Papá Noel, una figura de la globalización mercantil

Florent Marcellesi - Papá Noel, una figura de la globalización mercantil

Cuando San Nicolás nació, vivió y murió en el siglo IV DC en Myre —una región ubicada en la Turquía actual—, no pensaba que su historia iba a convertirle en la estrella de la globalización y del consumismo, reflejando a escala mundial las migraciones humanas y la mercantilización de los símbolos populares.

Vinculado desde el principio al mundo empresarial, el cuerpo del difunto obispo de Asia menor llegó a Europa occidental en el siglo XI mediante unos comerciantes italianos interesados en un negocio bastante frecuente en aquella época: el las de reliquias. Su culto empezó a expandirse sobre todo en los países germánicos donde llegó incluso a sustituir, en algunas partes, al dios Odín que ya se desplazaba en los aires con su caballo. En esta época bendita, San Nicolás tenía principalmente la forma de un obispo que distribuía regalos a los niños buenos el 6 de diciembre y que, según las tradiciones, regañaba, se llevaba en su saco o se comía a las y los niños malos.

Víctima de la reforma protestante del siglo XVI, el culto de San Nicolás quedó reducido, principalmente, a los Países Bajos donde lo llamaban Sintaklaas. De allí, como muchos holandeses en busca de un futuro mejor, emigró a Nueva-Amsterdam que, después de su conquista por los ingleses, no tardó en llamarse Nueva-York. En 1822, ya consumada la independencia de Estados-Unidos, el reverendo americano Moore escribió un poema para sus hijos en el cual hablaba de un duende llamado “Sant Nick”. Procedía de Europa del Norte, era de gran generosidad —al igual que San Nicolás—, tenía una larga barba blanca —por su sabiduría y experiencia—, vestía una prenda roja —color episcopal— y se desplazaba de techo en techo durante la Nochebuena. En 1863, inspirado en el poema de Moore, Thomas Nast dibujó el “Santa Claus” —nombre americanizado de Sintklaas— para la revista “Harper’s illustrated weekly”. Santa Claus aún tenía un tamaño muy pequeño que le permitía pasar por las chimeneas.

De vuelta al viejo continente, el duende-obispo viajador pactó con las grandes tiendas inglesas del siglo XIX que, más interesadas en vender una mayor cantidad de juguetes que en difundir la poesía de Moore y los dibujos de Nast, jugaron un papel fundamental en su mercantilización. Sin embargo, este auge del capitalismo navideño culminó en 1931 con una famosa campaña de publicidad de Coca-Cola que duró hasta 1964 y fijó el aspecto que conocemos hoy de Santa Claus/Papá Noel. La compañía de refrescos, mediante el dibujador Haddon Sunblom, dio al héroe de los tiempos modernos su cara mofletuda y sonriente y una talla humana —¡no me preguntéis cómo pasa por las chimeneas ahora!—.

Molestado por tanta herejía, el obispo francés de Dijon quemó una efigie de Papá Noël frente a su catedral, lo cual intrigó al antropólogo Claude Lévi Strauss quién confirmó en “El suplicio de Papá Noel” que “Navidad es esencialmente una fiesta moderna”: transforma una herencia pagana del culto al sol en una adoración a una neo-divinidad, Santa Claus.

Asimismo esta neo-divinidad es ante todo un gran éxito comercial del “dios-arrollismo” que, tras recorrer el mundo, se ha instalado como una figura de la globalización y de la hegemonía consumista. Por ejemplo en 2009, a pesar de la crisis, el gasto navideño entre regalos, alimentos y viajes fue de 700 euros por hogar europeo. En este contexto, las navidades son básicamente la ocasión de desatar una furia despilfarradora apoyada en campañas de publicidad agresivas, el monocultivo de los árboles de navidad y la reproducción de estereotipos sexistas entre niños y niñas.

Sin embargo, más que nunca en estas fiestas de fin de año, tendríamos que recordar tanto que “debemos vivir con sencillez, para que los otros puedan sencillamente vivir” (Ghandi) y que el “verdadero producto del proceso económico (…) es el placer de la vida” (Georgescu-Roegen).

Notas:

1. ¿Quieres unas alter-navidades? Entra y descubre la campaña de Jóvenes Verdes: “El Otro Regalo”.

2. Si a pesar de todo sigues interesado/a en escribir a este extraño personaje globalizado, hoy existen en el mercado tres direcciones oficiales de Papá Noel en el mundo (Finlandia, Suecia y Alaska) y un centro de correos especial basado en Libourne, al lado de Burdeos en Francia.

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email: fmarcellesi (at) no-log.org

Características del liberalismo


Las principales características que definen el liberalismo son:


- La libertad del individuo como el valor supremo.


- El 'derecho natural' a la propiedad privada.


