmente absurdo.

Además debemos acercar el consumidor a la producción. Yo vivo bien al sur de Chile, una zona fantástica donde tenemos toda la tecnología para la elaboración de productos lácteos de máxima calidad. Hace unos meses estaba desayunando en un hotel y al tomar un paquetito de mantequilla descubrí que ésta venía de Nueva Zelanda, absurdo ¿no te parece? ¿Y por qué sucede una cosa así? Porque los economistas no saben calcular los costos reales. Traer mantequilla desde un lugar que queda a 20.000 kilómetros a un sitio donde se produce la mejor, con el pretexto de que es más barato es una estupidez monumental porque no tienen en cuenta el impacto que causan esos 20.000 km. de transporte sobre la naturaleza. Por si fuera poco, es más barata porque está subsidiada. Es un caso muy claro en el que los precios nunca dicen la verdad. Todo tiene su truco ¿sabes? esas artimañas causan enormes daños. Si acercas el consumo a la producción, comerás mejor, tendrás mejores alimentos y sabrás de dónde vienen. Incluso podrías llegar a conocer a la persona que lo produce. Se humaniza el proceso, pero hoy en día lo que los economistas hacen está totalmente deshumanizado.

- ¿No crees que la misma tierra nos forzará a actuar de diferente modo? ¿Estaremos llegando al fin?

- Sí claro. Ya algunos científicos lo están diciendo pero yo aún no he llegado a ese punto. Pero muchos lo creen y piensan que es definitivo, que estamos fritos, que dentro de algunas décadas no habrá más humanos. Yo no creo que hayamos llegado a ese punto, pero sí que estamos cerca y diré que ya cruzamos el primero de los tres ríos. Y observa lo que está pasando en todos lados, es alarmante cómo la cantidad de catástrofes ha ido aumentando y se manifiesta en todas las formas: tormentas, terremotos, erupciones volcánicas. El número de eventos crece dramáticamente, es sobrecogedor y nosotros seguimos en las mismas.

- ¿Qué has aprendido de las comunidades pobres en las que has vivido y trabajado que te de esperanza?

- La solidaridad de la gente; el respeto por los otros; la ayuda mutua; nada de avaricia, un valor inexistente dentro de la pobreza y uno estaría inclinado a pensar que allí es donde más está presente, que la avaricia debería ser patrimonio de los que menos tienen. No, todo lo contrario, mientras más tienes más quieres, la crisis actual es producto de la avaricia. La avaricia es el valor dominante del mundo actual. Mientras persista, estamos acabados.

- ¿Cuáles serían los principios que enseñarías a los jóvenes economistas?

- Los principios de la economía deben estar fundamentados en cinco postulados y un valor esencial. Primero: la economía está para servir a las personas y no las personas para servir a la economía. Segundo: el desarrollo se refiere a las personas, no a las cosas. Tercero: crecimiento no es lo mismo que desarrollo y el desarrollo no necesariamente requiere de crecimiento. Cuarto: no puede existir una economía con un ecosistema fallando. Quinto: la economía es un subsistema de un sistema mayor y finito: la biosfera. Por lo tanto, el crecimiento permanente es un imposible. Y el valor fundamental para poder consolidar una nueva economía es que ningún interés económico, bajo ninguna circunstancia, puede estar por encima de la reverencia por la vida.

- Explica lo que acabas de mencionar…

- Nada puede ser más importante que la vida. Y digo vida, no seres humanos, porque para mí el punto clave es el milagro de la vida en todas sus manifestaciones. Pero si predomina el interés económico, uno no solo se olvida de la vida y otros seres vivientes, termina también ignorando a los seres humanos. Si recorres esta lista que acabo de mencionar, uno a uno, verás que lo que tenemos ahora es exactamente lo contrario.

- Volvamos al tercer punto, crecimiento y desarrollo y explícalo mejor…

- Crecimiento es una acumulación cuantitativa. Desarrollo es la liberación de posibilidades creativas. Todo sistema vivo de la naturaleza crece y en cierto punto deja de crecer, tú ya no estás creciendo, ni él ni yo. Pero continuamos desarrollándonos, de otro modo no estaríamos dialogando en este momento. El desarrollo no tiene límites pero el crecimiento sí. Y este es un concepto muy importante que políticos y economistas ignoran, están obsesionados con el fetiche del crecimiento económico.

