Borrachera

La forma que se tiene actualmente en la sociedad del estado español de relacionarse con diferentes sustancias narcóticas, entre las que se destaca el cannabis, pero sobre todo el alcohol, es radicalmente diferente a la que venía siendo tradicional y mantenida hasta hace un par de generaciones. En tiempos anteriores al franquismo no existía prácticamente la cultura de “colocarse”; antes bien, eran mal vistas socialmente las personas que abusaban de cualquier sustancia “emborrachante”. El alcohol en general se consumía fermentado (como vino principalmente o cerveza) en forma de complemento alimenticio, siempre con ingesta moderada. Fue el franquismo quien potenció masivamente la proliferación desaforada del consumo alcohólico entre las clases populares. Los motivos vienen explicados en el libro, aunque no es tan difícil imaginarlos. A partir de la era llamada “transición” la política de convertir a la clase obrera en una sociedad “de beodos” continuó de la mano principalmente de los gobiernos del PSOE, quienes tuvieron un insospechado aliado: las organizaciones de izquierda revolucionaria. Estas últimas son contra quienes con más fuerza arremete el autor.

Evidentemente esta apresurada simplificación queda lejos de describir las argumentaciones y datos que aporta Félix Rodrigo en su tesis.

Cosa buena es que el libro no se queda en la crítica sino que avanza en la propuesta. Sus aldabonazos y llamadas a la toma de conciencia y a la responsabilidad pretenden aclarar mentes y movilizar voluntades para una práctica política que pueda ser coherente y –por ende- fructífera. Ofrece un buen puñado de recetas concretas para pasar gradualmente de la actual situación de idolatría de la droga con todas las consecuencias que provoca, a una forma de vida más atemperada que nos permita extraer lo mejor de nuestras capacidades y ponerlas al servicio de la revolución a la que aspiramos. Evidentemente la propuesta no plantea prohibiciones ni políticas punitivas, sino tomas de conciencia que conduzcan a opciones completamente voluntarias y libres.

Dice la contraportada del libro:

“… Debemos saber vivir con un mínimo de cosas, para desarrollarnos como seres con un máximo de cualidades y capacidades, espirituales y materiales, de tal modo que, desde la autonomía y la fortaleza así construidas, podamos librar una lucha de aniquilación contra el actual orden político y económico. En esa renuncia, en ese abstenerse y decir no, está la esencia de la libertad verdadera en los tiempos que corren…”

Es posible que muchas de las cosas que se dicen en el libro ofendan a algunos o resulten exageradas a otras. Quizá algunas afirmaciones suenen a un alto volumen y hubieran precisado de matización, fundamentación, ponderación, contextualización etc. Sin duda ello habría enriquecido la obra y hubiera facilitado que numerosos lectores/as pudieran empatizar más fácilmente con sus ideas principales. Otras afirmaciones nos resultan innecesariamente repetidas, alguna de forma reiterativa. Un defecto formal más señalaremos: la excesiva tendencia del autor a la enumeración y a la subordinación, construyendo así interminables frases que ahogarían a cualquiera que tratara de leerlas en alta voz y que, en cualquier caso, no facilitan precisamente la comprensión de los conceptos.

Sin embargo el estilo acaba siendo así: duro, incisivo, inmisericorde… sorprendentemente ágil, o mejor diríamos “veloz”. Y no en vano esta es una de las causas que ayudan a su amena lectura. “Borracheras NO” se devora en un abrir y cerrar de ojos y el interés no decrece de la primera a la última página.

Se aborda aquí uno de tantos temas tabú entre los movimientos sociales, tan alérgicos siempre a entrar en disquisiciones éticas, espirituales o “individuales”. Se sacan a la palestra cuestiones de primer orden siempre soslayadas, que además cuentan con implicaciones prácticas nada desdeñables. Por ello nos parece una lectura más que recomendable, imprescindible.

Fragmentos

Obsequiamos a los lectores y lectoras del artículo con algunos párrafos escogidos que copiamos a mano:

“España es el primer país de Europa, y en bastantes cuestiones también del mundo, en todo lo malo, en todo, desde el uso de drogas a la alcoholización de la juventud, desde el porcentaje de paro al consumo obsesivo, desde el número de presos al número de policías, desde el desplome de la natalidad hasta la manía de los viajes y las vacaciones sin fin, desde la completa putrefacción de la vida intelectual al desarrollo de una inmoralidad de masas que deja pasmados a los viajeros más lúcidos, desde los millones de hectáreas desertificadas a la conversión de todo el litoral en un descomunal muestrario de ladrillo y hormigón, desde el culto más ciego por el dinero a la pérdida, pronto completa, de la sociabilidad. Siendo los primeros en todo lo malo, y los últimos en todo lo bueno, hemos de reconocer que el franquismo, el izquierdismo y la progresía unidos han realizado a conciencia su trabajo, por lo que ahora somos la cloaca de Europa, el país basura por excelencia.”

. . .

“…se ha puesto de moda, ya desde los años 60 del pasado siglo, una concepción de la libertad que, además de ser desacertada, realiza la predicción de Orwell sobre que en las sociedades totalitarias el vocablo libertad es la nueva forma de nombrar la inexistencia, y también la renuncia alucinada a ser libre en una buena parte de sus integrantes. En efecto, es la supuesta libertad como posibilidad de emborracharse y consumir narcóticos sin trabas, como capacidad ilimitada para hacer lo que el orden de dominación ordena que se haga, niega la verdadera libertad de manera obvia, en un doble sentido, como facultad para escoger otro comportamiento diferente al que nos es inducido y, de hecho, impuesto desde el poder, y como aptitud para prescindir de las cosas en todo lo posible, en particular de aquellas que nos arrebatan nuestra autonomía, nos destruyen en tanto que seres humanos e incluso nos matan. Lograr esa libertad exige un esfuerzo de auto-construcción como ser humano integral, y por tanto el esfuerzo es la expresión decisiva de la libertad. Ésta, pues, no es nunca dada u otorgada, sino sólo realizada y conquistada.”

. . .

“Las normas morales son, sobre todo, personales, aunque existe una moral social, pero lo sustantivo de la ética es que proporciona criterios de conducta al individuo, al que muestra como se debe vivir. La moral ha de ser auto-construida, esto es, elaborada y escogida por el sujeto, en colaboración con sus iguales. Hoy padecemos el amoralismo de masas, impuesto desde el poder, que para expandirse aún más necesita barrer todo criterio ético. Cuando el Estado crece lo que triunfa es la norma jurídica, que es coercitiva, puesto que se fundamenta en la pena legal, en la acción policial en definitiva, de manera que ello lleva al declive de la moralidad, que no es coercitiva, pues su meollo es el obrar por convicción interior. Precisamente uno de los más aciagos cambios que tuvieron lugar tras el triunfo de EEUU, forma superior de Estado y de capitalismo, en la segunda guerra mundial, fue la sustitución de la moralidad por la absolutización del llamado “imperio de la ley”. Desde entonces el sujeto medio ya no obra conforme a convicciones, sino exclusivamente por temor al castigo o por esperanza del premio.
Eso ha originado un empobrecimiento y desintegración radical de la vida espiritual de la persona, un estado de confusión interior, al no saber qué hacer ni cómo comportarse, más allá de lo jurídico, situación de anomia y caos que propicia el uso de sustancias narcóticas. Al mismo tiempo, la falta de ética debilita a la persona, que deja de ser una realidad que se asienta en el interior de sí, para transformarse en un ente construido desde fuera, desde y por el poder constituido.”

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“Otra conclusión a extraer es la negatividad de la abundancia material. En el pasado, los credos proletaristas encontraban especulativamente la cusa de todos los males en la pobreza y la escasez. Hoy que vivimos en una sociedad de abundancia casi ilimitada, aunque quizá ya por poco tiempo, estamos comprobando que la riqueza material, tal como nos expusieron los moralistas clásicos (que tuvieron ante sí el caso de la sociedad romana), es un motivo de numerosos males, entre ellos el de la gula, la obesidad, la beodez de masas y las toxicomanías, además del servilismo, el egotismo, el decaimiento de la voluntad, el colapso de las facultades reflexivas y la degeneración corporal. La riqueza material ha contribuido poderosamente a casi privarnos de nuestra condición humana, haciendo de nosotros unos subhumanos sin inteligencia, libre albedrío, amor por la libertad, aprecio por la verdad, sensibilidad y aprecio desinteresado por nuestros iguales. Una futura sociedad libre, autogobernada y autogestionada, ha de basarse en una pobreza decorosa, no en la riqueza, y ello por motivos más humanos, esto es, políticos, civilizatorios y morales, que medioambientales.”

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“Los poderhabientes no desean que, verbigracia, la reflexión acerca de la muerte enturbie la, al parecer, ilimitada felicidad de masticar, deglutir, zampar, defecar, trasegar, empinar, trincar, soplar, abrevar, miccionar, regoldar, potar, echar, expeler y vomitar, por lo tanto se ha constituido un orden social en que la muerte es ocultada, de la misma manera que lo son todos los demás aspectos “negativos” de la condición humana, para concentrar al neo-siervo de la modernidad en una única cuestión; producir y consumir, esto es, obedecer en todo y auto-destruirse en tanto que persona. Pero lo que es irremediable en el destino humano sigue estado ahí, por más que se impida su consideración, aunque sin una cosmovisión que permita al individuo pensarse, inteligir su verdadera naturaleza, construirse a sí mismo y vivir conforme a ella. De esa operación lo que resulta es una carga colosal de angustia existencial y pánico vivencial que suele buscar alivio en la ingestión compulsiva (esto es, específicamente moderna) de productos narcóticos. Para evitar esto necesitamos afrontar, no sólo de manera cavilativa sino también emocional, e incluso ritual, los lados más arduos de nuestra condición, tarea que ha de convertirse en un quehacer diario, personal y colectivo, para que seamos humanos conscientes, no subhumanos inconscientes, que huyen de sí mismos y que en esa patética desbandada caen, cada día más, en el mortífero océano del alcohol.”

