Premio a la difusión de los principios del decrecimiento


sobre el decrecimiento como alternativa al crecimiento ilimitado.

Se premiará a la persona, comunidad o entidad que, mediante trabajos escritos, organización de cursos o conferencias, trabajos de investigación, realización de material audiovisual, creación de material pedagógico para adultos o escolares, ejecución de acciones directas... realice una mejor difusión de los principios del decrecimiento.

Los trabajos o memorias de los actos organizados tendrán que enviarse a: Comissiò de l’Agenda Llatinoamericana, calle Santa Eugènia 17, 17005 - Girona, España. Podrán remitirse en cualquiera de los idiomas en que se publica la Agenda Latinoamericana: catalán, castellano, portugués, inglés o italiano.

+ info

a través del teléfono 972 21 99 16 o del correo electrónico llatinoamericana@solidaries.org

folleto

Encuentros entre decrecimiento y buen vivir en Bilbao

El próximo 8 y 9 de febrero tendrán lugar en el Salón de actos de la Ekonomia eta Enpresa Zientzien Fakultatea. UPV/EHU de Bilbao unas jornadas en las que ahondaremos en dos conceptos y alternativas cada vez más en boga: “decrecimiento” y “buen vivir”. Además de conocer más de cerca estas visiones, reflexionaremos, debatiremos y buscaremos alianzas entre las dos visiones. Para todo ello, disfrutaremos de varias ponencias, espacios de debate y alguna otra actividad.

Para poder asistir a las jornadas, es imprescindible la inscripción.

Más información en: info@deshazkundea.org

y en la página web:

decrecimiento y buen vivir


PROGRAMA

Es imprescindible la inscripción aquí.

8 Febrero, martes

DECRECIMIENTO Y BUEN VIVIR COMO NUEVOS PARADIGMAS EMERGENTES: Dificultades y Retos

09:30-14:00

Alicia Puleo (Ecofeminismo)

Luis Macas (Buen Vivir)

Yayo Herrero (Decrecimiento)

18:00-21:00

Serge Latouche (Decrecimiento)

Magdalena León (Buen Vivir)

Aportaciones de los Movimientos Sociales

* 19:30 – Actuación de manos de “Las kapritxosas

9 Febrero, miércoles

09:30-14:00 REPENSANDO LAS RELACIONES NORTE-SUR

Mónica Vargas (Anticooperación)

Magdalena León (Buen Vivir)

Florent Marcellesi (Decrecimiento)

18:00-20:30 CONSTRUCCIÓN DE SINERGIAS HACIA EL DECRECIMIENTO Y EL BUEN VIVIR. Dinámica participativa, grupos de trabajo sobre propuestas:

  • Iniciativas políticas

  • Alternativas prácticas

  • Alianzas y redes

20:30-21:00 CIERRE

Bertsolariak

Serge Latouche

Yayo Herrero


*Con la participación en estas jornadas puede obtenerse 1 crédito de libre elección.

*Ilustración: Irene Cuesta


Comprar, tirar, comprar

Respuesta a la crítica del libro 'el decrecimiento feliz y el desarrollo humano'

Julio García Camarero


Me sorprendió favorablemente descubrir buceando por Internet un blog (El blog de Iván de Prado) en el que se realiza una relativamente extensa y detallada crítica a mi libro recién editado: “El decrecimiento feliz y el desarrollo humano”. Y lo he encontrado especialmente favorable, porque presenta puntos discutibles en mi texto. Ello me agrada porque puede dar pie al debate dialéctico, y en el debate, aunque en ocasiones no lo queramos asumir, siempre se saca algo de nueva luz por ambas partes. Desde luego son más edificantes estas críticas de debate, que aquellas que consisten esencialmente en alabar al libro al máximo con la finalidad de que se consiga vender al máximo. Pero hay dos aspectos de esta crítica que no acaban de convencerme:
En primer lugar, se denota una especial intencionalidad en:

“poner de relieve la orientación Ideológica desde la que el autor realiza su análisis, ya que esta queda patente a lo largo de toda la obra […] dejando traslucir la opinión positiva del autor sobre el marxismo”.

