Degrowth Conference Barcelona 2010 - del 26 al 29 de marzo


We are trying to organize simultaneous translation for the plenaries on the Friday 26th and Monday 29th. Ideally to Spanish and might be to French. Simultaneous translation is very expensive and our budget is limited. If you can help us (i.e. your are a professional translator), please let us know (again to volunteers@degrowth.net).

web oficial: Degrowth Conference Barcelona 2010

¡El periodo de inscripción para la conferencia ya se ha cerrado!

Para inscribirse se ha de cumplimentar el formulario de inscripción a través de la página web con sus datos personales y los datos de abono de la cuota de inscripción Página web para inscribirse en la II Conferencia Internacional sobre decrecimiento.

El formulario pide también los dos Grupos de trabajo en los que querrás participar, uno para el Sábado y uno para el Domingo (por favor escoge solo uno). Antes de decidirte lee la descripción de los distintos grupos en la carpeta de Grupos de Trabajo. Recuerda que tendrás que leer los artículos o documentos relacionados con tus Grupos de Trabajo que colgaremos en la web semanas antes de la conferencia.

Cuotas de inscripción

Se está cobrando una cuota de 150 euros para todos los participantes para cubrir parte de los costes organización, catering y publicaciones de la conferencia. Esta tarifa está muy por debajo de los usuales costos de inscripción de conferencias internacionales dado que se busca promover una amplia participación.

Una tarifa reducida de 75 euros será aplicada pera todos los estudiantes sin ayudas, participantes del Sur y ONGs. Se tendrá que proporcionar algún documento que justifique la tarifa el día de la conferencia.

Las ONGs tendrán que enviar a la dirección registration@degrowth.net UNA SOLA lista con todos los participantes de su organización (3 máximo) ANTES de inscribirse. Por favor pongan como título del email 'Miembros ONG'

Inscribirse el día de la conferencia costará 200 euros.

Si no eres capaz de pagar la cuota de inscripción de la conferencia, hay posibilidades de que puedas participar apoyando en el grupo de voluntarios. Se esperará una contribución importante antes y durante la conferencia, con lo cual no se podrá asistir a toda la conferencia.

Para ello envía un correo a Barcelona2010@degrowth.net

Si tienes alguna duda puedes contactarnos a través de registration@degrowth.net. Por favor lee todo detenidamente antes de contactarnos.

Datos para abonar la cuota

Nombre del banco: Triodos
Dirección del banco:
C. José Echegaray, 9
Parque empresarial Las Rozas
28230 Las Rozas Madrid
Spain

Num. de cuenta: 1491 0001 22 0010010696
Swift: TRIOESMM
IBAN: ES19 1491 0001 22 0010010696

Beneficiario: Associació Recerca i Decreixement (Research & Degrowth)
(linked to the French association Recherche et Décroissance)

Dirección del beneficiario:
Carrer de la Princesa 56, Entresol 1,
08003 Barcelona
Spain

Por favor asegúrate de que al realizar la transferencia incluyes tu nombre y las palabras “Conferencia Decrecimiento Barcelona” (eg: Pepa Perez – Conferencia Decrecimiento Barcelona). Esto es muy importante ya que si no incluyes tu nombre no podremos identificar tu transferencia.

Más información: Como inscribirse en la II Conferencia Internacional sobre decrecimiento

Grupos de trabajo

Los grupos de trabajo serán conducidos mayormente en inglés.

Sábado 27 de marzo de 2010

Elaboración de propuestas políticas

1- Dinero y monedas. ¿Qué sistema monetario alternativo podríamos desarrollar para avanzar en el decrecimiento? ¿Cómo lo haríamos?

2 - Nuevas instituciones financieras. ¿Cómo tendríamos que cambiar las instituciones de crédito para avanzar en el decrecimiento?

3- Economía social, cambiando el estatus corporativo. ¿Cuáles son las opciones para activar la producción colectiva (organización no lucrativa, organizaciones de lucro limitado (Corporación limitada, etc.), cooperativas con beneficio, etc.)? ¿Qué tipo de modelos de organización sin ánimo de lucro podemos desarrollar y cómo?

4- Derechos de propiedad. ¿Cómo podemos reformar los derechos de propiedad más allá de la dicotomía público-privado? ¿Qué derechos de propiedad e instituciones son consistentes con una economía en decrecimiento?

5- Reparto del trabajo. ¿Cómo podemos instrumentar una semana laboral de 3 días? ¿Como sean el sueldo y el trabajo de las actividades voluntarias y domésticas en una sociedad del decrecimiento? ¿Debemos redefinir el trabajo?

6 - Moratoria a las nuevas infraestructuras. ¿Qué infraestructuras tendríamos que limitar, dónde y cómo?

7- Cómo afrontar la publicidad. ¿Tendríamos que limitar la publicidad? ¿Cómo?

8- Reducción de la explotación de los recursos naturales. ¿Qué herramientas políticas podemos utilizar para dejar los recursos naturales y biológicos 'bajo tierra'? ¿Cómo pueden hacerse estas herramientas realmente eficaces?

9- Residuo cero. ¿Cómo podemos minimizar la producción de residuos?

10- Decrecimiento en el consumo de agua. ¿Cómo podemos reducir el consumo - real y virtual - de agua en el "Norte Global" a un 25% de sus niveles actuales (reducción de factor 4)?

11- Reutilizando casas vacías y cohabitando. ¿Cómo podemos cambiar las formas futuras de vivienda para ocupar casas vacías y para desarrollar la vivienda (comunal) compartida? ¿Cómo promover la el uso común de bienes en general?

12- Renta básica y techo de ingresos. ¿Cómo instrumentar políticamente una renta básica para todos? ¿Cómo podemos reformar el sistema tributario, y otras políticas, para imponer un techo a los ingresos altos?

13- Nuevas tecnologías. ¿Pueden ser las nuevas tecnologías herramientas para el decrecimiento o por el contrario cajas de Pandora para el consumo de recursos? ¿Cómo reorientar la investigación desde las tecnologías orientadas al consumo hacia las innovaciones para la frugalidad y lo compartido?

29 - Educación. ¿Cuál es el rol de la educación y la enseñanza en el decrecimiento? ¿Cómo introducimos el concepto de decrecimiento en la educación?

Domingo 28 de marzo de 2010

Elaboración de propuestas de investigación

14- Metabolismo social y transiciones. ¿Qué sabemos sobre grandes transiciones socioecológicas anteriores que sea relevante en el contexto de una transición al decrecimiento? ¿Es factible una transformación al decrecimiento? ¿Cómo?

15- Ciudades y decrecimiento. ¿Cómo tendrán en cuenta el decrecimiento las ciudades? ¿Podemos hacer una planificación urbana del decrecimiento? ¿Cómo (urbanismo multifuncional, etc.)?

16 - Agroecología, soberanía alimentaria y decrecimiento. ¿Podemos alimentar el mundo con alimentos orgánicos producidos localmente? Si es así, ¿cómo?

17- Decrecimiento del comercio. ¿Tendríamos que limitar el comercio global? Si es así, ¿qué comercio y cómo (instituciones, organizaciones internacionales, etc.)?

18 - Democracia participativa/directa. ¿Cuáles son las formas de democracia "profunda" para una sociedad que decrece?

19 - Estrategias políticas. ¿Qué papel deben tener, relativamente, los partidos políticos, los movimientos sociales, los sindicatos, los grupos que practican el decrecimiento, y los intelectuales académicos, para hacer del decrecimiento una idea dominante en la sociedad? ¿Qué partidos o movimientos pueden adoptar la idea del decrecimiento?

20- Demografía y decrecimiento. ¿Dónde, y por qué, debería decrecer la población? ¿Qué movimientos de base inician el control voluntario de la natalidad y cómo?

21- Paz global. ¿Cómo podemos instrumentar un armisticio general? ¿Cómo se puede hacer disminuir el sector industrial-militar?

22 - Decrecimiento de la energía y transición a energías renovables. ¿Qué tipo de energías renovables es necesario para el decrecimiento? ¿El decrecimiento en el consumo energético es una mejor estrategia para la transición a energías renovables que quemar los combustibles fósiles rápidamente, para hacer inversiones en energías renovables?

23- Justicia ambiental, ambientalismo de los pobres y decrecimiento. ¿Cómo se puede "traducir" el decrecimiento a contextos no occidentales y cuáles serían sus aliados en el "Sur Global"?

24- Seguridad social y pensiones. ¿Cómo asegurar pensiones en una sociedad del decrecimiento? ¿Cómo afrontar los potenciales conflictos intergeneracionales?

25- Naturaleza humana y decrecimiento. ¿Qué nos dicen la biología de la evolución, la antropología, los estudios culturales y la sociología sobre naturaleza humana que sea pertinente para el decrecimiento?

26 - Nuevos modelos (macro)económicos para el decrecimiento. ¿Podemos modelizar y simular las pautas del no-crecimiento o el de-crecimiento económico? ¿Cómo?

27 - Indicadores de decrecimiento. ¿Necesitamos medir la evolución hacia el decrecimiento sostenible? Si es así, ¿cómo?

28 - Decrecimiento Económico y el Estado estacionario. ¿Cómo puedes estas dos proopuestas y comunidades cooperar más? ¿Cuáles son sus diferencias y similitudes?


General Program of Program of Degrowth 2010

Friday 26 March 2010
15.30-16.00
Welcoming address. “Aujourd'hui la Decroissance”
Louis Lemkow, Jacques Grinevald and Joan Martinez-Alier

16.00-18.00 Climate Change and Economic Crisis: Is prosperity possible without growth? A panel of ecological economists.