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“En este contexto hay que poner fin al estilo de vida izquierdista. Sus fundamentos son la pereza, el apoltronamiento, la irresponsabilidad, el aferramiento maniático al tabaco, el porro y la cerveza, la adhesión a la nueva religión hedonista y felicista propia de la sociedad de consumo, la amoralidad autosatisfecha, la renuncia a pensar, el narcisismo, el individualismo y egocentrismo, la execración del esfuerzo, el rechazo de toda idea de deber y servicio, las extravagancias, el desdén por el esfuerzo físico y el trabajo manual, la fe en que todos los problemas tienen solución bajo el actual orden político sin cambio revolucionario, y el desprecio por las necesidades espirituales del ser humano. Tal es lo convertido en práctica diaria por quienes siguen las consignas de la socialdemocracia y de la progresía en el poder, los cuales pretenden ser “anti-burgueses” y meramente son los nuevos reaccionarios, el tipo de sujeto que ahora el poder constituido preconiza para un sector determinado de la socidad. En efecto, el tabaco y el alcohol incrementan sustancialmente los ingresos tributarios del Estado, que los usa para pagar más policía, y la sustancia activa del porro proviene de una vasta red que es dirigida por los servicios especiales de los Estados, de manera que lo “antisistema” de aquel modo de vida es un procedimiento para mantener y reforzar el aparato estatal, además del capitalismo.
Ser antisistema de verdad es trabajar por la revolución, no fumar y beber como bestias, no hacer lo que la izquierda institucional, que es la fuerza política fundamental del par capital-Estado hoy, nos dique que hagamos.
La tarea pendiente de la izquierda “antisistma”, en este asunto y en todos, es diferenciarse de la socialdemocracia, dejar de ser su ala “radical”.

Borracheras NO. Pasado, presente y futuro del rechazo a la alcoholización, de Félix Rodrigo Mora, pone sobre la mesa el tremendo asunto del alcoholismo de masas en las sociedades de la modernidad tardía, como vicio atroz e intolerable promovido por el aparato estatal y amparado, o visto con reprochable indiferencia, por quienes se dicen opuestos al vigente sistema de dominación.

Borracheras NO: pasado, presente y futuro del rechazo a la alcoholización
- Félix Rodrigo Mora Aldarull Edicions/ Distri Maligna/ Maldecap Ediciones/ Rompe la norma Sevilla, 2010
- 85 páginas. 2 euros

Reseña del libro en Tortuga: http://www.nodo50.org/tortuga/Borra...

Tomado de Grupo Antimilitarista Tortuga

Premio a la difusión de los principios del decrecimiento


sobre el decrecimiento como alternativa al crecimiento ilimitado.

Se premiará a la persona, comunidad o entidad que, mediante trabajos escritos, organización de cursos o conferencias, trabajos de investigación, realización de material audiovisual, creación de material pedagógico para adultos o escolares, ejecución de acciones directas... realice una mejor difusión de los principios del decrecimiento.

Los trabajos o memorias de los actos organizados tendrán que enviarse a: Comissiò de l’Agenda Llatinoamericana, calle Santa Eugènia 17, 17005 - Girona, España. Podrán remitirse en cualquiera de los idiomas en que se publica la Agenda Latinoamericana: catalán, castellano, portugués, inglés o italiano.

+ info

a través del teléfono 972 21 99 16 o del correo electrónico llatinoamericana@solidaries.org

folleto

El fracaso de las 'teorías del desarrollo'


El fracaso de las ‘teorías del desarrollo’ para erradicar la pobreza en el mundo debería abrir los ojos al hecho de que ese ‘desarrollo’ no ha intervenido mejorando de entrada las condiciones de vida de las sociedades ‘periféricas’ al capitalismo, sino provocando su crisis, sin garantizar alternativas solventes para la mayoría de la población implicada y originando, en ocasiones, situaciones de penuria y desarraigo mayores de las que pretendían corregir ab initio.

Desde esta perspectiva “podemos imaginar – con Iván Illich – al ‘desarrollo’ como una ráfaga de viento que arranca a los pueblos de sus pies, lejos de sus espacios familiares, para situarlos sobre una elevada plataforma artificial, con una nueva estructura de vida. Para sobrevivir en este expuesto y arriesgado lugar, la gente se ve obligada a alcanzar nuevos niveles mínimos de consumo, por ejemplo, en educación formal, sanidad hospitalaria, transporte rodado, alquiler de vivienda”

Y para ello es necesario disponer de unos ingresos que el ‘desarrollo’ escatima la mayoría de los individuos, desatando un proceso de miserabilización sin precedentes.

(...)

La misma idea del progreso, que había contribuido tanto a magnificar los logros del capitalismo frente a las sociedades anteriores, fue una herencia envenenada que abrazaron ingenuamente, con renovado ahínco, los críticos de este sistema con la vana pretensión de impugnarlo desde ella. Se cerraron, así los ojos a los factores regresivos del sistema y a la necesidad de conservar en la sociedad y en la naturaleza la diversidad que tanto la monarquía absoluta como el advenimiento del Estado moderno y el capitalismo se habían encargado ya de simplificar, pero no tan drásticamente.

El enfrentamiento entre conservadores y progresistas, derivado de los pasados conflictos entre capitalismo y Antiguo Régimen, se arrastra todavía originando la confusión. La aceptación igualmente acrítica del desarrollo económico industrialista como instrumento de modernidad y de progreso constituye otro paso ideológico en falso por parte de los críticos, al que siguen aferrados por inercia los representantes del antiguo ‘Tercer Mundo’

Extraído del libro ‘Raíces económicas y del deterioro ecológico y social’ escrito por José Manuel Naredo.

Encuentros entre decrecimiento y buen vivir en Bilbao

El próximo 8 y 9 de febrero tendrán lugar en el Salón de actos de la Ekonomia eta Enpresa Zientzien Fakultatea. UPV/EHU de Bilbao unas jornadas en las que ahondaremos en dos conceptos y alternativas cada vez más en boga: “decrecimiento” y “buen vivir”. Además de conocer más de cerca estas visiones, reflexionaremos, debatiremos y buscaremos alianzas entre las dos visiones. Para todo ello, disfrutaremos de varias ponencias, espacios de debate y alguna otra actividad.

Para poder asistir a las jornadas, es imprescindible la inscripción.

Más información en: info@deshazkundea.org

y en la página web:

decrecimiento y buen vivir


PROGRAMA

Es imprescindible la inscripción aquí.

8 Febrero, martes

DECRECIMIENTO Y BUEN VIVIR COMO NUEVOS PARADIGMAS EMERGENTES: Dificultades y Retos

09:30-14:00

Alicia Puleo (Ecofeminismo)

Luis Macas (Buen Vivir)

Yayo Herrero (Decrecimiento)

18:00-21:00

Serge Latouche (Decrecimiento)

Magdalena León (Buen Vivir)

Aportaciones de los Movimientos Sociales

* 19:30 – Actuación de manos de “Las kapritxosas

9 Febrero, miércoles

09:30-14:00 REPENSANDO LAS RELACIONES NORTE-SUR

Mónica Vargas (Anticooperación)

Magdalena León (Buen Vivir)

Florent Marcellesi (Decrecimiento)

18:00-20:30 CONSTRUCCIÓN DE SINERGIAS HACIA EL DECRECIMIENTO Y EL BUEN VIVIR. Dinámica participativa, grupos de trabajo sobre propuestas:

  • Iniciativas políticas

  • Alternativas prácticas

  • Alianzas y redes

20:30-21:00 CIERRE

Bertsolariak

Serge Latouche

Yayo Herrero


*Con la participación en estas jornadas puede obtenerse 1 crédito de libre elección.

*Ilustración: Irene Cuesta


El progreso como solución a todos nuestros problemas

Les renseignements gènéreux


" - No entiendo, Doctor: tengo un coche, una mujer, dos niños, un chalet con su hipoteca, incluso una tele... y todavía no me siento feliz!

- Entonces cómprese un lector DVD."


Una gran parte de la población mantiene, conscientemente o no, la certeza de que la mayor parte de los problemas sociales o medioambientales a los que se enfrenta la humanidad encontrará, tarde o temprano, una respuesta técnica. ¿Millones de seres humanos mueren de hambre?. Mejoremos el rendimiento de los cereales gracias a los transgénicos. ¿El estrés causa estragos en los trabajadores occidentales?. Desarrollemos mejores antidepresivos. ¿El miedo a la inseguridad ronda nuestras ciudades?. Instalemos sistemas de videovigilancia, equipemos a la población con carnés de identidad biométricos y aumentemos los medios policiales. ¿La violencia en la televisión afecta a los niños?. Equipemos nuestros televisores de chips electrónicos para encriptar las escenas traumatizantes.