- El libre mercado como base del crecimiento económico y progreso social


- Y el Estado como garante de estos derechos.


Estas son las ideas más importantes que se desprenden de los autores liberales desde el siglo XVII; destacando entre otros: Tomas Hobbes, John Locke, Adam Smith, Stuart Mill, David Ricardo, etc...


Según Locke en el estado natural resulta difícil una defensa racional de los derechos individuales (y, muy especialmente, el derecho de propiedad); se hace necesario un orden social y una ley objetiva que remedia las desventajas del estado natural. Para Locke las sociedades políticas son algo útil y adecuado para salvaguardar el disfrute pacífico de los ‘derechos naturales’. Para fundamentar racionalmente la sociedad política se vale de la figura del ‘contrato social’: un pacto entre todos los individuos para renunciar a parte de su libertad, para poder gozar de ella con mayor seguridad, aceptando someterse a la voluntad de la mayoría. -Hobbes habla de someterse a una ‘autoridad’ al ser el hombre malo por naturaleza ‘homo homini lupus’-.


Para el liberalismo los derechos son inviolables, nadie puede interferir en ‘lo mío’ y limitar lo que ‘yo puedo hacer’. El Estado y las instituciones deben garantizar los derechos que aseguran que los individuos no se ven interferidos en sus decisiones y sus acuerdos mediante las leyes y haciendo valer su cumplimiento.


La propiedad privada es un 'derecho natural' que debe ser defendido por el Estado. El esfuerzo del individuo en sus tareas está relacionado directamente con el deseo egoísta de progresar económicamente y acumular riquezas en forma personal.


Por consiguiente, la mayor y principal finalidad que persiguen los hombres al reunirse en Estados, sometiéndose a un gobierno, es la protección de su propiedad, protección que es incompleta en el estado de naturaleza.”


John Locke


La justificación del genocidio colonial llevado a cabo por las naciones europeas en África, América, Asia y Oceanía se basaba en la ausencia del Estado de las zonas colonizadas y por tanto el derecho de propiedad sobre ‘todo lo que se tomaba’.


La ‘mano invisible’ es una metáfora que expresa en economía la capacidad autorreguladora del libre mercado, mediante este se consigue distribuir la riqueza de bienes y servicios de manera más eficiente para producir más crecimiento, mas desarrollo y mayor progreso y prosperidad. El libre mercado complace los deseos de los que tienen dinero en función del mecanismo de oferta y demanda.


El liberalismo supone un parapeto intelectual tras el cual se refugia la clase social de la burguesía para defender sus privilegios y justificar así la desigualdad social y los mecanismos de acaparamiento de recursos por parte de una minoría. Se trata de presentar como ‘natural’ una forma de construir el mundo basado en la explotación de la mayoría de las personas y de la naturaleza.


Si cada uno es lo que vale, entonces está donde se merece”.


Lo demás es poesía.

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¿Qué es la cultura occidental? 

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¿Qué es la cultura occidental?


Denominamos Cultura Occidental al proceso histórico que apareció en Grecia alrededor del siglo VI a. De C. y que define el modo de percibir y manejar la realidad mediante la razón, lugar común donde diferentes personas construyen su identidad a través de un banco de representaciones mentales compartidas que definen el sentido de la verdad.

Históricamente, la cultura occidental hunde sus raíces en el pensamiento griego, donde la idea de Naturaleza (phisis) [como aquello que las cosas son y que desde ellas mismas determina su modo de comportarse], exige una explicación racional (logos).

Se produce de esta manera la primera herida: la misma naturaleza – que se percibe como única e inmutable - con el proceso lógico de pensamiento deja fuera otras maneras de acercarse a la realidad.

“La racionalización tiene una obsesión: hacer legible lo real. Se ha dado a la palabra realidad un sentido restringido: no se ve en lo real lo indomesticable, aquello que al mismo tiempo somos y nos oprime, estimula, enciende, abruma, aterra o enamora.”

María Zambrano

Otro de los sostenes de esta cultura occidental lo conforma la doctrina cristiana, que integra al hombre occidental en el mundo a través de la fe, mediante la división del cuerpo y el alma y la supremacía de ésta. El pecado fruto del alejamiento de la fe representa el castigo de Dios por tener cuerpo. Un ente superior juzga y obliga mediante el miedo al sometimiento del cuerpo y la represión del placer.

“El ‘alma’ es la unidad imaginaria que compensa el cuerpo realmente despiezado”

Jesús Ibañez

Un tercer soporte histórico lo constituye la ilustración: el conjunto de ideas - cuyos pilares son una visión mecanicista del mundo y el perpetuo mejoramiento - que iluminan nuestra época moderna en la creencia de que la humanidad evoluciona hacia su punto culminante: ‘la civilización cristiana occidental’: el supuesto ‘fin de la historia’ adelantado por Francis Fukuyama gracias a la libertad, la igualdad y el progreso.