Es decir, Iván considera necesario advertir que el autor tiene algo de rabudo marxista. En los tiempos que corren no resulta necesario mencionar lo de rabudo marxista. Lo de rabudo, lo ha conseguido introducir en el imaginario de una intensísima mayoría el omnipotente y omnipresente neoliberalismo global (y lo ha conseguido mejor aún que el “Centinela de Occidente” en su submundo franquista), y le ha sido fácil por que se ha llegado a identificar la nefasta “doctrina marxista” del fallido socialismo real con la metodología dialéctica marxista, que en realidad es todo lo contrario a una doctrina. Y hablando de doctrina, él hace una asociación de ideas: marxista, doctrina marxista, adoctrinamiento; y en una parte de su critica dice:

“Desde mi punto de vista esto supone alejarse en cierto modo de la objetividad puesto que al adjetivar un nombre,esta impreg-nando inevitablemente a ese nombre de un juicio de valor particular. Con estas prácticas, la obra tiende al adoctrinamiento.”

Y a esto, ahora contesto: adoctrinamiento por poner adjetivos no, el poner adjetivos a las palabras no debe de verse como adoctrinamiento ni como forma de “impregnar inevitablemente a ese nombre de un juicio de valor particular”; sino que debe de verse como una forma de matizar la complejidad de la realidad, de matizar los conceptos para que pierdan su simplicidad y aspecto de entes absolutos. Por ejemplo, la palabra hombre a solas solo nos da una idea rígida simple y absoluta de lo que es el hombre, sin embargo si comenzamos a matizar en cuanto a la diversidad de hombres, el concepto comienza a hacerse más complejo y a definir con mas nitidez el concepto de hombre. De igual modo, no se puede hablar de forma absoluta de la libertad, se hace preciso de hablar de las libertades (con sus apellidos o adjetivos determinantes): libertad de expresión, libertad de constituirse en democracia participativa, libertad de represión, libertad de asesinar a la biosfera, etc. Y de igual manera sucede con el trabajo, no debe de existir un concepto monolítico y absoluto del trabajo, es preciso ponerle calificativos si queremos ver el concepto en todo su complejo valor diverso. Podemos decir que existen múltiples tipos de trabajo a los que necesariamente hay que poner un apellido, pero sobre todo existen dos tipos fundamentales de trabajo, bien distintos, que es extremadamente necesario diferenciar: por un lado, el trabajo libre, creativo (y ahí esta el elogiable adjetivo) que resulta ser un trabajo deseable y que produce felicidad; y por otro lado(diametralmente opuesto), el trabajo enajenado- asalariado (y aquí esta el despreciable adjetivo) que no aporta más que horas de enajenación e infelicidad. Y prueba evidente de ello es que prácticamente casi todos esperamos ansiosos la jubilación como una frontera entre al infelicidad del trabajo enajenado y la redención del mismo. Y está la eficiencia de las maquinas, que deben de servir para ir eliminando cada vez más horas de infelicidad y transformarlas en horas de felicidad, y no para acumular “libremente” PIB a costa de la infelicidad humana.

En segundo lugar, porque hace una infundada afirmación:

“García Camarero no ha conseguido determinar las verdaderas fuerzas que nos convierten en “yonquis” del crecimiento”.

Cuando a mi entender lo mas conseguido de mis dos últimas obras es precisamente que he descrito infinidad de veces (hasta incluso ponerme pesado) cual es el origen de la obsesión por el crecimiento económico. Algo en lo que insisto especialmente en El Crecimiento mata y genera crisis Terminal, principalmente en los dos primeros capítulos titulados respectivamente El mantenimiento y aumento del trabajo enajenado, y Evolución de los diversos mercados. Posiblemente si los hubiera leído Iván comprendería mejor lo infundado de sus dudas en cuanto a que haya logrado diseccionar el origen de la obsesión por el crecimiento. Pero de todas formas no se hace necesario retrotraernos a las largas y minuciosas explicaciones de estos capítulos. El mismo Iván sin darse cuenta incluye un párrafo en donde se señala la explicación de cuales son las verdaderas fuerzas que nos convierten en acérrimos consumistas.