Todo se desarrolla como si frente a un problema la respuesta espontánea consistiera en encontrar una solución técnica apropiada, no a interrogarse sobre sus causas. ¿La hambruna es realmente un problema de rendimiento de cereales?. ¿De donde viene el estrés?. ¿Quién ha desarrollado el tema de la inseguridad y cuáles son sus causas?. ¿Qué significa el aumento de la violencia y del sexo en los mass media?. “¡En el fondo poco importa, se acabará encontrando solución!”.


Concentrándonos en el cómo, desatendiendo el porqué, la perspectiva de progreso actúa creando esperanza; presenta como una certeza el hecho de que la mayoría de problemas sociales, medioambientales e íntimos a los que nos enfrentamos encontrarán, tarde o temprano, una respuesta técnica.


Pogrès et decroissance. Traducido por Sylvain Fischer



Crisis ecológica, decrecimiento y democracia inclusiva

Ayer tuvo lugar la charla Crisis ecológica, decrecimiento y democracia inclusiva por parte del grupo catalán de Democracia Inclusiva, en la libreria Icària.

DI es una nueva filosofía que se propone un modelo de organización social verdaderamente democrático y ecológico.

La charla se estructuró por preguntas.

  • ¿Cuáles son las causas y consecuencias de la Economía de Mercado?

En otras palabras, ¿está el crecimiento economico detrás de la actual crisis ecológica?

Respecto a las causas, hay factores de dos tipos, i) institucionales. En el siglo XVIII entramos en la economía de mercado propiamente dicha, según la cual lo que controla el mercado son los precios y no decisiones tomadas conscientemente por la sociedad. Esto dió lugar a la lógica del crecimiento, esto es, a maximizar los beneficios (crecer o morir). ii) Ideológicos, existía toda una filosofía de crecimiento personal y acumulación de riqueza y el nacimiento de lo que se podría llamar ética consumista.

En cuanto a las consecuencia, son conocidas: acumulación excesiva de poder en manos de unos pocos, ya que hay que crecer para tener maás capital para bajar costos, ser más competitivo, etc. Y a un aumento de las desigualdades (por ejemplo con la implantación del liberalismo radical en los 80, la diferencia entre los que más ganan y los que menos ha pasado de 1:30 a 1:80). Esto ha dado lugar a su vez a una esquilmación de recursos, se ha visto la naturaleza como un almacén de productos y un vertedero de desechos. Así se calcula que se pierden 250 especies al día y hemos perdido ya el 50% de los bosques tropicales. Y ese deterioro del entorno ha tenido consecuencias para la salud humana, por ejemplo, la incidencia del cáncer de colon ha aumentado en un 275% de 1985-2005, 80% la de pulmón y una de cada 6 mujeres pueden padecer cáncer de mama.

Esto ha llevado a que en los últimos años se haya comenzado a hablar de los límites ecológicos del crecimiento económico.

  • ¿Qué es el decrecimiento?

No es un movimiento social (engloba distintas ideologías), ni una propuesta de reforma económica (ya que en si no es compatible con el sistema actual), ni es una alternativa al capitalismo (no define como ha de ser la propiedad ni el intercambio), y tampoco un estilo de vida (o al menos no es único, se puede practicar de diferentes maneras).

Lo que es en realidad el decrecimiento es un debate que cuestiona el crecimiento, una “palabra-obus” que pretende romper el imaginario del crecimiento para crear una sociedad más humana y racional.

  • ¿Es compatible la economía de mercado con el decrecimiento?

A juzgar por la inexistencia dicho modelo en la historia, se diría que no. La lógica del mercado es inseparable del crecimiento, por lo que teóricamente tampoco se podría dar. Y en la práctica menos aun porque si pones en marcha esa dinámica, las empresas huyen a otros países.

Es decir, es necesario un cambio estructural.

  • ¿Qué es y qué soluciones propone Democracia Inclusiva?

Es una propuesta de cambio en el ámbito político, económico, social y ecológico. Supone una recuperación del espacio publico mediante la democracia real (poder del pueblo que toma todas las decisiones, hay delegados y no representantes). Es una sociedad descentralizada y autónoma, con una economía local y reducida (de calidad, acabando con la importación, la obsolescencia programada, etc.). También supone una democratización de la comunicación para que todo el mundo tenga la misma voz y se pueda desechar de los medios el discurso materialista y llenar el vacío existencialista.

  • ¿Cómo se puede materializar el cambio?

No se puede hacer desde las instituciones actuales. Tampoco con pequeños cambios a nivel aislado (que llevan a la marginalización o a la reinserción), pueden contribuir pero no son suficientes.

No se puede imponer (como en el marxismo, que implica la toma del estado y luego el cambio de valores, que sólo llevó a un cambio en la élite dominante) tiene que ser voluntario. Ni puede ser una revolución desde abajo.

Tiene que darse una transición.

Para ello hay que difundir el mensaje y comenzar a crear instituciones paralelas: asambleas populares, empresas demóticas, monedas complementarias, banca paralela, etc.

Más información en su web, también os recomendamos la lectura de la publicación del grupo local DEMOS y este artículo de uno de los pensadores de DI.

Extraído de Grupo wwf-barcelona


El capitalismo es crecimiento

decresita

El capitalismo es un modo de producción económica que basa su lógica en la circulación de mercancías mediante el comercio; por ello necesita producir para vender (producción), y de vender para comprar (consumo). Emplear mano de obra y utilizar recursos naturales para producir mercancías, y fomentar el consumo entre la población para circularlas.


La motivación del sistema para generar toda esta circulación de mercancías y su apropiación es la plusvalía (excedente o beneficio).


En este sistema productivo las mercancías tienen un doble valor:


  • Por un lado el valor de uso; es decir la aptitud que tiene un objeto para satisfacer una necesidad.

  • Por otro lado el valor de cambio que es cómo se denomina a la proporción en que se intercambian diferentes valores de uso; para ello se utiliza el dinero.


La suma de los valores de cambio en manos de un sujeto es lo que se denomina capital y es acumulable.


Los capitalistas (dueños del capital), mediante la apropiación de la plusvalía en la circulación de las mercancías, acumulan más capital; es decir cada vez que el circuito se completa el sistema crece; y este crecimiento es necesario para que el sistema siga fluyendo. El crecimiento es intrínseco al capitalismo, sin él, el sistema se muere.


Decrecimiento y crisis

Miguel Moro Vallina - El Local Cambalache

Como si de una fatalidad se tratase, las crisis vienen a frustrar, en los momentos más inesperados, las esperanzas de crecimiento ilimitado, de aumento sostenido en los niveles de producción y de consumo. La de la década de 1930 dio al traste con los «felices veinte», la de la década de los 70, con los «treinta años gloriosos» (1940-1970) de crecimiento y políticas del bienestar en Europa; en la actual, de modo análogo, la tozuda realidad ha puesto fin a la fiesta del ladrillo y la hipoteca y ha dejado en evidencia la promesa, tantas veces reiterada, de la economía inmaterial y de los servicios.

Bajo el inocente nombre de economía, la ideología de nuestro tiempo evita el término más preciso de capitalismo, una organización social basada en la producción de valor mediante el trabajo humano. El capital, actor todopoderoso en este sistema de relaciones sociales, compra y emplea la fuerza de trabajo en un proceso de producción de mercancías cuya finalidad es la producción de beneficio, de plusvalor. Ese plusvalor incrementa la masa de capital en un proceso de acumulación carente de fin, que reduce a las personas a una doble condición de portadoras de fuerza de trabajo y consumidoras de mercancías.

¿A hombres y mujeres por igual? No. El capitalismo no produce el patriarcado, pero dota de una nueva concreción a las relaciones de poder entre hombres y mujeres. Una concreción que tiene mucho que ver con el papel que, bajo el imperio del trabajo asalariado, desempeñan las mujeres como reproductoras de la fuerza de trabajo. Este ámbito constituye un elemento fundamental del análisis materialista de las relaciones entre capitalismo y patriarcado(1).

El capitalismo, en virtud de la dinámica que lo anima, tiende permanentemente al crecimiento, a la búsqueda de nuevos mercados, a la conquista de nuevas áreas sociales (materiales, cognitivas, discursivas, afectivas) que se ven subsumidas, imbuidas en su lógica. Pero el proceso no está exento de escollos y problemas, pues la naturaleza misma de la mercancía, el dinero y el capital presenta un carácter dual, contradictorio.

En las crisis, esas contradicciones eclosionan violentamente y la realidad se presenta paradójica: personas sin trabajo y capital ocioso, falta de liquidez en la economía y «exceso de ahorro» en las familias, necesidades crecientes y mercancías que no logran venderse…

La economía evita computar aquello que escapa a su lógica: las externalidades de la contaminación y la destrucción del territorio aparecen como un resultado banal del crecimiento inmobiliario; los recursos fósiles se valoran según su coste de extracción, aunque su formación ha requerido cientos de millones de años; el trabajo de cuidados, esencial para la reproducción y el sostenimiento de la vida, desaparece subsumido bajo el valor abstracto de la fuerza de trabajo.

La continuidad de la acumulación requiere de la constante producción de valor, de mercancías. La propuesta del decrecimiento atenta contra ese precepto fundamental, propugnando la reducción de necesidades y deseos, el ahorro energético, la equidad social y la vuelta a circuitos cortos de producción y comercialización(2).