Panelists: Dick Norgaard, Peter Victor, Tim Jackson, Jeroen van den Bergh, Ellie Perkins
Moderator: Giorgos Kallis

18.00-18.30
Break

18.30 - 19.30 Artistic intervention Perejaume
Introduced and moderated by Iago Otero

19.30-21.30 The degrowth proposal: what is it about, how do we achieve it?
Panelists: Fabrice Flipo, Leida Rijnhout, XARXA pel Decreixement, Herve Kempf, Francois Schneider.
Moderator: Federico Demaria

Saturday 27 March 2010

9.00-9.30 Opening presentations

9.30-10.30 Presentation of the working groups of the afternoon

10.30-11.00 Coffee Break

11.00-13.30 Poster Tour

13.30-15.00 Lunch

15.00-19.00 Working group sessions and assemblies

20.00 (Optional) Social EventClassical music concert ( www.monfantastic.org). Església de Santa Mònica. Rambles de Santa Mònica, 9

Sunday 28 March 2010
9.00-9.30


The Degrowth proposition(s) and research questions
Panelist: Giorgos Kallis


9.30-10.30 Presentation of the working groups of the afternoon

10.30-11.00 Coffee Break

11.00-13.30 Oral Session

13.30-15.00 Lunch

15.00-19.00 Second working group session and assemblies

20.00 Social Event in Barcelona

Monday 29 March 2010

9.00-11.00 Degrowth: are we exporting a Western idea? Does it make sense for the rest of the world? Views from Central-Eastern Europe, South-East Asia and Latin America.
Presentation of the results of the action and research working groups, followed by discussion and reactions from NGOs, politicians, unions, activists.

11.00-11.30 Coffee break

11.30-13.00 Degrowth: How do we do it? What do we need to know?
Presentation of the results of the action and research working groups, followed by discussion and reactions from NGOs, politicians, unions, activists.

13.00-14.00 “From here to there”: future actions.
Parallel Session 1. The Barcelona declaration
Parallel Session 2. The network for degrowth
Parallel Session 3. Research plans

14.00 Closure
Francois Schneider and Fabrice Flipo



Web oficial:
Degrowth Conference Barcelona 2010

Tejiendo alternativas: Del 1 al 4 de abril en Ruesta


Llamado a lxs activistas del decrecimiento, de la permacultura, de la agroecología, de las ciudades y pueblos en transición, de la autogestión, del anarcosindicalismo y otros sindicalismos combativos, de la ecología social, de la economía solidaria, de la autonomía, del vivir sin capitalismo. A todxs lxs activistas que se sientan incluidxs.

Para toda la gente que se sienta suficientemente cercana para acudir, desde la península ibérica y sus alrededores.

Un encuentro de 4 días, de puesta en común y coordinación de todas las redes y movimientos que trabajan y apuestan por las alternativas al capitalismo, al autoritatismo, al patriarcado,

Queremos conocernos más y aprender a trabajar coordinados, tanto en el ámbito global, como en los múltiples ámbitos locales y sectoriales. Somos redes nuevas, no tan nuevas y veteranas. Tenemos en común nuestra oposición al sistema capitalista y la apuesta y priorización de la construcción de alternativas. Ahora tenemos la ocasión de colaborar todxs de forma más integral. La mejor forma de empezar es organizar este evento juntxs.

Queremos poner en común y alimentar prácticas que caminan hacia otra forma de vivir.
en un momento crucial por la crisis del sistema.

Ejemplarizar y multiplicar los proyectos y las coordinaciones que existen en lo local para avanzar en la senda de nuevos modelos socioeconómicos.

El lugar escogido es Ruesta, pueblo de la provincia de Zaragoza y a un paso del Pirineo aragonés. Ruesta fue expropiado y desalojado a causa de la construcción del embalse de Yesa, que también acabó con la vida en otros pueblos cercanos, Tiermas y Escó. Este territorio sigue amenazado 50 años después por el proyecto de recrecimiento de Yesa, que afectaría gravemente a su maltratada riqueza cultural y natural. Esta gran obra pública, además de tener importantes afecciones sobre el medio ambiente, amenaza yacimientos arqueológicos y diversos bienes culturales protegidos en el ámbito del Camino de Santiago, patrimonio de la humanidad desde 1993. El sindicato CGT (Confederación General del Trabajo) autogestiona la recuperación de Ruesta desde 1988, cuando la Confederación Hidrográfica del Ebro le cedió el uso del pueblo.

En solidaridad con las buenas gentes que resisten y luchan por sus pueblos vivos, el encuentro se plantea al mismo tiempo como una Concentración de 4 días por el decrecimiento de Yesa. Por la recuperación natural del río Aragón

El encuentro seguirá dinámicas asamblearias, con un programa que incluirá áreas temáticas, áreas transversales y reuniones territoriales, y que intentará combinar la presentación previa de documentos, con la autoorganización durante el evento por lxs propixs participantes.

Ya contamos con una propuesta de áreas temáticas, que serían las siguientes:
vivienda, economía alternativa y solidaria, trabajo asalariado, ecología práctica, soberanía alimentaria, educación, energía, transporte, salud, relaciones humanas y vida comunitaria, comunicación alternativa, centros sociales y ocio.

Desde ahora podeis enviar documentos y propuestas para cada una de ellas.
La información de cómo hacerlo, la encontrareis en ESTE ENLACE:

Próximamente pediremos también aportaciones para las areas transversales, podeís empezar a pensar qué os gustaría incorporar en ellas.

Finalmente, pero no menos importante. EMPIEZAN LAS INSCRIPCIONES PARA EL ENCUENTRO. Os podeis inscribir en ESTE ENLACE

La inscripción es gratuita pero es fundamental para poder preveer la logística de un evento de estas características. En cuanto tengamos precios de la comida, y opciones de transportes pondremos la información en común.

La fecha límite para la inscripción es el 26 de marzo.

En solidaridad

Grupo convocante de REDES EN RED, construyendo alternativas al capitalismo
http://redesenred.net

(grupo convocante formado por gentes de Podemos vivir sin capitalismo, Ecologistas en acción, Red de permacultura ibérica, CGT, movimiento zeitgeist, Xarxa pel decreixement, Caracol zaragoza red de personas por la autonomía zapatista, REAS y abierto a quien se quiera sumar)

José Manuel Naredo: Observaciones sobre la propuesta de decrecimiento


Jorge Riechmann. ¿Qué opinión te merecen las propuestas de decrecimiento que se han avanzado en los últimos años ?, sobre todo en Francia donde han dado origen a cierto movimiento social. Sabes que hay ahí toda una serie de gente, entre los cuáles quizás el más conocido es Latouche, pero con cierto tirón entre el movimiento ecologista también por aquí.

José Manuel Naredo. Sí claro, conozco esta corriente que empezó enarbolando en Francia la bandera de decrecimiento. Buena parte de su integrantes, y el propio Latouche, forman parte de la asociación “La ligne d’horizon” de “amigos de François Partant”, autor, entre otras cosas, de un libro titulado “El fin del desarrollo” publicado hace un cuarto de siglo y reeditado con el apoyo de esa asociación. Ellos me invitaron, incluso, a dar una charla en París, con motivo de los actos organizados el veinte aniversario de la muerte de Partant. También conozco la extensión de esa corriente de ideas en nuestro país.

Para responder a tu pregunta, creo que hay que diferenciar si se usa el término “decrecimiento” simplemente para llamar la atención, como título de un libro,… o de una revista, o si se toma en serio como concepto para articular sobre él una verdadera meta o alternativa al actual sistema económico. En el primer caso el empleo de la palabra podría ser acertado. Este es, por ejemplo, el caso de la revista que se publica en Francia con el título “La decroissance” : se trata de una revista de crítica radical del desarrollismo imperante, que hace bien en subrayar con tintes surrealistas los absurdos que la mitología del crecimiento conlleva y en utilizar ese título a modo de desafío o de provocación frente al pensamiento económico ordinario. Ese fue también el caso del libro que con ese título ─(Demain) La décroissance─ publicó hace treinta años, y reeditó hace más de diez, mi amigo Grinevald, en el que introducía y traducía al francés algunos textos clave de Georgescu-Roegen y del que conservo un ejemplar dedicado por el autor.

Ese título respondía más a una ocurrencia publicitaria provocadora, orientada a pillar a contrapié la palabra y el mito del crecimiento económico, que a un intento serio de proponer el decrecimiento como meta o alternativa. Pues ni la introducción, ni los textos presentados en el libro, tejen en torno al decrecimiento ninguna propuesta o enfoque alternativo. La palabra a penas figura en el texto y, desde luego, brilla por su ausencia en el “programa bioeconómico mínimo” propuesto por Georgescu-Roegen. Por lo tanto, resulta engañoso presentar a ambos autores como pioneros del decrecimiento como propuesta.

En lo referente al segundo de los usos indicados, tengo que decir que me parece desacertada la elección del término decrecimiento para articular sobre él un enfoque económico alternativo al actualmente dominante. Pues para que un término con pretensiones políticas cumpla bien esa función, necesita tener a la vez un respaldo conceptual y un atractivo asegurados, de los que carece el término decrecimiento.

La noción ordinaria de crecimiento económico encuentra ese respaldo conceptual en el reduccionismo pecuniario de la idea usual de sistema económico y de los agregados que lo cuantifican en el sistema de cuentas nacionales. Ya vimos que la mitología del crecimiento se apoya en la metáfora de la producción, que oculta el lado oscuro e indeseado del proceso económico. Ya comentamos que lo que se entiende normalmente por crecimiento no es otra cosa que el crecimiento del producto o renta nacional. Y en este marco de referencia, el decrecimiento tiene también nombre propio: se llama recesión y conlleva la caída de esa renta o producto nacional y el empobrecimiento del país, con consecuencias sociales generalmente indeseadas. Por lo que, de entrada, el objetivo del decrecimiento no puede resultar atractivo para la mayoría de la población.

Pero la idea general del decrecimiento tampoco encuentra solidez conceptual fuera del reduccionismo propio del enfoque económico ordinario. Pues desde los enfoques abiertos y multidimensionales de la economía ecológica, o desde lo que yo llamo el enfoque eco-integrador, no hay ninguna variable general de síntesis cuyo crecimiento, o decrecimiento, se pueda considerar inequívocamente deseable.

Esto lo explicaba ya con claridad en la primera edición de mi libro La economía en evolución, de 1987. En el último capítulo, sobre los nuevos enfoques de lo económico, señalaba que los elementos que componen mi propuesta de enfoque ecointegrador, al no ser expresables en una única magnitud homogénea, no pueden dar lugar a ningún saldo o indicador global cuyo crecimiento (o decrecimiento) se estime inequívocamente deseable.