Subrayo la parte del párrafo que contiene dicha explicación:

La tesis principal de García Camarero es que nos encontramos inmersos en un deteriorante crecimiento económico que genera... el agotamiento de los recursos naturales, el cambio climático, la explotación y el decrecimiento social del trabajador con las finalidades de crecer más y lograr una mayor concentración de capitales en cada vez menos manos".

Para conseguir estas finalidades el marketing a trabajado super-efícientemente para conseguir convertimos en unos yonkis consumistas proporcionadores de PIB para unos pocos.

Por lo demás, Iván en su escrito-crítica demuestra que ha leído a fondo mi libro. Pero pienso que su problema, y el lo dice: ... "me colocaría entre los que creen en un crecimiento real ecocéntricó". Esta afirmación indica que él tiene el enfoque propio de la "3avía", es decir el enfoque de los social demócratas (que han abandonado el marxismo)y que son precisamente los que abogan por un hipotético y quimérico "posible"crecimiento real ecocéntricó. Pero lo que también demuestro en mi obra El decrecimiento feliz y el desarrollo humano", y sobre todo en "El Crecimiento mata y genera crisis Terminal", es que con crecer menos no basta, ni siquiera con crecimiento cero. Y lo hago basándo-me en infinidad de datos y profusas referencias; referencias tan científicas y serias como las de: Georgescu-Roegen, Bruno Clémenün, Vicnet Cheynet, Mauro Bonaiuti, Iván Illich, Carlos Taibo, Cornelius Castoriadis, Clive Hamilton, Man/redMax-Neef, etc. Y aunque a veces me sienta un poco solo, la realidad es que no estoy tan solo, me siento muy acompañado por estos grandes hombres; y aquí entra un calificativo-grandes- de hombre que antes no puse.

Y pese a todo, como decía, Iván demuestra no solo que ha leído detenidamente sino que además ha sido capaz de hacer un admirable resumen de mi texto, de cuyo resumen casi me atrevería a decir que en algunos puntos llega a mejorar en expresión a mi texto. Pero su problema es que al comprender el fondo de la filosofía del decrecimiento le ha llegado a entrar verdadero vértigo, porque en ella se desprende que es necesario decrecer, y para decrecer es necesario salirse del sistema capitalista. Y asimilar esto cuesta, estando enganchados casi todos, como estamos, al consumismo. Por eso ha recurrido a pretextos y a trucos para afirmar que en el Decrecimiento feliz y el desarrollo humano no se aclaran las causas de la obsesión del crecimiento económico.

Además, y ahí si que me sorprende, después de la demostrada capacidad de comprensión de mi texto en su magnifico resumen, declare que yo no logro explicar el origen del crecimiento.

Y estoy seguro que el tal Iván (quien al final termina defendiendo a los mercados y a la competitividad) es una persona bien intencionada y con inquietud ecologista, su único problema es el que tenemos todos los que formamos parte de esos yonkys que comprenden el ese 99% de la población de esta sociedad de Occidente, que permanecemos enganchados al consumismo. Y yo no me excluyo, aún sigo comprando en las grandes superficies (aunque procuro hacerlo lo menos posible) y utilizando las dichosas y omnipresentes bolsas de plástico (aunque si que uso la bolsa de tela para comprar el pan). Nos da vértigo salirnos del sistema y aún somos incapaces de dejar de hacer de talibanes del consumismo-crecimiento.

Pues bien mi estimado Iván se ha visto en la obligación de declarar (incoherentemente) que no he dejado claro el origen de la obsesión crecentista para así (partiendo de cero) poder argumentar su tesis del origen del crecimiento y lo buena que es la competitividad.

Pero es que viviendo en la arcadia de la socialdemocracia- neoliberal, hay que defender, aunque sea con trucos, lo bueno que es la libertad de empresa competitiva. Y con respecto a esto nuestro crítico nos dice:

"Mi tesis es que el crecimiento es algo que surge espontáneamente del comportamiento individual y en libertad de ser humano Es decir, en cierto modo surge la competencia. Esta seria por tanto la fuente primaria del crecimiento. Con esto no quiero decir que no pueda existir cooperación entre los hombres. Todo lo contrarío, cooperación también es algo común en el comporta-miento del ser humano. Ambas, la competencia y la cooperación3han de subsistir al mismo tiempo y en un equilibrio razonable."

