La riqueza es mala



“Negar el capitalismo es presentarlo como lo que es realmente en su esencia, una forma de dictadura que, en el ámbito que le es propio, la economía, opera para proporcionar medios materiales y, sobre todo, seres humanos, aptos para realizar el proyecto estatal de sojuzgamiento total con embrutecimiento total. Lo opuesto es fijar un sistema de necesidades que dé preeminencia a los bienes del espíritu: la democracia, la verdad, la libertad de conciencia, la virtud, la sociabilidad, la fortaleza interior, la sublimidad, el desinterés.

Todos estos valores, que al mismo tiempo son metas, establecen lo que el capitalismo no puede lograr jamás, y lo que es letal para él. Si el sistema estatal-capitalista significa la muerte del espíritu, el ascenso de los bienes inmateriales equivale a la aniquilación del capitalismo, hasta el punto de que no hay otra forma de hacerlo.

El futuro de la humanidad, en caso de que exista, no depende del desarrollo máximo de las fuerzas productivas, sino de lo opuesto, del crecimiento en flecha de las fuerzas espirituales del individuo y del cuerpo social, que al ascender más allá de un punto se hacen incompatibles con el sistema de dominación actual. Eso anima a, como sostiene Martínez Marina, ‘preferir la libertad al bienestar’.

Según arguye en Tratado de la República (1521) Alonso de Castrillo, ‘la riqueza es mala’. En efecto, es mala de manera múltiple, como riqueza privada y como riqueza social: distrae de lo espiritual, exige un trabajo embrutecedor, quita tiempo para las funciones superiores, debilita la voluntad, niega la fortaleza psíquica y enferma al cuerpo, lleva al hedonismo y al felicismo, por amarla se desama a los seres humanos y proporciona los instrumentos físicos de dominación que hace omnímoda a la moderna tiranía.

De donde la doble meta de al revolución civilizante ha de ser: sin capitalismo y, al mismo tiempo, sin riqueza material. Ello establece también las condiciones que permiten constituir un orden social cualitativamente superior al actual, cuyo primer fundamento ha de ser la conversión interior al desinterés, a la frugalidad y a la preferencia por los bienes del espíritu.”

Extraído del libro ‘La democracia y el triunfo del Estado. Esbozo de una revolución democrática, axiológica y civilizadora’, escrito por Félix Rodrigo Mora.

3 comentarios:

  1. El mejor libro de contenido político en mucho tiempo. De obligada lectura para los que se preocupan.

    ResponderEliminar
  2. No conocía al autor. Gracias ;o)

    ResponderEliminar
  3. El próximo siglo (XXI) será espiritual o no será, no se quien lo dijo pero yo lo escuché.

    Lo malo es que también los espiritualistas sacan beneficio de esta situación............aynssssssss que locura vivimos.

    ResponderEliminar