¿Qué es el decrecimiento? Es el cuestionamiento de las bondades absolutas del crecimiento económico, la crítica de la equiparación entre consumo y felicidad, entre bienestar, justicia, crecimiento y desarrollo, la propuesta de vivir mejor con mucho menos(3). En su devenir histórico, el capitalismo ha dilapidado velozmente los recursos de la Tierra: los bosques, los suelos, los acuíferos, los recursos fósiles. Con ello se han iniciado cambios en la biosfera de carácter irreversible, que amenazan la vida en nuestro planeta tal como la conocemos. Todos los estudios sobre nuestra huella ecológica muestran que hemos sobrepasado con creces la capacidad de recuperación de la biosfera(4).

Las consecuencias negativas del crecimiento económico sobre la naturaleza, el ser humano o las relaciones Norte-Sur son más visibles que nunca. La propuesta del decrecimiento, a pesar de su aparente novedad, ha venido impregnando muchas luchas anticapitalistas de los últimos 200 años.

La crítica del desarrollo, del maquinismo, la ecología política, la crítica a la urbanización desenfrenada del territorio, la agroecología y el consumo responsable y las reflexiones sobre el trabajo de cuidados… Desde diversas perspectivas, todos estos movimientos han defendido la reducción consciente de los niveles de producción, consumo y deseo de mercancías. La lógica del decrecimiento pone en jaque el fundamento mismo de la acumulación; pero por ello mismo, la retórica del poder trata de adueñarse del concepto y desnaturalizarlo, privándolo de potencia revolucionaria.

Decrecer no es cosa de reducir ligeramente la velocidad de la maquinaria destructiva del capitalismo. Es, por el contrario, una apuesta por modificar radicalmente las relaciones sociales imperantes, por poner en primer plano las necesidades y cuidados frente a los deseos de consumo, la reflexión sobre el bien común frente al individualismo metodológico. Decrecer requiere repensar las relaciones entre el ser humano y la Naturaleza y, muy especialmente, entre hombres y mujeres(5).

La apuesta del feminismo por descentrar los mercados y poner en el centro del análisis los procesos de sostenibilidad de la vida (A. Pérez Orozco) constituye una invitación a cuestionar, desde una lógica complementaria, el imperio del valor, del capital, del trabajo asalariado. La propuesta de decrecimiento será anticapitalista y anti-patriarcal… o no será.

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1 Véase McDONOUGH, Roisin y HARRISON, Rachel (1978), «Patriarchy and Relations of Production», en Kuhn, Annette y Wolpe, Anne-Marie (eds.), Feminism and Materialism

2 Entre la bibliografía básica sobre el decrecimiento se cuenta el libro de Serge Latouche La apuesta por el decrecimiento (2008). Muchas de las teorías del decrecimiento hunden sus raíces en los conceptos fundamentales de la Economía Ecológica; entre ellos, cabe destacar la aportación de Hermann E. Daly, Steady State Economics (1977).

3 La riqueza no es un estado absoluto, sino «una relación entre las necesidades y los bienes materiales. Es posible ser rico consumiendo mucho o deseando poco». SAHLINS, Marshall, Economía de la Edad de Piedra.

4 Existe una documentación muy valiosa (parte de ella en castellano) sobre decrecimiento en los Proceedings of the First International Conference on Economic De-Growth for Ecological Sustainability and Social Equity, que puede descargarse en http://www.degrowth.eu. En http://decrecimiento.info pueden visualizarse vídeos y audios de diversas charlas sobre la cuestión, entre las que destacamos las de Carlos Taibo y Amaia Pérez Orozco.

5 TUDELA TORRES, Marta, «Feminismo y decrecimiento: puntos en común, posibilidades de encuentro». Ca la dona, p. 64.


Artículo contenido en la revista La Madeja nº 1

Las rebajas que quieres




Estamos ante una construcción audiovisual, con su propio lenguaje lleno de significados culturales vinculados a un conjunto de significantes sobre los cuales tratamos de reflexionar e interpretar.

Debemos entender este anuncio publicitario desde una doble vertiente: dentro de un marco más global - un marco cultural –; y también debemos entenderlo como una herramienta que permite reforzar una manera de ver el mundo. El spot se inserta dentro de una lógica colectiva que da sentido y contribuye a su vez a definir ese modo de producción de sentido.

El Corte Inglés

La empresa que paga el anuncio, El Corte Inglés (ECI), es una multinacional española de venta de mercancías, que emite el anuncio para tratar de conseguir un beneficio económico, para ello gasta en publicidad millones de euros todos los años intentando conducir a sus potenciales clientes hacia su ganancia económica; para ello dispone de un dispositivo técnico-organizativo que elabora estrategias de marketing, dentro de las cuales se incluye este anuncio.

La persona

Del otro lado, dentro del hogar (lugar de refugio, con la puerta cerrada y a salvo de los delincuentes) se encuentra la televisión; frente a ella las personas, que miran la pantalla pasivamente, reciben día tras día una sucesión de imágenes, durante periodos de tiempo de varias horas.

Inevitablemente, con esta información que llega al cerebro, cada persona va confeccionando, con su banco de representaciones mentales una construcción imaginaria (de imágenes) sobre la realidad, a la cual cada persona la va dando un sentido, ya que necesitamos que nuestra visión del mundo sea coherente.

El ritual

La campaña publicitaria comienza en los diferentes telediarios y noticieros, cuando aparecen las imágenes de avalanchas de gente dispuestas a tomar los centros comerciales (principalmente ECI) para comprar.

http://www.youtube.com/watch?v=H1lAKxWo_d0

“La persona que ve esas imágenes se siente parte del grupo y ya muestra ansiedad para aprovecharse de las rebajas; si todos van ‘por algo será’.”

La empresa ECI, posee unos slogans que año tras año marcan el calendario de consumo: ‘Las rebajas de El Corte Inglés’, ‘Ya es primavera en El Corte Inglés’, ‘El otoño es todo tuyo’...

En diversos programas de radio, televisión, revistas... se nos habla de consejos para ahorrar, de lo mucho que ayudan las rebajas a la cuesta de enero; pero ningún mensaje que diga: NO COMPRAR.

La seducción

El anuncio se abre con la siguiente frase:

Tú. ¿Por qué vienes tan contenta?

En la imagen aparece una cara conocida para el público – María Esteve -, que está tomando una café en la barra de una cafetería (está consumiendo de una manera trivial); Notemos que el tono que emplea es el de una conversación ordinaria.

De repente, otra actriz conocida – Natalia Verbeke – le responde

Hay una cosa que te quiero decir, es importante al menos para mí.

El tono cambia: la actriz canta un estribillo muy conocido del grupo ‘Tequila’, y enseña una bolsa roja durante un breve instante (en esa bolsa que todo el mundo identifica ‘como esa cosa’, por la que vieron correr anteriormente a mucha gente en los noticieros).

Este cambio de tono, cumple una función enfática, es decir se dirige al espectador ‘Tú’, y es una estrategia que obliga al espectador a sentirse interpelado con este llamamiento de atención.

Súbitamente, la actriz (María Esteve) es cogida por alguien, y se desencadena toda una metáfora delirante (mediante un baile). Esta metáfora representa ‘el deseo’; las imágenes del anuncio desencadenan en el cerebro toda una serie de significantes asociados a estas imágenes: el ocio, la alegría, el optimismo, la diversión, la danza...

La imágenes son conocidas, se asocian a la película ‘El otro lado de la cama’, estas actrices ‘deseables’ nos muestran con un montaje dinámico un derroche de placer, de satisfacción, de euforia, de alborozo...

Ah, ah, ah, ven a las rebajas

La canción original decía ‘Ah, ah, ah, dime que me quieres’ (subliminalmente dile a las rebajas que las quieres )

Moda, perfumes, complementos también, a unos precios que no te puedes creer

La imágenes mentales que tiene el espectador del anuncio, se mezclan con las mercancías que intenta vender la empresa y el mensaje sobre el precio que ‘no te puedes creer’ (de igual manera que las escenas que estás viendo, ‘son increíbles’).

Se elabora un mensaje antropomórfico (las actrices y los bailarines) para conectar con el objeto de deseo (las rebajas), aunque lo que de verdad le interesa a la empresa es venderte la ropa, los perfumes, los complementos (mercancías).

Mañana comienzan las rebajas

El futuro siempre será mejor; existe una conexión con la idea de progreso.

Ven a las rebajas. El Corte Inglés

Aparece un cártel engañoso: bajo el rótulo de rebajas un ‘hasta’ que forma parte del signo igual. Un ‘50’ muy grande y el símbolo ‘%’ siempre asociado al descuento. Una voz masculina realza la marca a destacar.

las rebajas que quieres

Se baja el telón, la comedia ha terminado, una voz femenina nos repite el slogan.

Ven a hacer realidad tus sueños. Consume y sé feliz.

Obsolescencia y entropía

Suricato - Innovación y decrecimiento

"El deseo se esfuma antes de que el objeto envejezca"
Deyan Sidjic.

El documental Comprar, tirar, comprar ha contribuido a aumentar la difusión de la crítica a la obsolescencia programada. Enhorabuena. Conviene, eso sí, profundizar en algunos temas que se abren a partir de él.