Esta frase se centra en un arcaico concepto(desde luego mas arcaico que los conceptos marxistas),el concepto liberal que se viene usando erróneamente desde los tiempos de Adam Smith:

Se alude (para conseguir justificar subrepticiamente, el fundamentalismo de mercado y el crecimiento) sin llegar a referirlo a la mano invisible del mercado4, y a que ella sola, a través de la "libre" competitividad, al final todo lo deja en orden. Y al parecer en la actualidad estamos viviendo ese maravilloso orden al que al final hemos llegado gracias a esta mano invisible y a esta "sana competitividad". Es decir, un orden de caos absoluto y de suicidio colectivo al ser asesinada la casa común en que vivimos, la biosfera, a causa del crecimiento.

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1 El inquietarse en este momento, por el adoctrinamiento, tiene mucho de prejuicio antimarxista, de confundir la dialéctica marxista con su interpretación (diametralmente opuesta) denominada doctrina marxista.

2 "El Crecimiento mata y genera crisis Terminal", Ed. Catarata.2009 y El decrecimiento feliz y el desarrollo humano" Ed. Catarata, 2010.

3 Se nos habla de la convivencia de la competencia y la cooperación, y pregunto ¿Cómo se come ese oximorón?

4 Esta referencia a la mano invisible tiene lugar en la obra "La Riqueza de las Naciones" que Adam Smith escribió en el año de 1776. nada menos que la friolera de casi dos siglos y medio; y esto es lo que nos venden como modernidad.

Es urgente que la izquierda comprenda las implicaciones del Cénit del petróleo

Manuel Casal Lodeiro

En el nº 136 del bimensual Diagonal podíamos leer un análisis de Alejandro Teitelbaum acerca de la cuestión de las pensiones. Los argumentos de este autor, comunes en la izquierda, giraban en torno al aumento “vertiginoso” de la productividad, debido según él, a la “revolución científico-técnica”, que haría posible, con una política más justa, la liberación de los trabajadores de la necesidad de “buena parte del trabajo físico”. Apoyándose en ese aumento de la productividad, que obviamente él considera permanente, defiende una disminución del tiempo de trabajo y un aumento de salarios y pensiones. Pero un simple análisis de la base energética de la economía y de la sociedad en su conjunto, contradice esas suposiciones que no son sino la otra cara del mismo paradigma económico hegemónico de los neoliberales: el de una economía desconectada de la realidad física y de las leyes de la naturaleza. No pongo en duda que la política distributiva y fiscal esté en la base del actual conflicto por el trabajo y las pensiones, y que toda falacia usada por la derecha en esa lucha social deba ser desmentida con contundencia; pero si no somos capaces de entender el auténtico origen del crecimiento económico y de la productividad en que pretende la izquierda basar sus alternativas, estas quedarán anuladas de partida. No podemos combatir una falacia política o económica con una falacia termodinámica. La ciencia o la técnica por sí solas no son las responsables del aumento de la productividad experimentado a lo largo de las últimas décadas: esta se debe, en primer lugar, a la disponibilidad masiva y creciente de energía barata. Es decir, sólo se puede hablar de que cada trabajador(a) ha producido más por unidad de tiempo porque el aparato productivo en su conjunto ha dispuesto de toda la energía que ha necesitado para hacer funcionar esas tecnologías. Por otro lado, si medimos la productividad en función de los recursos energéticos no humanos empleados (productividad energética) y no del factor tiempo de trabajo, veremos que la productividad en realidad lleva estancada más de medio siglo (datos de la UE). Pese a ser una confusión que lleva a conclusiones peligrosas, mucha gente no distingue entre tecnología (fruto principalmente de la inventiva humana) y energía (fruto exclusivo de fuentes naturales: unas renovables y otras no). Así, creer que la tecnología por sí sola es capaz de “producir” energía es negar los principios de la Física y caer en el terreno de la fe más anticientífica, una superstición que afecta desgraciadamente a la izquierda desde hace demasiado tiempo, pese a las críticas de autores como Walter Benjamin o al propio reconocimiento de Marx de que la riqueza proviene en última instancia de la naturaleza y de que el trabajo es “fuerza” de trabajo, es decir una fuente de energía natural más. A poco que analicemos racionalmente cómo surge el progreso técnico en la historia humana, ¿podremos negar el papel fundamental del carbón en la Revolución Industrial y en el aumento de productividad que supuso? ¿Fue la máquina de vapor quien la hizo posible o fue el combustible fósil que la alimentaba? (De hecho la tecnología base de tan decisivo invento ya se conocía desde la época clásica grecorromana.) Y también es evidente que el motor de explosión nos permitió otro salto de gigantes en la productividad y en la industrialización, pero sin la explotación del petróleo, esta hubiera sido imposible y dicha invención hubiera quedado en los museos de la tećnica como una curiosidad más sin aplicación posible a gran escala.