He trabajado durante décadas y en este tiempo se han hecho muchos estudios. Soy el autor de una famosa hipótesis: la hipótesis del límite, que dice que en toda sociedad hay un periodo de crecimiento económico-entendido convencionalmente o no-que trae una mejora en la calidad de vida pero sólo hasta cierto punto: el punto límite, a partir del cual, si hay más crecimiento, la calidad de vida comienza a decaer. Esta es la situación en la que nos encontramos actualmente.

Tu país es el ejemplo más dramático que puedes encontrar. En mi libro que saldrá publicado el próximamente en Inglaterra, titulado La economía desenmascarada-hay un capítulo llamado "Estados Unidos, una nación en vías de subdesarrollo" la cual es una nueva categoría. Actualmente manejamos los conceptos de desarrollado, subdesarrollado y en vías desarrollo. Ahora tenemos el nuevo concepto de en vías de subdesarrollo y tu país es el mejor ejemplo, en el cual el 1% de los americanos cada vez están mejor, mejor y mejor, mientras que el 99% va en decadencia en todo tipo de manifestaciones. Hay personas que viven en sus autos, ¿sabes? ahora duermen en sus carros, estacionados enfrente de la que fue su casa. Miles, millones de personas lo han perdido todo. Pero los especuladores, los que crearon todo este problema, esos están fantásticamente bien. Para ellos no hay problemas.

- ¿Entonces, cómo cambiarías las cosas?

- Bueno, no sé cómo cambiarlas. Es decir, solitas van a cambiar, pero de manera catastrófica. Para mí no sería raro que de un momento a otro millones de personas salieran a las calles de Estados Unidos a causar destrozos. No sé, pero podría suceder. No lo sé. La situación es absolutamente dramática y se supone que es el país más poderoso de la tierra. Y aún en estas condiciones, siguen con sus guerras absurdas gastando billones y trillones. Trece trillones de dólares para los especuladores y ¡ni un centavo se fue para las personas que perdieron sus casas! ¿Qué tipo de lógica es esa?

Traducido por: Rose Mary Salum.

Democracy Now, marzo de 2011.


Para saber más: Max-Neef: Libros, artículos, entrevistas y conferencias

Conferencia de Max Neef: El mundo en rumbo en colisión [Video]


Entrevista al editor del blog del decrecimiento

Entrevista Realizada por Vítor Suárez para Fueya en Blancu


¿En qué consiste la idea de decrecimiento? ¿Cuándo surge?

El ‘decrecimiento’ es una metáfora subversiva que intenta hacer una crítica radical de uno de los grandes mitos de nuestra civilización: ‘el crecimiento’; Una imagen necesaria para abrir un espacio a la inventiva y la creatividad bloqueado por el totalitarismo economicista, basado en una idea de progreso y desarrollo que siempre resolverá nuestros problemas mañana.

El término ‘decrecimiento’ es utilizado muy recientemente, aunque alguna de las ideas en las que se apoya tengan una historia bastante antigua; la concienciación sobre la crisis ecológica, la crítica a la técnica y al progreso, el fracaso del desarrollo en el Sur, las aportaciones de la física y la biología en la economía...

¿Qué relación tiene con otras corrientes como el primitivismo o el neorruralismo?

Las diferentes miradas que sobre la realidad ejercen el movimiento primitivista, el fenómeno neorrural u otras corrientes de pensamiento nos tienen que servir para romper una cosmovisión ilustrada, liberal y progresista, elaborada y enriquecida sin tregua desde hace más de doscientos cincuenta años por autoridades políticas e intelectuales; esto no quiere decir que aceptemos todo el bagaje ideológico que aportan acríticamente.

