Ecología profunda

Resumen del artículo 'Ecología Profunda' escrito por Elisa Iglesias y publicado en el número 61 de Ecolgista

La manida situación ‘actual’ de crisis, entendida en un sentido más amplio, como la expresión de un modelo de civilización en decadencia, abre un espacio para la reflexión y el replanteamiento de nuestro sistema de valores. Si el proyecto del decrecimiento en el gasto global de materia y energía se perfila cada vez con mayor fuerza como el camino para superar la irracionalidad del sistema socieconómico, quizá sea interesante examinar –someramente– las propuestas de la ecología profunda (‘deep ecology’). Uno de sus fundadores, el filósofo noruego Arne Naess, falleció el pasado mes de enero dejando atrás una obra que permanece inédita en nuestro país.


La ecología profunda surge en el mundo anglosajón como corriente filosófica a finales de los años sesenta, vinculada con la revolución ecologista y los movimientos contraculturales de la época. Según el propio Naess, creador del término, la ecología profunda o de amplio alcance (deep, long-range ecology) se distingue de la ecología superficial o de corto alcance (shallow, short-range ecology) en un cuestionamiento más hondo de las causas y fundamentos de la crisis ecológica. Partiendo del reconocimiento del valor inherente de la diversidad ecológica y cultural de todos los seres vivos, su enfoque no se limita a aquello que pone en peligro el bienestar o la supervivencia de la especie humana. La ecología profunda declara la interdependencia fundamental entre todos los fenómenos y el hecho de que, como individuos y como sociedades, estamos inmersos en (y finalmente dependientes de) los procesos cíclicos de la naturaleza.

Implica, pues, una visión holística o ecocéntrica compartida por muchas tradiciones espirituales de Oriente y Occidente. Pero más allá de consideraciones místicas, según el físico teórico Fritjof Capra, uno de sus más célebres seguidores, el marco conceptual de la ecología profunda es coherente con los descubrimientos científicos del s. XX, que, sin pretender ofrecer una comprensión completa y definitiva de las leyes naturales, han socavado los pilares de la mecánica newtoniana y el paradigma cartesiano que impregnan la economía, la sociedad y la cultura. Capra advierte que “las distintas facetas de la crisis son facetas de una misma crisis de percepción”, “de una visión del mundo como un sistema mecánico compuesto de piezas, del cuerpo humano como una máquina y de la vida en sociedad como una lucha competitiva por la existencia”, perspectivas ya superadas por el ecologismo y la vanguardia científica.

Así, la nueva comprensión de las formas vivas del pensamiento sistémico –cuyos criterios clave fueron formulados en los años 30 por los biólogos organicistas, los psicólogos de la Gestalt, y los ecólogos– junto a los descubrimientos de la física cuántica, la teoría de la relatividad y las matemáticas de la complejidad, constituyen la vanguardia científica de un cambio de paradigmas necesario para restablecer los vínculos entre el hombre y la naturaleza. El cambio cultural hacia el nuevo paradigma ecológico requerirá, como apunta Capra, la “alfabetización ecológica” del conjunto de la sociedad.

En esta línea los ocho puntos la ecología profunda se proponen como una plataforma de concienciación ecológica de vocación universalista:

1. El bienestar y el florecimiento de la vida humana y no-humana en la Tierra tienen un valor intrínseco, con independencia de la utilidad que lo no-humano pueda tener para los propósitos humanos.

2. La riqueza y la diversidad de las formas de vida contribuyen a hacer realidad estos valores y son, por tanto, valores en sí mismos.

3.Los seres humanos no tienen derecho a reducir esta riqueza y diversidad, excepto para satisfacer necesidades humanas vitales.

4. El florecimiento de la vida y cultura humanas es compatible con un descenso sustancial de la población humana. El florecimiento de la vida no humana necesita esta disminución.

5. Actualmente la intervención humana en el mundo no-humano es excesiva, y la situación está empeorando rápidamente.

6. Por esta razón, las políticas deben cambiar. Estas políticas afectan a las estructuras básicas de la economía, la tecnología y la ideología. El estado que resulte será profundamente distinto del presente.

7.El cambio ideológico consiste principalmente en apreciar la calidad de la vida, más que buscar incrementar el estándar de vida. Habrá una toma de conciencia profunda de la diferencia entre lo grande (big) y lo importante (great).

8. Aquellos que suscriban estos puntos tienen la obligación de intentar realizar, directa o indirectamente, los cambios necesarios



1 comentario:

  1. El estudio y el análisis de la Ecología Profunda provee espacios de paz para el ser humano a través de la mirada holística del ser y del convivir armónicamente en este siglo. Ahora es importante desarrollar estrategias que puedan aplicarse dentro de la escuela para desarrollar procesos de transformación de conflictos en una nueva convivencialidad, ética y nada promiscua.

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