“La superstición del progreso es el veneno que corroe nuestro cuerpo”

Simone Weil

Occidente ha organizado el vivir colectivo en torno a la supremacía de ‘la razón’, y en ella se han justificado las diferentes formas de jerarquía y dominación; la invención de estructuras sociales, económicas, políticas, religiosas... son racionales dentro de su propia lógica.

Quien determina que es la verdad mediante ‘la razón’, legitima su poder: el derecho a la propiedad, el derecho a la conquista, el derecho a la colonización... y éste es siempre un hombre, blanco, culto, rico, urbano... los que definen las lógicas del sentido de las diferentes sociedades occidentales, esto es, los que nos dan un nombre, dicen que comemos, que vestimos, ordenan nuestro imaginario colectivo y dan significado a lo que tenemos alrededor.

Homenaje a Catalunya II

El secreto de wikileaks

Pedro Pérez Prieto - Crisis Energética

Hablando de Wikileaks, la web por la que se acaban de publicar en los principales medios del mundo las llamadas “filtraciones”, con cientos de miles de documentos que dicen contar lo que autoridades y diplomáticos estadounidenses piensan del mundo en general.

Al abrir el diario El País y ver que era uno de los difusores anunciados de las mismas, me he puesto a pensar que esto podría tener una doble lectura; soy así de enrevesado. Luego, abrí una página de las llamadas alternativas y mira por donde, hay alguien que viene a coincidir con algunas de mis reflexiones. He aquí su artículo:


Completaré esto con mis inquietudes de tipo raro de visión deformada y lateral:

Los gobiernos occidentales con poder en el mundo, ya venían sabiendo que se iba a publicar la filtración masiva y además, haciéndolo público en los medios que llamo “del pesebre y del abrevadero”. Ya es raro que los “revolucionarios” de Wikileaks hayan gozado de tanta libertad para entregar esto a los principales medios y lo hayan hecho de forma tan coordinada: todos simultáneamente y todos con mucha asepsia, filtradito, depuradito de aristas de maldad.

Por otra parte, estos medios, instrumento muy eficaz de los poderes occidentales establecidos, han generalizado, también de forma muy coordinada, la idea de que esas filtraciones podrían dañar la seguridad de algunas personas. Pero curiosamente, si lo que se desvelan en cientos de miles de documentos son decenas de miles de delitos, algunos de carácter genocida o de lesa Humanidad (aunque ellos no los llamen así, sino que más bien suelan emplear los eufemismos y las razones que mencionaba Chomsky en “Manufacturing Consent”: porque podrían dañar a “nuestros chicos del frente”).

Y estos medios del pesebre y del abrevadero, fieles a sus divinas enseñanzas y mundanas directrices, se atreven a proclamar que han borrado pudorosamente los nombres de los delincuentes, “para no ponerlos en peligro” y no dañar la seguridad que nos brindan estos delincuentes de altos vuelos. Esto por un lado.

Por el otro, resulta que tras este impresionante volumen de documentos (centenares de miles), uno va descubriendo en ese amasijo “depurado” que se nos ofrece en forma de galletitas sin azúcar, sin gluten y sin colorantes y sin nada (esto es, un pan como unas hostias, a su vez como la copa de un pino), que no se cuenta otra cosa que lo que los que conocemos el accionar del imperio (posiblemente de cualquier imperio) ya sabíamos que hacían: que torturan, desprecian enemigos y alimentan las neurosis de sus propias poblaciones contra ellos, falsifican pruebas, llaman idiotas a sus aliados lacayos, cipayos y serviles, eso sí, en la intimidad y demás etcéteras.

A los que ya sabíamos eso, no nos supone ninguna novedad. Sólo se puede escandalizar por estas publicaciones quien pensase que estos criminales NO ACTUABAN ASÍ hasta esta supuesta revelación. Y posiblemente sean muchos, a juzgar por el interés supuestamente despertado, que quizá tenga otros fines que los de divulgar y denunciar las injusticias de este mundo.

Creo que esto es más bien una prueba final, un testeo masivo de la población occidental, para ver lo maduros que se encuentran para arrancar abiertamente con una política abiertamente fascista que reemplace de forma justificada a la virtualidad de democracia en la que hemos vivido. Se hacen públicas a través de un tonto útil o un caballo de Troya adecuado las filtraciones, que probarían delitos de todo tipo, crímenes de lesa Humanidad de al menos dos docenas de países “democráticos” o “aliados estratégicos”, sobre muchas decenas de países “no democráticos” e incluso propios. Y se queda uno a la espera de reacciones.

