El 'decrecimiento' debe tender al 'mesuramiento'

Julio García Camarero

Es tan absurdo el crecimiento ilimitado, como pueda serlo el decrecimiento ilimitado.

El 1 de noviembre escribí en este blog un artículo titulado “Sobre opiniones y reflexiones sobre el decrecimiento”, en él que “me congratulaba y me alegraba de que empezara a iniciarse este tipo de debate y contrastación sobre el decrecimiento”, pues habían aparecido a finales del mes de octubre de este 2011, y casi en días consecutivos, tres artículos críticos con el decrecimiento, debidos a los autores: El blog de Onible,  F. Rodrigo Mora  y Juan Torres López. Pues bien, con fecha del 8 de noviembre ya ha aparecido un crítico más: Toño Hernández con un artículo de titulo: “Sobre algunas críticas incorrectas a la idea del decrecimiento”, esta vez publicado en la web “Rebelión”. Por cierto un titulo muy parecido al al de mi articulo referido, del día 1 de noviembre.

Hay que decir que el principal motivador de esta controvertida polémica fue Juan Torres, y que es a quien únicamente dedica sus dardos Toño.

Entre otras cosas, al comienzo, Toño nos dice, que  “el decrecimiento es una idea en construcción” expresión que tiene cierta coincidencia con lo que manifesté en mi artículo del 1 de noviembre: “La verdad es que al pensamiento decrecentista aún le queda bastante para que se configure como algo completo, sistemático y conciso. Él es un pensamiento aún incipiente (no tiene ni dos lustros, aunque sus precedentes puedan remontarse desde  Aristoteles a Georgescu Roeguen) y necesita posarse”.

Y Toño critica a Torres (adecuadamente) porque infundadamente este último tacha al decrecimiento de tan economicista como el crecimiento (esta afirmación denota un profundo desconocimiento de la teoría del decrecimiento, y sólo ganas de criticarlo).

No, el decrecimiento lo que se plantea, precisamente, es sustituir la simpleza del crecimiento lineal, cuantitativo e ilimitado, por algo más complejo diverso y humano. Y esta idea la remacha muy bien Toño al decir que: “Una de las grandes críticas que hacemos a la economía convencional es precisa-mente esa obsesión por valorar con un único indicador -el dinero-, la complejidad de las actividades económicas y sus interrelaciones”. Como diría Max Neff “no hay que poner al hombre/mujer  al servicio de la economía, sino la economía al servicio del hombre/mujer”.

Pero Torres no deja de obsesionarse con el PIB, pareciéndole un crimen no defender el crecimiento, a capa y espada, para producir los bienes que necesita la población, y en este sentido dice concretamente: “lo que necesita la inmensa mayoría de la sociedad que hoy día está insatisfecha... es que crezca la producción de bienes y servicios a su disposición, y no al contrario. Aunque eso haya que hacerlo, eso sí, con otro modo de producir, de consumir y de pensar”, Y es que lo que le sucede a Juan Torres es que tiene un cierto vértigo a salirse del crecimiento es decir del capitalismo. Porque como muy bien dice Toño, “sin crecimiento no hay capitalismo”.

Y continua Torres: “El error que yo encuentro en el discurso de los partidarios del decrecimiento es que confunden la insostenibilidad que produce un mal modo de producir y una lógica desigual de reparto con un problema de cantidad. Se falla al caracterizar la realidad y entonces se aplica la terapia inadecuada”.

Pero no se trata tanto  de un “mal modo de producir”, (en alguna medida representada por la “calidad de producción”) como de la cantidad producida y de la mala distribución del crecimiento. El problema básico es de cantidad (con despilfarro) y de mal reparto, y de la limitación de recursos del planeta.

Se produce demasiado y para demasiada poca gente, necesitándose además para ello aumentar abultadamente el PIB y en consecuencia caer en la esquilmación  de unos recursos que ya empiezan a ser escasos.

Personalmente creo que podría ser perfectamente compatible  reducir el PIB y a la vez obtener los bienes y servicios necesarios para todos los terrícolas. Y ello siempre que se perfeccionara  la distribución de la riqueza y se terminara con el despilfarro y la obsolescecia programada; y por supuesto con la infinita corrupción financiera.

Pero aparte de estas acotaciones criticas y estas referencias críticas, debemos plantearnos tres o cuatro líneas maestras en torno a las cuales se configure una teoría del decrecimiento estructurada, y una profusa diversidad de  acciones que potencien el decrecimiento feliz (1).

Y estas líneas (o base sistemática del decrecimiento) pueden ser las siguientes:

-Es una quimera un crecimiento ilimitado a partir de recursos limitados.

- Es una quimera un decrecimiento ilimitado sin la extrema depauperización de la población terrícola.

-Sería una quimera criminal masiva plantear un decrecimiento en el Sur.

-En consecuencia a lo que tiene que tender el decrecimiento es a un“mesuramiento”de nuestra actividad  económica. Mesura que por otra parte evitará el sufrimiento de la explotación de la mujer/hombre, la explotación  esquilmadora de la naturaleza y un previsible cambio climático suicida.

Se trata de obtener un mesuramiento que reducirá el consumismo, la explotación y el trabajo enajenado (asalariado) a unos límites mucho menores que los actuales (para ello es indispensable salirse del sistema capitalista, a partir de un periodo de transición) y que facilitarán más horas para la recreación, para los bienes relacionales, y en  una palabra para un indispensable “desarrollo humano” (2).

En resumen: la finalidad del “decrecimiento” será conseguir el equilibrio económico global el cual se podrá lograr a partir del “decrecimiento feliz” en el Norte y del “crecimiento mesurado” en el sur (3). Esta será la única forma de redistribuir entre todos  de forma global, la riqueza material.

Una vez logrado este equilibrio económico global, comenzaremos a estar en muchísimas mejores condiciones para emprender un indispensable desarrollo humano. Y además, con ello, conseguir salvar el planeta (hoy amenazado seriamente) y lograr una felicidad global.

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(1) Hay que distinguir entre “decrecimiento feliz” (con crecimiento humano) y el “decrecimiento infeliz”  (sin crecimiento humano y con aceleración de la acumulación oligárquica y explotación de ser humano y de la naturaleza y con profusión de recortes salariales, y sociales).

 (2) Creo que sólo el titulo de mi segundo y último libro, sobre decrecimiento, es muy sugerente en este aspecto: “El decrecimiento feliz y el desarrollo humano”.

 (3) Esto último es lo que plantearé en mi tercer libro de mi trilogía decrecentista, titulado, precisamente, “El crecimiento mesurado y el desarrollo humano en el Sur”. Algo que ya anuncié en la contraportada de “El decrecimiento feliz y el desarrollo humano”




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