Entre todas las perversiones del productivismo, la obsolescencia programada es probablemente la más irritante. Consiste en una estrategia deliberada para acortar la vida útil de las mercancías con el objetivo de aumentar la velocidad del ciclo producción-consumo. Mientras menos duren más se fabrican. Los productos nuevos reemplazan a los antiguos que, así considerados, se convierten en basura. No se los deja envejecer con dignidad.

La obsolescencia programada requiere de dos mecanismos interrelacionados: una planificación conciente, racional y técnica de la caducidad, por una parte y el deseo social, publicitariamente estimulado, de renovación permanente de los símbolos de identidad y estatus social, por otra. Es decir, para que el engranaje funcione a la perfección es necesario que la razón productivista tenga como contrapunto necesario la razón consumista: lo nuevo, o aparentemente nuevo, que emerge de lo destruido, tiene que ser deseado. Para ello, la ideología publicitaria debe dar argumentos para que lo nuevo deseado sea considerado "mejor". El círculo así se cierra, pero se cierra mal puesto que la caducidad permanente genera desechos permanentes cuya mayor parte no ingresan en ningún circuito de reciclaje sino que, o bien se dispersan aleatoriamemente por la naturaleza, caso de las llamadas sopas de plásticos en los océanos o, son enviadas descarada e ilegalmente a países asiáticos o africanos, como Ghana, como bien ilustra el documental. Las cloacas están siempre en algún sitio: mejor si están lejos del paisaje de la opulencia.

La planificación de la obsolescencia y su efecto sobre la reducción de la vida útil de los objetos debilita las ancestrales prácticas de la reparación, del arreglo, de la compostura y los oficios vinculados a ellos: zurcidor, tapicero, afilador, modista... Oficios nobles, y totales, depositarios de saberes colectivos no entrópicos que establecían una relación afectiva con los artefactos a los cuales se les concedían nuevas oportunidades de vida. La actual construcción modular, fragmenta los objetos en unidades autónomas desechables. Un módulo es una pieza autónoma, una caja negra, acoplable, mediante un conector o interfaz, con otras. El oficio técnico actual, parcial y arrogante, desconoce gran parte la lógica de funcionamiento interior de las piezas. Sabe como acoplarlas y sustituirlas pero no sabe lo que bulle dentro de ellas, por lo tanto, no sabe repararlas.

Que la inteligencia, la técnica, la ciencia y el saber colectivo en general estén al servicio de la caducidad de los objetos de consumo revela hasta qué punto el productivismo linda con la inmoralidad. Lo mismo sucede con la industria militar. La famosa "destrucción creativa" shumpeteriana se revela como simple destrucción, sin más, sin apellidos. Es sabido que el capitalismo presenta una alta racionalidad en sus procesos parciales y una alta irracionalidad sistémica. Pues bien, la obsolescencia programada lo ejemplifica a la perfección pero añade una información nueva: los procesos parciales, fabricar una bombilla eléctrica, por ejemplo, pueden ser racionales y, a la vez, inmorales. La razón tecnocientífica y toda la estructura de prácticas profesionales y discursivas sobre ella asentada esconde su función obsolescente, es decir la producción voluntaria de caducidad.

El proyecto del crecimiento ilimitado del capitalismo requiere dos dinámicas aberrantes: por una parte, la absorción voraz de recursos y, por otra parte, la destrucción contínua de lo que el trabajo social ha realizado.

Sobre la contaminación, el agotamiento de recursos y sobre la destrucción ilimitada y sistemática de los productos del trabajo social se asienta la llamada prosperidad y del llamado bienestar de la que creen gozar una parte importante de las capas sociales de los países centrales y de una minoría de las periféricas. La prosperidad tiene los pies de barro; es circunstancial, precaria y falsa. Existe porque está basada en un principio de ceguera social: las evidencias del desastre y las injusticias no están incorporados en sus alegres cómputos. La prosperidad sólo se vive como tal si se mira para otro lado; si no se ven los agujeros negros hacia donde fluyen los detritus de la máquina económica.

La obsolescencia programada nació con el propósito declarado de estimular a las economías en crisis de los años treinta del siglo pasado. Pero forma parte del funcionamiento normal de la producción de masas. La fundamenta, sostiene y justifica. Sobre esta aberración se asientan todas las actuales llamadas al consumo para salir de la crisis. La misma innovación tecnológica, mantra de los ideólogos del sistema, está asentada sobre el imperativo de la caducidad. Las recetas keynesianas para el fomento de la actividad productiva de cualquier tipo se complementan con el estímulo al consumo, también de cualquier tipo. Todo vale para las cuentas de la economía. El PIB es ciego y sordo (pero no mudo); no le importa lo que llene sus indicadores. Su lógica es irresponsable y obscena.

Pero, no hay salida posible de la crisis, si la entendemos en su sentido amplio como crisis social y medioambiental, estimulando justamente uno de sus factores causales. No hay salida productivista ni consumista a la crisis, salvo como engaño y desplazamiento de los problemas a las generaciones venideras, si es que éstas consiguen llegar a existir.

La manoseada expresión "cambio de modelo productivo" debe significar otra cosa para que tenga valor. Debería significar limitación cuantitativa (menos objetos), redireccionamiento cualitativo (respondiendo a las necesidades de las mayorías) y reorientación ecológica de la producción y consumo social de bienes. La tercera sin las dos anteriores es simple maquillaje. La apuesta por el decrecimiento es una apuesta por la perennidad sobre la caducidad. Una apuesta por la vigencia de los objetos que son producto del trabajo social extrayéndolos del vértigo de la obsolescencia planificada. El decrecimiento no quiere añadir más entropía a la naturaleza.

Comprar, tirar, comprar

Respuesta a la crítica del libro 'el decrecimiento feliz y el desarrollo humano'

Julio García Camarero


Me sorprendió favorablemente descubrir buceando por Internet un blog (El blog de Iván de Prado) en el que se realiza una relativamente extensa y detallada crítica a mi libro recién editado: “El decrecimiento feliz y el desarrollo humano”. Y lo he encontrado especialmente favorable, porque presenta puntos discutibles en mi texto. Ello me agrada porque puede dar pie al debate dialéctico, y en el debate, aunque en ocasiones no lo queramos asumir, siempre se saca algo de nueva luz por ambas partes. Desde luego son más edificantes estas críticas de debate, que aquellas que consisten esencialmente en alabar al libro al máximo con la finalidad de que se consiga vender al máximo. Pero hay dos aspectos de esta crítica que no acaban de convencerme:
En primer lugar, se denota una especial intencionalidad en:

“poner de relieve la orientación Ideológica desde la que el autor realiza su análisis, ya que esta queda patente a lo largo de toda la obra […] dejando traslucir la opinión positiva del autor sobre el marxismo”.

Es decir, Iván considera necesario advertir que el autor tiene algo de rabudo marxista. En los tiempos que corren no resulta necesario mencionar lo de rabudo marxista. Lo de rabudo, lo ha conseguido introducir en el imaginario de una intensísima mayoría el omnipotente y omnipresente neoliberalismo global (y lo ha conseguido mejor aún que el “Centinela de Occidente” en su submundo franquista), y le ha sido fácil por que se ha llegado a identificar la nefasta “doctrina marxista” del fallido socialismo real con la metodología dialéctica marxista, que en realidad es todo lo contrario a una doctrina. Y hablando de doctrina, él hace una asociación de ideas: marxista, doctrina marxista, adoctrinamiento; y en una parte de su critica dice:

“Desde mi punto de vista esto supone alejarse en cierto modo de la objetividad puesto que al adjetivar un nombre,esta impreg-nando inevitablemente a ese nombre de un juicio de valor particular. Con estas prácticas, la obra tiende al adoctrinamiento.”

Y a esto, ahora contesto: adoctrinamiento por poner adjetivos no, el poner adjetivos a las palabras no debe de verse como adoctrinamiento ni como forma de “impregnar inevitablemente a ese nombre de un juicio de valor particular”; sino que debe de verse como una forma de matizar la complejidad de la realidad, de matizar los conceptos para que pierdan su simplicidad y aspecto de entes absolutos. Por ejemplo, la palabra hombre a solas solo nos da una idea rígida simple y absoluta de lo que es el hombre, sin embargo si comenzamos a matizar en cuanto a la diversidad de hombres, el concepto comienza a hacerse más complejo y a definir con mas nitidez el concepto de hombre. De igual modo, no se puede hablar de forma absoluta de la libertad, se hace preciso de hablar de las libertades (con sus apellidos o adjetivos determinantes): libertad de expresión, libertad de constituirse en democracia participativa, libertad de represión, libertad de asesinar a la biosfera, etc. Y de igual manera sucede con el trabajo, no debe de existir un concepto monolítico y absoluto del trabajo, es preciso ponerle calificativos si queremos ver el concepto en todo su complejo valor diverso. Podemos decir que existen múltiples tipos de trabajo a los que necesariamente hay que poner un apellido, pero sobre todo existen dos tipos fundamentales de trabajo, bien distintos, que es extremadamente necesario diferenciar: por un lado, el trabajo libre, creativo (y ahí esta el elogiable adjetivo) que resulta ser un trabajo deseable y que produce felicidad; y por otro lado(diametralmente opuesto), el trabajo enajenado- asalariado (y aquí esta el despreciable adjetivo) que no aporta más que horas de enajenación e infelicidad. Y prueba evidente de ello es que prácticamente casi todos esperamos ansiosos la jubilación como una frontera entre al infelicidad del trabajo enajenado y la redención del mismo. Y está la eficiencia de las maquinas, que deben de servir para ir eliminando cada vez más horas de infelicidad y transformarlas en horas de felicidad, y no para acumular “libremente” PIB a costa de la infelicidad humana.

