Nunca terminamos de decir o escribir las frases. No matizamos

Julio García Camarero (Autor del libro “El decrecimiento feliz y el desarrollo humano”)


Nunca matizamos nuestras expresiones y por ello, por desgracia, con demasiada frecuencia lo que solemos decir o escribir resultan ser expresiones demasiado ambiguas. Con extremada frecuencia, no matizamos los conceptos y los dejamos cojos.

Hoy esta de moda criticar a los adjetivos, se les considera elementos gramaticales anticuados y que su uso nos origina una escritura pobre de recursos. Pero lo que es verdaderamente pobre es escribir expresiones incompletas, y ello por el hábito muy extendido de tender a no usar adjetivos o los complementos gramaticales. Parece ser que al Pensamiento Único le interesa la uniformación y la in-diferenciación que resulta del no uso de los adjetivos. Estos elementos son como los colores de matización en la pintura; sólo con ellos podemos ver el panorama en su justa profundidad. Linneo, en su nomenclatura binomial, comprendió que para diferenciar bien los conceptos y las especies vegetales, era necesario al menos el binomio de “genero” y “especie” (algo así como un “nombre” seguido de un “apellido” o calificativo) para que no apareciera la confusión en el mundo de la Botánica.

Podríamos poner infinidad de ejemplos de frases incompletas, que con frecuencia usan o usamos, aunque, como muestra, sólo nos referiremos a algunos de ellos:

Decimos: “El desarrollo es un horror”, es el origen de los peores males. Incluso autores tan respetables como el mismísimo Serge Latuche, escribe libros como “Sobrevivir al desarrollo”(1). Y en este momento deberíamos de preguntarnos: de que desarrollo nos habla Latuche. Porque hay desarrollos que son favorables para la humanidad y hay desarrollos que son exactamente suicidas. Aunque, más que el desarrollo, lo que es verdaderamente suicida es el desarrollismo economicista, muy emparentado con el “crecimiento económico”, con el “crecimiento energético, el “crecimiento productivista”, el “crecimiento consumista”, etc, términos que también tienen algo de “suicida”. Así, que tampoco basta con decir “crecimiento”. Como acabamos de indicar, habrá que posponer a la palabra crecimiento el adecuado y necesario apellido calificatorio. Puesto que, además, existen otros crecimientos que si son positivos como el “crecimiento del amor”(2), al que se refiere Erich Fromm, etc.

Y también existen desarrollos que no solo no son suicidas, sino que son esencialmente vitales, tal es, por caso, el “desarrollo humano”.Y es que tendemos a dejar la expresión incompleta y por eso nos viene con demasiada frecuencia la profunda confusión. Decimos “desarrollo” donde deberíamos decir “desarrollismo”; es lo que le pasó a Latuche con su magnifico libro, que debería haber titulado “Sobrevivir al desarrollismo”(3). Nos equivocamos también cuando decimos sólo “desarrollo”, al querer decir “desarrollo humano”.

Decimos: “El crecimiento es bueno para la economía”, aquí si que hay un cierto complemento (la economía) pero, pese a todo, nos quedamos sin complementar la frase, pues deberíamos decir “el crecimiento es bueno para la economía de una minúscula oligarquía”; pero para la mayoría de la población (al menos en el primer mundo) el crecimiento es algo horrendo pues ocasiona: un mayor desempleo, una mayor contaminación de suelos, aguas y atmósfera, un mayor agotamiento de recursos naturales, un mayor consumismo alienante, una disminución de la biodiversidad, etc.

Decimos: “La democracia es buena”, pero deberíamos de añadir el calificativo de “participativa” para que de verdad sea buena la democracia. Porque la “democracia burguesa-capitalista-representativa”, que sólo representa a los intereses de la oligarquía de las grandes corporaciones económicas y militares, una democracia que se compra y que se vende y que sólo está en función de las grandes corporaciones y de los mercados. “no es buena para la inmensa mayoría de la población”. Luego, deberíamos de añadir el calificativo matizante y clarificante de “burguesa-capitalista-representativa”, para ver con claridad que la democracia asesina también existe. Por el contrario una “democracia participativa” es necesaria para resolver los problemas cotidianos de la sociedad humana, y como tal “es buena para la inmensa mayoría de la población”.