Y por este mismo motivo el enfoque ecointegrador no debe asumir tampoco el objetivo del “crecimiento cero”, que entonces estaba de moda, como tampoco el del “decrecimiento” que ahora lo sustituye. Pues la reconversión propuesta del sistema económico entrañará, sin duda, la expansión de ciertas actividades y la regresión de otras, el uso acrecentado de ciertos materiales y energías y la regresión de otras. Por ejemplo, desde este enfoque tiene sentido proponer la reducción del consumo de energía fósil y contaminante, pero no el de la energía solar y sus derivados renovables, que se acaban disipando igual aunque no se usen.

De ahí que el movimiento ecologista que defiende el decrecimiento, tiene que empezar a ponerle apellidos para que el objetivo resulte inteligible y razonable desde fuera del enfoque económico ordinario. Se dice así defender el decrecimiento del consumo o la exigencia de energía fósil y contaminante, de determinados materiales,… o de la generación de residuos, sin erosionar la calidad de vida de la gente. Pero el objetivo de hacer que decrezcan las exigencias materiales del proceso económico, coincide grosso modo con el de la llamada “desmaterialización” de la vida económica. Y creo que estos objetivos quedarían mucho mejor expresados por eslogan “mejor con menos”, puesto que hace referencia a una ética de la contención voluntaria, no solo medida en términos físicos, sino también pecuniarios y de poder, a la vez que afirma el disfrute de la vida.

Considerando como subraya Georgescu-Roegen, que la Tierra es un sistema cerrado en materiales, lo que permite verla como un gran almacén de recursos naturales, el creciente uso y deterioro de estos recursos que genera la actual civilización industrial, no puede menos que apuntar a una merma en las disponibilidades y a un menor uso futuro de los mismos. Desde esta perspectiva el “decrecimiento” en el uso de determinados recursos será el horizonte obligado hacia el que apuntan de las tendencias en curso. Aprovechando esta evidencia, Serge Latouche propone prever y planificar este “decrecimiento” para evitar que se produzca de forma dramática y habla de la necesidad de aplicar una lógica económica diferente para conseguirlo, que es lo que yo vengo proponiendo desde hace tiempo.

Llegados a este punto, creo que el principal objetivo a plantear es cambiar esa lógica y reconvertir el metabolismo económico de la sociedad. El problema estriba en que anteponer el objetivo del decrecimiento genera confusión cuando permanece en vigor la mitología del crecimiento y cuando los objetivos más generales de “cambio” y “reconversión” del sistema económico están todavía lejos de ser comprendidos y asumidos por la población. Por lo que creo que el movimiento ecologista tendría que hacer más hincapié en ellos y en la propuesta “mejor con menos”, que sustituye con ventaja a la del “decrecimiento”.

Por José Manuel Naredo. Tomadas de Naredo, J.M. (2009) Luces en el laberinto, Madrid, La Catarata, pp. 214-217, respondiendo a una pregunta de Jorge Riechmann en la segunda parte del libro. Desde Ecopolítica, agradecemos a José Manuel su colaboración.

La crisis vista por El Roto

Basura nuclear o decrecimiento


Nazanín Amirian

Los cementerios nucleares –ocultos en la jerga gremial tras el aséptico nombre de Almacén Temporal Centralizado– desatan su fantasma, enfrentando a los ciudadanos y a sus intereses. Unos los reciben como la panacea para impulsar el desarrollo económico de las localidades deprimidas; otros se rasgarían las vestiduras si se almacenara basura radioactiva en el patio de su casa, sin importarles en cambio que se acumule en los patios de vecinos distantes. Los privilegios no se gozan igual cuando nos salpica la miseria que generan.

¿Acaso han caído del cielo las comodidades de la vida consumista y el sinfín de futilidades que llenan nuestras vidas? El 80% de los recursos naturales fósiles se destina al consumo frenético del 20% de la población mundial, que estruja las últimas gotas que brotan de las fuentes de energía. Necesidades fabricadas, crecientes y frustradas han engendrado consumidores soldado, que obedecen sin pestañar a los imperativos de la publicidad. El número de centrales nucleares y la cantidad de sus letales desechos se incrementarán incluso con un crecimiento cero en los actuales niveles de vida de los ricos. No hay recurso energético que pueda sostenerlo. Y, a pesar de ello, las medidas anti-crisis de nuestros mandatarios consisten en, por ejemplo, animar la construcción de más viviendas, mientras hay cerca de un millón de pisos vacíos y miles de personas sin un techo digno donde cobijarse; o en el consumo de más coches, regalando el dinero público a los particulares, en vez de incentivar el uso del transporte público. Todo para empujar un PIB que es ajeno a la realidad energética e incapaz de medir los valores éticos o la felicidad individual y colectiva.

O renunciamos al despilfarro cotidiano y buscamos modelos de vida sencilla y más acorde a nuestras posibilidades, o seguimos andando a la sopa boba. Garantizar los actuales patrones de movilidad, vivienda, alimentación y ocio de una minoría supone agresiones militares, hambrunas, migraciones en masa y la destrucción de millones de seres vivos y ecosistemas enteros.

La escasez de energías viables nos conducirá hacia una economía de guerra, de racionamiento de agua, luz y aire limpio a menos que planeemos un decrecimiento en el consumo a nivel colectivo e individual, desligando el poder adquisitivo del bienestar. No sólo para que vivamos mejor, sino para que vivamos todos.

¿Qué es lo que quiero?


Tengo el deseo, y siento la necesidad, para vivir, de otra sociedad que la que me rodea. Como la gran mayoría de los hombres, puedo vivir en ésta y acomodarme a ella -en todo caso, vivo en ella. Tan críticamente como intento mirarme, ni mi capacidad de adaptación, ni mi asimilación de la realidad me parecen inferiores a la media sociológica. No pido la inmortalidad, la ubicuidad, la omniscencia. No pido que la sociedad «me dé la felicidad»; sé que no es ésta una ración que pueda ser distribuida en el Ayuntamiento o en el Consejo Obrero del barrio, y que, si esto existe, no hay otro más que yo que pueda hacérmela, a mi medida, como ya me ha sucedido y como me sucederá sin duda todavía.

Pero en la vida, tal como está hecha para mí y para los demás, topo con una multitud de cosas inadmisibles; repito que no son fatales y que corresponden a la organización de la sociedad. Deseo, y pido, que antes que nada, mi trabajo tenga un sentido, que pueda probar para qué sirve y la manera en que está hecho, que me permita prodigarme en él realmente y hacer uso de mis facultades tanto como enriquecerme y desarrollarme. Y digo que es posible, con otra organización de la sociedad para mí y para todos. Digo también que sería ya un cambio fundamental en esta dirección si se me dejase decidir, con todos los demás, lo que tengo que hacer y, con mis compañeros de trabajo, cómo hacerlo. Deseo poder saber, con todos los demás, lo que sucede en la sociedad, controlar la extensión y la calidad de la información que me es dada. Pido poder participar directamente en todas las decisiones sociales que pueden afectar a mi existencia, o al curso general del mundo en el que vivo.

No acepto que mi suerte sea decidida, día tras día, por unas gentes cuyos proyectos me son hostiles o simplemente desconocidos, y para los que nosotros no somos, yo y todos los demás, más que cifras en un plan, o peones sobre un tablero, y que, en el límite, mi vida y mi muerte estén entre las manos de unas gentes de las que sé que son necesariamente ciegas.Sé perfectamente que la realización de otra organización social, y su vida, no serán de ningún modo simples, que se encontrarán a cada paso con problemas difíciles. Pero prefiero enfrentarme a problemas reales que a las consecuencias del delirio de un De Gaulle, de las artimañas de un Johnson o de las intrigas de un Jruschov. Si incluso debiésemos, yo y los demás, encontrarnos con el fracaso en esta vía, prefiero el fracaso en un intento que tiene sentido a un estado que se queda más acá incluso del fracaso y del no fracaso, que queda irrisorio.

Deseo poder encontrar al prójimo a la vez como a un semejante y como a alguien absolutamente diferente, no como a un número, ni como a una rana asomada a otro escalón (inferior o superior, poco importa) de la jerarquía de las rentas y de los poderes. Deseo poder verlo, y que me pueda ver, como a otro ser humano, que nuestras relaciones no sean terreno de expresión de la agresividad, que nuestra competitividad se quede en los límites del juego, que nuestros conflictos, en la medida en que no pueden ser resueltos o superados, conciernan a unos problemas y a unas posiciones de juego reales, arrastren lo menos posible de inconsciente, estén cargados lo menos posible de imaginario. Deseo que el prójimo sea libre, pues mi libertad comienza allí donde comienza la libertad del otro y que, solo, no puedo ser más que un «virtuoso en la desgracia». No cuento con que los hombres se transformen en ángeles, ni que sus almas lleguen a ser puras como lagos de montaña -ya que, por lo demás, esta gente siempre me ha aburrido profundamente. Pero sé cuánto la cultura actual agrava y exaspera su dificultad de ser, y de ser con los demás, y veo que multiplica hasta el infinito los obstáculos a su libertad.


Sé, ciertamente, que este deseo mío no puede realizarse hoy; ni siquiera, aunque la revolución tuviese lugar mañana, realizarse íntegramente mientras viva. Sé que, un día, vivirán unos hombres para quienes el recuerdo de los problemas que más pueden angustiarnos hoy en día no existirá. Este es mi destino, el que debo asumir, y el que asumo. Pero esto no puede reducirse ni a la desesperación, ni al rumiar catatónico. Teniendo este deseo, que es el mío, no puedo más que trabajar para su realización. Y, ya en la elección que hago del interés principal de mi vida, en el trabajo que le dedico, para mí lleno de sentido (incluso si me encuentro en él, y lo acepto, con el fracaso parcial, los retrasos, los rodeos, las tareas que no tienen sentido por sí mismas), en la participación en una colectividad de revolucionarios que intenta superar las relaciones reificadas y alienadas de la sociedad actual, estoy en disposición de realizar parcialmente este deseo. Si hubiese nacido en una sociedad comunista, la felicidad me hubiese sido más fácil -no tengo ni idea, no puedo hacerle nada. No voy, con este pretexto, a pasar mi tiempo libre mirando la televisión o leyendo novelas policíacas.