En segundo lugar, porque hace una infundada afirmación:

“García Camarero no ha conseguido determinar las verdaderas fuerzas que nos convierten en “yonquis” del crecimiento”.

Cuando a mi entender lo mas conseguido de mis dos últimas obras es precisamente que he descrito infinidad de veces (hasta incluso ponerme pesado) cual es el origen de la obsesión por el crecimiento económico. Algo en lo que insisto especialmente en El Crecimiento mata y genera crisis Terminal, principalmente en los dos primeros capítulos titulados respectivamente El mantenimiento y aumento del trabajo enajenado, y Evolución de los diversos mercados. Posiblemente si los hubiera leído Iván comprendería mejor lo infundado de sus dudas en cuanto a que haya logrado diseccionar el origen de la obsesión por el crecimiento. Pero de todas formas no se hace necesario retrotraernos a las largas y minuciosas explicaciones de estos capítulos. El mismo Iván sin darse cuenta incluye un párrafo en donde se señala la explicación de cuales son las verdaderas fuerzas que nos convierten en acérrimos consumistas.

Subrayo la parte del párrafo que contiene dicha explicación:

La tesis principal de García Camarero es que nos encontramos inmersos en un deteriorante crecimiento económico que genera... el agotamiento de los recursos naturales, el cambio climático, la explotación y el decrecimiento social del trabajador con las finalidades de crecer más y lograr una mayor concentración de capitales en cada vez menos manos".

Para conseguir estas finalidades el marketing a trabajado super-efícientemente para conseguir convertimos en unos yonkis consumistas proporcionadores de PIB para unos pocos.

Por lo demás, Iván en su escrito-crítica demuestra que ha leído a fondo mi libro. Pero pienso que su problema, y el lo dice: ... "me colocaría entre los que creen en un crecimiento real ecocéntricó". Esta afirmación indica que él tiene el enfoque propio de la "3avía", es decir el enfoque de los social demócratas (que han abandonado el marxismo)y que son precisamente los que abogan por un hipotético y quimérico "posible"crecimiento real ecocéntricó. Pero lo que también demuestro en mi obra El decrecimiento feliz y el desarrollo humano", y sobre todo en "El Crecimiento mata y genera crisis Terminal", es que con crecer menos no basta, ni siquiera con crecimiento cero. Y lo hago basándo-me en infinidad de datos y profusas referencias; referencias tan científicas y serias como las de: Georgescu-Roegen, Bruno Clémenün, Vicnet Cheynet, Mauro Bonaiuti, Iván Illich, Carlos Taibo, Cornelius Castoriadis, Clive Hamilton, Man/redMax-Neef, etc. Y aunque a veces me sienta un poco solo, la realidad es que no estoy tan solo, me siento muy acompañado por estos grandes hombres; y aquí entra un calificativo-grandes- de hombre que antes no puse.

Y pese a todo, como decía, Iván demuestra no solo que ha leído detenidamente sino que además ha sido capaz de hacer un admirable resumen de mi texto, de cuyo resumen casi me atrevería a decir que en algunos puntos llega a mejorar en expresión a mi texto. Pero su problema es que al comprender el fondo de la filosofía del decrecimiento le ha llegado a entrar verdadero vértigo, porque en ella se desprende que es necesario decrecer, y para decrecer es necesario salirse del sistema capitalista. Y asimilar esto cuesta, estando enganchados casi todos, como estamos, al consumismo. Por eso ha recurrido a pretextos y a trucos para afirmar que en el Decrecimiento feliz y el desarrollo humano no se aclaran las causas de la obsesión del crecimiento económico.

Además, y ahí si que me sorprende, después de la demostrada capacidad de comprensión de mi texto en su magnifico resumen, declare que yo no logro explicar el origen del crecimiento.

Y estoy seguro que el tal Iván (quien al final termina defendiendo a los mercados y a la competitividad) es una persona bien intencionada y con inquietud ecologista, su único problema es el que tenemos todos los que formamos parte de esos yonkys que comprenden el ese 99% de la población de esta sociedad de Occidente, que permanecemos enganchados al consumismo. Y yo no me excluyo, aún sigo comprando en las grandes superficies (aunque procuro hacerlo lo menos posible) y utilizando las dichosas y omnipresentes bolsas de plástico (aunque si que uso la bolsa de tela para comprar el pan). Nos da vértigo salirnos del sistema y aún somos incapaces de dejar de hacer de talibanes del consumismo-crecimiento.

Pues bien mi estimado Iván se ha visto en la obligación de declarar (incoherentemente) que no he dejado claro el origen de la obsesión crecentista para así (partiendo de cero) poder argumentar su tesis del origen del crecimiento y lo buena que es la competitividad.

Pero es que viviendo en la arcadia de la socialdemocracia- neoliberal, hay que defender, aunque sea con trucos, lo bueno que es la libertad de empresa competitiva. Y con respecto a esto nuestro crítico nos dice:

"Mi tesis es que el crecimiento es algo que surge espontáneamente del comportamiento individual y en libertad de ser humano Es decir, en cierto modo surge la competencia. Esta seria por tanto la fuente primaria del crecimiento. Con esto no quiero decir que no pueda existir cooperación entre los hombres. Todo lo contrarío, cooperación también es algo común en el comporta-miento del ser humano. Ambas, la competencia y la cooperación3han de subsistir al mismo tiempo y en un equilibrio razonable."

Esta frase se centra en un arcaico concepto(desde luego mas arcaico que los conceptos marxistas),el concepto liberal que se viene usando erróneamente desde los tiempos de Adam Smith:

Se alude (para conseguir justificar subrepticiamente, el fundamentalismo de mercado y el crecimiento) sin llegar a referirlo a la mano invisible del mercado4, y a que ella sola, a través de la "libre" competitividad, al final todo lo deja en orden. Y al parecer en la actualidad estamos viviendo ese maravilloso orden al que al final hemos llegado gracias a esta mano invisible y a esta "sana competitividad". Es decir, un orden de caos absoluto y de suicidio colectivo al ser asesinada la casa común en que vivimos, la biosfera, a causa del crecimiento.

___________________________
1 El inquietarse en este momento, por el adoctrinamiento, tiene mucho de prejuicio antimarxista, de confundir la dialéctica marxista con su interpretación (diametralmente opuesta) denominada doctrina marxista.

2 "El Crecimiento mata y genera crisis Terminal", Ed. Catarata.2009 y El decrecimiento feliz y el desarrollo humano" Ed. Catarata, 2010.

3 Se nos habla de la convivencia de la competencia y la cooperación, y pregunto ¿Cómo se come ese oximorón?

4 Esta referencia a la mano invisible tiene lugar en la obra "La Riqueza de las Naciones" que Adam Smith escribió en el año de 1776. nada menos que la friolera de casi dos siglos y medio; y esto es lo que nos venden como modernidad.

El decrecimiento, una apuesta de futuro

Jóvenes Verdes

El Progreso, concepto vacío y ambiguo, ha sido la razón debajo de la organización social desde la revolución industrial. El Desarrollo, como expresión de Progreso, concretado en el crecimiento material y económico, supuso la cristalización de una apuesta por dominar completamente la naturaleza, traspasando cuantos límites sean necesarios. Las sociedades modernas se han valido de la Técnica con el objetivo de poder más, tener más y en última instancia, ser capaces de vivir mejor.

Sin embargo, en contra de lo esperable, el planeta sufre desde hace años una crisis sin precedentes y que tiene y tendrá consecuencias graves e irreparables sobre sus habitantes. Los recursos son finitos y, frente a los avances, los problemas ocasionados por el Desarrollo son prácticamente irresolubles. Entre tanto, seguimos tomando al Progreso como ideología incuestionable y guía de todos nuestros actos, a la vez que nos sumimos más profundamente en un sistema técnico que ha modificado todas las condiciones de vida y que poco a poco escapa a nuestro control, junto con sus consecuencias (positivas y negativas).

En esta ponencia analizaremos algunas características de esta ideología del Progreso y del crecimiento como concreción de éste, para seguidamente proponer una respuesta unitaria y radical: el Decrecimiento.

La ideología del Progreso

El Desarrollo, expresión del Progreso, toma como horizonte perpetuo la creación de poder, el aumento de la potencia y capacidad humanas para incidir y controlar el mundo a su antojo. Todo ello sazonado con la producción desmesurada y creciente de bienes y servicios. Uno de sus más importantes cometidos es crear las condiciones necesarias (tecnológicas, sociales, políticas) para poder seguir avanzando sin fin. El problema es que nunca se sabe hacia dónde avanzamos, ni las consecuencias que entrañará este avance, pero la decisión está hecha, a pesar de todo:

La potencia sin control

El Desarrollo ha traído consigo (o necesitado) el aumento de la capacidad humana de incidir sobre su entorno y gestionar sistemas de abrumadora complejidad, lógicamente por medios técnicos. La posibilidad de que el hombre pueda controlar las condiciones del mundo que le rodea y manipularlas a su antojo a gran escala es una de las claves del crecimiento: por ejemplo, la capacidad obtener procesar, transportar y distribuir masivamente recursos naturales de difícil localización y tratamiento (petróleo, coltán...) es clave para sostener una sociedad moderna.