El Cénit del petróleo

Y es precisamente al petróleo a donde quería llegar. Si defendemos la viabilidad de políticas alternativas basándonos en una productividad que sólo es posible gracias al inmenso flujo de energía —principalmente fósil— que ha manado durante las décadas del industrialismo, dichas políticas se demostrarán impracticables en el contexto de descenso energético al que se enfrenta actualmente nuestra civilización y estarán condenadas de antemano al fracaso. Según el informe anual publicado recientemente por la Agencia Internacional de la Energía (AIE), el cénit del petróleo convencional (momento a partir del cual cada año se extraerá menor cantidad) ya se ha producido: de hecho, tuvo lugar en 2006. Después de tantos años negando este fenómeno por presiones estadounidenses, o prediciendo que tardaría aún una década en suceder, los obstinados datos reales les han obligado a dar la razón a los científicos y divulgadores de la asociación internacional ASPO —entre otros—, que llevan años intentando alertar al mundo de que este irreversible declive energético había comenzado. Aunque para que no cunda el pánico en las bolsas, la AIE maquilla de forma escandalosa las gráficas rellenando la diferencia entre demanda y oferta previstas con un petróleo que nadie —ni siquiera ellos— sabe de dónde va a salir y haciendo creer que otros petróleos de peor calidad energética podrán sustituir a tiempo y en la debida proporción al petróleo crudo convencional de alta densidad energética. Las consecuencias son demasiado graves como para que la izquierda política y social siga con los ojos cerrados: más del 90% del transporte mundial depende del petróleo, así como la práctica totalidad de los sectores industriales, y —lo que es mucho más preocupante— el sistema de producción y distribución de alimentos que sostiene a una población de ya casi 6.700 millones de personas. ¿Hablamos de pensiones, de reparto del trabajo? Lo que nos tocará repartir será seguramente la miseria energética, reparto que será por fuerza muy diferente al de la época de la jauja petrolera.

Si hablamos de productividad del factor trabajo y del factor energía, ¿qué tipo de incremento debería tener el primero para compensar el declive irreversible del segundo? Si pensamos que la energía contenida en un barril de petróleo equivale como poco a 2.000 h de trabajo humano (trabajo duro, a razón de 700 kcal/h), y que la civilización humana consumió 84 millones de barriles al día durante 2009, nos podemos hacer una idea de lo insensato que sería esperar que la supuesta alta productividad humana tecnologizada puidese llegar a compensar el declive petrolífero. Poco a poco se van filtrando informes que —por supuesto— no llegan a los grandes medios de comunicación, y que hablan de un probable colapso de las economías nacionales en un periodo más o menos corto de tiempo debido a los cortes de suministro, los nuevos picos de los precios, y la caída en cadena de una industria tras otra en un sistema mundializado que sólo funciona si crece y que requiere un constante y masivo flujo de energía para mantener su alto grado de complejidad. Concretamente el actual sistema monetario es dudoso que resista por mucho más tiempo, debido a que la creación del dinero bancario basada en deuda es insostenible en un contexo de decrecimiento económico continuado, inevitable dada la absoluta correlación existente entre consumo de petróleo y producción de bienes y servicios, contexto en cual que no sólo será imposible crecer para pagar los intereses de la deuda —tanto pública como privada— sino que ni siquiera se podrá devolver el principal de los préstamos. Científicos y militares de diversos países advierten en informes que sólo ahora empiezan a aparecer sobre las mesas de debate de los colectivos y partidos de izquierda, de las dramáticas consecuencias que afronta una civilización con sus días contados. Está alarmantemente cerca el momento en que la combinación de extracción decreciente y rendimiento energético también decreciente deje de aportarle el excedente energético del petróleo que dicha civilización necesita para sostener un nivel de complejidad tan elevado. Destacados científicos han demostrado que ninguna combinación posible de energías renovables será capaz más que de aliviar ligeramente la pobreza energética que nos espera y que no hay ni tiempo ni energía para sustituir con ninguna otra fuente un petróleo al que nos hemos hecho adictos y que en 10 años podría llegar al sistema económico industrial tan sólo en un 50% de su capacidad energética actual total (David Murphy). Los conflictos por la energía ya empezaron antes de que muchos oyésemos si quiera hablar del “peak oil” (Irak, Afganistán...), y sólo pueden exacerbarse en un sistema geopolítico alérgico a la democracia, la justicia y el consenso.