(…)

¿Es mi deseo el deseo del poder? Lo que quiero, de hecho, es la abolición del poder en el sentido actual, es el poder de todos. El poder actual consiste en que los demás sean cosas, y todo lo que quiero va en contra de esto. Aquel para quien los demás son cosas es él mismo una cosa, y no quiero ser cosa ni para mí ni para los demás. No quiero que los demás sean cosas, no tendría nada que hacer con ellos. Si puedo existir para los demás, ser reconocido por ellos, no quiero serlo en función de la posesión de una cosa que me es exterior -el poder; ni existir para ellos en lo imaginario. El reconocimiento del prójimo no vale para mí más que en tanto que lo reconozco yo mismo. ¿Corro el riesgo de olvidar todo esto, si alguna vez los acontecimientos me condujesen cerca del «poder»? Eso me parece más que improbable; si esto llegase, sería quizás una batalla perdida, pero no el fin de la guerra; ¿y voy a ordenar toda mi vida sobre la suposición de que podría un día recaer en la infancia?

¿Proseguiría aquella quimera, la de querer eliminar el lado trágico de la existencia humana? Me parece más bien que quiero eliminar de ello el melodrama, la falsa tragedia -aquélla en la que la catástrofe llega sin necesidad, en la que todo hubiese podido suceder de otro modo si solamente los personajes hubiesen hecho esto o aquello. Que gentes mueran de hambre en la India mientras en América y en Europa los Gobiernos penalizan a los campesinos que producen «demasiado» es una farsa macabra, en un Gran Guiñol en el que los cadáveres y el sufrimiento son reales, pero no es tragedia, no hay en ello nada ineluctable. Y, si la humanidad perece un día por bombas de hidrógeno, me niego a llamarlo una tragedia. Lo llamo una gilipollez. Quiero la supresión del Guiñol y de la conversión de los hombres en títeres por otros títeres que los «gobiernan». Cuando un neurótico repite por enésima vez la misma conducta de fracaso, reproduciendo para sí mismo y para sus vecinos el mismo tipo de desgracia, ayudarle a salirse de ello es eliminar de su vida la farsa grotesca, no la tragedia; es permitirle finalmente ver los problemas reales de su vida y lo que de trágico pueden contener -lo que su neurosis tenía en parte como función expresar, pero sobre todo enmascarar.


Cuando un discípulo de Buda fue a informarle, después de un largo viaje por Occidente, de que unas cosas milagrosas, unos instrumentos, unos métodos de pensamiento, unas instituciones, habían transformado la vida de los hombres desde los tiempos en los que el Maestro se había retirado a las altiplanicies, éste lo detuvo después de las primeras palabras. ¿Han eliminado la tristeza, la enfermedad, la vejez y la muerte?, preguntó. No, respondió el discípulo. Entonces, igual habrían podido quedarse donde estaban, pensó el Maestro. Y se volvió a sumergir en su contemplación, sin tomarse la molestia de mostrar a su discípulo que ya no le escuchaba.

El pensamiento de Cornelius Castoriadis. Vol. 1 Vol. 2

La violencia colonizadora


El mundo colonizado es un mundo cortado en dos. La línea divisoria, la frontera está indicada por los cuarteles y las delegaciones de policía. En las colonias, el interlocutor válido e institucional del colonizado, el vocero del colono y del régimen de opresión es el gendarme o el soldado. En las sociedades de tipo capitalista, la enseñanza, religiosa o laica, la formación de reflejos morales trasmisibles de padres a hijos, la honestidad ejemplar de obreros condecorados después de cincuenta años de buenos y leales servicios, el amor alentado por la armonía y la prudencia, esas formas estéticas del respeto al orden establecido, crean en torno al explotado una atmósfera de sumisión y de inhibición que aligera considerablemente la tarea de las fuerzas del orden.

En los países capitalistas, entre el explotado y el poder se interponen una multitud de profesores de moral, de consejeros, de "desorientadores". En las regiones coloniales, por el contrario, el gendarme y el soldado, por su presencia inmediata, sus intervenciones directas y frecuentes, mantienen el contacto con el colonizado y le aconsejan, a golpes de culata o incendiando sus poblados, que no se mueva. El intermediario del poder utiliza un lenguaje de pura violencia. El intermediario no aligera la opresión, no hace más velado el dominio. Los expone, los manifiesta con la buena conciencia de las fuerzas del or-den. El intermediario lleva la violencia a la casa y al cerebro del colonizado.

La zona habitada por los colonizados no es complementaria de la zona habitada por los colonos. Esas dos zonas se oponen, pero no al servicio de una unidad superior. Regidas por una lógica puramente aristotélica, obedecen al principio de exclusión recíproca: no hay conciliación posible, uno de los términos sobra. La ciudad del colono es una ciudad dura, toda de piedra y hierro. Es una ciudad iluminada, asfaltada, donde los cubos de basura están siempre llenos de restos desconocidos, nunca vistos, ni siquiera soñados. Los pies del colono no se ven nunca, salvo quizá en el mar, pero jamás se está muy cerca de ellos. Pies protegidos por zapatos fuertes, mientras las calles de su ciudad son limpias, lisas, sin hoyos, sin piedras. La ciudad del colono es una ciudad harta, perezosa, su vientre está lleno de cosas buenas permanentemente. La ciudad del colono es una ciudad de blancos, de extranjeros. La ciudad del colonizado, o al menos la ciudad indígena, la ciudad negra, la "medina" o barrio árabe, la reserva es un lugar de mala fama, poblado por hombres de mala fama, allí se nace en cualquier parte, de cualquier manera. Se muere en cualquier parte, de cualquier cosa. Es un mundo sin intervalos, los hombres están unos sobre otros, las casuchas unas sobre otras. La ciudad del colonizado es una ciudad hambrienta, hambrienta de pan, de carne, de zapatos, de carbón, de luz.

La ciudad del colonizado es una ciudad agachada, una ciudad de rodillas, una ciudad revolcada en el fango. Es una ciudad de negros, una ciudad de boicots. La mirada que el colonizado lanza sobre la ciudad del colono es una mirada de lujuria, una mirada de deseo. Sueños de posesión. Todos los modos de posesión: sentarse a la mesa del colono, acostarse en la cama del colono, si es posible con su mujer. El colonizado es un envidioso. El colono no lo ignora cuando, sorprendiendo su mirada a la deriva, comprueba amargamente, pero siempre alerta: "Quieren ocupar nuestro lugar." Es verdad, no hay un colonizado que no sueñe cuando menos una vez al día en instalarse en el lugar del colono.

Ese mundo en compartimientos, ese mundo cortado en dos está habitado por especies diferentes. La originalidad del contexto colonial es que las realidades económicas, las desigualdades, la enorme diferencia de los modos de vida, no llegan nunca a ocultar las realidades humanas. Cuando se percibe en su aspecto inmediato el contexto colonial, es evidente que lo que divide al mundo es primero el hecho de pertenecer o no a tal especie, a tal raza. En las colonias, la infraestructura es igualmente una superestructura. La causa es consecuencia: se es rico porque se es blanco, se es blanco porque se es rico. Por eso los análisis marxistas deben modificarse ligeramente siempre que se aborda el sistema colonial. Hasta el concepto de sociedad precapitalista, bien estudiado por Marx, tendría que ser reformulado. El siervo es de una esencia distinta que el caballero, pero es necesaria una referencia al derecho divino para legitimar esa diferencia de clases. En las colonias, el extranjero venido de fuera se ha impuesto con la ayuda de sus cañones y de sus máquinas. A pesar de la domesticación lograda, a pesar de la apropiación, el colono sigue siendo siempre un extranjero. No son ni las fábricas, ni las propiedades, ni la cuenta en el banco lo que caracteriza principalmente a la "clase dirigente". La especie dirigente es, antes que nada, la que viene de afuera, la que no se parece a los autóctonos, a "los otros".

La violencia que ha presidido la constitución del mundo colonial, que ha ritmado incansablemente la destrucción de las formas sociales autóctonas, que ha demolido sin restricciones los sistemas de referencias de la economía, los modos de apariencia, la ropa, será reivindicada y asumida por el colonizado desde el momento en que, decidida a convertirse en la historia en acción, la masa colonizada penetre violentamente en las ciudades prohibidas. Provocar un estallido del mundo colonial será, en lo sucesivo, una imagen de acción muy clara, muy comprensible y capaz de ser asumida por cada uno de los individuos que constituyen el pueblo colonizado. Dislocar al mundo colonial no significa que después de la abolición de las fronteras se arreglará la comunicación entre las dos zonas. Destruir el mundo colonial es, ni más ni menos, abolir una zona, enterrarla en lo más profundo de la tierra o expulsarla del territorio.

Frantz Fanon. Los condenados de la Tierra. 1961

Charla en el Ateneo Libertario de Granada


El viernes, 19 de febrero a las 19 horas, en nuestros locales de la calle Friburgo de Granada.



Tema de la conferencia: DECRECIMIENTO ECONÓMICO


Ponente: Valentín Cárcamo, coordinador del área de inmigración y miembro del gabinete jurídico confederal de CGT.


Más información: Ateneo Libertario de Granada

La opción por el decrecimiento


Chema Berro

"En el campo de la acción política, el más superficial y aparente, sólo triunfa quien pone la vela donde sopla el aire; jamás quien pretende que sople el aire donde pone la vela”

El lugar de la política en la transformación social se debate frontalmente desde los inicios de lo social, que fue el movimiento obrero. Ese debate es el origen de la escisión de la Primera Internacional entre marxistas y anarquistas y era un debate posible, dado que ambas opciones abrían vías de actuación, cada una de las cuales tenía sus ventajas e inconvenientes. No vamos a entrar ahora en el grado de acierto y desacierto de cada una de esas opciones, pues las interpretaciones de la historia no dejan de ser formas de opción políticas. Nos quedamos en que era un debate con anclaje en la realidad.