Una opinión muy habitual de las personas que se consideran ‘progresistas’ es intentar presentar el movimiento decrecentista como una marcha atrás en la historia: “¡Nos quieren llevar a la edad de piedra!”; pero salir de la autopista del progreso no implica meterse en el callejón sin salida del pasado.

Por otra parte, en una sociedad tan global como la nuestra, ya no es posible escapar a la naturaleza, el mundo está lleno, nos afecta una explosión nuclear en Japón, una guerra en Libia, una plantación de transgénicos en Argentina o la instalación de una incineradora en Serín.

¿No es posible un “desarrollo sostenible”?

Condicionado por la ideología del consumo y prisionero de la fe ciega en la ciencia, nuestro mundo busca una respuesta que no contravenga su deseo en crecimiento exponencial de objetos y servicios sin perder la buena conciencia.

El concepto ético de ‘desarrollo sostenible’ ha respondido a esta esperanza. Las instituciones suelen difundir mensajes para utilizar bombillas de bajo consumo, televisores más eficientes o coches ecológicos; Las grandes empresas descubren una nueva etiqueta de moda, pero el mensaje es siempre: “¡Consume!”.

El desarrollo en el modelo económico actual genera pobreza, ignorancia, insolidaridad, consumismo, uniformidad, violencia... y por supuesto: Es insostenible.

¿El decrecimiento supone pérdida de calidad de vida?

Si entendemos por calidad de vida la satisfacción de las necesidades humanas, lo que cambiaría con una sociedad más convivencial, sería la manera o los medios utilizados para la satisfacción de estas necesidades.

Pongamos un ejemplo:

La leche materna es el mejor alimento que una madre puede ofrecer a su bebé, tanto para su desarrollo físico como psicoafectivo. La lactancia es beneficiosa para el bebé, la madre y la sociedad en todos los lugares del mundo.

La leche materna es un alimento ecológico que no necesita fabricarse, envasarse ni tansportarse con lo que no malgasta recursos energéticos y materiales y evita la contaminación del medio ambiente, siempre lista para su uso y además es gratuita.

Para producir la leche artificial se precisa la utilización de grandes espacios para la explotación del ganado vacuno, por lo que aumenta la deforestación; quema combustible para su transporte por el mundo; la fabricación de botes para la leche, biberones, etc. produce un agotamiento de recursos naturales, y genera materiales de desecho. Además necesita ser calentada y hay que pagarla.

Pero, los intereses económicos de las multinacionales prevalecen sobre los derechos de las personas, la lactancia materna no es rentable, y sí lo son las leches artificiales, que se están convirtiendo en productos de consumo habitual.

Un absurdo generado por un modelo productivo que responde a los intereses de las clases capitalistas.

Dado el volumen de consumo de la sociedad actual ¿Crees que es una opción viable o una utopía?

Pongamos otro ejemplo:

En 1993 Stefanie Böge publicó en Alemania un estudio, ya famoso, sobre la intensidad de transporte del yogur de frutilla y sus materias primas: ingredientes, envases, recipientes y tapas. Esta autora calculó los kilómetros que debía recorrer un yogur atravesando 4 países antes de llegar a la mesa del consumidor. Detrás de cada pote de yogur se esconden tres mil kilómetros recorridos en camión. Pero dado que los proveedores de materiales tienen a su vez sus propios suministradores de materias primas, se deben sumar otros 4.500 kilómetros.

Al consumo de combustible fósil no renovable, se agrega el impacto medioambiental. Por otra parte, la utilización de potes de plástico desechables, en vez de envases reutilizables de vidrio, significa el empleo de otros 100 litros de petróleo por cada 7.000 unidades que acaban en la basura."

Si el yogur se hace de una manera más barata y sencilla de forma doméstica.

¿Por qué todo este gasto?

¿El retorno a lo local implica chovinismo?

Hablar de un renacimiento de lo local, se traduce en un viejo principio de la ecología política: “pensar globalmente, actuar localmente”. Hablamos de reapropiación de espacios tanto rurales como urbanos, hablamos de soberanía alimentaria, hablamos de nuevas formas de vida de carácter comunitario, hablamos de nuevas pautas de producción y de consumo, hablamos de una tecnología al servicio de las personas y de una relación de equilibrio con el lugar donde vivimos, hablamos de reducción de transporte motorizado y consumo energético, hablamos...

