Acrecimiento

El proyecto del decrecimiento o acrecimiento es un reto político para construir, tanto en el Norte como en el Sur, sociedades convivenciales que ahorren y sean autónomas. Si en el Norte el decrecimiento es claramente la reducción de los niveles de consumo, en el Sur es el intento de un desarrollo que, eliminando los obstáculos que impiden que las sociedades avancen, igualmente desemboque en un decrecimiento sereno, convivencial y sostenible.

Así, Latouche propone: «Sería necesario que imaginásemos el infierno como un lugar de abundancia inaccesible y el paraíso como un lugar de frugalidad compartida. En el infierno, reina la más increíble «riqueza», pero todo o casi todo se pierde porque no puede ser consumido; en el paraíso, las provisiones son mucho menos abundantes, pero cada uno tiene finalmente suficiente: es la alegre ebriedad de la austeridad compartida.

Pasar del infierno del crecimiento insostenible al paraíso del decrecimiento convivencial supone un cambio pregón de los valores en los que creemos y sobre los que hemos organizado nuestra vida . Y es que mientras los ricos celebran, los pobres aspiran. Un solo dios, el progreso; un solo dogma, la economía política; un solo edén, la opulencia; un solo ritmo, el consumo; una sola plegaria: Crecimiento nuestro que estás en el cielo... En todas partes, la religión del exceso reverencia a los mismos santos – desarrollo, tecnología, mercancía, velocidad, frenesí–, persigue a los mismos herejes –los que están fuera de la lógica del rendimiento y del productivismo–, dispensa una misma moral –no tener nunca suficiente, abusar, nunca es poco, tirar sin moderación y después volver a comenzar y así una y otra vez».

Poner en marcha políticas de acrecimiento exige una verdadera desintoxicación colectiva del crecimiento y recuperar los valores, reconstruyendo nuestro imaginario con valores de mejora de las condiciones sociales, de estar bien juntos y atreverse a poner en marcha aquello que Latouche llama espiral virtuosa de las ocho «R», es decir: redistribuir, reducir, reciclar, restituir, reestructurar, reconceptualizar, reevaluar, relocalizar. Unas hacen falta con más fuerza en el Norte, y al Sur le hace falta, además: romper, renovar, reencontrar, recuperar.

En definitiva, es evidente todo esto exige un cambio de paradigma que no es sencillo, pero solo siendo conscientes de que es necesario lo podremos impulsar. En realidad, el consumo implica menos calidad de vida para quien no puede acceder y utilizar «esclavos» para satisfacer nuestros deseos. Comprar barato a menudo es sinónimo de asumir que en algún lugar alguien está perdiendo, como por ejemplo el que trabaja muchas horas por cuatro céntimos, sea en China o al lado de casa. El valor de las cosas no es tanto su precio como su utilidad, y estamos rodeados de cosas inútiles o que dan un servicio muy limitado, como pasa con el coche, que a menudo pasa más horas aparcado que no siendo utilizado. La economía del dinero no es la única economía posible.

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