Como era de esperar, ya viene el aluvión de las mismas y sus previsibles reacciones: los gobiernos amigos y aliados, insultados y vejados, seguirán sin poner en tela de juicio la “relación estratégica” con los delincuentes, asesinos, criminales y genocidas dominantes. No solo eso: seguirán estrechando relaciones con ellos. ¿Las razones aducidas? Como ya sabíamos su obsesión de que la “seguridad” (“su” seguridad, claro) va por delante de los derechos. Los gobiernos “enemigos” y sus muchos ciudadanos vejados, humillados, maltratados y expoliados o asesinados, volverán a confirmar por enésima vez, no sólo en sus carnes, sino ésta vez hasta por escrito, que las vejaciones y los expolios tradicionales, las acusaciones falsas y los ataques punitivos sin justificación se confirman.

¿Y qué? Pues nada de nada. Un silencio ensordecedor de rechazos. Una creciente ola de aceptación de que “ésta” es la única forma de dirigir el mundo. Y si eso es lo que consiguen, lo están consiguiendo todo: la inepcia, la parálisis la inoperancia, el “todo me da lo mismo”, si no es el “eso es lo que había que hacer” o “más duro les daría yo a los iraníes o a los norcoreanos”. O los sorprendentes titulares de los aliados vejados, que gritan : “es un atentado contra la soberanía de los Estados”, pero no porque sus aliados hayan calificado a nos de arrogantes, como al francés bajito; a otros, como el italiano de puteros no fiables y acabados y a sus aliados británicos de la nobleza de pagar prostitutas a los altos dirigentes de su principal suministrador de crudo, sino por publicar la vejación. En privado, al parecer, vivían confortablemente tragando con esas calificaciones. Al hacerse públicas, los humillados se arrojan no contra el ofensor, sino contra el dedo que señala la ofensa. Una pandilla de carcamales dirige el mundo

Y es que seguramente, estos golfos siderales están probando a escala masiva (de otra forma, no se entiende que se publiquen cosas que todo analista con sentido común ya sabía o intuía) un nuevo modelo, para meter mano judicialmente y extraterritorialmente a cualquiera que ose denunciar a los delincuentes planetarios oficiales; esto es, a nuestros hijos de puta, por ponerlo en palabras de Franklin D. Roosevelt al referirse a Anastasio Somoza (alias Tachito).

Sin ir más lejos, ha faltado tiempo para que los periódicos y medios del pesebre y del abrevadero sacaran en público los documentos descafeinados, para que el podenco mayor del reino, en este caso, el Fiscal General del Departamento de Justicia de los EE. UU., Eric Holder (¡buen nombre para un perseguidor de filtradores de pacotilla! Lo mismo que Botín para un banquero) anuncie que les va a meter a estos elementos de Wikileaks por lo penal. Faltaría más.

Maduritos para el fascismo y el nazismo. Esto me huele a que están haciendo la prueba del nueve con nosotros. No hay un acto heroico en Wikileaks, ni en Julian Assange; hay una posible penetración programada para filtrar esto y experimentar las reacciones: “proteger al delincuente contra los riesgos de estas filtraciones”; esto es, los delincuentes no pueden ser elevados a público, expuestos o denunciados, por razones de su propia seguridad (¡ay, si los generales argentinos o Pinochet hubiesen utilizado esta veta!); su lugar es, por esencia, el anonimato y la impunidad; tiene que tener derecho a la impunidad y a la inmunidad, porque si no, sus vidas, dedicadas a apoyar a los que se dedican a acabar con muchísimas vidas, pueden correr peligro.

Mientras, en mi país, supuestamente en profunda crisis, el personal mira de soslayo y se concentra en lo verdaderamente importante: el duelo Madrid-Barça y unas diez mil jovencitas, que abarrotan la presentación formal de un jovencito sajón del mundo del “show Business” y dan grititos de alborozo.

Me imagino las sonrisas del verdadero poder, tras esas caras serias de circunstancias de Clinton, aparentando preocupación. Si la población ni se inmuta con estas cosas, es que la prueba ha sido un éxito: ya podemos ponernos de nuevo las camisas pardas, negras o azules, según convenga, con los correajes pasados por las hebillas y la cartuchera al cinto y salir a perseguir públicamente a los que ponen “en peligro” a nuestros alegres chicos del frente; esos que tiraban napalm sobre población civil como el que lava y para proteger “nuestros intereses”.

En el fondo, el control de los flujos de energía no es más que un capítulo importante de esta novela de terror.

Me parece trágico, me parece triste. Me parece que nos queda poco tiempo de este grado de libertad, precariamente conseguido. La disminución de los recursos es ya evidente. Ahora resulta que, de repente, todo el mundo en Europa y en EE. UU. vivía “por encima de sus posibilidades” y esto nos lo cuentan los mismos que ayer mismo insistían en crecer y crecer y crecer. Ya no saben ni a qué atenerse ellos mismos.

Publicado en el foro de Crisis energética