Y también nos situamos dentro una visión holística, donde se plantea la necesidad de una nueva cosmología y una nueva antropología que nos coloque, como seres humanos, en el lugar que nos corresponde, dentro y no sobre la naturaleza y que potencie la cooperación, el cuidado mutuo, el amor, como formas de relación entre los hombres y mujeres, y entre los seres humanos y la naturaleza.

Parece que cada vez se habla más del decrecimiento. ¿Qué iniciativas se están desarrollando en Asturias o en su entorno más próximo?

Desgraciadamente en Asturias no se ha desarrollado ninguna iniciativa, hay una serie de personas interesadas en el tema pero no existe una actividad decrecentista como tal. Si existen una serie de grupos que son una referencia dentro del movimiento como son ‘El local cambalache’ y ‘Ramitas’.

El consumo consciente y transformador (CCT), puede resultar más caro para el individuo en varios aspectos que la oferta de los grandes centros de distribución de productos ¿cómo trasladar la necesidad del CCT a la gente en tiempos de crisis?

Existen muchas experiencias interesantes que intentan, aunque de una manera limitada, la transformación del actual modelo capitalista, el consumo consciente transformador es una de ellas, hacer del consumo un acto político, el comercio justo, la renta básica y el límite máximo de beneficio, la cooperativa integral, la huelga de usuarios de bancos, las universidades libres, los bancos de tiempo, la educación sin escuela, las cooperativas de energías renovables, la red de insolventes e insumisos, la recuperación de edificios vacíos, el uso de transporte compartido, la repoblación rural, la autoconstrucción ecológica, el movimiento de ciudades en transición, las monedas sociales, las redes de intercambio, el proyecto de economía comunitario...

Hoy en día no se puede luchar de frente contra el capitalismo, la única posibilidad que existe es entrar en disidencia. Solamente si encontramos un hilo que sea capaz de armonizar todas las luchas que se plantean día a día por parte de aquellos a los cuales el sistema explota, margina o reprime seremos capaces de proponer un sistema que no entre en la lógica del mercado. Yo pienso que este hilo puede ser el decrecimiento.

Grandes empresas afincadas en nuestro país como Eroski, Leroy Merlin o Carrefour se están etiquetando como ecologistas, con propuestas como la reducción de bolsas de plástico o el uso de maderas y papel certificado ¿Qué opinión te merecen estas medidas?

Las grandes empresas descubren una nueva etiqueta de moda, la estética ambiental vende, un escaparate donde esconder la contaminación, un lavado de imagen que permite mercadear con el consumo verde.

Las grandes empresas ganan mucho dinero, no les interesa un discurso alternativo, simplemente se disfraza con la retórica del ‘consumo ecológico’, una especie de escaparate deslumbrante diseñado para ocultar el inmenso vacío existente tras él.


Para finalizar ¿Qué textos u otro material recomiendas para conocer más sobre la teoría del decrecimiento?

Existen libros cuya temática central es el decrecimiento como el libro de Carlos Taibo ‘En defensa del decrecimiento’, ‘La apuesta por el decrecimiento’ de Serge Latouche o ‘El decrecimiento feliz’ de Julio García Camarero, también muy interesante el libro ‘Decrecimientos, sobre lo que hay que cambiar en la vida cotidiana’ escrito por varios autores y coordinado por Carlos Taibo.

Existen, además, vídeos que se pueden ver en la portada del blog del decrecimiento donde exponen Carlos Taibo, Luis González, Serge Latouche y otros.

Espacio para despedirte o poner lo que quieras

Lo primero que salta la vista es que la gran mayoría de los textos, los manifiestos, los libros que constituyen la base intelectual del decrecimiento han sido escritos por autores masculinos. Estos autores a su vez se han basado principalmente en otros pensadores (hombres) anteriores. Esta observación, que puede parecer banal, ha influido en buena medida en que, a día de hoy, la influencia real del pensamiento feminista en el discurso del decrecimiento no sea algo palpable.