Eso debía ser allá por los años setenta del siglo XIX. En la década de los treinta del XX, sólo 60 años después, la política debía estar suficientemente degradada como para que Antonio Machado refuerce la sensatez de su personaje más sabio, Juan de Mairena, poniendo en su boca la frase en la que tilda al campo de la acción política como “el más superficial y aparente”. El debate estaba zanjado: lo social era lo real, mientras que la política era sólo sombra, apariencia y distracción.

Mucho me temo que lo que hace 80 años estaba claro hoy vuelva a ser oscura materia de debate, no porque hayamos recuperado el campo de la política -que ha seguido su proceso de degradación ascendente-, sino porque no hemos sido capaces de impedir la degradación de lo social. Hoy ni lo social ni lo político sirven para cosa que vaya más allá del hacer como que hacemos y, lo que es peor, no son capaces de abrir vías que puedan sacarla de esa pobreza en la que están instaladas.

(Abriré un paréntesis para aclarar algo que no debiera tener necesidad de ser aclarado entre nosotros: plantear la realidad con crudeza no es síntoma de desánimo o pesimismo, bien al contrario es condición imprescindible para intentar hacerle frente. Sólo las y los faltos de ánimo necesitan edulcorarse la realidad para seguir haciendo como que hacen. Dicho de otra forma: hoy, pensar, sólo puede ser “pensar contra nosotros”. Pero hay que cerrar este paréntesis y dejar esta cuestión para otra ocasión).

Seguimos pintando bastos, cuando bastos pintan. La degradación y banalidad (inutilidad) en que han caído la política y lo social es fruto de la pesadez(1) de lo real. La realidad se ha identificado con el capitalismo, que es el poder, sin que nada quede fuera. El cierre de lo político y lo social, la ausencia de oposición o alternativa, la conversión de todo asunto en materia de estado y de consenso, la reducción a posibilidad única, el estrechamiento de los márgenes de maniobra, la reducción de la política y de lo social a algo vano e inútil, tiene su causa en esa cerrazón de la realidad, en el imperio de una opción económica convertida en ley y en verdad científica, en su condición de realidad única. De las últimas tonterías que he oído con mayor desagrado ha sido el slogan de “otro mundo es posible”, que en nada ha contribuido a cambiar el mundo sino a edulcorarlo, tratando de esconder que la realidad es la que es y que las dificultades para cambiarla rayan con la imposibilidad de hacerlo.

Y en esa realidad es en la que estamos todos sumergidos, a veces como víctimas, es cierto, pero también prestándole nuestra adhesión. Nuestros modos y estilos de vida de vida, nuestros consumos, nuestras necesidades... todo que realmente nos mueve y constituye nuestras vidas, son nuestro voto no atrevido a explicitarse, nuestra adhesión a lo existente. Nosotros somos parte de la realidad, estamos ocupados, somos capitalismo.

Con lo social y lo político caídos en la inutilidad de lo superficial y lo aparente, perdidos como campos de batalla, cuando otro mundo es imposible, cuando no hay nada que hacer, ¿qué es lo que podemos hacer? Esa, creo, es la pregunta que tenemos que hacernos y mantener permanentemente abierta, sin que, naturalmente, tenga yo respuesta a ella.

Mantengo la apuesta de que la opción por el decrecimiento, bien trabajada y con todas las muchas dificultades que su realización entraña, pudiera reabrir algún espacio o zona de lo prepolítico, como antaño hizo lo social, desde la que condicionar y recuperar lo social y lo político. Tiene para ello dos características que me parecen fundamentales. Cuestiona, por un lado, la esencia del sistema capitalista, su necesidad imperiosa de permanente crecimiento (que es a la vez su oferta y señuelo), a la que toda otra consideración social o de cualquier índole tiene que ser siempre supeditada. Nos interpela, por otro lado, a nosotros mismos, como sujetos del capitalismo, obligándonos a convertir nuestras vidas en campos de batalla, no sólo en lo ético y testimonial, sino en el de la politización de nuestras vidas.

Tiene a la vez el doble componente de exigencia que se nos presenta imperiosa, y de oferta atractiva a vivir más placenteramente. Para nosotros, para los que nos decimos de izquierdas pese a ser de derechas, sería una oportunidad de recuperar la unidad entre vida y política hace tiempo perdida. Y esa unidad nos permitiría una forma de actuación no basada en el decir ni en las propuestas ni en las razones, que más que alumbrar sirven para aumentar el ruido y la confusión imperante, sino en los hechos y en el vivir, que es lo que pudiera tener capacidad de contagio e irradiación.

Sé que es muy difícil y que tiene muy pocas posibilidades de realizarse. Si alguien tiene una vía más amplia y fácil, que me apunte.
Chema Berro , febrero 2010

(1) el termino pesadez no es el adecuado porque remite a solidificación, mientras que lo real, hoy, es cambiante y múltiple y diverso, sin dejar de ser uno y siempre lo mismo.

Estamos viviendo una profunda crisis civilizatoria


La construcción de alternativas capaces de caminar hacia la construcción, no sólo de sociedades democráticas y equitativas, sino igualmente compatibles con la preservación de la vida en el planeta, necesariamente tienen que ser anti-capitalistas.

A pesar de que una elevada proporción de la población no tiene acceso a las condiciones básicas de la vida, la humanidad ya ha sobrepasado los límites de la capacidad de carga de la Tierra. Sin un freno a corto plazo de este patrón de crecimiento desbordado y una reorientación hacia el decrecimiento, la armonía con el resto de la vida y una radical redistribución del acceso a los bienes comunes del planeta, no está garantizada la continuidad de la vida humana a mediano plazo. El actual modelo depredador de sometimiento sistemático de la naturaleza a las exigencias faústicas de un crecimiento sin fin está destruyendo las condiciones que hacen posible la vida en el planeta Tierra. El calentamiento global es sólo la expresión más visible de procesos de destrucción sistemáticos que están reduciendo la diversidad genética, devastando bosques tropicales, sobre explotando los mares, contaminando las aguas… Sin respuestas efectivas y a corto plazo, con toda seguridad los problemas ambientales se harían cada vez más severos, produciéndose alteraciones irreversibles en los patrones climáticos a no muy largo plazo.

Dadas las severas y crecientes desigualdades existentes hoy en el planeta, las alteraciones climáticas afectan en forma profundamente diferenciada a diferentes regiones y poblaciones del planeta (afectando en forma más directa a quienes han sido menos responsables, los pobres del Sur). Son radicalmente desiguales las capacidades de respuesta/adaptación a estos cambios. Todo esto augura un futuro inmediato de creciente violencia, de guerras por el control de los bienes comunes de la vida, de migraciones masivas de millones de desplazados ambientales, el incremento de las políticas racistas de muros y represiones a los migrantes en intentos inútiles por preservar los privilegios mediante un creciente apartheid global.

No son éstas proyecciones apocalípticas referidas a cosas que podrían ocurrir en el futuro. Según la FAO, en el año 2009 más de mil millones de personas, casi la sexta parte de la población del planeta, padece de hambre.

Todo esto exige extraordinarias urgencias en las respuestas.

La velocidad con la cual se están destruyendo las condiciones que hacen posible la vida en el planeta no sólo no se ha frenado, sino que se ha acelerado en las últimas décadas a pesar del reconocimiento global de que este modelo de producción/distribución y consumo es absolutamente incompatible con la preservación de la vida en el planeta. Los cambios climáticos no operan en términos lineales. No es posible preveer en qué momento alteraciones graduales pueden llegar a puntos de quiebre, a rupturas con efectos catastróficos que pongan en peligro la vida a corto plazo. Adicionalmente, mientras mayores sean las dinámicas destructivas, menores serán las posibilidades de respuesta y adaptación a estas nuevas condiciones planetarias.

En lo que puede ser caracterizado como el asalto final del capital a la llamada “naturaleza”, las principales resistencias a este modelo depredador, a este proceso de acumulación por desposesión, ocurre en pueblos y comunidades campesinas e indígenas en todo el planeta, particularmente en el Sur. Son estas experiencias, estas memorias colectivas de que es posible vivir de otra manera, las principales reservas políticas y culturales con las cuales cuenta la humanidad para cuestionar y resistir el avance de este modelo depredador y destructor de la vida. Y sin embargo, la sobrevivencia misma de estas comunidades está siendo amenazada por el avance de este proceso de asalto global a los bienes comunes.

A pesar del aparente consenso internacional sobre la profundidad a la crisis ambiental, en particular sobre la necesidad de frenar las dinámicas productoras del cambio climático, la forma como se construye el debate internacional a través del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático es un acotamiento que distorsiona por completo lo que está en juego, y propone soluciones que no tienen posibilidad alguna de permitir salidas a los problemas que hoy confrontamos. Obviando por completo las implicaciones de un patrón de crecimiento sin fin en un planeta finito, y la urgente necesidad de una redistribución radical en el acceso a los bienes comunes de la vida, como condición de sobrevivencia a corto plazo de centenares de millones de personas, se buscan soluciones desde arriba que ignoran la multiplicidad de opciones que pueblos y comunidades en todo el planeta están formulando como alternativas al modelo civilizatorio en crisis.

Las respuestas de mercado, las soluciones tecnológicas (tecnological fix), -únicas opciones presentes en los debates intergubernamentales actuales- implican apostar a la misma lógica de mercado, y los mismos patrones de conocimiento que nos han conducido a la actual crisis. Las respuestas del llamado keynesianismo verde y otras propuestas de reformas “verdes” del capitalismo buscan salidas a la crisis económica por la vía de la creación de fuentes de inversión y de innovación tecnológica que, al no cuestionar los supuestos básicos del crecimiento sin fin, no pueden sino profundizar los problemas que confrontamos. Algunas de estas iniciativas como los biocombustible, o los llamados mecanismos de desarrollo limpio (MDL), por otro lado, están contribuyendo a profundizar las desigualdades, están afectando la producción de alimentos, y haciendo que los sectores más pobres del planeta sean quienes carguen sobre sus hombros los costos de la crisis.

