El fracaso de las 'teorías del desarrollo'


El fracaso de las ‘teorías del desarrollo’ para erradicar la pobreza en el mundo debería abrir los ojos al hecho de que ese ‘desarrollo’ no ha intervenido mejorando de entrada las condiciones de vida de las sociedades ‘periféricas’ al capitalismo, sino provocando su crisis, sin garantizar alternativas solventes para la mayoría de la población implicada y originando, en ocasiones, situaciones de penuria y desarraigo mayores de las que pretendían corregir ab initio.

Desde esta perspectiva “podemos imaginar – con Iván Illich – al ‘desarrollo’ como una ráfaga de viento que arranca a los pueblos de sus pies, lejos de sus espacios familiares, para situarlos sobre una elevada plataforma artificial, con una nueva estructura de vida. Para sobrevivir en este expuesto y arriesgado lugar, la gente se ve obligada a alcanzar nuevos niveles mínimos de consumo, por ejemplo, en educación formal, sanidad hospitalaria, transporte rodado, alquiler de vivienda”

Y para ello es necesario disponer de unos ingresos que el ‘desarrollo’ escatima la mayoría de los individuos, desatando un proceso de miserabilización sin precedentes.

(...)

La misma idea del progreso, que había contribuido tanto a magnificar los logros del capitalismo frente a las sociedades anteriores, fue una herencia envenenada que abrazaron ingenuamente, con renovado ahínco, los críticos de este sistema con la vana pretensión de impugnarlo desde ella. Se cerraron, así los ojos a los factores regresivos del sistema y a la necesidad de conservar en la sociedad y en la naturaleza la diversidad que tanto la monarquía absoluta como el advenimiento del Estado moderno y el capitalismo se habían encargado ya de simplificar, pero no tan drásticamente.

El enfrentamiento entre conservadores y progresistas, derivado de los pasados conflictos entre capitalismo y Antiguo Régimen, se arrastra todavía originando la confusión. La aceptación igualmente acrítica del desarrollo económico industrialista como instrumento de modernidad y de progreso constituye otro paso ideológico en falso por parte de los críticos, al que siguen aferrados por inercia los representantes del antiguo ‘Tercer Mundo’

Extraído del libro ‘Raíces económicas y del deterioro ecológico y social’ escrito por José Manuel Naredo.

1 comentario:

  1. Según la R.A.E. el desarrollo se define como la “evolución progresiva de una economía hacia mejores niveles de vida”, y es esta la imagen mental que se transmite cada vez que el término es empleado.

    Se trata de una idea, ‘el desarrollo’, que diferencia a los que progresan de los que se quedan atrás, los que prosperan de los que fracasan, los que se enriquecen de los que se empobrecen, los que son felices de los desgraciados; Utilizado en la cruzada que el Presidente gringo H. Truman emprendió en 1949 contra los pueblos de la Tierra denominándolos subdesarrollados y recordándoles lo que ‘no son’, un recordatorio de su condición indeseable e indigna; para escapar de ella, necesitan que las experiencias y sueños de otros les esclavicen.

    Se le han puesto diversos adjetivos (ropajes) para que sea asimilable a la cultura del beneficio, así puede ser un desarrollo sostenible, comunitario, participativo, local, social o como nos indica el autor del artículo un ‘desarrollo humano’: construcción inventada por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que nos marca una serie de indicadores (IDH, GINI…), pretendidamente universales pero que no abandonan el imaginario económico occidental. Son estos indicadores muy útiles para que el FMI, el BM o las ONGs sirvan como arma colonizadora sobre ‘los pobres’.


    Abandonar el ‘desarrollo’ supone una revalorización de las culturas vernáculas, una necesidad de no depender de conocimientos expertos, de crear lazos culturales y espirituales con las personas y la tierra.

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