Poner en entredicho el modelo capitalista de crecimiento ilimitado implica cuestionar también el paradigma del patriarcado como sistema social y moral que lo sustenta.

El Decrecimiento propone construir otras formas de vida basándose en las relaciones sociales, la cercanía, la austeridad, la vida en común y la ralentización del tiempo. Elementos que lejos de ser limitantes son los que enriquecen la vida y la llenan de alegría. No son nuevos los estudios que apuntan que la felicidad subjetiva no está asociada al consumo y al dinero sino más bien a la vida comunitaria donde prima la relación.

Simone Weil: Ninguna guerra es justa


"A primera vista el mal de las guerras son los muertos y la destrucción. Eso podría hacernos pensar que se trata de un mal menor, si la causa es justa. Pero lo bien cierto es que existe otro mal de las guerras, de todas las guerras, que pone en entredicho que alguna pueda ser justa. El mal de toda guerra es que aumenta el error con el que los humanos se juzgan a sí mismos y a los demás, lo que no puede sino avivar las causas de la violencia.

Simone Weil afirma algo que, de entrada, resulta sorprendente. En efecto, dice que las guerras son episodios imaginarios, aunque la muerte y la desolación sean muy reales. La guerra impide ver la realidad en sus propios límites: quienes se enfrentan proyectan sobre el otro la imagen que les permite verse a sí mismos como poderosos y exultantes. Puesto que este error de la imaginación lo practican todos los que participan de las guerras – e incluso quienes no participan y se limitan a ser espectadores – las consecuencias de la victoria de unos y la derrota de otros llevará la marca de ese error.

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Weil nos advierte de que es fácil caer en la opinión bienintencionada de creer que una causa justa sigue siendo justa después de ser vencida. No es así. La destrucción de una guerra no solo queda patente en los bienes materiales que desaparecen. Es mucho más grave, puesto que también los valores espirituales de los vencidos serán borrados del mapa. El uso de la crueldad, por parte de los vencedores, puede llegar a paralizar los espíritus y eso conduce a la población a la desesperanza y a la cobardía, o a las dos cosas, una detrás de otra.

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Igualmente debemos saber que es una práctica habitual efectuar una lectura de los seres humanos que les quita realidad, volviéndolos abstractos portadores de una bandera, de una ideología. Y que esa lectura lleva impresa la huella de los enfrentamientos y de la violencia.

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Las banderas detrás de las cuales se arman los ejércitos tienen nombres altisonantes y con mayúscula: por la “Libertad”, por la “Democracia”, por el “Socialismo”, contra el “Capitalismo”, contra el “Fascismo”. ( ... ) Desgraciadamente estas palabras ocultan una lucha por ser el más fuerte donde puede más que querer demostrarlo y cumplir el sueño de la imaginación que la obtención de beneficios materiales. Así estamos hechos los humanos, ésa es nuestra barbarie.

Ahora bien, la lucha que enfrenta a los de abajo y a los de arriba es eterna, no hay que renunciar jamás a ella, aunque hay que intentar disminuir los riesgos de guerra. Afortunadamente – no recuerda Simone Weil – la historia no sólo nos ha dejado masacres. También ha dejado alguna luchas pacíficas...

Así pues, ‘ser revolucionario, puede tener dos sentidos: esperar que todo cambie mediante un vuelco que ponga a los de abajo arriba e inicie el camino hacia una situación en la que deje de existir el arriba y el abajo – este es el significado marxista; o ayudar a aligerar el peso que aplasta, rehusar las mentiras con las que se justifica la humillación y contribuir a dar a los de abajo el sentimiento de que ellos también tienen valor – este es el significado wiliano."

Extraído de 'La guerra según Simone Weil' de Maite Larrauri

Abrazar la vida

Mi lado femenino

María Guerrero - Centro de Colaboraciones Solidarias

Por no parecerse a sus madres, muchas mujeres han llegado a adoptar roles de hombres. Miden su propia valía según los patrones masculinos de productividad, de modo que en ocasiones pierden el control y se convierten en unas tiranas para sí mismas. No se permiten descansar ni atender sus propias necesidades de ser queridas y cuidadas. Sienten “el vacío del éxito”.