Para amplios movimientos sociales en todo el planeta está cada vez más claro que confrontamos una profunda crisis civilizatoria, que estamos ante la crisis terminal de un patrón civilizatorio basado en la guerra sistemática por el control y el sometimiento/destrucción de la llamada “naturaleza”. Está claro que es imposible la pretensión del crecimiento sin límite en un planeta finito. Esto quedo ampliamente expresado en el Foro Social de Belém do Pará en enero de 2009, compartiéndose como sentido común entre los participantes.

Sin embargo, la batalla por una nueva hegemonía que incorpore este reconocimiento está muy lejos de ser ganada. Las repuestas a la crisis financiera/económica de los años 2008/2009 señalan claramente que no hay un reconocimiento de las implicaciones de la crisis ambiental, ni de lo que implica haber sobrepasado la capacidad de carga del planeta. Todas las políticas de “recuperación” de la economía han estado orientadas a retomar el crecimiento económico. La inyección masiva de fondos públicos precisamente a los mismos bancos que a través de la especulación financiera aceleraron la crisis, permite constatar la medida en que las respuestas a la crisis son más de lo mismo.

El caso de la industria automotriz es ilustrativo en este sentido. Ha sido ésta una de las ramas de la actividad económica que globalmente ha sido más afectada por la crisis económica que se profundizó a partir del año 2008, entre otras cosas, por la extraordinaria sobre capacidad de producción de automóviles existente a escala global, así como el sostenido incremento que han tenido los precios de la gasolina en los últimos años. Es igualmente una industria directamente identificada con el patrón de consumo de hidrocarburos que está en el centro de los debates sobre el cambio climático.

La quiebra o amenaza de quiebra de algunas de las más grandes empresas automotrices, y la disposición de muchos gobiernos a gastar miles de millones de dólares para auxiliarlas, constituyó una coyuntura extraordinariamente favorable en la cual hubiese sido posible no sólo reconocer la inviabilidad de continuar con el modelo de transporte del auto individual, sino actuar en consecuencia. Algunas de estas empresas fueron reestructuradas y/o redimensionadas radicalmente. En algunas -es este el caso de la General Motors- los trabajadores pasaron a ser dueños de una elevada proporción de las acciones de la empresa. Sin embargo en estas negociaciones no se aborda el tema de la relación entre lo que producen estas plantas y la crisis global. No se considera la posibilidad de aprovechar la crisis, las reestructuraciones, las masivas inversiones públicas, para reorientar dichas instalaciones para la producción de otros bienes, como por ejemplo, sistemas de transporte colectivo. Lo que se busca es la recuperación de estas empresas para que puedan volver a ser rentables.

Existe hoy una extraordinaria distancia entre lo que se ha venido convirtiendo en sentido común de los movimientos en resistencia, en particular de los movimientos, organizaciones, comunidades y pueblos indígenas y campesinos, y la actuación de los gobiernos llamados progresistas y/o de izquierda, aún de los más radicales. Las nociones de crecimiento, de progreso y desarrollo, que están en la base del carácter insostenible de la organización actual de la economía siguen orientando las políticas públicas. En toda América Latina se produjo un amplio movimiento de rechazo al neoliberalismo y fue esta ola de luchas populares lo que condujo a la elección de los actuales gobiernos. Existía por lo tanto la expectativa de que con estos nuevos gobiernos con discursos anti-neoliberales se produjesen reorientaciones básicas en las lógicas extractivistas que han caracterizado históricamente la inserción de las economías del continente en el mercado global.

Sin embargo esto no ha ocurrido, no se han producido reorientaciones en los modelos de desarrollo imperantes. Con los gobiernos de izquierda y progresistas que han gobernado a la mayoría de los países de Sudamérica en la última década, no sólo no se ha frenado, sino que se ha acentuado un modelo de inserción en el mercado mundial basado en la extracción de bienes primarios, en el asalto a los bienes comunes de la vida. El monocultivo de soya transgénica que hoy ocupa aproximadamente la mitad de las tierras cultivadas en Brasil, Argentina, Paraguay y Bolivia, los millones de hectáreas de caña de azúcar destinados a la producción de biocombustible y al monocultivo de eucaliptos (extractivismo agrícola), la profundización de la dependencia de la economía venezolana en el petróleo, la apertura de grandes extensiones territoriales a la explotación minera, ilustran los modelos productivos dominantes en todo el continente. Las políticas sociales y el mayor control estatal sobre los recursos mineros y energéticos no han estado acompañados de reorientaciones en los patrones productivos.

Hay dos países del continente, Ecuador y Bolivia en cuyos procesos constituyentes jugó un papel medular la presencia de los pueblos indígenas. El buen vivir (sumak kawsay) quechua y el vivir bien (suma qamaña) aymara son los ejes en torno a los cuales se arman los respectivos textos constitucionales. En Ecuador, por primera vez en la historia, una constitución constitucional los reconoce derechos de la naturaleza. Y sin embargo, las tensiones entre las visiones extractivistas de desarrollo y progreso y otros modos de vida continúan atravesando estos procesos políticos tanto en las políticas de la oposición, como al interior de los propios gobiernos.

La construcción de alternativas capaces de caminar hacia la construcción, no sólo de sociedades democráticas y equitativas, sino igualmente compatibles con la preservación de la vida en el planeta, necesariamente tienen que ser anti-capitalistas. El capitalismo requiere de un crecimiento (acumulación) sostenido. No es posible un capitalismo de crecimiento cero y menos aún un capitalismo de decrecimiento. Lo que está en juego no es si podrá o no sobrevivir el capitalismo. El problema fundamental está en si la vida en el planeta Tierra podrá sobrevivir al capitalismo.

No basta, sin embargo, un horizonte normativo anti-capitalista. El socialismo del siglo XX nos demostró que era posible, con otras relaciones de propiedad, un régimen productivo tan depredador y devastador de las condiciones que hacen posible la vida, como el capitalismo. Solo una profunda trasformación civilizatoria puede hacer posible la continuidad de la vida.

Texto preparado para el seminario 10 años después: desafíos y propuestas para otro mundo posible, Porto Alegre, Brazil, enero de 2010.

La metáfora lumínica


Quizá no sea exagerado considerar la historia toda del pensamiento occidental como una historia de la metáfora de la luz: la caverna platónica y sus sombras, la ideología de las luces y la ilustración, el propio lenguaje científico (los observables empíricos, lo que se tiene por evidente, las de-mostraciones matemáticas, los des-cubrimientos científicos)... todo nuestro vocabulario científico y filosófico está impregnado por metáforas lumínicas. De ahí la primacía de la idea entre nosotros (hasta en los materialistas: ¿hay idea más ideal que esa de materia?).

“Idea”, como es sabido, en su génesis griega viene de “visión”, ese sentido que nos permite delimitar formas, distinguir figuras (el pensamiento griego es un pensamiento del límite, de la de-terminación). Si uno utiliza cualquier otro sentido que no sea el de la vista, las cosas no tienen forma, pierden sus límites y contornos nítidos, se difuminan: yo cierro los ojos y huelo... y sobre el olfato no hay manera de construir una identidad, no percibo dónde empieza y donde acaba el objeto que huele (si es que hay tal objeto), ni si ese olor corresponde a un solo objeto o es fusión de varios, ni tengo manera de inferir la permanencia de la identidad del objeto cuando el olor empieza variar ...

Por eso, uno de los primeros combates a que se lanzó la burguesía centroeuropea para hacerse con el poder fue el combate contra los olores, porque el olor es un sentido que tiene referentes colectivos más que individuales, sabe de lo informe más que de las formas bien delimitadas. El sistema de alcantarillado en las ciudades y el auge de los desodorantes sustentan toda una epistemología, la que sólo es posible desde el sometimiento de los demás sentidos corporales al imperio de la vista.

Ivan Illich (1989), atribuye un papel fundamental a la generalización del uso del agua, jabones, afeites y desodorantes en la constitución moderna del individuo individual, ése cuyos límites son los que pone el ojo pero borra el olfato: las emanaciones olorosas son partes de uno mismo que, sin embargo, exceden las fronteras que sobre ese ‘uno mismo’ establece el ojo, viniéndose a entremezclar con –los olores de- otros ‘uno mismo’ y -los de- objetos varios en olores específicos que caracterizan a identidades más bien colectivas: el de ese bar y sus parroquianos, el del mercado de verduras (donde no se sabe bien dónde acaba la verdura y empieza la verdulera)... De la persecución moderna a los olores queda constancia en la misma lengua: “oler mal” es ya para nosotros un pleonasmo: basta con decir “¡huele!”

Es curioso cómo a uno se le borran las ideas cuando se le enturbia la visión. Por ejemplo, cuando los ojos se empañan por el llanto, se le difuminan las formas, se le licúan las ideas y las cosas dejan de estar claras: se le mezclan sentimientos e ideas, ya no se razona bien cuando se deja de ver bien.

El mismo concepto de ‘demostración’ es un concepto basado en la visión: el término griego para la demostración, la deîxis, significa ‘hacer ver’, ‘poner ante la vista’, ‘mostrar’. En ocultar esta deuda con la metáfora visual se juega buena parte del prestigio de una racionalidad que, como la occidental, lo extrae de su supuesta pureza respecto de los sentidos y sentimientos. Para ello es necesario escamotear a la vista lo que nació gracias a ella. En este sentido, nuestra epistemología, nuestras matemáticas y tantos otros de nuestros saberes racionales son puro ilusionismo.

Extraído de: 'Metáforas que nos piensan. Sobre ciencia, democracia y otras poderosas ficciones'. Emmánuel Lizcano.

Réplica al artículo ¿Decrecimiento o Revolución?


decresita


Quiero agradecer la crítica efectuada por el grupo ‘Lucha Internacionalista’ al decrecimiento, porque pienso que nos permite aclarar conceptos, y explicar ideas que pueden no quedar diáfanas cuando intentamos transmitirlas. Este es el documento al cual ofrezco una replica: ¿Decrecimiento o Revolución?

1. ¿Cuál es el motor del sistema capitalista?

