Bonobos

Frans de Waal, el famoso primatólogo holandés, fruto de sus experiencias con primates, ha hecho una aproximación a la naturaleza del homo sapiens sapiens.

Los primates que de Waal ha estudiado con más detenimiento han sido los chimpancés y los bonobos, el denominado género Pan. Ambas especies son las más próximas al homo sapiens, con ellas compartimos la mayor parte de nuestros genes y son nuestros parientes más próximos en el árbol evolutivo del género humano; se separaron de nosotros hace unos 5,5 millones de años (frente a los 7 millones que lo hicieron los gorilas o los 14 de los orangutanes). Tan próximos estamos que algunos científicos, entre ellos de Waal, consideran que deberíamos formar un único género: Homo.

Los chimpancés tienen un comportamiento jerárquico y violento, los bonobos son por el contrario pacíficos y resuelven sus disputas manteniendo relaciones sexuales. La brutalidad y el afán de poder del chimpancé contrasta con la amabilidad y el erotismo del bonobo. Los chimpancés pueden ser violentos como hemos dicho pero sus comunidades tienen, al mismo tiempo, poderosos mecanismos de control, en cambio los bonobos, maestros de la reconciliación, no se privan de pelear, pero los mordiscos y golpes con ensañamiento es raro entre ellos. Hay conflictos pero la supervivencia y la armonía dependen de la capacidad para superarlos.

Las sociedades de chimpancés están dominadas por los machos pero en las de bonobos la dominación colectiva femenina es bien conocida. Esto explica sus diferencias notables en cuanto a la agresividad. En general, la empatía está más desarrollada en el sexo femenino que en el masculino. En efecto, en 180 millones de años de evolución de los mamíferos, las hembras que respondían a las necesidades de sus retoños se reproducían más que las madres frías y distantes, porque el cuidado parental es inseparable de la lactancia, de ahí esta diferencia natural entre los sexos, a efectos de ternura y agresividad, entre mamíferos.

“Entre los bonobos no se producen guerras a muerte, apenas cazan, los machos no dominan a las hembras, y hay mucho, mucho sexo (…) los bonobos hacen el amor no la guerra. Son los hippies del mundo primate”

Concluye De Waal que “que tener afinidades cercanas con dos sociedades tan distintas como la del chimpancé y la del bonobo resulta extraordinariamente instructivo. La brutalidad del chimpancé contrasta con la amabilidad y el erotismo del bonobo. Nuestra propia naturaleza es un tenso matrimonio entre ambas. Nuestro lado oscuro es tristemente obvio: se estima que sólo en el siglo XX, 160 millones de personas perdieron la vida por causa de la guerra, el genocidio o la opresión política (…). Pero también somos criaturas intensamente sociables que dependen de otras y necesitan la interacción con sus semejantes para llevar vidas sanas y felices"

Desde estas nuevas visiones, más complejas y menos deterministas, se caen las visiones unidimensionales del gen o el individuo básicamente egoísta por naturaleza o de la violencia como tendencia innata en los humanos. El altruismo, entendido tanto como ayudar a los otros en perjuicio propio o, en sentido más técnico ayudar a las posibilidades reproductivas de otros, incluso a costa de las propias, ha sido bien documentado y es la base de la teoría de la selección natural de grupos.

Extraído del artículo '¿Por qué cooperamos?' escrito por Paco Puche


1 comentario:

  1. Hay que me parece que tengo demasiados chimpances a mi alrrededor..........vaya que pena.

    Podían haber llegado a mi entorno mas bonobos.........jejejeje.


    Gracias por compartir.

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