Una crisis de la que no se habla

Julio García Camarero - Autor del libro El decrecimiento feliz, ed. La Catarata, 2010

La inmensa mayoría solo percibe una crisis, la crisis económica, que lleva a arrastras el desempleo, eso es lo que se ve, eso es lo que se dice. Los más avezados distinguen alguna crisis más, la crisis ecológica, la crisis social, la crisis de valores, y nada más.

Pero la crisis más sutil y más útil, para los profundizadores de las crisis, es una crisis de la que no se habla, es la crisis del habla, la crisis del lenguaje. El lenguaje está absolutamente pervertido; es el firme trípode en el que se sustentan todas las demás crisis.

La publicidad comercial, la propaganda de los regimenes “democráticos” y sus carísimas campañas, el electoralismo económico…, en general, están al servicio de los vicios de los corruptos fundamentalistas del crecimiento. Pongamos algún ejemplo en alguna palabra como: REFORMA, reforma de pensiones, reforma laboral, reforma financiera, reformas, reformas y reformas. Al menos Ignacio de Loyola fue más sincero, hablaba de contrarreforma. Pero hoy el lenguaje esta lo suficientemente pervertido y lo suficientemente des-configurado, como para poder llamar reforma (y que las masas lo admitan impasiblemente) a lo que justamente no es otra cosa que una profundísima y acelerada CONTRARREFORMA, que esta borrando del mapa las verdaderas reformas precedentes, aunque hayan sido pequeñas reformas. Y se está haciendo esto precisamente cuando es evidente que ellas salvaron al capitalismo en la otra gran depresión precedente.

Otro eufemismo es el RESCATE FINANCIERO, que consiste exactamente en desangrar a las naciones más débiles, mediante usuras cada vez mayores, a los países señalados al “rescate”; usura, usura, y más usura. No se como los más avezados comentaristas y críticos politólogos incluso los de izquierda, jamás, jamás pronuncian la palabra más importante USURA, pues es evidente que estamos naufragando en un océano de usura.

Y no hablemos del LENGUAJE BÉLICO, de los ya famosos “daños colaterales”, de “intervenciones quirúrgicas militares”, de lucha contra Alcaeda y los “narcos”, de la ayuda bélica a la “democracia”, de “exclusión de espacio aéreo”, de “bombardeos humanitarios” de ciudades para salvar vidas, o de invasión del territorio de países ajenos “para proteger a los ciudadanos del norte situados en el sur”.

Pero lo más grave y sangrante de la perversión a ultranza del lenguaje, es el que se haya conseguido la zombificada aceptación por parte de las masas (incluso con despreocupadas sonrisas) de estas palabras fétidas y corrompidas. Lo más indignante de todo es la total ausencia de INDIGNACIÓN (lograda, por la perversión del lenguaje) en toda la población planetaria, salvo reducidas y honrosas excepciones aisladas, tan aisladas como Cuba. Como decía, esta crisis de la comunicación y del lenguaje es el sólido soporte que mantiene en pie a todo tipo de crisis y corrupciones.

En resumen, que el corrupto cuarto poder, el del habla, el de los medios de comunicación, el poder mediático, se ha convertido (y con mucha diferencia, incluso más que el poder militar) en el primer poder; pues está consiguiendo que ni un solo terrícola se INDIGNE. Y si queremos conseguir la indignación suficiente, después de haber abierto a todos los ojos cerrados, para contrarrestar el infinito poderío de la crisis del lenguaje, habrá que crear un QUINTO PODER de información alternativa, que use un lenguaje fijado limpiado y con esplendor, que sea aún mucho más fuerte que el cuarto poder . Será la única posibilidad de salir de esta kafkaiana pesadilla del crecimiento capitalista.

3 comentarios:

  1. Pues sí, llevo tiempo diciendo que hanpervertido el lenguaje para aberración de las mentes. La verdadera crisis; hablas, dices, nombras, y sin sentido de la realidad.

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  2. No te olvides de otro sutil cambio en el lenguaje. Ahora ya no somos USUARIOS sino CLIENTES, al menos para el metro de Madrid. Tampoco somos ya CIUDADANOS para los partidos polítcos, sino VOTANTES.

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  3. Los eufemismos en la manipulación mediática se mueven entre lo cómico y lo patético. Ahora que quieren camuflar la extensión del hambre y la miseria, provocan vergüenza ajena.

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