Sin embargo, las ventajas obtenidas a través de la dominación de nuestro entorno contrastan con un espectro gigante de consecuencias imposibles de prever ni prevenir. Algunos avances traen consigo una serie de efectos, muchas veces nefastos, que contrarrestan toda ganancia. Los problemas ocasionados son más grandes y más complicados que aquellos inicialmente resueltos, y sólo abordables por los medios técnicos que los causaron.

Por ejemplo, en su creación nadie imaginó que el automóvil o los aviones jugarían un papel importante en el cambio climático; el desarrollo nuclear nos ha traído desastres (por causas bélicas o por accidentes); las radiaciones electromagnéticas o los transgénicos pueden provocar desequilibrios ambientales y problemas de salud cuyas consecuencias están por ver; la ganadería intensiva es un caldo de cultivo de enfermedades que pueden afectar allá dónde viajen los productos (gripes, vacas locas); los accidentes de tráfico son la primera causa de mortalidad en los países desarrollados; los avances médicos contrastan con todo un espectro de nuevas enfermedades y trastornos psicológicos (depresiones, ansiedad, anorexia, obesidad, asma, cáncer)...

A pesar de todo ello, la elección está hecha pues la dinámica de nuestras sociedades ha convertido en necesidad el transporte rápido, la producción de energía masiva y potencia armamentística, comunicaciones sofisticadas, los alimentos mejorados y más rentables, el trabajo intensivo y repetitivo...

Muchos esfuerzos se concentran en desarrollar técnicas que mitiguen los efectos negativos de todo esto (protocolos, planes de emergencia, eficiencia de motores, energías renovables, medicamentos para cada nuevo problema de salud, control de especies, seguridad vial...), pero no en replantearse cómo actuar sobre las causas. Se trata de discernir si las herramientas que usamos son realmente necesarias, cumplen su función de manera satisfactoria y las podemos controlar o si, por el contrario, nos hemos convertido en sus esclavos.

La mercantilización de la vida

El Desarrollo, no sólo se ha basado en la creación un medio idóneo en el que subsistir de manera indefinida, sino que también ha sido necesario la inclusión del cuerpo social en este medio y desconectarlo del mundo natural que se intenta dominar.

Ésto sólo ha sido posible mediante la invasión generalizada de la vida de cada individuo y la inclusión total en un nuevo paradigma dónde todo gira alrededor de las nuevas aplicaciones científico-técnicas. Se trata de una invasión tanto espacio físico, con la ciudad como paradigma del Progreso, como del tiempo: todo va más rápido, porque todo puede y debe hacerse más rápido.

Al mismo tiempo, la sociedad moderna se caracteriza por mediatizar las relaciones humanas a través de un universo de imágenes preestablecidas que marcan las pautas sobre los deseos, las esperanzas, los valores, los placeres y los comportamientos esperables de cada individuo.

En este nuevo entorno prefabricado, el trabajo [productivo y asalariado] juega un papel fundamental como elemento alienante y clave, además, en el mantenimiento de las dinámicas de producción y consumo. La vida entera gira en torno al trabajo. Ni los avances técnicos, ni el aumento de la riqueza, ni la sociedad del conocimiento... nada ha conseguido reducir el número de horas de trabajo, ni la cantidad de trabajadorxs. Es patente, sin embargo, que en el proceso de producción, cada individuo juega un papel ínfimo y se convierte en una pieza reemplazable y reutilizable según la necesidad, por lo que se convierte en tiempo vacío y sin significación.

La solución a este vacío generalizado ha sido llenar nuestra existencia de todo tipo productos en constante evolución, siempre caducos y desechables por otros nuevos, fugaces representantes de nuevo estado de la modernidad e incapaces de dotarse de un verdadero significado a sí mismos, ni de un fin real: ropa, gadgets, coches y todo tipo de modas pasajeras... un mundo construido para el que no hay otro papel más allá del de consumidorxs.

Pero la cruda realidad de la sobreproducción, de la abundancia de lo inútil, del hiperconsumo y las seudo-necesidades reinante en los países “desarrollados” demuestra cada vez con más intensidad que, lejos de acercarnos al bienestar y a la felicidad, nos aleja cada vez más de unas condiciones que nos permitan acceder a ella: largas jornadas laborales, problemas psicológicos, aires contaminados, esperas, masificación, insatisfacción, estrés...

Un mundo demasiado pequeño

Los perniciosos e imprevistos efectos del Progreso como ideología y su incapacidad patente para armonizar las relaciones entre los hombres y su entorno no han sido suficientes para que el crecimiento sea adoptado como camino incuestionable al bienestar. Esta apuesta por el productivismo desaforado desencadena procesos irreversibles y choca de frente con dos realidades que tienen en común la limitación y escasez de recursos de nuestro planeta:

Desarrollo a expensas del mundo

La construcción y mantenimiento del “mundo desarrollado” se ha realizado a expensas de mantener en la miseria y en la pobreza a la mayoría de sus habitantes. Llama la atención que el “subdesarrollo” sea la tónica general en un planeta que desea ante todo el Desarrollo. Esto se explica porque la existencia de trabajadores pobres, de materiales baratos, de mercados injustos está en la base de las creación de condiciones económicas y sociales que permiten progresar en otros lugares.

El Desarrollo está, por tanto, estrechamente ligado a la limitación del acceso a él de una mayoría global. A partir de aquí resulta una mera fantasía pensar en exportar el estándar de vida “occidental” a escala planetaria: el planeta es simplemente incapaz de abastecer de recursos a una sociedad del Progreso a nivel global (crecimiento, abundancia...).

Un modelo sin futuro

Precisamente, la creciente escasez de recursos, especialmente combustibles fósiles, pero también madera, agua potable, tierras fértiles... indican que el modelo del crecimiento está irremediablemente condenado al fracaso.

La irrupción de la “sociedad del conocimiento”, con una economía cada vez más desligada de la riqueza real generada y del tiempo de trabajo dedicado representa la última vuelta de tuerca de un sistema obcecado en crecer como sea: globalización económica, apertura de nuevos mercados, expansión de los servicios, burbujas especulativas, eficiencia, reciclaje... Sin embargo, resulta irrisorio intentar desacoplar el desarrollo y la propia economía del consumo brutal consumo de recursos y que no hace sino ir en aumento: las redes de comunicación, el sector servicios, la innovación tecnológica y el resto de elementos fundamentales de la “sociedad del conocimiento” son intrínsecamente dependientes de suministros energéticos y materiales en masa.

La búsqueda de la eficiencia máxima con las esperanzas puestas en soluciones tecnológicas que consigan desligar el desarrollo de consumo de manera efectiva chocha de lleno con el significado de crecimiento exponencial, siempre un paso por delante de todo ahorro realizado, y con la falta de consideración de factores como el crecimiento demográfico o el efecto rebote.

* * *

Todo lo anteriormente explicado muestra cómo la ideología del Progreso se ha mostrado incapaz, y es cada vez más evidente, de armonizar la relación hombre y naturaleza de manera duradera y justa. El fracaso del Desarrollo contrasta con una fe ciega en todos los problemas acabarán por solucionarse permaneciendo en esta vía: el desarrollo y el crecimiento son constantes en el discurso político y sus indicadores (como el P.I.B.) se utilizan absurdamente para evaluar nuestro grado de bienestar.

Desde Jóvenes Verdes no podemos obviar el camino seguido ni la gravedad de la situación actual. Estamos pues obligadxs a buscar alternativas reales y radicalmente distintas al modelo reinante.

El Decrecimiento

El Decrecimiento representa una ruptura radical de una serie de creencias y valores predominantes en la sociedad actual, en particular con la ideología del Progreso y la búsqueda del crecimiento económico y material como camino único al bienestar.

Es importante no reducir el término al simple opuesto de “crecimiento”. El decrecimiento representa una ruptura total con lo que actualmente representa el Progreso (tampoco confundir con una simple “oposición” a todo progreso) para pasar a priorizar actitudes, valores y modos de vida que conformen una verdadera alternativa al mundo contaminado, injusto e infeliz que nos empeñamos en desarrollar.

A continuación pasamos a explicar algunas de las claves sobre el Decrecimiento y el establecimiento de una sociedad decrecentista:

Una ruptura total

El culto al Progreso invade sistemáticamente todos y cada uno de los ámbitos de la vida: organización social, costumbres, toma de decisiones, modo de relacionarnos... y lo hace siempre de manera que resulta imposible actuar separadamente sobre una parte del sistema sin cuestionar su totalidad.

Esta unicidad, basada en un conjunto innombrable de interrelaciones, convierte en inútil toda aplicación del término decrecimiento a facetas y efectos concretos del Progreso. No tiene sentido presentar el decrecimiento como la simple reducción de ciertos elementos considerados negativos. Limitarse a hablar pues de “decrecimiento económico”, de “decrecimiento de las emisiones”, “decrecimiento del uso de plásticos” no es hablar de Decrecimiento e introduce

ambigüedades en un término que cuestiona la totalidad de la idea de Progreso.

Decrecimiento y desarrollo sostenible

El concepto de desarrollo sostenible resulta incompatible con el Decrecimiento pues no cuestiona la base del Desarrollo, punto esencial de la crítica realizada por el Decrecimiento.