Pienso que el sistema capitalista es algo más que un sistema productivo, es un sistema de creencias, mitos y dogmas que ha colonizado el conjunto del planeta; la búsqueda del beneficio (o plusvalía), esconde tras de sí una ideología, construida para justificar los intereses de las clases dominantes, sin un sentido de los límites, que antecede a las relaciones económicas, políticas y sociales.

Algunos de estos mitos, serían, la idea de que la humanidad vive en un progreso continuo, de superabundancia, el optimismo tecnológico, la desmaterialización de la economía, la globalización, el desarrollo sostenible…

Sin desmontar estos mitos que viven en el ‘imaginario social’, es imposible hacer una ‘revolución’.

El ejemplo que incluye el artículo sobre las subvenciones de la Unión Europea para el sacrificio de vacas, no puede ser más significativo. No se trata de consumir menos carne, sino de deslocalizar la producción para crecer más eficientemente.

2. ¿Vivimos por encima de nuestras posibilidades?

Existe una limitación física a la expansión del sistema económico, la idea de progreso ilimitado y finitud de nuestro mundo que sustenta la ideología de la civilización occidental, se manifiesta falsa; Occidente se enfrenta a un problema sin solución.

Por otra parte:

“El 20% de la población del planeta consume el 80% de los recursos”

El problema no son las personas que consumen pocos recursos, el problema es el sobreconsumo de la población de Occidente, esto es, el problema no es la pobreza, el problema es la riqueza.

Pero ante la dificultad de juzgar que tipo de necesidades han de ser satisfechas (el tener un coche, los langostinos del día de nochebuena…), tendremos que estimar como pueden satisfacerse dentro del contexto ecológico en el que vivimos, y sobretodo poner en valor bienes relacionales básicos para el cuidado de la vida y de la naturaleza. Valorar toda una economía del cuidado que mantiene el entramado de la vida social humana, sirviendo de base del edificio económico y que debe ser llevado a cabo por todas las personas.

El ejemplo que se propone sobre la dificultad de acceso de los jóvenes a la compra o alquiler de vivienda, nos puede servir; hay que romper las reglas, existen otras maneras de vivir, hablamos de ocupación, hablamos de aprovechamiento de pisos vacíos, hablamos de recuperación de edificios vacíos, hablamos de compartir casas, hablamos de nuevos modelos de repoblación rural, hablamos de cooperativas de vivienda en modelo de cesión de uso, hablamos de autoconstrucción ecológica, hablamos de romper el modelo de propiedad individual.

3. La crisis actual

La crisis actual no es sólo una crisis financiera, es una crisis económica, es una crisis ambiental, es una crisis energética y también es una crisis ética. Es una crisis de Civilización.

Centrar los problemas únicamente en la desigualdad, es actuar de manera reducionista, estamos ante estructuras de poder que impiden desplegar en toda su amplitud las facultades de las personas y de los pueblos.

Esquemáticamente podemos señalar estructuras de poder que convierten las diferencias en desigualdades, que convierten la multiplicidad en formas de opresión:

* Hombre / mujer masculino / femenino varón / hembra [Estructura patriarcal]
* Rico / pobre [Estructura clasista]
* Blanco / latino negro indio asiático gitano … [Estructura racial]
* Heterosexual / homosexual / lesbiana [Estructura hetereosexual]
* Urbano / rural
* Norte / sur
* Trabajador asegurado / precario / parado
* Joven / viejo [edaismo]
* Adulto / niño [adultismo]
* Occidente / oriente [etnocentrismo]
* Nativos / emigrantes
* Conquistadores / colonizados
* Capacitados / discapacitados
* Sanos / enfermos
* Ciudadanos / sin papeles
* Sedentario / nómada
* Trabajador / parado precario
* Estudios / analfabeto
* Religioso / laico
* Con vivienda-hogar / sin vivienda-sin casa
* Con familia – amigos – red social / sin familia – sin amigos – sin red social
* Con Estado / apátridas

4. La huella ecológica

Pienso que hay que transformar la sociedad a la vez que disminuimos la huella ecológica; de hecho ese transitar hacia unas formas de vida locales, lleva el germen de nuevas formas de vida más saludables, más alegres, más intensas en relación al cuidado y los afectos de los que están; pienso que debemos hacer una transición desde ser ‘ciudadanos’ a ser ‘cuidadanos’.

Debemos hablar de huella ecológica, pero también de huella civilizadora, es decir, la relación entre el tiempo, el afecto y la energía amorosa que las personas necesitan para atender sus necesidades humanas reales – calidad de vida, seguridad emocional, equilibrio psicoafectivo…- y las que aportan para garantizar la continuidad de las generaciones de la especie humana.

Se escribe sobre la Gran Depresión, y recuerdo que de aquello nacieron diferentes modelos de fascismo; quizás hoy estemos en la misma tesitura, tal vez sea el momento de reflexionar y evitar cometer los errores que se cometieron entonces.

5. Maltusianismo

El análisis de la población representa un problema cuando se plantea desde una visión de ‘control de población’, es entonces cuando se habla de ‘superpoblación’; en cambio desde una perspectiva de desequilibrio entre población y recursos, la alternativa podemos situarla del lado de los recursos; esto es adaptando nuestro consumo de recursos a la realidad del lugar donde vivimos.

Es necesario un replanteamiento de la relación entre población y recursos, comenzando a entender las estrategias reproductivas que desarrollan las mujeres en función de las condiciones socioeconómicas y culturales de la comunidad a la que pertenecen. Ellas son quienes introducen la civilización en medio de la barbarie, quienes convierten las piedras en pan para alimentar a sus familias. Habría que contar con su experiencia y sus conocimientos para saber que factores socioeconómicos debieran ser modificados en cada sociedad concreta con el fin de garantizar la sostenibilidad humana.

6. El carro delante de los bueyes

Pienso que es bueno hablar, pero también habrá que hacer; no podemos esperar por una clase trabajadora occidental que ha perdido su tradición revolucionaria y se esconde tras su vehículo privado, tras sus vacaciones hotel 4 estrellas, tras su segunda vivienda con vistas al mar, tras sus televisores de plasma; que ante los despidos de trabajadores de grandes fábricas se repliega y acepta la pérdida de puestos de trabajo como mal menor.

En palabras de una indígena: “Tal vez esas otras, aquellas que no pronunciamos discursos, que pronunciamos experiencias de vida y experiencias de resistencia.”

7. Dos alternativas al sistema

Por supuesto partimos de experiencias individuales basadas en la sencillez voluntaria, pero integradas en modos de vida colectiva, partiendo de huertos comunitarios, redes y mercados de intercambio, monedas locales, universidades libres, cooperativas de energías renovables (autoconstrucción de molinos de viento, energía solar, hidráulica…), transporte colectivo compartido, cooperativas de producción y consumo e integrales, proyectos de economía comunitaria…

Formas de vida alternativa que en época de crisis puede ser una posibilidad de supervivencia. Y la base territorial y energética para otro modelo social.

El decrecimiento representa un camino que debemos empezar a andar, no podemos esperar por la revolución. Las alternativas al sistema son múltiples y diversas. También las personas trabajadoras debemos buscar maneras de hacernos con los medios de producción, organizarnos asambleariamente para constituirnos como personas libres, con conciencia propia y capacidad de decisión.

8. Volviendo atrás la rueda de la historia

Para disfrazar ese inevitable, abrumador sometimiento y hacer accesible la nueva fe capitalista, la noción de progreso redefine al tiempo, al mundo y al hombre. Plantea a la historia como una línea vectorial, elimina la concepción desde siempre dominante del tiempo cíclico. Se ofrece al mundo como un recurso a la disposición de una humanidad unificada, encabezada por los que han progresado.

En nombre del ‘progreso’ se han destruido centenares de estilos de vida y de sistemas de sostenimiento de la vida que tradicionalmente sustentaron la diversidad cultural en diferentes partes del mundo.

Con el surgimiento del mundo capitalista (moderno y occidental), una nueva fe -la fe en el progreso- dio significado y sentido a las nociones, métodos y sistemas que han llegado a dominar el mundo. Así la profunda reverencia que se profesa a la ciencia y la tecnología (que puede remediarlo todo mañana: alimento ilimitado, alternativas ilimitadas para la sustitución de recursos, modos de vida de abundancia, energía ilimitada...) está estrechamente ligada a la fe en el progreso. La inclusión forzosa de todos los rincones de la tierra dentro de estados nacionales se llevó a cabo en nombre del progreso. La cada vez mayor aceptación del imperio de la economía y la creciente confianza en la validez de sus leyes, son sombras que todavía arroja aquella fe ilustrada.

El prestigio de la palabra progreso sufrió duramente, con las dos guerras mundiales y la gran depresión entre ambas. Resultó difícil seguir utilizándola igual que antes en la política y en la academia, sobre todo en Europa. Pero la fe en el progreso conservó su fuerza mesiánica en la Unión Soviética y otros países donde se pensaba que el socialismo estaba "extendiendo sobre la tierra la paz, el trabajo, la libertad, la equidad, la fraternidad y la felicidad para todas las naciones", tal como lo proclamaba el Programa del Partido Comunista de la Unión Soviética en 1961.

Los norteamericanos, que emergieron triunfadores en 1945, con pocos daños y sentimientos de culpa, todavía lo consideraron un término apropiado para describir las conquistas del "American way of life", y su generosidad.

No podemos dejar que este sistema nos piense: no debemos confundir los hospitales, las escuelas y los supermercados con la salud, la educación y la alimentación. Debemos darle la vuelta a las palabras, a los conceptos, a las ideas, a los significados, debemos ser creativos.

Se piensa en neveras, en lavadoras, en coches, como objetos imprescindibles, sin embargo durante millones de años el ser humano ha vivido sin éstos, incluso hoy en día la mayoría de las personas que habitan el planeta no los poseen.

Tal vez haya que repensar la forma de utilizarlos ( que su uso sea colectivo, utilizarlos sólo para determinadas tareas, utilizarlos según nuestra capacidad de generar energía localmente…), o bien dejar de utilizarlos y buscar otras alternativas (las fresqueras, lavar menos la ropa, desplazarse a pie, en bici, a caballo...).