La izquierda debe anticiparse y adaptarse

Este panorama de inminente catástrofe civilizatoria comienza a ser asimilado por parte de la izquierda, al menos parcialmente. Izquieda Unida presentó en junio de este año una pregunta al gobierno español acerca de esta cuestión y de las manipulaciones de la AIE que habían destapado algunos medios europeos. Pero de momento Zapatero ni sabe ni contesta: la pregunta parece haber sido archivada sin respuesta incumpliendo las más básicas normas del sistema parlamentario. El 10 de noviembre al comisario europeo de energía se le escapó en una comparecencia de prensa el reconocimiento de que el petróleo “ha tocado techo” pero, mientras, la UE sigue proponiendo sin el menor sonrojo políticas radicalmente incompatibles con este hecho. La lucha social no se puede plantear en los mismos términos en una fase —excepcional, anómala en la historia humana— de exuberancia (el famoso “reparto de la tarta” que crece y crece... y de la cual el capital acepta repartir sus migajas mientras promueva la rueda salario-consumo para devolver el agua a su molino de la plusvalía), que en una fase de permanente e irreversible escasez, en la que sería suicida aceptar medidas que tratan de imponernos con la excusa del sacrificio necesario para volver a una irrecuperable abundancia “para todos”, a un crecimiento que choca con la finitud de la energía fósil y a un “pleno” empleo, más mito que nunca. Estas políticas lo único que logran en realidad es desarmar y despojar aún más a esas clases que llamaban “medias” y que ya no hay manera de disimular que vuelven a ser “bajas”, situadas al otro lado de un abismo social que no se volverá a estrechar. En consecuencia, la izquierda debe abordar este radical cambio de escenario con urgencia, revisando estrategias e incluso principios hasta ahora sagrados, como el derecho al trabajo asalariado o el protagonismo de una clase obrera condenada en su mayor parte a reconvertirse de nuevo en clase agraria a medida que buena parte de las industrias y las ciudades se conviertan en insostenibles. La izquierda debería también abjurar de un industrialismo y un productivismo que se van a quedar sin combustible, renegar del mito del crecimiento perpetuo y la tecnología taumatúrgica, convertirse en decrecedora y neorrural, poner la soberanía alimentaria y energética como puntas de lanza de la lucha social y política, y ser la primera en abandonar el Titanic capitalista industrial para comenzar a construir, desde abajo, múltiples y heterogéneas alternativas autogestionadas de vida simple, orgánica y local guiadas por los principios de la Economía Ecológica que ofrezcan —sin esperar más a asaltar ningún palacio de invierno— una alternativa tangible para los millones de náufragos del sistema. El caos y resentimiento social que con toda seguridad acompañarán los próximos años o décadas de colapso de esta civilización industrial petróleo-dependiente serán caldo de cultivo para el autoritarismo y el fascismo pero también una oportunidad para una revolución no meramente social o política, sino antropológica; una revolución que una izquierda postindustrial debería poner en marcha de manera anticipada si quiere que dé origen a una sociedad necesariamente más modesta, pero más justa.

Manuel Casal Lodeiro. Miembro de la asociación Véspera de Nada por unha Galiza sen petróleo

Más información:

Actualidad sobre el Cénit: www.cenit-del-petroleo.info