La búsqueda de un “desarrollo” con un bajo consumo de recursos que pueda perdurar en el tiempo se nutre principalmente de una fe ciega en los avances tecnológicos en materia de eficiencia, miniaturización y reciclaje. Se evidencia entonces que el desarrollo sostenible está basado y sostenido por propia idea de “desarrollo”.

La proliferación del uso propagandístico y publicitario del desarrollo sostenible atestigua su poca validez a la hora de representar una verdadera alternativa más allá de un exceso de buenas intenciones o de una careta verde.

Por su parte, el crecimiento cero como propuesta concreta relacionada con el desarrollo sostenible, ha quedado plenamente desfasada al ser huella ecológica mundial desproporcionada en relación a las capacidades del planeta.

Redefinir el trabajo

La búsqueda constante e incuestionada del Desarrollo utiliza el consumo como vehículo de acceso a todos los productos resultantes de la constante evolución de sus técnicas. Sean útiles o no, resulten desastrosos o no, se necesiten o no, esta producción (que se manifiesta en el plano material, pero también en el cultural y en los servicios) sirve como justificante de la necesidad de ir siempre “más allá”.

El desarrollo necesita de un elemento que garantice, por un lado, la producción creciente de bienes y servicios, y por otro, la posibilidad al cuerpo social de adquirirlos constantemente, desecharlos y reemplazarlos con la mayor facilidad posible.

Este elemento es el trabajo. El trabajo actúa como centro de la organización social. La vida gira en torno al trabajo. Desde la infancia se nos enseña, se nos prepara específicamente para vender nuestro tiempo a cambio de un salario.

Al mismo tiempo, la organización del trabajo asegura que la mayor parte de este salario se invierta en productos y servicios necesarios para seguir trabajando, o para olvidarse por unas horas del trabajo: coches, ordenadores, ocio, cuidados....

El Decrecimiento apuesta por el fin del trabajo tal y como lo conocemos. Este fin, se concreta en varios aspectos:

  • La valoración y reconocimiento de las actividades no remuneradas y no productivas (menaje del hogar, voluntariado, cuidado de niños y personas mayores, artes etc...): Estas actividades son elementos de cohesión social de especial importancia, pero no son “rentables”, por lo que siempre están relegados a un segundo plano.

  • Reducción de la producción: los límites físicos a los que el crecimiento nos enfrenta hacen necesaria una reducción de la producción (y del consumo). Se han de producir menos bienes y servicios y, por tanto, se deben reducir las horas de trabajo totales. La aceptación sin reparos de esta necesidad implica el abandono del objetivo del pleno empleo así como la reducción efectiva del número total de horas de trabajo. Aumentar el tiempo libre, más bien escaso en la actualidad, facilitaría la inclusión y participación en la sociedad de un mayor número de personas, la realización de actividades no-monetarias (voluntariado, bancos del tiempo) y, en el fondo, la posibilidad de encontrar lo que de verdad nos hace felices más allá del imperativo material reinante.

  • Fomento de la producción ecológica, cooperativa y el auto-abastecimiento: recuperar las técnicas de producción adaptadas al entorno y que permitan auto-abastecernos en pequeños grupos es ideal para reducir el impacto medioambiental y social del trabajo. Para satisfacer nuestras verdaderas necesidades no debería hacer falta un despilfarro de recursos en forma de embalaje, conservación y transporte del producto.

Priorizar lo local

La globalización, entendida como interconexión efectiva y global a todos los niveles (económico, tecnológico, cultural...) ha sido un elemento clave a la hora de desarrollar las condiciones necesarias del desarrollo y del crecimiento que, aunque desigualmente repartido, se ha producido con gran intensidad.

Las relaciones de dependencia generadas abarcan igualmente diversos niveles y conforman un conjunto extremadamente complejo de tratar desde una lógica decrecentista y que asegure la igualdad y la justicia para/con todas las partes.

Desmontar este sistema implica volver decididamente a la cercanía: producción local, distribución local, consumo local, cultura local... Se trata de adaptar nuestros modos de vida en todas sus formas a las características y condiciones que el entorno más próximo nos ofrece.

La vuelta a lo local actúa en dos facetas de importancia para el Decrecimiento: por un lado se consigue reducir el impacto generado por el comercio intercontinental de mercancías a la vez que se visibiliza el efecto de la actividad humana sobre el territorio, que recae actualmente sobre lugares lejanos y desconocidos. Por el otro, se simplifica la gestión local, democrática y justa de las actividades, y se facilita la adaptación a las características específicas de cada zona, como veremos más adelante.

Volver a lo simple

El Progreso no ha consistido simplemente en la posibilidad de producir y consumir una gran cantidad de productos, sino en el emplazamiento de todo una organización sistemática que ordene, gestione y posibilite el desarrollo de técnicas más avanzadas con las que, a su vez, solucionar los problemas generados por el crecimiento y afrontar una vuelta de tuerca más.

La consecuencia inmediata ha sido una complexificación general que afecta a todo los niveles. La figura del “especialista” es ahora clave a la hora de entender y actuar sobre cualquier dominio. Una persona no especializada es de poco uso en una sociedad desarrollada.

La especialización de la sociedad ha dado lugar a una serie de dependencias y jerarquías que limitan las capacidades de cada individuo y la libertad para elegir su modo de vida. Muchas de las tareas que tradicionalmente realizábamos en pequeños grupos o individualmente han sido traspasadas a “especialistas”: producción alimenticia, confección y arreglos de ropa, cuidado y educación de niñxs, reparaciones, seguridad...

El Decrecimiento apuesta por una vuelta a lo pequeño y a lo simple, a aquellas herramientas y técnicas adaptadas a las necesidades de uso, fáciles de entender, intercambiables y modificables. Una vez más, se trata de romper las cadenas que nos atan a un mundo auto-destructivo e incapaz de satisfacer las verdaderas necesidades de todxs re-adaptando nuestras herramientas de manera que podamos utilizarlas y dejar de usarlas a voluntad, frente a la obligación constante de servirnos de los productos del desarrollo: aviones, televisión, electricidad, carreteras, alimentos importados, móviles, sistema educativo, medicamentos...

Autogestión y democracia participativa

La ardua complejidad de todos los niveles de organización, de la que venimos hablando anteriormente, ha requerido el emplazamiento estructuras e interrelaciones imprescindibles para su correcto funcionamiento. Detrás cada uno de los productos del Desarrollo y su utilización masiva (coches, medicamentos, armas, supermercados, propaganda...) existe un entramado político, económico y social no sólo los hace realidad, sino que los elige por nosotrxs. Hemos perdido toda capacidad de control o decisión sobre la dirección de nuestros pasos pues las formas de organización actuales responden únicamente a la necesidad de gestionar de manera eficiente ciertas realidades y, por tanto, está fuera de lugar la participación activa de todas las personas relacionadas, ni la adaptación a cada una de las micro-realidades afectadas.

El Decrecimiento apuesta por la autogestión, es decir, la gestión directa de la realidad que nos afecta: alimentación, comunicación, educación, salud... Por supuesto, la autogestión conlleva una necesaria simplificación y readaptación de las herramientas de las que nos servimos, junto con el abandono de muchos de los productos, en un amplio sentido de la palabra, actualmente presentes y que no necesitamos en una sociedad decrecentista (estados, burocracias, mercados bursátiles, corporaciones, ejércitos, supermercados, nucleares...).

La democracia participativa es clave en el éxito de un sistema colectivizado, de manera que se adapte a todxs sus participantes de la mejor manera posible, y siempre abierto a modificaciones y mejoras decididas desde la base.

Feminismo y decrecimiento

El decrecimiento tiene importantes puntos de encuentro con las luchas feministas y la deconstrucción del patriarcado, por ejemplo a la hora de valorizar y reconocer el trabajo no productivo, que muchas veces recae sobre las mujeres, y buscar una redistribución equitativa de las tareas.

Tradicionalmente, la carga de trabajo productivo ha recaído sobre el hombre. Sin embargo, el acceso masivo de la mujer al mercado laboral no ha significado ni una reducción de la jornada laboral de los hombres, ni un cambio significativo en las proporciones de tiempos dedicados al menaje del hogar, ni a los cuidados. Por tanto, este paso hacia la “igualdad” ha supuesto en realidad un aumento en las responsabilidades y tareas de las mujeres.

El decrecimiento juega un importante papel a la hora de buscar soluciones efectivas a las desigualdades mediante la valoración de los trabajos no-productivos como el doméstico, o los cuidados de personas mayores y niñxs que recaen mayoritariamente en manos de las mujeres.

Una reducción generalizada del tiempo dedicado al trabajo mercantil para todas y todos y, por ende, de la producción como propone el decrecimiento, favorece la repartición equitativa de todos los tipos de trabajo entre mujeres y hombres, porque que evita la carga doble de la mujeres y facilita a los hombres una necesaria toma de responsabilidad en tareas domésticas, al no crecer el volumen total de su trabajo.

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El Decrecimiento es aún un concepto en construcción, con muchos ángulos, interpretaciones y modos de aplicación sobre los que hay que seguir trabajando y dando a conocer al exterior.

Nosotrxs, Jóvenes Verdes, apostamos por el Decrecimiento como salida durable y realista a la crisis ecológica y social y nos comprometemos a defender y difundir el concepto de manera transversal en nuestras actividades y comunicados.


Aprobada en la V huerta de Jóvenes Verdes del 6 al 8 de diciembre de 2009 en Málaga.