Una minoría privilegiada del planeta, pretende forzar un modelo de consumo que genera grandes desequilibrios a escala mundial y que para su sostenimiento se basa en la exclusión, la represión y el hambreamiento de la mayoría de la población mundial.

9. ¿Quién decide?

“No nos corresponde a los del “norte”, en función de nuestra experiencia o sobre los criterios de lo que es útil y lo que es superfluo, ser quienes vayamos a dictar las formas y los límites del desarrollo de otros.”

Totalmente de acuerdo.

Pero sí nos corresponde a los del “norte” decrecer.

10. Sindicalismo y decrecimiento.

No podemos estar contra la industria militar y a la vez por la conservación de los puestos de trabajo que la hacen subsistir, lo mismo ocurre con la industria del automóvil o la industria nuclear; estamos en la obligación de buscar maneras de vivir alternativas y creativas que nos hagan estar en paz con la naturaleza y con nosotras mismas, no podemos basar nuestro modo de producción en esquilmar la naturaleza y robar a otros pueblos.

El mundo del trabajo es también un ámbito de transformación. Debemos apostar por un modelo productivo que equilibre nuestro impacto ecológico con el planeta. Es importante plantearse como objetivo el control autogestionado de las producciones que sean estratégicas para nuestra autonomía como movimiento (desde crear pequeños molinos de viento, hasta bicicletas, pasando por la reparación de toda la maquinaria que sea necesaria).

Necesitamos hacer de las pequeñas cooperativas un vehículo adecuado para trabajar cada vez más fuera del sistema, creando redes de economía alternativa entre ellas y las otras participantes de ese movimiento, fomentando el cooperativismo y la autogestión obrera como líneas importantes de acción, para ir cortando relaciones progresivamente con las multinacionales.

No basta ni es suficiente seguir ciñéndose de modo exclusivo al estrecho espacio del empleo. Es necesario ahora más que nunca saltar los muros de las fábricas, oficinas y talleres, pero en ambos sentidos, de fuera a dentro y de dentro a fuera. Y reubicar el empleo y el trabajo asalariado en su contexto social, territorial y cultural y no meramente productivo.

Las trabajadoras y los trabajadores deben poder hablar, debatir y denunciar en torno a los impactos ambientales, el gasto energético, la higiene y la seguridad, y la huella ecológica de la empresa en la que trabaja. Y en última instancia cuestionar abiertamente el tipo de producto, bien o servicio al que contribuyen con su trabajo, el modo cómo este proceso se lleva a cabo, y la posibilidad de plantear alternativas de reconversión sostenibles y menos lesivas con el medio y con ellos/as mismos/as.

Los valores de este sindicalismo pueden resumirse en tres ejes de acción.

1. La austeridad como modo de vida
2. La decrecimiento como camino
3. El sostenibilidad como meta

Sin olvidar en ningún caso lo que realmente define un movimiento de transformación social: el trastocamiento de las relaciones de poder, del autoritarismo dominante, de las jerarquías reproducidas en el ordenamiento social. La extensión de la igualdad para todas y todos y la expansión de la libertad para la autorrealización humana.

11. Socialismo o barbarie

Para Marx las fuentes de donde brota toda riqueza serían la tierra y el trabajador, pero tal vez la riqueza sea la fusión de ese manantial que riega de alegría y placer la tierra y engendra la vida.

Cuando se habla de ‘revolución’ tendremos que tener en cuenta que no existen los palacios de invierno, y la bastilla ¿dónde está?. ¿Y el poder?. El poder no es sólo una dominación real sino una dominación simbólica que anida en nuestro inconsciente. Nuestro adversario: las grandes transacionales, los grupos financieros, los medios de comunicación...no ejercen el poder directamente. El Gran hermano está escondido tras un laberinto institucional; la servidumbre es voluntaria, las clases oprimidas aceptan como ‘natural’ la opresión.

Y que hablar de las fuerzas de represión directa (ejército y policía); en caso de poder llevarse a cabo una acción subversiva -¿contra quién?- ¿que nivel de violencia habría que alcanzar?.

¿No sería necesario actuar en una doble dirección, por una parte obstaculizar todo lo posible el actual sistema de acumulación y por la otra ir construyendo ya un sistema diferente, con otros valores?.

¿Y por qué no empezar ya a construir ese proyecto social?

El decrecimiento es un movimiento heterogéneo, diverso, múltiple, complejo, plural, misceláneo… . Cada comunidad llevará a cabo su decrecimiento según las circunstancias y como estime conveniente. Aunque las rupturas nunca son totales en la historia, ni siquiera convenientes, debemos de partir de aquellos valores que existen en cada sociedad para formar una sociedad nueva. En cada caso la situación será diferente unas sociedades serán rupturistas otras transacionales. Cada proyecto de decrecimiento variará según las circunstancias.

¿Y Por qué no partir de lo femenino?

El proyecto de decrecimiento es un proyecto de construcción, yo lo llamo un proyecto de mujer, donde hay que construir un orden simbólico que nace de lo que ya hay y que ya forma parte de nuestra vida.: Las relaciones familiares, como la amistad, las de amor y las políticas, se basan en una forma de intercambio que la lógica mercantil tiende a negar y a destruir. Y estas relaciones no solamente se pueden mantener, sino que, además, en ellas está la parte mas importante de nuestras vidas y en donde las personas cuentan porque son únicas. En estas relaciones se intercambian palabras, atenciones, afectos, emociones, e incluso bienes, como cosas, ayuda y hospitalidad.

Tal vez no se trata de cambiar el rumbo al barco, sino de ir construyendo un barco nuevo, para el día después de la ‘revolución’.

Más críticas al decrecimiento



Lucha Internacionalista - ¿Decrecimiento o Revolución?.

Por la reconstrucción de la IV Internacional.

Entre quienes apoyan el decrecimiento hay corrientes muy variadas. Para unos se trata de regresar a economías de subsistencia, sin lavadoras, ni neveras, ni coches, cultivando uno mismo su huerto y atendiendo sus necesidades básicas…, pero sin llegar a ese extremo, la tendencia a la autarquía económica es recurrente en casi todas. Taibo explica “la rotunda primacía de lo local sobre lo global en un escenario marcado, en suma, por la sobriedad y la simplicidad voluntaria” como un medio de regresar a la tierra, reducir el gasto energético del transporte… Con el objetivo, como define Luís González, de “una tendencia paulatina hacia la autosuficiencia desde lo local.”

Nosotros veríamos ese repliegue para limitar la vida y los medios de producción y consumo al ámbito local, como un repliegue de la historia hacia varios siglos atrás. Para nosotros el problema no está en acabar con el comercio mundial para así ahorrar en transporte, sino en que la internacionalización de la economía en manos del capitalismo fue utilizada para obtener el máximo beneficio sin importar las consecuencias (hambre, desertización,…), y supone la expoliación de pueblos y su sometimiento a los planes imperialistas.

La discusión está en el modo de producción. Si el objetivo del sistema productivo se dirige a la satisfacción de las necesidades y respeta a los pueblos por igual, en un sano internacionalismo de clase, es un elemento muy progresivo. Desde esa perspectiva no son negativos el intercambio, la posibilidad de aprovechar las mejores condiciones de producción, de compartir los recursos del planeta que se dan en unas zonas y en otras no, así como el contacto entre pueblos, que necesariamente lleva aparejado un gasto de energía en transporte. Esa forma de encarar la sustitución del sistema capitalista por otro que acabe con el expolio imperialista de los pueblos, debe permitir inmediatamente que éstos recuperen sus tierras fértiles (hoy destinadas a monocultivos para la exportación) y sus recursos naturales, poniéndolos al servicio, en primer lugar, de satisfacer sus propias necesidades, sin que ello sea contradictorio con que se produzcan excedentes para intercambiar con otros pueblos en régimen de igualdad.

Este planteamiento actuará por sí mismo como un reductor de las necesidades de transporte actuales. Del mismo modo, será desde la propiedad colectiva de los medios de producción y las relaciones de igualdad entre los pueblos desde donde se podrá decidir si determinados procesos productivos es más económico mantenerlos concentrados, aunque comporte gastos de transporte, o si la técnica actual permite descentralizarlos y acercarlos a los consumidores. No siempre la producción en pequeña escala es energéticamente más eficiente.

Hablando de los países semicoloniales vemos más claramente este aspecto de retorno al pasado. Taibo, recurriendo a Latouche para formular su programa para los países semicoloniales, contiene buena parte de esa añoranza:”romper con la dependencia económica y cultural con respecto del norte; reanudar el hilo de una historia interrumpida por la colonización, el desarrollo y la globalización, reencontrar la propia identidad, reapropiar ésta, recuperar las técnicas y los saberes tradicionales, conseguir el reembolso de la deuda ecológica y restituir el honor perdido.”

Compartimos la ruptura con la dependencia imperialista que permita reencontrar la propia identidad y el honor perdido -aunque no sabemos quién perdió más el honor en el proceso colonial. Pero falta un elemento decisivo. ¿Por qué recuperar sólo las técnicas y los saberes tradicionales? En todo caso si estamos contra el monopolio de la técnica y del saber en manos de las multinacionales lo que hay que hacer es poner a disposición de los pueblos el conocimiento y la técnica actuales para hacerlas universales. Lo que, por otro lado, sería retornar una deuda histórica, puesto que los logros de las multinacionales no son sino producto del expolio. Expropiar estos conocimientos y ponerlos al servicio de los pueblos y nacionalizar los recursos supondría de por sí una racionalización productiva.

Y serán estos pueblos los que libremente elijan qué saberes de la técnica tradicional y de la actual ponen en práctica, del mismo modo que serán ellos quienes decidan su desarrollo y fijen sus necesidades.

Luchamos contra la explotación y opresión inherentes al modo de producción capitalista, pero esa lucha no impide reconocer el enorme desarrollo de las fuerzas productivas que éste ha permitido. La solución no pasa por el retorno al pasado, sino por aprovechar sus mejores desarrollos y ponerlos al servicio de un nuevo modo de producción que responda planificadamente a las necesidades y las limitaciones.

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