Las diferencias sexuales en la sociedad occidental no constituyen sólo diferencias biológicas sino que, a través del proceso de socialización, se moldean dos cosmovisiones, dos grandes formas de vivenciar y percibir el mundo.

Los roles que existen en la sociedad se aprende a través de agentes socializadores como son la familia, en primer lugar, y posteriormente la escolarización, las instituciones, los medios de comunicación, etc., durante un proceso educativo que es distinto para hombres y mujeres. Por tanto, “lo masculino” y “lo femenino” son conceptos fruto de una construcción sociocultural.

Con el tiempo, estos roles pueden llegar a convertirse en un esquema rígido de comportamiento que impide la fluida comunicación personal y la posibilidad de una comunicación emocional de apertura con uno mismo. Al posicionarnos en una estructura tapamos, menospreciamos o negamos la otra de nosotros mismos.

Las personas necesitamos expresarnos de una y de otra forma, de manera “masculina” y “femenina”, sentirnos fuertes o débiles, tiernos o agresivos, sin que ello tenga necesariamente connotaciones positivas o negativas.

Ambos sexos estamos educados para que aceptemos un rol complementario en la relación de poder que permita mantenerla. Lo contrario, es punible de alguna manera. En las mujeres existe una fuente de conflictos adicional. Si nos comportamos de acuerdo con la expectativa social, su rol de mujer ocupa un segundo lugar puesto que la consideración social recae en lo masculino. Pero si nos comportamos con los valores masculinos, para ser reconocidas socialmente (agresividad, competitividad, fortaleza, dureza, minimización de las emociones), somos despreciadas como mujeres.

Cuando el inconsciente masculino toma el poder, puede que la mujer sienta que nunca es suficiente, haga lo que haga o cómo lo haga. No llega a sentirse satisfecha del todo. Cuando completa un trabajo, ese inconsciente la empuja a buscar otro; le urge a pensar en el futuro, sin valorar lo que está haciendo en el presente. Ella se siente asediada y responde desde un lugar interno de carencia: “Debería estar haciendo más. Lo que hago no es suficiente”.

Este actuar desde la máxima “yo puedo, soy fuerte”, enfatizando “lo masculino”, por lo general suele dejar profundas huellas tanto en la salud, que se deteriora a golpe de yunque y martillo, como en el estado emocional.

¿Para qué sirve tanto esfuerzo? ¿Por qué me siento tan vacía? Es lo que terminamos preguntándonos después de haber conseguido los aplausos, si los conseguimos, y después de tantos y tantos “yo puedo”. Nos decimos: “He logrado todo lo que me propuse y, sin embargo, me sigue faltando algo”.

El sentimiento que genera este estado es de escisión, de traición a nosotras mismas, de abandono de una parte de nosotras que ni siquiera conocemos.

Esta sensación de pérdida es, en realidad, un anhelo de “lo femenino”, el anhelo de una sensación de hogar en el cuerpo.

Al final, se da cuenta de que los presupuestos de los que partió desde pequeña, acerca de las recompensas por ser una mujer “yo puedo”, son falsos y la han llevado a luchar en otra “guerra”, que la han conducido a obtener “victorias” que no le valen para llenarse a sí misma. En efecto, consiguió el éxito, logro objetivos, adquirió lo que creía que era independencia y para todo ello se dejó la piel en el camino, endureció su corazón y puso una mordaza a su alma.

No es necesario continuar actuando como la mujer yo puedo que siempre hemos vivido. Podemos ser mujeres capaces de vivir con plena libertad, sin complacer a todo el mundo, pero sin perder de vista que somos parte de él y que nuestros actos suman a su desarrollo. Si nos creemos menos, le estaríamos restando al mundo.

Es por eso que reflexionamos sobre el tema y desde aquí os invito a pasar de ser una mujer yo puedo a una mujer yo vivo, yo siento, yo soy.