Decimos: “El decrecimiento es bueno”, también es una expresión ambigua e incompleta. Para que fuera clara y completa deberíamos complementarla con el calificativo de “feliz”, pues es este el único decrecimiento que favorece a la inmensa mayoría de la población, ya que existen otros decrecimientos a los que debemos colocar el correspondiente calificativo matizador y clarificador.

Así podemos distinguir al menos cuatro tipos de “decrecimiento”:

“Decrecimiento feliz”, el de un desarrollo humano, sostenible y equitativo.
“Decrecimiento infeliz”, el de un desarrollo inhumano, insostenible y no equitativo (el de los recortes sociales, aumento de la edad de jubilación, aumento del desempleo, etc.).
“Decrecimiento caótico”, el de la llegada a un caos económico y social (como los casos de Irlanda o Grecia).
“Decrecimiento apocalíptico”, como el que esta sucediendo en el caso del desastre nuclear de Japón.

Así pues, vemos que el dejar incompletas las frases, las expresiones (algo que hacemos con demasiada frecuencia), sin adjetivos, sin complementos, es lo mismo que decir verdades a medias, o más aún, lo mismo (en muchas ocasiones) que decir mentiras asesinas o suicidas.
Esto es, decir “desarrollo” en lugar de “desarrollo humano”; decir desarrollo a secas en lugar de decir “desarrollismo”, es casi lo mismo que decir sólo “desa”, algo a todas luces incompleto. O sea, casi no decir nada, y dar pie a las interpretaciones de lo más variado y peregrinas. Es decir, dar pie a un babel caótico.

2 comentarios:

  1. Según la R.A.E. el desarrollo se define como la “evolución progresiva de una economía hacia mejores niveles de vida”, y es esta la imagen mental que se transmite cada vez que el término es empleado.

    Se trata de una idea, ‘el desarrollo’, que diferencia a los que progresan de los que se quedan atrás, los que prosperan de los que fracasan, los que se enriquecen de los que se empobrecen, los que son felices de los desgraciados; Utilizado en la cruzada que el Presidente gringo H. Truman emprendió en 1949 contra los pueblos de la Tierra denominándolos subdesarrollados y recordándoles lo que ‘no son’, un recordatorio de su condición indeseable e indigna; para escapar de ella, necesitan que las experiencias y sueños de otros les esclavicen.

    Se le han puesto diversos adjetivos (ropajes) para que sea asimilable a la cultura del beneficio, así puede ser un desarrollo sostenible, comunitario, participativo, local, social o como nos indica el autor del artículo un ‘desarrollo humano’: construcción inventada por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que nos marca una serie de indicadores (IDH, GINI…), pretendidamente universales pero que no abandonan el imaginario económico occidental. Son estos indicadores muy útiles para que el FMI, el BM o las ONGs sirvan como arma colonizadora sobre ‘los pobres’.


    Abandonar el ‘desarrollo’ supone una revalorización de las culturas vernáculas, una necesidad de no depender de conocimientos expertos, de crear lazos culturales y espirituales con las personas y la tierra.

    ResponderEliminar
  2. DavidE19796:23 p. m.

    Siento no estar de acuerdo con el autor del post.

    Si matizamos en exceso, utilizamos lenguaje académico o escribimos cómo si fuera una tesis doctoral interminable, perderemos el interés del público en general.

    Creo que hay que saber expresar las ideas básicas y centrales del decrecimiento con simplicidad para poder divulgarlo a TODOS los públicos, y tener textos más académicos, con mayor detalle y rigor sólo para quién quiera llegar a ese nivel de detalle.

    Es mi humilde opinión tanto la tarea de divulgación, como la profundidad del pensamiento son imprescindibles. Sino, nos volveremos un círculo endogámico.

    ResponderEliminar